Del bestiario mexicano
(1889 - 1959)
Alfonso Reyes
En el norte de México acostumbran poner a los
gallos en lo alto de un templete, para que no se los coman los coyotes. Desde
su mirador, el gallo va y viene, y mira de reojo al coyote que se va acercando
con un airecillo bondadoso:
—Buenos días, hermano gallo.
—Buenos días, hermano coyote.
—¿Qué haces ahí trepado?
—Ya lo ves, tomando el sol.
—¿Por qué no bajas un rato a “platicar” conmigo?
—No me atrevo, ¡no vaya a pasarme “alguna cosa”!
—¿Qué puede sucederte? Si desconfías de mí,
acuérdate de que ya el león, el rey de la selva, acaba de dictar una ley
ordenando que ningún animal le haga daño a otro. ¡Anda, baja, no tengas miedo!
—No me atrevo…
—¡Pero si la nueva ley te ampara!
—No creas, hermano: hay cabrones que ni la ley
respetan.
II
-¿Adónde con tanta prisa, hermano chango? ¿Por qué
corres así?
-Voy a esconderme, hermano tejón.
-¿Por qué?
-El rey de la selva acaba de ordenar que maten a
todos los elefantes.
-Sí, ¡pero tú eres mono y no elefante!
-Cierto, pero mientras lo averiguan, me chingan.
(Y siguió corriendo.)
FIN
Aporte de Carlos Penelas
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
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