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sábado, 14 de octubre de 2023

EL HOMBRE CONTRA EL HOMBRE, ¿alguien quiere apostar? - Roberto Alifano, Buenos Aires, Argentina

 

EL HOMBRE CONTRA EL HOMBRE, ¿alguien quiere apostar?

 

Empiezo por aclarar que el título de esta reseña es un inquietante micro cuento del escritor mexicano Juan José Arreola. Pero voy más allá. Otro maestro de la literatura, el norteamericano Mark Twain, pudo sintetizar en esta frase su parecer sobre nosotros: “Yo no pregunto de qué raza es un hombre, ni a qué religión, ideología o partido político pertenece; basta que sea un ser humano ya es suficiente, nadie puede ser nada peor”.

Otra vez la guerra, otra guerra que se suma a las que padecemos abiertas o solapadamente. Otra vez otra guerra donde nadie gana y todos perdemos. Los dislates del hombre son inconcebibles. Se invade un territorio para anexar más tierra y el mundo, el planeta que todos habitamos, parcelado y con límites territoriales, se vuelve un campo de batalla donde todo vale, hasta lo más sucio, cobarde y ambicioso. El hombre contra el hombre

Triste, muy triste, que en tantos siglos de existencia no hayamos aprendido nada. Todo sigue como en los remotos tiempos del homo de los tiempos primitivo, acaso con el mismo concepto del hombre de las cavernas “matar al vecino para quedarnos con lo que tiene”. Siglos sobre siglos para no aprender nada. Basta que sea un ser humano ya es suficiente, nadie puede ser peor. La educación, la cultura muy poco valen o valieron las cosas siguen igual; igual es la envidia, la codicia de tierras, la desmesurada ambición, el afán de dominar al otro, de ser más rico que el vecino; la acumulación de bienes materiales, sin tener en cuenta que no se pueden comer más de tres o cuatro comidas por día ni dormir solamente en más una cama… En fin, incongruencias sumadas o consumadas en barbaridades.

El que escribe vivió sufrió como en carne propia, o en carne de hermanos, que es más o menos lo mismo, en menos de un años dos espantosos atentados terroristas donde murió gente amiga e inocente. En 1992, el de la Embajada de Israel en Buenos Aires, y en 1993 el de la AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina); antes, nuestras Fuerzas Armadas, en plena dictadura militar, invadieron las Islas Malvinas, rompiendo toda forma de negociación pacífica. A este respecto, quiero agregar que el autor de este texto, estuvo en esas islas y que se alojó en casa de una familia malvinense donde la convivencia era armoniosa y en ningún momento se habló del enojoso asunto ni imaginábamos en ese feliz encuentro que nosotros, los codiciosos de islas, en abril de 1982, consumaríamos una absurda invasión.

Sucedió en dicha oportunidad que el único hotel de las islas estaba completo y me alojé en el hogar de la familia Smith, un matrimonio con tres hijos, que me trataron con una cordialidad entrañable y con la que se estableció una relación que rompió la invasión. Cabe agregar que en mi regreso, en el avión que viajé, dos de los hijos de la familia Smith, se sumaron con otros veinte chicos, a un intercambio educativo entre la Colonia Inglesa y la Argentina.

¿Qué más puedo agregar? Bueno, que después les declaramos la guerra, así de simple y, como era de esperar, perdimos esa guerra ya que el conflicto sumaba a la OTAN, el organismo internacional al que pertenecía Inglaterra. A partir de allí se rompió todo vínculo con los pueblerinos habitantes de Las Malvinas; por consiguiente, en mi caso, con la familia Smith.

Pisando como paquidermos, ladrando como zorros locos” (como dice Neruda en un famoso poema), han pasado lentos los años y aquí estamos, sin aprender poco o nada, de lo que es esta vida que nos ha sido impuesta en este mundo. Seguimos, seguimos y seguimos sin aprender, dos o tres pasos para atrás, con tropiezos y todo, y alguno que otro para delante (y como estamos entre citas de versos por qué no recordar la célebre “Milonga del muerto”, que me dictara Borges conmovido por el disparate brutal de los uniformados argentinos al sembrar muerte en un sitio pacífico perdido en los arrabales del mundo y habitado por gente por demás pacífica):

Lo he soñado en esta casa
Entre paredes y puertas.
Dios les permite a los hombres
Soñar cosas que son ciertas.

Lo he soñado mar afuera
En unas islas glaciales.
Que nos digan lo demás
La tumba y los hospitales.

Una de tantas provincias
Del interior fue su tierra.
(no conviene que se sepa
Que muere gente en la guerra).

Lo sacaron del cuartel,
Le pusieron en las manos
Las armas y lo mandaron
A morir con sus hermanos.

Se obró con suma prudencia,
Se habló de un modo prolijo.
Les entregaron a un tiempo
El rifle y el crucifijo.

Oyó las vanas arengas
De los vanos generales.
Vio lo que nunca había visto,
La sangre en los arenales.

Oyó vivas y oyó mueras,
Oyó el clamor de la gente.
Él sólo quería saber
Si era o si no era valiente.

Lo supo en aquel momento
En que le entraba la herida.
Se dijo no tuve miedo
Cuando lo dejó la vida.

Su muerte fue una secreta
Victoria. Nadie se asombre
De que me dé envidia y pena
El destino de aquel hombre.

¿Por qué he traído a colación este recuerdo? Pues para repudiar el crimen de la guerra, o de las guerras, cualquiera que sea, como lo calificara el autor de nuestra Constitución, el prócer Juan Bautista Alberdi. Las son espantosas, injustificadas, terribles desde todo punto de vista; donde a nadie se respeta y mueren niños, todos inocentes. Pero bueno, los seres humanos no somos tan humanos y los hombres vivimos codiciando espacios que no nos corresponden y sembrando violencia siempre.

A riesgo de ser repetitivo, deslizo las palabras de estos dos humanistas que dan título y significado a mi reseña: “El hombre contra el hombre, ¿alguien quiere apostar?”, complementadas por estas otras: “Yo no pregunto de qué raza es un hombre, ni a qué religión, ideología o partido político pertenece; basta que sea un ser humano ya es suficiente, nadie puede ser nada peor”.

 

ROBERTO ALIFANO, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


sábado, 7 de octubre de 2023

ABUELITA - Tomás Allende Iragorri, Buenos Aires, Argentina

 

Imagen: Luis Alposta - Argentina


TOMÁS ALLENDE IRAGORRI 

Argentina 
Año de nacimiento: 
1881
 Año de la muerte: 
1954

EN LA NIEBLA - Hermann Hesse - Alemania, aunque posteriormente decidió nacionalizarse suizo. 2 de julio de 1877 - 9 de agosto de 1962

 




 

 

 




EN LA NIEBLA

 

¡Qué extraño es vagar en la niebla!
En soledad piedras y sotos.
No ve el árbol los otros árboles.
Cada uno está solo.

Lleno estaba el mundo de amigos
cuando aún mi cielo era hermoso.
Al caer ahora la niebla
los ha borrado a todos.

¡Qué extraño es vagar en la niebla!
Ningún hombre conoce al otro.
Vida y soledad se confunden.
Cada uno está solo.

 

HERMAN HESSE, Alemania

Hermann Hesse -  Alemania, aunque posteriormente decidió nacionalizarse suizo. 2 de julio de 1877 - 9 de agosto de 1962   

EL LINYERA - Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina

 




EL LINYERA

Llegó al pueblo con su barba descuidada y llena de polvo de los caminos; la ropa raída y los pies descalzos. Muchos lo miraron con desconfianza, otros con temor y algunos pocos, con lástima. Mostraba sus grandes ojos azules dilatados por el asombro enclavado en su mirar de niño asustado. El Dr. César, Delegado del pueblo, le preguntó quién era y a que venía. Mansamente, el sucio barbado respondió: -“Soy el profeta”, y no hubo forma de hacerle articular otra palabra. Después, guardó absoluto silencio, contemplando a los curiosos que, poco a poco, se habían reunido en la esquina de Laprida y Garay. En vano, Figueroa, el dueño de periódico local, intentó hacerlo hablar. “El profeta” se conservaba tan callado como una tumba. Poco a poco, la gente comenzó a dispersarse, aburrida al ver que nada extraño pasaba. Porque somos así de morbosos, siempre deseando que algo pase y, si es malo, mejor. Sólo quedaron el Delegado y el doctor Lopretti con su esposa. Al fin, de puro bueno que era, el médico lo llevó hasta su casa. -Hace mucho frío para dormir por ahí y a la intemperie. -Razonó

Esa noche, “El profeta” usó lo que casi había olvidado: un baño. Al principio se negó pero, finalmente, accedió a bañarse. Lo afeitó el dueño de casa y le ofreció algunas ropas limpias y decentes para que se vistiera. También lo calzaron con un par de zapatillas azules que Lopretti ya no usaba. “El profeta” se sentó a la mesa y comió con avidez utilizando las manos. No había forma de hacerle utilizar los cubiertos, hasta que, la mujer de la casa, con mucho empeño y cariño, lo convenció. Después de mucho tiempo, “El profeta” durmió bajo techo, en un galpón que había en el fondo del terreno. Al día siguiente, muy temprano, decidió seguir su camino, porque, decía, tenía que hallar una cruz que andaba buscando desde hacía diez años. Dijo que hacía unos días había tenido un sueño donde se le indicaba que esta vez, estaba muy cerca de hallarla…

Y se fue por aquella mañana fría, marcando sus tímidas pisadas en la blanca escarcha invernal que cubría aún las calles de tierra del pueblo. Su pensamiento fijo en la esperanzada cruz que hallaría dentro de poco.

Tomó rumbo hacia el monte que se divisaba a lo lejos, del otro lado de la ruta. Estaba tan lleno de agradecimiento por esa familia que lo había cobijado, y, cuando estaba en medio de la calzada, se volvió para saludar A Lopretti y su mujer que lo despedían desde la puerta de la casa. Justo en ese momento lo atropelló una camioneta que pasaba a gran velocidad. “El profeta”, quedó tendido sobre el asfalto, de cara al cielo, con los brazos extendidos en cruz con una agradecida y mansa sonrisa dibujada en su rostro bondadoso.

No hubo nada que hacer, había muerto.

Lo sepultaron rápidamente. A nadie le importó demasiado el asunto. Sólo la mujer de Lopretti se santiguó y enjugó una lágrima al acordarse de lo que el hombre había dicho que andaba buscando.

Aún hoy, los que visitan el cementerio, pueden ver una gran cruz y un epitafio que reza: “Aquí yace El profeta”. Luego, una fecha y después: el silencio pueblerino… y algún pájaro trinando a la distancia…

 

NORBERTO PANNONE, poeta y escritor argentino


EL ESTORNUDO - Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 


LUIS ALPOSTA, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

BALADAS DE VIDA - María Dolores Benítez Molina, Málaga, España

 



















BALADAS DE VIDA



Dedicado a Federico García Lorca


En tu huerta soñabas con la alborada,
antes de que te truncaran las alas.
Tus restos se hallan entre Víznar y Alfacar
por esa vil hazaña.
Cada alma que llora tu pérdida
baladas de vida engendra.
Con la mirada arrollada
por quienes desconocen
la magnitud de sus actos,
lloro tu precoz ausencia,
como la de otras tantas vidas
que a ti se aferran.
Dejas constancia de tan gran infamia
ante la sangre que desgrana
cada rosa que empapa.



MARÍA DOLORES BENÍTEZ MOLINA, Málaga, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

EL PÁJARO - Oliverio Girondo, Buenos Aires, Argentina

 










EL PÁJARO


Buenos Aires, Argentina

VILLA URQUIZA - Jorge Luis Borges, Buenos Aires, Argentina

 








VILLA URQUIZA

 

Atendido de amor y rica esperanza,

¡Cuántas veces he visto morir sus calles
         agrestes
en el Juicio Final de cada tarde!
La frecuente asistencia de un encanto
acuña en mi recuerdo con predilecta eficacia
         ese arrabal cansado,
y es habitual evocación de mis horas
         la vista de sus calles;
el horizonte que se acurruca a lo lejos;
las quintas que interrumpen el cielo baldío;
la calle Pampa, larga como un beso;
las alambradas que son afrentas del campo,
y la dichosa resignación de unos sauces.
Paraje que arraigó una tradición de amor
        en el alma,
no ha menester vanaglorioso renombre;
ayer fue campo, hoy es incertidumbre
de la ciudad que del despoblado se adueña:
bástale, para conseguir las laudes del verso,
ser el sitio implorado de una pena.

 

JORGE LUIS BORGES - (De la primera edición de su libro “Fervor de Buenos Aires”, publicado en 1923)


UTOPÍA GARDELIANA - Héctor Rebasti, Buenos Aires, Argentina

 

UTOPÍA GARDELIANA

 

Este trabajo ansía y pretende imaginar la vuelta de CARLOS GARDEL a Buenos Aires, y entonces así veríamos que vivencia tendría al recorrer el lugar donde diera sus primeros pasos por la zona de EL ABASTO, junto a aquellos purretes amigos y a los comerciantes que poblaron esta incipiente Ciudad, de principio de siglo, llegados de tierras lejanas para forjar nuestro país con el esfuerzo denodado de su trabajo. Recordaría el intenso movimiento que había dentro del Mercado y en esas calles de los alrededores impregnadas del color y el olor a inmigrantes.

Cómo recordaría él sus primeros juegos que se desarrollaron en un ambiente distinto al actual y, por supuesto, distante en el tiempo , sus pillerías de chiquilín y los trastornos propios de la edad que le ocasionó a su joven madre, sumándose posteriormente lo que sería su inicio con el canto frecuentando los boliches y cantinas de la zona.

El “francesito” , como se lo conocía, por entonces , con el correr del tiempo y al ir despuntando su fama, fue apodado y posteriormente conocido como “ El Morocho del ABASTO “ , ya está listo para comenzar esta utopía.

 

Lo encuentro A Don Carlos parado en la esquina de Corrientes y Agüero, en la puerta del Banco de la Nación Argentina, Suc. Abasto. Está con un impecable traje oscuro, camisa a rayas , corbata lisa al tono , pañuelo blanco en el bolsillo superior del saco, zapatos brillosos y con su “ gacho gris “ ladeado sobre el ojo izquierdo Está mirando la vereda de enfrente a ese “ destripado “ y “ fantasmal “ edificio del otrora MERCADO de ABASTO el que fuera el testigo de sus “ primeros principios ” , como dice la letra del tango “ Isla de Flores “.

Carlitos va a la estación de subterráneos, bautizada con su nombre al cumplirse al cumplirse el 50 aniversario de su paso a la inmortalidad.  En ella encuentra un cuadro con su figura y queda extrañado y allí es cuándo pregunta: todavía se me recuerda? Otra cosa que se le ocurre es cuando dice, que lindo sería que se me escuchara cantar dentro del ámbito de la estación, con mis discos. A lo mejor se llega a hacer realidad esa idea “ tirada “ por Carlitos, sería más que interesante para que la juventud lo conocería aún más y los que tenemos algunos años lo recordemos más todavía ….

Comienza  su recorrida por el barrio, toma la calle Agüero y allí, en la esquina con Humahuaca  ve lo queda del Café  O ´ Rondeman,  reducto de los Hnos. Traverso, donde pasó tantas horas lindas cantando junto a amigos en verdaderas noches de farras. Continúa y ve una casa que le parecía conocida por conservarse como en su época, llama la puerta con golpes de mano no conoce el timbre!) y el dueño de casa cuando abre y lo reconoce , quién NO ! , lo saludo y con una muestra del porteñismo lo invita a pasar para charlar, tomar unos mates y recordar el tiempo pasado.

Don Natalio, el dueño de la casa, lo lleva a recorrer la casa que tiene, como es lógico, varios cambios respecto de lo que había en su época.

Allí Carlitos comenzó con sus preguntas ante tantas cosas “raras “.

En el comedor vió la televisión y quedó extrañado, don Natalio le explicó brevemente para no abrumarlo y Carlitos se puso muy contento y exclamó;  “ que lindo hubiese sido si existía cuando yo vivía “…allí  Don Natalio le comentó que cada tanto exhiben una película interpretada por él y eso lo impactó:  todavía , preguntó? Cuando escuchó su voz que se emitía de un moderno equipo de audio mediante un CD, no podía dejar de comparar la diferencia entre “eso“y los pesados discos de pasta de 78 rpm que él había grabado los que, por suerte, hicieron posible que su voz se mantuviera vigente en el tiempo y por tantos años. Esto que había observado lo había sorprendido , pero más lo hizo cuando se “ vió “ en la televisión , DVD mediante, interpretando      “ El día que me quieras “ la película que quiso de todo corazón ( su grabación de saludo desde los estudios VÍCTOR de New York – 1935 )  ), no podía entender cómo sus películas que antes estaban en unas pesadas y grandes latas ahora dentro de una cajita tan chiquita le brindaba esa imagen y , para colmo, el dueño de casa manejaba ( ida y retroceso ) la película con un “ aparatito “ en la mano !!!.

Después de esta grata sorpresa, don Natalio, le hizo conocer otras “cosas “muy habituales, ahora para nosotros.

Le mostró una SPICA con su estuche de cuero y sus pilas. Carlitos se sorprendió y solo atinó a compararla y recordar su radio “Capillita “que escuchaba en su casa de Jean Jaurés junto a su querida madre, Doña Berta y amigos que frecuentaban todos los días su casa.

Llegaron a la cocina y la señora de Don Natalio, Anita, estaba frente a algo donde “ salía “ fuego y ella estaba calentando más agua para el mate, ese lugar raro lo “ encendía “ con un aparato extraño , el “ MAGICLICK “ allí sí que se dijo:  “ no puedo comprender todo esto ” !! .

Cuando se estaba por retirar llegó el hijo de los dueños de casa, Angelito, que por supuesto sabía quién FUÉ y ES, Gardel. Después de los saludos de rigor , de entre las ropas del recién llegado comenzó e sentirse un pi… pi… pi…  allí Carlitos no entendía nada y con mucha prudencia y un poco de timidez preguntó: qué era ?, le dijeron el teléfono móvil “ el celu “ , bueno esto ya era mucho para ser recepcionado,  en un solo día, no podía creer que allá por años 30 los aparatos eran altos, negros con un cable grueso y con un tubo grande é incómodo y lo que tenía ahora frente a él y en su manos, no era más grande que a pila de boletos de carreras de caballos que solía romper, cada tanto, en alguna reunión hípica de PALERMO y que había perdido “ POR UNA CABEZA “ .

Por lo que vio y escuchó en el hermoso rato pasado en la casa de Don Natalio y Anita pudo comprobar que no LO HABÍAMOS OLVIDADO y que, pese a todo el tiempo pasado, estaba vigente en nuestro recuerdo y nosotros, manteníamos  vigente su figura maravillosa y su voz inigualable emocionado se despidió con un simple “ hasta  pronto “ y un “ muchas gracias ” por todo .

Salió de la casa y caminó por Agüero, tomó por Zelaya, hasta Jean Jaures 735, su querida casa que dejó en noviembre de 1933 para irse de “gira celestial “!  Allí había compartido con su querida mamá, con el matrimonio Muñiz junto a “sus escobas “días y tardes inolvidables rodeados del afecto y cariño que le prodigaron. Parado frente a la puerta recordó la diferencia de entonces , donde pasaban los carros tirados por nobles caballos, el panadero, el lechero, el mimbrero con su carro cargado del trabajo artesanal prodigado por sus manos, alguno que otro auto, movilidad incipiente de entonces. Ahora era distinto, le costó cruzar la calle, que si Bien es de barrio, igual tiene fluidez de tránsito. Llegó al lugar que tenía previsto visitar, la casa de don Aarón, su peluquero. Lo recibió la esposa, Sara, quien lo llevó al local de la peluquería, ahora atendido por las manos hábiles del heredero, su hijo Samuel. Así fue como Carlitos recordó que don Aarón lo recibía con un afecto especial, charlaban largo y tendido y después se sentaba en el amplio sillón y don Aarón comenzaba su tarea, retocándole el renegrido y brilloso cabello y lo engominaba para darle a su figura esa pinta la que acompañada de su eterna sonrisa, resaltaba aún más la maravillosa “obra “realizada por doña Berta.

Doña Sara le contó que después de la tragedia de Medellín, doña Berta estuvo acompañada por el matrimonio Muñiz, amigos y vecinos y que a la casa fueron a vivir Armando Defino y su esposa Adela. Que doña Berta iba todas las semanas al cine del barrio a ver sus películas y que tenía dos butacas reservadas para ella para no tener problemas de ubicación. Escuchaba en la vitrola los tangos y canciones grabados por él y lo recordaba con mucho afecto, visitaba su Mausoleo en el Cementerio de la Chacarita el que, con el aporte doña Berta y de muchos amigos, admiradores y entidades de la música, se pudo levantar en la calle 33 y 6 del Cementerio, Fue allí cuando a Carlitos se le escaparon unas lágrimas en recuerdo de su querida “ viejita “ la que no pudo volver a ver a pesar de lo mucho que lo deseó, Después de un abrazo, besos y agradecimiento por el cariño recibido, saludó a los amigos y se despidió.

Caminó rumbo a la esquina de Agüero y Corrientes, lugar dónde lo encontré, pero antes pasó por la “cortadas" que lleva su nombre, entre Jean Jaures y Anchorena, está muy cambiada y con figuras de cantantes y artistas que lo precedieron. Vio que está mejor que, según le contaron, hace algunos años atrás... Se puso contento, pasó por la esquina de Anchorena y la cortada, allí está el “Chanta cuatro “, claro que remodelado, pero lugar de noches hermosas vividas con amigos, al que volvía cuando podía, para reencontrase con ellos en esa linda época.

Llegó al lugar del inicio de esta visita, allí terminó todo. Subió a la estrella que lo trajo, miró por última vez a su “Buenos Aires Querido “y se dejó llevar para llegar hasta donde están sus amigos que lo esperaban ansiosos para que les contara, mate de por medio, todo lo que vió en este “recorrido “por el tiempo. Todos quería saber y tener noticias de cómo estamos viviendo ahora y que diferencias existen respecto de la época en que a cada uno le tocó vivir.

Aquí termina esta “utopía “, pero no quiero dejar de mencionar que pobre homenaje les hacemos a todos los que, de una forma u otra, fueron embajadores sin cartera, que nos representaron ante el Mundo en forma digna y cabal, ellos son los artistas, cantantes, poetas, músicos y muchos otros más.

Diciembre 2002.                                                                                           

HÉCTOR REBASTI, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

                                                                                                              hectorrebasti@gmail.com


CEMENTERIOS DEL ESPACIO - Adrián Néstor escudero, Santa Fe, Argentina



CEMENTERIOS DEL ESPACIO

A H.P. Lovecraft, y su cosmogonía del terror cósmico… En particular, in memoriam del Prof. Daniel Barbieri (Croci) y Santiago E. Oviedo  (in memoriam), creadores del Círculo Argentino de Ciencia Ficción y del Premio “Más Allá” (Argentina). Y al escritor platense, Lic. Carlos Enrique Abraham, creador del Magazin gráfico “Nautilus” y autor del monumental ensayo “La Literatura Fantástica Argentina en el Siglo XIX”.

 

     Ha sido un buen negocio, sin duda. Aunque ya no exista. Nunca más. COCHERIA DEL ESPACIO "VIA NEGRA" S. A. ¿Risueño?; tal vez. ¿Imposible?; quizás.

     Es que haber presidido un Cementerio Espacial tuvo su parte cómica. O de ácido humor (entre los accionistas). También de imposibilidad (una cuestión de intereses). Pero no hay negocio que triunfe sin una pizca de ingenio, riesgo y voluntad. Y buena publicidad.

     Su muerto, mejor conservado. Muertos saludables y selectos (no cualquiera tiene un mausoleo en las nubes). Sin corrupción de la carne a causa del vacío y su misteriosa bondad. Servicios complementarios. COCHERIA DEL ESPACIO "VIA NEGRA" S. A., con dos salidas al mes; previo tratamiento de conservación. Flores gratis. Y un paseo para usted. Con una inmejorable excusa para viajar a las estrellas; no olvide que todo lo demás, es obra y gracia del PODER ARMADO. O hace turismo macabro, o no conocerá la emoción del espacio. Y hasta, quién sabe, algún día, ¡la fórmula!; y entonces (alquilaremos arcángeles), con sonido de trompetas, el hombre resucitará. El cáncer y el sida tendrán su fin. Pasarán algunos años, pero el hombre lo logrará. Y, si sobreviene a la GUERRA... entonces habrá tiempo. Todo el que quiera. No desespere. Sólo ahorre su dinero para volar hasta aquí. Tendrá, de por muerte, la más segura protección... Porque el hombre encontrará el camino, y, antes que el Universo se desintegre, lo logrará. Verá. 

     Ahora no hay necesidad de flores. Inclusive, las visitas permitidas al comienzo del negocio floreciente, han terminado. Es como si los Tiempos Finales hubieran llegado. También para "ellos", que están ahí, y se han adelantado como tantos otros a la frontera de lo desconocido. Nadie rezará oraciones (aunque la Gran Cruz brille, insólita, entre las lunas de aquella inmensidad desolada). Es que, o la gente se ha olvidado de sus muertos, o ya no puebla la TIERRA para recordarlos.Y uno se pregunta, pues, si habrá vivos allá abajo todavía...

     Sí, han transcurrido muchos años desde las majestuosas peregrinaciones programadas al abismo, llevando los cuerpos en cohetes mortuorios y hacia el frío celestial.

     Ahora no hay necesidad de flores. Ahora "ellos" flotan, en sereno tiovivo, confundidos con la eternidad del espacio transformado en tiempo insomne... Ordenados y brillantes, en cajas metálicas del mejor acero. De vez en cuando, claro, revisar los sellos. Evitar que algún cofre se abra, y la monotonía sepulcral de los cadáveres viajeros, se rompa...

     Hasta que algo, al fin, suceda.

     Es un viento extraño. Un viento como los del abuelo Bradbury, escapado de su Carnaval de la Muerte, lejos, en el PAIS DE OCTUBRE que alguna vez existiera, como tantas cosas que su memoria ha empezado a olvidar. Más que sentirlo, lo presiente.

     Un viento fugado de algún agujero fantástico, como ráfagas de palabras sensoriales escapadas de aquel bello libro de terrores y ternuras.

     Por cierto que la situación de la Nave se ha complicado después de las últimas noticias recibidas. El equilibrio de la GUERRA se encuentra a punto de quebrarse y la seguridad del planeta, de sus sobrevivientes, críticamente amenazada. Sólo su especial condición de espacio santo ha evitado que alguno de los misiles dirigidos contra las Bases Lunares, lo destruyera. Destruyera la vida de la muerte, en asfixiante ironía. Y en cualquier instante pueden cortarse las comunicaciones o recibirse la expresiva imagen del APOCALIPSIS, abriéndose como una flor mortal y radiactiva en el Universo...

     Y ahora este viento secreto desgarrando el vacío que contiene a la Estación Orbital.

     De pronto, un susurro. O un presentimiento. Por lo demás, la linterna del abuelo, es el ABUELO COMANDANTE. Chasqueando brillos entre los ataúdes de acero y hielo, gira leve y lentamente, de izquierda a derecha por la colmena de muertos que persisten en su inútil espera.

     No obstante, el invisible viento continúa alertando el alma, mientras la linterna danza su danza de las estrellas, y el ABUELO COMANDANTE arriba a la escotilla creyendo que sus muertos, a pesar de la hecatombe en la TIERRA, siguen en paz, soñando su eternidad de sueños acerca de la definitiva libertad. Hasta se le ocurre pensar que ellos y "ellos", no son más que una misma cosa.

Muertos que velan a sus muertos. Porque el viento no cesa, y el susurro, o el presentimiento, se ahonda...

     Recuerda hace diez años, más o menos. Cuando el miedo al espacio superaba sus ansias de aventura.

     Abuelo, tengo miedo, decía. He soñado algo muy feo. ¿A ver?, ¿cómo es eso? Cuéntame, hijo; respondía.

     Abuelo, un hombre, un hombre de negro subido a la azotea de la casa vieja, arrancaba con su brazo de elástico, alargado, una por una a todas las estrellas. Y el payaso del cielo lloraba porque su traje de fiestas quedaba sin lentejuelas...

     Tengo miedo, abuelo. Pero no existe ese hombre, hijo. Se trata de un mal sueño. Nada más. Porque aquí, vos sos el dueño de las estrellas. Y nadie podrá arrancártelas. Nadie en el mundo podría hacerlo... Al contrario; ellos se sienten seguros ya que, nosotros, desde las nubes, cuidamos sus sueños y el sueño de sus muertos. Y no debes tener miedo, porque algún día tendrás una gran responsabilidad: encerrarme en uno de esos cofres que giran, y cuidar también mi espera. Heredarás así la esperanza de la Humanidad... Y eso, abuelo, ¿cuándo sucederá?

     El viento ha llegado.

     El abuelo duerme, y él, no logra conciliar el sueño. Excepto por algunos guardias que controlan sistemas de rutina, no hay movimiento aparente en el cementerio espacial. Es noche en la mente de los hombres que pueblan este hogar ficticio y planeado artificialmente hasta el último detalle. Se levanta. Mira hacia las tumbas negras con su enorme crucifijo de luz de faro centelleando el puerto oscuro.

     Entonces, el viento toca las tumbas y las tumbas se abren, y "ellos" salen, desesperándose, en busca de la luz mayor. El estupor lo paraliza. Puede tratarse, aún, de una pesadilla. Como cuando era niño. Pero "ellos" se dirigen hacia allí. De a millares. En busca de la Nave. O del ABUELO COMANDANTE.  Está seguro. Vienen a preguntarle por su planeta, por sus familias y casas, por sus trabajos y huertas. Por sus vidas e ideales. A pedir que les devuelvan sus mundos de polvo y locura nuclear... Y no será posible.

     Por lo demás, el casco de la Nave no resistirá a sus golpes sobrehumanos, todos morirán. Morirán sin tumbas espaciales, y, unidos a "ellos", clamarán por lejanas auroras y se dispersarán, como ciegos jinetes, entre los pliegues brillantes del payaso del cielo.

     Como los únicos y verdaderos muertos del Universo.-

ADRIÁN NÉSTOR ESCUDERO, Santa Fe, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA