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viernes, 24 de junio de 2016

EN EL DÍA DEL PADRE, Dr Rafaél Mérida Cruz-Lascano, Guatemala





















EN EL DÍA DEL PADRE

Soneto tríptico

Mi Padre, primero.

Salisteis  feliz, de la vida,
Vida que tú forjasteis,
Yo sé bien que la gozasteis,
Razón de más, ¡No se olvida

Después de Dios, creador del destino
de tu semilla sobrenatural;
Agradezco  a la vida tan plural
que tú me iluminaras el camino.
 .
Hoy, tus vestidos son de blanco lino,
forma celeste, anillo sideral,
cubriendo con sinfonía coral
y esa nota extraña que yo adivino.
 .
Hoy día, sin la fantasía de la vida,
has dejado una nube en mi costado,
pensamiento, como guía presentida.
 .
Y en ese pensamiento he heredado,
la miel que tú gozaras de la vida,
será ese mi refugio consagrado. 
 -
--
Muchos recuerdos guardo con nostalgia,
sabes, aunque te dije que te quiero
no fue lo suficiente, soy sincero;
es en el ouroboros la neuralgia.
 .
Sagaz Quijote; Con la dulce vida…
¡Señor entre señores! … caballero;
¡Sin arrogancia! Chapín verdadero,
tuya la razón de más, ¡No se olvida!
 .
¡De tus enseñanzas! yo soy consiente
solamente he tomado las más puras,
¿De pinceles? el más resplandeciente.
. .
¡Filósofo peregrino! Procuras,
“desde lejos” se mi arcángel radiante,
señor de la vida que tú forjaras.
 -
--
¡Tú, Poeta visual! mi ejemplo virtual;
¡Un Rafael, un Murillo! ser, famoso;
¡Un arcángel, un ángel! ser, dichoso;
para mí, eres real, ¡Eres espiritual!

 .
Siempre fuiste libre, como el Quetzal,
 e la caída emergiste poderoso;
nunca mostraste tu ego caprichoso;
¡Mi poderosa Deidad, terrenal!
 . 
Siempre recibí tu amor y cariño
siempre el apoyo de buen compañero;
siempre me mirabas como a un niño.
 .
Nunca dejaste de ser buen guerrero;
nunca severo en noches de armiño;
nunca dejaras, padre, ¡Ser  primero! –
- 
--
© Dr. RAFAEL MÉRIDA CRUZ-LASCANO, Poeta y escritor guatemalteco 
“Hombre de Maíz, 2009”, Guatemala, C. A.

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


BÉCQUER POSESO DE LA MUSA, Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina




BÉCQUER POSESO DE LA MUSA

Por Antonio Las Heras (*)

Hay dos Bécquer. (1.-) Está el hombre que camina por las calles de Sevilla y de Madrid durante aquel aún romántico siglo XIX. El otro, ese compuesto por vagos recuerdos y vestigios de sueños que, cada madrugada, se perciben remotos. Bécquer-creador: del cuerpo descansado y los sueños multiplicándose.
                La mañana llegará con angustia. ¿De qué manera vierte en palabras esas imágenes que se arremolinan y empujan dentro de la cabeza del poeta?
Siente, entonces, intensa impotencia. Y escribe:
“Yo quisiera forjar para cada uno de vosotros una maravillosa estrofa tejida con frases exquisitas, en la que os pudierais envolver con orgullo, como en un manto de púrpura. Yo quisiera poder cincelar la forma que ha de conteneros, como se cincela el vaso de oro que ha de guardar un preciado perfume. Mas es imposible.”
La distancia entre su universo onírico y el poema acabado aparece semejándole un abismo. Se encuentra en su creencia el no poder aproximar tales opuestos.
           Bécquer despierto no es el Bécquer-creador que hay en sueños.
En la vigilia hay, apenas, un Bécquer-copista. El que transcribe. Un hombre vacilante. Empequeñecido, frente a la intangible mensura de los fantasmas criados.
          En cambio, en las noches, durante los sueños, surge pleno y sólido Bécquer-creador. De sueños fecundos, de imaginación sin límites. El de las fantasías continuas, translucidas y dichosas.
“Pero, ¡hay que entre el mundo de la idea y el de la forma existe un abismo que sólo puede salvar la palabra, y la palabra, tímida y perezosa, se niega a secundar los esfuerzos!”
         Así como Beethoven – sordo – escuchaba a la orquesta vibrando en su cabeza, Bécquer tendrá lo propio con la poesía.
“Mi musa concibe y pare en el misterioso santuario de la cabeza, poblándola de creaciones sin número, a las cuales ni mi actividad ni todos los años que me restan de vida serían suficientes para dar forma”. 
        Es el creador que habla. Bécquer prisionero de su musa. Vive de, para y por ella.
        La musa fijó residencia en la mente del poeta. Quien no se alcanza a decidirse por aceptarla definitivamente.
Hay momentos, cierto que no más que momentos, donde siente que debe arrojar fuera a ese mundo interno que lo atormenta.
         Es un hombre transitado por insospechadas manifestaciones arquetípicas. Atrapado por esas estructuras de intensa carga energética nutridas desde el estrato más profundo de la intrapsique colectiva que habría de describir unas cuantas décadas más tarde el sabio suizo Carl Gustav Jung. Y si bien Bécquer lucha, solo consigue entregarse a esas fuerzas. Porque las presencias arquetípicas son las que otorgan sentido a su existir. Así van, de a poco, adueñándose de su consciencia. Adueñándose de todas sus conductas.
         Bécquer comprende el irreversible proceso, refiriéndose así a la estéril batalla:
“Deseo ocuparme un poco del mundo que me rodea, pudiendo una vez vacía, apartar los ojos de este otro mundo que llevo dentro de la cabeza”.
Y agrega:
“…el sentido común, que es la barrera de los sueños, comienza a flaquear y las gentes de diversos campos se mezclan y confunden”.
Llega el momento en que no tiene claridad para diferenciar las fantasías y materiales oníricos de aquellos recuerdos referidos a acontecimientos que, en verdad, sucedieron durante la vigilia. Todo está en una nebulosa donde es imposible descifrar, discernir. Las fuerzas arquetipales – ¿qué otra cosa sino simboliza esa musa a la que el poeta mismo situó dentro de su cabeza? – ganan la batalla.
Al precio del caos en el individuo.
          ¿Por qué compulsiva y extraña necesidad de escribir estos versos y aquellos cuentos, cual si una voz interior dictara a la pluma?  Es que el poeta necesita descargas, para aliviarse. Debe entregar al mundo terrenal ese otro mundo que lleva dentro. Empero no lo consigue de manera que le sea suficiente. Bécquer-copista no es tan fértil como Bécquer-creador de grávidos sueños. La imposibilidad de transcripción altera su vida.
Refiriéndose a esos poemas imaginados dirá que
“…conmigo van, destinados a morir conmigo, sin que de ellos puede otro rastro que el que deja un sueño de medianoche que a la mañana no puede recordarse”.
Entonces, se esfuerza, y explica:
 “No quiero que al romperse esta arpa – aludiendo a su muerte – vieja y cascada ya, se pierdan, a la vez el instrumento las ignoradas notas que contenía”.
          Es una vida-batalla constante. Hay un único Bécquer para dos mundos distintos. Y Bécquer, el hombre de este mundo, se halla subordinando al otro Bécquer; el de las fantasías y la vigencia onírica.
Escribe durante desgarradores momentos:
“Estas sediciones de los rebeldes hijos de la imaginación explica algunas de mis fiebres; ellas son la causa, desconocida por la ciencia, de mis exaltaciones y mis abatimientos.”
En efecto, el mundo inconsciente –definido por el poeta como “misterioso santuario” – dirige, irremediablemente, los pasos de aquel hombre. La ciencia de aquellos años no puede ayudarlo. ¿Podría – acaso – la de ahora? Los párrafos transcriptos fueron escritos en junio de 1868. Sigmund Freud era un adolescente. Carl Gustav Jung no había nacido. La moderna Psicología de lo Inconsciente no era ni siquiera un proyecto.
         El atormentado Bécquer está sólo, víctima del perpetuo combate de dos mundos. Se convierte en producto de sus sueños. Ellos hacen que, cada mañana, despierte feliz o deprimido. Por lo usual angustiado. Los procesos oníricos rigen ya el futuro de Gustavo Adolfo.
Dos años después morirá.
Hasta el final de su vida continuó indagando sobre la naturaleza de aquellas visiones que habitaban su mente. Sobre todo cuando empiezan a convertirse en hechos reales. Y la realidad externa se hace sueños.
         Síntesis poética de tales cavilaciones hallamos en la Rima LXXV. 
         Dice en las dos primeras estrofas:
¿Será verdad que cuando te toca el sueño con sus dedos de rosa nuestros ojos, de la cárcel que habita huye el espíritu en vuelo presuroso?
¿Será verdad que, huésped de las nieblas, de la brisa nocturna al tenue soplo alado sube a la región vacía a encontrarse con otros?
Bécquer imagina la existencia de un sitio – celestial – donde los espíritus – ¿acaso las almas? – de las personas se reúnen, mientras al componente físico duerme. Allá esos entes etéreos desarrollan una vida semejante a la terrena. La única diferencia es su incorporeidad.
          Se pregunta sobre esta situación así:

             ¿Allí, desnudo de la humana forma,
             Allí, los brazos terrenales rotos,
             Breves horas habita de la idea el mundo silencioso?
             ¿Y se ríe, y llora, y aborrece y ama,
             y guardaba un rastro de dolor y el gozo,
             semejante al que deja cuando cruza el cielo un meteoro?

     Bécquer supone que el sitio donde los espíritus se reúnen es como el silencioso mundo de las ideas. La actividad del espíritu desencarnado origina las ideas. Así, renovada la integración físico-espíritu, el hombre se convierte – cada madrugada – en un ser con nuevos y diferentes pensamientos. ¿Cuánto hay aquí de influencia platónica? 
        De ese lugar celestial regresan los espíritus con nuevas vivencias. De gozo y también de tristeza. De cada una de esas queda un surco en el espíritu, una marca que al ingresar en el cuerpo – con las horas del amanecer – entregará al individuo el sentimiento de cosas nuevas, de ignorado origen. (2.-)
           Bécquer carece de certezas sobre estos procesos. Por ello el poema finaliza con una afirmación después de una duda. Dice así:
“¡Yo no sé si ese mundo de visiones vive fuera o va adentro de nosotros, pero sé que conozco a muchas gentes a quienes no conozco!”
Esta estrofa introduce una novedad importante. Bécquer ya no limita la explicación al desprendimiento del espíritu en viaje a un ignoto sitio – idea desarrollada en las cuatro estrofas precedentes – sino que entrevé la posibilidad de que todo lo que está viviendo proceda exclusivamente de su propia interioridad. Esto hace pensar que si bien la consciencia de Bécquer estaba muy invadida por los contenidos arquetípicos, la intensidad de estos nunca fue suficiente para privarle de la razón. Los resultados del autoanálisis respecto a su situación y la angustia manifiesta por los sucesos vividos así lo demuestran. 
            La afirmación que finaliza el poema brinda la posibilidad de una fructífera polémica.
            Desde el punto de vista estrictamente psicológico decir “sé que conozco a muchas gentes a quienes no conozco” equivale a demostrar que se perdió el criterio de realidad. Sin embargo, puede hacerse otro abordaje. Desde la Parapsicología. Aquí Bécquer expresando su convicción de que – provengan de donde fueren – esas visiones lo hacen poseedor de información fidedigna sobre cosas no conocidas a través de los cinco sentidos, ni inferidas por deducción lógica. Así, sus sueños y fantasías se convierten en una suerte de percepción extrasensorial, telepatía o clarividencia. (3.-) Esta posibilidad es muy interesante para evaluar. Todos los creadores – los verdaderamente creadores – gozan de una sensible intuición rara vez diferenciable de la clarividencia parapsicológica.
         Por otra parte, la inmortalidad literaria de la obra becqueriana confirma que se halla sostenida en cimientos arquetípicos que le otorgan vigencia en todo tiempo y lugar.
A su vez, la fenomenología parapsicológica suele hallarse fomentada por estados alterados de consciencia que – por lo usual – tienen origen en lo inconsciente colectivo, constituido por estructuras arquetípicas. No sería extraño, así, que el continuo fluir de tales fuerzas hacia la consciencia favoreciera la producción hechos extrasensoriales. De allí la certeza del poeta al hacer una única afirmación tras expresar tantas dudas: “sé que conozco a muchas gentes a quienes no conozco”.
                 La vida de Gustavo Adolfo Bécquer es la resultante de una persona que emprendió la obra más difícil que cualquier persona buscara concretar. Se trata de la integración de los opuestos a través de la incorporación de los contenidos arquetípicos a la consciencia. Lo que C. G. Jung denominó Proceso de Individuación. Un proceso sumamente delicado. Que aproxima a la persona a las raíces creativas más eficaces. Hasta aquí llegó Bécquer. Pero los fantasmas crecieron demasiado. Sin control posible, ingresaron a la consciencia. Desde la razón, el pensamiento, Bécquer luchó en una pelea despareja. Hizo cuanto le fue posible por poner el mundo terrenal sobre los singulares productos que su cosmos onírico originaba.
Pero no fue suficiente.
A los treinta y cuatro años, Bécquer había fallecido.


REFERENCIAS:
(1.-) Gustavo Adolfo Claudio Domínguez Bastida fue inmortalizado como Gustavo Adolfo Bécquer. Nació en Sevilla el 17 de febrero de 1836 y falleció en Madrid un 22 de diciembre de 1870.
(2.-) Un pensamiento similar encontramos en el poeta Christian Morgenstern (poeta y escritor alemán, nacido en 1871 y fallecido en 1914) quien escribe: “Cuando se remontan al oscuro cielo del éter los brillantes luceros, alza el alma su más lúcido vuelo en hálito vago y misterioso hacia el inmenso reino de la noche, para anhelar un sueño poderoso.”
           “De tales noches, el hechizo suave parece revelarnos lo creado, y sentimos como una fuerza oculta el poder que rige nuestras vidas.”
(3.-) El tema de la clarividencia en el poeta nos trae a la memoria aquella carta de Arthur Rimbaud (1854/1891), escrita a los 17 años de su edad y dirigida a Paul Demany, donde dice: “Digo que hay que ser vidente, hacerse vidente.” “El poeta se hace vidente por un largo, inmenso razonado desarreglo de todos los sentidos”. Una frase que, evidentemente, es exacta para aplicar al proceso de lo ocurrido con Bécquer. La clarividencia obtenida mediante la confusión de los sentidos tras quebrar la barrera entre la realidad interior y los estímulos externos.

©ANTONIO LAS HERAS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

(*)Antonio Las Heras es doctor en Psicología Social y magister en Psicoanálisis. Director del Instituto de Estudios e Investigaciones Junguianas de la Sociedad Científica Argentina. Miembro honorario de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). E mail: alasheras@hotmail.com      www.antoniolasheras.com         



POETAS Y POESÍA, Salomé Moltó, Alcoy, Alicante, España





POETAS Y POESÍA

No siempre es fácil hablar de tema tan delicado, como tampoco lo es atreverse a conjuntar versos más o menos afortunadamente que reflejen un sentir, expongan una situación, o denuncien un abuso
                La poesía, a mi entender, es eso y mucho más, porque donde haya un corazón dolido, una sensibilidad ultrajada, una injusticia más o menos velada, siempre habrá un poeta dispuesto a denunciar todo lo que pueda desequilibrar nuestra convivencia, todo lo que cause dolor.
                Dícese que es poeta todo aquel que es capaz de ver más lejos, sentir más hondo e inspirar a los demás.
                Quizás el primer poeta nació cuando el ser humano descubrió el arco iris, la lluvia suave, el primer rayo luminoso o el trueno aterrador o quizás también, al contemplar una noche estrellada.
                Aunque son muchos los poetas que a través de los tiempos han nutrido nuestra existencia, sería imposible imaginar la vida sin ellos y aunque tengamos la impresión al igual que D. Ramón de Campoamor y podamos decir con él:

 “Ya con la fe perdida
                Voy siguiendo del mundo el retortero
                Al ver que son iguales al primero
                Los últimos errores de la vida”

 La Humanidad seguirá imperecedera su camino, por muchos que esos errores la limiten. 
                Pero de lo que sí estoy segura es que mientras la dulzura de un pétalo de rosa me ruborice, la lágrima de un niño me acongoje o el sonido musical de la lira me estremezca, existirán los poetas, pues con ellos, yo por lo menos, me siento viva. Mil gracias a todos los que en su corazón lleven poesía.

©SALOMÉ MOLTÓ, poeta y escritora española
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


NUNCA PASIÓN NUNCA, Gustavo M. Galliano, Rosario, Santa Fe, Argentina





















NUNCA PASIÓN NUNCA

Se rebeló a creer en un Dios,
omnipotente y jactancioso,
y su hoy pagano se arrodilla,
ante una cruz, una equis, una esfera.
Deseó llegar a ser inmortal,
y se tatuó el rostro de Dorian Gray…
hoy gime sus lamentos,
marcando en el fango su desliz.
Se rebeló a creer, creyendo,
bebió de su propia bilis candente,
se arrepintió y gimió, titubeante,
más no hubo ángeles insurgentes.
Se despertó y encontró despojos de Sol
cocinando una aurora pretérita y ausente,
pidió perdón,  masculló disculpas,
pero era tarde para creyentes o augures.
Se lamentó por no creer en algún Dios,
se lamentó por deambular en solitario,
solo y cansado se entumeció, masticando gusanos,
en sombra peñasco, cima hosca de montaña.-

©GUSTAVO M. GALLIANO, poeta y escritor argentino.
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



domingo, 19 de junio de 2016

ROBLES FUERON... Y SERÁN, Joseph Berolo, Colombia
















Imagen provista por el autor

Robles fueron... Y serán
A mis hijos, hijas, nietos y biznietos.
Junio 19.2016
Día del Padre, Junio 19.2016


Cuando levanto los ojos hacia el horizonte de la vida siempre veo dibujada sobre el amplio panorama del recuerdo la imagen de mis padres, y en su huella, esa otra de robles precursores de sus vidas, los abuelos.
 Coronados todos van con laureles de esfuerzo y sacrificio a su grandeza de nobles robles milenarios, raíz de tantas vidas, referente de tanta historia. 
Cuando levanto los ojos hacia el horizonte de la vida, veo abierto el libro de su historia y la releo y siento palpitar en cada línea su alma y su legado. ¡Oh Dios Creador de toda vida! Cuán lejos estoy de ser lo que ellos fueron!  
Lejos de los míos, demasiado lejos.  Ausentes todos somos sin poder vivir de cerca nuestras dichas y compartir nuestras tristezas. Crece en mí la necesidad de volver a verlos y estrechar sus manos trabajadoras, creativas, dadivosas y gentiles que han laborado en todos los eriales del Señor y construido su existencia con honor y con nobleza.
Cuando levanto los ojos hacia el horizonte de la vida contemplo su silueta de pioneros de otros mundos, sembrando las raíces de su propia estirpe, y mi corazón se alegra con las buenas nuevas de sus vidas y se llena de amargura con sus penas. Duele mucho estar ausente.
Cuando levanto los ojos hacia el horizonte de la vida, contemplo el paisaje aquel desdibujado por el tiempo, de ese siglo que los vio nacer, y el rápido pasar de éste que me lleva hacia el final de mi existencia en solitario recorrer adolorido el momento ido, la oportunidad perdida, el dolor que nunca fue calmado, la alegría que jamás se compartió, la ausencia que todo lo borró. Solo queda el creer en renovadas huertas y esperar que crezcan nuevamente, en mis hijos y los hijos de sus hijos, esos robles que precedieron nuestro destino y nos legaron sus valores, su fortaleza moral, su grandeza espiritual. 

Una guitarra con eco campesino suena en algún lugar de la comarca. Quiero creer que la rasga la nostalgia, y con sus cuerdas, construir un puente y cruzar el mar de olvido que nos separa, y llegar a sus remotos puertos y allí, al pie de la ventana de sus nidos, entonar la serenata debida a la eternidad de los viejos robles y al futuro de los nuevos.

Desde Colombia, desde la Luna, como suelo llamar esta esquina de mi sufrida patria, acudo a imágenes y recuerdos ¡bajo la sombra de los viejos roble,​esos que agigantan por su ausencia, mi orfandad!

Firma, Un gran ausente, Vuestro padre.

©JOSEPH BEROLO, poeta y escritor colombiano
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


PIEDRA LIBRE, Antonio Requeni, Buenos Aires, Argentina


Imagen de: www.encontrarse.com


PIEDRA LIBRE

El padre juega con sus criaturas.
La cara vuelta contra la pared
y el brazo levantado hasta los ojos,
está contando como si llorara.
Y mientras cuenta sus criaturas crecen,
van por el mundo, suben escaleras,
se enamoran o estudian geometría.
Cuando terminan de contar, el padre
entra en los cuartos y revisa muebles.
Apenas ve. ¿Quién apagó las luces?
Su voz ha enronquecido, los invita
a dejar de una vez los escondites.
Y los hijas regresan, jubilosos.
¡Cómo han crecido! Son casi tan altos
como los sueños que en su juventud
solían desvelarlo dulcemente.
¡A contar! ¡A contar! - exclama el padre.
(Los grandes siempre vuelven a ser niños)
Y los hijos se apoyan contra el muro,
hunden la frente entre los brazos. Cuentan.
Y mientras cuentan-once, doce, trece...-
el padre se va haciendo pequeñito.
Cuando terminan de contar lo buscan.
Lo buscan pero el padre no aparece.
Se ha escondido debajo de la tierra.  

©ANTONIO REQUENI, poeta y escritor argentino
Miembro del círculo de amigos de Asolapo Argentina
Aporte propuesto por Zulma Nicolini




DUELO SILENCIOSO, Mary Acosta, Buenos Aires, Argentina

















Imagen provista por el autor

DUELO SILENCIOSO (A mi Padre)

Aún tengo de ti, padre
la destreza energética 
de tu sabia decrepitud, 
tu nombre iluminando las letras 
en mis turbios atardeceres, 
las cenizas de distancia, 
cubriendo como alfombra amarga 
tu vida y la mía; 
los sublimes susurros peregrinos 
de ángeles nocturnos, 
atravesando tus insomnios y meses de regalo. 
Grabo el eco tanguero de tus labios 
como larga plegaria arrullada a tu vera. 
Aprecio en el columpio de mi tiempo, 
tu esperanzada sonrisa a medias, 
cansada y fría sobre la blanca almohada. 
Aún tengo tu aroma fluido e impregnado 
en mis arterias, 
reconociéndome en una vida, 
y un corazón arrodillado ante Dios 
que saluda e inmortaliza tu partida. 
...
Recuerdos que se ahogan tras la vida sin tiempo, 
Sobrevolando sobre duelos silenciosos 
Y transmutaciones existenciales. 
Percepción de máxima belleza divina, 
Ante la inesperada huida de la carne 
Y el prometido ascenso hacia los cielos arcanos. 

©MARY ACOSTA, poeta y escritora argentina

MIEMBRO DIRECTOR DE PROTOCOLO Y CEREMONIAL DE ASOLAPO ARGENTINA

AL PADRE EN SU DÍA, Luz Samanez Paz, Cusco Perú



AL PADRE EN SU DÍA

LUZ SAMANEZ PAZ, Presidenta de ASOLAPO Internacional
 
Queremos rendir nuestro homenaje a todos los PADRES del Perú i del Mundo, llenos de respeto, gratitud i cariño, porque si reflexionamos sobre la inmensa responsabilidad i labor que entraña ser PADRE, en una sociedad quebrada en sus valores más sublimes.
 
Rendimos tributo a todos los PADRES de FAMILIA, quienes deben comprender la gran responsabilidad que tienen frente a sus hijos, a sus nietos i éstos, deben reconocer el sacrificio, la dedicación i la entrega de los PADRES, que con sabiduría i paciencia asumen su rol, porque dentro del contexto social el PADRE, sintetiza todo lo valioso que tiene el ser humano i como tal marca nuestra gratitud.
 
Porque el PADRE, está llamado a cumplir si papel preponderante en el hogar i solo él, puede dar protección, orientación, afecto, gracias a su generosidad incansable, agudeza de ingenio, a su sencillez i tenacidad. Para cumplir el papel de PADRE, el hombre ha de desarrollar su propia personalidad, su vida i su trabajo, que serán constructivos i fecundos, siendo la "paternidad" la más excelsa de todas sus acciones. Ya que el PADRE, hace de sus hijos verdaderas obras maestras, gracias al cuidado i educación a la luz de los valores.
 
Creo que debemos valorar al PADRE, en todos sus aspectos: como ser humano, compañero de nuestras MADRES, como pilar de una sociedad próspera, como la depositaria de los valores sempiternos que guían a la humanidad a la realización del ser humano como persona.
 
Porque el PADRE, es el ser que merece nuestro reconocimiento, sobre todo aquel que asume la "paternidad" en todo el sentido de la palabra, aquel PADRE que ayuda a encontrar el camino a sus hijos, educando a éstos, en bien de la Sociedad i de la Patria.
 
Por todo ello, va mi respetuoso saludo a todos los PADRES de FAMILIA i en ellos, a todos los PADRES del Perú i del Mundo, para que se revistan de nuevas energías para ser siempre el ejemplo digno a seguir i quiero rendir también un Homenaje a mi PADRE, el Dr. DAVID I. SAMANEZ FLÓREZ, con profundo amor filial, con admiración, con devota ternura, con gratitud por sus sacrificios sin límites, por su deseo de cada día, por su inmenso cariño, a mi PADRE EJEMPLAR, con un poema i en su persona a todos los PADRES.

 
PADRE
LUZ SAMANEZ PAZ
 
Para ti, PADRE
encendió el sol,
sus lámparas de oro.
 
Nunca estuvo el espacio,
más claro i deslumbrante...
 
Alados querubines,
que con sus arpas de oro...
 
Inundan de armonías,
tu coro celestial.
 
I yo me siento liviana,
cual si fuera a volar...
 
I asomarme a tu cielo,
con los brazos abiertos.
 
Para poder en ellos,
a mi PADRE estrechar.
 
Dulce PADRE Bendito,
en los rayos 
de este sol luminoso.
 
Yo te rezo un Rosario,
con mil besos de amor.
 
I desde aquí, reclino,
mi cabeza en tu pecho.
 
Para soñar despierta,
con un mundo mejor.



sábado, 18 de junio de 2016

EL PADRE, Héctor Gagliardi, poeta y escritor argentino



JOYAS DEL RECUERDO
Héctor Gagliardi
Poeta
Héctor Francisco Gagliardi fue un destacado poeta, recitador y letrista de tango argentino, conocido por sus poesías y textos en lunfardo. Wikipedia