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domingo, 31 de julio de 2022

SOY NEGRO, ADY YAGUR, poeta argentino desde Israel

 










SOY NEGRO

 

Soy negro de nacimiento

mis lágrimas son de pena,

canto a la noche sin luna

porque se parece a mi piel.

 

Tallos verdes de esperanza

el jardin se vitste de aromas,

con  trinos  suaves en cimas

que tambien acarician mi ser.

 

Soy negro de piel brillante

mis padres lo son también,

a veces trabajan denoche 

otras cuando el sol  asoma

  

Negrito  llamaba mi madre  

eres mi orgullo me decia,

ve a dormir te lo ruego 

que la luna pinta de blanco..

 

 Algunos a veces insultan

gritando mi color negro,

pero siempre yo pregono 

con orgullo quién  soy.

 

 Mi madre entre bellos sueños

despertaba mirando mariposas,

ella decia que todo en la vida 

siempre depende  de ser libre..

 

ADY YAGUR, poeta argentino desde Israel

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


AL CALOR DE TU RECUERDO, ©FAVIO ANDRÉS CEBALLOS, Baigorria, Santa Fe

 


AL CALOR DE TU RECUERDO 


Otra vez tu recuerdo

acechando en el fuego.

Mis ojos se clavaron en los leños

y un signo ha secuestrado mi alma

hacía aquel tiempo.

Miro las llamas 

del otrora nuestro: 

el hogar de los destellos, 

el ahora en la pantalla viva

y  nuestra historia

ardiendo en silencio.

La fría noche ha intentado

apagar el sentimiento

pero mi mano subyugada insomne 

siguió arrojando leños y recuerdos.

La flama tiene el ondular de sus cabellos 

¡Oh, alma, vuelve aquí,

al frío de mi cuerpo!

¡No sigas buscando en las cenizas!

¿No entiendes que ella ha muerto?

¡Oh alma!, ¡te lo ordeno!...

En espíritu piadoso río y duermo.



Amanece y el sol en la ventana

desvanece el sueño.

Cenizas de cartas y cuadernos 

se mezclan con otro recuerdo, 

se esparcen por el suelo…

su foto y el anillo

se salvaron del incendio.

¡Oh Dios estoy solo! 

y mi alma inventamundos

aún cree oírla 

en los susurros del viento.


©FAVIO ANDRÉS CEBALLOS, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

desde Baigorria ciudad de Poetas sobre el río Paraná


VER LA LUZ, ©Elias Galati, Buenos Aires, argentina

 




VER LA LUZ


Hay un momento en nuestra existencia, en que comprendemos de repente una situación o una realidad, que se nos ha mostrado permanentemente durante mucho tiempo, pero pasaba inadvertida. Ese momento se conoce en la filosofía alemana como la intuición del “ajá”, como que en un momento se revela a nuestra entender, como si se develara aquello que lo cubre y nuestra mente lo comprendiera.

He tenido una experiencia personal al respecto; durante años escuché y vi La Flauta Mágica de Mozart y nunca reparé en el manifiesto de Sarastro que dice “el amor verdadero entre dos seres es el origen de la sabiduría”.

En el contexto de la ópera y de la música, devino inadvertido, hasta que un día se me reveló una realidad inconmensurable, que unía el amor con el saber, que era la relación existencial elemental, y comencé a entender no sólo el libreto de la ópera sino también la música que lo acompañaba, cuyos acordes iban en consonancia con esa relación.

En nuestra vida y en la de todos los hombres asumimos varios roles, y nuestra existencia comprende muchas rutinas, que ya casi son automáticas.

Las hacemos casi sin pensar y son consecuencia de nuestra formación, nuestra cultura y nuestras elecciones.

Dentro de ellas se deslizan conceptos, que ni siquiera evaluamos, y algunos pueden estar en colisión con lo pensamos, con lo que somos y queremos, pero dada su condición casi automática no nos damos cuenta.

Sucede con las personas, con las cosas y con las relaciones.

Las aceptamos, obramos en consecuencia sin analizar ni pensar en profundidad su valoración y su conveniencia.

Es como el cuento de los 7 monos, si siempre se hizo así, para que vamos a cambiar.

En realidad inconscientemente nos sentimos cómodos, porque sabemos que hacer de antemano, y no debemos juzgar, ni ser juzgado, porque es algo que rutinariamente se ha hecho y se hará siempre.

Hasta que un día llega el momento del “ajá”, se quitan los velos de la situación y la vemos tal cual es, y es posible que no nos guste, que hasta nos espante o que nos remita a sentirnos culpables y tontos de haberla aceptado tanto tiempo.

Mi vida personal, familiar, social, política y cultural está llena de estos automatismos, que refrendamos todos los días.

Pero la realidad es una, y a veces como una pared, se nos estrella en la cara.

Cuando eso sucede quedamos descolocados, nos sentimos desprotegidos y

solos, y tenemos que evaluar, juzgar y actuar.

Hay dos caminos, el de los necios que pretenden creer que la realidad está equivocada, y que es su reflejo y su idea de la misma, la que debe prevalecer, y obran en consecuencia repitiendo y equivocando el camino y la del hombre que cree en su finitud, en sus errores, en la posibilidad de mejorar, y que comprende que está equivocado y debe cambiar.

En realidad somos artífices de nuestro destino, y responsables de nuestra existencia.

Si hemos llegado hasta aquí es porque hemos elegido este camino, y porque hemos empleado los medios que elegimos para lograrlo.

Culpar a otros de nuestro destino, es signo de impotencia y carencia de aptitudes.

Permanecer en el error, redoblar la apuesta, e intentar desafiar la realidad, es signo de una pobreza existencial e intelectual rayana en la estupidez.

¿Qué hacer cuando se nos revela la realidad y se nos muestra la verdad?

Debemos poner en crisis nuestro pensamiento y juzgar la validez de nuestras acciones y de nuestro comportamiento.

Para ello es necesario valorar y comprender con exactitud cual es la verdad en la que descansa nuestra rutina existencial.

Somos libres, tanto de haber elegido este camino, de haber llegado a esta situación, como de aceptar el error y cambiarla para bien nuestro y de nuestros hermanos.

Haberse encontrado con la verdad desnuda, con la realidad real, es ponerse enfrente de uno mismo, evaluar su vida, el camino recorrido y aceptar erroresy aciertos.

Es enfrentar la luz, después de estar en tinieblas.

El problema es que debemos tener la capacidad de poder percibirla, como si nuestros ojos se debieran acostumbrar a la armoniosa luminosidad de la verdad, y de lo que es real.

Es hacer el mea culpa, despojado de cualquier aditamento; nosotros juzgándonos a nosotros sin condición.

Hay mucho de humildad, de sencillez, de misericordia en este recorrido, pero también de tenacidad, de equilibrio, de justicia y de armonía.

 

©Elias Galati, Buenos Aires, argentina


sábado, 23 de julio de 2022

BAJO TIERRA ESTARÁS, SAFO, poeta griega

 








BAJO TIERRA ESTARÁS


Bajo tierra estarás,
nunca de ti,
muerta, memoria habrá

ni añoranza; que a ti
de este rosal
nada las Musas dan;

ignorada también,
tú marcharás
a esa infernal mansión,

y volando errarás,
siempre sin luz,
junto a los muertos tú.

 

SAFO, poeta griega

Safo de Mitilene, también conocida como Safo de Lesbos o simplemente Safo, fue una poeta griega de la época arcaica. Más tarde los comentaristas griegos la incluyeron en la lista de los «nueve poetas líricos». Platón la catalogó como "la décima Musa".​ 

Lugar de nacimiento: Lesbos, Grecia, 650/610 ac

Lugar de la muerte: Léucade, Grecia, 580 ac

WIKIPEDIA


AGUJAS DEL TIEMPO, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 



LUIS ALPOSTA, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

LA COPA, Leopoldo Díaz, poeta argentino - (Chivilcoy, Argentina, 1862 – Buenos Aires, 1947)

 











LA COPA


Burila de ancha copa sobre metal sonoro
con lenta y dócil mano, triunfal alegoría:
una danza de Ménades -una blanca theoría
de vírgenes- o Europa robada por el Toro.

Un delicado símbolo graba en sus flancos de oro
para que el labio colme su sed en la alegría,
y la visión ahuyente de la melancolía
como de dulces flautas el invisible coro…

Con grácil movimiento de lánguidas sirenas
inclinarán el cuello las ánforas de Athenas
sobre la esbelta copa que cinceló tu mano.

Se escucharán los himnos de los vendimiadores,
y las agrestes ninfas deshojarán sus flores
sobre la cabellera de Anacreonte anciano.


Leopoldo Díaz, poeta argentino

 (Chivilcoy, Argentina, 1862 – Buenos Aires, 1947)


Sobre las ruinas, Arturo Capdevila, Córdoba en 1889 / Buenos Aires en 1967.

 









Sobre las ruinas

Ayer pasó la muerte por mi casa...
Se hizo una noche solitaria en torno,
y en medio de las sombras de la noche,
se hacinaron escombros sobre escombros.

El isócromo golpe de las picas
desmoronó el hogar. Así fue cómo
se desplomaron los antiguos muros,
y hoy ya no son más que ceniza y polvo.

Un agrio ruido de hachas rechinaba
en el huerto infeliz. Tronco por tronco,
los árboles cayeron en un vasto
montón sobrío de ramajes rotos.

Noctívagos murciélagos, rondando
por el húmedo ambiente borrascoso,
con sus alas de trapa y de tiniebla
marcaban el compás de mis sollozos.

Unos búhos graznaban en la sombra...
Transido de terror, clamé socorro...
Dos búhos de la sombra me escucharon...
Se asentaron los dos sobre mis hombros.

Desde entonces, de pie sobre las ruinas,
a los recuerdos del ayer me acorro;
y cuando nadie mis angustias sabe,
doblo la frente, y por mis padres lloro.

Arturo Capdevila, poeta, escritor e historiador argentino nacido en Córdoba en 1889 y fallecido en Buenos Aires en 1967.


Para este día, Olga Orozco, poeta argentina

 







Para este día


Reconozco esta hora.
Es esa que solía llegar enmascarada entre los pliegues de otras horas;
la que de pronto comenzaba a surgir como un oscuro arcángel detrás de la neblina
haciendo retroceder mis bosques encantados,
mis rituales de amor, mi fiesta en la indolencia,
con sólo trazar un signo en el silencio,
con sólo cortar el aire con su mano.
Esa, la de mirada como un vuelo de cuervo y pasos fantasmales,
que venía de lejos con su manto de viaje y las mejillas escarchadas,
y se iba bajando la cabeza, de nuevo hasta tan lejos
que yo buscaba en vano la huella del carruaje en el pasado.
Hora desencarnada,
color de amnesia como dibujada en el vacío del azogue,
igual que una traslúcida figura enviada desde un retablo del olvido.
¿Y era su propio heraldo,
el fondo que se asoma hasta la superficie de la copa,
la anunciación de dar a luz las sombras?
No supe descifrar su profecía,
ese susurro de aguas estancadas que destilan a veces los crepúsculos,
ni logré comprender el torbellino de plumas grises con que me aspiraba
desde un claro de ayer hasta un vago anfiteatro iluminado por lluvias y por lunas,
allá, entre los ventisqueros del irreconocible porvenir;
aquí, donde ahora se instala, maciza como el demonio del advenimiento,
en su sitial de honor en medio de la asamblea de otras horas, pálidas, transparentes,
y me dice que mis bosques son luces extinguidas y aves embalsamadas,
que mi amor era erróneo, como un espejo que se contempla en otro espejo,
que mi fiesta es un cielo replegado en el sudario de mis muertos.
Y se queda esta vez, sin bajar la cabeza.

Olga Orozco, poeta argentina

17 de marzo de 1920, Toay, La Pampa

15 de agosto de 1999, Buenos Aires


A UN OLMO SECO, ANTONIO MACHADO, 26 de julio de 1875, Sevilla, España / 22 de febrero de 1939, Colliure, Francia,

 







A UN OLMO SECO,

 

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.


¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.


No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.


Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.


Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas de alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,

otro milagro de la primavera.


ANTONIO MACHADO, España

26 de julio de 1875, Sevilla, España / 22 de febrero de 1939, Colliure, Francia, Wikipedia


LA GENEROSIDAD, (algunos aspectos), SALOMÉ MOLTÓ, Alcoy, Alicante, España

 



LA GENEROSIDAD, (algunos aspectos)

  

Dice el proverbio que la generosidad bien entendida empieza por uno mismo, posiblemente sea verdad, sobre todo, cuando buscamos un equilibrio social, y nuestra posición en ella.

Meditando un poco habría que buscar en este noble sentimiento algunas connotaciones que le añaden valor y otras que se lo restan.Como instinto, la generosidad, es algo que aflora en las relaciones humanas cuando se observa algún que otro motivo de injusticia; este es el motor que la pone en marcha; querer subsanar una injusticia cuando detectamos que alguien no goza de un bien universal como es la justicia, la equidad, la igualdad, cualidades éstas, que a fin de cuentas son matices de un mismo aspecto, el sentir humano de solidaridad hacia los demás.También puede tratarse de una disposición personal, e incluso un medio de afirmar el ego de cada cual.

Ejercer la generosidad es una labor delicada que requiere mesura, razón y sobretodo, oportunidad.

El que ofrece sin medida puede causar dos resultados diferentes y diferenciados: herir la sensibilidad del receptor, ya que éste puede interpretar que se menoscaba su valía, o bien empujarlo a una comodidad superficial que limita su reacción ante la adversidad y obstruye su capacidad para hacer frente a los problemas, que sin duda la vida presenta.

Frecuentemente la generosidad se convierte en invasión del terreno ajeno, de lo personal del otro, donde no vale ni la espontaneidad ni la abundancia. Se impone, más bien, el ser comedido y discreto. Practiquémosla en la intimidad, sin luces ni taquígrafos, con suavidad y con compostura y sin retención de memoria, porque nunca pasaremos factura de un acto de generosidad a menos que queramos frustrarlo, para convertirlo en mera especulación.

Los que pueden dar y lo hacen deberían reflexionar antes, hasta donde les lleva su actitud, ya que, se puede nutrir al aprovechado, al oportunista en vez de ayudar al necesitado.

Leí en un artículo de “Cenit”, una hermosa expresión, que según su autor la escribió Alberto Carsi Lacase, cuñado de V. Blásco Ibañez, decía así: ”El agua es la única divinidad que vemos bajar del cielo”. Viene a colación por esa disposición que mucha gente viene esperando resolver sus problemas económicos por la “generosidad divina”, por los juegos de azar, loterías, boletos de múltiples rifas. Se sigue esperando una generosidad y la unimos a una fantasía creciente, a un capricho del destino.

En las familias es frecuente comprobar que no todos son generosos con los demás y es a menudo la madre la que está en mejor disposición para darlo todo por los otros, no sólo en lo material, también en lo moral, en sacrificio, en lo que sea.. Otras veces es el padre, que después de muchas horas de trabajo sólo lleva en su pensamiento qué ofrecer a los suyos para que no carezcan de nada

La generosidad puede ser, y a veces, lo es un “parche” necesario de una sociedad en evolución, ya que si justicia hubiere la generosidad estaría demás.

 

SALOMÉ MOLTÓ, Alcoy, Alicante, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA