“CAMINITO”
Crónica de un amor prohibido
La historia del tango “Caminito” mundialmente famoso
nació en un pequeño pueblo de La Rioja llamado Olta. Pintoresca localidad de
Los Llanos situada a 170 kilómetros de la capital provincial con más de siete
mil habitantes, aunque solo contaba con unos quinientos pobladores cuando el
joven poeta Gabino Coria Peñaloza nacido en Mendoza en 1881 se deslumbró con
una señorita de buena familia del lugar. Allí se gesta el diario de una pasión
que inspiraría el mítico poema y más tarde famoso tango musicalizado por Juan
de Dios Filiberto.
Los Llanos de La Rioja se caracteriza por ser una
región árida y pobre, pero Olta difiere de otros pueblos de la zona porque está
en un valle rodeado de montañas bajas con cierta vegetación y además recibe el
agua pura que baja de las quebradas. Sus primaveras son un júbilo de aromas y
colores provenientes de plantas nativas que exaltan sus virtudes.
En Olta nació la madre de Gabino, doña María
Natividad del Señor Peñaloza, descendiente del caudillo federal Ángel Vicente
Peñaloza, Chacho, general de las Montoneras federales, cuya cabeza fuera
enclavada en la plaza de Olta sobre una pica luego de ser decapitado en 1863
por los coroneles de Bartolomé Mitre. Su padre, Eusebio Coria, era mendocino.
Corría el año 1902. La joven se llamaba María. El
poeta, Gabino Coria Peñaloza. Para que sus destinos se cruzaran la naturaleza
se involucró. Gabino viajaba desde Chilecito hacia San Luis cuando una gran
crecida del río lo dejó varado en Olta por varios días. Alojado por sus
familiares recibe la invitación para una tertulia en casa de las niñas Córdoba,
una distinguida familia del lugar. Allí había un piano de cola, un Steinway
& Sons, el primero de la provincia que llegó desde Chile a lomo de mula. El
poeta, sensibilizado ante el majestuoso instrumento le pidió a la anfitriona
que tocara algo. Le respondieron que la pianista estaba de luto y no podía
ejecutar el instrumento. En aquellas épocas el luto era riguroso. Ante su
insistencia mandaron a llamar a una discípula. Y vino María, maestra, profesora
de música y también integrante de una familia destacada; una bella joven de 18
años que desplegó su arte en el blanco teclado del Steinway. El encantamiento
mutuo fue inevitable y desencadenó en pasión. Transcurrieron unos días y el
“caminito amigo” fue testigo de aquel tórrido y furtivo amor. Ese caminito es
el que transitaba Gabino para encontrarse clandestinamente con María y el que
acunó su ardiente y frustrado romance a la vera de una acequia. Cuando el río
volvió a su cauce, el muchacho siguió viaje y, por cierto, prometió volver para
casarse con ella.
Al cabo de
ese tiempo regresó pero María ya no estaba. Su familia se oponía rotundamente a
esa relación porque la niña estaba prometida para un militar de Olta y había
decidido mudarla a otro lugar. Dicen que llevaba un hijo en su vientre. Gabino
la buscó sin pausa, preguntó a cada vecino, a cada lugareño, pero ante el
escepticismo de la gente por develar su paradero abandonó Olta rumiando su
tristeza. Desgarrado por la pena, su alma de poeta vuelca en el mítico poema
toda su desdicha, legando a la humanidad, más tarde y sin imaginarlo, el tango
“Caminito”, en humildes, sencillos e imperecederos versos, en el año 1903. El
poema permaneció guardado durante veinte años en el baúl de sus recuerdos.
El caminito de Coria Peñaloza era un sendero rural
de 2 kilómetros que nacía en Olta y moría en el pueblo de Loma Blanca.
Antes de descollar con su talento poético, Coria
Peñaloza que amaba la música, la poesía y el periodismo, había sido recaudador
de impuestos en el sector vitivinícola de Cuyo.
A los quince años movido por la inquietud de su alma
bohemia, decide dejar su hogar para instalarse en Buenos Aires. Allí empezó a
trabajar para diversas revistas, entre ellas, El Mundo, Atlántida, Las Letras,
Nativa, de la que fue cofundador y en el diario La Nación. Publicó sus poesías
en la famosa revista Caras y Caretas; tres libros de poemas, “Cantares”, “La
Canción de Mis Canciones” y “El Profeta Indio”.
Culto y sociable, en sus años de bohemia, comparte
en ese mundo artístico y tanguero, a inicios de 1920, cafetines y tangos con
Carlos Gardel, Quinquela Martín, Juan de Dios Filiberto, Francisco Canaro, José
Razzano, Homero Manzi, Pascual de Rogatis, Luis Teisseire y otros príncipes de
la noche porteña. En 1927 partió a la provincia de La Rioja y se radicó en la
ciudad de Chilecito.
Fue Quinquela Martín quien, en 1920, presentó a
Gabino y Filiberto en plena calle Florida haciendo posible el milagro
poético-musical, 20 años después de ser escrito. El mismo se estrenó en 1926 en
el Concurso de Canciones Nativas del Corso Oficial de Buenos Aires.
Primero lo interpretó Carlos Gardel sin éxito alguno
y luego lo consagró Ignacio Corsini.
Una callejuela del barrio de La Boca lleva el nombre
de “Caminito” en homenaje al tango, actualmente preservado como patrimonio
cultural. Gabino Coria Peñaloza no aprobó el evento. En Olta y muy lejos de
allí, estaba el verdadero caminito que inspiró sus versos. Muchos creen que el
poeta se refería al sendero de La Boca. Fue Juan de Dios Filliberto el
verdadero motivado en ese caminito. Solía transitarlo diariamente para ir al
trabajo.
Después de muchos años de una intensa y agitada vida
en la gran ciudad, Gabino decide retirarse a Chilecito junto a su esposa,
ciudad que lo cautivó con esa magia perpetua con la que atrapa al artista que
pisa su suelo. Allí vivió hasta los 95 años.
“Desde que
se fue, nunca más volvió,/ caminito amigo, yo también me voy”.
GLADYS ABILAR – Chilecito, La
Rioja, Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA