LUIS ALPOSTA - Buenos Aires, Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA
PRESIDENTE: NORBERTO PANNONE
LOS AMIGOS
"No pueden
impedir que uno sufra. No pueden garantizar que uno sea feliz. No pueden
reemplazar a la madre ni al padre. No pueden confundirse con el amante ni con
el hijo. No evitan que uno cometa errores, ni aciertan siempre en celebrar a
tiempo el verdadero triunfo sobre uno mismo. No impiden que el dolor duela, ni
aseguran que el amor ame. No detienen el tiempo ni sus deterioros. No apresuran
el equilibrio ni sus armonías. No están siempre que hacen falta, ni se van solo
cuando uno está preparado para la soledad. No colman todas las posibilidades de
la sed, ni se privan de despertar otras nuevas. Los amigos solamente hacen que
el espejo nos devuelva la imagen de alguien capaz de ser amado por alguien a
quien ama. Los amigos solamente hacen que la vida valga la pena de ser
vivida".
AÍDA BORTNIK – Buenos Aires, Argentina
(Buenos Aires, 7 de enero de 1938 - ibídem, 27
de abril de 2013), fue una guionista, periodista y escritora argentina.
EL CUADRO HABITADO
Ese día, la sala de exposiciones con pintura contemporánea de Casas de
Lo Matta, resplandecía.
El curador había expuesto
en el espacio principal de la sala, la misteriosa obra “El Cuadro Habitado” de
la reconocida pintora Carmen Aldunate.
Entre los asistentes crecía
la curiosidad, porqué dar ese título a una pintura que mostraba a dos mujeres
con vestimentas medievales, holgadas como cavernas sin fin y en un plano
inferior y junto a ellas las imágenes de otras dos pequeñas figuras en actitud tímida y con miradas de estupor.
Carmen Aldunate, al
referirse en rueda de prensa a la pintura – comentó- “¡Esta obra es un misterio
para mí, la considero un enigma, una críptica caja cerrada – agregando en voz
casi inaudible- que un día algunas pudieron abrir!”.
Únicamente, las más
talentosas de las alumnas de la pintora, admiradoras de la obra de la maestra -
hoy aparentemente desaparecidas y cuya mayor pasión fue siempre la inmortalidad
a riesgo de su inexistencia terrena- conservaban el secreto.
MÓNICA
GÓMEZ – Santiago, Chile
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
EL SUEÑO DE LE CORBUSIER
La arquitectura es una rama del arte con
especializaciones para cada tipo de proyecto,
que a partir de Marco Vitruvio Polión (siglo I a C, autor del tratado más
antiguo que se conserva sobre la materia), descansa en tres principios: la
Belleza (Venustas), la Firmeza (Firmitas) y la Utilidad (Utilitas).
La arquitectura se puede definir entonces como un equilibrio entre estos tres
elementos, sin sobrepasar ninguno a los otros. No tendría sentido, por lo
tanto, tratar de entender un trabajo de arquitectura sin aceptar los aspectos
señalados. De hecho, cuando Vitruvio se atreve a intentar un análisis propone
entender la arquitectura teniendo en cuenta, además, cuatro elementos
esenciales: “orden arquitectónico (es decir, relación de cada parte con su
uso), disposición, trazado en planta y alzado en perspectiva”.
Sujeta a las limitaciones y
fortalezas de la historia como ciencia: existen diversas perspectivas en
relación con el estudio de la arquitectura, la mayor parte de las cuales son
occidentales. En la mayoría de los casos -aunque no siempre- los periodos
estudiados corren paralelos a los de la historia del arte y existen momentos en
que las ideas estéticas se superponen o se confunden.
“Las ciudades están enfermas y
Buenos Aires, como todas, sufre las consecuencias de los errores urbanísticos”,
disparó en una de las conferencias que dio en 1929 Le Corbusier, cuando visitó
la Argentina invitado por la “Asociación Amigos del Arte”, presidida por
Victoria Ocampo, impulsora del viaje. Victoria lo había conocido en París y
sentía admiración por Le Corbusier, uno de los referentes, sino el más
emblemático, del Movimiento Moderno de Arquitectura, al que veía
como posible artífice para las transformaciones de Buenos Aires.
Como el gran entusiasta que era, Le
Corbusier, sin duda tan soñador como pragmático, no le faltaba enjundia al
exponer sus proyectos a quienes lo escuchaban. “Fue uno de los artistas más
talentosos y convincentes que conocí”, reconoció Victoria Ocampo. En esa
oportunidad, Le Corbusier dictó diez conferencias sobre Arquitectura Moderna y
encantado por la ciudad que tan bien lo recibió y resplandecía de espaldas al
gran Río de la Plata con tentadores espacios naturales, propuso desarrollar un
plan urbano con argumentos tan adelantados como revolucionarios para la época;
todos ellos innovadores, por supuesto. Contaba con el total apoyo de algunos
colegas y, obviamente, de nuestra mecenas y escritora. Sin embargo, Le
Corbusier se volvió a París con las manos vacías. Salvo Victoria y los
urbanistas, la burocracia argentina fue indiferente al majestuoso proyecto.
Le Corbusier no se dio por vencido y
durante más de veinte años lo siguió intentando, en ocasiones de manera casi
obsesiva. Era, ya por la época que visitó Buenos Aires, además de uno de los
grandes renovadores de la arquitectura moderna, un incansable agitador
cultural, labor que ejerció con pasión a lo largo de toda su vida. Con sus
escritos tenía una bien merecida fama de polemista y aportó un verdadero caudal
de ideas innovadoras que han hecho que su obra influya decisivamente en la
arquitectura posterior.
Su proyecto sobre la capital de la
Argentina se basaba en la busca de una unidad, de una síntesis entre la
arquitectura, el paisaje y la intensidad de la vida urbana. La mirada de Le
Corbusier, aunque selectiva, era a la vez unificadora y recreadora. “Buenos
Aires es una ciudad que le da la espalda a su gran río y en la mayoría de su
dilatado trayecto lo desaprovecha”, había observado el maestro, aludiendo
con esto a algo de lo que aún adolece, pese a tener una extendida y variada
costa, poco aprovechada ediliciamente y sin su correspondiente estética. Señala
que desperdicia ese precioso estuario solo enriquecido por instalaciones de
antiguos puertos, tramos ferroviarios a nivel, una carretera y un aeropuerto
que solo le dan vida.
Los temas de estas conferencias
fueron publicados en la década de 1930 en el libro Precisiones,
donde Le Corbusier expone su pensamiento crítico y donde también su insigne
figura pareciera que no admite crítica al representar para la arquitectura lo
que fue Picasso en la pintura, Einstein en la física y Borges en la literatura.
Aunque nunca se recibió de arquitecto, ni tuvo estudios formales, su
aprendizaje lo hizo desde muy joven, de manera autodidacta. Es así que los académicos
definen su estilo arquitectónico como racionalista. Le Corbusier formó parte
del movimiento moderno que proponía que la estética siguiera las innovaciones
tecnológicas que formaban parte del mundo a comienzos del siglo XX, tales como:
las máquinas industriales, los aviones o los grandes transatlánticos. Por eso
llamaba a sus obras “máquinas para habitar”.
Para este revulsivo artista la nueva
arquitectura debía cumplir cinco puntos fundamentales: “la pilotis que eleva
las casas y las despega del suelo, incluyendo la circulación de automóviles,
con su estacionamiento respectivo; la planta libre, diseñada sin las
limitaciones de la estructura de muros tradicionales; la fachada, que se
independiza de la planta y se libera de su función estructural; la ventana
apaisada, que puede abarcar todo el ancho de la construcción, mejorar la
relación con el exterior y permitir una mayor entrada de luz natural; y,
finalmente, una terraza jardín para devolver la superficie robada a la
naturaleza por la vivienda en la cubierta del edificio”.
Curiosamente, la única obra de Le
Corbusier en la Argentina es la ya histórica “Casa Curutchet”, una vivienda
familiar construida en la ciudad de La Plata, capital de la Provincia de Buenos
Aires, entre los años 1949 y 1953 bajo la dirección de obra de Amancio
Williams, otro de los arquitectos argentinos del Movimiento Moderno,
y el más destacado en la primera mitad del siglo xx.
Como está registrado por sus
biógrafos, cuando Le Corbusier decide emprender la gira americana, se encontraba
en un punto de inflexión de su carrera. Tenía 42 años y ya había hecho las
obras más emblemáticas y conocidas, como la Villa la Roche, la Villa Stein, el
conjunto de Pessac, los prototipos en la Weissenhofsiedlung en Stuttgart y
estaba iniciando la construcción de su famosa Villa Savoye, y quería dar el
salto de arquitecto a constructor y recreador de ciudades.
No obstante, el influjo de las ideas
de Le Corbusier para la Argentina fueron decisivas en el trabajo de muchos
arquitectos. El llamado Movimiento Moderno tuvo una notoria
influencia de este lado del Océano. En primer lugar, en lo personal, él era un
trabajador incansable, que pintaba de día, iba al estudio profesional que
compartía con su primo durante la tarde y por la noche escribía. Según testimonio
de Victoria Ocampo era, además, “un personaje carismático que tenía una
elevada autoestima, lo cual lo impulsaba a confrontar a través de propuestas o
afirmaciones polémicas. La imagen que se tenía de él era la de un arquitecto
revolucionario y progresista con ideas de izquierda”.
Felizmente en la Argentina Le
Corbusier tuvo grandes seguidores como Ferrari Hardoy y Kurchan, dos
arquitectos que trabajaron en su estudio de París e impulsaron sus ideas en
todas las escalas, desde los grandes planes urbanos hasta el diseño de muebles
y objetos.
Desde su visita a nuestra ciudad
rioplatense, Le Crobusier imaginó convertir a Buenos Aires en la ciudad del
siglo XX. Se pasó dos décadas intentando un plan urbanístico a su medida;
veinte años de idas, vueltas, intrigas, contactos, discípulos y hasta
traidores. Fue una frustración para él no poder concretar su sueño. Hoy,
ninguna obra de la ciudad lleva su firma. Todo ese proceso lo recoge para
nuestro tiempo La red austral, obras y proyectos de Le Corbusier y sus
discípulos en la Argentina, un libro publicado por la Universidad
Nacional de Quilmes que ofrece al lector la historia de su sueño
irrealizado, sobre una ciudad que no fue como él la imaginara y es a la vez la
desmitificación y reivindicación del gran maestro.
Charles-Édouard Jeanneret-Gris,
conocido como Le Corbusier, nació en 1887 en Suiza y murió en Francia en 1965.
La obra de Le Corbusier es una de las máximas propuestas de la arquitectura de
todos los tiempos.
ROBERTO ALIFANO - Buenos Aires, Argentina
MIEMBRO
HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
(La maqueta del compadrito y el farol es obra del Dr. Oscar Ranalli)
EL INQUILINO DE LA CAFÚA (TANGO)
Para el día del Lunfardo, 5 de septiembre de 2024
EL INQUILINO DE LA
CAFÚA (tango)
Letra: César J. Tamborini Duca – Música:
Académico Correspondiente para León
Academia Porteña del Lunfardo