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sábado, 3 de diciembre de 2022

EL DESCONOCIDO, Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina

 



EL DESCONOCIDO

 

            Le sucedió en plena calle, lo hicieron detener allí, en esa esquina. Los carteles indicaban Pasteur y Tucumán. Le pidieron documentos, se llevó la mano al bolsillo interior del abrigo gris. Ahí fue que comprobó con verdadero estupor que no los tenía…

No lo dudaron, lo hicieron ascender al móvil policial y se lo llevaron. Ya en la seccional le hicieron una serie de preguntas y todos esos datos fueron ingresados a la computadora. El operador de la PC leyó el informe solicitado por el oficial de servicio. No existía nadie registrado con aquel nombre y apellido, tampoco coincidía ese número de documento con el de alguna persona real. La dirección que dio el hombre a los policías pertenecía a un terreno baldío. La fábrica donde, según él trabajaba, sí existía. Pero no había indicio o documentación alguna que probara su afirmación: incluso, el oficial se ocupó de llamar al lugar para cerciorarse si el demorado decía la verdad. Nadie lo conocía, no figuraba en los registros y por lo tanto, nunca había trabajado allí.

            El comisario, fatigado por el trajín del día, miró al detenido y le dijo:

-Ud. no existe!

            -Perdón, ¿Qué dice señor?

            -¡Qué no existe! –Repitió el oficial con mal humor- No hay un solo dato en el registro de las personas de esta ciudad. Ud. no figura en ningún folio y ha dicho que nació aquí.

            -¡No lo digo, lo afirmo! –Dijo el hombre, con evidente confusión. Señor comisario, soy Florencio Sanozi, nací el 7 de julio de 1942, en esta ciudad. Trabajo actualmente en la fábrica textil de los hermanos Caprioli. Vivo en una pensión de la calle Salta al 300, en la esquina de Salta y Belgrano, ahí está mi casa, no puede haber un baldío.

            -Señor Florencio –Dijo el comisario- Por favor, yo mismo envié el móvil al lugar. En Salta 306 sólo hay un baldío. ¿Tiene alguna enfermedad o toma alguna droga que le afecta la memoria? Porque está claro, que no recuerda quién es ni donde vive. Nosotros queremos ayudarlo, tal vez ese nombre y apellido sea falso. Haga un esfuerzo, trate de recordar.

            -Señor comisario, no lo estoy engañando, ni a Ud. ni a su gente: ¡yo soy Florencio Sanozi, aquí y en la China…!

            -Muy bien –Dijo el comisario- Aceptemos eso como verdad. Ahora hay un detalle pendiente, deme una prueba real de ello. Muestre sus documentos.

            -No sé qué ocurre, los llevaba conmigo unos minutos, antes que me detuvieran. Cuando sus agentes me los solicitaron ya no los tenía, por eso estoy aquí. Busqué por todos mis bolsillos…

-Mire, señor Florencio o como sea que se llame, recién hemos hablado con los hermanos Caprioli, ya vienen para acá. Ud. afirma ser empleados de ellos y ellos, a su vez, opinan lo contrario, tendrá la oportunidad de carearse con ellos, espero que de ese encuentro surja alguna verdad.

Un rato después, los hermanos se enfrentaron con Florencio… El comisario hacía su indagatoria.

-Bien, señores, aquí tienen al Sr, Sanozi, quien dice ser empleado de Uds. ¿Es cierto esto?

-¡Jamás hemos visto a este hombre!

-Señor Sanozi, ¿qué tiene que responder a eso?

-¡Qué no entiendo por qué motivo estos señores niegan que yo trabajo con ellos!

-De ser cierto que trabaja en esa empresa, debe existir algún registro en el lugar

-No hay tal cosa, se apresuraron a contestar los hermanos Caprioli, todos nuestros empleados están en blanco. ¡No existe ningún obrero en negro en nuestra fábrica!

A todo esto, Florencio se estaba auto-convenciendo de que probablemente no existía y comenzó a temblar ante el temor que aquello le infligía. Tal vez, toda aquella farsa fuera una verdad ineludible.

 

La policía se trasladó con uno de hermanos Caprioli a la textil y comprobó que el detenido, no figuraba en los libros y, por lo tanto, nunca había trabajado allí.

 El comisario debía tomar una determinación y hablaba con un oficial al tiempo que le decía: este hombre es algo peor que un desconocido indocumentado, es un ser que no existe, no sé… un fantasma, un espectro… no sé…

Todos los ojos se volvieron hacia Florencio. De repente, ante la mirada de todos, aquel hombre que decía ser Florencio Sanozi; un individuo corpulento de un metro noventa de estatura y cerca de cien kilos de peso, se comenzó a esfumar frente al estupor de los presentes, hasta no quedar de él rastro alguno. Pasado el tremendo momento de sorpresa, el comisario se apresuró a decir a su personal que no comentaran este asunto. Los hermanos Caprioli también estuvieron de acuerdo y se retiraron.

Como en la seccional hacia bastante calor, el desconocido se había quitado el abrigo, el cual descansaba sobre el respaldo de la silla que ocupara momentos antes. El comisario, en un gesto casi instintivo comenzó a revisar los bolsillos del gabán y en uno de sus bolsillos internos halló un documento de identidad a nombre de Florencio Sanozi.

En el folio donde constaban los datos personales se leía: Florencio Sanozi Nacionalidad Argentino; - Fecha de nacimiento Día 07; Mes de julio, Año 1992, Lugar Capital Federal. Más abajo, en el vértice inferior derecho: una foto manchada, la impresión digital y la firma deformada por una mala caligrafía.

El funcionario comprobó lo que ya temía: miró el calendario que descansaba sobre el escritorio y advirtió claramente: día viernes 7 del mes de julio de 1962. Con manos temblorosas, tomó “La Razón” que descansaba sobre la mesa y corroboró la fecha: -Viernes 7 de julio de 1962 – Edición vespertina.-

          

NORBERTO PANNONE, Buenos Aires, Argentina


POEMA DEL RUISEÑOR, RICARDO MIRÓ, Panamá

 









POEMA DEL RUISEÑOR                                                                                                                                                          

Desde la rama del ciprés dormido
el dulce ruiseñor canta a la luna
y la invita a bajar hasta su nido...
Ya ves qué casto amor tan sin fortuna...
Y eso que el ruiseñor, en su descuido
puede llegar volando hasta la luna.

Envuelto entre la luz embrujadora
da al viento el ruiseñor, todas las galas
que en su garganta mágica atesora;
y la Luna se vuelve toda escalas
de seda y luz... (La luna dizque ignora
que su dulce cantor tiene dos alas...)

Calla el agua en los claros surtidores
se aduermen los arroyos cristalinos
y se despiertan a escuchar las flores...
Astro y pájaro, a un tiempo, están divinos...
Y ella baja hasta él vuelta fulgores,
y él asciende hasta ella vuelto trinos...

LLeno de sombra y de quietud, como una
pupila abierta al cielo indiferente,
un retazo perdido de laguna
sueña en la fronda del jardín... Presiente
la pálida belleza de la luna
aquel espejo claro y transparente.

El ruiseñor solloza dolorido
envuelto entre la luz embrujadora
cuando calla de pronto, sorprendido,
porque desde la rama en donde llora
advierte que la luna se ha caído
y flota sobre el agua onduladora.

Calla el agua en los claros surtidores,
se aduermen los arroyos cristalinos
y se despiertan a escuchar las flores...
Luna y pájaro, a un tiempo, están divinos...
Y ella asciende hasta él vuelta fulgores,
y él desciende hasta ella vuelto trinos.

El pájaro suplica, impreca y canta
mientras se multiplica a maravilla
la flauta de su eglógica garganta...
Y salta alegre al ver cómo se humilla
la Luna que corriendo tras su planta
se viene sobre el agua hasta la orilla...

Ante el dulce deliquio que le miente
la luna, riendo del cristal del lago,
loco de amor el ruiseñor se siente,
y respondiendo al amoroso halago,
hunde el pico en el agua transparente
y se bebe la luna trago a trago.

 

RICARDO MIRÓ, Panamá

 

5 de noviembre de 1883 / 2 de marzo de 1940

Nace en la ciudad de Panamá, Estado Sobreaño de Panamá, Colombia

Muere el 2 de marzo de 1940 en la Ciudad de Panamá, Panamá

Nacionalidad: Panameño

Él... DESNUDO, Favio Ceballos, Baigorria, Santa Fe, Argentina

 








Él... DESNUDO 

 

Cóndor de las albas cumbres 

con piel de aire te cubres 

despojado de locura y de la muerte

vigilas las columnas de La América

con tu ojo sagaz sin parpadeos

inútiles cegueras momentáneas

a la hora de la guerra y de la paz.

Desvestido de esperas

a la pura presencia del ahora,

en el claro vacío de la alerta, 

convidando al renuevo de tu pico

en ayuno, en dolor y la certeza

de que no volverás a ser el mismo

que tus ojos miraran en el charco.

Otro eres, presente, sempiterno

como niebla del aire que respiras

como el agua de la sangre y su memoria.

 

Otro vez me detengo a ver tu vuelo

de perfecta desnudez, 

virtud de alas,

atalaya del , 

guardián de cordillera.

En la piel de la nube guardas sueños

y en la cantarina piedra contra el viento

alzas tu hueco nido de secretos.

Porque es alto tu andar y pensamiento

tú daga voraz abre horizonte

hace el parto del sol, lo cargas en tus plumas

y en el dorado ascenso de tu vuelo,

hacia el blanco sitial del Aconcagua,

amaneces... 

desnudo como el juego

y tú pluma dorada nos libera.

 

Favio Andrés Ceballos, Baigorria, Santa Fe, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


PAZ, Liana Friedrich, Rafaela, Santa Fe, Argentina









PAZ


Simétricos y escépticos los días
transcurren en agónica armonía...
Eterna lucha entre Eros y Tanatos:
triste destino de la raza humana.
Fosforesce la brisa transmutada en luciérnagas...
Melodía desencadenada,
desde los riscos y los pinares más elevados,
desde los astros más fulgidos,
desde el hálito de los sueños más castos,
esos que rozan las alas de los ángeles
y nos sumergen en el cálido terciopelo maternal de la noche.

 

LIANA FRIEDRICH, poeta y escritora argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



BUSCANDO LA PAZ, Rafael Mérida Cruz-Lascano, Guatemala

 










BUSCANDO LA PAZ

SONETO MERIDIANO

 .

.

En mi mente fría de militar

llueven ideas, y busco resguardo.

.

Un sentimiento que me hace pensar

jamás desenvainar por diversión

tengo grande duda en mi corazón

si por  ideal debo traicionar.

.

De la molesta burfina me guardo

y a pesar de eso viajo satisfecho

 la floresta es mi alimento de bardo

que entre verdad y fantasía he hecho,

siendo el perfume preferido el nardo

envaino el sable que sigue en asecho

mi garra marcial, honrado y capaz

busca la  libertad justicia y PAZ


Dr. Rafael Mérida Cruz-Lascano, Guatemala

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


En modo fútbol esta pasión de multitudes es para elegidos, Roberto Alifano, Buenos Aires, Argentina

 



En modo fútbol esta pasión de multitudes es para elegidos

 

No caben dudas que en el caso del fútbol, la noción de juego quizá se ha vuelto menos real que metafísica. Con solo presenciar por televisión las encendidas polémicas del periodismo especializado queda demostrado que estos augures se enfrentan en un campo de certezas individuales y encienden polémicas como si estuvieran discutiendo los destinos de la humanidad. Y acaso tienen su razón. El fútbol se ha convertido en el deporte más influyente de la modernidad que vivimos y el que despierta las pasiones más furiosas y desenfrenadas. Sirve para justificar, como pretendió Ortega y Gasset, desde el origen del Estado hasta las más gratificantes formas del arte contemporáneo, como conjeturaron y se empeñaron en verlo el sociólogo y crítico literario francés Roger Caillois y el filósofo e historiador neerlandés Johan Huizinga. Desde sus puntos de vista acaso todos tengan razón. Basta comprobar que cada domingo los estadios se convierten en templos cuasi sagrados que sustituyen a las diversas Iglesia. Eso sí, no se va a rezar sino a cobrar protagonismo, a gozar o sufrir, depende, por supuesto, del resultado del match.

Con un nivel de idolatría digno de los profetas divinos o de los dioses de la Antigua Grecia, la figura del futbolista se eleva hasta lo sagrado. Para el legendario delantero argentino Alfredo Di Stefano, el primer consagrado por el fútbol español, “marcar un gol es como hacer el amor”. Otra vez llegó a decir que “ningún jugador es tan bueno como todos juntos, pero suele haber uno más bueno que todos los demás y es el que marca la diferencia”, donde rescata, con la debida prudencia, el valor indiscutido del que encabeza el grupo y el equipo que lo acompaña para llegar al triunfo.

Por cierto que a veces el fútbol es injusto, y otras inexplicable. El superdotado Lionel Messi ha confesado que no “le gusta perder a nada y que su principal objetivo siempre es ganar”; sin embargo, también ha llegado a decir que “prefiere ser buena persona a ser el mejor jugador del mundo y que los jugadores de fútbol deberían ser un ejemplo dentro y fuera del campo de juego”, contradiciendo a otros que solo les importa ganar excluyendo las nobles y coincidentes ideas del rival.

Tan responsable como arrepentido, Maradona se condenaba a sí mismo por el 99 por ciento de todo lo malo que hizo en su vida, pero el 1 por ciento, que es el fútbol, lo salvaba del resto y eso le hacía ganar el cielo; también llegó a decir, que “por las cosas malas que hizo pagó, pero el balón no se manchaba nunca de impurezas”. Estas frases futboleras desmarcan al jugador de la profesión que ejerció sobre el campo de juego; en este caso por la turbia fama (¿merecida o no?) que alcanzó debido a su comportamiento fuera de la cancha. El astro argentino mostraba así su amor por la disciplina que lo convirtió en un ídolo. Muchísimas confesiones, pero una sola verdad: el fútbol es solo un juego, por cierto; pero qué juego alcanza estas consideraciones filosóficas. Para la feligresía de este deporte, el astro argentino está en el cielo, a la diestra de Dios y, para algunos fanáticos, es el mismísimo Dios.

Es así que como un Jubileo o Año Santo establecido por el Papa de Roma, en este caso por la cuestionada FIFA, cada cuatro años se celebra la gran fiesta del fútbol, que además de ser un pingüe negocio internacional, convoca a todos sus devotos en un enfrentamiento que será consagratorio para un país más allá de banderías políticas e ideologías. Un viejo refrán dice “que en la cancha se ven los pingos”. Esto significa que no hay candidatos firmes, ni números puestos y hasta el equipo menos mentado puede dar vuelta un partido como lo vimos en el debut de la Argentina contra Arabia Saudita. El fútbol es y seguirá siendo imprevisible, ya que, como decía mi tío Eulogio “en la cancha no hay cuadro chico”, mal que les pese a ciertos agoreros comentaristas de dicho deporte.

También en el fútbol, como en la vida de cualquiera de nosotros, hay un destino y por esas cosas que suelen suceder, por coincidencias o casualidades; por decisiones que se toman y otras que no, el estar en el instante y en el lugar adecuado hace que un jugador logre lo impensado. Para el técnico argentino Marcelo Bielsa, uno de los maestro más requeridos de este deporte “de lo que se trata, ante todo, es de reducir el azar”. Un jugador no sólo es sólo un artífice del balón pie y un hacedor de maravillas; es a su vez y esencialmente un ser humano que siente con intensidad y complejidad cuando está en el campo de juego y tiene en sus pies la sagrada pelota.

Sin embargo, la tecnología que escarba en todos los órdenes y no se detiene ante nada, ha brindado ahora el ya famosísimo y decisivo VAR, que mira con un ojo inflexible cada jugada y puede llegar a anular el gol mejor logrado frustrando el mejor momento de un jugador (inevitablemente uno piensa en el tramposo gol con el puño, que para algunos fue el puño de Dios, convertido por el inefable Diego a los ingleses en el Mundial de México en 1986). Pero bueno, una cosa no empaña la otra.

En otro aspecto, el fútbol es la mejor carrera profesional del mundo moderno en comparación con otras carreras laborales para el hombre y esto tampoco está en discusión. La experiencia de algunos jugadores como Maradona o Pirlo, Ronaldo o Messi, entre muchos otros, deja en evidencia como el fútbol es el camino más efectivo para ganar dinero y llegar a la ansiada felicidad de una vida superior en plena juventud, teniendo en cuenta el impacto social y la influencia en la misma sociedad.

Agreguemos que en mercado laboral actual, el fútbol es lejos la profesión más efectiva en cuanto a remuneración se trata. Los contratos firmados por los aspirantes que llegan a dedicarse a esto profesionalmente, hace que inmediatamente cambien el modo de vida. El dinero ganado, depende de varios factores tales como la edad del jugador, la importancia que tiene para el club que lo contrata y, ligado al talento, el valor que su ficha representa en el mercado. La mayoría de los jugadores que son deportivamente muy competitivos, llegan a firmar contratos por cifras exorbitantes,

En fin, en todas las direcciones la fiesta futbolera está abierta en estos días y perder o ganar es tal vez lo de menos. El fútbol como espectáculo es lo que cuenta. Todos los días nos llevamos sorpresas y nadie tiene asegurado nada. Repetimos otra vez el consabido refrán: “en la cancha se ven los pingos”. Conjeturar resultados es arriesgar demasiado cuando los finales están abiertos.

 

ROBERTO ALIFANO, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


DONDE Y COMO VIVIR, Elias Galati, Buenos Aires, Argentina

 

DONDE Y COMO VIVIR

 

Donde vivir es el lugar y el tiempo en el cual se desarrolla nuestra existencia; el hábitat y el momento histórico en el cual transcurre nuestra vida.

Cómo vivir es la forma en que desarrollamos nuestro camino en la vida, cuales son nuestros principios, nuestra conducta, como nos comportamos, que hacemos de nosotros, del mundo que habitamos y nuestra relación con los otros hombres.

Donde vivir no depende enteramente de nuestra voluntad, porque si bien es cierto que podemos cambiar de sitio, mudarnos a otro lugar, elegir otra comunidad y otros compañeros de ruta, hay algo que escapa a nosotros y es el tiempo histórico en el cual nacimos.

Además también podemos cambiar de ubicación, migrar a otro país, o ciudad, pero cargaremos con la condición de emigrante, y llevaremos encima el desarraigo que significa salir de las fuentes y del origen.

Cómo vivir depende casi enteramente de nosotros.

Es nuestra decisión y nuestra voluntad la que determina la manera de afrontar la vida y de relacionarnos con ella, con la naturaleza y con nuestros hermanos.

Sin embargo hay una relación entre el dónde y el cómo de la vida; es como si el uno determinara al otro, como si el lugar y el tiempo fueran un elemento esencial en el cómo elegido.

En efecto, el hábitat y el tiempo histórico conforman un sustento de nuestro carácter y de la formación de la personalidad.

De cómo sean dependerán el abordaje a realizar para enfrentar la vida, y las cuestiones que formarán la problemática a enfrentar para realizarla.

Nuestra mente y nuestro espíritu se forman y se perfeccionan con los estímulos que reciben del exterior, en primer lugar de aquellos que se ocupan de nuestra crianza y nos ponen pautas o comportamiento, las que desconocemos y no podemos en primera instancia discutir, juzgar o rebatir y también de las costumbres, tradiciones y el folclore local, muchas veces determinado por el hábitat, en especial la forma de nutrirse, de vestirse, de relacionarse que dependerá del clima, de las aptitudes y de las características del lugar.

Todo ello impostado en un ser en blanco, en un espíritu virgen, que sólo tiene la experiencia de la vida intrauterina, y desconoce toda relación con el exterior.

Mientras se va formando nuestro espíritu, se va despertando la conciencia, y la experiencia de lo que nos rodea, hace que veamos diferencias, algunas muy profundas y opuestas, y sintamos a partir de otros, las comparaciones, los juicios y la valoración de la conducta.

Aprendemos que no todo es igual, que hay hechos y actitudes acertadas o desacertadas, correctas e incorrectas y buenas o perversas.

Se nos presenta de repente la valoración, comprendemos que además de la existencia, existe en cada hecho y en cada cosa, un valor, algo que la hace valiosa o disvaliosa, algo que la determina, y que esa condición se transmite al hombre en relación a su comportamiento.

Vislumbramos la posibilidad de elegir, y ello nos lleva al concepto de responsabilidad, ya que si la elección es nuestra, libre y voluntaria, más allá de la formación que tenemos, somos responsable de lo que hacemos.

Intuimos y luego comprobamos que la valoración nos lleva a un concepto superior que es la virtud, y sentimos casi instintivamente que hay virtudes que forman parte de la condición humana, pero que son libres y electivas y que dependen de nosotros tomarlas o dejarlas.

Empezamos a valorar la realidad, y llegamos a lo bueno, lo correcto, lo equilibrado, lo solidario, como también vemos que a su lado existe lo perverso, lo incorrecto, la diferenciación, la indiferencia que lleva al egoísmo, la soberbia, el autoritarismo, la corrupción y la violencia.

Que hay virtudes que honran la vida, y hay actitudes que son destructivas de la existencia.

De a poco y sin darnos cuenta y a pesar de no entenderlo, vamos dando forma a nuestra vida, vamos creando el cómo vivir.

Más que desde el conocimiento racional, ya que a veces no somos conscientes que estamos eligiendo, sino desde la emoción y sobre todo de la voluntad.

Porque la virtud que nos lleva a los valores, hay primero que sentirla en nuestro interior, como un deber, como una necesidad y después accionarla en nuestra forma de actuar con una firme voluntad de proceder a pesar de todo, en el contexto que sea y que nos tocó vivir y de las dificultades que nos pueda acarrear.

Allí elegimos el cómo, desde la bondad o desde la perversión, desde lo correcto o lo incorrecto, desde lo solidario o lo indiferente, desde lo pacífico o lo violento, desde lo bueno o lo corrupto.

De ese cómo por ser una elección libre y voluntaria, surge nuestra responsabilidad y nuestra capacidad de señalar la dignidad humana.

 

Elias D. Galati, Buenos Aires, Argentina


sábado, 26 de noviembre de 2022

CUENTOS DEL SIGLO POSTERIOR PEDIDO DE AUXILIO, Norbert Pânon, Buenos Aires, Argentina

 







CUENTOS DEL SIGLO POSTERIOR

 

PEDIDO DE AUXILIO

 

El hombre oró sobre las páginas amarillas. No muy lejos, en la casa de al lado, la mujer buscaba con desesperación el teléfono del doctor García en las páginas de la Biblia. Sentado aún sobre el bidé, molesto por la espera, su marido expiró.

 

©NORBERT PÂNON, Buenos Aires, Argentina


Poema, Guillermo Fernández del Carpio, Arequipa, Perú

 








Poema

Yo creo que la vida no es un hecho fortuito,

es la historia breve de un libro que no es gratuito.

Yo creo que he sido y soy un enamorado de las culturas,

del artificio de las letras y de la quietud de las noches eternas.

 

Yo creo más en Sócrates que en otro de sus sucesores.

Yo no creo en Marx, en Hume, en Smith, no creo en la utopía.

Yo creo en un niño carpintero de Nazareth y en su Madre María,

que en cada tarde o al despertar la mañana, alguna plegaria mía les rezaré.

 

Yo no creo que el ayer ni el presente presagien nuestro futuro.

Cada día nos es diferente, pero no absolutamente incierto.

Nosotros, seres mortales que seremos polvo,

podemos ser eternos, si hacemos de nuestro vivir, un pequeño huerto.

 

Yo no creo en los reinados de la monarquía, ni en la praxis política.

La democracia de hoy me sabe imperfecta, las cifras no otorgan siempre razón.

Yo creo en el hombre sabio, porque que no habla mucho

y sus ojos son como las palabras de un hombre sencillo.

 

Guillermo Fernández del Carpio, Arequipa, Perú

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

El primer beso, Amado Nervo, México

 






El primer beso

 

Yo ya me despedía… y palpitante
cerca mi labio de tus labios rojos,
«Hasta mañana», susurraste;
yo te miré a los ojos un instante
y tú cerraste sin pensar los ojos
y te di el primer beso: alcé la frente
iluminado por mi dicha cierta.

Salí a la calle alborozadamente
mientras tu te asomabas a la puerta
mirándome encendida y sonriente.
Volví la cara en dulce arrobamiento,
y sin dejarte de mirar siquiera,
salté a un tranvía en raudo movimiento;
y me quedé mirándote un momento
y sonriendo con el alma entera,
y aún más te sonreí… Y en el tranvía
a un ansioso, sarcástico y curioso,
que nos miró a los dos con ironía,
le dije poniéndome dichoso:
-«Perdóneme, Señor esta alegría.»


AMADO NERVO, México

Nacimiento: 27 de agosto de 1870, Tepic, México
Fallecimiento: 24 de mayo de 1919, Montevideo, Uruguay