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sábado, 28 de mayo de 2022

LLORAR LA CARTA Y/O HACER EL VERSO, César Tamborini Duca, León, España

 



LLORAR  LA  CARTA  Y/O  HACER  EL  VERSO

 

El METAVERSO y su simbología lingüística

Creo que desde el punto de vista lingüístico se realizó una conjunción o acople de dos palabras, que si las separamos alcanzarían una comprensión más fácil para los lectores. Veamos: META VERSO. Entonces lo que nos queda, es averiguar lo que significa un “verso” aunque no en el sentido poético. Claro que debemos contemplar también el posible error (por solamente una letra) en la escritura, siendo MEGAVERSO lo que nos quisieron transmitir. Veamos en qué consiste “hacer el verso”, muy emparentado con “llorar la carta”:

LLORAR LA CARTA (o… HACER EL VERSO)

Cuando en la R. Argentina utilizamos la expresión “hacer el verso” no estamos señalando una posibilidad poética que integraría una estrofa, mas bien se está indicando una actitud similar a “llorar la carta”. Pero ¿qué significa?

Consiste en utilizar una excusa, mas o menos pueril, para obtener un beneficio o liberarse de una obligación. En realidad es fácil imaginar ejemplos de “hacer el verso”

Nos enteramos que el Profesor tomará un examen para el que no estamos preparados, lo esperamos en la puerta para abordarlo antes de su entrada al aula y le exponemos que, porque estuvimos enfermos o lo está alguien en la casa se produjo una situación que nos impidió prepararnos, por eso solicitamos que nos permita postergar el examen.

Está el caso del obrero o empleado, al que observan sus compañeros que está hablando con su Jefe en la oficina y comentan entre ellos: Perico “le está haciendo el verso” al Jefe, le está pidiendo un aumento con la excusa del nacimiento de un nuevo vástago que le supone incrementar sus gastos. O aquél que para liberarse del esfuerzo que significa descargar a hombros de un camión bolsas de escayola (yeso), argumenta al capataz una reciente cirugía que le impide hacer ese trabajo.

Otro caso sería el de un Empresario dirigiéndose al Director de la Sucursal Bancaria para que le aumente su crédito, o la posibilidad de girar en descubierto dada la apremiante situación de la industria y el comercio a causa de una crisis, como ocurrió con la crisis financiera del año 2008, o posteriormente con la del Covid 19. También el cliente del almacén del barrio donde compra fiado, y le pide al dueño lo espere una semana más porque aún no cobró su sueldo; y un largo etcétera.

¿Y el “METAVERSO”? Ah, es muy de actualidad desde que Mark Zuckerberg cambió el nombre de “Facebook” por “Meta”. Para seguir haciéndonos el verso, digamos. La cuestión es que se venden terrenos virtuales y hasta mansiones digitales. En qué consiste es muy difícil de comprender, pero mi opinión personal, es un verson  (es decir: verso a la enésima potencia ¡cuidado!). Tal vez se trata de un error lingüístico, en una sola letra; es posible se pretendiera denominar “megaverso” ¿Y cuál puede resultar un “megaverso”? Sí señores, posiblemente lo que están pensando: el mercado de las “CRIPTOMONEDAS”.

En eso del “metaverso” también debemos tener en cuenta el verso que nos hacen sobre la seguridad de lo que escribimos en nuestro PC. Porque lo hacemos muy confiados que no nos espían por sobre el hombro; craso error y ¡qué cosa extraordinaria! Escribía a un amigo, y entre otras cosas le decía “te adjunto el soneto que me envió fulano” y se lo escribí a continuación.

El sistema “leyó”, se enteró que yo le adjuntaba. Y como no había un adjunto al uso (de internet) me dijo en una de sus famosas y fastidiantes ventanitas: “Está por enviarlo sin agregar el adjunto”. ¿Esto no les dice nada?

Y el mismo día, editando para mi Revista el artículo en lunfardo enviado por un amigo, y que por tal motivo contenía palabras en italiano, mientras lo preparaba apareció una ventana en la que me advertían esa circunstancia, por si debía realizar la traducción.

¡Qué me Contursi! O ¿Quí-mi-cointas? Utilizando porteñas exclamaciones tangueras, o de los paisanos de Gerchunoff. Estamos totalmente controlados en todos nuestros movimientos.

En realidad por culpa del METAVERSO me fui por las ramas de lo que fue mi intención original, dar a conocer el significado de “llorar la carta” o “hacer el verso”. Me disculpo y ahora doy término a lo que había explicado al principio.

El tango no podía estar ausente en estas vivencias, y tenemos un par de ejemplos (en realidad, hay muchos): Esa mujer que en el trance de ser abandonada por su compañero le expone todo lo que ella hizo por él, ablandando su corazón hasta hacerlo “llorar como una mujer” (tango “Lloró como una mujer” cuya letra pertenece a Celedonio Flores). El tango “Recordándote” de José Pedro de Grandis lo menciona explícitamente en uno de sus versos: …”se acabaron las verseadas de mi numen peregrino”…

Otro tango se llama precisamente “Llorando la carta” y su letra y música pertenece a Juan Fulginiti: ...”Al amigo y al extraño fui mostrándole la hilacha, / les lloré tanta miseria sin hacerles comprender / que pedía por el hecho de quebrar la mala racha / que a mi lado la desgracia te hizo un día conocer”... Podemos escucharlo en la voz de Enrique Campos con la orquesta de Francisco Rotundo:

https://www.youtube.com/watch?v=o76aaCCTevc

También está la versión ¡excelente!  de Julio Sosa

La cuestión ahora para mí, consiste en cómo llorar la carta (o hacer el verso) a mis lectores para darles un ejemplo personal. ¡Ah, ya sé!:

Queridos lectores, les ruego me disculpen si cometo faltas gramaticales u ortográficas, tengan en cuenta que con los años disminuyó mi capacidad visual y eso me obliga a una mayor concentración en el teclado que me desconcentra y me hace cometer errores al teclear.

 

César J. Tamborini Duca, León, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


“EL LIBERTADOR”, CARLOS RODOLFO ASCENCIO BARILLAS POETA Y ESCRITOR SALVADOREÑO

 

“EL LIBERTADOR”

 

(DEDICADO A TODA LA POBLACION. ADULTO MAYOR DESAMPARADA)

“SON TODOS LOS ANCIANOS MENDIGOS QUE DEAMBULAN POR EL PARQUE LIBERTAD EN SAN SALVADOR”

 

                        LETRAS SALVADOREÑAS

 

Yo camino por los senderos impacientes del mundo

Y voy buscando la respuesta que me persigue

Y lloro por los menesterosos de mi tierra,

Y cunado llego al parque libertad

Laureles y honra, libertadores de la esclavitud,

Miro el hambre galopante de sus ojos

Y la tristeza rota de sus bolsillos, y sus despojos,

Y el pesar en la agonía de sus manos

Y la amargura que lamentan sus labios

Y los suspiros, que alientan los leones de marfil,

Y la majestuosidad de sus memorias confundidas.

Asi, veo a mi gente pujar en el alma de sus corazones

¿Quien apagara el ardiente fuego de su boca

¿Quién llorara el recuerdo de sus años hermosos?

¿Quién mirara el vacío que aquejan sus vientres moribundos?

No, es la mano peluda donde yace la muerte silenciosa

Y los surcos de sus rostros conformes con el viento pordiosero,

También veo los autos que devoran su indiferencia

Y olvidan que pronto serán ancianos

Por que no tienen la capacidad de sentir sus voces

Porque no caminan los senderos de la necesidad

Porque no les importa el roto cristal de su juventud

Ni los pecados imperecederos de sus locuras

Ellos andan en el fango de sus borrosas ilusiones

¿Donde están las mentiras que anidan en su pecho?

¿Donde está el cielo de sus cristalinos mares?

¿Como podré remediar la miseria de sus dedos?

¿Como detendré el sol que arde en sus espeluznantes rostros?

¿Como viviré en el desierto en la multitudes de sus penas?

Y en el lamento de sus alondras disecadas

Y en la faz que atormentan sus gargantas

Creí que Gerardo Barrios los alimentaba

Y Francisco Morazán rompería sus cadenas

Y la bella libertadora péndula de su pregonera “PAZ” perenne

Le guardaría el sueño que se disipa en la noche fría,

Ellos pasan horas esperando una esperanza

Ellos no hablan por miedo a un milagro,

Nadie se preocupa para resolverles la vida

Siguen esperando el maná del cielo…

 

CARLOS RODOLFO ASCENCIO BARILLAS

POETA Y ESCRITOR SALVADOREÑO

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

sábado, 21 de mayo de 2022

Soñé que tú me llevabas, Antonio Machado, España

 






Soñé que tú me llevabas

Soñé que tú me llevabas

por una blanca vereda,

en medio del campo verde,

hacia el azul de las sierras,

hacia los montes azules,

una mañana serena.

Sentí tu mano en la mía,

tu mano de compañera,

tu voz de niña en mi oído

como una campana nueva,

como una campana virgen

de un alba de primavera.

¡Eran tu voz y tu mano,

en sueños, tan verdaderas!...

Vive, esperanza ¡quién sabe

lo que se traga la tierra

 

ANTONIO MACHADO, España


EL ASOMBRO, Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina

 







EL ASOMBRO

 

Iba el asombro cavilando

la incógnita del huevo y la gallina.

De a ratos meditando se abstraía

por el negro misterio de la noche

y el contraste lumínico del día.

 

Por más que lo pensara no podía

dilucidar ese asunto tan arcano.

El pobre la respuesta no encontraba

a la cuestión gravosa y alarmante:

por qué el sol salía tan temprano?

 

Y si a la luna su pensar se dirigía

por más que realizaba conjeturas

no podía definir la maravilla:

que estando sin ligar en las alturas,

con su tremendo peso no caía.

 

Sin hallar respuesta, pobre asombro,

a todas las preguntas que se hacía,

acabó por llegar al camposanto

donde detuvo el paso estupefacto

para inquirirse si el alma se moría?

 

Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina


EL SUEÑO – Jorge Luis Borges – (Bs. As. 24 / 8 / 1899 – Ginebra, Suiza 14 / 6 / 1986) en el Espacio de los Maestros

 



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EL SUEÑO

 

Si el sueño fuera (como dicen) una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué, si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?

¿Por qué es tan triste madrugar? La hora
nos despoja de un don inconcebible,
tan íntimo que sólo es traducible
en un sopor que la vigilia dora

de sueños, que bien pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
de un orbe intemporal que no se nombra

y que el día deforma en sus espejos.
¿Quién serás esta noche en el oscuro
sueño, del otro lado de su muro?

 

Jorge Luis Borges

EL SUEÑO – Jorge Luis Borges – (Bs. As. 24 / 8 / 1899 – Ginebra, Suiza 14 / 6 / 1986) en el Espacio de los Maestros

 

EL SUEÑO, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina



                 







Dibujo de Norberto Pagano


EL SUEÑO

 

Cuando le doy la mano al apoliyo

y a la vigilia no le paso bola,

me siento el trompa de mi propio sueño;

fiolo de un tiempo en que la paso piola.

 

Pero el fiolo se pianta con el día.

Se pianta todo, el tiempo y lo soñado.

Y otra vez juno al mundo y me pregunto:

¡Por qué habré despertado!

 

Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

        (1954)

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

VOY A DORMIR, Alfonsina Storni - (Capriasca, Suiza, 29 de mayo de 1892-Mar del Plata, 25 de octubre de 1938)​​​​

 


VOY A DORMIR - Alfonsina Storni - (Capriasca, Suiza,  29 de mayo de 1892-Mar del Plata, 25 de octubre de 1938)​​​​ 

 


 









VOY A DORMIR

Dientes de flores, cofia de rocío, 
manos de hierbas, tú, nodriza fina, 
tenme prestas las sábanas terrosas 
y el edredón de musgos escardados. 

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. 
Ponme una lámpara a la cabecera; 
una constelación; la que te guste; 
todas son buenas; bájala un poquito. 

Déjame sola: oyes romper los brotes... 
te acuna un pie celeste desde arriba 
y un pájaro te traza unos compases 

para que olvides... Gracias. Ah, un encargo: 
si él llama nuevamente por teléfono 
le dices que no insista, que he salido...

 

Alfonsina Storni - (Capriasca, Suiza,  29 de mayo de 1892-Mar del Plata, 25 de octubre de 1938)​​​​ 


GÉNESIS POÉTICA, Favio Ceballos, Baigorria, Santa Fe, Argentina

 









GÉNESIS POÉTICA

 

Nace el poeta, y se hace

la luz en una palabra

y logra que el cielo se abra

si la ignorancia deshace.

 

La poesía se complace

cuándo al verbo se consagra

cuando el poeta que labra

deshace el mal y renace.

 

 

Doctor h.c. Favio Andrés Ceballos, Santa Fe, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


Molina Campos o la tradición gauchesca en la pintura argentina, Roberto Alifano, Buenos Aires, Argentina

 



TRIBUNA

 Molina Campos o la tradición gauchesca en la pintura argentina

 

En una polémica conferencia pronunciada por Leopoldo Lugones en 1913, titulada “El Payador”, arriesga con soltura que “ya desaparecido de nuestras pampas, podemos ahora hablar del gaucho como corresponde”. Tales palabras causaron escozor en los sectores tradicionalistas, que sin hacerse esperar le salieron al cruce tratándolo de europeizante. Un par año después, indiferente a las críticas, Lugones reunió en un volumen sus polémicas ideas, causando aún mayor indignación entre los cultores del género.

Borges, que estaba de acuerdo con muchos de los pareceres de Lugones, se explayó luego sobre el tema y elaboró su propia teoría sobre la llamada “literatura gauchesca”. Para él la gente culta de la ciudad era la que escribía sobre “el gaucho”, y rescató a poetas como Bartolomé Hidalgo, Hilario Ascasubi y al célebre autor de Martín Fierro, José Hernández, aunque lo sacrifica a la mayor gloria de Domingo Faustino Sarmiento y su Facundo. En la obra de Borges abunda ese mestizo, que se resistía a extinguirse. Menos crítico que emotivo, en su famoso poema “El gaucho”, lo celebra con afecto e indulgencia. En algunos endecasílabos, escribe:

Se batió con el indio y con el godo,

Murió en reyertas de baraja y taba;

Dio su vida a la patria, que ignoraba,

Y así perdiendo, fue perdiendo todo...

Fue el matrero, el sargento y la partida.

Fue el que cruzó la heroica cordillera.

Fue el que no pidió nada, ni siquiera

La gloria, que es estrépito y ceniza.

Nunca dijo: Soy gaucho. Fue su suerte

No imaginar la suerte de los otros.

No menos ignorante que nosotros,

No menos solitario, entró en la muerte…

Pero, ¿quién fue en verdad nuestro famoso hombre de la llanura exaltado por Borges en ocasiones, criticado por Lugones y analizado hasta la médula por Ezequiel Martínez Estrada? ¿Cómo era ese nómada que habitó el país y fue inmortalizado por la llamada “literatura gauchesca”, hasta elevarlo a mito por Hernández, en el libro Martín Fierro, el más destacado de la literatura argentina?

La genealogía del gaucho es compleja y acaso la verdadera ética del criollo está en la acción. Identificado por su condición de hábil jinete y por su vínculo con la proliferación del ganado vacuno que se reprodujo en el campo como los panes y los peces bíblicos; fue desvalorado por su ocupación dispersa e inclasificable (sobre todo por los sistemas de trabajo impuestos por algunos terratenientes después de la independencia), que dieron forma al particular régimen clientelar del explotado peón rural; una actividad afín y muy reservada a nuestro hibrido personaje, hijo del español que se negó a reconocerlo y de la madre indígena, que él se negaba a reconocer.

El folklore lo tomó como arquetipo y lo difundió por el mundo con el rango de héroe nacional. Pero así como hay una literatura y una forma musical dedicada a lo gauchesco, que lo exalta y lo proyecta, y aún sigue viva, existe también una pintura orientada en esa dirección. Vale decir que las artes plásticas tampoco fueron ajenas a nuestro célebre titán de la llanura. Muchos artistas lo tomaron como figura central y en esa corriente que retrata la tradición, con típicas viñetas y un humor que raya en lo grotesco, y a la vez lo exalta de un modo naif, se encuentra el que impuso nuestro original pintor y dibujante Florencio Molina Campos. Un hecho circunstancial, a la vez que decisivo, hace que este artista lo eleve como emblema y lo difunda a través de una campaña publicitaria que abarcó buena parte de la década del 30’ y del 40’, rescatándolo en los clásicos almanaques de la entonces popular fábrica Argentina de alpargatas, que calzaba a buena parte del país. En esas obras Molina Campos llegó a lograr las más atractivas imágenes de nuestro hombre de campo. Fue así que sus cuadros podían ser reconocidos por cualquiera aunque no estuvieran firmados.

Conocedor del interior de la Argentina e interesado por indagar sus raíces bajo las formas de la tradición y del folklore, nuestro artista dejó en sus obras un testimonio único que no se perdió con el paso del tiempo y aún sigue sorprendiendo. No tuve la fortuna de conocerlo; pero, según me contaron quienes fueron sus amigos, fue un hombre agradable y carismático, lleno de gracia y de especial sarcasmo, que se destacaba en las reuniones sociales por su buen humor y su capacidad de seducción. Él fue quien recibió a Walt Disney en su visita a la Argentina y quien lo asesoró en sus incursiones sobre nuestro personaje. Tenía, sin embargo, junto a estas virtudes un carácter fuerte y, como contrapartida, a pesar de ser un pintor de imágenes gauchescas, le encantaba la música clásica, que escuchaba mientras elaboraba sus pinturas.

A esta altura, no quedan dudas, que don Florencio fue “el más Argentino de los Artistas del Arte de los Argentinos”. Las revoluciones estéticas proponen al espectador la tentación de lo fácil y lo irresponsable. Se dice a menudo que cuando más cándido es la expresión de los personajes que el artista fija en la tela, es más trascendente. Goya con dramatismo confirma esta conjetura. Molina Campos optó por ser un pintor del grotesco al mejor estilo expresionista. Rayando con lo humorístico es, sin ninguna duda, el que ha reflejado de la mejor manera al hombre del interior, ese paisano rústico y a veces insociable, tan hábil en el manejo del caballo como del cuchillo, tomador de mate y devoto del lento asado que se dora a la parrilla, protector y áspero adorador de su mujer que lo secundaba y acompañaba en ese destino nómada. Ella fue llamada por extensión tradicionalmente “gaucha” o también “china” (del quechua, muchacha o hembra), y en algunas regiones “paisana”, “guaina” o “prenda”. Enancada en el caballo de su hombre muy a menudo la retrata Molina Campos.

Sea como fuere, la figura del gaucho en las culturas argentinas, paraguayas y uruguayas, así como en la región de Río Grande del Sur (Brasil) y en la Patagonia chilena es considerada como un icono que representa la tradición y las costumbres rurales. Con aire entrañablemente caricaturesco y, a menudo, naíf, desopilante en exageraciones y cromaturas, es captada por el pincel de nuestro artista; los reiterados temas conectan también con un nada ingenuo expresionismo, reflejando el talento de un observador agudo de la realidad nacional. Como complemento gráfico y estético de la literatura gauchesca, con humor, belleza y tradición inmortalizó Molina Campos al personaje tradicional -y aún polémico- de nuestra Argentina.

Nacido en la ciudad de Buenos Aires en 1891, Florencio Molina Campos pasó su infancia alternando entre la capital y los campos de sus abuelos. Allí compartió con los peones vivencias y el trabajo de campo, y aprendió a valorarlos y respetarlos. “Me crie entre gauchos y de ellos heredé mi amor a esta tierra”, repetía. Para entretener a sus nueve hermanos menores se cuenta que montaba teatralizaciones, imitaba a los paisanos en sus maneras y tonos de voz. Las primeras pinturas que se conservan de temáticas camperas, Molina Campos las realizó a los 9 años.

En 1920 se casó con María Hortensia Palacios Avellaneda, y en 1921 nació su única hija Hortensia a quien conocí a través del poeta León Benarós. Don Florencio vivió algún tiempo junto a su hermano en un rancho de adobe, en el Chaco Santiagueño, trabajando el campo familiar y talando montes. En esas tareas rurales profundizó su admiración y respeto por quienes día a día realizan tan arduas labores.

De regreso en Buenos Aires para completar los estudios, sus amigos lo convencieron de que mostrara las pinturas que realizaba como pasatiempo. Fue de esta manera que Molina Campos expuso por primera vez en agosto de 1926, en La Sociedad Rural de Palermo. A partir de ahí no dejó de elaborar sus obras y en 1930 firmó el contrato para ilustrar los almanaques de la compañía Alpargatas. Fue la primera gran campaña publicitaria que se realizó en la Argentina. Entrar en cada casa, almacén u oficina del país era encontrar la reproducción de sus cuadros, que empezaron a ocupar un lugar preferencial, sin distingo de clases sociales. Los versos de sus poetas gauchescos preferidos, como este de Ascasubi, se imprimían al pie:

Sacó luego a su aparcera

la Juana. Rosa a bailar

y entraron a menudiar

media caña y caña entera…

En 1931 Florencio Molina Campos viajó por primera vez a Europa. Lo hizo para exponer en París. Luego viajaría varias veces más, invitado por diferentes gobiernos como representante cultural argentino. Su producción no tuvo límite y empezó a exponer en las galerías de arte locales y del exterior. Ganó concursos, editó sus obras en los ya mencionados almanaques, junto a libros, postales y rompecabezas, e incluso protagonizó él mismo avisos publicitarios en revistas en las que, como “artista famoso”, promocionaba sus obras.

En 1942, y hasta mediados de los años cincuenta, fue contratado como asesor técnico de los estudios de Walt Disney para colaborar en los rodajes de El gaucho volador, Goofy se hace gaucho, Saludos amigos, El gaucho reidor y Los tres compañeros. También colaboró en la realización de la película animada Bambi, donde se distingue el estilo de los animales y los árboles, que reproduce la vida silvestre de la isla Victoria, en el lago Nahuel Huapi, de la Patagonia Argentina, y en 1946 edita Vida gaucha, un libro de texto para estudiantes de español de los Estados Unidos. En 1950, de regreso al país, fue distinguido con la Medalla de Oro del V Salón de Dibujantes Argentinos.

Ya consagrado internacionalmente, en 1956 Molina Campos actuó en el cortometraje Pampa mansa, producido por Disney, que fue presentado en el Festival de Berlín, donde estuvo presente y fue invitado a exponer. Colaboró después en otras tres películas. Pero el pintor argentino no compartía la mirada del cineasta sobre cultura hispanoamericana y el rompimiento vino cuando en un film sobre la vida en el campo argentino se reproducían al detalle paisajes realizados por don Florencio, pero el personaje Goofy aparecía vestido con botas tejanas (en lugar de usar ropas criollas) y bailaba una cueca chilena (en vez de una zamba o una chacarera) y se veía el Pan de Azúcar brasileño como fondo. Para Molina Campos, que había explicado exhaustivamente al equipo sobre la vida y costumbres en el campo argentino, el resultado era inaceptable. “Con un criterio arbitrario e imbécil, para buscar familiaridad entre los lugares, se mezclaba todo sin ningún criterio”, declaró indignado. No dudó en plantear a Walt Disney y a su equipo sus objeciones y argumentos, pero le respondieron que la película ya estaba demasiado avanzada y que no era posible modificarla. Don Florencio sintió que formar parte del film era una traición a sus paisanos y a su país y, fiel a sus convicciones, renunció.

Los que lo trataron recuerdan su simpatía y cordialidad para ganar amigos. En los Estados Unidos donde había realizado algunas exposiciones, fue una suerte de embajador cultural. Datan de esa época cartas y fotos con artistas de reconocimiento internacional como Charles Chaplin, Rita Hayworth o Fred Astaire, a quien enseñó a bailar el malambo. Sin embargo, su situación económica era difícil, y a pesar de ser muy admirado, sus obras no cotizaban lo suficiente para ayudarlo a vivir con su familia. Decidió entonces regresar a la patria para dedicarse a las tareas rurales.

Sin dejar de producir sus obras, tras una vida intensa, pasó sus últimos años en una ciudad cercana a Buenos Aires, donde construyó él mismo su casa. Durante el día trabajaba la tierra, y cuidaba sus animales; durante la noche pintaba mientras escuchaba música clásica. En 1955 edificó allí una escuela rural para los niños de la zona, que hoy lleva su nombre. El día de la inauguración, emocionado, el artista dijo “Este es el mejor cuadro que he pintado en mi vida”.

Florencio Molina Campos murió en Buenos Aires el 16 de noviembre de 1959, dejándonos para siempre la huella imborrable de sus obras que lo han convertido en uno de los artistas plásticos más populares de la Argentina.

 

ROBERTO ALIFANO, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


MIS HISTORIAS PEORES (Nuevo Libro), NADIE SABE , Guillermo Fernández del Carpio, Arequipa, Perú

 

NADIE SABE 

A todo  aquel que sabe poco de sí mismo

Nadie sabe cuándo nació ni cuándo murió. De él se sabe que conocer el origen del universo y el escribir poesías y relatos eran una sola vocación. El destino prosperó y en poeta se convirtió. Nadie sabe cuántos libros leyó ni cuántos poemas escribió en su enfermedad, de la cual nunca se curó.

Intentó enlazar las letras a la filosofía, teología, economía, … a todo saber que leyó. Un biógrafo dijo que en algunos años, se sabría de él y que quedarían en la antología relatos breves y versos que vienen desde la primavera de su niñez.

Del biógrafo nadie sabe cuántas vidas escribió. Algún olvidado citadino del sur del Perú, dedujo que el biógrafo y el escritor eran el mismo. Los años, a lo dicho de tal citadino, le otorgaron razón.

Nadie sabe si conoció una mañana a Sócrates o una noche a Vallejo. Sí se sabe que los admiró y también que de la esperanza no se alejó. Se sabe que contrastó varias ideologías: Marxismo, Capitalismo, Cristianismo, … y con una sola de ellas se quedó. El mismo citadino del sur del Perú, dijo que cuatro vidas lo acompañaron siempre; pues día tras día, él siempre las recordó.

Por unos libros suyos, se sabe que el saber lo apasionó y que no era ajeno al dolor. Por las noches solía mirar las estrellas y admirar el firmamento con detenimiento. Creía que un ser habitaba en cada estrella. Sabía que tendría una vida breve, pero aquello los demás desconocían. En silencio escribía, meditaba, rezaba y leía. Quizás leyó mucho, quizás leyó poco, pero lo leído estaba en su mente y releía los relatos, ensayos y poemas de su predilección. Tenía la certeza de que toda persona en algún momento de su vida es creyente. Aquello lo constató en las biografías de célebres autores que leyó.

No se sabe cuánto sufrió, ni cuánto se alegró. Se sabe que murió un domingo, despierto y feliz. Quizás este hombre en el futuro pueda ser yo, nadie sabe.


GUILLERMO FERNÁNDEZ DEL CARPIO, Arequipa, Perú

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA