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sábado, 13 de octubre de 2018

EL CUARTO, Soledad Vignolo Mansur, Junín, Buenos Aires, Argentina

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Imagen de: Wattpad



 EL CUARTO

 El sol roza con impunidad el cortinado gris del cuarto, que es tan pequeño como impersonal. La marea de ruidos incómodos dista de las olas propias del este uruguayo que acostumbro acariciar. Una voz chillona me pide con insistencia: abrí y cerrá el puño, un poquito más. Mi puño se cierra con otras intenciones, mientras siento escapar mi sangre por un tubo hematológicamente vulgar. Cierro los ojos con fuerza, tal vez al abrirlos la escena es otra.
Nuevo día, cinco personas de blanco me rodean, Gafas, blancura, hambruna intelectual. Cuatro mujeres, o algo así, y un masculino de dudoso buen gusto que parece subyugarlas sin hablar. El tacto es desconocido para estos especímenes medicinales que hablan de mi anemia con entusiasmo, de mis bajos valores casi con la emoción de mis días de política partidaria. Deciden seguir usando mi cuerpo de colador para babearse con mi dolor. Vaya raza.
El cansancio duerme mis miedos y mi cuerpo, el silencio no llega con la noche, que se alarga en desesperanza, llantos, muertes y nacimientos equitativos, mientras las nurses parlotean sin enterarse de toda la vida que transcurre alrededor de sus diminutos cerebros, ya atrofiados por las horas eternas , el rímel, y el chicle bazooka sin gusto de masticar envidia.
Tras observar la noche y sus luces opacadas por el vidrio sucio intento conciliar un sueño salvador.
Otra mañana, mi brazo se hincha en la misma proporción que mi humor, las transfusiones llevan al mundo de los donantes, les agradezco y me imagino: ¿habrá talento, bondad, inteligencia, estupidez, destreza? ¡Qué bueno tener nuevos dones! Un sentimiento aprendiz ya dejó esta experiencia sangrienta: solidaridad.
La chiquita que en realidad es una mujer de mente pequeña, destrozó mi vena con la impunidad de un Gurkha, la enfermera demostró orgullosa que sabía más. Una lástima ser el campo de prueba de la lucha encarnizada entre dos profesiones que deberían unirse en el servicio. La vida. El dolor.
Esa noche una sombra apareció en el cuarto con el misterio que el aburrimiento le confirió.
__Hola
__Hola
__Mucho tiempo sin verte
__ Tal vez
__ Te extraño desde el día aquel. Te busqué tantas veces que ya no esperaba nada. Y ahora estás. Increíble.
­__ ¿por?
__ Por todo.
__ No te comprendo mucho. No estoy bien.
__ Lo sé.

Se marchó como vino. No pude durante la vela obligada a descifrar su procedencia, por lo que decidí darle la categoría mágica más alta, para pasar las horas con alguna intriga que no sea mi salud. Y la dejé en la incertidumbre de lo místico.
El doctor pálido y descolorido resultó ser jefe de la clínica del lugar. Las mujeres blancas aprendices mediocres y asexuados. Mi anemia menos rebelde de lo prometido y mis miedos tan humanos que avergüenzan. Las pruebas, solo pruebas, la sangre, solo sangre, fluyendo, como debe ser.
Todo tan real, aburrido y molesto como cotidiano. Sin nada que suba la glucemia aturdida del pobre sanatorio con pretensiones de una categoría que no posee.
Antes de partir vuelvo a sentir el sol, y caigo en cuenta que el único misterio, sigue encerrado en el cuarto. 

©SOLEDAD VIGNOLO MANSUR, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

EL NIÑO CARTONERO, Carlos Benítez Villodres, Málaga, España



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Imagen de: Rosario Alerta


EL NIÑO CARTONERO


Dedicado a los “niños cartoneros” argentinos

Le mataron la risa y la inocencia.
La alegría emigró de su vergel
sembrado de miserias, de erupciones
persistentes de hambre y de tristeza,
de abismos sin salidas, de carcomas, de humo…
A su paso, jamás se detuvieron
los juegos infantiles, ni el aroma
sutil del beso, ni el amor de soles
radiantes, satisfechos.
De un hilo de la nada pende toda su vida,
su grasiento rastreo bajo un cielo con plumas
de lechuzas prehistóricas,
su desnudez, su ímpetu a raudales…
Noche a noche camina,
entre basura y ratas,
en busca de tesoros desechados
por familias que pueblan su universo.
Remueve y vuelve a remover mil veces
los nauseabundos desperdicios. Mira,
con sangre en sus pupilas, la herrumbrosa
carga recolectada.
De ella conseguirá unas pocas monedas
para su subsistencia y la de esos viajeros
amados que, con él, desde siempre, conviven.
No hay en mis ojos lágrimas. Tampoco
hay en mi esencia odio,
ni rencor, ni venganza…
Solo mi inconformismo, mi innata rebeldía,
mi ansia de erradicar
injusticias, pobreza, agonías constantes,
desigualdades, paz enmascarada…
refuerzan la energía de sus pulsos
ante la sed y hambre de vida venturosa
del niño cartonero.

©CARLOS BENÍTEZ VILLODRES, poeta y escritor español
MÁLAGA (ESPAÑA)
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
(Del libro LOS PUENTES DEBILITADOS. Ed. Granada Club Selección. Granada, 2007)


Y MÁS QUE ESO, ©Clotilde María Soriani Tinnirello, Trelew, Chubut, Patagonia Argentina

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Imagen de: Terra Ignota Ediciones




Y MÁS QUE ESO

 (Aporte del escritor y poeta Jerónimo Castillo)


Sí, la poesía de Carilda es bella
y excelsa es su obra de poeta,
su voz es un tesoro que a la meta
llega con el brillo de la estrella.
         
Tiene chispa igual que la centella,
alas de amor y rastro de cometa,
lucífero destino, flor violeta
en el jardín del mundo, cuando ella
         
deslumbra con su canto y enamora
si encuentra la pasión de un tierno beso
capaz de arder en su fuego a toda hora.
         
Lírico pan, milagro y embeleso
Llama, temblor, campanada sonora.
Oro en polvo, rocío azul… y más que eso.

©Clotilde María Soriani Tinnirello
Trelew, Chubut, Patagonia Argentina

¡Polimnia ha inspirado la palabra
Y el arte de Carilda Oliver Labra!


Anoche soñé con un sueño soñado antenoche, César Tamborini Duca, León, España

Anoche soñé con un sueño soñado antenoche


Cafetería Hesperia
Los sueños permiten recrearnos en lo imposible. Uno se puede figurar que está granizando monedas de plata o que para pagar las mercaderías podemos utilizar pepitas de naranja: el absurdo está garantizado. Pero algunas veces se alían con sucesos reales y en el transcurso del mismo tenemos la vaga sensación que estamos viviendo lo soñado; o que estamos soñando lo sucedido o lo por acontecer. No pocas veces nos genera confusión; o gozo, o desánimo, inquietud.
No tengo la más mínima idea sobre el que relataré, los sueños son así y hay que aceptarlos como son. Tuvo su origen –seguramente- en aquella ocasión que me encontré con mi amigo Marcos (el que como Diputado de Cultura asistía a todos los actos de esa índole que realizábamos en la “Casa Argentinos de León”) y fuimos a tomar algo en el bar “Hesperia” que está en una esquina de la ciudad, frente a la Plaza de la Inmaculada.
Primer sueño: Antenoche. Esa circunstancia probablemente hizo que soñara –asociando el nombre, cómo no- que estaba caminando por Castelar, en la zona oeste de Buenos Aires, y de pronto me introduzco en un almacén de los de antes, esos que suelen estar en las cercanías de las estaciones de trenes y autobuses.
Lo hice pensando “acá puede ser que consiga Hesperidina”,  (bebida que era tan habitual en la época que yo era un adolescente, y había probado por primera vez cuando me hizo la invitación mi papá en un baile de la Sociedad Italiana de Lonquimay) y cuando le pregunté al dependiente, un muchacho de unos 20 años que no tenía por qué conocer esa bebida ahora casi desconocida, me respondió, tal vez al retener el sufijo “idina” que puede asociarse a un medicamento: “no, en la Farmacia de la esquina”. No quise ponerlo en evidencia, le di  las gracias y me alejé riendo por dentro.
Me sitúo en la cola del colectivo y mientras espero (todavía soñando) se me ocurre asociar la Hesperidina con el nombre del bar Hesperia, preguntándome si guardarían alguna relación. Fui entonces a la Biblioteca Municipal descartando esperar el autobús (en el sueño a veces uno hace lo que quiere, ¡qué bueno!) y encuentro esta definición de Hesperidina:

Hesperidina
Etimología. El nombre de esta bebida recuerda al Jardín de las Hespérides (así denominaban los antiguos a las Islas Canarias); claro que hay un vocablo de fruta común a varios idiomas con origen en el sánscrito, y es el que designa a la “manzana de oro” de este Jardín: aranzi. En latín es aranjium; naranzi en italiano; orange en francés; naranja en español. Lo que antecede establece una relación entre la naranjaHespéride (Hesperia) y Hesperidina.
El nombre elegido por Melville Sewell Bagley tiene un origen mítico: remonta a la época que los griegos navegando por el Mediterráneo llegaban a las costas españolas, y al ver el reflejo de las naranjas lo asociaban con las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides. Por eso los griegos le daban el nombre de Hesperia a España. Nuevo caos onírico para rebuscar en mi PC un antiguo trabajo sobre los orígenes del nombre España (trabajo que también contiene los orígenes de otros nombres):
Pero seguimos acumulando nombres (total, en el sueño no ocupan espacio) y nos encontramos que para los árabes era Al-Andalus. Para los judíos era Sefarad (ha-sefaradi significa “el español”). Mientras que los nasraníes o cristianos (nasraní proviene de “nazareno”) la denominaban Hispania.
Desperté con la extraña sensación de un sueño proyectado a realidades vividas, por lo menos en algunos aspectos. Lo extraño sobrevino la noche siguiente, porque cenando con mi esposa me avisó que nos visitaría una amiga  y que me iba a traer una botella de Hesperidina ¡no puede ser! dije extrañado de tantas asociaciones. No era extraño en realidad que me trajera esa bebida porque junto a mi esposa la habían estado buscando infructuosamente cuando Patricia realizó el último viaje a la Argentina. Pero esa noche…
Segundo sueño: Anoche …soñé lo que había soñado la anterior noche, continuando  el sueño posteriormente así:

la medicina
Me encontraba con dificultades para caminar por un fuerte dolor en la pantorrilla de la pierna derecha, que inclusive se había hinchado sin que hubiera recibido ningún golpe. Decidí ir al Consultorio Médico del pueblo, en Veguellina de Órbigo, para que me examinara la médico de cabecera, Dra. Begoña González Fernández. Aparentemente tenía una “periostitis tibial anterior”  y me recetó un medicamento e indicó la aplicación de hielo además de un anti inflamatorio. Le pregunté sobre el medicamento, respondiendo –“es diosmina, un flavonoide que favorece la circulación, y va acompañado de otro flavonoide, hesperidina”.
Recordé en el sueño que iba a recibir una botella de la bebida (pero esto en la realidad) y le dije a la doctora -“¿puedo reforzar la acción bebiendo hesperidina?”.  -“¿Qué es eso?” preguntó Begoña, riéndose cuando recibió la explicación. ¡Pero si hasta soñé con un tango que solía tocar mi viejo en el violín mientras ensayaba en casa!; el mismo que escucharán por una de esas orquestas iniciáticas con ese sonido tan característico de los tríos con flauta, violín y guitarra (en este caso, piano y flauta):
Juan Nirvassed – Hesperidina Tango de Moda
Piano: Peter Kay – Flute: Wony Choi – Australia
Claro que, al despertar, me sentía agobiado por tantas coincidencias y “melange” alrededor de un mismo tema, por lo que decidí enfrascarme en averiguaciones sobre el medicamento y más información de la que tenía sobre la bebida espirituosa. Porque si le di vida onírica a la Hesperidina ¿por qué no darle vida real, detallando los aspectos relacionados con su creación? Además de otros relativos a su consumo que seguramente agradecerán los socios de la “Cofradía Báquica”.
FARMACOLOGIA . Propiedades medicinales . La hesperidina es una bebida argentina a base de corteza de naranjas amargas, o de las dulces pero de frutos aún inmaduros, que contienen gran contenido de flavonoides (hesperidina, neohesperidina y narangina). Se le reconocen efectos antioxidantes y otros, propio de los flavonoides, muy beneficiosos para las funciones digestiva y circulatoria. Desde la década de 1990 se han encontrado diversos usos terapéuticos de la Hesperidina. Es efectiva contra las úlceras varicosas, hemorroides, várices, hipertensión, reducción del colesterol, disminución de dolores, artritis reumatoidea, entre otras afecciones.
DiosminaHesperidina es una mezcla de flavonoides típicos de naranjas y limones que ha sido tradicionalmente usada con eficacia en el tratamiento de desórdenes vasculares como la insuficiencia venosa crónica (CVI) y las hemorroides (HD).

Hesperidina
Tónico de guerra. La hesperidina fue considerada un tónico desde sus comienzos, debido a sus propiedades medicinales aportadas por las naranjas, dado que el principal componente de éstas es un flavonoide. Estuvo presente en la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) para “revitalizar a los heridos”, gracias a sus propiedades terapéuticas que contrarrestaban problemas estomacales originados principalmente por la falta de potabilidad del agua. De los hospitales se trasladó rápidamente a los campos de batalla para mejorar dolencias que afectaban a la tropa.
También el “Perito Moreno” (Francisco Pascasio Moreno) solía llevar Hesperidina para atenuar los rigores del clima en sus andanzas por la Patagonia.
Orígen de la hesperidina
En 1862 el inmigrante norteamericano Melville Sewell Bagley llegó a la Argentina. Había nacido el 10 de julio de 1838 en Maine y murió en Buenos Aires el 14 de julio de 1880, estando sus restos en el Cementerio Británico de Buenos Aires. Sus comienzos en la Farmacia “La Estrella” (en la esquina de las calles Alsina y Defensa) le impulsó a crear fórmulas en los tubos de ensayo y alambiques; utilizando naranjas de una vieja quinta ubicada en Bernal, creó una bebida que se hizo muy popular en toda la Argentina.
Hesperidina y la cultura
La Hesperidina apareció en varios calendarios del célebre pintor Florencio Molina Campo, y un tango cuyo autor fue Juan Nirvassed (el link se encuentra dos páginas atrás) al que puso nombre “Hesperidina. Tango de moda” (1915) fue ganador del premio al mejor tango de la Sociedad Sportiva Argentina. También aparece en tres cuentos de Julio Cortázar, entre otros el célebre “Casa tomada”, y en el cuento de Haroldo Conti “Perdido”. Según dicen era la bebida favorita del “Polaco” Goyeneche, famoso cantante de tangos.
Campaña publicitaria novedosa
Es así como, en 1864, Melville decide fundar la importante empresa Bagley. Al vislumbrar el potencial de su bebida, comienza a planificar una campaña publicitaria muy original y vanguardista para la época: un día los porteños comenzaron a ver enormes letreros pintados  con la frase “Se viene la Hesperidina” sin nada más que indicara de qué se trataba. Por supuesto la curiosidad hizo presa de muchos de los aproximadamente 140.000 habitantes que poblaba la ciudad y, durante más de dos meses, nadie sabía el significado. Hasta que el 24 de diciembre de 1864 “La Tribuna” –uno de los periódicos importantes del país- revela la incógnita. El lanzamiento de este original aperitivo nacía en la Argentina con enorme éxito.
Para evitar las falsificaciones de que fue objeto este producto por su éxito, Melville pudo lograr que Nicolás Avellaneda, presidente a la sazón de la Nación, creara un registro de marcas y patentes. El Registro fue creado en 1876 y la primera marca en registrarse en Argentina fue precisamente Hesperidina. Con un sabor suave, se puede beber pura o mezclada con otros ingredientes en la preparación de cócteles. Si bien no es fácil conseguirla pues desapareció de las estanterías de muchos comercios minoristas, se sigue produciendo y consumiendo en su país de origen.
Hesperidina, el primer jingle argentino
Como obsequio, con la compra de cada botella se entregaba la partitura de un tema musical que publicitaba el producto. Se titulaba “La Hesperidina. Danza para piano y canto” y fue creado en 1874 siendo el primer “jingle” del Río de la Plata, con letra de J. Figueroa y música de José Calvo, pieza que estuvo desaparecida u oculta durante más de 136 años y pueden disfrutar a continuación:
Ahora que gracias a mis sueños conocen la Hesperidina solo falta degustarla, y se puede hacer cócteles por medio de tres recetas impresas en las botellas actuales:
1.      Hesperidina y tónica: 2 medidas de Hesperidina, agua tónica, hielo, rodaja de limón.
2.      Hesperidina y pomelo: 2 medidas de Hesperidina, gaseosa de pomelo, hielo, rodaja de limón.
3.      Hesperidina + hielo: 2 medidas de Hesperidina, hielo, rodaja de limón.
4.      Agrego por mi cuenta Hesperidina, Campari, hielo, rodaja de limón.
o-o-o-o-o
Jorge A. Marí –creador y Director de la Revista “El Chasque Surero”, que hace un par de meses nos visitó en León junto a su esposa Betti- al enterarse que estaba por publicar este artículo, tuvo la amabilidad de enviarme las imágenes de afiches y chapas publicitarias antiguas de esta deliciosa bebida, que comparto con ustedes a continuación:

Chapa publicitaria Botella antigua



















CÉSAR TAMBORINI DUCA, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

Pampeando yTangueando.com

SE VENDE A DIOS, Adrián Néstor Escudero, Santa Fe, Argentina

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Imagen de: wallhere.com


SE VENDE A DIOS


Al genial J. G. Ballard, quien asombró mi mente con sus proyecciones acerca de las consecuencias que el materialismo-hedónico generaría en la sociedad mundial, honrando particularmente su magistral relato “El hombre subliminal” (Libro “Zona de Catástrofe”, 1967), con advertido espanto…

Y en particular, al colega  en las letras, Prof. Norberto Pannone, Presidente de ASOLAPO ARGENTINA; amigo-hermano del alma en la fe y en humanidad, en comunión con  el Maná de la Palabra, para la redención del mundo…

… Abrazados todos al Maná de la Palabra para comprender al Misterio de los Misterios, como seres mistagógicos, inteligentes y cosmogónicos que somos, dispuestos a alcanzar la Verdad verdadera en las coordenadas del singular espacio tiempo que nos toca vivir…

Con gran afecto admirativo…

Adrián N. Escudero (Santa de la Vera Cruz – Argentina) – Octubre 2018.



I – Aquel era, sin dudas, un pueblo desgraciado.
Tan desgraciado como el Cura[1] del pueblo.
El pueblo y el Cura eran desgraciados, porque eran carecientes.
El pueblo no carecía de bienes. Carecía de alma.
El pueblo desgraciado era un pueblo desalmado.
El pueblo demostraba su desgracia en tanto que, a pesar de que todos (todos) sus habitantes rebozaban de bienes materiales; sin embargo, estaban tristes, angustiados.
El pueblo era negativo. Y cuanto más negativo era, más bienes materiales venían a su territorio.
El pueblo no entendía por qué, cubierto de bienes, no era feliz.
El Cura del pueblo trataba, sin éxito, de que lo entendieran.
El pueblo no creía en Dios.
El Cura, insistente, elocuente, inútilmente lo intentaba.
El pobre y desgraciado Cura del pueblo desgraciado, ya ronco, ya casi sin habla…


II - Un día la gente desgraciada del pueblo desgraciado, cuando llegó al Shopping lleno de bienes, con muchos bienes para comprar esos bienes que su alma les urgía como un barril sin fondo, se encontró con una sorpresa.
Una insólita, supina, increíble, inaudita, soberbia y desgraciada sorpresa.
El Cura desgraciado, del pueblo, se había instalado en el Shopping Barroco (aprovisionado de antiguo por sus Renacentistas y Maderistas sucursales).
El pueblo del Cura no podía creer lo que el Cura del pueblo había hecho.
El Cura del pueblo había levantado una suerte de altar montado con el más exquisito marketing que, cualquier libro de comercialización del siglo XVII (y que habría despertado la envidia de los futuros genios del Harvard por venir), podría haber aconsejado para tan singular stand de venta.
El Cura del pueblo vendía a Dios.
En pedacitos, como en el templo sagrado, vendía a Dios.
Solo el templo había cambiado. Pero Dios era el mismo.
Los pedacitos de Dios eran redondos y blancos, y purísimos y dulcísimos.
El Cura del pueblo decía que eran golosinas, caramelos celestiales. Y no sentía los remordimientos de Judas por venderlo de ese modo…


III - Más aún, decía al pueblo que lo miraba absorto oficiar su nuevo oficio de vendedor marketinero, que si le guardaban en un cofre, que él también vendía, sería el amuleto perfecto para luchar contra la desgracia de sus almas desalmadas.
Les decía que, así como el cuerpo necesita cuatro comidas al día para estar fuerte y vigoroso, el alma también necesita de alimento para estar viva y fuerte y feliz.
Los ingredientes del caramelo que vendía, que podía consumirse como alimento o guardarse en un cofre llamado “teca” para ahuyentar la desgracia que atormentaba a sus almas desgraciadas, y que había que besar con confianza todos los días aunque sea una sola vez al día, estaban escritos en papel con cierre al vacío donde yacía aquella golosina blanca, y redonda, y purísima y dulcísima, como un pancito recién horneado en la panadería del Shopping.
De hecho, muchos compraron el caramelo porque era un pedazo de Dios, y podían exhibirlo en un aparador junto a una cerámica ática del siglo VI a. de JC o a una vigorosa imitación de un cuadro de Miguel Ángel Buonarrotti. Otros no lo hicieron porque pensaron que el Cura desgraciado, del pueblo desgraciado, se burlaba de ellos; otros dejaron para más adelante decidir la compra o no; preguntarían a aquellos que lo habían comprado, qué tal era aquel producto extraño.


IV - Solo un pequeño niño, de unos tres años, que estaba empezando a deletrear palabras, se puso a leer las indicaciones y contraindicaciones del empaque del producto.
Luego de balbucearlas sin entender nada, leyó los ingredientes que lo componían; estaba en letra muy, pero muy chiquita, como es propio de todo contrato que se considere tal (donde lo importante siempre está en la letra chica).
Decía, silabeando…: “El-Cu-er-po-y-la-San-gre-de-Cris-to”.
Su ángel de la Guarda, astuto y atento, le sopló al oído: el Cuerpo de Cristo, Dios hecho hombre y redentor del Universo, es la materia orgánica que necesita el alma para desarrollar sus músculos y arterias; y la Sangre de Cristo, precisamente, la sangre que necesita el alma para que circule por ella el oxígeno del Espíritu Santo, que es la alegría con que el Padre Dios ama a su Hijo, Jesucristo, y a todos los hombres del Universo.
Por supuesto, como usted comprenderá, no sólo que lo que le cuento no es un cuento y sucedió realmente en el pueblo desgraciado donde vivo con un Cura desgraciado a causa de la desgracia del pueblo, sino que el Ángel de la Guarda dijo todo lo que dijo en lenguaje de niño, y de niño de tres años…
Ah; también le recordó que sólo aquellos que se hicieran como niños podrían no solo entender sino gustar y aprovechar al máximo las delicias del caramelo que vendía el Cura.


V - Lo hermoso de todo esto, es que, de aquí en más, el gerente del Shopping, que se llevaba parte de las ganancias del pobre Cura -pero algo feliz- del pueblo no tan pobre ahora y algo feliz, renovó el contrato de alquiler del stand donde el Cura vendía pedacitos de Dios, por plazo indeterminado…
Entonces el Cura del pueblo, repitió las palabras de su Maestro y Señor de todo y de todos: “He aquí que vengo, a hacer nuevas todas las cosas”.
Ahora el pueblo empezaba a colmarse de Gracia.
Fue aquella la primera sonrisa que curvó sus labios, después de doce años de vano ejercicio sacerdotal en aquel pueblo que había sido desgraciado.


VI – Y vio Dios que todo lo que había hecho con el Cura y el pueblo, era bueno.


VII- Y al séptimo día, descansó. Pero fue porque algo notable, de pronto, había sucedido: es que las campanas de la Iglesia volvieron a sonar, la Basílica reabrió sus puertas, el Cura arrojó a un cesto el mameluco distintivo de la Catedral del Consumo y calzó gozoso sus ornamentos sagrados; y en una misa colmada de contritos fieles, pudo distribuir -como así correspondía desde hacía más de mil seiscientos años, gratuitamente, el Pan de Dios. Nunca más, eso creyó, tuvo necesidad de vender los pedazos de Dios. Limosna a voluntad.
De hecho, el stand del rubro en el Shopping quedó sin clientela, el contrato con el Cura (feliz) cancelado “por razones materiales”, aduciendo sus dueños ante el pueblo que, a partir de ahora, cerrarían por vacaciones…
Nadie lo creyó. Pero como con cada hombre, nace un ser nuevo, inteligente y libre, alguien profetizó que, oportunamente, la historia volvería a repetirse. Una y otra vez. Una y otra vez…

©NÉSTOR ADRIÁN ESCUDERO, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

BREVE RESEÑA CURRICULAR – Octubre 2018

   ADRIÁN NÉSTOR ESCUDERO. Nacido en Santa Fe, Argentina, el 12 de enero de 1951. E-mail: adrianes@hotmail.com. Casado, cuatro hijos y seis nietos (por ahora, y a la espera de los que vendrán, a Dios gracias). Como Dr. Contador Público Nacional (1975) y Magíster en Dirección de Empresas (CT – 1998), se desempeñó en la gestión privada y pública. Ejerció la docencia y cargos académicos universitarios en el Área de Administración de Organizaciones y Área de Gestión Educativa (FCE-UNL, 1972/1980 y FCE-UCSF, 1980-2000).




[1] Recordando al siervo de Dios, P. Antonio Di Bella (OG), quien me convocara – indigno fiel-, un 15 de agosto de 1984 (Festividad de “Nuestra Señora del Tránsito”, a trastrocarme en aquel burrito que llevó  a mi Señor Jesús a la Jerusalén del Calvario, Muerte y Resurrección; ello,  mediante el ejercicio del Ministerio Extraordinario de la Eucaristía y las  Exequias. In memoriam