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sábado, 8 de agosto de 2026

CONVERSACIONES DE ANOCHE - SALWA BIN RAHMEH / Tunez

 


CONVERSACIONES DE ANOCHE


Late Night Hadiths: Es una historia de traición por radio cuyo momento es una de las noches de separación y su error es una mujer que es una fiera coronadora que reprime mis sentimientos cuando duda sin aburrimiento de que "no puedes conseguir tu dirección en este momento. Por favor llama más tarde".

¿Cómo tiene derecho a la negligencia vocal?
Y el teléfono se ha familiarizado con su sonido.
... como tener paciencia
En una cita que no le pega
Olvidé encender el calor del anhelo
En mi mano la última vez
¿O es el que huye?
De cada calor se sumerge
Ella lo insultó
Dejarlo
O me perdí
Cuando me volví adicto incluso a su raza
.. No añora a una mujer que vive en ella
Elogia su virilidad
Ella durmió en sus brazos
¡Amenazándolo .....!

O puede devolverle la voz
Entonces cuando lo menciona
Como muñecos, no se ríen
Más bien, te ríes de él.

SALWA BIN RAHMEH / Tunez

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


UN ANDRAJO DE SOL - Norberto Pannone - Buenos Aires, Argentina / Traducido al francés por Salomé Moltó, España



UN ANDRAJO DE SOL


Un andrajo de sol…
Sólo un mendrugo de luz queda flotando
en agónico cielo ya sin brillo.
Se va yendo la tarde,
como opaco trazo de poeta
pecando sin palabras, ni destino.
Abatido final de otra tormenta.
Allí, hacia el Este van los negros
nubarrones del estío
y en frágil sangría tempestea
un eólico soplo que resbala
por la suela gastada del olvido.
Agónico heraldo hacia el Oriente.
Viejo y atónito rumor estremecido
se escapa con su miedo pavorido
del canto de los pájaros que esperan.
Hay silencios de truenos que han partido
cabalgando en el rayo del descuido.
Final del pendenciero refucilo
que vela la foto del suspiro.
Me cuelgo en los colores curvilíneos
y con la séptima cuerda
del arcoíris penitente, me suicido;
sin lazo, sin soga, ni correas:
casta travesura de otro niño
deshonra con hambre su quimera.

2020-Norberto Pannone

UNE GUENILLE DE SOLEIL

Un seul croûton de lumière reste flottant
dans un moribond ciel sans briller.
L’après- midi s’en va
comme un opaque réflexe du poète
péchant san mots, ni destin
Abattu à la fin d’une autre tempête
Là-bas, vers l’Est vont les noirs nuages
gros nuages de l’été
Et en fragile saignante tempête
un éolique souffle qui glisse
sur la semelle usée de l’oubli.
Agonie héraldique vers l’Orient
Vieux et atone rumeur tremblant
qui s’échappe avec sa peur affolée
du champ des oiseaux qui attendent.
Il y a des silences des tonnaires qui s’en vont
chevauchant dans le rayon distrait
Fin du bagarreur refucile
qui surveille la photo du soupir.
Je m’accroche sur les couleurs curviligeneuses
et avec la septième corde
du l’arc- en- ciel pénetrante, je me suicide,
sans lacé, sans corde, sans courrois
caste espliègerie d’un autre enfant
qui deshonnore avec la faim, sa chimère.

Traducido al francés por la poeta, escritora y periodista Salomé Moltó. Alcoy, Alicante, España 2021
Revista “ Siembra”

 

 


PUEDO ESCRIBIR - Jaime Vélez Ramírez - Medellín, Colombia

 


PUEDO ESCRIBIR

Puedo sentarme a escribir unos poemas
que cuenten cosas que viajan por las venas,
que hablen de historias ya pasadas,
de días buenos y malos, de tardes soleadas.

Recordar los triunfos de estudiante y los fracasos,
los sueños de aquel tiempo, sus ocasos,
ratos de ocio, tiempos de trabajo y alegría,
cansancios por el monótono luchar del día a día.

Más tarde universidad y esfuerzo mucho
para llegar a ser doctor, para ser ducho,
y así enfrentar las obligaciones de la vida,
y a tantos hechos y responsabilidades dar cabida.


Los años de madurez, sin atractivo ni jolgorio,
del consultorio a la casa, de la casa al consultorio,
se convierten con el tiempo en un loco deambular
que obnubila la mente y el sano razonar.

Al final con los cabellos canos y la frente cansada,
pensando, anhelando, pero sin encontrar nada,
el desprendimiento de todo, sin esfuerzo nos destruye,
y por fin, la vida al ser derrotada por la muerte, huye.

©JAIME VÉLEZ RAMÍREZ, poeta y escritor de Medellín, Colombia

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

Agosto 12 de 2007.

REMORDIMIENTO - Luis Alposta - Buenos Aires, Argentina

 

Del libro Otro él”, poemas - Ediciones del Valle, Buenos Aires, 2000.

LUIS ALPOSTA  - Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CUTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

CONSONANTES - NILDA SPACAPAN - Argentina

 



CONSONANTES


J Jazmín, V violeta, R rosa, C cala, P petunias: consonantes

El colibrí permaneció aleteando frente al J
cuando en el jarrón de casa el agua
esperaba un racimo de tu copetín,
me di cuenta del aroma sin paragua

                                                         V eran tus ojos igual al viento
                                                         que un día en mi jardín
                                                         dejaste de ser tormento
                                                          para convertirte en violín.

R y C lo dulce y lo triste.
Aquello que debió ser mío
se dejó llevar y fuiste,
P en un lugar sombrío.

NILDA SPACAPAN - Argentina

AMOR PLATÓNICO - Olga Hernández Osorio - Medellín , Colombia

 



AMOR PLATÓNICO


Amor platónico encantador,
cubriendo el alma, el corazón,
tierno sonoro y acogedor,
blanco, puro, como la oración.

En bellas noches, sueño contigo,
con tu perfume, cual fresco rosal,
ilusiones que siempre persigo,
tenerte en mis brazos en el mar.

Amor imposible sin libertad,
prisionero siempre en mi hangar,
pensativo, en la inmensidad,
caricias y besos sin ofrendar.

Anhelo infinito de amar,
amor en silencio siempre serás,
que llenas mi alma, mi ansiedad,
así locamente me amarás.

Calmando las penas mi soledad,
amor platónico, eres cruel,
mucho lastimas, sin tener piedad,
así, sin embargo, te seré fiel.

OLGA HERNÁNDEZ OSORIO - Medellín, Colombia
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

FÁBULA - Carlos Penelas - Buenos Aires, Argentina




FÁBULA


Anoche soñé con Pepa a Loba.
Llegó con rostro sereno
como un hechizo que es sombra y memoria.
Habló de Lueiro, evocó una estrella,
recordó el puñal alegórico, mítico.
Le pregunté por la Reina Lupa,
por la hija del Conde de Lemos
y la corona de hierro al rojo vivo.
También por un rey celta que recorrió mares,
epopeyas de arena, desventura.
Pregunté por las ánimas en pena
errantes en las tinieblas,
por el Pedrón en Iria Flavia.
Vi sus manos. Escuché su lengua
que entreteje firmamento y ternura.
Fue un instante de soledad.
Luego nombró a mis padres,
a mis abuelos, a una mujer friulana.
Quizá todo sea mitología
de difusas migraciones. Tal vez
es parte del desasosiego,
de un orden venturoso, distraído.
Ahora su ausencia me rodea.


Buenos Aires, enero de 2022

CARLOS PENELAS – Buenos Aires, Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

TE DESCUBRÍ - Salomé Moltó - Alicante, España

 


TE DESCUBRÍ


Descubrí tu falsedad,
me desencanté y la angustia me turbó
Pero quizás fue motivo
de pensar que no todo es bueno
ni lo malo siempre es lo peor
y si reflexionamos un poco,
ver y comprender nos puede
hacer avanzar en la común sociabilidad.
Cuando tus ojos me buscan
Al subir en el ascensor
te vi por primera vez
comprendí que esos ojos
que a través de la ventana
me espiaban sin control
Esta vez pude saber
que esos ojos seguirán
buscando en mi algo
que me quieres robar.
Pero no te hace falta fingir
pídemelo sin más
que dispuesta estoy a darte
a lo que quieras de mí.


SALOMÉ MOLTÓ – Alcoy, Alicante, España
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

LO ESPIRITUAL EN EL SIGLO XXI - Antonio Las Heras - Buenos Aires, Argentina

LO ESPIRITUAL EN EL SIGLO XXI

¿Qué lugar ocupa lo espiritual -la espiritualidad- en estos momentos, cuando ya hemos dejado atrás una cuarta parte del siglo XXI, en el mundo occidental? ¿Qué interés despierta este asunto, que siempre inquietó a la Humanidad, en la era de la inteligencia artificial? ¿Y qué decir cuando las tan difundidas neurociencias buscan explicar que toda conducta humana así como intereses y decisiones depende -exclusivamente- de asuntos físico/químicos que acontecen -exclusivamente- en el cerebro? ¿Lleva esto a deducir que sólo somos materia y que la muerte es el fin definitivo?

Claro que antes de buscar responder a tales interrogantes -de gran importancia puesto que son imprescindibles para definir la condición humana- corresponde enunciar qué es lo espiritual, a qué llamamos espiritualidad. Y digamos, desde ya, que el tema no pasa por la práctica de cultos, religiones o creencias sino que, en verdad, está enmarcado en la persona misma buscando determinar cuál es el lugar que le corresponde -si así fuera- en la gran arquitectura universal.

El tema de la espiritualidad es un asunto que ocupó a filósofos, teólogos y pensadores desde hace miles de años.

Así en la Filosofía la idea de espiritualidad se entiende a partir de la oposición entre materia y lo no físico. Por lo que puede asociarse la espiritualidad a una búsqueda del sentido de la vida que trasciende lo mundano.

Recordemos que, el sustantivo “spiritus”, puede traducirse como “alma”. A su vez, el alma es definida como la esencia inmaterial que otorga individualidad y humanidad a una persona, siendo considerada el principio que otorga sentido a cada humano. Desde el análisis filosófico (de Aristóteles hace 2.500 años a las corrientes modernas), se define como la fuerza vital y la forma organizativa de todo lo viviente.

DEFINICION

En principio se lo podría definir como una experiencia personal (es decir, que hace a la individualidad de cada uno) de especial realización, que busca encontrar las conexiones, que superando lo meramente material, lo vincula con algo que se percibe como mayor que uno mismo.

Como fuere, podemos afirmar que al tratarse de un asunto que supera la inteligencia humana, la definición de espiritualidad no es universal ni única. Varía según culturas, tradiciones y contextos personales.

Tal vez podríamos indicar que la espiritualidad, por lo usual, se describe como aquella forma de autoindagación en búsqueda de una posible comprensión de las causas de la propia existencia, la relación con lo trascendente, buscando orientación de la existencia de un sentido que se encuentre fuera de los límites de la vida terrena.

Aquí vamos a utilizar la definición que enunciara el filósofo francés René Guénon (1886 - 1951) sobre quien el escritor argentino Ricardo Güiraldes -de quien se cumplen 160 años de su nacimiento y un siglo de la primera edición de su obra más destacada Don Segundo Sombra- escribió:

“El mejor y más claro de los libros europeos que hasta ahora haya leído sobre la metafísica oriental es el de René Guénon.”

Explica Guénon que la espiritualidad “es el conocimiento trascendente y supremo, aquel que supera el dominio humano y también, más en general, el mundo manifestado, aquel conocimiento que no es ya físico, sino metafísico en el sentido etimológico de la palabra.” Para agregar que “lo espiritual, está ligado al conocimiento metafísico y trascendente.”

A partir de allí, me permito -entonces- definir a la espiritualidad como aquella capacidad que sólo los humanos tenemos por la cual podemos indagar -en la medida de que la búsqueda sea continua y perseverante- en cuál es el sentido trascendente que tiene nuestra existencia.

AUTOINDAGACION

El sentido de la vida de cada persona es una cuestión esencial para una vida en armonía. Requiere, ante todo, algo que la cotidianeidad actual ha quitado: el hecho de tener tiempo para uno mismo. Esto es, inevitablemente, un espacio diario -no algo, un rato, de vez en cuando- para la autoindagación, para analizar lo que se está haciendo, por qué y para qué. No actuar como un autómata.

Hasta no hace muchos años esto no era complicado. Cada quien tenía su espacio en cada jornada para pensar - fuera caminando, escuchando música o con la mirada perdida en el cielo- el sentido de la vida que se estaba llevando.

Hoy la agitación, la necesidad de inmediatez y de estar todo el tiempo haciendo cosas -estar tranquilo y reflexionando pareciera un momento perdido- conduce a tantas frustraciones y malestares.

Todo parece haberse convertido en intereses materiales. Las mismas ciencias (sobre todo la Medicina) pareciera querer hacernos creer (no es otra cosa que una mera creencia puesto que demostración fundamentada no hay) que toda la condición humana se reduce al producto de reacciones físico/químicas, dejando de lado -precisamente- poner atención a aquello que se encuentra más allá de los cinco sentidos. Lo metafísico, para seguir a Guénon.

San Ignacio de Loyola (fundador de la Compañía de Jesús, orden católica de la que formaba parte el Papa Francisco) enseñaba que lo fundamental es que cada individuo pueda responder dos preguntas: “¿A dónde voy y para qué voy?”

Importantísimo. Porque la única posibilidad de tener eso en claro es darse tiempo para indagarse uno mismo. No alcanza con el pensamiento racional y reflexivo. Hay que atreverse a ir más lejos. Transitar el sendero de la espiritualidad con la cuál encontrar el alivio que implica entender el sentido trascendente de la presencia de cada uno en este lugar y momento.

No hay necesidad para lograrlo de transformarse en monje ni como ermitaño irse a vivir a una cueva. De ninguna manera. Lo que si resulta imprescindible es atreverse a no ser mero efecto de los estímulos externos que nos llegan permanentemente en esta “civilización de pantalla” y si atrevernos -como nos transmitiera Carl Gustav Jung- a volvernos “únicos e irrepetibles.”

Lo que sólo es posible indagando el sendero de la espiritualidad. Encontrar esas señales por las cuales podemos establecer el necesario y sabio encuentro entre uno mismo y la Creación.

ANTONIO LAS HERAS – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR DE ASOLAPO ARGENTINA


* Antonio Las Heras es doctor en Psicología Social y magister en Psicoanálisis; filósofo, parapsicólogo, historiador y escritor. Más información en www,antoniolasheras.com


HISTÓRIAS Don PANCHO ORMEÑO, El médico de la cuchilla. Gladys Abilar - Chilecito, La Rioja, Argentina

 



HISTÓRIAS - Don PANCHO ORMEÑO
El médico de la cuchilla

 

Don Francisco Ormeño, más conocido por don Pancho Ormeño, bien podría ser un personaje salido de la más pura y extravagante ficción, un invento del pueblo tan propenso a estos recursos para tejermilagrerías y sucesos de tinte folclórico. Don Pancho tiene la altura de mito popular pero no lo es. Fue un hombre de carne y hueso portador de un apellido cuyo linaje remonta a los rancios apelativos coloniales del noroeste riojano. Dotado de sabiduría, santidad, taumaturgia, filosofía, magia, esoterismo, clarividencia descubrió los secretos más recónditos de la Naturaleza la cual decía conocer como un don divino y que le permitía a su vez curar a los enfermos. La naturaleza en plenitud le entregó el conocimiento y el poder telúrico que las aulas no le dieron pues don Pancho jamás pisó una escuela. Sus hijos ignoraban cómo aprendió a leer y escribir. Contemplativo, fundía su mirada en la cordillera, principio y fin del mundo y de la vida misma. El Famatina Lo fascinaba, era su cuna y su sepulcro. Allí entregó sus huesos ya casi nonagenarios luego de un bien ganado respeto y reconocimiento en su hermoso valle de la Cuchilla en 1939. Nació en Aicuña, provincia de La Rioja en 1850. Su apellido, añejo y tradicional es tan limpio como los títulos de su heredad serrana.

Construyó su casa en La Cuchilla donde se dedicó a la cría de ganado. Logró una importante fortuna

principalmente con el caballo criollo, la que se acrecentó luego con el producto de sus curaciones. Casado con Manuela del Rosario Oliva tuvo cuatro hijos. A la edad madura don Pancho se inicia en el noble sacerdocio de la terapéutica fitonímica como un llamado divino abriendo una nueva etapa en su vida. El don de curar y conocer el mal de las personas se reveló espontáneamente. Fue conocido en todo el noroeste argentino y en urbes litoraleñas como “El médico de la Cuchilla”. Famoso por sus increíbles y milagrosas curaciones don Pancho, de luenga figura y crecida barba, cargaba sobre sus hombros muchos años y mucho prestigio bien ganado. Así lo conocieron miles de personas dolientes que llegaban al valle en largas peregrinaciones y así lo conoció el país entero cuando diarios y revistas lo daban a conocer con su clásica estampa de inconfundible cuño patriarcal. Don Pancho no era alto pero tenía una personalidad y una jerarquía que engrandecían toda su humanidad porque crecía desde otra dimensión. Como dicen en sus pagos, “tenía aire de cumbre”. Los bigotes abundantes y gruesos se fundían en una poblada y canosa barba dándole un aura de patriarca hebreo que infundía respeto. La barba simbolizaba sabiduría y poder. Se decía que en sus largos pelos residía el secreto de su poder curativo. Las manos arrugadas y huesudas surcadas por huellas profundas de años y de trabajo terminaban en largos dedos poco acostumbrados al continuo y efusivo apretón cordial. Don Pancho Ormeño no era hombre de muchos saludos, menos de abrazos y manoseos personales que no sean los de sus verdaderos y cercanos afectos. Saludaba como quería y lo sentía, sin compromisos ni cumplidos lejos de las normas sociales más elementales. Eso sí, jamás dejaba de atender a nadie que haya llegado a él por su ayuda. Su vestimenta se reducía a un traje oscuro desteñido y sobrio, un chaleco desabrochado y una camisa de cuello grande con el faltante de algún botón. Nunca un pañuelo en el bolsillo superior del saco y menos aún una flor.

Don Pancho tenía pasión por las plantas. Los árboles, los arbustos, las hierbas y las flores fueron su debilidad desde niño. En su pago natal mientras cuidaba su ganado caprino y ovejuno o pacía el rebaño de las vacas, se deleitaba curioseando con gran interés toda clase de vegetales y plantas a su alcance. Las observaba, las olía, las probaba, se comunicaba con ellas en un idioma propio. Con esa pasión botánica llegó a distinguir el sabor y la fragancia de cada planta lugareña y también a experimentar las propiedades y el poder terapéutico con el íntimo deseo de aplicarlas a la medicina herborista casera. Pronto esa pasión se transformó en sacerdocio. Aprendió también de la antigua farmacopea indígena y de las viejas curanderas, salamanqueras y sabios surgiendo así el más afamado médico herborista urólogo del norte argentino. Obraba milagros taumatúrgicos. Tenía el poder del machi araucano, del sancóyoc incaico, del payé guaraní. No solo la fitoterapia heredó del ancestro diaguita sino también la zooterapia. Recetaba aplicaciones de la carne, del cuero, o de venas y tendones. Don Pancho nunca cobró ni exigió retribución por sus curaciones. Practicó el bien por el bien mismo. La gente dejaba voluntariamente su tributo. Innumerables objetos de toda laya y calidad; desde vinos y joyas hasta instrumentos musicales y dinero que Pancho no tocaba y era repartido entre los pobres. “El médico de la Cuchilla” era experto uróscopo, conocía los males del cuerpo y del alma a través de la observación de la orina bajo el reflejo del sol y obtenía el diagnóstico y la curación. Muchas veces el tratamiento de algunos pacientes era largo y los enfermos eran hospedados allí mismo en viviendas construidas para esos fines. Los pacientes permanecían bajo el cuidado del taumaturgo hasta finalizada la curación, a veces días, a veces meses. Así también era su franqueza para decirle al enfermo cuando no tenía cura. Su clarividencia le permitía predecir enfermedades a la distancia incluso la muerte con sólo mirar las “aguas menores”. El oráculo de “La Cuchilla” no se equivocaba jamás. Curó casos emblemáticos de locura como el de un ex interno desahuciado en el neuropsiquiátrico de Oliva, Córdoba; otros de paludismo, cáncer, parálisis, ceguera, traumas psicológicos, hizo caminar tullidos, y muchos otros. Todos ellos casos documentados.

“El médico de la Cuchilla” tenía otro rasgo fundamental, su profunda fe religiosa. Diariamente al caer el sol concurría a la capilla lugareña a rezar su plegaria a Dios, invocaba a Jesús y a San Francisco. Lo acompañaban los enfermos que se encontraban en curación o esperando su turno para ser atendidos. Había que obedecer a su llamado con diligencia. Los enfermos acudían con premura, con fervor y obediencia admirables. La fiesta máxima en la Cuchilla era la patronal de San Francisco de Asís que Don Pancho celebraba el mismo día de su nacimiento, 12 de marzo, aún cuando no se correspondía con el calendario pastoral ya que no había ningún santo que coincidiera con ese día. Pero el patriarca de “La Cuchilla” así lo había decretado. Las fiestas patronales eran un verdadero jolgorio, duraban 3 días, del 12 al 15 de marzo. Previo a estos festejos se rezaba el novenario en la capilla y se honraba al Santo Patrono. Había misa y procesión encabezadas por un sacerdote traído de Sañogasta o Chilecito. Luego la fiesta con comida copiosa, bebida en abundancia, baile, canto y música regional. Y todo corría por cuenta de Don Pancho, el patriarca de “La Cuchilla”, generoso, hospitalario y gran filántropo. Como decía Atahualpa Yupanqui, “gente de ciencia, del país y también extranjeros, salían asombrados de este saber sin vueltas de Don Pancho Ormeño, el médico de la cuchilla”.

 GLADYS ABILAR - Chilecito - La Rioja, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA