MUJER
DESCONOCIDA
Me
hubiera gustado conocerte,
recoger
tus manos abnegadas
y pedirte perdón por las mías, pero ibas ajena, vencidos los ojos acaso ensimismada en el paisaje de otros ríos,
de
otras tierras que no nos pertenecen
y traía anclados tu mirada.
Niña
mujer o mujer niña de arenas sin parques
te leías triste en un asiento;
yo iba
contigo
pero no
pude encontrarte: tu cansancio
viajaba lejos, mucho más lejos que el mío.
Lo siento.
No pude regalarte una sonrisa.
ESTHER GONZÁLEZ SÁNCHEZ
Vigo-España
Miembro
Honorífico de Asolapo-Argentina
|
PRESIDENTE: NORBERTO PANNONE
sábado, 9 de marzo de 2013
MUJER DESCONOCIDA
JUANA CASTILLO ESCOBAR - HAIKUS
Óleo sobre tela. Juana Castillo Escobar. Pintado hacia 1995-96.
Es copia de una imagen que llegó a mis manos, desconozco el autor.
HAIKUS
Nº 247
Entre arcos en
flor
ha de vivir la
mujer.
Es música. Es
luz.
Jueves,
7-III-2013 - 21,45 p.m.
---o0o---
Nº 250
Trabajadora,
mujer, madre y
esposa...
¡Maravillosa!
Viernes,
8-III-2013 - 9,50 a.m.
---o0o---
Nº 251
No somos ni más
ni menos que los
hombres.
¡Somos...,
mujeres!
Viernes,
8-III-2013 - 11,21 a.m.
----o0o----
JUANA CASTILLO ESCOBAR, poeta, escritora y artista plástica de Madrid, España.
Miembro Honorífico de Asolapo Argentina
|
viernes, 8 de marzo de 2013
ALGUNA VEZ
ALGUNA VEZ
Alguna vez,
no se ni cuando,
creí que era primavera.
Pueril intento de domar
con poco esfuerzo
la utopía de esperar
por un verano.
Después, las hojas
gastadas de pasado
se han ido derrumbando.
Un otoño, quizás,
inesperado
me obligó sin cortesía
a comprender del frío
la inclemencia que roía.
Alguna vez,
yo no se cuando,
el crudo invierno de la
vida
paseará su miseria
en mi ventana
y andará por las noches
traicionando la memoria,
que aún conservo en vano.
©NORBERTO PANNONE,
Marzo de 2013
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ESPERA
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ESPERA
Yo sigo parado en la esquina bohemia.
La luna
me arroja el beso primero,
en
brillo me acerca el grácil te quiero
.de una boca leve, ansiosa, que apremia.
Consumo
la tarde huraña de anemia,
con
viejos recuerdos lastimo y me hiero.
Acaso
hace tiempo que lacro mi huero
como un
expulsado de leda academia.
No porta
mi espera torpe blasfemia
ni
busca sumirse en pérfida endemia
mientras
tu promesa fue nuda presencia,
nostalgias
de antaño que ruedan ahora,
luz de
fanales lamiendo mi espora
que
rueda mi cosmos sumido en ausencia.
ESTHER GONZALEZ SÁNCHEZ y RODOLFO LEIRO
Miembros integrantes de ASOLAPO ARGENTINA
.
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jueves, 7 de marzo de 2013
SER MUJER
*SER MUJER*
Anticipándome en mi homenaje al día de la MUJER... BENDICIONES A TODAS ELLAS ....
Ser mujer es una honra
porque fui engendrada
en el vientre de una mujer,
porque mil vientos no torcieron mi cara
y siempre vi lo que quise ver.
Ser mujer me causa ¡Tanto orgullo!
como nunca creí tener.
Y aunque muchos quieran
edificar muros de indiferencia
uno a uno los haré demoler.
Ser mujer es abrazar el mundo
y sentir que se lo puede sostener.
Que mi sexo no es impedimento
y que lograrlo todo cuanto me propongo
con constancia y esfuerzo lo lograré hacer.
Hija, hermana, esposa, madre, cura almas
"NAVE DE MERCADER"
Amasa el pan, labra la tierra, cría a sus hijos
maestra sin título, ni exámenes...
consultora privada y a deshora
que trabaja hasta el amanecer.
Sin derechos; ni reconocimientos
pero con obligaciones...
impuestos por una sociedad
que no la quiere contener.
Maltratada a veces por su propia familia
que por amor y miedo ¡calla!
y así simplemente deja de ser.
Su silencio dice más que cien palabras
y su dolor solo ella lo conoce
porque no lo trasunta, ni lo deja ver.
Expreso con mi voz y con mis letras
lo que tantas mujeres quisieran también
pero les temen a las represalias
y ser maltratadas otra vez.
Que un loco pirómano le prenda fuego
y acabe con sus sueños de una vez.
¿La justicia? ¡Se fue de vacaciones!
Y sin previo aviso les dejó un cartel.
Las cárceles se atestan de asesinos a sueldo
de cobardes sin escrúpulos
que violan hasta el nombre de una mujer.
Algunas por los golpes
se olvidaron quienes eran...
de sus edades, sus sueños...
mancillaron sus lechos, sin saber quien fue.
¿Las leyes? ¡Dormidas! Y en puntas de pie
huyen por pasillos delante de superiores
que se autodenominan
defensores de los derechos de la mujer.
Expedientes que descansan sobre un escritorio
sin siquiera ser mirados por ningún juez.
Pero no irán muy lejos, pues hay una justicia
que no puede ser burlada...
y actuará sin misericordia, mañana talvez
en tiempo y en forma, al derecho y al revés
no habrá escapatoria, JESÚS tiene memoria
que el nació también, de una MUJER.
En nuestro día... armemos una ronda
con representantes de todas razas
y oremos victoreando con poder y con fe...
Por las que quedaron, por las que se fueron
por la paz, por la vida, porque no haya más guerras
internas ni externas, por heridas que no cierran
y que la sangre deje de correr.
La palabra es una daga, una afrenta
con ella se mata ilusiones también.
¡Por favor que se tome hoy conciencia!
Ya que la misma se pasó por alto ayer.
Si aún tienes olfato, huele estas letras
y verás que el perfume es de una... MUJER.
LIBIA BEATRIZ CARCIOFETTI, poeta y escritora argentina
Canciller Gobernadora de Asolapo Argentina en la Pcia de Santiago del Estero
Derechos reservados para compartir Nº 452298
miércoles, 6 de marzo de 2013
ESPINAS Y ROSAS
ESPINAS Y ROSAS
a Facundo Cabral
in memorian
Al alba un cielo en sombras
Cernía el espesor del grito
un 9 de julio día de tu Patria.
La cobardía. La barbarie,
hasta cesar el aire.
Con mirada de grande
aprehendió desde niño
cuando el vino es vino.
cuando el hambre, es hambre.
Estalló en las conciencias
tus hurgadoras y justas palabras,
en el denso horror que enlazó
tu universo en el revuelo de tus
mundos de espinas y de rosas.
Sólo me basta tu nombre: Facundo
Sólo sé, que la espina sólo crece en la rosa.
Sin ser de aquí. Sin ser de allá...
tu corona es de espinas, tu victoria es de rosas!
© Lidia Cristina Carrizo
Publicado en México
13th July 2011 por Carmen Amato Tejeda
LIDIA CRISTINA CARRIZO,
poeta y escritora argentina
Miembro
Directivo de Asolapo Argentina
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ROSAS ROJAS
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ROSAS ROJAS
En
la puerta del hospital de urgencias, donde estacionan las ambulancias, había
una pelea entre dos hombres. Me llamó la atención porque solamente uno de los
dos golpeaba al otro, que no caía al piso a pesar de los tremendos puñetazos
que le aplicaban en el rostro.
Habían
comenzado dentro de un taxi y bajado de él a los tumbos. Quien recibía los
golpes ni siquiera sacaba las manos de sus bolsillos, como si en ellos
estuviera protegiendo algo valioso. No ofrecía ningún tipo de resistencia, sólo
buscaba evitar los impactos. Pero no lograba hacerlo del todo, y el que
golpeaba de manera feroz –que
por su ropa parecía ser el taxista – le
asestó varias trompadas más hasta que el agredido, al fin, se decidió a correr.
Me
pareció extraño que no hubiera intentado defenderse o al menos, alejarse cuanto
antes.
Perdí
de vista a los dos hombres y seguí caminando. Entré al hospital por una de las
puertas laterales. Venía bastante apurado, como siempre. Iba a visitar a un
pariente internado y sólo llevaba un ramo de rosas rojas en mi mano derecha.
Unos
segundos después, sentí que me empujaban desde atrás. Trastabillé y casi caigo
al suelo. En una de las galerías, cerca de la terapia intensiva, el mismo
hombre que había recibido los golpes me tomó del brazo y con un arma pequeña
apuntó a mi pecho.
Haciendo
ademanes, me obligó a acompañarlo. No dudé un segundo. Estaba muy lastimado y
de su ojo izquierdo parecía caer sangre. Su camisa blanca, llena de pequeñas
manchas de color oscuro. Y sus dientes...
Corrimos
un largo trecho. La gente se horrorizaba al ver su cara destrozada y el
revólver que llevaba en su mano derecha. Parecía algo grotesco, un hombre
desequilibrado corriendo al lado de otro que seguía sosteniendo, como si fuera
un trofeo, un ramo de flores. No entiendo por qué en ese momento no pude
soltarlo.
Subimos
a un pequeño ascensor. Allí bajó su arma y me miró a los ojos por primera vez.
Sacó de su bolsillo una pequeña caja de color blanco, cerrada con cinta
adhesiva, y me la entregó sin decir nada.
Al
detenernos en el segundo piso, volvió a tomarme del brazo y así corrimos hasta
el borde de un balcón que se encontraba unos pasos delante de nosotros.
Abajo,
la gente había empezado a congregarse. Extrañamente, a pesar de todo, yo me
encontraba tranquilo y seguro de que no iba a lastimarme. Algo en su mirada lo
decía. Pero aún no llegaba a entender por qué me había dado la caja.
–
No la abras todavía. Sólo después que me vaya. No cometas los mismos errores
que yo.
Habló
como si estuviera leyendo mi mente.
No
tuve tiempo de preguntarle nada. Acercó la punta del revólver a su garganta,
debajo de la nuez de Adán, y disparó.
Se
desplomó sobre mí. Y la sangre... ¡por Dios! Tanta sangre a borbotones sobre mi
ropa, mis zapatos y el ramo de flores.
Me
lo saqué de encima. Sentía vergüenza de pensar más en el asco que me producía
ensuciarme que en la locura y el drama de ese pobre hombre.
En
pocos minutos llegó la policía. Tarde,
como en las películas. Sólo atiné a quedarme sentado, apoyado contra la
pequeña pared que nos rodeaba.
Guardé
la caja en el bolsillo. Tuve la tentación de dejarla tirada o de esconderla en
el pantalón del suicida, pero preferí respetar su último deseo. Cuando todos se
fueran, la abriría.
Ya
en mi departamento, cerca de las cinco, aún no había podido almorzar. Seguía
asqueado por la horrible sensación de la sangre caliente sobre mi cuerpo.
Volvía a verla, manando con violencia, mojando mis manos y mis pies.
Me
senté en el living. Acababa de llamar la policía para pedir algunos datos y ver
si podía aportar algo más. De paso, me avisaron que el psicópata no había
muerto todavía. Estaba muy grave, internado en el mismo hospital de esta
mañana. Era prácticamente imposible que sanara o despertara, según el comisario
a cargo de la investigación.
Sin embargo,
algo me impulsó a ir a verlo. Para saber más de él o de su vida. Además, me
tentaba la idea de dejar la cajita blanca de bordes plateados entre sus
pertenencias.
Pero
no iba a poder hacerlo.
Unos
minutos más tarde estaba en camino del hospital, por segunda vez en pocas
horas.
Llegué
a la sala de terapia intensiva pero dos oficiales me impidieron el paso.
Estaban parados al lado de la puerta, uno de cada lado.
Me
preguntaron si tenía relación con él, si era familiar o pariente. No quise
decirles mi nombre, sólo contesté que lo había conocido hace poco tiempo. El
más joven me dio el pésame por anticipado y me informó que podía quedarme por
allí, para esperar el obvio desenlace.
Les
agradecí. Di media vuelta y busqué la salida. Había sido un día bastante largo.
Después
de subir a un taxi para volver a casa, tomé la caja y me decidí a abrirla. De
una vez por todas.
Nunca
hubiera podido imaginarme lo que contenía.
Tenía
que entregársela a alguien. Pero no a cualquiera. Alguien que fuera capaz de
llevar a cabo lo que la caja pedía.
Vi
por el espejo retrovisor que el taxista había observado lo mismo que yo. Y supe
que comenzó a desearla, con todas sus fuerzas.
Estacionó
a los pocos metros, cerca del sector de entrada y salida de ambulancias, y giró
hacia mí. Me exigió la caja y no quise dársela. Por eso mismo comenzó a
golpearme. En el rostro, en los oídos, en el estómago… pero no la solté. La
guardé en mi bolsillo, a salvo de todo.
Tratando
de esquivar sus trompadas, bajé del auto. Sin saber hacia dónde iba, empecé a
buscar al próximo destinatario.
Advertí
que desde lejos nos estaban mirando. Era un hombre calvo, como yo, que parecía
llevar algo pesado en sus manos.
Lo
seguí. Enceguecido por el impulso de compartir con alguien especial el
contenido de la caja, fui hacia la galería donde se encontraba. Aún sin saber
cómo iba a convencerlo de que acepte.
Se
me ocurrió quitarle el arma a un guardia del hospital. Lo hice y corrí con
todas mis fuerzas por uno de los pasillos. Mi corazón latía cada vez más rápido.
La sangre ensuciaba mi camisa. Tenía el ojo izquierdo semicerrado y mis
dientes…
Encontré
al calvo y lo tomé del brazo. Con la pistola apunté a su pecho y lo obligué a
correr junto a mí, para alejarnos de todo.
Nos
refugiamos en un ascensor. Cuando bajamos en el segundo piso, casi sin aliento,
le di la caja y le indiqué:
–
No la abras todavía. Sólo después que me vaya. No cometas los mismos errores
que yo.
No
tuvo tiempo de preguntarme nada. Allí mismo, cerca del balcón, acerqué la punta
del pequeño revólver a mi garganta y disparé.
Caí
sobre él. Y mi sangre... por Dios, tanta sangre a borbotones sobre su ropa, sus
zapatos y el ramo de rosas rojas que él seguía sosteniendo entre sus manos,
como si fuera un maldito trofeo.
GONZALO SALESKY
http://gonzalosalesky.blogspot.com.ar
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domingo, 3 de marzo de 2013
HACIA LA VIDA
HACIA LA VIDA
El
asombro en la emoción sublime
saliendo de tu rostro, tus palabras.
Las preguntas que no hice a tiempo.
Artos de no decirnos, cerrar puertas,
cuando fuiste volando hacia la vida
¿Nos
importe que dejemos de amar,
y reflejemos cierto brillo, preguntar
con los ojos que borran su nitidez ,
y te extravías temblando en mi piel?
Intentar borrar viejas huellas
pasadas,
mientras me haces el amor,
sin saber,
que no sé tu nombre, y supe entonces, que nunca seríamos felices, tus ojos lo decían con reflejos desesperados de los míos, entendí entonces, que así, no debíamos mentirnos, aunque los rostros confundan, el pasado se va hacia la vida.
No es fácil descubrirse,
recomponerse
el alma herida, al amanecer ser la otra. la de labios dulces y complaciente, así, florecida, como amor de último verano.
Estremecernos
aún por las cosas plenas de ternura,
Por soñar en blanco y negro, ser apenas maravilla!
Y nos
creíamos tan absolutos, dueños del amor!
Desnudos, cuando nos vestimos de los mismos
Espejos, nos asombramos por gozar los mismos,
como hojas libres, creciendo, ensoñadas a la vida!
Pero…te
fuiste libre al más allá… hacia el amor!
LIDIA CRISTINA CARRIZO, poeta y escritora
argentina,
Miembro fundador y Gobernadora de Asolapo Argentina
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CUANDO ME HABLAS DE AMOR
CUANDO ME HABLAS DE AMOR
Cuando hablas de amor oigo el susurro del viento que besa ... la muralla de mis ojos con tibieza. Sensación de letargo adormecido... en un verano que comienza. El alma se ensancha para anidar recuerdos que tatuados no se pueden borrar aunque lo quiera. Cuando hablas de amor me envuelve olor a tierra mojando mi trinchera. Y en esa simbiosis me mantengo en pie de alerta pues si sufro muero y si muero de amor en tu memoria seré eterna. ©LIBIA BEATRIZ CARCIOFETTI, poeta y escritora Argentina
Canciller Gobernadora Cultural de Asolapo Argentina
en Santiago del Estero, Argentina
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sábado, 2 de marzo de 2013
MI SILLÓN
MI SILLÓN
Todos
tenemos un sillón amigo que nos protege
como
un genio bueno.
A él
acudimos cuando el cansancio obliga,
cual
el saco que tiramos a la noche
sobre
el respaldo de una vieja silla.
La
espalda doblegada por horas de trabajo
encuentra
en ése apoyo el anhelado alivio,
Cuando
el domingo agranda el bache de los solos,
desde
el sillón amigo se buscan las pantuflas
y
algún programa absurdo
que
haga olvidar las horas y convierta al silencio
en un
tiempo con voces que ya no dicen nada.
El
sillón que conoce nuestras risas y lágrimas,
que
aporta su presencia, deja de ser el mueble
para
ser el amigo que no tiene ni nombre.
Mi
sillón está frente a una simple ventana.
Rectángulo
de cielo contemplo día tras día
y no
sé si es el mismo o se muda en mi anhelo.
Pienso
que en él me dormiré algún día
como
dormí las horas más tibias de mis siestas,
no
podrán despertarme, estaré lejos, lejos,
la
mirada hecha tiempo y el alma en una estrella.
ZULMA NICOLINI,
Canciller Gobernadora de Asolapo Argentina
en la
provincia de Entre Ríos, Argentina
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