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sábado, 6 de junio de 2020

NO ME RINDO , Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina

El hombre que hizo un pacto con el diablo - Cuentos y Leyendas de ...

NO ME RINDO

            Su soledad era acompañada por el frío del invierno apenas anunciado por la hojarasca apenas seca, un poco húmeda, dispersa sobre los adoquines de la calle vacía. Oleaje tras oleaje, nubes marrones van tapando, casi a sorbos, la Luna Llena que brilla en el cenit de su casa, igualmente solitaria y tan fría como la noche, como el cemento, como los adoquines, como la sensación que parecen estar sintiendo los árboles desnudos.
            Recordó el comienzo de aquella pesadilla; hacia el inicio del otoño, cuando – con nuevas y desconocidas energías – había llegado desde la calurosa Quebrada de Humahuaca acompañado por un sinfín de proyectos tal vez ya moribundos o, al menos, agonizantes, como estaba él, ahora, sin encontrar una buena razón a la vida, no observando un sólo motivo suficiente como para suponer que conviene vivir; concentrado en cuál de todas era la forma más indicada para terminar con la agonía de la existencia.
            El calor dejó paso a estos días fríos, la arboleda cambió de tintas, como un pintor que decide dejar atrás una etapa en su creatividad; entonces, otros elementos, sutiles, pequeñeces, detalles, estuvieron siendo trastocados, por esos duendecillos que no llegó a suponer que existieran; aunque, claro, creyó en ellos sin tener en cuenta – realmente – sobre qué le estaban hablando.
            Era el pacto firmado con Satán.
La tibieza del hogar encendido, un amplio sillón donde reclinarse copa de whisky en mano, la seguridad de la piel de leopardo extendida en el lustroso piso de ladrillos edificado hace dos siglos. Todo en penumbras. Los grandes cuadros sospechados entre la claridad mínima y el cortinado del ventanal abierto todo como si fuera un moderno plasma, o mejor, la pantalla del biógrafo como gustaba llamarlo su tío abuelo; ilustrando escenas de la contienda entre el viento, las nubes y la Luna.
- Pensar que una vez quise dedicarme a escribir poemas y obtener el dinero cotidiano con eso; qué iluso... ¡Con poemas! Cómo no fueran poemas hechos en billetes de cien dólares… ¿quién habría de pagarlos?
Más destrozado que antes se detuvo en qué pensarían los antiguos compañeros de búsquedas si lo vieran a punto de concluir la alargada agonía de años triunfando en el vacío.
            Algo lo llevó más lejos de los caminos habituales, por sendas desconocidas para otros, por parajes intransitables, intrincados, anegadizos, boscosos, desérticos, atravesando cenagales y cementerios, viendo como el Sol secaba los esqueletos de quienes antes habían intentado la travesía de “los locos.”
            Desestimó la idea: “No me rindo” se dijo a sí mismo sin distraer el silencio, y arrancó la alfombra.

©ANTONIO LAS HERAS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO ASESOR DE ASOLAPO ARGENTINA


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