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sábado, 13 de diciembre de 2025

CUENTO MI EDAD - Gloria Nistal - Madrid, España

 









CUENTO MI EDAD


Por las expulsiones del paraíso,
Por los múltiples sueños
Incumplidos,
Estrellados contra el asfalto
De la realidad,
Que sonríe altiva y compasiva.

Las muescas en la culata
De mi historia
Son los fracasos obtenidos.
La herida de hoy es grande y profunda.

Cada año al dejar Galicia
Lloraba,
El día que dije adiós a Guinea
Una punzada certera
Me atravesó las vísceras.

Ahora, hoy, treinta y seis años después
De vivir veranos irresistiblemente sonrientes
Soy consciente de que el pasado,
Si pleno,
No debe cambiarse,
No debe olvidarse,
Aunque el presente vuele
Por otras atmósferas.

Volveré a las alturas de las aguas,

Volveré al verde fortuna y esperanza.
Aún no renuncio a la agitación del bosque.

Sigo, tantos años después,
Dibujando una sonrisa abierta
Ante los impagables soplos
De la felicidad afable y fugaz,
Tal vez inmerecida.



GLORIA NISTAL
– Madrid, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

ALGA QUISIERA SER, ALGA ENREDADA... - Ángel González - España

 











ALGA QUISIERA SER, ALGA ENREDADA...


Alga quisiera ser, alga enredada,
en lo más suave de tu pantorrilla.
Soplo de brisa contra tu mejilla.
Arena leve bajo tu pisada.

Agua quisiera ser, agua salada
cuando corres desnuda hacia la orilla.
Sol recortando en sombra tu sencilla
silueta virgen de recién bañada.

Todo quisiera ser, indefinido,
en torno a ti: paisaje, luz, ambiente,
gaviota, cielo, nave, vela, viento…

Caracola que acercas a tu oído,
para poder reunir, tímidamente,
con el rumor del mar, mi sentimiento.



ÁNGEL GONZÁLEZ - España

Ángel González (Oviedo, 1925-Madrid 2008)
Con una obra poética que comenzó en 1956 con Áspero mundo, González fue miembro de la Real Academia Española y recibió –entre otros reconocimientos– el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1985 y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 1996.

DOCTOR DE MUNDOS: EL REGRESO - Adrián Néstor Escudero - Santa Fe, Argentina

 




DOCTOR DE MUNDOS: EL REGRESO

      No había sido buena la bienvenida. De ahí la necesidad de provocar aquella lluvia para rasgar la burbuja molecular que precintaba la atmósfera, luego de fallar por enésima vez la comunicación con algún centro espacial o aeródromo del mundo.

Dedicó pues unos segundos a meditar sobre el hecho de no contactar con alguna otra nave, habiendo sido tan magnífica su lejana partida. Partida decorada por entonces por un cortejo zumbador de aviones de última generación, con los que Ellos habían saludado su histórico despegue con el Gran Cohete; Cohete al que íntimamente bautizaría como El Sillón de los Sueños.

      (…) Por entonces, el detalle le había parecido reconfortante. Además, la Estación de Lanzamiento le había brindado el emérito homenaje titulándolo, por ende, Abogado Cósmico, y logrando simular en un amplio espectro del espacio de lanzamiento, la bandera del Gobierno de Transición de la novísima Federación Estelar mediante el empleo de algorítmicas redes eléctricas satelitales. Un formidable trabajo de programación computarizada, unido a los efectos del disparador iónico de defensa.

      Dejó de pensar. Sus pies se ahogaban en el lodo amarronado del avanzado atardecer. A cinco minutos de la noche esperada y del Oso Polar. Comparó, sí, la sensación de este descenso con el de otros mundos, y no dudó en caracterizarlo como "extraño". Porque extraña era la sensación que lo había invadido, una especie de íntimo terror, de miedo a los desvaríos del desarraigo, como si en aquel instante hubiera sido el único e irrepetible ser humano del planeta...

      No estaba tan equivocado. La falla estaba en que el lugar de arribo se había prefijado, y nadie había venido a recibirlo. Sólo la tierra. La tierra lo recibió húmeda y llagada... La lluvia le cruzó el rostro amoratado y barbijo, y lo enredó como de lágrimas azules (despojos de un cielo enmascarado). Y la noche fue más negra y siniestra en el desierto aquél, que en todo el Universo. Sin estrellas. Tosió. Al cabo de cien (diez) años, tosió. Pesadas las manos y los pies, apretando el cuerpo contra el barro cenagoso…

      Recordó la pesadilla aquella donde había sido devorado por un Planeta al que había bajado en busca de agua. La similitud lo estremeció. ¿Qué buscaría en realidad?

      DON 'C - TRIFUS y VIEJO-LIDIUS habían llegado. Y algo buscaban. Algo buscaba.

      ¿Lo encontrarían o serían devorados por su propio Planeta? ¿Agua? Lluvia. ¿Lluvia? Sueños. ¿Sueños? Sueños. Todavía no lo sabía. Tenía que caminar. Y llegar a la ciudad. Y encontrar a la gente en la lluvia. Y hablar con ellos, pues de seguro tardaría en acostumbrarse a muchas cosas…

      Dejó de pensar. Tosió. No estaba tan equivocado. Miró hacia atrás. DON ' C cuidaría del cohete hasta que pudiera dar aviso y vinieran a buscarlo. Ahora bien, parte de su mente y de su cuerpo habían quedado atados también por un indescifrable circuito de sentimientos a la estrecha cabina que lo había cobijado durante el extenuante periplo. Entonces, como una horda de hormigas gigantes o de microbios sigilosos que corroen la vida de una vida, la melancolía se apoderó de él. Y sufrió. Y en una sola lágrima se deslizó, entre las demás gotas de lluvia, su incontrolable y súbita desesperanza... Es que sólo conocía las preguntas conocidas. Así, de pronto. Como antes de la Partida.

      Las respuestas habían quedado dentro del cohete y en el corazón metálico de DON' C., la I.A. que dirigía la nave… Las preguntas y las respuestas de Mercurio, Venus y la Tierra; Marte, Júpiter y Saturno; Urano, Neptuno y Plutón. Y las de cada Enviado, visible o invisible, que habitaba aquella delgada porción cósmica llamada Vía Láctea. Dos bolsos pendían de sus hombros. Desacostumbrado aún a la enérgica gravedad terrestre, sus primeros pasos fueron lentos, duros y torpes, como el de un autómata industrial. Un improvisado impermeable lo protegía del agua que caía y caía desde las cascadas relampagueantes que habían brotado con su reentrada térmica en el oxígeno estandarizado del mundo. El contorno fugaz de las figuras eléctricas que poblaban aquel cielo negro, lo cautivó, y detuvo su andar de huellas de botas de gigante para pronosticar una semana de continuo temporal. Luego, prosiguió su marcha pesada y aceitosa.

      Se lanzó hacia el este en busca de hogar. Una ciudad tan importante como la suya no podía estar a más de treinta kilómetros de donde se encontraba ahora, aunque algunas cosas habrían cambiado con seguridad. (Todavía no sabía ¡cuánto!). Además, confiaba en ser recogido por algún vehículo o encontrar alguna estación de aprovisionamiento o granja de luz encendida donde pernoctar. Así que,  en tanto la lluvia acompañaba sus pasos y jugaba con su barba de algas y cenizas,  y formaba anillos en la tierra con globos de cristal de adivinanzas,  y sus ojos trazaban la redondez del horizonte en tinieblas,  y volvía a sentir la pulsación reanimada de su cuerpo otra vez en su hábitat,  con las coyunturas doloridas por aquel avance rígido y moroso, Memo volvía a estar allí diciéndole: "Abuelo, regresa pronto", y su mano de astronauta escondiéndolo de  un golpe de ternura y magia en el regazo, porque cuatro años es bueno para soñar...

      "Abuelo, cuéntamelo". El cuento del viejo y del cohete. "¿Otra vez?". "Sí, otra vez, otra vez, abuelito, otra vez...". Y llovía, como ahora, ¿recuerdas? Como hoy. Ah, la lluvia; siempre ella. Marcando hechos y actitudes muy íntimas, purificando o ahogando la tierra, destruyendo o encendiendo los sueños, los sueños de la vida... Como ayer. Como hoy. Cuéntame ese cuento, Abuelo. El del viejo y el cohete. Claro, pequeño. Sí. Sí. (…) (…) Señor comandante, repórtese a chequeo final. Ya es la hora. Cinco minutos para el lanzamiento. ¿Lista la rampa? Bien. Todo bien. Tranquilos muchachos. Todo saldrá bien. Acompáñame, Memo. Vamos a las estrellas. Sí. Sí. Oficial, acérquelo después junto a sus padres. Adiós. Cuídense mucho. ¡Papá! No llores, hija. ¿No es mejor este tipo de partida? ¿Mirándonos a los ojos? ¿Conversando? La muerte también es un viaje, pero de ojos cerrados. Así es mejor. Yo me cuidaré. DON' C me cuidará. ¡Es el mejor de su clase! Ahora, Memo, escucha: "Había una vez un viejo y un... cohete”. (…)

      Cuando estuvo de vuelta, ya no era el mismo. Había llegado finalmente a la Ciudad. Y había visto "todo". Y a duras penas había conseguido volver al cohete sin ser atrapado. Estaban como locos. Estaban TODOS como extraviados. Los niños, los grandes y los viejos. Sin... ¿remedio?

      ¡DONC' C! ¡Tienes razón! Pero, ¿te sacrificarías, así, por nosotros? ¡Te llevaré como una Cruz por el desierto! ¡Y no me importará ¿Morirías, así, por nosotros? Amigo, oh amigo...

      “Ah, viejo, viejo perfecto y bondadoso. Es tu destino y el mío. No te preocupes por mí. Mas bien, llévate mi cerebro y los sueños que has almacenado en él. Yo viviré de otra forma. Y a ti te escucharán. Verás; finalmente lo harán... Todo comienzo, todo buen comienzo es el de unos pocos. Y empezarás de nuevo. No temas, por favor. Quizás seas un Elegido. Quizás Alguien te ha dispuesto para esto. Y pase lo que pase, que nada acobarde el intento. Llévate también mi corazón... Con él fabricarás un Sillón: puedes llamarlo… Sillón… Sillón de los Sueños, si te parece. Con él dotarás de vibraciones estelares a los hombres enfermos y los devolverás a la vida. Serás ahora y para tu propia gente, lo que fuiste para tanas especies cosmogónicas conocidas: un auténtico... Doctor de Mundos. Y nada será en vano. Aunque lo parezca… Ahora basta. Desármame. Tengo en mi consola las instrucciones que necesitas para ello. Pero antes, una cosa. Lubrica mis sentidos con una estupenda lata de “gameplás”. Estoy inspirado, y quiero grabar mi último suspiro en la memoria:

      “Claves de sol para la música / insondable del Misterio // Partes de un Dios de metal y fuego (en su vientre, Yo), / que no quema, pero alumbra. // Cálido en la vejez de mil estrellas, / Es espléndida la muerte bajo tus manos. // En tanto, pregunto, ¿qué o quién soy yo, sino apenas, un Computador que se desconecta… / (Como los hombres quebrados por la siega, y vueltos a nacer desde la tierra madre en festiva primavera) / y para… vida nueva a la existencia?”

      Y al segundo día, con su Sillón de los Sueños a cuestas, el Doctor de Mundos bajó del cohete, lo difumó antes con un haz de energía telequinética, y cruzó aquel ignoto desierto, regresando esta vez y para siempre a su terráqueo planeta -como el Abogado Cósmico que era-, más para enfrentarse a su ahora desconocido y trasvertido Mundo de los Hombres Clónicos.


ADRIÁN NÉSTOR ESCUDERO - Santa Fe, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 

 

 


DEL MUNDO SECRETO DE LAS COSAS - Mónica Gómez - Santiago, Chile

 



         DEL MUNDO SECRETO DE LAS COSAS

                                                                                 

La antigua sabiduría cuenta que existe un mundo secreto de las cosas y que son ellas las que ejercen su magnífico poder sobre la realidad, alterando los designios de los humanos e incluso sus destinos. En el pasado, a este mundo ignorado se le llamaba justicia divina o milagros y se fundamentaba en la creencia que la auténtica verdad obedece a una justicia existencial. Quizás sea una superstición, quizás una revelación de los sueños o quizás delirios de las   mentes de algunos sabios de la antigüedad. O tal vez era una verdad de fe.  Y sucedió que la cruz de diamantes pertenecía a ese mundo y mostraba su poder en forma sabia e inexplicable. En tiempos pasados, cuando ella aún vivía, la abuela había heredado la cruz de diamantes de sus antepasados. El menosprecio de mi abuelo -el marido infiel- hacia ella y a su vez a todo lo que de ella emanara, intentó contaminar aquella joya que siempre  colgaba con una cinta de terciopelo negro del cuello de la abuela, y con el propósito de devaluarla y demostrar la falsedad de los diamantes, acercó fuego a la joya; para su asombro la iridiscencia de los diamantes de la cruz permaneció incólume en su transparencia, probando la legitimidad diamantina de su esencia. Concluyéndose que la cruz de diamante era tan auténtica y pura como el alma de su dueña.  Cuando la abuela falleció – extrañamente- la pieza sagrada y poseedora quizás de un secreto fue guardada bajo llave en el baúl de la muerta. Rompiendo la promesa familiar de ser la cruz únicamente heredada por una descendiente de la dueña como siempre había sido, en los meses posteriores al fallecimiento, él -el marido infiel- retiró la pieza del baúl y la obsequió a su amante, una muchacha veinteañera, hermosa y ardiente. Poco duró la cruz de diamantes sobre el pecho de la muchacha, por la noche del mismo día de recibida como obsequio, la joya desapareció de todo lugar visible. A partir de ese momento se creó una confusión, concluyendo -el viudo infiel- que su amante la había vendido cambiando así amor por dinero, por lo que humillado terminó su amorío con ella en forma definitiva. Muchos años más tarde, la más pequeña de las descendientes de la familia, una niña de sólo diez años, hurgando entre los cajones de un antiguo ropero que aún se conservaba en un rincón, encontró una llave dorada. La que probó en varias puertas y cajones sin resultado alguno. Y la epifanía - lenguaje del mundo secreto - se le reveló, era la llave que abría el olvidado baúl de la abuela. Lo abrió, levanto la pesada tapa y allí en el fondo del mueble, brillando en su esplendor, con iridiscencia en reflejos transparentes, resplandecía la bellísima cruz de diamantes desaparecida del mundo real y ahora presente ante los maravillados ojos de su auténtica heredera. 

7 diciembre 2025.

MÓNICA GÓMEZ -  Santiago, Chile

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


sábado, 6 de diciembre de 2025

ESTAS NO SON HOJAS - Irma Kurti - Albania-Italia

 









ESTAS NO SON HOJAS


Estas no son hojas que el otoño
arroja sobre mi cabello, mis hombros;
son manos que me saludan hoy
mientras arrastro una vieja y pesada maleta
que guarda las estaciones que vivimos juntos.
Estas no son gotas de lluvia que corren por
mis mejillas, sino lágrimas: tan límpidas y claras.
Estos no son charcos que reflejan ahora mi
rostro, sino ríos de pensamientos y reflexiones.
Las despedidas siempre duelen; te dejan
amargura en el corazón, aunque, en algún lugar
ahí fuera, te espere un mundo de mágicos colores…
Traducción al español por Mariela Cordero



IRMA KURTI – Albania - Italia

Irma Kurti es una poeta, escritora, periodista y traductora albanesa. Se ha naturalizado italiana y vive en Bérgamo, Italia. En 2020, se convirtió en presidenta honoraria de WikiPoesia, la enciclopedia de la poesía. También ganó el prestigioso premio literario Naji Naaman 2023 por su obra completa. Irma Kurti es miembro del jurado de varios concursos literarios en Italia y también traductora de la Fundación Ítaca en España. Irma Kurti ha publicado más de 100 obras, entre las que se incluyen libros de poesía, ficción y traducciones. Sus libros han sido traducidos y publicados en 20 países.

A ENRIQUE HORACIO PUCCIA – Luis Alposta- Buenos Aires, Argentina

 



 

A ENRIQUE HORACIO PUCCIA






Matasello emitido por el Correo Argentino
dibujo de Luis Alposta (h)

 La expresión “maestro”, tan difundida, sólo recupera su verdadero significado, el cabal contenido de idealismo y de conducta que la hicieron respetable y respetada, de aplicarse a personalidades como la de Enrique Horacio Puccia, quien enseñaba por lo que hacía, por lo que decía y por lo que inspiraba.

Su obra ha sido la de un historiador enamorado de su barrio, Barracas, y de la ciudad toda. Sus libros, de consulta obligatoria, son de apasionante interés para todos los que busquen ahondar en la historia de Buenos Aires.

La Historia cotidiana, doméstica -o como quiera llamársela- en él dejaba de ser una simple disciplina de inventario para convertirse en el “camino diario” hacia un palpitante ayer histórico. La suya ha sido siempre la postura de un iniciado que supo arrancarle al tiempo profundos secretos. Fue un historiador nato que ha sabido reforzar su don de observación de las costumbres y tradiciones porteñas mediante el estudio y la investigación seria. 

De lo mucho y bueno que le debemos, acaso lo más importante sea que, junto a Ricardo M. Llanes y a Antonio J. Bucich, haya logrado hacer de la llamada “historia menuda” una importante herramienta sociológica.

          Su prestigio lo llevó a presidir la Junta Central de Estudios Históricos de la Ciudad de Buenos Aires, entre 1980 y 1995, institución de la que fue uno de sus miembros fundadores.

La obra de Puccia nos permite conocer a la ciudad toda, desde su trama más íntima y reveladora, transportándonos al tiempo de Villoldo, hablándonos de "Barracas en la historia y en la tradición" y de una Buenos Aires a la que amó entrañablemente.

Por eso el Día del Historiador Porteño (14 de noviembre) fue instituído en homenaje a él.

Además de sus méritos intelectuales, Enrique tenía otros títulos más íntimos a nuestra consideración y a nuestro afecto. Su sentido de la amistad, su trato amable y cordial, nos lo hacían particularmente dilecto.

Su presencia deparaba siempre las más gratas sorpresas. Se le veía llegar con el rostro sonriente y de inmediato nos atrapaba con su conversación, en la que no faltaba la anécdota sabrosa, la referencia erudita, la evocación de un tiempo en la que la ciudad toda era canto.

 

Fue el 31 de agosto de 1982.

Acababa de finalizar el Segundo Congreso de Historia de los Barrios Porteños y los Amigos del Café Tortoni decidieron homenajear a Enrique Horacio Puccia, presidente entonces de la Junta Central y del mencionado Congreso, entregándole la “Orden del Pocillo”

Aquella noche le dediqué estos versos:


A ENRIQUE HORACIO PUCCIA

Camina
como quien lleva en los bolsillos
el rumor de viejas esquinas
y un destello de futuro.

Su nombre abre puertas que no se ven:
archivos que respiran,
calles que vuelven a contarse,
vidas que encuentran su hilo
en la paciente trama de la memoria.

Hay en él
una vocación de lámpara:
ilumina sin ruido,
acompaña sin imponer sombra,
y limpia el paso del polvo
para que otros puedan ver.

Y así sigue,
entre papeles, barrios y voces,
como un tejedor de instantes
que sabe que cada historia,
por mínima que sea,
merece su lugar en el tiempo.


LUIS ALPOSTA – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

AZÚCAR - Salwa Ben Rhouma, Túnez

 














AZÚCAR


Yo... un terrón de azúcar.
El té lo anhela
yi lo obtiene!
…Se empodera...
Pequeño terrón.
En su presencia
El café se disgusta.
Terrón… te disuelve en sus venas
y el calor de una cuchara
mueve sus almas,
entonces tú,
presente en la noche del nacimiento.
Giras… Fermentas
y en su presencia
La vida tiene mejor sabor
… Un terrón de azúcar
posee la dulzura del mundo
que el mundo no posee.
Más delicioso que su nombre
al ser mencionado,
mientras te olvidas,
¡Es... un terrón de azúcar!


©Traducción al español Michel Yazye, Junín, Buenos Aires, Argentina


SALWA BEN RHOUMA - Túnez

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

Salwa Ben Rahme, poeta, actriz y locutora de radio tunecina
Nacida en la ciudad de Sfax
Obtuvo una licenciatura en artes
Estudió francés durante un primer año en la Facultad de Artes, Sfax, luego se incorporó al mercado laboral
Su presencia cultural:
Presidente y fundadora del "Club de Culturas Mediterráneas" en el complejo cultural, Mohamed Al-Jamousi
Ex miembro del club de mujeres literarias "Majida Boleila"
Ex miembro del Modern Club of Music
Ex miembro del Comité Cultural de New Sfax
Un miembro de alto nivel del organismo fundador de la Organización Árabe de Medios Culturales Electrónicos
Ex miembro del Consejo Asesor Supremo de Diwan y la agencia de noticias Jordan Poets

CICLO - Rodolfo Leiro - Buenos Aires. Argentina













CICLO


Cuando acabe mi ciclo inexorable
y se estalle mi póstumo latido
lo que fuere mitral de mi sentido
habitando mi pecho insobornable,

bordará mi bonanza, indevelable,
el coraje sensual de lo que he sido
y quedará mi sueño convertido
en ritos de asonancia inolvidable;

tal vez, la luna amiga y venerable
que fuera mi romántica incurable
en el tiempo de un hito imperativo

me llame a su recinto inexpresable
y me ruede en su mundo, consolable,
como el poster abrazo de un amigo.


©RODOLFO LEIRO - Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO FUNDADOR Y PRESIDENTE HONORARIO DE ASOLAPO ARGENTINA





EMBRIÁGAME - Olga Hernández Osorio - Medellín, Colombia

 











EMBRIÁGAME


Embriágame con tu loco frenesí,
con pasional embrujo de tu aliento,
cual fragante nardo, blanco alelí,
la luz de tu cálido pensamiento.

De tu cuerpo regálame el aroma,
el mar brillante de tus ojos claros,
la palabra fresca que enamora,
la tibieza dulce de esas manos.

Navegar por siempre sin descansar,
en el mar azulado de tus ojos,
ser dueña de tu sueño para soñar,
estar contigo puesta de hinojos.

Refugiar mi alma en tu regazo,
en ese fino bosque de ternura,
fundirnos en un eterno abrazo,
con un beso colmado de frescura.

Escuchar el encanto de tu risa,
al arrullo jovial de tus caricias,
hacer el amor sin ninguna prisa
en ese paraíso de delicias.



OLGA HERNÁNDEZ OSORIO – Medellín, Colombia

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

BUSCO MI YO - Martha Inés Vélez - Colombia

 











BUSCO MI YO


“Pienso, luego existo”. Duda metódica            “ Ser o no ser, he ahí el dilema”
     René Decartes                                                         William Shakespeare



Existo… al pensar la duda Cartesiana.
Busco mi yo en el vértigo profundo
de las complejidades cotidianas.
En mi exilio interior…
En con toda la acepción gramatical de la palabra,
con la singularidad de la certeza
que la razón consagra.

Me celebro a Mí misma.
Respiro la existencia que cálida me abraza
y me ata a la más grande historia
cósmica, sacra y profana.

la fatiga de mi piel cansada,
en la indeterminada extrañeza
de la frontera humana.

En el humo, en la huella, en el polvo, en el agua,
en la perplejidad esquiva
de la azorada brisa que me alcanza,
en la cicatriz del paisaje
de las someras rocas de obsidiana,
en el precepto del sol
que el aire enciende en ruborosa calma.
Me busco en la unicidad, la cordura, el designio
del caótico orden que la naturaleza entraña,
en la profusa diversidad del mundo
con la enigmática aleatoriedad que lo acompaña.

Me encuentro en cada cosa….
en la lluvia, en el trino, en la luz, en mi estancia!!!
Y me encuentro en el otro….


MARTHA INÉS VÉLEZ
– Colombia

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA