Bienvenidos

sábado, 20 de mayo de 2023

BÚSQUEDA DE LA POESÍA - Carlos Drummond de Andrade (Itabira, Minas Gerais, 31 de octubre de 1902 - Río de Janeiro, 17 de agosto de 1987 – Brasil)

 









BÚSQUEDA DE LA POESÍA

 

No hagas versos sobre los acontecimientos.
No hay creación ni muerte frente a la poesía.
Ante ella la vida es un sol estático,
no calienta ni ilumina.
Las afinidades, los aniversarios,
los incidentes personales no cuentan.
No hagas poesía con el cuerpo,
ese excelente, completo y cómodo cuerpo,
tan expuesto a la efusión lírica.
Tu gota de hiel, tu careta de gozo o de dolor en lo oscuro
son diferentes.


No me reveles tus sentimientos,
que se sobreponen al equívoco e intentan el largo viaje.
Lo que piensas y sientes, eso aún no es poesía.
No cantes tu ciudad, déjala en paz.
El canto no es el movimiento de las máquinas
ni el secreto de las cosas.
No es música oída al pasar,
rumor del mar en las calles junto a la línea de espuma.
El canto no es la naturaleza
ni los hombres en sociedad.
Para él lluvia y noche, fatiga y esperanza nada significan.
La poesía —no saques poesía de las cosas—
elude sujeto y objeto.


No dramatices, no invoques,
no indagues. No pierdas tiempo en mentir.
No te aborrezcas.
Tu yate de marfil, tu zapato de diamante,
tus mazurcas y supersticiones, tus esqueletos de familia
desaparecen en la curva del tiempo, es algo imprestable.
No arregles
tu sepultura y melancólica infancia.
No osciles entre el espejo y
la memoria que se disipa.
Si se disipó, no era poesía.
Si se partió, no era cristal.


Penetra sordamente en el reino de las palabras.
Allá están los poemas que esperan ser escritos.
Están paralizados, pero no hay desesperación,
hay calma y frescura en la superficie intacta.
Helos allí, solos, en estado de diccionario.
Convive con tus poemas antes de escribirlos.
Tenles paciencia si son oscuros. Calma, si te provocan.
Espera a que cada uno se realice y consuma
con su poder de palabra
y su poder de silencio.
No fuerces el poema a desprenderse del limbo.
No tomes del suelo el poema que se perdió.
No adules al poema. Acéptalo,
como él acepta su forma definitiva y concentrada
en el espacio.
Acércate más y contempla a las palabras.
Cada una tiene mil caras secretas bajo la cara neutra
y te pregunta, sin interés en la respuesta,
pobre o terrible que le des:
¿Trajiste la llave?


Reposa:
desiertas de melodía y concepto,
se refugian en la noche las palabras.
Todavía húmedas e impregnadas de sueño,
ruedan en un río difícil y se transforman en desprecio.


CARLOS DRUMMOND de ANDRADE, Brasil 


 


Introducción del ensayo filosófico ITINERARIOS FILOSÓFICOS DEL SIGLO XX, 2023, Gabriella Bianco, Italia

 




Introducción del ensayo filosófico de Gabriella Bianco

 ITINERARIOS FILOSÓFICOS DEL SIGLO XX, 2023

Registrar el “espíritu de los tiempos” es el tema de este ensayo filosófico, que en una serie de capítulos, encara los grandes temas del debate filosófico y social del siglo XX, la libertad, la democracia, la igualdad, la responsabilidad hacia el presente y el futuro, el feminismo, el humanismo y el posthumano, el ser y la nada… la guerra y los conflictos que no cesan de estallar en todas partes del mundo. Dividido en cuatro partes -la ética, los autores, los temas del siglo XX, sea en el debate filosófico que social en la sociedad occidental-, aparece un cuadro problemático, que no promete nada bueno, considerando los cambios climáticos que nos acosan y con la desertificación, la hambruna y la pandemia que provocan no solo las grandes catástrofes, sino las migraciones de miles de seres humanos que atraviesan los desiertos y los mares en búsqueda de un futuro posible. La sociedad humana tiene hambre y sed de justicia, de avenir y de mensajes positivos “contra el miedo”, que lleguen de la sociedad civil y de la política, que a través de la ética, de los derechos humanos, del desarme, del respeto de la vida y de la paz como bien supremo, busca una respuesta a las inquietudes del alma humana, a su anhelo de infinito y de transcendencia. En la crisis moral, ética, económica, social que vive el mundo occidental, mientras sus modelos de convivencia democrática están amenazados por los regímenes autoritarios de mitad del planeta, denunciamos no el “fin de la historia”, sino la falta de perspectivas históricas y el proliferar de conflictos -la agresión de Rusia a Ucrania ha llevado otra vez la guerra en suelo europeo - que ponen en peligro la existencia misma de la sociedad humana, en una crisis de la cual sólo entrevemos, en estos primeros veinte años del siglo XXI, las posibilidades, pero no las soluciones, que no tienen ni la filosofía, ni la política. Solo proyectando la humanidad en un futuro de paz y de convivencia, subrayando la dimensión ética y espiritual del ser humano, podemos recuperar esos valores, que justifican la existencia planetaria del ser humano, hacia un destino de esperanza, de verdad y de luz. Hoy más que nunca necesitamos ética y responsabilidad, principios y derechos, a guiarnos en un camino de justicia, libertad y paz.  

“Texto que introduce mi nuevo ensayo, que presentamos en todos los eventos: 3 de mayo de 2023: Feria internacional del libro de Buenos Aires, Sala Alejandra Pizarnik; 4 de mayo de 2023, Alianza francesa, microcentro, 11 de mayo de 2023, UdeMM (Universidad de la Marina Mercante) Buenos Aires.

Panelistas: Osvaldo Andreoli, Roman March, Lorena B. Marcos

 GABRIELLA BIANCO, ITALIA

PRESIDENTE DE ASOLAPO ITALIA


SERÁ JUSTICIA, LIANA FRIEDRICH, Rafaela, Santa Fe, Argentina

 






SERÁ JUSTICIA



Canta una avecilla perdida
en lo profundo de la selva umbría.
Es la voz de quienes fueran soterrados,
para dejar fluir su sangre
por el torrente atormentado
de la injusticia
Son quienes aún aguardan la luz
de un nuevo amanecer.
Es la anunciación del Ser,
que incentivado por el Espíritu Santo,
nos convoca a acoger
nuevamente al Rey de todos los tiempos,
por los siglos de los siglos,
Padre Eterno...
AMÉN, amén, amén

LIANA FRIEDRICH, Rafaela, Santa Fe, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 


TU VOZ NO SE ENMUDECIÓ, Maria Dolores Benítez Molina, Málaga, España

 










TU VOZ NO SE ENMUDECIÓ


A las cuatro y media tocaron las campanas en el cielo.
No se enmudeció tu voz
resuena con mayor vehemencia.
No se convirtió en hielo.
La palabra no se hizo ceniza
sino que se transformó en sustento
para aquellos
que, con el alma,
buscamos el vuelo
y no perdemos la esperanza del feliz encuentro.
Anhelabas la paz
como los buenos poetas
la convierten en su alimento.


Maria Dolores Benítez Molina, Málaga, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


SIMÓN DE CIRENE, GUILLERMO FERNÁNDEZ DEL CARPIO, Arequipa, Perú

 

SIMÓN DE CIRENE

No imaginó que llevaría en sus hombros la cruz del mismo Cristo, pero debería de suceder. No era para su entender lo que vivió hasta tiempo después. Son esos hechos humanos impensables como el misterio del universo y allí permanecen siempre.

El juicio del hombre ya fue hecho para el Hijo de Dios. Manos lavadas, conciencias oscurecidas y un pueblo dividido entre la piedad y el odio para el amanecer del día en que Dios murió. No se sabe que día exactamente fue. Se recuerda un viernes, pero Dios muere un poco cada día ante la humanidad indolente.

Cirene, despertó aquel día con el bullicio inevitable en todo el pueblo. Su corazón le presagiaba dolor. Esperó que saliera el sol para ir a ver lo que sucedía.

Cristo ya fue burlado por Herodes sin dejar de decir que Él era el Hijo del Altísimo. Dios ya iba muriendo ante la incredulidad, pero su mirada no moría. Juan, el apóstol joven lo seguía a donde lo llevaban junto a María. Ella sabía que estaría frente a su Hijo clavado en una cruz.

Cirene observaba detenidamente lo que sucedía, percibía el odio romano y llegó a presenciar el juicio de Pilatos. Su alma estaba conmovida por ver a quien había escuchado muchas veces. Vino a su memoria la parábola del hijo pródigo y el milagro de la multiplicación. Vio a un Cristo sólo y el dolor en su corazón no dejaba de existir. No creía lo que veía, mientras las profecías se iban cumpliendo. Lo escrito estaba sucediendo y el día había llegado para Dios y el mundo.

La sangre se derramaría en el camino que lo llevaría al Gólgota. Empezó el flagelo y Cirene derramó algunas lágrimas; porque, aunque la humanidad perdió su ser, mucha gente sintió compasión por el Hijo del Altísimo. Pero, era mayor la compasión de Cristo por el hombre.

Acercándose el mediodía, el llamado hijo del carpintero tomó su cruz y Cirene al ver aquello volvió a llorar. Presagiaba con mayor fuerza que algo le sucedería y todo lo que acontecía era único para la historia y la eternidad. Cirene vio que María limpiaba la sangre, nuestra sangre y era testigo del silencio, del llanto, la crueldad y el valor de un hombre, que dijo ser también Dios.

Fue uno de esos setenta y dos discípulos que escucharon parábolas de vida, que muchas veces no se entendían. Vaya paradoja: Una parábola está hecha para ser que lo relatado sea más comprensible, pero el mensaje no cumplía en muchos su cometido, porque su alma estaba del todo obnubilada.

Cristo cae por primera vez y Cirene ve a María caer también. Cae por segunda vez y ve más llanto y burla. Cae por tercera vez y pide piedad para aquel hombre. Un soldado romano le obliga a que lo ayude. Primero se niega, por el temor a ser visto como un ladrón. El milagro sucede y Cirene decide cargar la cruz. Al escribir estas líneas me preguntaba si de estar allí: ¿Qué hubiese hecho? ¿Negarlo? ¿Hubiese cargado el madero del mismo Dios? Esta respuesta la tendré el día de mi muerte. Cirene tuvo su respuesta al mirar al Salvador y cargar la cruz con Él hasta el inevitable Calvario.

Cirene con este hecho de amor cambia los evangelios, la historia, nuestras vidas, su propia vida, porque demuestra que una parte de la humanidad sabe tomar su cruz. Sí hubo un hombre sencillo, afable y griego, que tomó la misma cruz del mismo Dios. La piedad del hombre hacia su propio Creador, así determinó Dios que fuese su agonía.

El camino hacia El Calvario era el recorrido de la vida en el tal Simón. Mientras estaba al lado de Cristo recordaba su existencia, por instantes imaginaba que lo vería en pocos años otra vez, en aquella promesa de eternidad. Sus brazos se quebraban de dolor y María lo vio y lo reconoció, Cada paso era una letra escrita de la pasión por los hagiógrafos y una letra de mi vida que aún no descifro.

Las profecías dejaban de ser y se convertían en hecho, para luego ser toda escritura que se plasmaría en cuatro evangelios, los cuales son el sentido de la vida de Dios en la tierra y el sentido del ser del hombre. Cada destino que tiene la vida de cada uno, está escrito en varios lugares de los evangelios o en una frase de ellos; pero ya está escrita nuestra vida. Cirene quedó grabado en pocos capítulos y versículos, que resumen lo que vivió antes de que Dios muriera en su creación.

Creo en mi certeza que ese día, junto al nacimiento del Salvador, son los más importantes para la historia de esta humanidad. En uno de esos días se hace hombre y en el otro muere el mismo hombre, muere Dios.

El Gólgota se hacía más cercano, llegaba la hora, el instante, el dolor, la crucifixión, la última gota de sangre, la última palabra, el último aliento,….Dios lo escogió a Cirene, nunca sabremos el por qué.

Ya llegando al Gólgota, Cristo lo miró por última vez. Ambos dejaron la cruz y cada clavo era el silencio indolente del mundo ante la muerte de su Creador. Cirene fue empujado y en sus ropas estaba la sangre derramada. Seguía sin entender todo lo que estaba aconteciendo.

Pensó en regresar a casa, pero decidió alejarse un poco y entre la muchedumbre fue escuchando siete frases. ¡Padre, perdónalos, porque… y le pidió perdón al mismo Dios, ¡Tengo sed¡ y miró su propia pobreza, la del alma, ¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu¡ y en medio que la tierra tembló fuertemente, este mundo indolente más de una vez giró. Cirene frente a la cruz se entregó arrodillado y triste.

Sí hubo un hombre sencillo, afable, griego, también carpintero y muy desconocido en el tiempo, que tomó la misma cruz del mismo Dios. Hombre lleno de virtudes, al cual con esta soledad de líneas le estoy agradecido.

Cirene ya de niño creía en las profecías. Sus padres le enseñaron a hacer arte con la madera y leía por las noches filosofía, especialmente platónica. Admiraba la biografía y el saber de Sócrates. Solía andar por las calles empedradas y se sentaba a meditar las escrituras.

Se casó muy joven, tuvo dos hijos. Uno llevó su nombre y la menor se llamó Rocío, a quienes les enseñó a hacer andamios y las profecías.  En su vida conjugó la lectura, la fe y el oficio de la carpintería.

Recordaba siempre los sucesos de aquel día, desde el momento en que el soldado romano lo obligó a cargar el madero de Cristo. No dudó en hacerlo. Tenía en su mente los ojos misericordiosos de Cristo, quien le dijo” Esta cruz no es tuya”. Cirene le respondió: “También es mía Señor”.

Fue feliz junto a su familia, fabricaba cruces para venderlas en Pascua y otros las regalaba, porque se consideraba un apóstol. Rezaba por las noches ante un crucifijo que tenía la sangre de Dios.

Se dedicada a predicar el evangelio en las sinagogas. Conoció especialmente a Simón Pedro, Juan, Felipe, Santiago y Tomás, el incrédulo. Se reunía con ellos para orar. Ante la Virgen María, se arrodilló y le dijo: “Bendita eres, bella doncella”. A los pocos días volvió a ver a Cristo, su alma se conturbó.

Solía recorrer algunas tardes el camino hacia el Gólgota. En aquel calvario rezaba, leía, escribía su nombre en la tierra y dejaba una cruz.

Murió con más de ochenta años un viernes entre la hora sexta y nona. Aquel día se nubló el cielo, cuando fue enterrado en el Gólgota, como fue su mayor deseo.

Sí hubo un hombre sencillo, afable, griego, también carpintero y muy desconocido en el tiempo, que tomó la misma cruz del mismo Dios.

De mi libro Mis historias Posibles

 GUILLERMO FERNÁNDEZ DEL CARPIO, Arequipa, Perú

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


sábado, 6 de mayo de 2023

EL ADIÓS, Belisario Roldán, Buenos Aires, Argentina

 











EL ADIÓS


Y bien, compañera, ha llegado el día
el día y la hora del último beso...
Nada de sollozos, ¡no caigas en eso!
Tienen estos trances su melancolía;
pero hay que ser fuertes, como te decía
ayer por la noche, mi mejor amigo...
Toma tu sombrero, toma tu manchón,
y arrópate bien... aquí está el abrigo,
hay un frío afuera y una cerrazón...
Echemos con calma la llave al romance;
era tiempo ya de ponerle fin,
no hay sueños eternos ni rosa que alcance
a adornar por siempre la paz de un jardín.
Yo... recobro toda mi soberanía,
tú recobras toda la gran libertad;
y no podrá el tiempo, ni la lejanía,
ni las nuevas cosas, ni mi soledad,
borrar el perfume del idilio grave,
los buenos amigos me hablarán de ti;
"Sigue tan hermosa, tan fina, tan suave;
ayer, casualmente, de tarde, la vi..."
Y yo sonreiré con cierta ternura
y un gesto muy vago, como paternal,
mientras los recuerdos harán su conjura
trayéndome en brazos tu carita oval,
tus ojos, tus gracias y tus ardimientos
Se puede, ¡que diablos!, vivir otra vez,
a pura memoria los buenos momentos.
El amor, querida, igual que el ciprés
conoce el secreto del verdor eterno,
así, cuando partas dentro de un instante,
cuando en este día brumoso de invierno
transponga esa puerta tu gracia fragante
para no volver, simultáneamente
irás avanzando sobre mi pasado;
y yo te aseguro que entrarás de frente,
reina y soberana, al templo sagrado...
espués, algún día -un día cualquiera-
sin haberlo el uno ni el otro deseado,
nos sorprenderemos, buena compañera...
y en el bosque alegre, o en el cabaret,
del brazo de un hombre distinto de mí,
más linda que nunca te reencontraré
y un poco del duelo que palpita aquí
nublará de golpe tu faz y la mía
desplegando un punto sobre nuestra frente
sus dos grandes alas... la melancolía...
Y al volver a casa, displicentemente,
evocando tiempos que fueron hermosos,
mientras me despojo del gabán y tiro,
sin saber adonde, los guantes rugosos,
llenaré la alcoba con un gran suspiro...
No llores querida...No hay por qué llorar.
Arréglate el pelo, toma tu manchón,
la cartera de oro, la piel de renard.
Hay un frío afuera y una cerrazón.

 

BELISARIO ROLDÁN, Argentina

Nacimiento: 16 de septiembre de 1873, Buenos Aires

Fallecimiento: 17 de agosto de 1922, Alta Gracia


USTED ENTIENDE? , Jaime Vélez Ramírez, Medellín, Colombia

 









USTED ENTIENDE? 

Ninguna religión pudo explicarlo
que el orden universal establecido,
que la justicia, el amor y el nido.

A don Francisco la vida le llenó la bolsa,
nació rico y brillante y así murió;
el pobre Pacho nació sin nada y así murió.

Don Francisco fue feliz, lo tuvo todo,
tranquilidad, hogar e inteligencia;
el otro vivió su dolor y la indigencia.

Al ‘bueno’ lo quisieron mucho
su familia, su mujer, sus hijos;
el ‘malo’ de Pacho nunca tuvo amores fijos.

El ‘bueno’ tuvo poder, seguridad,
protección si fue a la clínica;
Pacho tuvo una vida miserable y cínica.

Don Francisco, restaurantes, carros,
placeres, vida alegre;
el otro ni siquiera tuvo albergue.

Muy fina, de marca fue su ropa,
largos al exterior fueron sus viajes;
Pacho jamás en su vida tuvo trajes.

Un día ambos murieron,
de infarto don Francisco y se fue al cielo,
de cáncer doloroso el pobre Pacho

y dicen por ahí se fue al infierno.
Por don Francisco hubo misas y rezos aquí y el extranjero,
pues haciendo bien las cuentas, había sido un buen viajero,
pero por el ‘malvado´ Pacho, ni una oración hubo siquiera,
ni una tumba que pastor alguno bendijera.

Diciembre 6 de 1996


Jaime Vélez Ramírez, Medellín, Colombia

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


TE QUIERO, Olga Hernández Osorio, Medellín, Colombia

 










TE QUIERO



Te quiero por siempre unido a mi regazo,
en las noches frías y en el cálido verano,
en la mañana primaveral, en el ocaso,
con las estrellas, los luceros y el arcano.

Te quiero haciendo el amor a cada paso,
con la ventisca del río, en cualquier nevada,
caminar contigo con tu amoroso abrazo,
contando con la luz ardiente de tu mirada

Te quiero despierto y en mi sueño halado,
entre las sábanas, con un abrazo inmenso,
siempre junto a mi cuerpo unido entrelazado,
disfrutar tu calor cual arrobado incienso.

Te quiero con el tímido arrullo del alma,
bajo el terciopelo gris de tu mirada,
en mis horas tristes y de apacible calma,
allá en la distancia lejana y callada.

Te quiero en cada vacío del horizonte,
tendido en la arena con las amapolas,
haciendo bello el amor a cada instante,
para no naufragar jamás bajo las olas.

Febrero 01 de 2020

Olga Hernández Osorio, Medellín, Colombia

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


ACERCA DE LA “COCINA” DE UN POEMA – Luis Alposta – Buenos Aires, Argentina

 









Edgard Allan Poe


ACERCA DE LA “COCINA” DE UN POEMA 

 ELa Filosofía de la Composición, Edgard Allan Poe nos explica cómo escribió su poema “El Cuervo”. 

La consideración inicial fue no pasarse de las cien líneas y tratar de elegir la impresión o el efecto que el poema habría de producir. 

Después de considerar que la belleza es el único dominio legítimo, su preocupación se orientó hacia la búsqueda de un tono adecuado, llegando a la conclusión de que éste era el de la tristeza y la melancolía. Luego pensó en algo que, con sentido teatral, pudiera servirle como idea fundamental en la construcción del poema. De inmediato se dio cuenta de que lo más efectivo para tal fin era el uso continuo y monótono de un estribillo. Y el primero que se le ocurrió encerraba, además, una sentencia: ¡Nunca más! Y ese ¡Nunca más! tenía que estar en boca de una criatura no razonable, pero capaz de hablar. Pensó entonces en un loro, al que inmediatamente reemplazó por un cuervo, pájaro que siendo igualmente capaz de hablar iba más en consonancia con el tono elegido. 

Ahora, en tren de explicar cómo escribí  "... que te sacarán los ojos" (diciembre de 1979), sólo diré que me propuse no pasar de los diez versos y crear una nueva forma estrófica que no registrase antecedentes. Una "décima asonetada", separada en estrofas de 4, 3 y 3. Y es esta:

 



QUE TE SACARÁN LOS OJOS

Yo también tengo un cuervo en la sabiola
revoloteando en ella noche y día;
que cada tanto y sin pasarme bola
me dicta alguna negra poesía.

Lo crié de pichón. ¡Flor de gilastro!
Y ya ves... hoy, metido a poetastro,
le pido en verso que me deje en paz.

Y el muy turro, creyéndose Allan Poe,
abre el pico, sabiendo que me jode,
para sólo decirme: - ¡Nunca más!


LUIS ALPOSTA, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA


EL PERDÓN, Yamandú Rodríguez, poeta, dramaturgo y narrador uruguayo

 











EL PERDÓN

 

Son las cinco de la tarde en un pago de leyenda.
A estas horas el ombú, se saca el poncho violeta
y lo tiende sobre el suelo curtido de la tranquera.
No pasa una virazón.
El patio se recalienta
con un brasero ‘e malvones, prendido no bien clarea,
a donde las ponedoras van a pintarse las crestas
y casi siempre murmuran su rosario las abejas.
El rancho es de palo a pique.
Parece que jué carreta;
porque entuavía se ven entre los yuyos dos ruedas:
una es la boca del pozo y la otra, la manguera.
Dicen que todo era dulce: el agua, el techo y la dueña,
una viejita muy blanca, que dejó viuda la guerra
con cuatro hijos varones…y se echó esa cruz a cuesta.
Sus manos son un milagro de amor, porque sale de ellas
tierno el pan del amasijo, tibia la leche que ordeña,
blanco de espuma el mantel en el altar de la mesa,
donde esas manos bendicen la caridad de la cena
con la hostia de la luna azulando la cumbrera.
Esas manos día a día, sacan calor de la rueca,
pa’ antibiar cuatro pichones que desplumó la pobreza.
Y esas manos de la madre, con diez palitos sin juerza,
van haciendo cuatro gauchos a rigor de potro y sierra.
Si alguna vez se enojaba con un gurí, siempre ella,
antes de cerrar la noche, le dio la mano derecha
para que él se la besara con un “¡perdoname vieja!”
Nunca se pudo dormir con un hijo en penitencia.
Y esa tarde, el más muchacho, estando solo con ella,
olvida la ley de Dios, levanta un puño y golpea
el pecho de aquella madre, que es un santa de güeña.
A’i no más monta a caballo dejándola cáida en tierra.
Y a la oración, cuando güelven los cuatro para la cena,
está el fogón apagao y hay un frío de tapera…
-¡Mama!- Naide responde.
Temblando ya, la campean.
Como buscan a la altura del corazón, no la encuentran;
porque la madre está allí, pero sobre el piso: muerta.
Los cuatro mozos de luto, al campo santo la llevan.
Pesaba tan poco en vida…y aura no pueden con ella.
Doblan por las cuatro puntas aquél pañuelo de tierra…
Caian unas flores de yuyos…se santiguan…y la dejan.
Al otro día un vecino, al pasar por allí cerca,
avisa que a la finada le quedó una mano ajuera.
¡Cómo! Se miran los cuatro y ninguno malicea,
güelven, le cubren la mano y pa’ mejor protejerla
Rodean la sepultura con un corralito ‘e piedra.
Y la misma tarde, un hombre que cruza con su caballo
les dice que vio la mano otra vez a flor de tierra…
Entonces, al más muchacho, le habló al ‘oido la conciencia;
porque se puso ‘e rodillas en el corralito ´e piedra,
bajó la frente y llorando, pa´ que la madre l´ oyera,
como cuando jué gurí, dijo: “Perdoname, vieja”.
Cubrió de besos la mano…después la cubrió de tierra…
Y como salía solo pa´perdonar la ofensa,
dende la tarde del beso ya descansó bajo tierra…
Y naides más vio la mano de la madrecita güena,
que nunca pudo dormir con un hijo en penitencia.


Yamandú Rodríguez, poeta, dramaturgo y narrador uruguayo