UNA MUJER PARA COMPARTIR LA VIDA.
Era el Sol,
globo rojo, quizás amarillo,
cayendo cruelmente desde el firmamento.
Y yo,
yo estaba caminando, solo,
buscando la claridad entre las aguas
que el río de piedras se llevaba
Noté que había árboles,
que las ramas se movían con el viento,
que las ráfagas jugaban en mi cara…
Pero tuve que aceptar que estaba solo
aunque fuera Natura quien me acompañara,
faltaba de su creación
la expresión máxima…
Una mujer para compartir la vida,
sin la cual
el peligro de la muerte de mi ser
acecha
y el tiempo pasa
como la ceniza en la tierra desparramada.
ANTONIO LAS HERAS. Buenos Aires, Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
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