Bienvenidos

sábado, 28 de marzo de 2026

LOS AMOROSOS - Jaime Sabines- México

 








LOS AMOROSOS


Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.

Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.

Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.

Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.

Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la oscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, solo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor
como una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida,
y se van llorando, llorando,
la hermosa vida.

JAIME SABINES - México

Jaime Sabines Gutiérrez fue un querido y respetado poeta y político mexicano, nacido en Tuxtla, Gutiérrez el 25 de marzo de 1926 y fallecido en Ciudad de México el 19 de marzo de 1999.

 --
www.carlospenelas.com


NO SE MUERE EL ENERO EN TUCUMÁN - Norberto Pannone - Buenos Aires, Argentina

 













NO SE MUERE EL ENERO EN TUCUMÁN


No se muere el enero en Tucumán
ni coincide la flor en lo casual,
ni es mentira la casa del pájaro
que ancla en el friso de la catedral.

Se embaraza la tarde de nostalgia
y pare tu nombre sin olvido.
Me gusta el camino a San Javier
porque finge las curvas de tu río.

Puedo tantear el aire y transitar
la noche tibia en Tucumán
hasta llegar al “Alto” por calle Avellaneda
para morir en guitarras y en el vino,
derramado en la mesa inmemorial
donde el alma de Atahualpa espera
y el tucu danza entre maderas
el baile rumboso y vegetal.

No se muere el enero en Tucumán.
Olor a caña, azahar y grillo
y la nostalgia del naranjo amargo
perfumando la plaza Independencia
donde yace del Cabildo la memoria.

No se muere el enero en Tucumán
si escucho las risas de los niños
y el hechizo del viejo campanario
bajando por la calle “veinticuatro”
hasta morir de coplas en su ritual.


Norberto Pannone ©2012

NORBERTO PANNONE – Buenos Aires, Argentina

EL LEÓN ENFERMO - Concepción Arenal - Ferrol, España

 










EL LEÓN ENFERMO

Enfermo y gravemente
De los bosques hallóse el soberano
León, como decimos vulgarmente.

Su estómago, hasta allí cual pocos sano,
Ni el más leve sustento digería
Sin dolor infinito,
Aunque su majestad sólo comía
Lechón, tierno cordero, algún cabrito.

Si era efecto del tiempo esta dolencia,
Si de grave pesar, de incontinencia
O del rudo trabajo y los desvelos
Con que, grato a los dioses, se afanaba
El cetro a sostener de sus abuelos
Para el público bien y por su gloria,
Es un punto dudoso de la historia.

Mas lo que está probado
De un modo positivo y concluyente
Es que, al verse doliente,
Tuvo su majestad la extraña idea
De reunir al punto una asamblea
Y en ella discutir de cuál sustento
A su estómago débil convendría,
Y de cuál se abstendría
Por nocivo e indigesto.

La turba cortesana, por supuesto,
Al escuchar del rey el pensamiento
Le pareció muy bien, según costumbre.
Envíanse correos
Que veloces recorran los estados
Para que diputados
Envíe cada especie al gran congreso.

Reunida por fin la muchedumbre
Jura dar en conciencia
Su humilde parecer, de cuyo peso
Será juez el monarca; y él primero
Expone con voz débil su dolencia.
Hablar le toca, y habla un carnicero
Diciendo que el enfermo se alimente
Con abundante carne ensangrentada.

Levántase otro que de aquel disiente,
Pues aunque sea cierto
Que es la carne alimento grato y sano,
Más saludable fuera al soberano
De animal que ya días lleve muerto.
Un herbívoro en turno estaba luego,
El cual, con voz sonora y mucho fuego,
Dijo que el rey en breve moriría
Si obstinado seguía
Cubriendo de cadáveres su mesa.

«La verde yerba, la sabrosa fruta,
El rubio grano y el panal dorado,
Que la vista recrea y embelesa,
Decía el oso le darán la vida».
Fue su idea aplaudida
Pero trabóse en breve una disputa
Entre los pitagóricos señores.

El maíz, la cebada y el centeno,
La uva, la castaña, la bellota,
El regaliz, el heno
Y cuantos vegetales
Alimenta la tierra en su ancho seno,
Tuvieron, entre aquellos animales,
Fieles, si no ilustrados defensores.

Y cada cual al rey le recetaba
El alimento mismo que él usaba.
Después de mucho tiempo y gran ruido,
El punto dio su majestad leonesa
Por suficientemente discutido:
Le puso a votación y con gran priesa
En lugar de pesar, los votos cuenta.

La Prudencia (aunque extraña cosa sea
Verla en una asamblea)
Estaba allí (de paso, por supuesto),
Que en tales reuniones no se sienta.
E imponiendo silencio con un gesto:
«Rey infeliz, le dijo eres perdido
Si en recibir consejo así consientes
De seres que de ti son diferentes;
Y una vez que consejo hayas pedido
Tienes tan poco seso
Que el número calculas y no el peso».

El monarca la oyó sin hacer caso
Y, viendo que de aquellos animales
El número menor por carne estaba,
Resolviose a vivir de vegetales.

Pero el nuevo alimento
De tal modo al monarca repugnaba
Que muy poco tragaba
Y eso con asco mucho y gran tormento.
A poco que este plan hubo entablado
Murió de inanición el desdichado.

Cuando muchos votos son
Como eran en esta historia,
No cuentes con la memoria
Pésalos con la razón;

Ni busques jamás consejo
En hombre que no es tu igual,
Aconsejarate mal
Aunque bueno, sabio y viejo,

Cada cual juzga por sí;
Dirate la verdad fiel,
Pero ¿qué verdad? La de él,
Que no es verdad para ti.

 

CONCEPCIÓN ARENAL - Ferrol, España

INTELIGENCIA ARTIFICIAL - Germain Droogenbroodt - Alicante, España

 









INTELIGENCIA ARTIFICIAL


Ríos que se desbordan,
casas demolidas,
coches arrastrados
por las aguas embravecidas:
el hombre ha perturbado la naturaleza.
En vano
la sabiduría hace su aparición
¿Podría un chip, implantado en el cerebro,
proporcionar más sabiduría o quizás más ceguera
y adoctrinamiento?


de “el Camino del Ser”, Editorial Balduque, Cartagena


GERMAIN DROOGENBROODT- Altea, Alicante, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

PEDIDO DE AUXILIO - Norbert Pänon - Buenos Aires, Argentina non

 









CUENTOS DEL SIGLO POSTERIOR

 

PEDIDO DE AUXILIO 

El hombre oró sobre las páginas amarillas. No muy lejos, en la casa de al lado, la mujer buscaba con desesperación el teléfono del doctor García en las páginas de la Biblia. Sentado aún sobre el bidé, molesto por la espera, su marido expiró.


©NORBERT PÄNON, Buenos Aires, Argentina


ENTRELÍNEAS - Antonio Las Heras - Buenos Aires, Argentina

 













ENTRELÍNEAS.


Laberintos de palabras en la mente
al recuerdo de Borges y de Sábato.
Angustias. Emociones. Y tristezas.
En pocas páginas combinados.
Siento de Sábato, sus enojos
y de Borges pícaras triquiñuelas.
Hoy, esta lectura de sus obras
me convocan a lugares añorados.


Bar Plaza Dorrego, 17 de marzo de 2.026


ANTONIO LAS HERAS – Buenos Aires, Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA


CANDILEJAS - Guillermo Fernández del Carpio - Arequipa, Perú

 











CANDILEJAS


Los avatares de la vida
entrelazan su ritual algo esquizofrénico
en las tablas,
exhiben estoicamente
la complejidad humana,
a través del diálogo
con menos sainetes
y fecundos monólogos.

El teatro abre sus puertas
a la mente de cualquier mortal,
con estigmas de sapiencia,
con señales de ansiedad moral,
porque en la imagen del teatro
uno encuentra el psique del hombre
y el sentido de vivir.

El telón se apertura,
empiezan las escenas dramáticas,
se encienden las candilejas
y la función sigue su curso.

Sea la Eneida o Hamlet,
sea Edipo o Cleopatra,
la obra ya está dada
y culmina en aplausos
que enciman al arte
de la vida hecha escena.



GUILLERMO FERNÁNDEZ DEL CARPIO
– Arequipa, Perú
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

ACERCA DE UNA “CHACARERA LUNFA” – Luis Alposta – Buenos Aires, Argentina

 



 




Pintura de Florencio Molina Campos


“CHACARERA LUNFA” 

La tradición oral nos dice que la chacarera nació en Santiago del Estero, más precisamente en Salavina. El hecho de que haya algunas con letras escritas en quichua santiagueño, es algo no desestimable a la hora de atender a esta teoría.

La mención más antigua que se registra sobre esta danza fue hallada por Isabel Aretz, en las "Memorias de Florencio Sal", publicadas en Tucumán (en abril de 1913). En este libro se dice que la chacarera se comenzó a bailar en el noroeste de la Argentina, especialmente en la provincia de Santiago del Estero, y que hacia 1850 se bailaba en Tucumán.

Su nombre proviene del vocablo «chacarero», ‘trabajador en una chácara o chacra’ (chakra: ‘maizal’, en quichua santiagueño), porque generalmente se bailaba en el campo, aunque lentamente hizo avance y llegó a las ciudades.

Pero aquí la historia que nos ocupa es otra.

Fue en septiembre de 1986, en el barrio de Coghlan, como respuesta a la sugerencia de un vecino que me invitó a escribir una chacarera “en lunfardo”. Y la escribí.

¿El tema? Un santiagueño que nos habla de su viaje a Buenos Aires, de su aclimatación al ambiente tanguero y de su fidelidad al pago.

El vecino de la sugerencia era Horacio Guarany.

¡Y se va la primera!


CHACARERA LUNFA

Aunque mi parla es diquera
-lo está anunciando el rasguido-,
junen que a la chacarera,
muchachos, nunca la olvido.

En un tren de trote tardo
a Buenos Aires bajé,
y entre el gotán y el lunfardo
debute me aquerencié.

No piensen que es un renuncio
si es que cambié de tonada,
que igual las “eses” pronuncio
y aquí no ha pasado nada.

Siempre recuerdo a mi gente
y el canto de los coyuyos,
aunque role en otro ambiente
y haya cambiao mi chamuyo.

En el amor no ando en llanta.
Transito la misma costa.
Sigue siendo mi percanta
una santiagueña posta.

Cuando estoy con la viaraza
y empiezo a darme manija,
la bombacha bataraza
la saco de la valija.

Y si hoy mi parla es canchera
y un poco me aporteñé,
junen que a la chacarera,
muchachos, no la olvidé.


LUIS ALPOSTA - Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA


Musicalizada por Aldo Videla – Canta: Carlos César
Click: https://www.youtube.com/watch?v=WyPvJ-CnR5I&t=50s

VIERNES DE DOLOR - Ángel Medina - Málaga, España

 


VIERNES DE DOLOR

   

¿Cómo definir el dolor? Yo diría que, como manifestación del desgarro humano, tanto física como moralmente. Porque el dolor “duele”. Se siente. Si no, pregúntesele al paciente Job que soporta estoicamente el mal que se presenta alrededor suyo, primero entre sus bienes, hasta perderlo todo, y luego al sobrevenir la muerte de sus seres queridos tan inesperada como bruscamente para finalmente asumirlo y concentrarlo en su cuerpo, que se vio invadido por las llagas desde los pies hasta la cabeza.

Pero también existe el dolor del ánima o psíquico que consiste en lo intangible, propio o ajeno, que perturba todo el ser. Quien haya sufrido la tortura de una depresión profunda podrá entenderlo. El punto más álgido del dolor físico es el sufrimiento lento pero inexorable de la caducidad humana, saboreándola sorbo a sorbo, como el suplicio del Sísifo cargando con la pesada piedra cuesta arriba, y al faltarle la energía retroceder, y así una vez tras otra, antojándosele que la eternidad se detenía en el tormento. El del alma es el espanto de ver a quien más se quiere en este perro mundo cargando con las culpas ajenas hasta la extenuación de una muerte infame, en la que la inocencia es considerada culpable.

El Viernes Santo es el día del dolor supremo.  Hablar de crucifixión es recordar el sufrimiento. Un tormento extremo ideado por los persas, que se extendió por diversos pueblos del Mediterráneo y que Roma hizo suya, aplicándola a los esclavos y criminales. En la antesala del dolor, esos momentos en los que se llega a presentir moralmente el dolor físico que se va a infringir, los evangelios dicen que Jesús sudó sangre en Getsemaní, algo que la medicina conoce como “hematidrosis”, lo cual es posible cuando los vasos capilares de las glándulas sudoríparas llegan a romperse, y que puede ocurrir si existe un elevado porcentaje de sufrimientos psicológico. La proximidad de la muerte violenta y la traición posterior de uno de los suyos fue el comienzo de los dolores. Un dolor refinado y cruel.  Como paso previo a la ejecución el reo era azotado con el flagelum, un látigo de mango corto y varias colas que terminaban en bolas de plomo, y que causaba daños terribles desgarrando espalda, nalgas y piernas, dejando al descubierto músculos y tendones, lo cual ocasionaba una gran pérdida de sangre, hasta el punto de llegar a producir el desmayo. Luego, en su caso particular le fue incrustada en sus sienes una corona de punzantes espinos, con la doble función de causarle mayor dolor y humillarle, al haber sido denominado como el rey de los judíos. El condenado, agotado por la brutal paliza era forzado a portar el travesaño horizontal del madero, una tabla que pesaba casi treinta kilos, obligándosele a recorrer una distancia aproximada de dos kilómetros hasta llegar a la cumbre del Gólgota, situado a las afueras de la ciudad, debiendo soportar las burlas, los escupitinajos y las piedras que le arrojaban los que contemplaban el espectáculo a lo largo del camino. Al llegar, el aspecto del hombre era, como lo había descrito Pilatos, el de un hecce homo. Entonces, completamente desnudo— en las representaciones se ocultan las zonas púdicas con un taparrabos— era tendido sobre los dos travesaños del leño. En uno era clavado, atravesando sus muñecas unos clavos puntiagudos que medían entre trece y dieciocho centímetros, destrozándole el nervio mediano. Los maderos eran juntados, configurándose la cruz. En el que era más largo le traspasaban sus pies, disponiendo la parte inferior de un sedile o tablilla para que pudiese apoyarlos, prologándose así la agonía. Finalmente era levantada, hundiendo el tablón vertical en un boquete que previamente había sido excavado en el suelo. Al pender el cuerpo en postura vertical el peso tendía a desplazarse hacia abajo, con la constante sensación de desgarrarse las axilas, cada vez más conforme transcurría el tiempo— quien quiera hacerse una idea somera le bastará colgarse a una barra sin poder tocar el suelo—, haciéndose necesario forzar todos los músculos de la espalda para conseguir respirar. En esta postura dolorosa el condenado acabará muriendo por asfixia al empujar sus órganos internos los pulmones, produciéndose finalmente un fallo cardiaco. Cuando se va acercando el momento, el ritmo del corazón empieza a enlentecer y el dióxido de carbono de la sangre se va diluyendo como ácido carbónico, lo que acarreará un aumento de la acidez, transformándose el pulso en irregular. Es palpable que el ajusticiado lo percibía, entendiendo que se aproximaba el momento de la muerte. A la hora nona, tras tres horas de tormento, expiró. Si hubiésemos de hacer una autopsia al cuerpo exangüe del condenado, posiblemente habría que concluir en que se trató de una agonía lenta y que mantuvo la consciencia hasta el último instante. La causa inmediata de la muerte fue una hipovolemia por la sangre derramada y la deficiencia respiratoria por la falta de movilidad, las graves lesiones de los músculos intercostales y la insuficiencia cardiaca. Hasta aquí el proceso de la ejecución.

Pero, no sólo fueron tormentos físicos los que tuvo que soportar aquel hombre condenado de manera ilegal e injusta, sino también anímicos. Desde lo alto del patíbulo la mirada se derramaba a su alrededor. Allí se encontraban la soldadesca que se mofaba de él, aquellos que excusó diciendo que no sabían lo que hacían, y el discípulo preferido junto a las mujeres.

¿Dónde estaban todos aquellos que le habían vitoreado el día anterior? ¿Dónde sus seguidores? ¿Dónde los apóstoles? ¡No estaban! Se habían dispersado como ovejas a las que hiere su pastor. Entonces, al daño corporal hubo de añadirse el dolor psíquico. El alma también duele. La incomprensión bien pudo instalarse en su cabeza. Porque, ¿cuál fue su crimen? Sencillamente mostrar el “Rostro” que el Pueblo invocaba en el salmo 27 “Muéstranos tu Rostro, Señor”. A diferencia de otras maneras de religarse al Misterio en las distintas religiones, el dios-cristiano se muestra al mundo dentro del mundo en la cercanía de un Hombre para con los hombres.

Pero no era suficiente. Cuando el hombre siente la sensación de la impotencia ante la muerte brota en su interior aquel grito del que Unamuno se hace eco en su obra “El sentimiento trágico de la vida”, recordando a Michelet: “¡Mi “yo”, que me lo arrebatan!”. El “yo”, la sustancia, la esencia del hombre. Entonces, al ser consciente de que el mundo no puede responderle para darle el apoyo que necesita invoca al Misterio del que todo procede y al que todo va. Al poder de la omnipotencia del amor divino de Dios, al que él invocaba como “Abba” (Padre). Pero el grito pronto se ahoga en su garganta al no sentir el consuelo y clama aquello de “Eloi. Eloi, ¿lamá sabactaní”? (¿Dios mío, por qué me has abandonado?) Ni siquiera ve la substancia humana en el trance de la muerte el hilo invisible que conecta lo divino con lo humano, el cielo con la tierra. El crucificado muere como un maldito. Entonces, es cuando la nada que aún pervive en la vida es capaz de encontrar la respuesta en el abandono al entregar la última voluntad en la que el hombre mantiene su ser al misterio al que es entregado. Sólo entonces vuelve a pronunciar sus últimas palabras, reconociendo que el amor ha de ser más fuerte que la muerte: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Es la entrega de la vida y de la última confianza. O el abismo o el cielo.

Se impone el silencio. Parece que el aguijón de la muerte ha triunfado, y, sin embargo, el silencio de Dios se convierte en palabra de vida resucitándolo como primicia para el hombre.

Abajo, la Madre saborea con amargura la predicción del viejo Simeón, cuando le profetizó que una espada le atravesaría el alma. Es la manifestación del dolor del alma como consecuencia del dolor ajeno.

ÁNGEL MEDINAMálaga, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

Blog <autor:    https://www.facebook.com/novelapoesiayensayo

Últimas publicaciones autor

https://www.amazon.es/Vaticano-III-Rustica-ANGEL-MEDINA/dp/8416611912

https://www.amazon.es/EL-HOMBRE-QUE-PENSABA-MISMO-ebook/dp/B0859M82YW


RE-CREACIÓN (LOS ESTRELLEROS) - Adrián Néstor Escudero - Santa Fe, Argentina

 




RE-CREACIÓN (LOS ESTRELLEROS)[1]

A las Playas sueñeras de Punta del Este (Uruguay)

 

(Lluvia de estrellas. Ningún ser viviente pudo verlas. Excepto Él. Como cristales diamantinos, pequeños y burbujeantes, se derramaron desde el cuadrante profundo de la Vía Láctea y fueron sembrándose en el mar cual flores tan esbeltas como pequeñas y luminosas, haciendo de aquel Océano peninsular estaño un maravilloso jardín fosforescente que danzaba al compás de las olas de un Mar de ensueño...).

Sobre el morro encrespado de hierba arenosa, Gabriel observaba, con sus alas recogidas y su cuerpo apolíneo reducido ahora al humano tamaño.

Soles devenidos en pequeñas esquirlas del Cosmos agonizante...
Subyugado por tanta belleza, supo de un sentimiento amargo que, en su lejana Morada Invisible, nunca hubiera imaginado: porque dolía saber que toda aquella Obra Universal admirable y edificada materialmente por su divino Arcano, fuera destinada a desaparecer en un instante e inexorablemente...

Entonces, puso aquellas lágrimas desconocidas en su mano más ágil y las lanzó con fuerza al torrente de ese Mar que bramaba con un fuerte viento del Este... Un Este ya sin Sol y convertido en una de esas moléculas brillantes que pronto terminarían apagándose también cuando él diera la orden de Cancelación Estelar...

Igual estaría sucediendo, sin duda, con sus alados compañeros de misión, elegidos de entre siete Arcángeles para cumplir con la terrible misión de ser los Estrelleros del Apocalipsis Estelar...

(Mas solo el Espíritu que lo había hecho podía deshacerlo, y fue cuando enhiesto sobrevoló aquellas aguas oceánicas y presurosas bañando los despojos de lo que Antes Había Sido un Planeta azul y verde, verde y azul, y ocre con su maravillosa mixtura de elegantes cerros, sabios valles, y fecundas praderas y ríos afluentes).

Entonces hizo un ademán oculto a sus ojos que todo lo veían… Y cayó batiendo alas sobre las olas encrespadas de aquel mar bravío acunado por la órbita terrestre en aquella singular península del estío uruguayo; y todo desapareció...

Fue un elegante chapuzón que hacía miles de milenios esperaba estrenar..., y lo había logrado: hablaba del justo y bautismal baño terreno, en ese lugar; un lugar especial al que quizás ellos habrían llamado nuevamente Paraíso.

(Y fue ese Espíritu quien atrajo al Arcángel Gabriel, Guardián Estrellero de la cuarta parte del pletórico Universo. Un Universo finalmente corroído por la luz caótica y mendaz Luciferina, y decretado para su cancelación como todo el conjunto Cósmico estrellado y habitado desde los átomos proteicos a la estatura de los Pensantes y Sintientes humanizados).

Pero algo había sucedido -y lo sabía- en ese -alguna vez- esplendoroso planeta. El de los hombres pensantes y parlantes… Lucifer había enlutado a ese mundo; y luego, lanzando una aviesa carcajada hizo lo mismo con Todos lo demás…

(Y aquel Planeta tenido por origen del Origen y Paraíso de los paraísos, sería el Primero

en difuminarse desde la materia a lo Único Trascendente).

Por ello, y apretando sus alas luminosas, sonrojadas por el albor mortuorio de su Sol, en aquella (última) mañana de la Tierra -Obra preferida del Infinito Arcano al cual servía desde un tiempo y lugar sin medidas- fue cancelada por el obediente y estrellero Gabriel.

(Los Ángeles Estrelleros tenían una enigmática Misión Cancelatoria. Y el Apocalipsis fue concluido y devuelto su sueño primigenio a la Arcana Memoria del demiurgo Dios Uno y Trino, primero Creador, luego Purificador y al cabo Redentor…).

De este modo, y junto a Tierra, la cuarta Porción del Universo y sus Mundos, volvió hacia Él y su Morada Celestial. En tanto que las otras Tres cuartes partes del Cosmos, satánicamente adulteradas también, tendrían su divino descanso cancelatorio por medio de Uriel, Miguel y Rafael:

Apocalipsis consumado.

Sin embargo…

(… El Divino Arquitecto, al Séptimo Día juzgó. Al Octavo Día redimió. Y al Noveno Día volvió, setenta veces siete, a crear…).


ADRIÁN NÉSTOR ESCUDEROSanta Fe, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


[1] ADRIÁN N. ESCUDERO – Santa Fe, Argentina) 02/04-03-2026. Para Libro APOCALIPSIS BANG (Y otras Historias Extraordinarias para un Semáforo). Editorial DUNKEN SER (CABA, Argentina), 2026. (Nota: Una versión poetizada forma parte del libro inédito: POEMARIO “SUSURROS (DECIRES Y SENTIRES)”.