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sábado, 15 de mayo de 2021

EL POEMA PROMETIDO, Favio Ceballos, Baigorria, Santa Fe, Argentina

 

Imagen de: poematrix.com


EL POEMA PROMETIDO

 

 PROSA POÉTICA

 

Autor Favio Ceballos con epígrafe de Ester Matellicani

 

"no tengo en mi mente la noción de cuánto dolor causa el no saber comprender el valor de mostrar lo que somos"

 Ester Matellicani

_________________

 

A vos amiga....

y gracias a Dios por brindarnos a todos esa oportunidad de reivindicarnos en el compartir.

Ni me quiero imaginar lo que sería el mundo sin el amor de tantos y tantos.

Y a pesar de las fake news falsas noticias, a pesar de las psicopatías generadas por los medios de incomunicación: maestros, religiosos, científicos, políticos etcétera. Nada ha podido detener el avance de la salud germinal que Dios ha plantado en nosotros por derecho y por herencia genética.

 Él así lo ha decidido y ha sido contemplativo incluso con los más perversos de la tierra.

También me he dado cuenta de que alguien sembró en la genética lo que los libros de Veritas llaman cizaña, más temprano que tarde se limpiará, lo sé por mi sueño.

También nos dieron dogmas engañosos.

Por algún pacto espurio que desconocemos el mal se ensaña con la belleza, la bondad y lo sutil.

La paz de nuestro corazón dice que los amadores triunfaremos.

Con defectos y todo el mundo es bueno y la tierra maravillosa.

Es verdad querida Ester lo que provocan en el alma estas palabras de tu carta. Siento igual que vos, cuando decís: "¡cuántas verdades nos faltan por desenroscar!"

También agradecerte ahora vía ésta brevedad de esquela cibernética, por los olvidos que mutuamente nos hemos dispensado.

Como dijera Jorge Luis Borges ¡oh Dios gracias por el olvido que me rescata de lo que he sido!

Lo que nos falta es lo que no es nuestro y nunca lo será.

Y me provocas amiga la comprensión interior de que ya todo tenemos.

Te cuento que desde niño vivía en la calle jugando, esto no lo sabías, trepado de los árboles jugando a la pelota con lo demás niños del barrio, juntando tréboles de cuatro hojas, enamorado de las flores de todos los jardines de esas calles que cargaban con mi mirada inquieta, desde la casa paterna hasta la escuela.

Cuentan los compañeros que me quedaba más de media hora mirando una flor que me gustaba en el jardín vecino. Ellos seguían camino y yo me quedaba absorto contemplándola.

 -¡Vamos, vamos! decía Rubén otra vez a Favio le dio la chiripiorca.

-¿Qué decís, que le pasa? Le preguntó Fernando

-¡¿No ves?, se queda como estúpido mirando la flor! Le contestó Rubén.

Observaba el ritual acompasado de la abeja que día tras día era el mismo. Intuía que algún código secreto escribe, en el aire de la flor, esa abeja.

El color y la forma que impactantes al principio iban dejando paso al perfume. Perfume que poco a poco dialogaba con mi sangre. Observaba la acción de esa abeja para conquistar a la flor. Algo hacía volver a la abeja a la misma hora. En ese tiempo mis ojos detectaban avizores lo pequeño y lo grande, un instrumento perfecto para el tamaño de mí curiosidad (1). El insecto lograba que le diera su néctar. Caí en conciencia que aquella flor, de alguna secreta manera, se había percatado de mi presencia durante varios días de observación y había tejido en el perfume un extraño lazo que nos ataba a los dos.

Como todo lo incomprensible ese lazo ya estaba en mi sangre. En pocos minutos la fragancia había sido detectada por algo en mi cuerpo, algún órgano invisible más allá del olfato que me vinculada misteriosamente con aquela simple y colorida. Ella, un ser que flotaba en el aire sujetada por un tallo.

La simpleza de la flor me atraía, 

En la aceptación total de ella, estaba la clave del juego que los demás no comprendían. Me recibía completo, tal como era, completamente única, y yo totalmente verdadero.  Fluir hacia ese abrazo maternal de la flor me daba más vértigo que un tobogán.  Tan pequeña y frágil, podría haber cabido en la palma de mi mano. aún así detentaba un poder inconmensurable. Se arrojaba al acto magnánimo de contenerme. ¿En dónde estaba, yo cuando?

Lo recuerdo perfectamente, mis dos pies sobre la vereda, mis rodillas apoyadas sobre la reja baja del jardín, levemente inclinado para poder observarla de cerca y la flor espléndida flotando en el aire.

Ya había viajado hacia su interior y en un tris me mostró otro mundo, su mundo. Te anticipó que ese mundo estaba construido con luces.

 Viajaba hacia la flor.

Claro que en aquel tiempo me concebía solamente desde el cuerpo, cómo lo hace todo niño, experimentando sus alcances, fuerzas y adaptándome a las reglas del mundo. Pero también tenía noción de que preexistía. Ir y volver por ese túnel guiado por el lazo de su perfume era la prueba que necesitaba mi infantil razón para comprender la sinrazón de una existencia sin tiempo.

A las pocas semanas habíamos establecido un diálogo donde no mediaban las palabras. Surgió súbitamente y entre los dos desdibujamos las barreras entre los reinos.

El humano y la flor vegetal eran ahora un solo reino gobernado por el perfume en la eternidad de las luces y las sombras.

Por aquel entonces no escribía, vivía la poesía en mí y yo la adoraba.

El tiempo y la misma curiosidad, pero esta vez guía da por los micromiedos del sistema educativo y todos los demás acuerdos del despojo gobernados por lo absurdo, sumado a los macrosustos seudoprotectores que niegan el Ser y esa superficialidad que usurpa lo trascendente, imponían por la escuela burdas y pesadas palabras, toneladas de palabras sin perfume.

Hoy, gracias a tu mirada buena, he vuelto a recordar mi promesa, y por fin le escribo a la flor el poema que le prometí.

 

©FAVIO CEBALLOS, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA  

 

PD.

(1)(Ya me dijera el viejo Pablo cuando le pregunté: ¿por qué usaba unos lentes con unos vidrios tan gruesos? y él me respondió: "ya no soy tan curioso como antes")

Cuando pierdes la curiosidad ya no queda mucho por ver y los ojos van perdiendo sus poderes.


RETORNAR, Ady Yagur, Israel

 







Imagen de: batiburrillo.net


RETORNAR

 

Retornar a la casa linda 

sin balcones desolados,

entre aromas renovados 

que son nostalgia divina.

 

Pueblos amantes de la paz 

banderas de vivos colores,

un coro de ángeles canta

sin murallas que separan.

 

Esperanza en los senderos

anhelo de tiempos nuevos, 

sin pandemia  que limita

 la vida con buen destino.

 

Tierra que llora de pena

entre lágrimas calladas,

parece que las miradas  

acercan a los hombres..

 

©ADY YAGUR, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA  


CANDOR, POEMAS, PLACERES, Miriam Fernández, Mar del Plata, Argentina

 











Imagen de: pinterest


CANDOR, POEMAS, PLACERES

 

Un suave viento matinal,

menea sus hojas verdes

y prontamente las muerdes,

sospechando ese final.

Con aroma mentolado,

brillante sol acaricia.

Presurosa la noticia,

sabroso ese helado.

Un ensueño uniforme,

gran pereza acuñada.

Culmino aprisionada,

sutilmente muy conforme.

Reales atardeceres,

un buen clima acompaña.

Vislumbra la telaraña,

candor, poemas, placeres.

 

 ©MIRIAM FERNÁNDEZ, poeta y escritora argentina

Mar del plata


Diario, Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina

 






Imagen de: swimag.com

Diario


No soy escritor pero debo redactar mi biografía, debo contar cosas fundamentales, acontecimientos significativos. Tal vez para el lector resulten palabras vacías, sin sentido, recuerdos absurdos. ¿Obstinación, estupidez? ¿Qué tipo de lector? ¿Emocional y ecléctico, vocacional, medio? Debo desnudar lo que se oculta, aquello que no se dice, esa suerte de hipocresía naturalizada en cada individuo, en cada familia, en cada sociedad. Hablar de cómo ahoga sus gritos, su histeria, la irracionalidad. Como se fue transformando en víctima, en una persona donde la fatalidad ocupó sillones, muebles, sábanas. Y también del desenlace trágico, de la muerte de mi padre, de la amada que volví a encontrar después de quince años en un café de Montevideo, del tedio que me invade. Del insomnio, del incidente infausto de mi tío -el incidente del cual discutí en terapia durante meses-, de mi época de estudiante, de la percepción fantasmagórica de una aldea. No quiero ser desmesurado ni trasmitir odio al hablar de las mujeres que conocí. Deduzco que debería escribir del exilio, de las paredes curvadas, de las plazas, de la imposibilidad de tener hijos, de una carta de mi madre, de aquella foto de la infancia, del olor a manzana en el ropero de una prostituta, de la mirada y sordidez de mendigos durmiendo en la calle, de la trivialidad de mi cuñado. No sé cómo empezar.

Buenos Aires, abril de 2019 

 

©CARLOS PENELAS, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


María de Maeztu, una emblemática mujer, Roberto Alifano, Buenos Aires, Argentina

 


María de Maeztu, una emblemática mujer

 

Según Schopenhauer la realidad deriva de las biografías individuales y, por lo tanto, los hechos de la historia son meras configuraciones del mundo aparencial. Esas biografías individuales, sin embargo, nos aproximan a las vidas de aquellas personas que han incidido sobre la cultura, el desarrollo y la integración de la humanidad. Otro pensador, el áspero Owald Spengler, sostenía, en cambio, que la historia es periódica y proponía una técnica de los paralelos históricos; es decir, una suerte de morfología del continuo devenir de las culturas. Aunque, quizá, más generoso y práctico en sus elucubraciones, fue el genial escritor y periodista Thomas De Quincey quien afirmaba que la historia es inagotable y posibilita permutar y combinar los hechos registrados, lo cual equivale a un número infinito de hechos superpuestos. Es decir que en algún aspecto creía, como Schopenhauer, que interpretar la historia no es menos arbitrario que imaginar figuras sugeridas por las nubes en una tarde tormentosa.

Esta introducción, con alguna abundancia de relaciones, se me ocurre al indagar sobre el perfil de la mujer que predominó en España a lo largo del siglo XX, muy a pesar de ciertas reformas políticas y sociales, que alentó el gobierno de la II República y de la lucha feminista instalada desde finales del siglo XIX hasta 1936. Aquella mujer fue educada en la rígida moral cristiana, dirigida por el patriarcado y en algún modo sometida a él. Aquella mujer, como la de este lado del Océano, sin duda resignada ante la del otro lado, vivió asfixiada por sus deberes como esposa y madre; limitada, además, por leyes paternalistas que, en muchos sentidos, la sometían. Esa mujer se levantó en pie de su liberación y sigue construyendo su presente y porvenir.

Recuerdo ahora que en una audiencia que dio Mussolini a Victoria Ocampo y ya he referido en otro texto, nuestra valiente escritora se atrevió a discrepar nada manos que con el arrogante Duce, cuando de manera terminante dictaminó que la mujer debía someterse al hombre. También como su amiga Victoria, que fuera un arquetipo de valentía y de lucha por la igualdad de la mujer en nuestra América, la española María de Maeztu, asilada en la Argentina y sumada al reino de los del silencio en la ciudad de Mar del Plata, en 1948, fue una de las mujeres más libres y formadas de su época. Acaso no nos equivocamos al afirmar que dedicó toda su vida a luchar por conseguir la emancipación y el protagonismo de la mujer a través de la educación: “La primera tarea a realizar es la de preparar a nuestras mujeres y claro está que confío como único y exclusivo medio en la educación, que le dará fuerza para descubrir nuevos mundos, no sospechados hasta ahora”, dictaminó convencida.

Nacida en el País Vasco, María de Maeztu y Whitney llegó a este mundo el 18 de julio de 1881. Era hija de Juana Whitney y del ingeniero Manuel de Maeztu y Rodríguez, un hacendado cubano de ascendencia navarra nacido en Cienfuegos. Sus padres se conocieron en París y se dice que su madre, hija de un diplomático inglés educada en Francia, fue para María el mayor ejemplo de mujer fuerte e independiente. Al enviudar, doña Juana se instaló con sus cinco hijos en Bilbao y abrió una Academia anglo-francesa para señoritas, a las que enseñaba cultura general e idiomas. Aquí fue donde María tuvo su primer contacto con el mundo de la docencia y la pedagogía. En 1902 obtuvo el título de maestra, trabajó en una escuela pública de un barrio obrero de Bilbao y allí llevó a la práctica los principios de la Institución Libre de Enseñanza (una rama de la filosofía krausista), la cual defendía la coeducación y apostaba por una enseñanza activa, laica, apolítica, sin exámenes ni castigos; es decir, que educar a la futura ciudadanía era más importante que enseñar. Este principio estuvo vigente en España entre 1876-1936; fue un proyecto -si se quiere- muy vanguardista, pero recordemos que muchos de estos preceptos fueron reivindicados incluso por los estudiantes franceses de Mayo de 1968.

Convengamos, sin embargo, que las políticas educativas de esa época eran completamente deficientes para la mujer española, pues la tasa de analfabetismo femenino superaba el 70 por ciento, y acaso en medios rurales era incluso superior. Inculcada por su madre, también una pionera, esto fue algo contra lo que María quería luchar decididamente; un texto suyo de esa época, señala con valentía: “La mujer debe tener las mismas opciones culturales que su compañero. De ir al matrimonio con igualdad de derechos y deberes. Es preciso que se abran a la mujer horizontes para vencer, en iguales condiciones que el hombre, en la lucha por la vida, sin que tenga que depender de él.”

Debido a que la mujer no podía matricularse libremente en la universidad sin un consentimiento previo de las autoridades, su formación como alumna oficial no pudo ser reconocida hasta 1910, cuando fue profesor y decano de Filosofía y Letras de la Universidad de Salamanca, el grande don Miguel de Unamuno, amigo personal de la familia Maeztu, que ejerció una gran influencia sobre ella.

Luego de su paso por Salamanca, María empezó a interesarse por la carrera de Derecho, pero esa no era una profesión para mujeres, así que el Colegio de Abogados de Bilbao acordó cerrarle las puertas en el caso de que obtuviese el título ¡Qué injusticia! Finalmente, decidió trasladarse a Madrid y matricularse en la primera promoción de la Escuela Superior de Magisterio, en la que impartía clases don José Ortega y Gasset. Allí María se recibió como la primera de su promoción entre las alumnas de la “Sección de Letras”. Gracias a la Junta para Ampliación de Estudios, con la cual entra en contacto gracias a su amistad con Ortega, pudo viajar pensionada al extranjero, donde conoció de primera mano los métodos pedagógicos europeos, los cuales trataría de implantar en España y romper con un sistema educativo heredado del conservador siglo XIX.

En 1915 tiene lugar la apertura de la Residencia de Señoritas (la versión femenina de la Residencia de Estudiantes), donde María de Maeztu es elegida Directora por su gran valía profesional. Desde allí impulsó el modelo de los Women Colleges norteamericanos, más liberales que los College ingleses, muy ligados a la Asociación Nacional de Mujeres. El sitio era, además, un albergue para las estudiantes españolas y extranjeras. El espacio completaba, entre otras referencias de estudio, la formación universitaria a través de tertulias, lecturas, conferencias, exposiciones, conciertos, etc. También fue lugar de referencia para el movimiento feminista internacional. La Residencia daba facilidades a aquellas mujeres (en aquel momento eran una minoría) que querían ejercer su derecho a acceder a estudios superiores, lo que les daría una mayor libertad frente al hombre, ya que podrían conseguir trabajos cualificados y, por lo tanto, no depender económicamente de sus maridos.

María fue durante casi 30 años la representante oficial de España en “Congresos Pedagógicos internacionales”, en los que difundía sus ideas feministas, defendiendo la educación como el eje rector de la lucha contra la marginación social de la mujer, que había comenzado a conquistar espacios de la vida pública, y empezaba a trabajar fuera de casa y concurría a la universidad; aunque las leyes, por el contrario, seguían siendo discriminatorias con el sexo femenino. No obstante, María alcanzó niveles profesionales impensados en aquel momento para una mujer, como, por ejemplo, el “Doctorado Honoris Causa”, que en 1919 le concedió el Smith College.

En 1926 ocupó el cargo de Directora del Lyceum Club Femenino, fundado sin ayuda oficial, por ella y un grupo de mujeres pertenecientes a la élite cultural, pioneras en la defensa de los derechos de la mujer, entre las que se encontraba la primera abogada española Victoria Kent, la escritora y diplomática Isabel Oyarzabal, la lingüista Zenobia Camprubí Aymar (esposa del poeta Juan Ramón Jiménez), y la escritora María Lejárraga. Era un club que seguía el reglamento del primer Lyceum inaugurado en Londres en 1904 por la escritora Constance Smedley, cuyo objetivo principal era defender los intereses morales y materiales de las mujeres. El lugar pretendía ser aconfesional y apolítico, los requisitos para ingresar en el club eran, por supuesto, ser mujer, tener trabajos literarios, artísticos o científicos o, si no, poseer algún título universitario o en su defecto participar en obras sociales.

Gracias a los cursillos que impartieron las abogadas Victoria Kent, Matilde Huici y Clara Campoamor, se consiguió que el gobierno escuchara alguna de sus peticiones, como, por ejemplo, cambiar el artículo 57 del Código Civil Español, que rezaba concretamente: “El marido debe proteger a la mujer y ésta obedecer al marido”, para sustituirlo por “El marido y la mujer se deben protección y consideraciones mutuas”. Agreguemos que uno de los enemigos más obstinados del Lyceum fue la Iglesia, que en un artículo publicado en la revista religiosa Iris de Paz, un clérigo bajo el seudónimo de Lorent, afirmaba que: “La sociedad haría muy bien recluyéndolas como locas o criminales, en lugar de permitirles clamar en un club contra las leyes humanas y divinas. El ambiente moral de la calle y de la familia ganaría mucho con la hospitalización o el confinamiento de esas féminas excéntricas y desequilibradas”.

En 1926 invitada por el Instituto de Cultura Hispánica llegó a Buenos Aires María de Maeztu para ofrecer una serie de conferencias. En esa oportunidad se conocieron con Victoria Ocampo, la fundadora y directora de la famosa revista Sur. María, como Victoria, se diferenciaba claramente de las mujeres de su época. Ambas, habían tenido en su infancia una situación social privilegiada y, aunque luego de la muerte de su padre la familia de María había sufrido limitaciones económicas, pudo recibirse de maestra y posteriormente doctorarse, como ya señalamos, en la Universidad de Salamanca. Ambas, con propósitos comunes, se entendieron de maravilla. “Fue Ortega y Gasset, el primero en hablarme de María de Maeztu”, recordaba Victoria Ocampo. “Es, como tú, me había anticipado don José, una defensora del derecho de las mujeres a la educación y, también como tú, se declara feminista”.

Esa amistad se iría consolidando hasta volverse entrañable. Victoria, le dedica varias páginas de sus memorias. “Tuve la oportunidad de mantener largas charlas con María sobre los derechos relegados de las mujeres, en especial, sobre el derecho a la educación”. Esas conversaciones le dieron a Victoria la posibilidad de definir con mayor claridad su posición sobre el tema y la comprometieron con los principios de la lucha por los derechos de las mujeres.

En diciembre de 1934, en Madrid, en la casa de María de Maeztu, Victoria Ocampo conoce a la poeta y educadora Gabriela Mistral que, en ese momento, representaba a Chile como cónsul en España. “Recuerdo que en esa oportunidad, María nos dijo: Soy feminista, y me avergonzaría de no serlo, porque creo que toda mujer que piensa debe sentir el deseo de colaborar, como persona, en la obra total de la cultura humana. Y esto es lo que para mí significa, en primer término, el feminismo; es, por un lado, el derecho que la mujer tiene a la demanda de trabajo cultural, y, por otro, el deber en que la sociedad se halla de otorgárselo (…) Negarlo sería inmoral, sería tratarla como a cosa, como a ser extrahumano, indigno de trabajar…

En 1939 el gobierno de la dictadura franquista eliminó el Lyceum y lo convirtió en su némesis; es decir, el Club Medina perteneciente a la Sección Femenina de la Falange. La represión de la mujer fue total, se destruyó en tiempo record los avances que con tanto esfuerzo habían conseguido María de Maeztu y sus compañeras, se recluyó a la mujer de nuevo en el hogar, donde quedó silenciada y aislada, volvía a ser un simple apéndice del marido, al que debía respetar y obedecer desde su posición de mujer sumisa. Demás está decir que La Sección Femenina del Club se encargaba de inculcar valores como la entrega, la abnegación, la sumisión, todo ello sumado a una labor de reeducación cristiana, la mujer feminista-laica debía ser reemplazada por la mujer femenina-católica, sumisa y obediente. Debían trabajar en una nueva identidad de género para las futuras generaciones, y lo consiguieron; sin embargo, hoy en día todavía arrastramos estigmas de la educación diferenciada por sexos.

Con el estallido de la Guerra Civil y el duro golpe del fusilamiento de su hermano Ramiro, María emigró a Buenos Aires, donde obtuvo la cátedra universitaria de “Historia de la Educación”. España se convirtió en un país peligroso para ella, sus ideas feministas y su trayectoria profesional eran diametralmente opuestas al ideario nacional-católico del Nuevo Régimen. Regresó a España en 1947 por la muerte de su hermano, el pintor Gustavo de Maeztu, pero volvió a Buenos Aires para instalarse en la ciudad de Mar del Plata, donde vivió hasta su último suspiro.

Amigas entrañables y compañeras de lucha, María de Maeztu y Victoria Ocampo, como también Gabriela Mistral, fueron pioneras y enjundiosas activistas de la historia de la educación y la lucha feminista de España y la Argentina, y ya toda Hispanoamérica, aunque esa labor forme parte de una lamentable historia olvidada.

 

©ROBERTO ALIFANO, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


sábado, 8 de mayo de 2021

DEL DIARIO DE VÍCTOR FRANKENSTEIN, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 









DEL DIARIO DE VÍCTOR FRANKENSTEIN

 

Escribo  esto  en  una  siniestra  noche 

en  que  mi  obra  ya  está  lista  y  mi  sueño 

ha  perdido  todo  atractivo.  Una  repulsión

invencible  se  apodera  de  mí.

                                                                                              V. F.

 

En  la  bulliciosa  calma

de  un  mundo  que  ahora  es  mi  celda

se  escucha  un  trueno  que  suelda

la  tierra  con  lo  infinito.

Luego  el  viento  como  un  grito,

como  un  divino  reproche,

pone  a  la  calma  su  broche

y  anuncia  la  tempestad

vejando  a  la  claridad

que  se  enluta  con  la  noche.

 

Dejo  constancia  en  mi  diario

que  en  éste,  mi  consultorio,

que  ahora  es  un  laboratorio,

hecho  de  humanos  despojos

acaba  de  abrir  sus  ojos

quien  con  tan shiome  figura

nació  de  una  sepultura.

Mi  nombre  no  le  daré.

De  aquí  en  más  lo  llamaré:

¡La  Criatura!

 

©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

 

(Con música de Acho Estol – Canta Dolores Solá)

Click:

https://www.youtube.com/watch?v=j85Baj7IaRo

 Ver “5 Tangos góticos”

http://mosaicosportenos.blogspot.com/2021/03/5-tangos-goticos.html


EL SEÑOR ARMANDO, Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina

 


Imagen provista por Luis Alposta


EL SEÑOR ARMANDO

Esa mañana me habían llamado por teléfono para la entrevista con el señor Armando. Y allí estaba, a la espera de ser atendido por él.

Su secretaria me había hecho sentar en un comodísimo sillón, señalándome algunas revistas a fin de que atemperara la espera.

Transcurridos escasos diez minutos, la empleada abrió la puerta de un despacho y dijo ceremoniosamente:

                -El señor Armando lo aguarda.

                Me levanté de un salto y entré. La mujer salió cerrando la puerta con exagerada delicadeza.

Un hombre, de alrededor de cuarenta años me tendió la mano y luego me indicó un sillón para que me sentase. Hojeó unos papeles que estaban sobre el escritorio y me dijo:

                -Tengo aquí toda la información sobre su vida. ¿Está seguro que quiere el puesto vacante?

                -¡Nunca he deseado algo con tanta impaciencia! Respondí.

                -Bien, dijo. Sígame…

                Lo seguí por un pasillo muy largo y estrecho, al final del mismo, entramos a un cuarto pequeño, ¡y allí estaba! Se trataba de un habitáculo, al parecer, de acero inoxidable, similar a una cápsula espacial. En su interior había una butaca. Me invitó a entrar al compartimento y me instó a sentarme. Me senté y el señor Armando, me ayudó con el cinturón de seguridad.

                -¡Buena suerte! Me dijo el señor Armando cerrando herméticamente la puerta de aquel insólito artefacto.

La máquina comenzó a girar alcanzando una velocidad ciertamente asombrosa. No sé cuánto tiempo pasó, finalmente, el artilugio detuvo sus giros. Después de algunos momentos pude abrir la puerta desde el interior y salí.

Me hallaba en medio de una plaza desierta. Caminé una cuadra y me encontré en pleno centro de la ciudad, creo que estaba justo en la esquina de Sáenz Peña y San Martín. Detuve a un hombre que transitaba por la acera y le pregunté:

                -¿Sabría usted decirme dónde están las oficinas del señor Armando?

                -Ahí enfrente. Me dijo con cierta molestia.

Crucé la calle y entré al lugar.

Me atendió la secretaria del señor Armando y me dijo que debería esperar unos cinco minutos. Aproveché para terminar de leer el artículo de una revista especializada en psiquiatría que había tenido que interrumpir en la visita anterior.

Cumplido dicho plazo, la secretaria me hizo saber que el señor Armando me esperaba.

Entré al despacho que me indicó la señorita y allí estaba el señor Armando.

Me dio la mano de forma muy cordial y se puso a examinar un informe que tenía en su escritorio que, seguramente, era una fábula de mi propia vida, o lo que muchos llaman: “Currículum vitae”.

Me preguntó de manera contundente y sin preámbulo alguno: -¿¡si de verdad, deseaba el puesto que había quedado vacante!?- Le dije que sí. Sonrió y me condujo por un pasillo largo y estrecho hasta la cápsula. El Sr. Armando aseguró el cinturón de la butaca, cerró la puerta y el cacharro comenzó a girar despiadadamente hasta que se detuvo. Abrí la portezuela y salí al mundo exterior.

Me hallaba en una calle asfaltada que parecía desierta. Esperé a que alguien pasara por allí y cuando acertó a pasar un joven, le pregunté por las oficinas del señor Armando:

                -Aquí, a la vuelta. Me respondió.

Di vuelta a la esquina y, en efecto, allí estaban las oficinas del señor Armando.

Entré y la secretaria me saludó con una sonrisa:

                -¡Buenos días señor Armando! El elegido para el puesto lo está esperando. ¿Lo hago pasar a su despacho?

                -Sí, por favor. Le contesté.

Un hombre de unos veinticinco años se asomó detrás de ella y ésta, lo hizo pasar.

Le extendí la mano sonriente y le indiqué un asiento. Recorrí atentamente las hojas del informe que estaba sobre el escritorio y le pregunté imprevistamente si de verdad deseaba el puesto. Precipitadamente, como si fuese un decreto, me dijo que sí.

Entonces, le dije que me siguiera.

Recorrimos el largo y estrecho pasillo hasta llegar a la cápsula. Una vez allí, hice que entrara y se sentara en la butaca de la misma, ayudándole a colocarse el cinturón de seguridad.

Cerré la puerta y el ingenio comenzó a girar.

 

 ©NORBERTO PANNONE, poeta y escritor argentino

Buenos Aires, Argentina

De su libro “Cuentos invernales” ed. 2010

EL 

De 

EL HOMBRE DE LA TRISTEZA, Jaime Vélez Ramírez, Medellín, Colombia

 







Imagen de: Pinterest.com.mx


EL HOMBRE DE LA TRISTEZA

 


El hombre tenía la tristeza de las tardes marinas,

mirada indiferente, llanto en el corazón,

no gustaba la vida, no gustaba el amor;

lo vi más de una noche murmurar su canción.

Su canción? cuál era su canción?

la canción del destierro, la canción del dolor,

su fondo lo tenía el murmullo del viento,

la lluvia de la tarde, la lágrima al caer.

A veces no dormía esperando el amanecer,

meditaba en la muerte, meditaba en el ser,

en las angustias vanas, en el correr, correr,

en la esperanza inútil y el ansia de no ser.

Su rutina fue la misma que el año treinta y seis,

le tocó el viaje a la luna y el cometa Kohutek,

y ni siquiera Europa lo pudo convencer

que la vida era buena y bueno el amanecer.

Una noche de tantas sin luna y sin estrellas,

se apagó dulcemente como se apaga el sol,

el hombre que tenía la tristeza marina,

mirada indiferente y llanto en el corazón.

 

Diciembre 18 de 1973

©JAIME VÉLEZ RAMÍREZ, poeta y escritor colombiano

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA  

 


DEFINIENDO AL AMOR, Francisco de Quevedo, aporte de Carlos Penelas

 







DEFINIENDO AL AMOR

 

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo;
enfermedad que crece si es curada.

Este es el niño Amor, este es su abismo.
¿Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!

©Francisco de Quevedo

 www.carlospenelas.com


Soy el agua, Olga Hernández Osorio, Medellín, Colombia

 






Imagen de: caracteristicas.co


Soy el agua

 

Soy el agua de tu selva y tu ciudad

sonora vida que cantando siempre voy

soy parte del río y del inmenso mar,

alimento la vida, muy constante soy

 

cristalina cuna, verde tropical

pequeña y frágil inicio mi cantar

soy cantarina y amiga del zorzal,

que orgullosa emprendo mi caminar.

 

Vida sonora desde mi seno maternal

nube sonriente con gotas de amor

cascada inmensa, suave manantial,

oasis ferviente, de grato sabor.

 

Medicina constante, sana el dolor,

clara fuentecilla calmando la sed,

solaz en el camino de ardiente calor,

pródiga serena, de dicha y placer.

 

Amiga de la montaña y su verdor,

fertilizo la pradera en su soñar

riego las semillas, amiga del sol

alegro al campesino en su trasegar

 

Soy la reina universal de la vida

fiel compañera de todas las comarcas

soy de cuidados, nací muy consentida,

quiéreme, soy, de tus mejores arcas.

 

Febrero 23 de 2018

 

©OLGA HERNÁNDEZ OSORIO, poeta y escritora colombiana

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA