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sábado, 11 de abril de 2026

POR LAS CALLES DEL PUEBLO - Luis Bernardino Negreti - Junín, Buenos Aires,Argentina

 














POR LAS CALLES DEL PUEBLO


Cuando todas las tardes
a pesar del invierno,
voy cruzando las calles
polvorosas del pueblo;
cierta gente murmura
de mi traje modesto,
de mi larga melena,
de mi negro pañuelo
y las alas tan anchas
de mi viejo chambergo

Y yo escucho que dicen
con desdén altanero:
“Es un pobre muchacho
que le da por los versos,
que se pasa las noches
componiendo sonetos,
que después aparecen
en los diarios del pueblo
dedicados a una
que ni quiere leerlos”

Yo prosigo mi viaje
sin sentirme molesto,
con el triste bagaje
de mis pobres ensueños,
y al pensar en mi crimen
de escribir malos versos,
de vestir como visto,
de pensar como pienso:
me da mucha tristeza
de pasear por el pueblo.


LUIS BERNARDINO NEGRETI - Junín - Buenos Aires, Argentina



POESÍA, TE DOY MI VOZ - Clotilde Soriani y Mirella Tinnirello - Rawson, Chubut, Argentina

 





POESÍA, TE DOY MI VOZ



Letra: Clotilde Soriani Tinnirello
Música con IA: Mirella Tinnirello


Tú, bien sabes que tienes voz en mi palabra,
que la tea de mi alma en tu magia relumbra,
la vida con amor deslía la penumbra
y el idioma entretanto excelsos versos labra.

Febo ya se asoma para que el día se abra
con las nuevas ideas que el soneto alumbra,
enhebrando las sutiles rimas deslumbra
hasta que la mañana su primor reabra.


El mundo lo archiva en su prístino sustento
el fiel testimonio de histórico legado
obra en magisterio que registra el pasado.

El origen deviene en fecundo argumento
de síntesis verbal, feraz predicamento
de sabiduría que el hombre ha preservado.

...



CLOTILDE Y MIRELLA TINNIRELLO
– Rawson, Chubut, Argentina

MIEMBROS HONORÍFICOS  DE ASOLAPO ARGENTINA

PIOVE EN SAN TELMO – Luis Alposta – Buenos Aires, Argentina



 

 




"Domingo bajo la lluvia" (San Telmo) - óleo de Nelly Cortizo

PIOVE EN SAN TELMO


Piove en San Telmo
dulce percanta
y al sol no brilla
la rosa blanca.

Piove en el barrio
en la cheno oscura.
Nubes de atorro
cubren la luna.

Juná la lluvia en la yeca,
estrilando en la ventana.
Juná al viento y la neblina
que al ancho río deschavan.

Que al ancho río deschavan.
San Telmo, minga de sol.
Garúa de un tiempo viejo
cayendo en mi corazón.


Letra: Luis Alposta-Buenos Aires, Argentina - Miembro Honorífico y Asesor Cultural de Asolapo Argentina
Música: Juan Carlos "Tata" Cedrón- Buenos Aires, Argentina

Para escuchar – CLICK: https://www.youtube.com/watch?
v=TljCciQkZMM&list=RDTljCciQkZMM&start_radio=1

BOSQUE - Ángel González - Oviedo, España

 








BOSQUE


Cruzas por el crepúsculo.
El aire
tienes que separarlo casi con las manos
de tan denso, de tan impenetrable.
Andas. No dejan huellas
tus pies. Cientos de árboles
contienen el aliento sobre tu
cabeza. Un pájaro no sabe
que estás allí, y lanza su silbido
largo al otro lado del paisaje.
El mundo cambia de color: es como el eco
del mundo. Eco distante
que tú estremeces, traspasando
las últimas fronteras de la tarde.

 

ÁNGEL GONZÁLEZ – Oviedo, España


RECOGIENDO LÁGRIMAS - Acompañando al poeta y artista MANUEL XIO - Salomé Moltó, España

 







RECOGIENDO LÁGRIMAS


Mis pasos en la penumbra
¿te han despertado?
Porque tus sollozos entrecortados
me han alarmado
cálmate, duerme, sueña.
Cuando mañana despiertes
te hablaré de muchas cosas
de todas las que he sentido
de algunas que he imaginado
y de las pocas que he guardado
Mis manos están heladas
cógelas entre las tuyas
acércalas a tu rostro
déjalas que acaricien tus ojos
que recojan tus lágrimas
para que yo pueda absorberlas
con amor, todas ellas.


                         Acompañando al poeta y artista MANUEL XIO

SALOMÉ MOLTÓ - Alcoy, Alicante, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


DULCE AMOR -Alcira Cufré - Buenos Aires, Argentina

 








DULCE AMOR


Imanes son tus ojos

que me devoran,

vestida solo con caricias

y besos llevados por la noche.

Dulce amor naciente.

En la fortaleza de tus brazos

duermo día a día.

 

ALCIRA CUFRÉ – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


BURIEMA: Novena estrofa - Rafael Mérida Cruz-Lascano ,- Guatemala

 









BURIEMA: Novena estrofa

A: La Niña de Guatemala.  

ENEAGÉSIMA trovadoresca alirada


Al poeta GRANDE POETA

José Martí

Cuba.

El poema sincero te llega al corazón,
si lo llenas de sosiego
sazonando el amor, cediendo la razón
entregado con despego.

.
Esa niña chapina es mejor expresión
De JOSÉ MARTÍ a su amada.

.
Que con pasión le cantó
y bellos versos nos dio
pasando en nuestra almohada.

En esta novena,  estrofa de mi autoría ”Buriena”  (Burilando las expresiones de amor en una, novena estrofa, ENEAGÉSIMA )  está  integrada por

--Un cuarteto  de verso quebrado 1º. Y 3º.  Verso alejandrino;  2º. Y 4º. Octosílabos.

--UN  dístico quebrado:  Verso 5º. Alejandrino y 6º. Octosílabo

--Y un terceto octosílabo.-       La Rima es :  AbAb   Ac   ddc

Con igual preceptiva rítmica: Acepta endecasílabos, con versos quebrados septetos … y de igual manera Octosílabos con veros quebrados trisílabos.

Lirica Trovadoresca: Los trovadores  obedecen  más bien a un nuevo ideal de vida cortesana. Trovadores cortesanos, poetas que componen verso y música en un estilo cuidado; utilizan el occitano. Su tema favorito es el amor cortés, con idealización de la dama. 


Décima meridiana filosófica
Filosofía del Lenguaje.
Vengo navegando en esta verdad,
éste es, el fenómeno que investigo.

En esta pragmática actividad
con experiencia e interpretación
origina estudio y globalidad
entendimiento y comunicación.
De este tema semántico les digo
es importante el buen aprendizaje
del símbolo que origina lenguaje
y donde… el morfema tiene sentido,

La décima meridiana, estrofa de mi autoría, se divide en tres grupos. Consta de un dístico, un cuarteto serventesio y un cuarteto estrofa: AB.ACAC.BDDB; El ritmo primer verso agudo, inclina al cuarteto serventesio agudo y el segundo verso, llano inclina al “Cuarteto estrofa”.- La exigencia de su rima, acepta octosílabos y de arte mayor.



RAFAEL MÉRIDA CRUZ-LASCANO
– Guatemala

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


EL VISTEO - César Tamborini Duca - León, España

 



 EL VISTEO

   Guardo en mi memoria de juventud de la época de estudiante secundario, de la lectura de libros o de las películas del lejano oeste (far west) norteamericano, el recuerdo de aquellas épicas batallas entre dos vaqueros a puño limpio, revolcándose en el polvo mientras eran jaleados por la multitud de mirones; un cabezazo en el pecho del contrario, un rodillazo en los testículos como réplica, el puñetazo en el estómago que hace doblar a éste y simultáneamente es enderezado por un contundente “upper-cut” que le hace trastabillar hacia la línea de mirones desde donde es empujado nuevamente al ruedo para continuar minutos y más minutos a tortazo limpio, patadas, cabezazos y lo que se preste hasta que uno de los dos cae rendido por el esfuerzo y vapuleado por el rival, que recoge su sombrero y lo sacude del polvo para alejarse entre exclamaciones de aprobación,  mientras desata  el caballo del palenque y desaparece poco a poco dejando por detrás una nube de polvo.

   Es el triunfo de la fuerza bruta de esa estirpe de colonizadores de raza pura que hacían prevalecer la razón contundente de los puños para destruir al rival y demostrarle su superioridad, mientras el vencido que había tratado por todos los medios no pertenecer a ésta categoría, sobrellevaba el escarnio de la derrota, las burlas, las huellas en el rostro de la batalla perdida cuyo detonante pudo haber sido una nimiedad, pero ¿qué importa eso?, lo importante es el resultado y la vergüenza y oprobio que eso significa. La finalidad última de ese conciliábulo de puños, demostrar la preeminencia basada en la fuerza y contundencia de los golpes, se había logrado.

   Traslado mi imagen eidética a otras latitudes, en el hemisferio sur y concretamente en esa dilatada planicie que constituye la llanura pampeana. Ya no hay películas ni libros sino la mirada directa de los sucesos y sus protagonistas. Hay aquí una raza nueva, el gaucho, que es el producto del mestizaje entre el conquistador y colonizador español con el indio; unas veces voluntariamente, otras veces el fruto de esa simbiosis se producía en la medida que los indios tomaban cautivas blancas en sus malones, o los “huincas” tomaban prisioneras indias en sus excursiones a las tolderías. En uno y otro caso las mujeres terminaban amancebadas con sus captores, y de esa mezcla de razas en la difusa línea que separa la civilización de la barbarie nace el gaucho, que aglutina en sus genes el valor y espíritu de sacrificio de los conquistadores españoles, y la bravura y sobre todo la astucia del indio pampeano.

   Y ya lo estoy viendo a ese gaucho al que le pisan las tabas o le mojan la oreja (dicho esto sin eufemismo) prepararse en esa actitud marcial del “visteo”, en la cual no tiene importancia la fuerza pues el entrevero fruto del desafío se dilucidará con astucia, con elegancia, con la “vista” y la rapidez de movimientos que conlleva.

   Se ubican los gauchos con la pierna derecha extendida hacia adelante, uno frente a otro pero como perfilándose, el antebrazo derecho avanzado hacia el frente y el brazo hacia arriba con la mano abierta y también tangencialmente respecto al adversario; la mano izquierda por detrás, tocando la cintura con el dorso, la palma abierta.

   Comienza el “visteo” durante el cual, sin cambiar la postura, los gauchos se van desplazando levemente como en un baile, las alpargatas mas bien arrastrándose y levantando polvillo, avanzando uno mientras el otro retrocede, y viceversa. Pero siempre observándose fijamente mientras con el movimiento sinuoso y constante de su mano derecha trata de tocar la cara del rival.

   Aquí no hay golpes, no hay brutalidad, hay si se quiere un baile hecho de vanidad, de orgullo, de ligereza en los pies y la cintura, y la mano que busca el contacto con el rostro del contrario;  sólo el contacto, no hay golpe, no hay violencia ni demostración de fuerza sino de destreza, bailarines deslizándose sobre la arena pródigos en figuras de ballet (hay tangófilos que aceptan esas figuras del visteo, que se dan también en los cuchilleros, como antecedentes o precursores de las figuras en el baile del tango) hasta que uno consigue tocar al otro. Y ahí termina todo, en el reconocimiento por parte del vencido de la supremacía del rival, aunque posiblemente se sienta más abatido anímicamente que aquel cow-boy que recibió la paliza y tiene todo el cuerpo magullado. Porque esas filigranas, esa elegancia  en su “ser”, forma parte también de su sensibilidad.

   Pero también hay otras actitudes diferenciadoras entre uno y otro especímen americano. El del norte siempre llevará su revólver a la cintura, el mítico “Colt” con tambor de 6 balas, y cuando la situación se hace más difícil de resolver con los puños, ahí sale a relucir la desmesura que significa apretar el gatillo antes que el otro para matar (o morir si se es más lento), y si la puntería no es tan buena armar un tiroteo que puede prolongarse más o menos según las características del duelo, y que generalmente acaba con la muerte de uno de los rivales. El revólver y el rifle formó parte desde sus inicios de la idiosincracia de los cow-boys y esa demanda originó el gran desarrollo de la industria armamentística de los norteamericanos desde sus inicios como nación.

   El del sur no lleva revólver porque el gaucho considera que no es de hombres matar a la distancia, sin lucha; lleva el facón a la cintura, generalmente por detrás en su vaina sujeta por el cinturón o la rastra. Forma parte de su indumentaria y constituye una herramienta útil en su modo de vida. Con él podía degollar y carnear una res (el vaquero la mata a balazo limpio sin siquiera desmontar del caballo), cazar, afilar una estaca para hacer un corral de palo a pique, trocear su alimento, lonjear el cuero que utilizará luego para confeccionar aperos.

   Y en circunstancias extremas, cuando está en juego el honor, la hombría, o hay que responder a algún agravio, el gaucho se tantea el cinto en busca de su puñal mientras en su otra mano enrolla el poncho con el que detiene las embestidas del rival, mientras con su cuchillo traza en el aire figuras muy similares a la acción de “vistear” (pues en realidad hay que considerar el “visteo” como una especie de entrenamiento para el lance del cuchillo), avanzando o retrocediendo sin apartar la vista del rival, desplazándose sin levantar sus pies del suelo, tratando de entrar con un puntazo o lanzando un hachazo ocasional, pero siempre con la elegancia de ese baile que puede ser el baile de la muerte; aunque generalmente la contienda es detenida a primera sangre y el perdedor, además de la deshonra por la derrota, llevará para siempre en su rostro la marca del agravio.

   Posteriormente al gaucho y en los suburbios de las grandes ciudades, principalmente en Buenos Aires, tiene lugar el nacimiento de otra figura arquetípica, fusión de gauchos, mestizos e inmigrantes europeos que constituirían el “compadrito”, y el “malevo” o matón de barrio, también aficionado al cuchillo. Pero esa ya es otra historia.


CÁSAR TAMBORINI DUCA - León, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

Académico Correspondiente para León, España

Academia Nacional del Tango

Academia Porteña del Lunfardo



TAN POCO QUE APRENDEMOS - Roberto Alifano - Buenos Aires, Argentina

 




TAN POCO QUE APRENDEMOS

"En fuga irrevocable huye la hora" Francisco de Quevedo

 

El crimen de la guerra es un ensayo publicado por Juan Bautista Alberdi en 1870 sobre el pacifismo universal, que cobra con el tiempo más vigencia por la locura del hombre. En ese texto el prócer argentino califica la guerra como un crimen, un robo y un incendio a gran escala. Alberdi sostiene que la guerra es un instrumento anticuado y asesino que degrada a la humanidad; propone en cambio el comercio, la industria y la educación como motores de progreso condenando la violencia y cualquier forma de apropiación.

Una pacífica polémica literaria, de las que nunca faltan en el gremio; sin sangre que llegara al río, por supuesto, llevó en Chile, durante la década del cincuenta al poeta Nicanor Parra a elaborar una teoría sobre la anti-poesía, anti-Nerudiana, que no es más que poesía en movimiento con un poco de rebeldía, armada de algún que otro verso revulsivo, apuntando en este caso hacia el encendido y surrealista lirismo de Pablo Neruda, quien, con la correspondiente paciencia, comparable a la del personaje “Rip Van Winkle” de Washington Irving, no se dejó envolver por el ataque y, sin entregarse tampoco al sueño conciliador, despertó con otra artillería lírica deshaciendo el entuerto y abarcando con su “Residencia en la Tierra”, cualquier desviación universal de la palabra poética, que era nada menos que otro áspero sendero pretendidamente empedrada de una absurda violencia del hombre contra el hombre. Y con apostadores que son, sin duda, lo más convocante, aunque la mayoría no lo interpretó así. La inocencia de la palabra en estado de pureza se disolvió como ya se presumía con rebeldía y lirismo en un abrazo poético por parte de ambos, aunque ambos lo negaran: en el caso de Parra con su impecable “No hay olvido” de sus Poemas y Antipoemas: “Juro que no recuerdo ni su nombre, / mas moriré llamándola María, / no por simple capricho de poeta: / por su aspecto de plaza de provincia…”

Y en el de Neruda: “Si me preguntaís en dónde he estado / debo decir ‘Sucede’. Debo de hablar del suelo que oscurecen las piedras, / del río que durando se destruye: no sé sino las cosas que los pájaros pierden / el mar dejado atrás o mi hermana llorando...”

Felizmente, como sucede con la gente civilizada y exquisita, aun en estado de exasperación momentánea, todo se pacificó y sin un envolvente duelo a espadas o armas de fuego, sin nubes negras y tormentosas, el cielo siguió dibujando belleza con ensoñadores colores y formas. En este caso con versos de bellísimas metáforas, que bien pueden competir entre formas diversas con un apacible amanecer de amables paisajes del ‘Ángel Miguel’ o ‘Michelangelo’ (bautizado como Miguel Ángel Buonarotti, con un revulsivo y tormentoso crepúsculo de retorcidas flores de Pablo Picasso.

Sucede que en este maravilloso y tentador laberinto del arte los elementos en disputa son ágiles y mutables, inofensivos y pacíficos, casi sagrados, ya que por otro lado (aunque con panorama casi siempre enigmático, acechen la belleza desde todos los costados, aun haciendo que entre gallos y medianoche se reflejen las múltiples formas del arte, y luego las cosas, solas con sensatez y sin que la sangre nunca llegue al río, se acomoden solas. Porque sucede que los poetas, aunque a veces muestren los colmillos, son en el fondo gente inofensiva y por demás civilizada, acaso con una exageración inquietante.

Vana esperanza de los más pesimistas que gustarían ver a los contrincantes con lanzas o espadas luchando a matar o morir bajo las radas de la arena de un circo romano; aunque también es probable que, dentro de esa suposición, el bendito avance científico y tecnológico, que por un lado facilita la vida con múltiples hábitos de confort, no dejen de inquietar, casi siempre aterradoramente con bombas y metrallas que amenazan desacomodar las cosas del todo, a tal punto de destruirlas y se postulen a épocas de enloquecidas confusiones y peores crueldades; tales como la que nos aterran ahora con guerras absurdas y cruzadas como la iniciada por este nuevo temerario asesino retrógrado y nuevo apóstol del horror llamado Donald Trump.

Pero para mal o para peor todo puede ser probable en esta disparatada Viña del Señor y en manos del hombre (sea de cualquier, raza o ideología). Hasta el punto de imaginarnos un Hitler o un Stalin por suerte sepultado para siempre en la misma tumba de los desalmados, junto a tantos inmemoriales sujetos, que desde que el mundo es mundo viven siempre enfrentados con el hombre y son sus peores enemigos, hasta que este personaje tan familiar y tan perverso, un demonio exterminador de los propios y de los otros. Con aliados agresivos, criminales como él y no menos insolentes, que se atreven a cualquier fechoría, entre ellas la de asesinar a inocentes.

Por suerte, existe la certeza de que el arte no ha muerto y un poco golpeado o aturdido todavía nos siga brindando paz y belleza. En tanto, no sin bronca y bastante resignado, en lo personal, yo me sigo apoyando en nuestra bendita poesía, que, sin abandonar su explosión verbal en cualquiera de sus formas o estilos, contribuya con su granito de arena proponiendo algunas cosas que, como siempre, no dejan de ser imprescindibles. Elementos retóricos, que quizá casi no cuentan en esta resignada y melancólica liturgia de tantísimas ausencias que va dejando por el camino la guerra y donde casi no caben las expresiones líricas ni las formas reconfortantes de algunas religiones. Y, en algunos dramáticos casos llegan a ser mortales como estos demoníacos ayatola que en poco se diferencian de los Trump, los Putin o los Netanyahu.

Terrible, hoy el mundo no se presenta como una realidad benemérita que debemos celebrar, sino como mero disparate u opaca aterradora palabra que debemos descifrar. Y esto es muy a pesar de nosotros y de las Redes Sociales que clarifican demasiado las cosas o, por el contrario, involuntariamente tienden a complicarlas más de lo que están; a tales extremos de que algunos escépticos improvisan y glosan desde su ignorancia sobre el espantoso y mortífero juego de la guerra, espantoso juego que sumando de manera gratuita e indeseada más horror, entorpeciéndola con intromisiones confusas de alarmantes balbuceos; lo que es peor, sin ningúna calidad estética, porque la guerra, a pesar de Napoleón, no es arte y se mete en el asunto para complicar más las cosas; en algunos casos tomando la delantera y siendo ellos quienes mandan a través del espanto.

Ya no caben dudas de que en estos tiempos cibernéticos la belleza tiembla y declina ante una apabullante realidad posmoderna, que se balancea sobre un viento que hace titubear el paso del Planeta, precipitando a la humanidad de manera inquietante hacia un abismo en tinieblas. ¿Es esto un renacer o es otro remorir? Lo cierto es que todo se lleva a cabo sin garantías de piedad, se apruebe o se niegue todo gratuitamente.

En medio -recurso de bárbaros todavía- de la espantosa guerra, que asesina a los más vulnerables (niños, ancianos, mujeres y toda especie que pasa por allí) causa espanto en la descabellada contemporaneidad; tan injusta y patética desde todo punto de vista. Y, como si fuera poco, montada ahora sobre esta loca navegación virtual, pacifista, pero también aterradora, donde todo se justifica y con una idéntica rapidez se hace y se deshace; a la vez que también se parapeta sobre una soberbia plataforma de irremplazable ignorancia mediática, que busca imponerse desde una pretendida rebeldía descarnada y confusa, regocijante y exaltadora que desconoce toda tradición y respetuosa consideración. Otra locura más más de este desquiciado mundo que cada día está peor con nuevos y despiadados verdugos electos por sus mismos pueblos.

Así son las cosas bajo el dominio de estos brutales y ecuménicos asesinos que amenazan desde el Dios Internet con armamentos nucleares. Disparate omnipresente y omnifuturo, capaz de ser cumplido en cualquier instante.

Aunque nos duela en el alma. En el Norte y en los demás puntos cardinales, estos temerarios aedos del espanto están acechantes. ¿Por qué no alzarnos en pie de paz, contra estos asesinos delirantes que manejan el poder?

 

ROBERTO ALIFANO – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

MARÍA CASTAÑA (Historia) - Carlos Penelas - Buenos Aires, Argentina



 






MARÍA CASTAÑA

 

María Castaña o María Castiñeira, nació en Cereixa (A Pobra do Brollón – Lugo). Fue una hidalga gallega del siglo XIV, que lideró una revuelta popular contra el poderio eclesiástico. Vivió en la ciudad de Lugo y era la mujer de Martín Cego

Varios historiadores coinciden en que María Castaña existió en el siglo XIV y vivía en una pequeña localidad, Cereixa, del municipio de A Pobra do Brollón (Lugo). El relato cuenta que esta mujer encabezó una protesta contra el Obispado de Lugo debido a los excesivos tributos que cobraba a la población.

En 1386 lideró una revuelta, junto a su esposo y sus hijos, y se convirtió en una heroína local, cuya gesta fue pasando de boca en boca hasta convertirse en una de las expresiones más populares, llegando hasta nuestros días.

 

CARLOS PENELAS – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE SOLAPO  ARGENTINA