DE LAS MUJERES NO SE HABLA
El amor se quema con el primer
sol de la realidad - Charles Bukowski
Hoy decidí recordar a las
mujeres que conocí. O creí conocer. Limitado lector: no escribiré desde una
óptica moral o religiosa: no me agradan los sermones ni los púlpitos. Tampoco
acerca de miradas sociológicas o psicológicas. No hay espacios seguros. Por lo
general son dogmáticos, hueros, someros.
Mi padre, lo dije en otras
oportunidades, fue expulsado del Edén por pecador. Sospecho que seguiré el
mismo camino. De padre infractor, penitente, nace un hijo de la misma calaña.
Un pecador sin escrúpulos. Tal vez mi querido amigo Julio, que falleció hace
unos años, no conocerá el infierno. O tal vez también aunque murió virgen a los
sesenta y siete años. El destino del Señor tiene caminos intrincados.
Lo primero es hablar de la
ropa interior de las mujeres. Evocamos encajes, sedas, satenes. Según que
acostumbran a lucir uno descubre fineza, estilo, sexualidad, buen gusto, pudor.
O grosería, vulgaridad, ignominioso sentido de la vida. Es un primer paso para
valorar inteligencia, sensibilidad, afecto. Creo que a partir de aquí
comprenderemos solidaridad, compromiso, mitos. Pero es posible que me
equivoque, lo hice muchas veces. La herencia de la señorita Eva a lo largo de
la mirada masculina nos llevó por caminos torcidos en las más de las veces.
Mediocridad, soberbia, estupidez. Valores políticos y culturales de una
sociedad. Recordemos a Catalina de Médicis y el culotte. Intente no ser
zopenco y no lo confunda con los sans culottes.
Otra vez, lo lamento: los
tabús del cuerpo, la moda, la sexualidad y el poder patriarcal. En Pepi,
Luci, Bom y otras chicas del montón de Almodóvar escuchamos “hagas lo que
hagas ponte bragas”. En fin…la moda de nuestros días es marcar los pezones. Y
otras cosas que voy observando en las calles que representan tosquedad, falta
de finura, zafiedad. Prefiero silenciarme.
Para muchos la ropa interior
es básica. Hay caballeros que confunden la sensualidad con una tanga. En
fin…así votan, así piensan, así usan el paraguas. Para otros la comida. Creen
pertenecer a la aristocracia, a un linaje hereditario, y es un pobre mentecato,
un memo. Le hablo a usted que es un lector lento, insensato, mentalmente
desnutrido que va por la vida juzgando, opinando y cree ser feliz. Una
pregunta: ¿espera que ella desprenda su ropa interior o lo hace usted? No deseo
ahondar en el tema.
Hay mujeres bellas, feas,
altas, menudas, silenciosas, alborotadas. Y más. Todas con un encanto especial.
Hablan de Tarkovsky, de Antonioni, de Frida, de Emily Dickinson…pero también de
las ferias americanas, del precio de la carne, de la canilla de la cocina, de
la escuela de sus hijos, de su marido, de su novio, de sus padres, de sus tías,
de sus hijos. ¿Le pone atención, la mira a los ojos?
A todas les hablé de Espenuca.
Deben conocer y reconocer mi biografía, mis gustos, mis obsesiones. No basta
con alabarme. No basta con admiradme. Mis mujeres saben que soy el Príncipe de
Espenuca. Les martillo la cabeza con anécdotas de una aldea, con Elke Sommer,
con el día que salvé a un hombre de ahogarse en el mar. Les hablo de mi
biblioteca, de Betanzos de los Caballeros, de la Piazza Unità d´Italia de
Trieste, de Shakespeare and Company. De mi esposa, de mis hijos, de mis libros,
de mis viajes. Perdón, me fui de tema.
Creo que es importante recordar
a Coco Chanel: “Una mujer debe ser dos cosas: quien ella quiera y lo que ella
quiera”. Algo que nos viene bien, la voz de Rubén Darío: “Sin la mujer, la vida
es pura prosa”. Sospecho, incrédulo leedor, que estos rumbos nos lleva a la
esencia de la mujer. Coco Chanel una vez más: “Las mujeres
necesitamos la belleza para que los hombres nos amen, y la estupidez para que
nosotras amemos a los hombres”. Pienso que
no deja de ser sumamente interesante esta otra forma de ver.
Caballeros, he compartido con
ustedes una tarde con un café y una pipa. Hicimos un recorrido a los saltos
para mantener una conversación sin prisa. Como debe ser. En lo posible con un
poco de humor, ácido pero humor al fin. El mundo es un caos por los cuatro
costados. Guerras, hipocresía, miseria, indigencia, desajuste económico y
emocional, corrupción por donde miremos. Es suficiente para decir basta o
gritar como en aquella película de 1966 de Philip Saville Paren el mundo me
quiero bajar. Además, habito un país sin salida. Pobreza, escarnio,
humillación, deterioro sistemático, enajenación, vesania. Un delirio tras otro;
la demencia, la ineducación, la incapacidad, la ignorancia nos aplasta. Me
salva la belleza de la mujer, su comprensión, su ternura, su caricia, su
devoción, su dignidad. Hasta aquí llegamos. Nos estamos viendo. Said no more.
La única manera en
que un hombre debe comportarse con una mujer es: haciendo el amor con ella, si
es bonita, o con otra, si es fea.
Oscar Wilde
CARLOS PENELAS - Buenos Aires,
Argentina, 1 de noviembre de 2026
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO
ARGENTINA