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sábado, 6 de enero de 2024

MUJER - INGIBJÖRG HARASDÓTTIR, Islandia

 









MUJER

 
Cuando todo ha sido dicho
Cuando los problemas del mundo se han pesado y asentado
Cuando por fin los ojos se han encontrado
Y también las manos que han estado atrapadas

En el preciso instante
—siempre dimana una mujer
Que al levantarse de la mesa
Barre el suelo y abre las ventanas
Para permitir al humo del cigarro liberarse.

 
Y nunca responde.

 

KONA

 

Þegar allt hefur verið sagt
þegar vandamál heimsins eru
vegin metin og útkljáð
þegar augu hafa mæst
og hendur verið þrýstar
í alvöru augnabliksins
– kemur alltaf einhver kona
að taka af borðinu
sópa gólfið og opna gluggana
til að hleypa vindlareyknum út.

Það bregst ekki.

 


INGIBJÖRG HARASDÓTTIR, Islandia


(1942, Reikiavik).


HAY UN TIEMPO - Carlos Román Ramírez, Puerto Rico

 
















HAY UN TIEMPO


de vivir y morir determinado
entre los dos el recuerdo
de lo amado, lo odiado
lo apetecido, lo sufrido
la herida, el abrazo
la fragmentada verdad
la absoluta mentira.
Aficionados actores somos
de un drama profundo y misterioso
en el teátrico palpitar de la vida.
Tiempo en que venimos
tiempo en que nos vamos
tiempo en que somos
refulgente palabra cimera
y en otro no somos
ni recuerdan que fuimos.
Lejanía es emoción, nunca espacio
cercanía otro tanto.
Memoria, umbral al que entramos
y salimos sin dar un paso
tiempo que deja de ser
para ser olvido.
Existencia de lienzo y mármol
sin pincel dibujamos
sin cincel esculpimos...
Dante y Picasso atrapante.
Aunque no comprendamos
hay horas que semejan siglos
y eternidad en un instante.



CARLOS ROMÁN RAMÍREZ, Puerto Rico

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

LA GULA - Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina

 



LA GULA

            

Agrhú cerró la válvula principal, había exceso de Argón en la cápsula y su ojo superior comenzaba a molestarle. Lo roció levemente con gas Henol, sintiendo de inmediato algún alivio. Sorbió con ansiedad de su tubo alimentario e, ingiriendo las últimas sustancias que quedaban, se quedó aletargado como era su costumbre después de la ingesta.

Afuera, en la intensa inmensidad del espacio, la ignota negrura se acentuaba en las distancias prodigiosas. Sólo el brillo de la estrella más cercana se dejaba ver apenas como el diminuto punto de la cabeza de un alfiler. Era la única luz enseñoreada en el tiempo y en el espacio que aparentemente transcurría.

El silencio y la quietud reinaban en el habitáculo, de tanto en tanto, cronometralmente, se interrumpían por algún sonido emergente del mando primordial. Quizás, esta eufonía indicaba algún tiempo o posición.

      Agrhú salió de su letargo y miró hacia afuera con ansiedad. Sus vísceras se removían impacientes. Tenía hambre y debía comer cuanto antes. Su sistema alimentario era enormemente insaciable y la ingesta que había tomado hacía unos momentos no era suficiente. Apuntó hacia el sitio de luz y con las garras de su brazo central, aceleró hasta alcanzar un par de Sarsk de velocidad. En instantes giraría cerca del astro. Conocía perfectamente que, cerca de aquellas estrellas solitarias, giraban los llamados “planetas de succión”, donde no faltaría, con seguridad, alguna especie para alimentarse.

   Rápidamente lo vio. Allí estaba, pequeño e insignificante. Indefenso, pero azul... impecablemente azul.

Se asustó mucho cuando entró en una zona de nubes. Nunca había visto aquello. Consultó su instrumental y notó que había allí mucha humedad, “Es casi como agua”, pensó aterrado. Tal fue su asombro, que sintió temor y casi optó por acelerar otra vez en actitud de apurado escape hacia el espacio.

El hambre pudo más y bajó hasta la superficie. Afuera, había también alguna oscuridad sólo atenuada por luces de superficie muy exiguas y conglomeradas. Sin entender aquel agrupamiento, sintió aullidos y pensó que allí había vida, esto era suficiente.

Satisfecho, elevó su nave con bastante lentitud, disfrutando la pesadez de la pereza postprandial. Eructó y, con la uña más larga y afilada de su zarpa derecha, extrajo un cinturón y un par de zapatos charolados de entre sus asquerosos dientes.

 

©2003 NORBERTO PANNONE, Buenos Aires, Argentina

Del libro “El ojo de la tormenta”.


ENTRE SUEÑO Y VIGILIA - Xiul Lasopat, Buenos Aires, Argentina

 













ENTRE SUEÑO Y VIGILIA


Fue saliendo a la calle una mañana,
dispuestos a pasear, él y su perro. ,.
Al llegar a la esquina la vio a ella
-la de vivaces ojos y sonrisas-,
radiante y expresiva en el saludo.
Luego cruzó y entró al supermercado
del que salió llevando su comida.
¡Fue cuando despertó! y vio sólo trapos,
personas que webeaban...
y una lata vacía.


XIUL LASOPAT - Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


EL SUEÑO - Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 



LUIS ALPOSTA - Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

RENOVAR LA ESPERANZA - Irene Mercedes Aguirre, Buenos Aires, Argentina

 












RENOVAR LA ESPERANZA


Desde el origen mismo, cada día,
abrió Dios el camino a nuestros pasos
azarosa y compleja travesía
amasada con dichas y fracasos.

Cruzamos una extraña geografía
de materia y espíritu, en traspasos
de frágil equilibrio y sintonía
donde triunfa el acierto o los acasos.

El Año Nuevo llega y nos amplía
la cuota de esperanza y de Parnasos,
un mundo más humano con su guía.

El milagro se impone, sin ocasos
que puedan perturbar nuestra alegría
¡El brindis es la alianza entre los vasos!

Buenos Aires, Argentina, 30/12/2023


IRENE MERCEDES AGUIRRE, Buenos Aires, Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

MATUFIAS (O EL ARTE DE VIVIR) - Ángel Villoldo, Buenos Aires, Argentina

 
















MATUFIAS (O EL ARTE DE VIVIR)


Es el siglo en que vivimos
de lo más original
el progreso nos ha dado
una vida artificial.
Muchos caminan a máquina
porque es viejo andar a pie,
hay extractos de alimentos
y hay quien pasa sin comer.
Siempre hablamos de progreso
buscando la perfección
y reina el arte moderno
en todita su extensión.
La chanchulla y la matufia
hoy forman la sociedad
y nuestra vida moderna
es una calamidad.
De unas drogas hacen vino
y de porotos café,
de maní es el chocolate
y de yerbas es el té.
Las medicinas veneno
que quitan fuerza y salud,
los licores vomitivos
que llevan al ataúd.
Cuando sirven algún plato
en algún lujoso hotel
por liebre nos dan un gato
y una torta por pastel.
El aceite de la oliva
hoy no se puede encontrar
pues el aceite de potro
lo ha venido a desbancar.
El tabaco que fumamos
es "habano pour reclam"
pues así lo bautizaron
cuando nació en Tucumán.
La leche se "pastoriza"
con el agua y almidón
y con carne de ratones
se fabrica el salchichón.

Los curas las bendiciones
las venden y hasta el misal
y sin que nunca proteste
la gran corte celestial.
Siempre suceden desfalcos
en muchas reparticiones,
pero nunca a los rateros
los meten en las prisiones.
Se presenta un candidato,
diputado nacional,
y a la faz de todo el mundo
compra el voto popular.
Se come asado con cuero
y se chupa a discreción
celebrando la matufia
de una embrollada elección.
Hoy la matufia está en boga
y siempre crecerá más
y mientras el pobre trabaja
y no hace más que pagar.
Señores, abrir el ojo
y no acostarse a dormir,
hay que estudiar con provecho
el gran arte de vivir.


Año aprox. de la composición: 1903

ÁNGEL VILLOLDO, Buenos Aires, Argentina

Ángel Villoldo cuyo nombre completo era Ángel Gregorio Villoldo Arroyo, fue un músico argentino, uno de los compositores más característicos de las primeras épocas del tango, también considerado como uno de los pioneros del tango en Buenos Aires. Nació al sur de la Ciudad de Buenos Aires. Wikipedia
Nacimiento: 16 de febrero de 1861, Buenos Aires
Fallecimiento: 14 de octubre de 1919, Buenos Aires


CONSERVA SIEMPRE UNA PEQUEÑA LLAMA EN TU CORAZÓN - Ceferino Daniel Lazcano, Olavarría, Argentina




CONSERVA SIEMPRE UNA PEQUEÑA LLAMA EN TU CORAZÓN


Conserva siempre una pequeña llama en tu corazón.
Aunque sientas el vacío del mundo pesar
sobre ti
como el filo de una espada sobre la piel.
Aunque te nuble el fulgor de tantas guerras inútiles:
los combates de hoy apenas si escriben
unas pocas líneas sobre la conciencia planetaria
Aunque ignores o sufras por tanta sed
apagada en el fondo del Mediterráneo.
Aunque padezcas el saqueo de ésta, nuestra Latinoamérica,
conserva la capacidad de asombro, la inocencia,
la tenacidad, corazón de perro callejero
La vieja Tierra sufre los estertores
con tempestades de microplásticos
Atlántico y Pacífico
y aun así
se fabrican olas que renuevan el paraíso.
Aun así hay remedios que nacen del veneno
aun así hay magia e ilusión.
Conserva la llama en tu descenso
su luz te guiará
brindándole en el declive de la vida
brillo a tu mirada
razón y sentido a tu camino
hasta tus últimas pisadas
conserva un rayo de luz.
Aun sabiendo que el prisma del cielo
se ha contaminado.
Nada será perfecto; nunca lo fue
reina en tu imperfección
y goza. Camina, sufre,
si caes, re incorpórate y prosigue
Gira la Tierra y en su órbita
te muestra la miseria y la opulencia
y su revés
la verdad tras de las apariencias.
Vive hasta la última gota de tu aire:
es intransferible la experiencia
se agota,
reloj de arena
y en el último instante
sentirás, tal vez, que esa llama
incendia otros territorios
desconocidos
que tu esencia, mínima e incorruptible,
es eterna.


03 de enero de 2024

CEFERINO DANIEL LAZCANO
, Olavarría, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

EL REINO DE LA “R” (Foneticología pentanómica) - David Volpintesta (Lucio Cañupan), Córdoba, Argentina

 




EL REINO DE LA “R”   

(Foneticología pentanómica)

 

          En los torneos superiores de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) — ¿no sería mejor Asociación Argentina de Fútbol, digo, siendo este un juego universal?— he observado la curiosidad de que se impuso ampliamente la letra inicial “R” en los nombres de las instituciones que alcanzaron el título y/o ascenso. No abundan los nombres de participantes con nuestra letrita como inicial. Tales fueron los campeones: en el Nacional “B” ascendieron Rivadavia y Riestra, dos de la cuatro “erres”.

          En el Federal “A”, dividido en cuatro zonas, ausencia absoluta: el campeón fue el pacífico Gimnasia y Tiro de Salta sin desperdiciar perdigones y acrobacias, a quien acompaña San Miguel habiendo dado guerra catequética hecho todo un angelito, obteniendo el Torneo Apertura de la “B” Metro y luego el repechaje contra Douglas Haig para llegar a un Nacional “B” que se ve menguado en cuanto a “erres”.

          En la Liga Profesional de veintiocho equipos sólo tres la llevan, situación que se repite en la velozmente abreviada Copa de la Liga y dejando de lado la Copa Argentina donde se repiten los mismos. El origen de la “R” nos remite al alfabeto fenicio donde se llamaba “rehs” o rosa y significa cabeza, (como las cabezuelas de las rosas, “que son sin porqué, florecen porque florecen, no preguntan si se las ve”, al decir del poeta alemán Ángelus Silesius ¿vieron?). Tras pasar al alfabeto griego como “ro” y se escribía como “P”, recaló en el latino que le agregó una pata en diagonal para tener mejor apoyo, y así “mutatis mutandis” poder alcanzar notoriedad en nuestras tierras  Por eso en asuntos tan comprometidos y definitivos como un torneo de fuste muchas cabezas pueden perturbar, y de allí la exclusividad.

          Tenemos así que River Plate fue el primer campeón, y luego Rosario Central,  dando gracias al cielo de que en estas ligas no hay más ascensos —como no sea al cielo mismo— aun cuando bien ganado se lo tengan los “millonarios” luego de trece años de haber descendido, y los “canallas”, quienes ya disfrutaron este honor en épocas pasadas. La orfandad sería de temer: quedarían todos a expensas de la Academia Rácing Club, título de un tango, que no es precisamente la Argentina de Letras ni la del Lunfardo.

          Definieron los campeones y…otra vez sopa: River campeón del año zanjando las dudas sobre quien ruge o, mejor, “rerrea” más fuerte. Como para que vayan abriendo ojos y orejas y pensando donde se metieron los dos intrusos que llegan al torneo 2024 para sumarse y sopesar en coincidencia fonética con los cinco títulos obtenidos (doblete en el caso de River).

         Ya se ha dicho, ya… ¡hasta el cansancio! Y en esto evidente prueba y concluyente, que “la letra con sangre, entra”. Y el éxito con sudor y lágrimas que invaden inexcusables a los partidarios festejantes y felices por un lado y tristes y resignados pero esperanzados por el otro. ¡Ya nos tocará nuestra buena letra!

         Y vale agregar para mi desesperación que en el Nacional “B” restan sólo dos: Rafaela y Rácing (Cba), aprendices académicos y amenazantes fantasmas de las demás iniciales, con algún paso por las altas cumbres futboleras. Que sea todo para bien y en paz, porque ya quedaron despobladas de nuestra letra del asunto la “B” Metro y el Federal “A” en las principales categorías; que solo asoma el Real Pilar en la “C” y ni me animo, horrorizado, a ir más abajo y encontrarme con un verdadero desastre, sobretodo que el clubcito de Italó, mi pueblo natal, se llama “25 de Mayo” y hoy es Navidad.

          Decía Picardía en el Martín Fierro que el mal nombre no se borra, pero los del tablón apostrofan e insultan al otro sin importarles, buenos o malos, si llevan más o menos “erres”. Mi padre se llamaba Rafael y vivió una vida de paz y laburo. Después están mis tíos políticos Roberto y Ricardo, amigos de infancia Rolando, Raúl y Rubén y zafé de que una de mis tres hermanas se llamase Ramona. Amén de tener muy en cuenta al egipcio Ramsés y al veronés Romeo.

          En fin, hasta en la gramática hay curiosidades y guerras entre las letras que encabezan y/o forman las palabras, siendo mi deseo que haya paz y honor. No conozco el autor pero la letra de una cancioncita tarareada en mi época de párvulo consolidado decía: “erre con erre, guijarro/ erre con erre barril/ rápido ruedan los carros/ cargados de azúcar/al ferrocarril”.  Y un célebre trabalenguas: “Parra tenía una perra, Guerra tenía una Parra, la perra de Parra subió a la parra de Guerra, la perra y la parra causaron la guerra entre Parra y Guerra.

          Un señor muy español llegó a trabajar al lugar en que yo también lo hacía: —buen día, compañero, ¿cómo está?— fue mi saludo. Y ya saltó otro colega, tan español como el recién venido, apostrofando nuestro diálogo: —oye tú, y tú… ¿cómo te llamas? —, a lo que respondió hasta ese momento el circunspecto quídam: —Asejún. Sorprendido el preguntón retruca que ni en toda España ni en nuestra tierra oyó vez alguna ese nombre. Y vino entonces la aclaración: — ¡asejún hombre! Unas veces me llaman Pepe, y otras veces José.

          En gramática vale la precisión para escribir y hablar con propiedad y claridad

 

DAVID VOLPINTESTA (Lucio Cañupan), Córdoba, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


ACIDIA - Ángel Medina, Málaga, España

 



ACIDIA                                                                          

Pon en marcha tu imaginación, lector. Proyectala hacia el espacio infinito. El cordón umbilical que unía al astronauta con la nave se ha roto. ¿Lo ves?

Empieza a alejarse dando tumbos. Condenado a vagar por el vacío sin posibilidad de retorno. El momento más acuciante es cuando toma consciencia de la incomunicación. Es el aislamiento total, consistente en el peor de los miedos. En este caso se trata de una ficción, y por tanto de algo improbable.

Acerquémonos más a la soledad. Me viene a la memoria un programa de televisión emitido hace tiempo, en el cual el concursante debía someterse a un experimento de aislamiento que consistía en permanecer durante la noche en una cripta del cementerio, con la única compañía de un cadáver.

(Para que en ningún momento pudiese desentenderse de la realidad, estaba rodeado de espejos, de manera que, mirase donde mirase estaría viendo al muerto)

En buena lógica podría pensarse que el miedo es irreal, porque si no hay que temer cosa alguna es de alguien que yace exangüe. Y, sin embargo, el subconsciente, ese almacén de imágenes aletargadas nos arroja la idea anticipada de lo que ha de ser la propia soledad más absoluta. Experimentar el dejar de ser.

 El hombre rechaza el abandono. Necesita la presencia del otro. Saberse acompañado. Que su destino― esto es, él mismo― no sea el desafecto. Pues, en el fondo, el desamor es la nada. Nadie es alguien sabiéndose desterrado, con la única compañía de su “yo”. Ahora, para compartir la vida. En lo venidero, por el miedo a perderla. Sólo el amor le compensará en el presente y en el futuro.

Sin embargo, la sociedad moderna vive deprisa. Todo es ya y aquí, comportándonos a veces como verdaderos autómatas que actúan mecánicamente, siguiendo pautas sociales. ― Las que marca cada época―, y acomodándolo todo a los intereses inmediatos. Es más, se vive como si el futuro no existiese, consumiendo el tiempo a grandes sorbos. De ahí el dicho popular: “Para dos días que hay que vivir…” Vivir para poseer y disfrutar el hoy sin construir el ser de mañana.

Sin embargo, al mismo tiempo convive en el hombre el deseo de infinitud. De no querer acabarse. A poco que lo piense, se daría cuenta de ello. Pero, prefiere no pensar. A lo sumo se dice: “Hoy no, mañana”. Pura apatía. Todo se va postdatando para relajar ese ánimo interno que le puede mover a reflexionar sobre su destino.

Ese ir dilatando en el tiempo de manera perezosa lo que ha de hacerse tiene dos vertientes. Una es la gandulería o desgana en el quehacer personal de cada día. Siempre hay una excusa, tal vez pensando que se solucionará solo, que, si no es hoy ya se hará más adelante, o que ya vendrán otros a hacerlo. Pero, existe otra clase de desidia peor. Es aquello que denominaba como “acidia” Tomás de Aquino, allá por el lejano siglo XIII. La pereza del espíritu, que consiste en ir dándole largas a esa idea que nos traspasa, pues, si bien sabemos que somos mortales, al mismo tiempo convive en nosotros la esperanza de no ir a parar finalmente a la “nada”.

El subconsciente es la segunda memoria del hombre, y en él se van guardando las experiencias de la vida. Ocurre que lo que no se reflexiona no ocupará en él lugar alguno. Llegado el momento, cuando sea necesario responder al reto de una situación límite, si carece de ella nada podrá respondernos, entregándonos a la más completa incertidumbre.

Por eso, ante el “dejar de ser” del hombre en la muerte, para no ceder a la angustiosa duda de ese momento se impone la reflexión sobre ese deseo de infinitud, meditándola ahora y no después. Lo que se ventila es poder comprender de alguna manera que la vida no termina en la nada eterna, que no acaba, sino que se transforma. Como el gusano de seda en la hora de su muerte, que se envuelve en el capullo de la agonía para resurgir convertido en mariposa.

La respuesta de eternidad no es otra cosa que la necesidad de saberse amado. Amor para siempre. Que lo que el hombre no puede darse, sin embargo, esté dispuesto a recibirlo. Bastaría con que se abriese a ese don y perseverase (“Buscad y encontrareis” Lc 11,5)

Bien sabe el hombre que lo que no es no puede darse existencia a sí mismo. Por tanto, habrá de admitir el creacionismo como la respuesta más razonable. El hombre sabe que para poder actuar éticamente ha de mirarse en unos valores superiores que el mundo no puede proporcionarle. El hombre sabe finalmente que su ansia de infinitud no puede otorgárselo poder humano alguno.

Para poder entender la esencia positiva de algo, a veces resulta necesario haber comprendido su contrario. El mundo está lleno de desamores. Basta con abrir un telediario para vernos invadidos de guerras, injusticias, persecuciones, violencias y amores truncados. Contra-amores.

La mayor angustia del hombre es el miedo a no ser amado, y la desesperación en la convicción de haberlo perdido para siempre. En la soledad eterna. En ser consciente de ser y vagar en el más completo aislamiento perpetuamente. En esto puede consistir el infierno.

Por eso, conviene meditar ese deseo de infinitud. No irlo dejando para mañana. Alejar de sí la pereza metafísica de la acidia. No dejar de reflexionar para mañana, lo que se puede hacer hoy. Enfrentarse con la más íntima de las realidades. Mantener viva la esperanza de ser, incluso más allá de la muerte.

Si el hombre razona desde ya por sí mismo todo esto, se estará abriendo al soporte del misterio al que llamamos Dios. Y en el momento final, mantendrá viva la esperanza.

 

ÁNGEL MEDINA, Málaga, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

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