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sábado, 5 de septiembre de 2026

De “Cambalache” – tango (1934) – Enrique Santos Discépolo – 1901 – 1951 – Buenos Aires, Argentina

 



Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé,

en el quinientos seis y en el dos mil también; …

 

ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO – Buenos Aires, Argentina, Argentina


ABSURDO - Teresinka Pereira - Brasil

 


ABSURDO

Los mayores pecados
bajo el poder
de la igualdad.
La naturaleza mutilando
las criaturas
¡ y esperando su amor!

En el agua, en el cielo,
en medio de la calle
un incendio de dolores:
el alma bendiciendo
la noche, los labios
incontenibles, sellando
la poderosa ignorancia.

¡ Coraje!
Atacar el absurdo desierto
sería evidencia
de frustración.

TERESINKA PEREIRA – Brasil
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

UNA FLOR, AL MENOS - Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 



LUIS ALPOSTA - Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

LA MUSA MERODEADORA - Rolando Revagliatti - Buenos Aires, Argentina

 


LA MUSA MERODEADORA

“Yo tan sólo veinte años tenía”
Enrique Cadícamo

Hablamos largamente en la plaza
de sus creencias, de mi incredulidad
a qué me dedicaba y qué quería ser
-un levante común el mío, sin sospechar-
y qué nombre le puso a su hijito y por dónde vivía ella
de Nicolás Olivari, más tarde
entre polvo y polvo
lavándose
Yo tan sólo veinte años tendría
y no aflojó
-mi segunda puta
aquella merodeadora del Once-:

le tuve que pagar.


ROLANDO REVAGLIATTI – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

MIRADA - Ady Yagur - Israel

 


MIRADA


Mirada al cielo divino
a pibes que imaginan,
a la realidad mensajera
entre pueblos sufridos.

Mirada ahora presente
al virus entre nosotros,
a la pelicula fantastica
que de pronto vivimos.

Mundo muy desolado
busco nuevos brios,
una sonrisa que anime
el alma ahora apenada.

Soledad de mil verdades
tristeza que tiene mirada,
la lluvia anima las lagrimas
que derraman los ojos.

Enterrar las amarguras
ponerle flores al tiempo,
dejarlas que perfumen
acariciando a los pueblos..


ADY YAGUR - Israel

VAGO RECUERDO DE UN INSOMNIO -Carlos Penelas - Buenos Aires, Argentina

 


VAGO RECUERDO DE UN INSOMNIO


Me llega su voz, errátil.
Palabras salidas de la tarde,
palabras como un largo silencio
en mitad del silencio.
Nada se mueve.
Veo la luna del ropero,
un café frente a la Basílica de Guadalupe.
Siento la aguda nostalgia de los hijos,
una callecita flotant
con luces como lluvias, brumosa.
Creo ver una estrella sostenida en su mano,
una nube tenuísima, un designio efímero,
una isla que crece y se desliza.
Ahora un poema de Pessoa sobre la mesa
en la falible memoria del conjuro.
También la bajamar, orillas tornasoleadas,
la espalda de una mujer en el beso del aire.
Es difícil imaginar en estos días
la beatitud de la infancia.


CARLOS PENELAS
– Buenos Ares, Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

LOS VALORES - Clotilde Soriani de Tinnirello - Rawson, Chubut, Argentina

 


LOS VALORES


Los valores empatizan
con los principios humanos,
la ética en vínculos sanos
las virtudes fecundizan.

En armonía priorizan
sin intereses malsanos,
el buen respeto entre hermanos
buenas obras garantizan.

La vida comunitaria
da felices resultados
de protección solidaria.

Con los ánimos templados
unirse en una plegaria
cultiva lazos sagrados.

Los valores son esencia
de lozana convivencia.

CLOTILDE SORIANI DE TINNIRELLO - Rawson, Chubut, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

LOS NIÑOS - Marian Muiños - España

 


LOS NIÑOS

 

Ella está cocinando su pastel de cumpleaños. A su memoria acuden recuerdos de ciertos pasajes de su vida. Algunos parece que no le pertenecieran, porque estaban guardados con candado en su inconsciente. No sabría decir si, puestos en una balanza, existe una paridad de buenos y malos o momentos. Las remembranzas oscilan según fluyen por su mente. Le queda la duda de si los tristes eligen recordar sólo los tiempos aciagos, o si existe algún impedimento que los empuja a ello. Entretanto, acaba de cocinar, habiendo pasado suficiente tiempo como para que se enfríe y pueda empezar con la decoración. Espolvorea con canela sobre una capa superior de manzanas. Finalmente hizo una tarta Tatín. Toda entera para ella sola.

Prepara la mesa como para una gran fiesta. Es un día importante. No falta una vela con el número. Se sienta, se canta el feliz cumpleaños, pide un deseo, sopla la vela y… desaparece.

Afuera, al otro lado de la ventana, la brisa sopla hacia el bosque y una hoja de roble se mece como si recibiera una caricia.

 

MARIÁN MUIÑOS – España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


LURCA - Norberto Pannone - Buenos Aires, Argentina

 

LURCA

Corrí  desesperado. No había duda de que el propósito de aquellos hombres era detenerme. Cuando di  vuelta la esquina vi que otros estúpidos como yo corrían la misma suerte.

Vi que un joven y atlético habitante tropezó en la vereda y cayó en las redes asesinas.

Me imaginé que el pobre tenía tanta mala suerte como yo y pensé que, siendo tan ágil por su juventud no le había bastado para sustraerse a la detención. ¡Qué podía pretender yo entonces! Renegué. Seguro que al primer intento me atraparían a pesar de que aún mis piernas respondían bastante bien.

Noté que mi respiración se estaba volviendo agitada  y ansiosa. Tenía la boca y la garganta secas. Quise tragar saliva y me dolió la faringe por el esfuerzo, era como si mis viejos pulmones se estuviesen calentando para quemarme el pecho.

Varios de mis compañeros ya habían sido detenidos. En un último esfuerzo me arrojé a un zaguán simulando una acción de ocultamiento, pero eso sólo sirvió para que el uniformado y el otro, de civil, me tomaran por la fuerza y me arrojaran en el habitáculo donde algunos de mis compañeros mascullaban su rabia y su miedo.

Tres días habían pasado desde aquella fatídica mañana.

Tres días y tres noches de pesadilla.

Pocos pudimos dormir algún rato en el piso sucio y mugriento.

Algunas pilchas viejas y olorosas hacían las veces de camastro.

Casi no nos daban de comer y el agua escaseaba. Era sucia y caliente. Yo, a pesar de toda mi bronca y mi tristeza, aún comía de aquella porquería que nos daban.

Algunos compañeros hacían más de tres días que ya no comían.

Yo no entendía por qué. Más adelante habría de comprender lo que pasaba.

Al cuarto día, algunos de los presos más viejos, fueron reubicados quien sabe donde. Eran del grupo de los que ya no comían ni bebían. Pensé que irían a algún tipo de tortura o alguna cosa parecida y que más tarde volverían.

Nunca los volví a ver.

Un “niño bien”, que se la pasaba  llorisqueando todo el día, me dijo que estaba esperando que alguien lo viniera a buscar. Estaba seguro de que responderían por él y le darían la libertad, pero ya habían pasado veintisiete días y nadie había llegado para liberarlo. Esa noche dejó de comer y a los tres días se lo llevaron casi a la rastra. Tampoco lo volví a ver más.

Aquellos “traslados” de algunos presos comenzaron a inquietarme, máxime cuando había comprobando que ya no regresaban.

Después de que el “niño bien” llorón dejara de comer y de llorisquear, pasaron los clásicos tres días y una mañana se lo llevaron. 

No me olvidaré nunca de aquella mirada desesperada y de miedo que me arrojó por la cara, era como si me hubiese arrojado toda su incomprensión, su decepción y su tristeza.

Por supuesto, tampoco lo volví a ver.

Una noche, mientras simulaba dormitar, escuche algo que murmuraban los malditos carceleros. Uno de ellos dijo algo de “Treinta días”  y también me pareció que escuchaba mi nombre. Lo de los “treinta días” no lo entendí muy bien, pero estaba convencido de que habían pronunciado mi nombre.

Había perdido mucho peso y me estaba poniendo cada día más débil.

Estaba seguro de que alguien vendría por mi y me sacaría de aquella mugrienta prisión donde los barrotes  oscuros y lúgubres que nos separaban del mundo, se asemejaban a garras asesinas cerrándose cada vez con más fuerza y rapidez sobre los infelices que nos hallábamos allí sin poder saber siquiera cual había sido el delito que habíamos cometido.

Esa noche me tiré sobre el piso y tuve una revelación:

¡Ya se! ¡La señora Carmen me conoce y ella firmará con gusto la caución sobre mi honestidad!

Además, ella fue la única que siempre me alcanzó un plato de comida y nunca me hizo un reproche! ¡Claro: La señora Carmen..! ¡Cómo no me di cuenta antes! ¡Seguro que ella vendrá de un momento a otro y me iré de esta maldita pocilga! ¡Todavía hay tiempo! ¡Me parece verla entrando con su documento en la mano!

Pero las horas, con su cadencia inexorable fueron rolando ocultas entre los ruidos de la calle triste!

Los días pasaban y la señora Carmen no aparecía

Había perdido la cuenta del tiempo que había transcurrido desde nuestra detención.  Los que ingresamos el mismo día todavía estábamos allí.

Una mañana, sin saber por qué, sentí que la tristeza más profunda me invadía, que mis ojos estaban  opacos y que un gran cansancio se apoderaba de todo mi ser.

Ese día dejé de comer.

No tenía apetito ni sed y pensé que me había contagiado de aquella rara enfermedad que, poco a poco, se iba apoderando de todos nosotros. Me asusté.

Un guardia me trajo agua y vi  mi rostro reflejado en ella: flaco, con la mirada muerta y sin brillo. Solo eso.

No tenía sed y no bebí una gota. Aquel maldito líquido sólo me sirvió de espejo!

Tres días después vinieron a buscarnos y,  junto con los compañeros que habíamos sido detenidos en la misma ocasión, partimos desolados con el paso tardo hacia lo  desconocido.

Miré al guardia y supe de su miedo y de su angustia.

No se por qué, pero vi tanta zozobra en aquel rostro que sentí un nudo en la garganta y tuve ganas de llorar, por mi mismo y por aquel infeliz con cara de magro asalariado.

Me dio lastima el pobre hombre…

Partimos en silencio.

Atravesamos una inmensa sala, decepcionados de todo;  por esta perra vida y este puerco destino que nos tocaba vivir.

De todos nosotros ninguno tuvo la “suerte” de que alguien viniese por ellos a “sacar la cara”, como quien dice… y a ofrecerse como garante.

¿Garante de qué? ¿Qué habíamos hecho? ¿Sólo por vivir en libertad? ¿Sólo por vivir de cara al viento y pedir a veces algo de comida? ¿Sólo por ser tan pobres e indefensos? ¿Sólo por  saber mirar a todos con la pureza y el amor con el que nacimos?

¿Por ser apolíticos y ateos..?

Una gruesa señora entrada en años traspuso sudorosa la puerta principal y con ansiedad interpeló al guardia que con aspecto de hastío estaba apoyado en el mostrador  tratando de releer un diario Clarín de la semana anterior.

            -¡Soy la señora Carmen, la del Kiosco que está frente a  la plaza San Martín, ustedes me conocen! Vengo por Lurca, ¡espero haber llegado a tiempo! Firmaré la garantía y se irá conmigo. ¡Yo me hago cargo!

-Lo siento señora… Ayer se cumplieron los 30 días, respondió lacónicamente el empleado.

La pobre mujer miró con rabia hacia la pared mientras secaba una lágrima amarga y rebelde que escapó de su roto corazón.

En la pared que daba hacia la parte más luminosa del lugar había un cartel que decía:

“SEÑORES PROPIETARIOS, SI PASADO LOS TREINTA DÍAS NO RETIRAN A SUS PERROS, ESTOS SERÁN SACRIFICADOS SIN EXCEPCIÓN”.

“DIRECCIÓN DE ZOONOSIS”

PERRERA  de la MUNICIPALIDAD de... 

Norberto Pannone ©2013

NORBERTO PANNONE – Buenos Aires, Argentina


LAS HUELLAS DEL PENSADOR FRANCES EN EL AUTOR DE ‘DON SEGUNDO SOMBRA’ Guénon, maestro de Güiraldes - Antonio Las Heras, Argentina

 


LAS HUELLAS DEL PENSADOR FRANCES EN EL AUTOR DE ‘DON SEGUNDO SOMBRA’

Guénon, maestro de Güiraldes

Del diario La Prensa 

 Ricardo Güiraldes registró en su diario personal las lecturas de René Guénon.

En este año, en que se cumplen 140 años del nacimiento de Ricardo Güiraldes (1886-1926) así como un siglo de la primera edición de su afamada novela Don Segundo sombra, corresponde investigar cuáles fueron las lecturas y quiénes los intelectuales que -de una u otra manera- guiaron sus perspectivas.

Para ir al encuentro de tales datos, nada mejor que volver a las página de su diario personal que, ya fallecido el autor, tuvo la inteligencia de publicar su viuda, Adelina del Carril, con el título de El sendero y el agregado que el mismo Güiraldes hubo redactado “Notas sobre mi evolución espiritualista en vista de un futuro.”

Sí. Este poeta y escritor tuvo muy en claro, desde los inicios de su vida, que la existencia humana no está limitada a reacciones físico/químicas (como tan de moda se pretende hoy en día) sino que hay un universo espiritual a través del cual puede encontrar, cada uno, su rol y función en la Gran Arquitectura Universal.

Aunque no se hayan conocido, es evidente que esto es lo mismo que propone el sabio Carl Gustav Jung (1875-1961) cuando se refiere al “Principio de Individuación” que no es otra cosa que la búsqueda para que cada persona se convierta en único e irrepetible. Una búsqueda que atraviesa toda la existencia de cada individuo y, como bien lo subrayaba el mismo Jung, sigue aún después de haber desencarnado.

Güiraldes entendió pronto que Occidente no estaba, ya en ese momento, en condiciones de proporcionarle respuestas para sus búsquedas. Por eso, en 1910, inicia un extenso viaje -de dos años de duración- que lo lleva a Japón, Rusia, India y Egipto. El autor de El cencerro de cristal entiende que es en la cultura oriental donde podrá abrevar de saberes y conocimientos que le permitan abrirse a la espiritualidad que tanto anhela.

EL MAS CLARO

También Europa ha de proporcionarle algo. Así deja constancia en El sendero cuando escribe: “El mejor y más claro de los libros europeos que hasta ahora haya leído sobre la metafísica oriental es el de René Guénon.” Para agregar de manera contundente: “No debo perderlo de vista porque me aclara conceptos y palabras por otros desfigurados.”

Antes de seguir, recordemos que entendemos por Metafísica (del latín metaphysica, «después de la naturaleza» en griego) a la rama de la Filosofía que estudia la estructura, componentes y principios fundamentales de la realidad.

Esto incluye la clarificación e investigación de algunas de las nociones fundamentales –las esencias– con las que alcanzamos a comprender el Universo y, con él, al mundo, como entidad, ser, existencia, objeto, propiedad, relación, causalidad y el entramado del tiempo y espacio.

Aristóteles designó a la Metafísica como “filosofía primera”. Tengamos en cuenta que en la Química se parte de la premisa de la existencia concreta de la materia y en la Biología la existencia de la vida; pero ninguna de las dos ciencias define la materia o la vida; sólo la Metafísica suministra estas definiciones esenciales.

René Guénon (o Abd al-Wâhid Yahyâ, nombre que adoptó al convertirse al islam) nació en Blois (Francia) el 15 de noviembre de 1886 y desencarnó en El Cairo (Egipto) el 7 de enero de 1951. Es reconocido aún en la actualidad por sus publicaciones filosóficas y de indagación espiritual tanto como por su permanente esfuerzo por la conservación y divulgación de las tradiciones espirituales (lo que se conoce como la Tradición Hermética).

Fue un intelectual que sigue siendo una figura influyente en el dominio de la Metafísica. Se le relaciona con Ananda Coomaraswamy (1877-1947), especialista anglo-indio en arte oriental; nacido en la India y que desencarnara en los Estados Unidos. Se destacó en el estudio del simbolismo, mitología, Metafísica y religión comparada.

LA OBRA

Guénon publicó un total de diecisiete libros, además de diez colecciones de artículos los cuales fueron publicados póstumamente. Sus obras escritas en francés (aunque también escribió en árabe dos artículos para la revista El Maarifâ) han sido traducidas a todas las lenguas modernas occidentales y orientales.

Gran estudioso de las doctrinas y de las religiones orientales, se esforzó por aportar a Occidente una visión no simplista del pensamiento oriental, especialmente de la India y por su defensa de las civilizaciones tradicionales frente a Occidente.

En sus escritos, se propuso “exponer directamente algunos aspectos de las doctrinas metafísicas orientales” y, a la vez, “adaptar estas mismas doctrinas a los lectores occidentales, … siendo completamente fiel a su espíritu.” Destaca, también, su crítica a la civilización occidental desde un análisis estrictamente metafísico, sin caer en cuestiones ideológicas o políticas.

En 1930 viaja a El Cairo, donde se establecerá definitivamente. En 1949 obtuvo la nacionalidad egipcia. Durante su larga estancia en Egipto, Guénon llevó una vida austera y sencilla, totalmente dedicado a sus escritos y a continuar su trabajo personal en busca de un siempre mayor desarrollo espiritual. Falleció el 7 de enero de 1951. Quienes lo acompañaron afirman que su última palabra fue “Alá” (Dios).

Su pensamiento ha tenido una profunda influencia en gran variedad de autores, entre los que se encuentran Mircea Eliade, Julius Evola, Antonin Artaud, Raymond Queneau, Simone Weil o André Breton. En cambio el filósofo y escritor italiano Umberto Eco (1932-2016), autor de las famosas novelas El nombre de la rosa y El péndulo de Foucault, rechaza completamente sus premisas, métodos y conclusiones, por no considerarlas de carácter científico.

 

ANTONIO LAS HERAS - Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

Antonio Las Heras es doctor en Psicología Social y magister en Psicoanálisis; parapsicólogo, filósofo, historiador y escritor. ‘Las búsquedas espirituales de Ricardo Güiraldes…’ es uno de sus libros. www.antoniolasheras.com.