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sábado, 9 de marzo de 2024

LA PALABRA DEL POETA - Brayner Abrahan Gómez Báez, República Dominicana

 











LA PALABRA DEL POETA



En el eco del silencio, se ocultan susurros
en el lienzo de la noche, danza la luz
Un río de estrellas, un cielo sin muros
donde el alma navega en su propia cruz.

En el jardín del tiempo, las flores suspiran
y el viento cuenta historias al oído.
Entre sombras y sueños, el amor inspira
un canto eterno, un verso perdido.

Bajo el manto de la luna, los amantes se encuentran
sus corazones entrelazados en un baile.
En el éxtasis del momento, el universo se desentraña
y el destino teje sus hilos con detalle.

En cada palabra, un mundo se revela
en cada verso, un susurro de eternidad.
La poesía, esa llama que nunca se aquietará
en el alma del poeta, siempre encontrará su morada.



BRAYNER ABRAHAN GOMEZ BAEZ, República Dominicana

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


AQUELLO QUE AMO - Guillermo Fernández del Carpio, Arequipa, Perú

 













AQUELLO QUE AMO


Yo amo el fulgor de las estrellas, el enigma del universo y la
forma de la luna,
porque al mirar con mi nostalgia cada una, reafirmo la
existencia de un más allá.
Yo amo la belleza de un verso de cualquier lírico, que suscita
en mí la escritura de otro verso, pues de esa forma mi
nostalgia se disipa al mirar la luna.

Yo amo el saber que nunca llegaré del todo a conocer.
Pues hay un cosmos de sabiduría, que lo mejor que puedo
hacer es leer cada día.
Yo amo desde mi infancia, la prosa y las historias posibles,
pues sin ellas, no sería lo que pobremente he sido y soy.

Yo amo las cosas sencillas, los atardeceres como las noches
que me son infinitas.
Amo también los lugares en donde viví, porque en ellos ha
quedado algo de mí.
Yo amo el universo, lo veo todas las noches,
porque me recuerdan la fibra del pasado y lo todo lo que hoy
amo.

Yo amo la esperanza del mañana,
aunque sé que los latidos de mi corazón están sufriendo.
Amar es hacer del otro uno mismo,
es esbozar, por vez primera en un niño pobre una sonrisa.

Amar es sufrir, sufrir, sufrir,...,de ello se aprende a vivir.
El amor es el verbo y verso, más hermoso que pueda existir.
Yo amo el tiempo, porque en ese instante en mi vida pienso.
El tiempo es el atardecer que tiene mi alma.
Yo amo el mañana de la esperanza, donde allí Dios
descansa.
Y hoy ya sé, que me queda muy poco por seguir viviendo.


GUILLERMO FERNÁNDEZ del CARPIO, Arequipa, Perú

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

LA VIDA ES POESÍA - Floreal Rodríguez de la Paz, Alcoy, Alicante, España

 











LA VIDA ES POESÍA, EL AMOR SU PROTECCIÓN



El Amor es palabra mágica.
No tiene por qué ser fugaz.
Encuentra valores sublimes.
Proporciona futuro de Vida.
No es sueño, tiene su imperio.
Invita a ser siempre la dicha.
Sublima arrolladores climas.
El Amor merece bienvenida.
Cuando el Amor Ama, Sueña.
Si estás perdido, él encuentra.
Hay Amor donde está la Vida.
¡Vivir con Amor, es el afecto!
Buscar Amor, es prendarse.
Si le olvidas, está en ti mismo.
No existe más allá, es tu aliado.
Amor y Amar es prodigioso.
¡Con futuro, Todo es siempre!
El Amor es un antidisturbios.
Va con los sentimientos bellos.
¡Nunca resta valores humanos!
¡Disfrutamos del gran Amor!
Está en todas las brisas afables.
¡Amante, camina con Amor!.
Si Amas, serás todo Vida.
Si todo es Amor: ¡Es biografía!


Marzo 202

FLOREAL RODRÍGUEZ DE LA PAZ, Alcoy, Alicante, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

EL MERCADO - Ceferino Daniel Lazcano, Olavarría, Argentina

 













EL MERCADO


Primero fue el alcázar de Toledo
torre azul almenada
fuegos artificiales
inaugurando la piel del año dos mil
implosión de comercios de barri
una T orgullosa encandilando el páramo
circundante
calvario de Mara Navarro.
El muro interminable
racional y ciego
de la calle Lamadrid
en su interior
los pescados nadando
post mortem
en un mar de hielo picado.
Luego fue la feria
de los hermanos Walton,
estrella irradiada,
una llama por cada
garra filial.
Ahora es un Chongo positivo
es el mercado, la feria
(antes, la Feria de Falabella: otra feria con vacas
y otras yerbas).
Cerca, el azar del Bingo
la paz verde del Parque Norte
el motel de la 226
¿Cuánto desea el que desea?
¿Cuántos changuitos?
¿Cuánto deja de acaparar el acaparador?
mientras
¿el fondo de la olla
cuándo deja de ser raspada?
-Lo llevo por las dudas.
-3 al precio de 1.
-El 80 por ciento en la segunda unidad.
-¿Teníamos tal cosa?
-¿Cuánto valía tal otra?
-¿Y cuánto vale tener?
-¿Y el hambre cuánto vale?
-¿No tiene algo que me dea?
Mercaderías mercaderes
interminables muros lisos
encierran objetos
con fecha de vencimiento
interior con hileras de góndolas soldados
van a la guerra los consumidores
y se producen bajas
en las tarjetas de crédito
mercancías a granel fuego a discreción
liquidez
“El cliente no ha de robar la mercadería”
amenaza un cartel
pero
en otro mercadito
el preciado objeto vale la mitad
la teoría subjetiva del valor
el ojo chicato
y te acuestan con el costo.
En jornadas de lluvia
aparece surge
la falsa bendición indexada
de cientos de goteras
los baldes de plástico
contienen el escándalo.
El amargo obrero y el champagne cristal
dialogan amigables
en la penumbra de la medianoche
una rata libre corretea por los pasillos.
Es tan amplia tu superficie,
Chongo (+)
tan atiborrada de insumos infiernos
ordenados prolijos relucientes
que tu cuerpo no tiene alma
ni fantasmas alberga
sólo en ti reina y señorea
el gordo espíritu del capitalismo
un tobogán de monedas
que no son de oro
fluye desde lo alto de los bolsillos
hacia las bocas sedientas
de las cajas.
Pero rico es
quien poco desea
he llevado hoy pan lactal
mayonesa y salchichas
cruzamos enfrente
a la sombra quieta del Parque Norte
hemos tomado mate
consumido esas vituallas.
En el camino,
sobre la infinita playa de
estacionamiento del Chongo
donde podría dormir la siesta
un PBI entero
hallé este mínimo
lápiz negro…
con él
te conté esta historia simple,
como una tarde de domingo
en Olavarría.

3 al 6 de marzo/ 2024


CEFERINO DANIEL LAZCANO, Olavarría, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO DIRECTOR DE ZONA SUR DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES – ASOLAPO ARGENTINA

COMPLETAS - Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina

 








Foto: Emiliano Penelas


COMPLETAS

El espacio del espíritu, donde puede abrir sus alas, es el silencio.

Antoine de Saint-Exupéry


El sol, los mares y los pájaros han brindado la vida,
no los cabalistas ni los soñolientos ojos de las bibliotecas.
En ellos no hay candelas ni epopeyas ni abismos.
Iluminado ámbito desnudo
entre hojas de recuerdo y abandono.
Con el corazón callado
siento éste transcurrir hacia la nada
en un paisaje hermoso, en la belleza de los pétalos.
En este bosque, en soledad, evoco a Simone Weil,
a Blaise Pascal, a Nicolás de Cusa.


Ahora, busco retiro en una secreta abadía,
apartado del templo, de nave en nave,
en las voces del coro con hermanos de pie
para oír incesantemente campanadas elevadas
desde el misterio y la leyenda.
Preguntan qué has hecho, qué es ese temblor
del viento sobre el instante…
(Estoy aquí para ver con los ojos que no ven).


Y el canto gregoriano oculta abstraído
el reclinado crepúsculo de las sombras.
El silencio toca la noche en las estrellas.

Buenos Aires, marzo de 2024

 

CARLOS PENELAS, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



GEPETTO SIN SUEÑOS - Alicia Mercedes Coronel, Junín, Buenos Aires, Argentina

 








GEPETTO SIN SUEÑOS


Gepetto soñaba con tener un hijo y fabricó un muñeco de madera... y soñó que
oía su vos... Y la oyó, pero sólo oyó
mentiras...y Gepetto soñó que tenía un
muñeco de madera
A veces intentamos renunciar a lo que somos o a lo que un día soñamos ser y
no nos hizo feliz. Entonces terminamos sumergidos en las sombras sin
atrevernos a abrir los ojos y mirar de frente la realidad de la vida.
En algún momento todos nos convertimos en Gepetto, fabricando sueños de
madera, que dejan de ser sueños y se pierden en el espacio infinito de la
mente cuando la madera se pudre y ya no podemos restaurar las emociones ni
controlar los sentimientos.
Somos juguetes que fabrica la vida y Dios nos da el privilegio de manejar
nuestros propios hilos, hablar o callarnos, pero solemos equivocarnos en el
manejo de los hilos y perdemos la oportunidad de disfrutar esa vida que nos
regalaron.
Alguien dijo: “los hombres son como los vitrales; brillan y resplandecen
cuando los ilumina el sol; sin embargo, cuando cae la oscuridad, su verdadera
belleza se revela sólo si hay luz interior”. Y son sólo las sensaciones primitivas
como el dolor, el temor, lo que nos permite apreciar realmente la belleza de la vida.
Tengo la convicción que aceptando nuestras virtudes y defectos y las virtudes y
defectos de los otros, es posible llegar a lo más alto del entendimiento para no
convertirnos en un Gepetto sin sueños.


ALICIA MERCEDES CORONEL, Junín, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA




EL DIABLO DE PAPINI - Ángel Medina, Málaga, España

 


EL DIABLO DE PAPINI                                                

La mayor parte de las afirmaciones no son dogmas. Por tanto, no se le pueden conceder la posesión de la verdad, sino, tal vez, una parte de ellas, pero no el todo. Por eso, el teólogo puede arriesgar en lo que busca, porque ni podrá conocer el todo, ni puede hacer que nuestro pensamiento se sumerja en la nada.

Si tuviese que hacer una pregunta a la incredulidad, sería esta: ¿A qué respondes a un hombre?

El hombre necesita creer en algo. Pero, cuando “cree que no cree”, se fabrica algo en lo que creer. O lo que es lo mismo, un diosecillo menor que satisfaga sus necesidades más primitivas. Y por ahí se cuela el diablo cojuelo y lo invisible del mal actúa. No se ve, pero está. Lo que menos importa es la definición de lo que es. Le ocurre lo que a las ondas hertzianas que pululan a nuestro alrededor. Se manifiestan en el transistor de cada hombre, cuando las sintoniza y las deja entrar. En su figuración poética se le imagina morfológicamente como un ser con cuernos y rabo, de mirada satánica y olor azufrado, una mega criatura espiritual dotada de inteligencia y poder, artífice de la iniquidad.

Papini, autor `prolijo de innumerables libros, destacándose en su producción la obra magna “El Juicio Universal”, escribió un amplio ensayo sobre el Demonio, y, a través de personajes históricos distintos explica cómo puede actuar en los mismos. Uno de ellos es el de Judas. Cuando su mirada se encuentra con la del Maestro entiende lo que ha hecho y los remordimientos le empujan a querer deshacer el trato devolviendo el dinero. Es el inicio del arrepentimiento. Pero fue incapaz de aceptar el perdón, porque pudo en él más la culpa que la remisión, empujándole la influencia del mal al suicidio.

La originalidad de lo que dice descansa en el interrogante que suscita entre los lectores. Como magnífico narrador es capaz de mover los hilos que se entrelazan entre la duda, el riesgo de la respuesta y la mirada puesta en el amor universal.

A pesar de ser poseedor de una vastísima cultura y también intelectual, Papini no era teólogo, pero ciertamente debía conocer que la misión del teólogo es la de abrir vías para acercarse a la verdad, y por tanto arriesgar preguntas. Y para ello debió de mirar lo que dice Pablo en 1 Cor 15,28:

“Cuando todo haya sido sometido a Él, entonces también el Hijo mismo se sujetará a aquel que sujetó a Él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos”.

Papini hace mención a Orígenes, que habla de la reconciliación universal (que define una “palabrota” como apocatástasis), lo cual permite especular que bien podría incluir la salvación final del mismo diablo.

San Jerónimo, que admiraba a Orígenes comenta la carta a los Efesios en este sentido, haciendo un razonamiento: “Lo que es eterno no tiene ni principio ni fin. El infierno fue creado, y por tanto tuvo principio y tendrá fin”.

No obstante, habrá de señalarse que el Magisterio de la Iglesia se refiere al infierno más allá de cuál sea su naturaleza como algo que es eterno, prevaleciendo su autoridad sobre cualquier especulación literaria.

El libro de Giovanni Papini apunta varias cosas.

Lo primero de todo es que el artilugio satánico tiene bien presente el pasar desapercibido para el hombre. No tiene interés en ser reconocido. Ya decía Baudelaire, aquel poeta y ensayista de lo trágico, que “Al hombre de hoy, su racionalidad le hace más difícil creer en el demonio que en amarlo”. Si pruebas son amores, el interés del mal no consiste en que se le ponga en un marco, sino en llevarlo a efecto. En eso “es humilde”.

Lo segundo es hacerle notar al hombre su autosuficiencia. En esto es netamente existencialista. El hombre no necesita ningún dios, pues se basta con él mismo y el apoyo de la ciencia.

La tercera artimaña diabólica es la de no admitir otra verdad que la que nos permite alcanzar el conocimiento.

La cuarta es el susurro insistente en anteponer el “ego” al resto del mundo.

 

Para todo esto es necesario la sutilidad. Podríamos decir que el Maligno se reviste de Dior y se hace un traje a la medida para acercarse elegantemente al hombre y tentarlo.

Retomando a Baudelaire, retratista de los vicios de la sociedad decadente, nos dice de la apariencia que se parece a la desazón que produce la virtud de lo de fuera, sin tener consciencia de la inmoralidad de lo de dentro. Para ello cita a una prostituta barata que fue a un museo y se sonrojó al contemplar el desnudo de una estatua.

En el fondo, el deseo último del hombre es el de ser feliz. El problema es que se confunde en su propio laberinto para lograrlo, pareciéndose a la fachada intacta de un edificio en ruinas.

“Si te postras ante mí te daré…”dijo el tentador a Cristo La tentación se hace sutil y alarga la manzana emponzoñada. Es su tarjeta de presentación, sabiendo del gusto por el hedonismo en el hombre, que hace suyo el dicho popular “Para dos días que hay que vivir…”. En lugar de la reflexión, emociones que motiven los sentidos. Nada de preguntarse por el sentido de la vida, nada acerca del mañana, sino del hoy. Debes aprovechar el tiempo, pues la vida es breve. Y esto acarrea la creación del hombre light.

¿De qué servirá al hombre todos los tesoros del mundo si construye una casa sin cimientos, que no sabrá sostenerse porque es sólo fachada? ¿Qué podrá llevar entre las manos para justificarse lo que ha sido su vida?

“Me creaste, pero no te pertenezco”, dirá Orestes a Júpiter. Es la incitación constante que le susurra al hombre que no necesita de ningún Absoluto. Y así, girando en torno a él mismo acabará convirtiéndose en un borracho existencial, porque le pedirá a la vida lo que el mundo no le puede dar.  Es aquello que escribe la santa en sus versos “Nada te turbe/nada te espante/todo se pasa/ al final sólo Dios queda…”. La insistente vaporosidad de la tentación procura seducir al hombre para que se llegue a creer su propio dios, aunque no pueda responderse a algo tan vital como es su deseo de vivirse eternamente.

Si el hombre pudiese meter en su cabeza toda la creación se volvería loco. ¿Cómo puede pretender comprender con su sola inteligencia al que la hizo posible? La diferencia entre el saber y el conocer radica en que lo primero puede adquirirse con el esfuerzo personal, es decir, la cultura, en tanto que lo segundo consiste en penetrar en la esencia misma de la verdad, y ésta sólo puede darse cuando esa verdad se nos quiere comunicar lo que es, más allá de la razón humana. Para reparar en la treta diabólica el hombre ha de reconocer su limitación y también su finitud, y la única manera de reconciliarse consigo es abrazarse a la infinitud. Y lo infinito es Dios.

Yo, yo y siempre yo. El último artificio embauca al hombre en su “ego”. Para superarlo habrá de abrirse al “tú” y al “vosotros”, pues de lo contrario acabará por ser devorado como el hijo de Saturno.  Al que sólo se interesa por él mismo, ¿quién le dará la mano aquí y ahora cuando lleguen las dificultades? ¿Qué llevará entre sus manos al final de la vida?

Es necesario quitarse la venda y reconocer que detrás de la sutileza y de la apariencia del bien inmediato, se oculta la mano que mece la cuna.

 

ÁNGEL MEDINA, Málaga, España  

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

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MI AMIGO JULIO CORTÁZAR - Roberto Alifano, Buenos Aires, Argentina

 


MI AMIGO JULIO CORTÁZAR


Un amigo común, el crítico de música, Jorge D’Urbano, me dio el teléfono de Julio Cortázar, que vivía en París con su esposa Aurora Bernárdez en la rue du Général Beuret, muy cerca de donde yo me alojaría. Ya instalado, visité al siempre recordado pintor Luis Tomasello, también muy cercano al escritor y otro de mis referentes en París. Le comenté a Luis que tenía pudor en llamar a Cortázar, y él me alentó con estas palabras: “Lo hacemos ahora mismo, desde aquí, si a vos te parece. Aurora y Julio son un matrimonio encantador y van a estar muy contentos de que los visites”. De inmediato lo hizo y me pasó con Aurora, que había atendido.

La conversación fue larga y entretenida, pues teníamos muchísimos amigos en común como Inés Malinow y Adolfo Pérez Zelaschi; también yo conocía mucho a su hermano “Paco”, el poeta Francisco Luis Bernárdez, a su hijo y a su cuñada Laura. “Si te queda bien te esperamos mañana con Julio para desayunar; eso si no traigas nada porque los croissant los compramos en la panadería de enfrente y son deliciosos”.

Ni que agregar que como un solo hombre a las nueve en punto toqué timbre en el curioso departamento, que había sido un galpón de depósito, ubicado en un primer piso al que se llegaba trepando por una sinuosa escalera. Adentro era un sitio acogedor, bien adaptado a las necesidades hogareñas, donde los Cortázar vivían acompañados por sus gatos.

Me estaban esperando con la mesa puesta y un tentador aroma a café y a calientes croissant esperando en una canastilla. Para mí era emocionante ser el invitado de Julio Cortázar y de Aurora Bernárdez. Recordé lo que había escrito Mario Vargas Llosa al referirse al matrimonio: “La perfecta complicidad, la secreta inteligencia que parece unirlos es algo que yo admiro y envidio en la pareja tanto como su simpatía, su compromiso con la literatura y su generosidad para con todo el mundo; así son Aurora y Julio”.

Tenía razón Mario. Amables, predispuestos, cultos, atentos a todo, los Cortázar parecían un envidiable modelo de pareja casi imposible de igualar; quién no se podía sentir cómodo ante tanta cordial hospitalidad. Me trataron como alguien de la familia o un viejo amigo y conversamos hasta poco antes del mediodía. Como una ráfaga de viento fresco, las evocaciones rodearon la conversación y fluían por doquier. No hacía mucho ambos habían estado en Buenos Aires y la nostalgia era la otra invitada; calles, plazas y rincones porteños surgían todo el tiempo. Quedamos en vernos al día siguiente para cumplir con uno de los requisitos que me había llevado a esa casa: una entrevista a Julio para un hebdomadario que se publicaba de este lado del Océano.

Cuando regresé a la patria, encontré dos cartas de Julio y no demoré en contestarle. Se había sellado una relación única y honrosa para mí. Otros encuentros, casi sucesivos, se fueron dando en París, Buenos Aires y Santiago de Chile.

Cuento el último, con aristas dignas de evocación. En 1973, cuando yo vivía en Chile y representaba allá al diario La Opinión, después de las elecciones parlamentarias, que a pesar del deterioro económico ganó la Unidad Popular, con una invitación oficial llegó Julio Cortázar a la ciudad de Santiago. Esa misma mañana de su llegada lo fui a ver al hotel donde estaba alojado. Yo había intervenido bastante en ese viaje y allí me encontré con Augusto Olivares, el asesor de prensa de Salvador Allende, que me invitó a una cena en homenaje a Julio en la Residencia Presidencial de Tomás Moro, donde vivía Allende. Fue una reunión amable y reveladora de muchos entretelones políticos que yo, con oído de buen corresponsal fui registrando.

Después de la cena, Allende le explicó a Cortázar porque en su país no cabía ninguna posibilidad de un golpe de Estado. “Chile es un país con probada vocación democrática y aquí las Fuerzas Armadas son las guardianas del sistema. Tengan por seguro que no ocurrirá lo que ha ocurrido en otros países de la región”. Yo, que no había abierto la boca, con una temeridad que aún me asombra, me atreví a opinar interrumpiéndolo. “Discúlpeme, señor Presidente, pero yo no estaría tan seguro -intervine-; en la Argentina tenemos una larga experiencia en intervenciones militares y no hay garantías. Discrepo con lo que usted acaba de afirmar”.

Salvador Allende me miró de reojo con evidente inquina y poniéndome su mano en mi rodilla, me amonestó con severidad: “Mire muchacho, tengo una larga experiencia como político y sé muy bien lo que digo. No permito que alguien que apenas conoce la idiosincrasia de mi país, se atreva a contradecirme”. Yo, sin saber adónde meterme, me apichoné en el sillón y quedé mudo. Lo ocurrido fue cuestión de segundos o minutos que para mí fueron un siglo. Pensé que inmediatamente por mi impertinencia sería echado de esa reunión. No recuerdo bien quién fue el que intervino desviando la conversación, si “Tencha”, la esposa de Allende o “el Perro” Augusto Olivares. Lo cierto es que nunca en mi vida recuerdo haber atravesado un momento así. Salvador Allende era el Presidente de la República y yo, un ignoto e impertinente corresponsal que se había tomado el atrevimiento de contradecirlo. Fueron siglos para mí. Luego el propio Allende que se había sentado en el piso, con su wiski habitual en una mano, borrando lo sucedido, apretó con la otra mi rodilla y acompañado de una sonrisa conciliadora, cambió de tema. Lo que siguió, por suerte, fueron intercambios de elogios y brindis por el memorable encuentro con el célebre autor de Rayuela.

Ya en el automóvil que nos trasladaba a la ciudad, Julio recordó la situación y con una sonrisa, me dijo: “¡Qué audacia la tuya Roberto, yo creía que Allende te iba a echar a patadas, es un hombre muy seguro de sí mismo y no admite que lo contradigan! Sin embargo, te confieso ahora que yo estoy de acuerdo con tu punto de vista. Los golpes militares en nuestra América están a la vuelta de cada esquina y Chile quizá no esté libre de esa posibilidad”. Pocos meses después, en circunstancias dramáticas, el general Augusto Pinochet, uno de los militares de confianza de Salvador Allende, encabezaba la insurrección que terminó con la vida del Presidente y de Olivares, su asesor de prensa.

Pablo Neruda y muchos otros escritores chilenos también murieron o fueron asesinados o encarcelados. Yo, como periodista que cubría información para un diario argentino, fui detenido por varias semanas en el Regimiento Tacna, de donde se decía, era difícil salir con vida, y junto a mi familia, fui luego expulsado del país. Milagrosamente la sigo contando.

A Julio Cortázar lo vi por última vez en Buenos Aires, cuando cenamos en una cantina del barrio de La Boca, acompañados por el querido y siempre recordado poeta - librero Héctor Yánover, que era como un hermano para él.

Se han cumplido cuarenta años del fallecimiento de nuestro genial maestro de la palabra y la SADE (Sociedad Argentina de Escritores), le rindió el merecido homenaje con una mesa de notables entre los que estaban María Rosa Lojo, Alejandro Vaccaro, Carlos Penelas y Antonio Las Heras y a la que no pude concurrir por problemas de salud.

Esta cariñosa evocación me hubiera encantado hacerla aquella tarde, pero no pudo ser. Mi salud me lo impidió. En una próxima reseña contaré sobre la jugosa relación de Borges y Cortázar, que me tuvo por testigo. Escritores afines y maestros de la poesía en verso y prosa, iconos de la literatura de nuestra América.

ROBERTO ALIFANO, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


sábado, 2 de marzo de 2024

EL PRISIONERO - Aleksandr Pushkin, Rusia

 












EL PRISIONERO

 

Estoy entre rejas en húmeda celda.
Criada en cautiverio, un águila joven,
mi triste compaña, batiendo sus alas,
junto a la ventana su pitanza pica.

La pica, la arroja, mira la ventana,
como si pensara lo mismo que yo.
Sus ojos me llaman y su griterío,
y proferir quiere: ¡Alcemos el vuelo!

¡Tú y yo somos libres como el viento, hermana!
Huyamos, es hora, do blanquea entre nubes
la montaña y brilla de azul la marina,
donde paseemos sólo el viento. ..¡y yo!

Traducción de Eduardo Alonso Duengo

 

ALEKSANDR PUSHKIN, Rusia

Aleksandr Serguéyevich Pushkin​ fue un poeta, dramaturgo y novelista ruso, fundador de la literatura rusa moderna. Su obra se encuadra en el movimiento romántico. Wikipedia

Nacimiento: 6 de junio de 1799, Moscú, Rusia

Fallecimiento: 10 de febrero de 1837, San Petersburgo, Rusia


MI BOHEMIA - Arthur Rimbaud, Francia

 












MI BOHEMIA


Yo me iba, los puños en mis bolsillos rotos
también mi chaqueta se volvía ideal;
me iba bajo el cielo, Musa, y era fiel;
¡oh qué amores espléndidos he soñado!

Mi único pantalón tenía un enorme agujero.
-Pulgarcito soñador, desgranaba en mi camino
rimas. Mi posada estaba en la Osa Mayor.
-Mis estrellas en el cielo tenían un suave frufrú.

Y yo las escuchaba, sentado al borde de los caminos
en las dulces tardes de septiembre, cuando sentía gotas
de rocío en mi frente, como un vino de vigor;

cuando, rimando en medio de las sombras fantásticas,
como si fueran liras, tiraba de los elásticos
de mis zapatos heridos, un pie contra el corazón.


Traduccion de Marta Vasallo


ARTHUR RIMBAUD, Francia

Arthur Rimbaud (Charleville, Francia, 1854 - Marsella, Francia, 1891),