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domingo, 1 de septiembre de 2019

RIGLOS Y ROSARIO, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina






















RIGLOS Y ROSARIO

Todo ocurrió
en un viejo y derruido chalet
de dos plantas
ubicado en una esquina,
a treinta metros
de donde vivía César Tiempo,
por Rosario,
y a tres veredas
de donde murió Astor Piazzolla,
por Riglos.
Allí, en esa casa,
en medio de la suciedad
y de una miseria
que llegó a ser implacable
hasta le ferocidad,
en un exilio de silencio y locura,
dos seres,
que fueron mis amigos,
vivieron un amor.
Un amor no expresado
por violentas expansiones,
sino por una diaria radiación;
por pequeños actos de bondad
sin nombre ni recuerdo.
En esa casa
con fulgores de plata,
donde ella estaba loca
y él ya no se bañaba,
en la que casi no eran existencias
sino meras apariciones;
en esa casa,
símbolo de lo que se marchita
y de lo que fenece,
estaba la alternativa de la piedra
como oposición
al mundo de lo efímero;
la piedra,
como perduración
de la inmovilidad y el silencio.

La piedra del frente
y la historia de un amor.
Lo único que ha quedado de esa casa
de la esquina
de Riglos y Rosario.

















Pintura al pastel, Luis Alposta 1982

Y el tango que más les gustaba
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©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

LA FILOSOFÍA DEL DIALOGO. NUEVA HUMANIDAD Y NUEVA RACIONALIDAD EN LA POSMODERNIDAD. Gabriella Bianco, Venecia, Italia



LA FILOSOFÍA DEL DIALOGO. NUEVA HUMANIDAD Y NUEVA RACIONALIDAD EN LA POSMODERNIDAD. 

En el curso de su historia, la filosofía se ha propuesto el problema del origen y del fin, asumiendo en modo problemático el sentido-valor definitivo de tiempo e historicidad, instalándose en una dimensión que tiende a la reconstrucción de la contemporaneidad perenne e indestructible del filosofar de cada tiempo. Así la filosofía se hace “filosofía del tiempo y de la historicidad”. La historia deviene el lugar-tiempo del manifestarse de la “verdad” y lugar del encuentro-aceptación-refutación por parte del hombre de la “verdad” como “libertad”. Cualquier consideración de la libertad no puede dejar de corresponderse con la consideración del agente de tal libertad. La subjetividad es ante todo temporalidad en acto, que vive como presencia que se dilata, se modifica, en un continuo y dialectico devenir. Sartre habla, de hecho, de totalización en acto. Función esencial de la libertad del hombre es la temporalidad, que hace que el yo no sea siempre idéntico a sí mismo, sino un proceso dialécticamente abierto. La libertad como función dialectico-existencial se define en relación de la finitud de la subjetividad humana. Levinas afronta la cuestión crucial de sujeto, arribando a la teorización de la alteridad interhumana en una relación ética. En el tema dialógico, la subjetividad humana reencuentra 34 su lugar y su significado, en una subjetividad éticamente responsable del prójimo. El hombre está siempre más allá de sí mismo - escribe Jean Wahl. El más allá de sí mismo es la unicidad de cada uno, en una proximidad y responsabilidad ética que se identifica con mi unicidad, que no se sustrae a la correlación yo-otro, que se manifiesta en el dialogo. Desde este llamado a la responsabilidad, intentamos abrirnos a una “filosofía del dialogo”, que piensa al hombre y al mundo, al mundo y al otro hombre. Sin embargo, la racionalidad de la modernidad entra en crisis cuando, a la emancipación de la minoría y perseguimiento de la felicidad, las substituye el desarrollo técnico-económico, como racionalidad instrumental. En este cuadro concreto de ausencias de valores, hasta la libertad humana, residuo y fundamento de cada actual juicio de valor, se vuelve anarquía, fuente de continua fractura entre individuo y sociedad. Entre público y privado, entre instituciones y realidad histórica. Las estructuras del tiempo aparecen hoy tanto más ambigua e inquietante, cuanto es incrementado el dominio del hombre sobre el tiempo, mediante medios eficaces de reproducirlo y acelerar el desarrollo futuro, actuando sobre la naturaleza, tal de constituir una amenaza más que una positiva posibilidad de futuro, considerando la crisis ecológica, que pone en peligro la sobrevivencia misma del hombre en la tierra. A la pérdida de la dimensión ontológica de la verdad, consecuencia del objetivismo moderno, un postmodernismo “positivo” opondría, como más apropiado al ser integral del hombre y a su decir como “acto lingüístico”, el lenguaje humano, capaz de identificar y de significar la verdad como sistema di signos que reconducen al obrar lingüístico humano. En particular, el filósofo alemán Apel llega a hacer derivar de las exigencias del comunicar lingüístico una normativa no reducible a la contingencia histórico-social, sino fundada en la naturaleza misma del hombre en cuanto ser comunicante y por ello valida en absoluto. Considerar el lenguaje no como objetivación o simple signo convencional y estático, sino como “dialogo” ya en si comunicante desde sus orígenes, como expresión de la humanidad del hombre, permitiría a la posmodernidad liberarse sea del moderno nihilismo, que de la fractura entre los distintos y esenciales momentos del hombre y de la razón. Es bajo esta luz que se hace camino un proyecto de nueva humanidad, en el sentido de una reasunción consciente del quehacer histórico, fundado sobre verdades y valores no históricos, en el surco de la tradición humanista que retomamos de Vico, quien, liberándose de los limites históricos modernos, nos muestra el trascendente y liberador poder de revelación del logos, como principio y fin de la humanidad del hombre. Para el mismo Heidegger, el destino del hombre está indisolublemente ligado al Ser, que, en la ambigüedad del devenir del ser histórico, “suspendido entre ‘tiempo y eternidad”, debe confiar en la fe religiosa que da un sentido final y total a lo humano. La revisión posmoderna de la verdad del ser se expresa por ello, en un proyecto de nueva antropología y de nueva humanidad, en las cuales las vías del lenguaje coinciden con el reencontrarse mismo del hombre y relanzan las perspectivas humanas en relación con lo absoluto. Es difícil escapar a la impresión de que nuestro tiempo está particularmente cargado de urgencias históricas, un tiempo que llama a la responsabilidad que un término griego bíblico define como un tiempo de gracia y de justicia, Kairós. Sin embargo, según la concepción liberal, una sociedad puede perseguir una “común idea de justicia”, sin compartir una idea sobre el “bien común”. Premiando el interés individual frente al bien común, se pone en peligro aquel mismo bien - la solidaridad - que servía de protección y de garantía social. Pierre Bourdieu va más allá y define la esencia y las practicas neoliberales como un programa para destruir las estructuras comunitarias y colectivas, capaces de contraponerse a la lógica del “puro mercado”. Una sociedad sin una común idea de bien es una sociedad sin alma; sin un verdadero vínculo entre ciudadanos, ella tiende a disolver los vínculos comunitarios entre los hombres, a debilitar la atención por la cosa pública, a impedir la identificación con los valores colectivos. La abstención de la participación política y el desafecto por el poder civil, los fenómenos de despolitización son los efectos de esta crisis creciente de la identidad colectiva. Un posmodernismo no solo negativo, debe abrirse a perspectivas de refundación de verdaderos valores humanos, capaces de liberar el postulado humanista de su arbitrariedad histórica. La dimensión 35 ética debe formar parte del camino de la humanidad en su proceder y confiere a la posmodernidad, la posibilidad de continuar hablando de la razón, de la naturaleza, de la sociedad de Dios como principio de aquel bien común que lleva a la solidaridad y a la identificación con los valores colectivos de una sociedad. El pasaje a la condición posmoderna no nos ha llevado a una mayor libertad individual ni a una mayor voz para negociar opciones y elecciones, frente a la creciente mercantilización de cada aspecto de la vida humana. Por el contrario: la exaltada libertad humana, fuente de continua fractura entre individuos y sociedad, entre público y privado, entre instituciones y libertad histórica, en un cuadro concreto de ausencia de valores reconocidos, el futuro mismo de la humanidad y del mundo está en peligro, sin hablar del peligro real constituido por la cuestión ecológica, o sea la posibilidad de la destrucción del planeta no solo por armas químicas y nucleares, sino por la destrucción de las fuentes de vida, como el agua y el medio ambiente. Un proyecto de nueva humanidad implica entonces la reasunción consciente de tareas históricas fundadas sobre verdad y valores no históricos, en una positiva convergencia de teoría, praxis y poiesis, en una eficaz conjunción de pensar y conocer, decidir y actuar, expresar y comunicar. En la destrucción de todas las formas de organización social incompatibles con el nuevo sistema liberal, asistimos a un gigantesco proceso de homologación, que se puede contener solamente si, en lo interior de la nueva sociedad planetaria, maduran nuevas perspectivas culturales que recuperen los vínculos que unen a los pueblos en un único destino planetario. La gran pregunta es por consiguiente ¿cómo podemos globalizar so solo los mercados, sino también y sobre todo los derechos? ¿Qué respuestas podemos dar que tomen en cuenta las desigualdades crecientes entre las diversas zonas del globo en materia de derechos, democracia, acceso a la educación y a las oportunidades, de modo que cada pueblo pueda determinar el propio destino y modo de vivir? En nombre del universalismo ético, el sociólogo Walzer desarrolla una concepción pluralista de la justicia distributiva, individualizando en la noción de “igualdad compleja” el requisito fundamental para una 36 sociedad justa, en donde la relación entre libertad e igualdad llega a formularse en la perspectiva de un orden social, que, mientras tutela la autonomía de las esferas particulares, no permite ejercitar a ninguna, una dominación tiránica sobre las otras. El poeta italiano Franco Fortini advierte que cultivar la memoria no significa exclusivamente reflexionar sobre aquello que ha acontecido ayer, más allá de toda resignada aceptación de lo existente, recuperando los interrogantes sobre temas como la justicia social, la dignidad del trabajo, un renovado sentido de la dimensión de la autoridad y de la libertad. La toma de conciencia de la existencia del otro, de la necesidad de respetar sus exigencias y del deber de promover su crecimiento, es el fundamento de la vida moral. La ética entonces es anterior a la libertad, pero responsabilidad y libertad actúan como conceptos correlativos. La responsabilidad predispone objetivamente la libertad, así como la libertad no puede subsistir sino en la responsabilidad. En esa responsabilidad humana anterior a la libertad misma, Hans Jonas coloca el concepto de responsabilidad y lo interpreta como “responsabilidad hacia las generaciones futuras y hacia la naturaleza” atribuyéndole un valor metafísico. En esta ética del futuro, Jonas intenta ir más allá de toda ética que se haga cargo no solo de los que comparten nuestra suerte, sino de la naturaleza, existe, como afirma el teólogo Bonhoeffer, una necesidad de adecuación a la realidad, como vinculo de la responsabilidad, como mandamiento concreto, no solo como teología, sino como praxis. En el caso de Bonhoeffer, que, como sabemos, pagó con la vida sus propias convicciones, en la tentativa de hacer un atentado a Hitler, retomamos su declaración: “La inserción de la responsabilidad acontece a partir de la propia subjetividad, en una decisión que se debe tomar libremente “. Hablamos, con Max Weber, de una “ética de la convicción”, como orientación moral capaz de inspirar la conducta total de un sujeto; a ella sigue la “ética de la responsabilidad”, que indica en cambio aquel obrar ético que orienta concretamente las acciones, lo que Weber llama la “acción racional respecto a valores”. Esta clásica distinción consustancia la sustancia ética del actuar y permite tener en cuenta tanto las intenciones como las consecuencias del actuar. La solidaridad y la responsabilidad hacia con los otros, no representa entonces solo un desafío a nivel cultural-religioso, sino también y, sobre todo, en sentido ético y social. A esto hay que añadir el concepto de hospitalidad de Levinas, que a su vez coincide con la paz, una paz y una responsabilidad que no pertenecen al orden de lo político, sino que lo sobrepasa, siendo la paz ética y originaria. En el gesto de acoger dirigido al otro, la hospitalidad se abre como intencionalidad y como tal, no es una región de la ética, es la eticidad misma. Es este el desafío del Tercer Milenio, recordando que el amor o, como dice Levinas, la hospitalidad, es siempre y solamente una alteridad personal; poner el principio-solidaridad como fundamento de los derechos del hombre reconfirma la trascendencia de lo ético - la primacía de la eticidad - sobre todo lo humano y coloca al hombre en el centro del espacio que ella instaura. La categoría de la responsabilidad remite a la libertad del sujeto, por la cual el sujeto aparece como el punto de partida y de llegada de la moralidad. La filosofía del dialogo intenta recuperar para el hombre la posibilidad de una solidaridad totalmente personal, en aquello sello individual que el sujeto, finalmente recuperado, confiere al propio-ser-para-el otro. No hay contraposición entre el principio esperanza y el principio responsabilidad, en cuanto ambos encuentran en “la nueva humanidad y solidaridad” que auspiciamos, el horizonte del ser como promesa y como justicia. En la responsabilidad y en la esperanza está inscrita la posibilidad de que nazca verdaderamente un mundo más adecuado y justo. 

Bibliografía Bianco, G. (2002). Epistemología del diálogo. Pensamiento del éxodo. Buenos Aires: Biblos.  
Gabriella Bianco, Escritora de libros y ensayos de temas poéticos, filosóficos, éticos y literarios. PhD. en Filosofía Política y Ciencia Política; Dra. en Semiótica, Universidad de Urbino. Miembro activo de la Red Internacional de mujeres filósofas de la UNESCO desde-2012. Ha sido directora y agregada cultural del Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia en Institutos de cultura de varios continentes.

©GABRIELLA BIANCO, poeta y escritora italiana
PRESIDENTE DE ASOLAPO ITALIA – MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



Cuidemos nuestro Hogar Planetario, Irene Aguirre, Buenos Aires, Argentina


















Advertencia de GEA

Cuidemos nuestro Hogar Planetario

Caminamos sin ver, a la deriva,
ciegos a lo  terrible que despierta
un destino  sin rumbo ,  ¡ recubierta
la advertencia  de Gea a   roca viva!

Negamos nuestra suerte asaz   incierta
con “ racional certeza” ¡ tan  cautiva
de materialidades!¡¿Quién reaviva
la incomunicación  sin que se advierta?

¿Qué ocurre con nosotros, con la esquiva
indiferencia actual? ¡Que ya  se invierta
esta cruel situación de forma  activa!

¡Que  el corazón humano  su luz vierta
en  la unión planetaria , decisiva,
y la Paz entre hermanos, descubierta!

©IRENE AGUIRRE, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


LA INMORTAL OLGA OROZCO, A VEINTE AÑOS DE SU PARTIDA, Roberto Alifano, Buenos Aires, Argentina


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TRIBUNA

LA INMORTAL OLGA OROZCO, A VEINTE AÑOS DE SU PARTIDA
¿No era ese tu triunfo en las tinieblas, poesía?
Hace veinte años nuestra querida y admirada poeta Olga Orozco nos dejaba para sumarse a los más y entrar en la inmortalidad. Yo la sigo releyendo y evocando con hondo y entrañable afecto. Trabajamos juntos en la revista Claudia de la editorial Abril, y en una de las habituales y repetidas crisis de nuestra Argentina, que provocó la quiebra de la empresa, Olga optó por jubilarse. Sobrevivimos cinco o seis periodistas, que esmeradamente cubríamos todos los frentes de la publicación. Yo, sin tener la menor idea del tema, debí hacerme cargo de escribir el horóscopo, tarea que con eficacia desarrollaba ella. Como es de suponer, mis conocimientos en esa especialidad son -y lo eran en esos días- completamente nulos; sólo sé de astrología que por haber nacido en el mes de septiembre, pertenezco al signo de Virgo. Bueno, el asunto es que haciendo un refrito con lo publicado en revistas anteriores, yo salía del paso.
Una tarde vino de visita nuestra querida Olga que, como se sabe, además de poeta y periodista era astróloga. Cuando se acercó para saludarme, vio que yo estaba escribiendo el horóscopo de la semana y al ver el procedimiento que yo usaba para salir del paso, me reprendió duramente: “Alifano, esto que haces es una estafa a la gente. Por favor no lo hagas más. Podrías haber recurrido a la poeta Elisabeth Azcona Cranwell, que también sabe del tema. A partir de ahora yo lo seguiré haciendo, y gratis”. Abochornado, yo me disculpé y acepté su propuesta, que en definitiva me sacaba del apuro y me libraba de una culposa responsabilidad.
La estricta y múltiple Olga dedicó buena parte de su vida al periodismo, a la labor actoral y a la producción de radio, sin dejar nunca, por supuesto, su maravillosa faena de poeta. Empleó varios seudónimos en nuestra profesión y estuvo al frente, también, de algunas publicaciones literarias, tales como la revista Canto que dirigía su primer esposo, el poeta Miguel Ángel Gómez y reunía a la llamada Generación del ‘40. Por esa época hacía, además, comentarios sobre teatro clásico español y argentino en la Radio Municipal; no era todo, pues actuaba en las tablas representando el imaginario papel de Mónica Videla, que se extendió desde 1947 hasta 1954. En la Radio Splendid, nos volvimos a encontrar cuando yo colaboraba en el informativo y ella hacia un papel en la compañía teatral de Nydia Reynal y Héctor Coire, al que a través de ella me incorporé como actor. Fue durante esos años, fines de la década de 1960, cuando se empleó como redactora en la revista Claudia y conjuntamente organizó el horóscopo del diario Clarín.
Yo la conocí hacia mediados de los años ’60, cuando con Olga trabajábamos en la instructiva Guía Sudamericana de Turismo, del editor Enrique Garciarena, el divertido “Hueso”, como le decíamos íntimamente. Ella había formado pareja con Enrique Molina y viajamos juntos a México, donde compartimos cenas con Octavio Paz, Rosario Castellanos, Juan Rulfo, Gabriel García Márquez y Jaime Sabines, entre otros; luego estuvimos en Bogotá, en Lima y en Santiago de Chile, viviendo en ocasiones experiencias formidables, tales como un caldillo de congrio en la celebración del cumpleaños de Pablo Neruda.
Como poeta, Olga formó parte de la generación “Tercera Vanguardia” de marcada tendencia surrealista, y al cual pertenecían entre otros, Oliverio Girondo, César Fernández Moreno, Enrique Molina, Alberto Girri y Joaquín Giannuzzi, que basaron su producción poética en la influencia que en ellos ejercieran a su vez San Juan de la Cruz, Sor Juana Inés, Rimbaud, Nerval, Baudelaire, Milosz y Rilke. Quizá la obra que mejor explica a estos poetas y su tiempo se encuentra en el texto que Olga recopilara bajo el título: La oscuridad es otro sol (1967), donde su prosa, siempre poética, en relatos de su abuela María Laureana, la llevarán a desarrollar una saga donde la infancia es una puerta iniciática. Allí también aparece su vínculo con el tarot que la llevan a escribir poemas como “Cartomancia” o “Para destruir a la enemiga”, donde Olga vitaliza cada gesto vinculado con el acto de escribir. Esa fuerza verbal y la intensidad apasionada de sus versos son, no me caben dudas, suficientes razones para que se considere a Olga Orozco entre las más iluminadas voces de la poesía en lengua española.
Aquí está lo que es, lo que fue, lo que vendrá, lo que puede venir.
Siete respuestas tienes para siete preguntas.
Lo atestigua tu carta que es el signo del mundo:
a tu derecha el ángel,
a tu izquierda el demonio.
¿Quién llama?, ¿pero quién llama desde tú nacimiento hasta tu muerte
con una llave rota, con un anillo que hace años fue enterrado?
¿Quiénes planean sobre sus propios pasos como una bandada de aves?
las estrellas anuncian el cielo del enigma…
Olga solía repetir en entrevistas que acostumbraba escribir con piedras en sus manos; una traída de donde nació su padre, otra de la tierra de su madre y una tercera que le había obsequiado un amigo de la infancia de la que estuvo enamorado, cuando se mudaron con su familia del pueblo de Toay, en la ciudad de Bahía Blanca.
En su entorno literario se hablaba de ella como una mujer de enorme generosidad, que nunca se quedó pegada al personaje ni dejó de tomarse el trabajo de redactar cartas de recomendación para ayudar a sus amigos, ni de abrir de par en par cualquiera que golpeara su puerta. Es la pura verdad. Doy fe.
En una lluviosa noche de marzo de 1999, Olga nos invitó a cenar en su casa a Rivadavia y a mí. Ella y el arquitecto Valerio Peluffo, su esposo, con quien se casó en 1965, nos recibieron alegres en su cálido departamento. Fue un encuentro maravilloso y memorable; por aquellos años, Olga formaba parte del consejo de redacción de la revista Proa, que yo dirigía. Recuerdo que se mostró sorprendida que le dedicáramos a ella un número especial. “Ustedes están completamente locos, ¿cómo se les ocurre una cosa así?”, nos reprendió con gesto adusto y una auténtica humildad. La convencimos y es algo que nos honra. Nos entregó el magnífico poema “Aquí están tus recuerdos”
Aquí están tus recuerdos:
este leve polvillo de violetas
cayendo inútilmente sobre las olvidadas fechas;
tu nombre,
el persistente nombre que abandonó tu mano entre las piedras;
el árbol familiar, su rumor siempre verde contra el vidrio;
mi infancia, tan cercana,
en el mismo jardín donde la hierba canta todavía
y donde tantas veces tu cabeza reposaba de pronto junto a mí,
entre los matorrales de la sombra...
A Olga le gustaba definir la poesía usando las palabras de Howard Nemeroff, el poeta norteamericano, que decía que poesía es “la tentativa de apremiar a Dios para que hable”. Seguramente los que creen en Dios pensarán que ella debe estar cumpliendo ahora esta preciosa tarea, y los que creen en nuestra admirada Olga Orozco, pero no en Dios, aceptaran también esta posibilidad puesto que une íntimamente a la poeta con la auténtica poesía. Y con lo sublime.
Recordar a Olga Orozco es, también, la posibilidad de descubrir a una poeta de particular significación para las mujeres que ejercen esta tarea, porque no hay que olvidar que ella levanta un yo incandescente, un lugar para la subjetividad en donde caben todos. Como pocas mujeres en su tiempo, Olga se animó a poner toda su fuerza en la palabra y apostar por el arte y sus pasiones. Rechazó los estereotipos y snobismos, y transitó en las veredas caminadas por los verdaderos artistas de su época, la mayoría hombres, y ella fue con ellos a la par. Con rotunda actitud de entrega, nuestra aeda no temió nunca mostrar sus obras junto a las suyas, aunque casi la mayoría careciera de talento.
Sin duda es importante recordarla más allá de ese viejo rótulo de “la generación del ‘40”, porque su obra implica eso, pero sin duda mucho más, ya que es la obra de una mujer que se entregó al amor, sin el cual no vale la pena vivir, y por la plenitud de una trayectoria literaria que la coloca en la lista de esos innumerables nombres femeninos que se deben recuperar para siempre.
Olga Orozco, nació en Toay, en la provincia de La Pampa hacia 1920, y publicó su primer libro de poemas titulado Desde lejos, a los 26 años. Toda su obra fue reconocida en 1988, cuando le concedieron el Premio Nacional de Poesía, y en 1998 cuando se la distinguió en México con el premio de literatura Juan Rulfo. El 15 de agosto de ese mismo año, nuestra amiga atravesó esa última puerta, que, según ella, la dejaría en el jardín que existe “en el fondo de todo, allá en la nada”. Murió de un ataque al corazón en una clínica de la ciudad de Buenos Aires, donde había ingresado a mediados de julio con una afección circulatoria.
Fiel y rigurosa en el manejo de las formas, los poetas tenemos la obligación de creer en las palabras”, nos dijo aquella noche que la visitamos con Rivadavia. “Tenemos que creer en ellas como si fueran mariposas en libertad; también como las palabras creen en los poetas cuando éstos vuelan en libertad”. La misma libertad que ella dio a sus versos más vigorosos y conmovedores de despedida:
Yo, Olga Orozco, desde tu corazón digo a todos que muero.
Amé la soledad, la heroica perduración de toda fe,
el ocio donde crecen animales extraños y plantas fabulosas,
la sombra de un gran tiempo que pasó entre misterios y entre alucinaciones,
y también el pequeño temblor de las bujías en el anochecer.
Mi historia está en mis manos y en las manos con que otros las tatuaron.
De mi estadía quedan las magias y los ritos,
Unas fechas gastadas por el soplo de un despiadado amor,
La humareda distante de la casa donde nunca estuvimos,
Y unos gestos dispersos entre los gestos de otros que no me conocieron.
Lo demás aún se cumple en el olvido…

©ROBERTO ALIFANO, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


...Y ESTE LATERAL INSOMNE, George Reyes, Cuidad de México

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...Y ESTE LATERAL INSOMNE
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1

Mojados fueron otra vez mis ojos,
por el barro empapado de la tierra;
el camino sin resuello se ha estirado
y en la sombra he arribado a la estación de un lateral insomne.

2

Gritar quería, pero el grito naufraga en la nostalgia.
Mas escúchenme tres veces, amores míos:

¡He arribado a la estación de un lateral insomne!
¡En la sombra he arribado!
¡He arribado ya en la sombra!

3

Duele...
Denme una respuesta en la vera del tiempo:

Si no duerme, me escatimas tu mirada,
se recarga el corazón de ausencias
y se agrietan en luces de lucernas;
si yace en sueño, yo me torno
¡nada más a tu mirada!
¡Nada más feliz!

¡Escúchenme tres veces!

del poemario inédito PERO ESA LINEAL MIRADA

©GEORGE REYES, poeta y escritor mexicano
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


ODA A FEDERICO, Delia Checa, Mendoza, Argentina

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ODA A FEDERICO

(A Federico García Lorca,
en su memoria)

Así, sin apellido,
irreductible,
sin más señas que tu nombre:
Federico, a secas.

Manantial creativo,
antiguo y prístino,
tu esencia es poesía,
ungido de pura gracia.

Ejerces fascinación arrolladora.
En tus redes nos atrapas
cual a mosca desprevenida la miel…
¿Cómo evitar caer en ellas?

Tu ser resplandece,
auténtico,
seduce como la vida misma.

Provisto de una risa contagiosa,
eres un sol que entrega,
pródigo, sus rayos.

Un duende juguetón
danza entre tus versos
mientras practica mil piruetas
en despliegue lúdico.

A flor de piel
llevas tu niño interior
cuya alegría es una bengala
que estalla,
ante cualquier estímulo.

Poeta abundante
con despilfarro
de bondad y júbilo.

En tu versar,
pleno de inspiración celeste,
desfilan toros
y gitanos de mirar profundo
mientras revolotean mariposas.

¿Cómo sustraernos a tu encanto
de poeta multifacético?

©DELIA CHECA, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


domingo, 25 de agosto de 2019

EN ESTA HORA, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina



















EN ESTA HORA

Cierro las puertas de par en par
y abro herméticamente las ventanas
con puntual sin horario
lejos de todo encuentro
y de memorias rotas
lejos de permanencias
de rutinas y olvidos
lejos de las palabras
del silencio
de la risa y del llanto
lejos de aquí y de todos
lejos en este día 
en esta hora
cierro las puertas
y abro herméticamente las ventanas.
con puntual sin horario.

©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA





Herbert Spencer y el anarquista Borges, Roberto Alifano, Buenos Aires, Argentina

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TRIBUNA

Herbert Spencer y el anarquista Borges
Herbert Spencer, el padre del anarquismo individualista, leyó en su momento con entusiasmo juvenil la sociología positivista de Auguste Comte y, muy en coincidencia con Darwin, Lamarck y Russell, fue el otro gran filósofo de la ciencia. Postuló una teoría de la evolución cultural, en la que desarrolla la tesis de que “la sociedad progresa por una ley de tres estados” (el teológico, o ficticio; el metafísico, o abstracto y el científico, o positivo). Luego justificó esos ensayos, estudiando con cautela el desarrollo de una biología sujeta a tales principios. Sin embargo, Spencer rechazó lo que consideraba el aspecto ideológico del positivismo de Comte; su visión, esencialmente filosófica, estaba formada por una combinación de deísmo y positivismo, y su intento era reformular las ciencias sociales en términos de su principio de la evolución, que se aplica fundamentalmente a los aspectos biológicos, psicológicos y sociológicos del universo. En su famoso libro, The Man versus the State(El hombre frente al Estado), desarrolló con amplitud su teoría, definitivamente anarquista, aunque opuesta a los propósitos políticos de Pierre-Joseph Proudhon y Piotr Kropotkin, que postulaban un camino de violencia.
Dada la primacía en que Spencer colocaba a la evolución, su sociología podría describirse como la de un darwinista social (aunque estrictamente hablando él era un fervoroso partidario de Jean-Baptiste Lamarck, que en algunos aspectos se oponía a los principios de Charles Darwin). A pesar de la popularidad de este punto de vista, una descripción de la sociología de Spencer como tal, puede resultar menos fidedigna que contradictoria. No obstante, sus escritos políticos y éticos referían temas consistentes con el darwinismo social. Estas reflexiones, curiosamente, no están registradas en sus trabajos sociológicos (también cercanos a Henry David Thoreau y a Max Stirner), que se centran sobre todo en la construcción de una teoría basada en los procesos de crecimiento social y su diferenciación con las variables de complejidad entre las diversas formas de organización de una comunidad.​
Desde un punto puramente conceptual, su conclusión lo llevaba a afirmar que una sociedad es un organismo con vida propia que crece y, mientras más crece, sus funciones se multiplican a la vez que se diferencian entre sí. Algo similar, observa, se da en la intercomunicación de sus elementos que se especifican cada vez más. Aunque no son enteramente iguales, pues mientras el organismo forma “un todo concreto”, la sociedad forma “un todo discreto”, permitiendo en su desarrollo cierta libertad. Es así que en los primeros conceptos aparece la conciencia concentrada; en oposición a la sociedad, que difunde su conciencia en todo el cuerpo sobre el que se expresa.
Bajo este postulado, Spencer desarrolló una concepción omnímoda de la evolución como desarrollo progresivo del mundo físico, cuyos organismos biológicos; es decir, la cultura humana y las sociedades, están sometidas a este teorema. Probablemente contradictorio en este particular, Spencer llegó a desarrollar buena parte de su obra como “un exponente entusiasta de la evolución”, e incluso llegó a escribir acerca de estos postulados antes de que lo hiciera el propio Darwin.​ Como buen polímata, en la senda de un Leonardo De Vinci, podemos decir que el contundente Spencer abarcó una amplia gama de temas, incluyendo la ética, la religión, la antropología, la economía, la teoría política, la filosofía, la literatura, la astronomía, la biología, la sociología y la psicología. Fue así que durante su activa vida alcanzó una notable autoridad; sobre todo en el ámbito académico de habla inglesa. Agreguemos que en un espacio similar, durante el siglo XX, el otro filósofo inglés en haber logrado tal popularidad generalizada fue Sir Bertrand Russell. Pero Herbert Spencer llegó a ser el intelectual europeo más famoso en las últimas décadas del siglo XIX; aunque, curiosamente, su influencia se redujo de manera drástica hacia principios de 1900. No obstante, en 1902, poco antes de su muerte, fue nominado para el Premio Nobel de Literatura.
Borges, que se consideraba un anarquista spenceriano nunca dejaba de referenciarlo cuando proclamaba ser su fiel seguidor. “Bueno, si hablamos en serio, yo me defino como un anarquista seguidor de Spencer, de los que aspiran a un máximo de individuo y a un mínimo de Estado”, le oí comentar; y agregar después que había oído quejarse a su padre, con un gesto de desencanto durante los años en que la familia vivió en Europa, que muy pocos leían al talentoso Spencer.​ Pero don Jorge Guillermo Borges, nunca dejó de recomendar esa lectura a su hijo. “La vida es dura e inexplicable”, contaba Jorge Luis, que reflexionó su padre cuando caminaban por la ciudad de Ginebra una tormentosa tarde de agosto con banderas desplegadas al viento, mientras un parsimonioso sacerdote caminaba delante de ellos. “Hijo mío, te pido que registres en tu cabeza muchas de las cosas que ahora mismo estamos viendo: como por ejemplo esas banderas que flamean o ese cura que atraviesa la calle; pues seguramente cuando tengas mi edad no existirán más. A larga, Spencer tendrá razón”. A decir verdad, Jorge Luis Borges no alcanzó a ver ese cambio que auguraba su padre. La vida no es tan dinámica y la evolución es más bien lenta.
Juntos, padre e hijo, celebraron no mucho después el advenimiento de la esperanzadora revolución rusa y las propuestas de Lenin, que postulaban una sociedad más justa e igualitaria. El muchacho, en su primera poesía publicada en Sevilla, celebra ese advenimiento con un tono entusiasta y hasta festivo, titulando a su libro Los Psalmos rojos. Luego, padre e hijo quedarían desencantados ante el avance del estalinismo, que culminó en una dictadura inclemente y asesina.
Ambos, padre e hijo, abrazarían definitivamente las muy pensadas teorías de Herbert Spencer; mejor conocido, quizá, por la expresión “supervivencia del más apto”, que acuñó en Principles of Biology, más o menos hacia mediados del siglo XIX (después de leer, claro, The origin of especies, de Charles Darwin), un término que sugiere fuertemente la selección natural; sin embargo, como lo hizo el propio Spencer, los Borges extenderían la evolución hacia los reinos de la ética, sin olvidar el uso pragmático de las teorías de Lamarck.
Jorge Luis Borges, nunca se apartaría de ese camino. Cuando alguien le preguntaba por su posición política, respondía con una ostensible nostalgia y gesto melancólico, que no eludía la leve sonrisa: “Soy, como también lo fue mi padre, siguiendo la teoría de Herbert Spencer, un anarquista individualista que postula un mínimo de Estado y un máximo de individuo”. Algo que todos esperamos aún. Escéptico siempre hasta el último suspiro, seguramente para escandalizar a amigos y enemigos, causa gracia que alguna vez Borges se afiliara al Partido Conservador. “Como una broma, por supuesto”.

©ROBERTO ALIFANO, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA






TÚ Y YO, Teresinka Pereira, Ottawa, Usa.

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TÚ Y YO


No estoy en ninguna parte.
Mírote y tampoco estás.
Hemos decidido
por la lejanía conveniente,
por la familia conveniente,
por el egoísmo
de los que nos aman
incondicionalmente.

Nos dejamos naufragar
por ahí en donde
nos van a encontrar
los que tienen el coraje
de llorar por nosotros,
y los que nunca
han sabido soportar
los momentos en que
realmente hemos sido
felices.

TU ED IO (TU E ME)
   
No sono da nessuna parte.
Guardo e nemmeno ci sei tu.
Abbiamo deciso
per la lontananza conveniente,
per la familia conveniente,
per l'egoismo
di coloro che ci amano
incondizionatamente.

Di lasciarci naufragare
nei posti dove
ci incontramo quelli
che hanno saputo
sopportare
in momenti nei quali
realmente siamo stati
felici.

©TERESINKA PEREIRA, poeta y escritora brasileña
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

Traduzione per Giuseppe Fillipone
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CANTO DE FE, Jerónimo Castillo, San Luis, Argentina

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CANTO DE FE

Para los hombres que vendrán,
para aquellos que aún no fueron,
para los futuros arquitectos
de un mundo idealizado,
para todos los que de algún modo
serán actores de una nueva humanidad,
para ellos va mi poema,
va mi canto de luces inmediatas,
va mi aliento esperanzado,
porque tengo la fe del idealista
y continúo creyendo en lo creíble,
aunque más en lo increíble,
hasta que alguno me demuestre
que estoy equivocado.

©JERÓNIMO CASTILLO, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA