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sábado, 5 de febrero de 2022

MUJER, HOY, Liana Friedrich, Rafaela, Santa Fe, Argentina

 












MUJER, HOY

 

El ascendente musgo del olvido

teje telarañas ilusorias,

dibujando caminos en el tiempo

(sigilosa membrana a los sentidos...)

Una lágrima cómplice se desliza

en el repliegue de la noche

y un reloj atropella los latidos

con su impávida faz mecanicista.

Trepidante soliloquio de ritmos ya perdidos

convoca los pasos y los gestos,

los años apiñados de fatigas,

los mudos y rientes instantes del alivio,

traspasando los límites celestes...

(esa curva programada del Destino).

Tal vez hoy ya no haya alternativa...

O tal vez aún queden salidas

en el hálito radiante de los días:

inaugurando una luz empecinada

en sus entregas de verdes y de cantos.

Cifrando la libertad del ave,

frágil devoradora de azules...

pulsando la mansedumbre de la espiga,

sabia decantadora de surcos...

entornándole una ventana a la tormenta,

para edificar una nueva dimensión en la rutina

que rescate el corazón del sobresalto,

demoliendo las urgencias desmedidas

que encadenan los actos de la vida.

 

©LIANA FRIEDRICH, poeta y escritora, Rafaela, Santa Fe, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


POLITICA, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 



De la serie poética; "Destellos"

LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

EL TIMADOR, Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina

 




EL TIMADOR

 

            Lo que voy a contar aquí es la verdad, la más pura y absoluta verdad. Ni siquiera un punto o una coma están revestidos de algún vestigio de falsedad. Así que, créanme, por favor...

El hecho de que me crean o presten alguna atención a este fiel relato, reducirá en alguna medida esta angustia que llevo en mi espíritu como una pesada carga y, quizás, contribuya también, a salvar una vida. 

           El 16 de junio de 1963, casi a punto de cumplir mis veintiún años, me dieron la baja del servicio militar obligatorio, habiendo cumplido con la patria en el Batallón de Comando y Logística 101 que se hallaba emplazado en territorio de la provincia de Buenos Aires.

Era necesario comenzar a trabajar a fin de forjarme un porvenir próspero y honesto y, tal vez, formar después una familia como era natural que pudiese suceder. Fue así que me embarqué en un micro rumbo a Buenos Aires.

 Cuando bajé en la vieja estación de ómnibus de la calle Cangallo, casi Pueyrredón, del barrio del Once, una aglomeración de personas rodeaban a un personaje similar a esos que se dedican a captar con su cháchara desaprensiva a los incautos pasajeros de turno a fin de venderles alguna cosa que, pasado el momento, siempre son de utilidad incierta.

Me acerqué con la propia inquisición provinciana que nos delata y pude ver como aquél comediante despojaba a los curiosos de sus pertenencias en un acto de prestidigitación, y que, luego de pasados un par de minutos, las devolvía a sus dueños sin más ni más, recibiendo entonces, muchos aplausos y algunas pocas monedas por su actuación.

No sé como me detectó, pero a los pocos instantes, me invitó para realizar el truco conmigo. Ante los silbidos del público, no tuve otra opción que prestarme al juego, no sin antes proponerme con firmeza no sacarle la vista de encima a fin de descubrir sus mañas.

Se hizo un claro entre el gentío y aquel hombre me puso de frente haciéndome inclinar hacia él, de manera que nuestras cabezas se tocaran. Yo debía tener los brazos cruzados.

Pasaron un par de minutos donde no despegué mis ojos de sus manos. El hombre parecía murmurar entre dientes un canto desconocido y extrañamente melodioso, luego de un rato, me pidió que dirigiera la vista hasta mis pantalones y... ¡Grandioso!, en lugar de mis pantalones tenía puesto un par de grandes calzoncillos de cuadrillé celeste y blanco. El público se deshizo en carcajadas y aplausos. Para no sentirme tan ridículo y a modo justificación por mi estupidez, comencé a hacer reverencias hacia la gente que no paraba de reír. Yo les gritaba casi como en una disculpa: ¡Es un genio..! ¡Una maravilla..! ¡Un mago..! ¡No me distraje ni un segundo observando sus manos y miren lo que me hizo! ¡No lo puedo creer..!

El hombre me tomó de la mano y juntos corrimos hasta un baño, allí, me devolvió el pantalón y mis pertenencias. Yo sabía muy bien el dinero que llevaba; $190.-, en un billete de $100.-, uno de $50.-, uno de $20.- y dos de $10.- y algunas monedas. Estaba correcto. Le recordé que también llevaba en uno de mis bolsillos un encendedor “Carucita” y medio paquete de cigarrillos. También me los devolvió. Los guardé en mi pantalón y me deshice en palabras de admiración y agradecimiento al ver que nada me faltaba.

El hombre, sonrió con gesto paternal, me palmeó la espalda y desapareció entre la gente que se agolpaba en la plataforma dispuesta a viajar.

            En la calle, el fragor del tránsito apagó el recuerdo de aquel momento con rapidez. El ulular de una sirena atemorizó mi espíritu y partí de allí casi con apuro. Una vez en la vereda, creo que me llevé por delante a varios transeúntes que seguramente también huían, quizás de otras cosas, pero huían.


Quince días después de aquel insólito episodio, comencé a sentir fuertes dolores de cintura, eran como tajos de afilados estiletes penetrando por mi costado derecho, debajo de la última costilla, además, orinaba con algunas señales de sangre. 

Fui al médico y, después de un prolongado y meticuloso examen, me pidió que me realizara lo antes posible una radiografía de la zona afectada. Al día siguiente, bastante preocupado, concurrí al Hospital de Clínicas, donde, la notable capacidad del médico especialista, permitió concluir con el estudio en escasos minutos. Me llevaron a una salita donde esperé con ansiedad por el informe. Al fin, después de soportar la tediosa espera de algo más de cuarenta minutos, entró el médico con un sobre en la mano. Me lo entregó y me dijo casi fraternalmente:

-No es nada preocupante lo suyo, mi amigo. Esos dolores que usted refiere, son producto de la extirpación del riñón derecho...

-¿Dónde lo operaron? ¡Nefrectomía perfecta! ¡No se nota la cicatriz!

Quise explicarle que nunca había sido operado, pero...

La imagen del timador, su sonrisa y el palmoteo en la espalda, afloraron a mis sentidos en toda su plenitud.

 

©NORBERTO PANNONE, Buenos Aires, Argentina. 


GUATEMALA, Rafael Mérida Cruz-Lascano, Guatemala C.A

 










GUATEMALA

 

Diáspora Étnica

Verso alejandrino octonario

.

.

 

En crucial operación/ de vida, o muerte su borde

“Sofía” Misión secreta,/ campo de concentración

desplazamiento forzado/ castigo inmisericorde.

impunidad prolongada,/ su deshumanización

.

Nuestro pueblo Maya Ixil,/ por más preguntas que aborde

hombre, mujer, niña, niño,/ sin PAZ, ni reparación

comunidad expatriada,/ que para su vida exorde

con pruebas documentales/ no penan su institución

.

Sentimiento, identidad,/ obligada dispersión

 sufre constante amenaza/ la población Pocomchí

a determinados pueblos/ demográfica extinción

.

intimidaciones graves /  a oriunda Maya Ch’orti’

por su  cultura, lingüística,/ precisa a  disgregación

estado de prevención / la comunidad Q’eqchi’

 

 

.

.

 

27 de enero 2020, Dia Internacional del Holocausto

 

Dr. Rafael Mérida Cruz-Lascano

Guatemala, C. A.

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 

 

Exorde: Se ponga a orar.

 

No existe una única definición consensuada del término “diásporas” y su significado ha sido borrado por el gobernante.

En resguardo de su derecho a la tierra, 367 comunidades (alrededor de 50.000 familias); el 98% de la población que la integra es indígena Ixil, Q'eqchi', Poqomchi' y Achi.


REÍR LLORANDO, Juan de Dios Peza, México - 29 de junio de 1852 16 de marzo de 1910

 








REÍR LLORANDO 

 


Viendo a Garrik —actor de la Inglaterra—
el pueblo al aplaudirle le decía:
«Eres el mas gracioso de la tierra
y el más feliz...»
Y el cómico reía.

Víctimas del spleen, los altos lores,
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores
y cambiaban su spleen en carcajadas.

Una vez, ante un médico famoso,
llegóse un hombre de mirar sombrío:
«Sufro —le dijo—, un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío.

»Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importan mi nombre ni mi suerte
en un eterno spleen muriendo vivo,
y es mi única ilusión, la de la muerte».

—Viajad y os distraeréis.
— ¡Tanto he viajado!
—Las lecturas buscad.
—¡Tanto he leído!
—Que os ame una mujer.
—¡Si soy amado!
—¡Un título adquirid!
—¡Noble he nacido!

—¿Pobre seréis quizá?
—Tengo riquezas
—¿De lisonjas gustáis?
—¡Tantas escucho!
—¿Que tenéis de familia?
—Mis tristezas
—¿Vais a los cementerios?
—Mucho... mucho...

—¿De vuestra vida actual, tenéis testigos?
—Sí, mas no dejo que me impongan yugos;
yo les llamo a los muertos mis amigos;
y les llamo a los vivos mis verdugos.

—Me deja —agrega el médico— perplejo
vuestro mal y no debo acobardaros;
Tomad hoy por receta este consejo:
sólo viendo a Garrik, podréis curaros.

—¿A Garrik?
—Sí, a Garrik... La más remisa
y austera sociedad le busca ansiosa;
todo aquél que lo ve, muere de risa:
tiene una gracia artística asombrosa.

—¿Y a mí, me hará reír?
—¡Ah!, sí, os lo juro,
él sí y nadie más que él; mas... ¿qué os inquieta?
—Así —dijo el enfermo— no me curo;
¡Yo soy Garrik!... Cambiadme la receta.

¡Cuántos hay que, cansados de la vida,
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reír como el actor suicida,
sin encontrar para su mal remedio!

¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora,
el alma gime cuando el rostro ríe!

Si se muere la fe, si huye la calma,
si sólo abrojos nuestra planta pisa,
lanza a la faz la tempestad del alma,
un relámpago triste: la sonrisa.

El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto
y también a llorar con carcajadas.

 

Juan de Dios Peza, México

29 de junio de 1852

16 de marzo de 1910


SONETO A TUS VÍSCERAS, Baldomero Fernández Moreno, Buenos Aires, Argentina - 15 de noviembre de 1886 - 7 de junio de 1950










SONETO A TUS VÍSCERAS

 

                       
Harto ya de alabar tu piel dorada,
tus externas y muchas perfecciones,
canto al jardín azul de tus pulmones
y a tu tráquea elegante y anillada.

Canto a tu masa intestinal rosada
al bazo, al páncreas, a los epiplones,
al doble filtro gris de tus riñones
y a tu matriz profunda y renovada.

Canto al tuétano dulce de tus huesos,
a la linfa que embebe tus tejidos,
al acre olor orgánico que exhalas.

Quiero gastar tus vísceras a besos,
vivir dentro de ti con mis sentidos... 
Yo soy un sapo negro con dos alas.

 

Baldomero  Fernández  Moreno, Buenos Aires, Argentina

15 de noviembre de 1886  - 7 de junio de 1950, 


EL NIÑO DE LA VERDE PLAZA, Favio Andrés Ceballos, Baigorria, Santa Fe, Argentina

 










EL NIÑO DE LA VERDE PLAZA

 

"Una mañana, halló en la calle un barquito de papel de diario, por supuesto roto, lo alzó y se lo echó en el bolsillo y, cosa rara en él, ese día no buscó ni encontró ninguna otra cosa que le gustara…"

Norberto Pannone



El sol ha salido urgente

cómo apurando a la sombra,

la flor al pájaro nombra

con su color refulgente 



y en sus alas, diligente, 

el colibrí al verde asombra 

buscando sobre esa alfombra

su tesoro transparente.



Rocío duerme en la frente

de la estatua de la plaza...

El astro lo despereza...



Llega el niño y de repente 

con su tiza un mundo traza

entonces... la historia empieza.



©Favio Andrés Ceballos, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


Un lujo argentino que ya fue, Roberto Alifano, Buenos Aires, Argentina

 




TRIBUNA

Un lujo argentino que ya fue

 

En la Edad Media la imaginación pobló de prodigiosas criaturas los mares que surcaba el hombre. Las sirenas (criaturas mitológicas que se las representaba como seres híbridos con rostro y torso de mujer) y los endriagos (dragones monstruosos mitad hidra y mitad hombre, o serpiente de varias cabezas) eran los más comunes. Bestias, en ambos casos, que se caracterizaban por ser gigantescos y por una perezosa ligereza de movimientos, valga el oxímoron. En el Quijote es uno de los enemigos a los que se tiene que enfrentar Amadís de Gaula; su naturaleza infernal está precisada en la descripción que se hace de su muerte: “Antes que el alma le saliese, salió de su boca el diablo, e fue por el aire con muy gran tronido”.

También Dante, en su Divina Comedia, le atribuye a Ulyses un viaje más allá de las Columnas de Hércules, ubicadas en el estrecho de Gibraltar, donde, según una leyenda, Dios había puesto sus límites, so pena del implacable castigo a quienes transgredieran la prohibición. Esas fantasías no desalentaron a los osados navegantes -que a pesar de las amenazas bíblicas, de los endriagos y otros monstruos aterradores-, se hicieron a la mar océano y lo cruzaron para fundar un nuevo continente. Fue así que después del descubrimiento de nuestra América los cronistas fijaron su atención en este mundo que se les revelaba y donde el codiciado oro impulsaba a las empresas más temerarias.

En estas costas del Plata, con hondas llanuras, que parecían prolongar el mar y donde la vista se extendía sin fijar un horizonte, el conquistador español trajo del viejo mundo los caballos para multiplicar el paso y las vacas para alimentarse. Sin demasiados depredadores y con pastizales fértiles y propicios para su crecimiento, ese ganado se reprodujo como los panes y los peces bíblicos.

Con el paso del tiempo, ese emprendimiento, tan necesario para la supervivencia, se transformó en una cultura, en que vale la pena indagar. ¿Cómo llegó el asado a ser la comida que nos identifica? Y más: ¿cómo llegó incluso a oficiar de sagrado sustantivo toda vez que en una reunión se encienden brasas y se tira sobre la parrilla algún corte de carne? El “vamos a comer un asadito”, fue una propuesta habitual entre nosotros. Junto con el auge que ha tenido la gastronomía en general, señalemos que en los últimos tiempos distintos investigadores de variadas disciplinas han puesto el foco en esta tradición, logrando reconstruir el origen y la consagración de un gran ícono de nuestra tierra. Aunque la famosa frase de la canción El arriero de don Atahualpa Yupanqui “Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas”, siga funcionando como una denuncia respecto de la concentración de la propiedad de la hacienda, bien sirve también para ilustrar cómo empezó la historia vacuna de la Argentina.

El ganado vacuno, que tanto apreciamos en nuestros días es la resultante de más de 400 años de evolución de aquellas primeras vaquitas (más de quinientas, se dice), que trajo don Juan de Garay a Buenos Aires allá por 1580. Abundancia de pasturas, aguas dulces y escasez de depredadores garantizaron la multiplicación de aquellas primeras cabezas españolas. Hacia fines del siglo XVIII el naturalista Félix de Azara estimaba que había la menos modesta que asombrosa cantidad de 48 millones de vacas por estas tierras.

“Veo que en ninguna estancia se come pan ni otra cosa que carne asada: que la ración ordinaria es una res al día para cuarenta o cincuenta hombres”, describe en Apuntamientos para la Historia Natural de los Quadrúpedos del Paragüay y del Río de la Plata. Según estima un cronista de la Revolución de Mayo, pues ya en la década de 1810 se consumían 225 kilogramos de carne vacuna por persona al año.

Algunos años después, entre 1832 y 1835, el célebre naturalista británico Charles Darwin (que con solo 23 años llegó a la desembocadura del Río Negro para recorrer la Argentina y Chile, como parte de un viaje más extenso que lo llevó por otros rincones del mundo y le sirvió para desarrollar sus teorías), se asombró en nuestra tierra de “la divina, tentadora costumbre de comer carne asada”. Luego de su paso por nuestra capital, escribió: “para dominar la Ciudad de Buenos Aires, basta con tener el control del abastecimiento de carne.”

En sus famosos escritos el científico reconoció a los argentinos como los más carnívoros de todas las especies y en carta a su hermana, fechada en 1833 asegura haberse convertido en todo un gaucho: “tomo mi mate y fumo mi cigarro y después me acuesto y duermo cómodo, con los cielos como toldo, como si estuviera en una cama de pluma. Es una vida tan sana la mía. Ando casi todo el día encima del caballo, comiendo nada más que carne y durmiendo en medio de un viento fresco, que uno lo despierta fresco como una alondra”.

No demasiados años antes, el botánico e ingeniero, también británico, John Miers había logrado desentrañar uno de los secretos de nuestra comida. “Es uno de los procedimientos favoritos de cocinar y se llama asado; de cualquier modo es muy bueno porque la rapidez de la operación evita la pérdida del jugo que queda dentro de la carne”, relata en su Viaje al Plata, fechado entre 1819 y 1824.

Pero fue, paradójicamente, la primera gran oleada inmigratoria, que pisó las costas del Plata hacia 1880, la que contribuyó a configurar la forma de hacer asado con parrillas en la ciudad de Buenos Aires. A los recién llegados al célebre Hotel de los Inmigrantes se les daba 600 gramos de pan y 600 gramos de carne por día. De esa manera, los europeos, para quienes la carne era un bien escaso y casi inalcanzable, abrazaron complacidos el culto al asado. En los conventillos se empezó a grillar la carne de un modo más urbano y con parrillas horizontales.

A pesar del alto costo de la carne, con casi 60 kilos por persona al año, los argentinos seguimos siendo uno de los pueblos más carnívoros; aunque, en estos tiempos de escasez, no toda la carne va a parar al asador. Los registros de consumo dan cuenta de una baja en la ingesta de carne vacuna, en parte por la sustitución por otras proteínas cárnicas y también debido a los vaivenes económicos del país, que desde tiempo hace largo tiempo están en estrepitosa baja.

Si mal no recuerdo, hace dos años, el entonces candidato presidencial Alberto Fernández había asegurado que la exportación de carne era “prioritaria y perfectamente compatible con la lucha contra la inflación”. El hoy presidente Alberto Fernández parece pensar todo lo contrario. La directora general de Comercio Interior, Paula Español, muy conectada con la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner y con su hijo Máximo, lleva semanas advirtiendo de que al Gobierno no le “temblará el pulso a la hora de prohibir definitivamente las exportaciones para forzar los precios a la baja”. Esta postura ha prevalecido y ha sido aplaudida de inmediato por el sector más radical de la coalición en el gobierno. Juan Grabois, el joven líder de Patria Grande y representante de los sectores sociales más excluidos, además de asesor del papa Francisco, se felicitó por la prohibición: “La Patria, primero”, exclamó apoyando la medida.

Otra parte del peronismo coincidió con los ganaderos. No es deseable entrar en otro conflicto con el campo y, sobre todo, interrumpir las exportaciones, justo cuando Argentina está escasa de dólares; es como dispararse un balazo en el pie. Se está por ver ahora si el endeble Gobierno de los Fernández podrá resistir las protestas del sector agrario y sostener la anunciada prohibición. En enero ya se había prohibido por 30 días la exportación de maíz; sin embargo, tras reunirse con los productores, se demoró la medida. Ahora los ganaderos temen que si el Gobierno sigue adelante y prolonga su decisión por más de un mes, como sucedió en 2006, se pierdan sin remedio mercados esenciales. Por ejemplo, nunca se ha recuperado el mercado alemán, que se quedó sin bifes argentinos justo cuando Alemania disputaba como local un Mundial de fútbol.

La carne, todos sabemos, constituye un segmento importante de las exportaciones argentinas. En 2020 supuso ingresos por 3.126 millones de dólares, frente a los 14.000 aportados por la exportación estelar de la soja. La carne vacuna representa aproximadamente un 10 por ciento del comercio exterior de un país cada vez más cerrado en sí mismo, que ha limitado hasta sus viajes aéreos y se enrosca en el remoto, absurdo lema “vivir de lo nuestro”. Imperdonable error. El mundo moderno es un tejido de intercomunicaciones, especialmente establecido en el comercio internacional.

Lo que se vende afuera es, además, distinto a lo que se consume internamente. La denominada Cuota Hilton es un cupo de exportación de carne vacuna sin hueso, de alta calidad y valor que la Unión Europea otorga a países productores y exportadores. Nada se desaprovecha; hay cortes menos especiales que se venden en otros países. La República Popular China, por ejemplo, compra con preferencia lo que se llama “sobrante”, que son partes de calidad menos especial, destinadas al procesamiento industrial. En tanto que en Europa, como ya señalamos, se venden las piezas más refinadas y caras.

Sea como fuere, lo cierto es que “el asado”, o “el asadito criollo”, como se lo llama tiernamente en los hogares, ese corte intermedio bien argentino y dominguero, está pasando al olvido. Es un lujo en estos crueles tiempos en que la pobreza alcanza cifras aterradoras.

 

©ROBERTO ALIFANO, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


sábado, 29 de enero de 2022

CUARTETOS PARA UN AHORCADO, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 


De La Serie Poética: "DESTELLOS"


LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

El primer beso, Amado Nervo, México

 










El primer beso

 

 

Yo ya me despedía… y palpitante
cerca mi labio de tus labios rojos,
«Hasta mañana», susurraste;
yo te miré a los ojos un instante
y tú cerraste sin pensar los ojos
y te di el primer beso: alcé la frente
iluminado por mi dicha cierta.

Salí a la calle alborozadamente
mientras tu te asomabas a la puerta
mirándome encendida y sonriente.
Volví la cara en dulce arrobamiento,
y sin dejarte de mirar siquiera,
salté a un tranvía en raudo movimiento;
y me quedé mirándote un momento
y sonriendo con el alma entera,
y aún más te sonreí… Y en el tranvía
a un ansioso, sarcástico y curioso,
que nos miró a los dos con ironía,
le dije poniéndome dichoso:
-«Perdóneme, Señor esta alegría.»

 

 

AMADO NERVO, México