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domingo, 16 de agosto de 2015

JUANA AZURDUY, César José Tamborini Duca, León, Espáña

Imagen de: taringa. net

Juana Azurduy
Comenzaré éste artículo con unos versos que no me pertenecen, se trata de un fragmento del payador argentino Evaristo Barrios escrito en 1947 titulado


¡Délen cancha a las mujeres!
Aura que en un hervidero
parece encontrarse el mundo,
con justas razones fundo
lo que aquí decirles quiero.
Si en doloroso entrevero
la mujer pudo mostrar
su coraje pa’ peliar
bien apareada al varón,
¡ha de tener condición
                                                                              dejuro, pa’ gobernar!
                                                 
 Juana Azurduy de Padilla nació el 12 de julio de 1780 en el cantón de Toroca, muy cerca de Chuquisaca, y murió en esta ciudad el 25 de mayo de 1862 (hay quienes afirman que murió en Jujuy).
Heroína de la independencia del Alto Perú (actual Bolivia) y descendiente de una familia mestiza, de la que quedó huérfana muy tempranamente, pasó los primeros años de su vida en un convento de monjas de su provincia natal, Chuquisaca, que era entonces sede de la Real Audiencia de Charcas. Recordemos de paso los diversos nombres con que se conoció la actual Sucre en distintas épocas: La Plata, Charcas, Chuquisaca.
En 1802 contrajo matrimonio con Manuel Ascencio Padilla, y ambos se unieron al movimiento independentista de 1809 que nombró gobernador del territorio a Juan Antonio Álvarez. Del matrimonio nacieron cinco hijos, aunque Manuel no alcanzó a conocer el último pues murió en un encuentro con los realistas antes del nacimiento de aquélla.

Retrocedamos un poco en la historia para saber por qué Juana Azurduy, de nacionalidad boliviana, es considerada una de las mujeres argentinas. Por Real cédula de 1 de agosto de 1776 Carlos III creó el Virreynato del Río de la Plata, en el que estaban incluidas –además de las gobernaciones de Paraguay, Tucumán, Cuyo y del Río de la Plata- los territorios conocidos como “del Alto Perú” (Potosí, Charcas, Santa Cruz de la Sierra) que hoy constituyen Bolivia. En ese territorio, el 16 de julio de 1809, se produjo un movimiento que buscaba la independencia de España. Pero si nos situamos aún más lejos, en el año 1780 (simbólicamente, el año en el que nació Juana Azurduy) la ciudad de La Paz fue sitiada por Túpac Catarí y Bartolina Sisa, alzados en armas en apoyo de Túpac Amarú. En la mencionada sublevación de 1809, Juana Azurduy de Padilla tomó partido por la causa de la libertad americana junto a su esposo.
Producido el movimiento revolucionario del 25 de mayo de 1810 en Buenos Aires, los realistas altoperuanos pidieron al virrey del Perú José F. de Abascal que enviara auxilios; sin embargo Cochabamba, La Paz, Oruro, Charcas y Potosí se plegaron a la Junta de Buenos Aires, más aún cuando el 7 de noviembre de 1810 se produce la primera victoria de las armas argentinas en Suipacha.
Juana recorría las comarcas vecinas reclutando hombres y mujeres para la guerrilla, organizando con su esposo un batallón denominado “Los Leales” que debía unirse a las tropas enviadas desde la capital del Virreynato, comandando varias acciones contra tropas españolas.
En 1810 se incorporó al ejército libertador de Manuel Belgrano, que quedó muy impresionado por el valor en combate de Juana; en reconocimiento a su labor, Belgrano llegó a entregarle su propia espada. Juana y su esposo participaron en la defensa de Tarabuco, La Laguna y Pomabamba.
Juana Azurduy
Mención especial merece la intervención de Juana Azurduy en la región de Villar, en el verano de 1816. Su marido tuvo que partir hacia la zona del Chaco y dejó a cargo de su esposa esa región estratégica, conocida también en la época como Hacienda de Villar. Dicha zona fue objeto de los ataques realistas, pero Juana organizó la defensa del territorio y, en una audaz incursión, arrebató ella misma la bandera del regimiento al jefe de las fuerzas enemigas y dirigió la ocupación del Cerro de la Plata. Por esta acción y con los informes favorables de Belgrano, el Director Supremo en Buenos Aires Juan Martín de Pueyrredón, en agosto de 1816 decidió otorgar a Juana Azurduy el grado de teniente coronel.
En la dureza de la guerra perdieron la vida sus 4 hijos pequeños que acompañaban al matrimonio. Quince años duró la lucha de estos guerrilleros sin que se dejara de pelear un solo día, y en uno de esos encuentros con las fuerzas realistas, en la batalla de Villar del 14 de septiembre de 1816 perdió la vida su amado esposo, que para salvar la vida de Juana entregó la suya. A la muerte de su esposo asumió la comandancia de las guerrillas que conformaban la denominada Republiqueta de La Laguna.
Luego de dar a luz una niña, se unió al grupo guerrillero que comandaba Martín Miguel de Güemes y operaba en el Alto Perú, pero a la muerte del caudillo salteño esta guerrilla se disolvió y Juana se vio constreñida a malvivir en Salta.
Tras el renunciamiento de San Martín para terminar su gesta libertadora ante la negativa de Rivadavia de proporcionarle los medios humanos y materiales necesarios, fue Sucre en la batalla de Ayacucho (el 9 de diciembre de 1824, batalla en la que participaron los Granaderos a Caballo de San Martín) el que puso fin a la guerra, proclamándose la independencia el 9 de Julio de 1825 siendo Presidente de la Asamblea José Mariano Serrano. (*)

Con la proclamación de la independencia Juana intentó en numerosas ocasiones que el gobierno del nuevo Estado le devolviera sus bienes para regresar a su ciudad natal (de paso recordemos que ella era hija de una mestiza y de un terrateniente de origen español), sin conseguir una resolución favorable. El Mariscal Sucre le había otorgado una pensión que le negaron a partir de 1857, muriendo indigente en 1862 y enterrada en una fosa común. Cien años después durante el gobierno de Víctor Paz Estenssoro sus restos fueron exhumados para ser guardados en el mausoleo que se construyó en su homenaje.

Hoy se le reconocen sus méritos siendo ascendida a Teniente General durante el actual gobierno argentino, que hizo emplazar una estatua en su honor detrás de la Casa Rosada; concebida por el artista argentino Andrés Zerneri, la misma lleva en lo alto de su mano, la espada que le regaló el General Belgrano en reconocimiento a su valor.

Merece transcribirse parte de una carta escrita en 1830 y dirigida “A las honorables Juntas Provinciales (…) Solo el sagrado amor a la patria me ha hecho soportable la pérdida de un esposo sobre cuya tumba había jurado vengar su muerte y seguir su ejemplo; mas el cielo que señala ya el término de los tiranos, mediante la invencible espada de V.E. quiso regresase a mi casa donde he encontrado disipados mis intereses y agotados todos los medios que pudieran proporcionar mi subsistencia; en fin, rodeada de una numerosa familia y de una tierna hija que no tiene más patrimonio que mis lágrimas; ellas son las que ahora me revisten de una gran confianza para presentar a V.E. la funesta lámina de mis desgracias, para que teniéndolas en consideración se digne ordenar el goce de la viudedad de mi finado marido y el sueldo que por mi propia graduación puede corresponderme”.

Vano intento, por una injusticia que es reparada tardíamente con la erección de su estatua el 16 de julio de 2015. El gobierno boliviano donó la escultura que está formada por cuatro piezas que en conjunto pesan 25 toneladas con 9 metros de altura, tardó 3 años en terminarse y trabajaron más de 45 personas en su realización. Se montó sobre una base de 6 metros para alcanzar la altura ideal que permita verla desde las ventanas del Salón Mujeres Argentinas de la Casa Rosada.
(*) José Mariano Serrano había nacido en Chuquisaca y por lo tanto era considerado también argentino. Fue Diputado por Chuquisaca a la Asamblea del Año XIII en Buenos Aires, y diputado por Charcas al Congreso de Tucumán que el 9 de Julio de 1816 declaró la Independencia Argentina “de toda dominación exterior”; como Secretario del Congreso tuvo la previsión de guardar copia de las Actas del mismo que no se conservaron, y gracias a él pudieron ser reconstruidas. Por él llevaban nombre una importante calle y plaza del Bª de Palermo en Buenos Aires, que actualmente se denominan Jorge Luis Borges y Julio Cortázar respectivamente.

© CÉSAR JOSÉ TAMBORINI DUCA, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA  

MARIO, Carlos Rodolfo Ascencio Barillas, El salvador, San Salvador


Imagen de: qarrsiluni.com

“MARIO”

Mario,
hoy que han pasado
treinta años,
y hemos recorrido
el mundo
que nos separa
por hombres
tentados
en la carne
y en el llanto,
por diferencias
mezquinas
y absurdas,
por orgullos
y prejuicios,
de las vanas
indiferencias.
Hoy  hace tiempo,
en la infancia
puedo recordar
tu voz, tu aliento
tu mirada profunda,
y los insignificantes,
remolinos
de vientos
que limpian
el polvo
de los desiertos,
así, te recuerdo
lejos, muy lejos,
de la razón
y de la verdad,
porque hoy
nos enfrentamos
en los túneles
oscuros
de tus ocasos
y que ahogan
nuestros silencios,
que triste agonía,
siente el alma mía,
desperdiciar la vida
para recibir la muerte
en los laberintos,
de la noche fría.


 ©CARLOS RODOLFO ASCENCIO BARILLAS, poeta y escritor salvadoreño
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


LUGAR MÁGICO, Carlos Egisto Antinori Ascoy, Guadalupe, La libertad, Perú



Imagen de: creaciones.bligoo.com


LUGAR MÁGICO

Existe un lugar de ensueño
donde yo soy el dueño
allí soy importante
porque soy el único habitante
aunque no tengo casa
donde curar mis penas
la paso bien caminando
ese lugar tiene rincones
como si fuesen balcones
de allí veo al mundo girar
a los niños llorar
a las mujeres gemir
a los hombres blasfemar
aquel lugar mágico
es propiedad privada
ni donde DIOS puede entrar
para castigar mis pecados
allí soy eternamente libre
para pensar lo que quiera
para decir lo que siento
para hacer lo que guste
sin importarme la gente.



© CARLOS EGISTO ANTINORI ASCOY, poeta y escritor peruano
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGRENTINA




jueves, 13 de agosto de 2015

LA LEY DEL SAQUEO, Dr. Mario Blacutt Mendoza, La Paz, Bolivia

LA LEY DEL SAQUEO


Hace algún tiempo, empecé a hacerles llegar el resumen de lo que yo llamé La Historia Informal: la Ley del Saqueo. En esos primeros envíos dije que una de las leyes más reales y constantes de la historia era la Ley del Saqueo. Esta introducción me llevó a la tarea de estructurar un Teorema, un Corolario y un Precepto, deducidos todos, de los hechos interactuantes. El Teorema del Miedo: El miedo, como el campo magnético en el cosmos, se expande por la mente humana permanentemente. El Corolario del Miedo: La Ley del Saqueo procede del miedo a ser saqueado. El precepto del Miedo: “Haz a los demás lo que no quieres que te hagan a ti, antes que los demás te lo hagan”. Dije también que mis hallazgos se circunscribirían al mundo occidental, de tal manera que empecé con Esparta. Describí a los espartanos como guerreros entrenados para matar y saquear, aunque sin ninguna ambigüedad por la que pretendieran velar su ser de guerreros y saqueadores.
Luego me refería los atenienses, quienes eran la contraparte ambigua de los espartanos, pues eran dados a los discursos y a la ambigüedad moral. Cité varias razones que me permitían describirlos como ambiguos. En primer término, su concepción de la democracia; los historiadores tradicionales, a quienes identifico como los “sonajeros de la historia” han idealizado esta ambigüedad ética como una virtud sublime. La democracia ateniense real estaba basada en la existencia de esclavos, quienes producían lo que los parásitos comían. Apremiado por la necesidad de tener esclavos, a la par de los botines de guerra, el gran Aristóteles sentenció que “el esclavo lo era por naturaleza”, dando su bendición para que el látigo escribiera la historia en la espalda del esclavo. Fue también Aristóteles quien ratificó algo que ya estaba instituido en la Grecia antigua, esto es, que la mujer era un ser inferior. Con Sócrates, el filósofo que peroraba en conferencias improvisadas en las calles de Atenas, los sonajeros de la historia encontraron una nueva oportunidad de hacer un acto de fe de la falsa modestia, pues se supone que era reconocido como un sabio por quienes escuchaban sus palabras; sin embargo afirmaba que “lo único que sé es que nada sé”. Este slogan, cuyos derechos de autor aún consolidan su fama, fue intermitentemente señalado por los sonajeros como la “humildad llevada a su extremo más sublime”. No nos extrañemos que Nietzsche tuviera una opinión muy negativa del que enseñaba al pueblo exclamando que “nada sabía”
Luego pasamos a Roma; allí vimos que los emperadores, con las excepciones debidas, fueron unos locos desaforados por ser “representaciones de la divinidad”. Tiberio, Calígula, Nerón, Cómodo… hicieron de Roma el escenario de las arbitrariedades más grandes en la historia de Occidente. Señalaban como bárbaros a las agrupaciones germanas. Sin embargo, nadie era tan “bárbaro” como el romano, por lo menos no lo era en el grado de hacer una distracción dominical el encuentro de cristianos con las fieras, en cuyas garras y dientes terminaban desechos. Esa actitud de parásitos y plebeyos romanos puede ser calificada de bárbara, salvaje, ignominiosa… en toda la extensión de la palabra. Desde el próximo envío seguiremos con la interpretación de la historia como la Ley del Saqueo y la elevación de la ambigüedad moral a rango de virtud por los historiadores sonajeros, relatando lo que fue el periodo de los emperadores hasta el siglo V

Mientras tanto, les invito a leer mi obra: Desarrollo Local Complementario, ingresando al siguiente portal:

© MARIO BLACUTT MENDOZA, poeta y escritor boliviano
ENCARGADO CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA EN LA PAZ, BOLIVIA




LAS BÚSQUEDAS ESPIRITUALES DE RICARDO GÜIRALDES, Dr. Prof. Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina

LAS BÚSQUEDAS ESPIRITUALES DE RICARDO GÜIRALDES

 Escribe el Prof. Dr. Antonio LAS HERAS

“Tener alma de proa” es la ambición de nuestro autor, expresada en “El cencerro de cristal”. Alma de proa implica mucho más que la mirada continua hacia delante. Visión reprochable si, carente de sentido, sólo siembra ansiedad. ¡Cuántos miran hacia la popa presos de recuerdos! ¿Y, acaso, no hay otros con la mirada fija en la cubierta temerosos del hoy? ¿Cómo pedirle a esos que se atrevan a la mirada de la proa?
Se trata aquí de una personalidad que requiere la ineludible presencia de una fuerza interior – perseverante, perenne – que nunca se arredra; ni aún en los momentos inciertos de niebla y hasta aquellos donde la oscuridad del espíritu se asemeja a lo absoluto.
Ese ámbito donde el común de los mortales disuelve su existencia como inútil hoja seca arrastrada hasta su pulverización por el arremolinado viento de otoño, no es obstáculo para quien su alma es proa que abre las aguas con el afán de descubrir nuevos puertos, otras regiones. Aquellas que – parafraseando a Carl Gustav Jung – sólo los poetas comprenderán porque no se trata de sitios físicos, susceptibles de percepción, sino aquellos propios de un mundo interior: el inmundo al que se refirió el filósofo triversitario Miguel Herrera Figueroa (1.-).
Místicos, esotéricos y alquimistas hicieron suya la búsqueda de esa región cósmica. No fue ajeno a ello Ricardo Güiraldes.      
“Su gran personalidad mística no puede retacearse”, ha dicho B. C. Ramachandra Gowda. Quien agrega: “Estamos frente a un místico que a fuerza de crecer en espíritu es universal, sin dejar por ello de ser auténticamente argentino”. (2.-)
Don Ricardo es un verdadero alquimista. No utiliza retortas, alambiques ni crisoles. El se convierte a sí mismo en laboratorio. Su producto acabado, la Piedra Filosofal que obtiene, la Fuente de la Juventud, es – precisamente – su obra literaria. En particular, claro está, “Don Segundo Sombra”, una novela donde el protagonista atraviesa todos los pasos que corresponden a todo Héroe Solar, de cualquier mitología y época, en su proceso para desarrollar una consciencia adulta capaz de permitirle convertirse en único e irrepetible, sin máscaras, sin engaños, sin hipocresías. Un hombre sostenido por tres pilares que hacen las veces de cimientos: un hombre pleno de libertad, de espíritu desplegado y cabal en la racionalidad para la toma de decisiones acertadas. No es, por supuesto, el alquimista sesgado que suponen los profanos: un solitario mezquino persiguiendo modificar las moléculas de un trozo de plomo en oro.
            La búsqueda de los alquimistas está expresada en el texto tradicional “Trascendental Magic”, de Eliphas Levi, que sostiene: “La Gran Obra consiste, por encima de todo, en que el hombre se cree a sí mismo, es decir, que domine total y absolutamente sus facultades y su futuro; es especialmente la completa emancipación de su voluntad lo que le asegurará el... control absoluto del Agente Mágico Universal. Este Agente, al que los antiguos filósofos disfrazaron con el nombre de Materia Primera, determina las formas que muestran las sustancias modificables; a través de él, podemos muy bien llegar a la transmutación de los metales y a la Medicina Universal”. Carl Gustav Jung vuelve en nuestro auxilio para advertirnos que “la misteriosa sustancia transformable” de la que hablan los alquimistas “es, al mismo tiempo, el ‘espíritu’ que mora dentro de todos los seres vivientes”.
Por eso no debe extrañarnos que el mismo hombre que redactó una de las obras inmortales de la literatura Argentina e Iberoamericana, el poeta que una Nochebuena puso en un verso que hubo “una gran mancha de luz sobre el mundo” y escribió los “Cuentos de muerte y de sangre”, sea la misma persona que visitó regiones del orbe que – todavía hoy – nos aparecen lejanos y exóticos.
  Son de cita reiterada las estadías de Güiraldes en París. Pero pocos han observado que ese argentino, a comienzos del Siglo Veinte, cuando la aviación no existía y la navegación era apenas segura, se aventuró llegando, entre otros países, a China, Japón, India, Ceilán, Rusia y Egipto. Probablemente también pocos han leído “El sendero”, ese itinerario de viajes espirituales redactado a modo de diario personal, en el que Don Ricardo reseña su asistencia a conferencias, en la Ciudad Luz, sobre los temas que despertaban su interés – la yoga, el orientalismo, el budismo – ofrecidas por visitantes de aquellas lejanas latitudes.
Güiraldes visitó Oriente con un afán diferente al del turista. Indagó creencias, practicó rituales, conversó con “hombres santos”, discutió sobre técnicas para lograr el éxtasis: esto es, la contemplación de la divinidad.
En su búsqueda utilizó drogas. Es particularmente importante una anotación en “El sendero” donde afirma su certeza de que a través de esas intoxicaciones nada trascendente puede obtenerse. “... puedo decir que no me cuadra ninguna droga. Conozco los ‘paraísos artificiales’, desde el alcohol hasta el opio. ... ningún vicio de estos me ha captado... Estas pruebas han dejado en mí, después de un momento de mezquino desvarío, una repugnancia..., porque el escapar de las miserias estúpidas por un medio extraño a mí mismo, no cuadra a mi deseo de absoluta libertad interior. Soñar de prestado, sabiendo que mis sueños vienen de la botica, hace reír mi orgullo ante tal recurso de capón. Por eso no he podido pertenecer a ninguno de esos infiernos...” (3.-)
 Empero, hay un relato de esos días, producto de su imaginación durante un estado alterado de consciencia, donde el autor hace una peculiar descripción de los argentinos y qué cambios futuros aguardaba. Traemos aquí este fruto de un instante alucinado, por ajustarse los parámetros que ofrece Jung sobre los fundamentos alquímicos.
                “Pero este tiempo había sido aquel en el que el espíritu de los alquimistas luchaba realmente todavía con los problemas de la materia, cuando la consciencia investigadora se enfrentaba con el espacio oculto de lo desconocido y creía ver imágenes y leyes que, sin embargo, no procedían de la materia, sino del alma. Todo lo desconocido y vacío se consuma por medio de la proyección psicológica: es como si se reflejara en la oscuridad el fondo del alma del observador. Lo que ve y cree reconocer en la materia son, ante todo, sus propias circunstancias inconscientes que él proyecta en ella; es decir, salen a su encuentro, procedentes de la materia, estas cualidades y posibilidades de significación inherentes en apariencia, de cuya naturaleza psíquica no tiene consciencia alguna”. (4.-)
Hecha esta consideración previa, ingresemos al universo mental del autor de “Raucho”. 
Hugo Rodríguez – Alcalá (5.-) lo cuenta de este modo: “Hay un documento privado – una carta, una confidencia – que se publicó veintiocho años después de su muerte, y que ahora resulta esclarecedor. Es una carta a Valery Larbaud. En ella relata el poeta una ‘revelación’ que tuvo en Ceilán, en un fumadero de haschich. ¿De qué fecha es la carta? De agosto de 1925. ¿Y de qué fecha la revelación? De 1911”
“Vale la pena transcribir el pasaje entero. Tras fumar unas pipas, Güiraldes cuenta que le sucedió lo siguiente:
           “... Estaba yo adueñándome de un bienestar lúcido... Y me alejaba de todo esfuerzo por dilucidar problemas intrincados. En cambio, se me proponían, sin esfuerzo, paisajes e imágenes que guardaba cariñosamente ante mis ojos un momento para luego alejarlos, cesando de entenderlos. La Argentina era un gran país en el mapamundi, que vino así de pronto. Conjuntamente vi su territorio, su historia y sus hombres. Maravilloso el territorio que iba desde la nieve al trópico en los dos sentidos de latitud y altura.”
           “Unos pocos hombres bravos y duros peleaban en pequeños vértices sanguinolentos, perdidos en aquel mundo, y había en el aire fuertes gritos de rebeldía y de fe en la propia capacidad”.
“Yo veía muy bien todo esto desde mi conocimiento de civilizaciones completas y ya en retroceso, y cuando en la calma de los momentos actuales el país se me presentó liso y aparentemente hecho, vi que todo en él era imitación y aprendizaje y sometimiento, y que carecía de personalidad, salvo en el gaucho, que, ya bien de pie, decía su palabra nueva”.
“No era cuestión para mí, en ese momento, argüir nada”.
“El hecho tenía carices de axioma y yo comprendía no como quien razona sino como quien constata una ‘evidencia’”. (6.-)
Esa es la imagen simbólica del gaucho que el autor de “Xamaica” recibe de lo más profundo de su psiquismo. El que, más tarde, describirá en su inmortal “Don Segundo Sombra”.
Pero no es la única “visión” que hay del gaucho. El que describe Güiraldes es trabajador, organizado, dotado de una particular sabiduría, solitario pero con un proyecto de vida claro construido en torno a los arreos y el descanso cálido y seguro brindado con el arribo a la estancia. Pero hay otros gauchos, diferentes, también fruto de nuestra literatura.  
El asunto es antiguo y siempre polémico.
Por ejemplo, Jorge Luis Borges expresaba que “... si la mayoría de los gauchos hubiesen procedido como Martín Fierro, entonces no tendríamos historia argentina. Nuestra historia es mucho más completa que las vicisitudes de un cuchillero de 1872, aunque esas vicisitudes hayan sido contadas de un modo admirable”. Y sigue: “... creo que pensar que, de algún modo, Martín Fierro nos simboliza, es un error, ya que Martín Fierro corresponde a un tipo de gaucho, y este país ciertamente no fue obra de gauchos. Los gauchos no habrán pensado en una revolución, en organizar el país y, sobre todo, no hubieran compuesto literatura gauchesca. Creo que hemos confundido el mérito estético del Martín Fierro que, ciertamente es grande, con el hecho de suponer que ese libro nos representa. Yo no me siento representado por ningún gaucho, y menos por un gaucho matrero. No hay ninguna razón para que ocurra esto”.
El mismo tema puede recibir una iluminación diferente.
Refiriéndose al mismo Martín Fierro, Leopoldo Marechal difiere de Borges al afirmar que es “...la materia de un arte que nos hace falta cultivar ahora como nunca: el arte de ser argentinos y americanos”.            
Mientras esta piedra nacional recibe el pulido necesario para su constitución cimentada y sólida, ¿qué otro deseo podemos tener que coincidir con la visión de Güiraldes para que los argentinos transitemos este Siglo Veintiuno con “palabra nueva” surgida “de rebeldía y fe en la propia capacidad” creadora de originalidades fuera de toda “imitación” donde ni una pizca asome de “sometimiento”?
¿Cuánto puede aportar la concreción de este deseo en la afirmación del Nuevo Humanismo por el que trabaja la Masonería Argentina hoy en día?
La repetición o copia de actitudes frente al mundo, adoptados como moda - aunque hubieran resultado efectivos para otros, en otros lugares u otros tiempos - resultan ahora a todas luces inútil. Por supuesto, es necesario no confundirse y diferenciar adecuadamente entre esa “moda” definible como una manera efímera y sin trascendencia que se impone en un sitio y lugar; y los “modelos de la tradición”: es decir, aquellos cuyas raíces llegan a lo más profundo del psiquismo humano. Sólo así es posible extraer lo mejor de cada uno. Porque existe en nosotros una energía valiosa presente, aunque – en innumerables ocasiones – el portador lo ignore. Debemos hacer aparecer en cada uno de nosotros lo esencial e irrepetible: lo que nos hace iguales poniendo en valor las diferencias creativas.
Traemos, una vez más, las palabras que el autor de “Poemas Místicos” escribía para sí mismo: “Pertenecer a los eternos caprichos de nuestras pequeñas variaciones cotidianas es casi repugnante. ... Me propongo adueñarme de mí mismo y entrar en el callejón que me conduzca a la meta de un YO mejor”. (7.-)      

REFERENCIAS:
(1.-) HERRERA FIGUEROA, MIGUEL. Actas del Primer Congreso Argentino de Parapsicología. (Inéditas.) Buenos Aires, 4 al 6 de setiembre de 1981

(2.-) RAMACHANDRA GOWDA, B. C. Introducción a ‘Poemas místicos”. Editorial Ricardo Güiraldes. Buenos Aires, 1977 (Pág. 7)

(3.-) GÜIRALDES, Ricardo.  El Sendero. Editorial R. G., Buenos Aires, 1977 (Págs. 60/61)

(4.-) JUNG, Carl Gustav.  Psicología y Alquimia. Plaza y Janes. Barcelona, 1977. (Págs. 173/174)

(5.-) RODRIGUEZ – ALCALA, Hugo. Sobre una nueva interpretación de ‘Don Segundo Sombra”. Diario La Nación. Suplemento de cultura. Buenos aires, 13 de noviembre de 1966

(6.-) GÜIRALDES, Ricardo. Carta a Valery Larbaud en la isla de Elba. Revista Sur (Dirigida por Victoria Ocampo) Nº 233, marzo/abril 1955 Buenos Aires. (Págs.112/113)

(7.-) GÜIRALDES, Ricardo.  El Sendero. Editorial R. G., Buenos Aires, 1977 (Pág. 27)

 + Este trabajo es una versión ampliada del que fue presentado por el autor en las Sextas Jornadas Nacionales e Internacionales Ricardo Güiraldes realizadas en Mercedes (provincia de Buenos Aires) los días 18 y 19 de mayo de 2001


+ Antonio LAS HERAS es Doctor en Psicología Social y Magister en Psicoanálisis egresado de la Universidad Argentina John F. Kennedy, donde es profesor de Psicología Junguiana. Fue secretario general de SADE, Sociedad Argentina de Escritores (1989/2001) entidad que en 2014 lo designó Socio Honorario. Integra la Comisión de Cultura de la Fundación El Libro. Dirige Gazeta del Progreso, periódico virtual del Club del Progreso.



© Dr. Prof. ANTONIO LAS HERAS, ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

www.antoniolasheras.com  e mail: alasheras@hotmail.com  Twitter: @LasHerasAntonio
Teléfono: 54 11 4502 9692


lunes, 10 de agosto de 2015

INVITACIÓN DE ASOLAPO ITALIA



 

HOMBRE, Carlos Rodolfo Ascencio Barillas, El Salvador


Imagen de: www. elmundo.es


HOMBRE

Yo puedo ver el ebrio sentir de tus lujuriosas honestidades
y que se abre brecha con la boca de tus exiguos enredos,
y fijan las telarañas de tus manos en manantiales de locura,
pero si se le entrega el corazón, asalta tus sentimientos,
en el férreo trajín de los trenes,  en la oscuridad de tus ojos,
y en el salvaje camino tenebroso de tus inhóspitas esperanzas
y su voz es fatiga en tus moribundos sueños,
aquellos reflejos que pintan tus húmedas siluetas de horizontes
aunque nací para ver las estrellas y pensar por ellas
y crecí con las yerbas de los acervos tiempos, muy lejanos
y las agonías con las perlas que arrastran tus pasiones.
Yo desde la colina, vi la hermosa mañana teñida de rabia
y los destellos inmutables de tu pecho, y deliquios
que aparecen con tus incipientes estertores.
Yo espere los razonamientos de tus interrogantes,
tuve más preguntas que respuestas
y más penas de ubérrimas campiñas.
¿Qué es el hombre? ¿Quién explica lo que puede ser?
una máquina de monotonía lacerada por el oro,
su amor son las metas de los infelices destinos
y la mugre que se desgarra en las poblaciones de tu mente
y la nefanda mentira que aparece con sus veloces emociones,
ahora que puedo ver lo que se ocultaba en las sombras
de tus desperdicios,
y las penas que sofocan el sudor de tu aliento,
quizás mañana pueda mirar el ominoso lamento
y la parsimonia que estremece las falencias de tus feroces impulsos,
y el epatante gemido de tus inmanentes seducciones,
entonces puedo sentir el preludio,
en el firmamento de tus fugaces estrellas,
y en las luciérnagas planetarias de tus pensamientos,
quizás por eso somos el producto de tus íngrimos relojes
y la indormia razón de tus  ignaros encantos,
así marcha el mórbido placer de tus tormentos.
¿Quién detendrá las tristezas de tus errores?
¿Quién exaltará la grandeza de tus inermes ilusiones?
y la encrucijada perfecta de la desolada mañana.
Yo soy parte del semen lábil de tus discordancias
y la luna plateada de tus sublimes marañas
y ahora comprendo que ser hombre, es ser infinito,
el extremo compuesto de extrañas sustancias
y aguas que nadan corrientes de tus inmensos océanos,
absoluta verdad que atraviesan mis venas
es y no es, son pero no son, viven y no viven
pero mueren en los cementerios de tus abismos…

© CARLOS RODOLFO ASCENCIO BARILLAS, poeta y escritor salvadoreño.
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA




A LEOPOLDO LUGONES - SUICIDIO, DULCE DESPEDIDA, Mario Dario Fuenzalida Delgado, Mendoza, Argentina


A LEOPOLDO LUGONES

SUICIDIO, DULCE DESPEDIDA


Tomados de la mano recorrieron la ciudad, caminaban envueltos en la bruma del ocaso, mientras ella reía y mostraba su alegría, tú estabas pensativo.
¡Cómo llegaron al delta del rio! Nadie lo sabe, en el largo trayecto que transitaron.
Pasaron casi todos los momentos de tu existencia, en esa proyección te viste niño, acariciado y protegido por la ternura y el amor de mamá.
Recordaste tus juegos infantiles allá en el patio polvoriento de Villa de María, la carrera alocada con los perros de la casa que eran tus juguetes preferidos.
Luego la adolescencia en la casa de la abuela, esa viejecita que te hacía sentir lo profundo de la vida, haciendo que tu mente se trasladara a los primeros años en donde mamá tomaba tu mano y te enseñaba las primeras letras. Esas letras que volcarías a innumerables páginas para deleite de la gente.
De muy joven ingresaste al mundo fantástico de dejar que tu mente fabricara personajes, lugares y situaciones, ese mundo que solo aquellos que llevan el sentir de la prosa en la sangre saben del exquisito sabor producido al verlos en un libro.
Ya de adulto la realidad del mundo te atrapo sin consideración y te entregaste a luchar por valores y principios que consideraste necesarios para un pueblo carente de rumbo.
Así llegaste hasta ese hotel de la ribera, acompañado siempre por ella que durante el trayecto no te abandono y parecía que te empujaba hacia ese lugar.

La puerta del cuarto se abrió lentamente, como queriendo dejarla allí y no compartir con ella ese acto. Pero tú ya lo habías decidido. Te quitaste parte de la ropa, acomodaste la cama, caminaste hasta la mesita de noche que tenía el cuarto, abriste la botella de whisky que compraras el día anterior, serviste en un vaso un largo trago. De un golpe lo bebiste, cerrando los ojos al hacerlo, el líquido bajo por tu garganta como quemando, te tiraste a la cama para esperar que ella hiciera su trabajo, no lo dudó y sentiste cómo, entre dulzón y amargo te provocaba fuertes dolores, no duro mucho, el cianuro surtió efecto, perdiste la conciencia, ella salió de ti triunfante, ya le pertenecías. De esa manera, el 18 de febrero de 1938 emprendiste el viaje a la inmortalidad.

©MARIO DARÍO FUENZALIDA DELGADO poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
Derechos reservados
Mendoza

PARA MI MADRE, Estela Garrido, Buenos Aires, Argentina


Imagen de: www.quenoserepita.com.ar

PARA MI MADRE

Porque puedo dibujar sobre tu rostro
Una nube de pétalos de rosas,
Porque puedo mirarme en tu ojos y
reencontrarme con la identidad que
la vida me fue robando… Porque estás
envuelta en mis manos que acarician
el papel que voy nutriendo de palabras
hilvanadas y son gracias a ti, que las
gestaste en el impenetrable nido de tus
entrañas.
Porque renuevo cada día ante Dios,
mi promesa de venerarte… Porque te debo
la vida y extraño el útero húmedo y tibio, ese
pequeño mundo, donde nadie se atrevía a
lastimarme…
Porque retraso el reloj mental de mi conciencia
para que el tiempo se detenga y tu figura silenciosa
penetre un día más en mis pupilas expectantes…
Porque, me niego a pensar que un ángel venga a
buscarte y te dejes llevar sin defenderte… solo, me
calma la imagen de contemplar, tu rostro sin
lágrimas, abrazándote a ese hombre, que tú
convertiste en padre.

©ESTELA GARRIDO, poeta y escritora argentina
DELEGADA CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA,
ZONA NORTE DE LA PCIA DE BUENOS AIRES



jueves, 6 de agosto de 2015

CONTARTE UN CUENTO, Alejandra Zarhi, Chile


Imagen de: ask.fm


CONTARTE UN CUENTO

¿Puedo amarte en secreto?
¿Besar tu sombra calladita?

¡Oh, Dios! No sé
Como me contengo.

Quiero tenerte, mimarte
y pintar el cielo.
Contarte un cuento
de esta niña alegre
pero que llora por dentro.
Hablarte del bosque seco
que añora tu rocío.

© ALEJANDRA ZARHI, poeta y escritora chilena.
PRESIDENTE DE ASOLAPO CHILE
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA