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sábado, 5 de noviembre de 2022

DIOSES OLVIDADOS, Favio Andrés Ceballos, Baigorria, Santa Fe, Argentina

 


DIOSES OLVIDADOS

 

Personas como libros 

Algunos permanecen cerrados

Otros siempre abiertos

como los biblioratos.

Pocos con la verdad que nos libera.

Estos últimos,

arden en la hoguera

del totalitarismo infernal

de los corderos.


©Favio Andrés Ceballos, Baigorria, Santa Fe, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


LA PALABRA Y POESÍA, Gladys Abilar, Chilecito, La Rioja, Argentina

 

LA PALABRA Y POESÍA

 

La palabra nació para despertar el silencio. Tan grande es su alcance, su poder tan infinito que puede sembrarlo de rosas y también de espinas. En la mejor de sus versiones, se hizo poesía. En la mejor de sus versiones también, mostró su alma, desnudó sus virtudes y dejó que obraran en ella para que naciera el poeta.

Las palabras se encontraron, se entrelazaron, se fundieron, se amaron, se pelearon, se repudiaron, se eligieron nuevamente, al fin hicieron el amor y así, bajo el imperio del poeta, parió la poesía.

Aunque la poesía ya existía en la naturaleza con lenguaje propio, en la cascada, en el crepúsculo, en la tormenta, en el trino, la lluvia, el perfume, el nido, la rosa, el ágave, el mar, fue el poeta su hacedor.

La poesía es el otro idioma del hombre que no está documentado, -ni lo estará, felizmente-, porque habita otras dimensiones, la infinitud.

Goza de libre albedrío y se ampara en la palabra; es su música, su soplo, su cuerpo, su alma, su sombra y su voz. La palabra es su templo. Sin ésta, ella no es. En mi fuero interno percibo la poesía, -más allá de las normas y a pesar de ellas-, literal e intrínsecamente libre, misteriosa, reflexiva, a veces irreflexiva, sensata, otras insensata, en colores, en sepia, leve, dramática, delicada, lacerante, romántica, primitiva, sibilina, profética, irreverente, mística, pasional, sagrada, candorosa, soberbia, caprichosa, sinfónica, distante, sublime, desafiante, profana, puente ineludible entre el idioma del alma y la intemperie, cofre cuajado de secretos intangibles, lenguaje subliminal, diccionario del no abecedario, devoción, locura cordura y arrebato, tajo y sangre, caricia y salvación.

La poesía abreva en las palabras. Las palabras huelgan en el espacio como abalorios de luz que prenden y apagan, flotan, nadan, fluctúan, bailan pizzicato, hacen guiños, se ocultan, se ofrecen, acechan, provocan. El poeta afina sus sentidos y se lanza a la embriagadora cacería, y elige en ese universo tintineante, las palabras para su creación. De ese entramado misterioso, visceral, nacerá la poesía como un milagro. Infinitos mensajes lleva en sus alforjas ahítas de emociones, mensajera de versos, de amores y desamores, de penumbras y resplandores, de voces y de silencios, de pájaros, de ríos.

El mundo está expectante ante su imperio de perpetrar la belleza, o embellecer el horror y la oscuridad. Si no cómo entender “Hay golpes en la vida, yo no sé…”.

La poesía le hizo creer al poeta que puede volar. Le prestó sus alas y remontó vuelo al infinito. A veces fue Ícaro en su búsqueda insondable.

Cualquier definición de poesía será incompleta. Las hay en demasía y de notable excelencia, más no bastan. “Sólo seis letras pueden poner en jaque un abecedario. Todo un idioma no alcanza para definir la poesía, abarcar su inescrutable universo, desnudar su magia, develar sus secretos, dragar su génesis y hacerle justicia. Intentos hubo por doquier. Pero aquel que ha aproximado la frase más cercana sólo ha logrado mutilarla. Pueden hablar acerca de ella mas no aprisionarla tras las rejas de una definición. La única prisión que acepta dichosa es la del alma”.    

La palabra se agiganta en la verdad serena del poema, él es su cuna, su destino noble y fiel, y su voz es soberana cuando pregona la paz. Pero nada la ennoblece y la agiganta como la música que de ella fluye cuando pronuncia los sonidos del amor.

Pensar no es lo mismo oler, gustar, oír, ver, tocar. Se ungió el poeta cuando supo que podía gustar olores, acariciar miradas, ver aromas, oler colores, escuchar la miel. Transmutar los sentidos.

Magia y misterio de la poesía, hacer posible lo imposible. En un mundo de certezas y desconciertos ella es la mixtura imprescindible entre la belleza y el amor.

 

Gladys Abilar, Chilecito, La Rioja, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

Gladys Liliana Abilar

Escritora argentina (Chilecito, La Rioja). Es ingeniera agrónoma de profesión. Directora del Instituto de Investigaciones Agropecuarias de la Universidad Nacional de Chilecito. Paisajista y profesora de música. Ha publicado las novelas Eclipse de Lubna (Atlántida), Más allá del pecado (Vinciguerra) y Las lágrimas de Tánatos (Corregidor, Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (Sade); los libros de cuentos Doce hogueras (Ameghino) y Destino rabioso (Corregidor, Faja de Honor de la Sade); el libro de aforismos Pensar sin permiso (Atlántida), y los libros de poesía Ecos del corazón, Juguito de rimas (literatura infantil; Distal; Faja de Honor de la Sade) y La mirada invicta (Vinciguerra). Ha obtenido, entre otros, los premios del Rotary Club, Pablo Neruda, Tertulia Allerana (España), Letras de Oro, Ricardo Güiraldes, Jorge Amado, Rafael Obligado, Baobab (Secretaría de Cultura de la Nación), Fundación Avon y Enrique Anderson Imbert (ILCH). Ha participado en numerosos ciclos culturales y asistido a encuentros en Montevideo, Guadalajara, Punta del Este, Chile, Ushuaia, Praga, Israel, Paraguay, Tucumán, Entre Ríos. Publica en revistas argentinas y de otros países. Ha publicado 35 antologías. Publica textos costumbristas en el diario La Nación.


El retorno, Mónica Gómez, Santiago, Chile

 



 







El retorno                                                                                                          

Sé que la verdad está oculta

negada

entre los confines de los pliegues

del sueño

y busco la verdad

incesantemente

y sueño

 

Y sueño

bajo la luz del mediodía

al sueño del ensueño

al filo de la medianoche

y a la lucidez de la vigilia

 

me guía una luz de oro

arcángel luminoso de la infancia

 

Y despierto al sueño

de la luz del mediodía

y busco la verdad

en el espejo de agua

de la vertiente del sur

y las aguas de la vertiente

del sur

puras en su origen

caen formando un gigantesco

charco

negro y sucio

en el que emergen

cabezas de niños mutiladas

y miradas dementes

y veo sobre la superficie

verde negrosa del agua flotar

flotar una mandrágora

cuyas bayas carnosas de color

 anaranjado

que contienen la verdad

son arrancadas por la mano

invisible de la mentira

y en su chillido de estertor

aterrada la mandrágora por su muerte

 prematura

grita la verdad buscada

pero la verdad es acallada

por el grito aun más alto de la mentira

y se me niega la verdad

y el sueño de la luz de mediodía

es devorado por el carcelero de las pesadillas

y despierto al sueño del ensueño

y busco la verdad

en el espejo de la tierra del sur

en la eternidad de la tierra

y me sumerjo en la tierra

y mis ojos se llenan de arenisca

negra y húmeda

y me encuentro con la muerte

y descubro que la muerte no es hembra

sino un andrógino que me mira

pero me oculta su mirada

un andrógino se asemeja casi en similitud

a otro que un día me robó

el extraviado amor de la caverna de Kor

y siento que me oculta su mirada

 porque la mirada es la verdad

y la verdad es muerte

pero escucho risas a mi alrededor

que denotan la burla de

(esta vez)

la trampa mortal

voces que al parecer ríen de mi ingenuidad

por creer que la muerte existe

y la burla me revela nuevamente

la mentira

y se me niega la verdad

y el sueño del ensueño es devorado

por el carcelero de las pesadillas

 

Y despierto al sueño

del filo de la medianoche

y busco la verdad en el espejo

del viento del sur

y el viento del sur murmura sordamente

 en mi oído

 deseo profundo-dice- matricaria agrimonia

agua de vertiente del sur

magnolia

canela vino rojo tierra del sur

y amor mucho amor

transmutado todo en el crepitar del fuego del sur

y reconozco en esta pócima

el bálsamo de la verdad

pero no la verdad

y el sueño del filo de la medianoche

desaparece devorado

por el carcelero de las pesadillas

 

Y despierto al sueño de la lucidez de la vigilia

en el espejo de fuego del sur

en el purpúreo resplandor del fuego del sur

en el que crepitan con sus lenguas de llama

infinitas salamandras

piel de cobre

oro rojo

con vetas de malaquita

y veo entre el fuego

el nacimiento de una gigantesca ave

con alas doradas

que es a la vez la luz de oro

arcángel luminoso de la infancia

la que emprende su divino vuelo

y me guía

y me guía a través del sendero corpóreo

 de la verdad

y me encuentro con mi origen

con el vientre materno de mi origen

y el sueño de la lucidez

de la vigilia

se transforma en verdad

y retorno

y ante mí se eleva diamantina

la verdad

                        en las azules montañas   

cubiertas de brillantes pedazos de arcoíris

enigma

del origen

de la búsqueda

y del fin

 

MÓNICA GÓMEZ, Las Condes, Santiago, Chile

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 

Mónica Gómez

Mónica Gómez, poeta, narradora y agente cultural, hizo estudios de periodismo en la Universidad de Chile, comenzó en la literatura en el Taller del escritor argentino Humberto Costantini, participó del curso de cuento fantástico de Oscar Hahn y realizó su Diplomado en la Escuela de Escritores de la Sociedad de Escritores de México.

Escritora chilena de nacimiento ha viajado intensamente y vivido en España, Argelia y México.

Actualmente vive en Santiago de Chile y se desempeña como evaluadora de proyectos literarios del Fondo del Libro del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile y Jurado del Concurso literario de la Municipalidad de Las Condes.

Es miembro de la Sociedad de Escritores de Chile, del PEN CLUB INTERNACIONAL (Sedes Chile y México), de la Sociedad General de Escritores de México, del Grupo Fuego de la Poesía, de Católicos en el Arte, de La Red Mundial de Escritores en Español REMES con sede en España, parte del Consejo Editorial de la revista cultural Palabras Diversas y colaboradora habitante del sitio cultural WWW. SitioCero.cl, WWW.Escritores.cl y Orizont Literar Contemporan

Santiago de Chile, 2022


MIER-COOP SENZA GRUP0, David Volpintesta (lucio cañupan), Italó, Córdoba, Argentina

 








MIER-COOP SENZA GRUP0

(Un paseo por Av.Corrientes y un encuentro impensado) 

                                             A Matías                                                          

Un chabón bien lustroso con la parola

Carpeteó en el oscuro a la runfla

En los tablones engrasados

De poetas, sabiolas y vichadores.

La barra del lunfardo quedó de la “cucuzza”

Con el chamuyo del gotán de avancarga.

El fantaseo de las violas cancheras

Se piantó por los arrabales

Ablandándonos las orejas.

¿Es un tocaso, verdad Luisito?

¿Y la milonga del final?

¡Mama mía! me dio ganas de bailar...

Si de yapa quedé tumbao

Cuando al calor de los faroles

Una pebeta de ornamento 

Con el fuelle de Pichuco

Estroló la cordillera.

¿Y qué querés vos, hermano vicenzo?

Si al rajar me perdí un cacho de pizza

Con un gomía porque en el bulín

Me banca la percanta.

Soy, no me hago el otario,

Pero juná bien que por cuatro kilos

De cebolla más el vinito de Juanito

Encanutaste un broli bien DEBUTE.

 

David Volpintesta (lucio cañupan)

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

Italó, Córdoba, Argentina


EL POETA LEE SU SILENCIO, Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina

 

EL POETA LEE SU SILENCIO

Hoy desperté con evocaciones. El club de mi infancia, el natatorio, los partidos de fútbol, la escuela primaria frente a Plaza Lavalle. Al mismo tiempo recordé el moño con pintas blancas y el cardigan azul. Los breches. Un álbum de figuritas. Un retrato del General Paz, el busto de Julio A. Roca, el mausoleo de Sarmiento. Después del desayuno salí a caminar por Plaza Rodríguez Peña como lo hago habitualmente. Recordé una novia de ojos celestes de mi adolescencia, un cumpleaños de quince, la escuela secundaria. Y las bibliotecas de mi casa. La de mi padre, la de cada uno de mis hermanos, la mía; la menor de todas. En un café fumé mi pipa y navegué por ciudades, pueblos, aldeas. Y asombrado vi pasar la vida

En un artículo que publicó Jorge Luis Borges sobre los poetas de Buenos Aires (1966), señala que “así como otros países, Inglaterra por ejemplo, sueñan con el mar, así nosotros tenemos como una nostalgia de un tipo de vida infame y cuchillera”. Sabemos que toda realidad es compleja y que tal vez el juicio de Borges no se ajustaba a la realidad, o mejor dicho, lo simbólico de nuestra identidad quizá no sea precisamente esa. Pero no está del todo equivocado, no estaba del todo equivocado. Desde la época de nuestras luchas intestinas hay algo de perversión, de sangre en cada movimiento, en cada acto. Nuestro primer cuento, El matadero de Esteban Echevrría, nos muestra violación, tortura e intolerancia. En nuestros días lo vemos en las barras bravas, en las escenas de la vida cotidiana, en el ocio represivo de las vacaciones, en ciertas mitologías que tienen relación con lo más bajo de nuestro ser nacional.

Los echaban. A los que no llevaban luto los echaban. Era obligatorio llevarlo. Mi padre no me lo puso. “Vas a ir a la escuela sin luto”. Yo tenía seis o siete años; sabía por las conversaciones en voz baja de mi familia, que algo no andaba bien, “que los pesquisas”, “que la demagogia”, “que la delación”, “que la cárcel”. Mi padre dijo: “No usé luto por mi madre ni por mi padre”. Don Manuel era ateo, contestario. Creo que la poesía viene de ese mundo. Mi madre configuró lo suyo con su ternura y su silencio, seguro. El resto vino con el aire y la nostalgia.

Años después comprendí mi infancia gracias a los autores italianos de postguerra. Moravia, Pratolini, Pasolini, Pavese, me llenaron los ojos de imágenes y de ideología. Luego vendría Visconti, De Sica, Rossellini… ellos me llenaron el corazón de pasión y de poesía. El cine y la literatura fueron conformando mi espíritu. Eran seres cercanos a mis sentimientos, a mi entorno. Hombres y mujeres que solía ver por las calles de mi ciudad, en los viejos mercados, en las plazas del barrio, en el café del tío Pedro. Por supuesto que ya sabía de Pérez Galdós y de Emilia Pardo Bazán.

Voces, hay voces que me llegan desde lo literario. Adulón es una de ellas. Otras. Comparsa, mascarada, petulante, ominoso, locuaz, lealtades inconfesables, obsecuente. Una más: carnestolenda. Son vocablos que no se relacionan con lo poético, que se vinculan con otros temas. Voces que me acompañan desde hace siglos, voces que escucho en sueños, en hospitales, en fábricas, en embajadas, en programas televisivos. Carl Jung escribió que “…la naturaleza aspira a expresarse, agotando sus posibilidades. El hombre, igual.”

(Hoy escuché por radio un reportaje a una profesora de literatura. Contaba que los alumnos no podían leer libros, que les era imposible en cuarto año leer una página de Don Quijote. Querían analizar textos de la cumbia villera. La profesora estaba desesperada. El periodista dijo con firmeza: “Bueno, bueno, ni una cosa ni la otra”.)

Cuando una estatua que personifica a un dios es tocada por la palabra cobra vida. Genera un mundo metafísico, una metamorfosis que opera sobre el tiempo cronológico. El individuo no es sólo el resultado de un proceso histórico. El individuo es un ser polifacético. (¿Qué miente la historia, el Poder, la familia? ¿Qué ocultan en cada acto mis palabras, mis sueños, mis miradas? ¿Qué oculta cada lector, cada uno de nosotros?) Lo romántico contamina la crónica, la historia; distorsiona los hechos. Me sigue entusiasmando el vuelo del pájaro, las olas del mar, el silencio.


En todo soliloquio hay facetas múltiples, a veces contradictorias. Uno se muestra, mostrándose, compartiéndose. Eligiendo el riesgo permanente de buscarse a sí mismo, trascenderse sin diluirse en la abstracción. Hay un ámbito donde la inmediatez del hablar y la reflexión necesaria para hacer genuino ese hablar llegan a un acorde sostenido. “Escribo sobre el mar y el desierto”, señalo Albert Camus. Son varias las lecturas de ese testimonio. El resto son síntomas de infantilismo y soberbia.

He regresado a casa. Miro los sillones, unos jacintos en el florero, diversas bibliotecas, óleos, lámparas, muebles fraileros. Miro fotografías de escritores, de médicos, de hijos, de amigos. Fotografías de Rocío, mi esposa, pequeños amuletos, bastones, dos percheros de mi familia, una bandera republicana, un bastón Watson - estilete -, un unicornio de la India, una mesa de ajedrez de mármol, boinas, retratos de actores y cineastas. La escalera de roble que lleva a mi biblioteca, manuscritos y poemas enmarcados, relojes de pared, coches de carrera de colección, un reloj de pie de péndulo alto, teléfonos antiguos, un fonógrafo alemán... 

Buenos Aires, noviembre de 2022

Carlos Penelas, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

ORIGEN, Liana Friedrich, Rafaela, Santa Fe, Argentina

 









ORIGEN

 

Descolgando la lluvia de los sauces

un rayo de luz se desnudó en el aire,

sorpresa de riberas expectantes…

Y fue volver,

tallando cortezas en la tarde

con la espina leve de la risa,

descansando al oído

de la habitual algarabía,

para tañer las voces de la infancia.

Volver, sí,

por mágicos corredores,

despojando de quejas al cansancio,

que hoy asume la agonía de los años.

Volver, al fin,

en penumbroso viaje,

hacia el regazo prenatal de los orígenes

para pulsar la Verdad del Ser:

pura inmanencia y vida.

 

Liana Friedrich, poeta y escritora argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


EL EMBRUJO DEL AMOR., Lola Benítez Molina-Málaga (España).

 



EL EMBRUJO DEL AMOR.

Según podemos leer en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, “amor es ese sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”. Efectivamente, ese sentimiento vehemente, vivo y profundo, que posee cada persona, es único, aunque conlleve distintas connotaciones respecto a quién o a quiénes va dirigido. Asimismo, dice Santa Teresa de Calcuta que “el amor es el único lenguaje que todos entendemos”, pero, por desgracia, en todas las épocas, incluida la presente, un sinnúmero de personas no comprende ni siquiera superficialmente dicho idioma universal.

Es evidente que mucho se ha escrito sobre el amor, noble sentimiento, como ya expresé, que nos hace divagar por los entresijos de lo onírico, para despertar los más sublimes anhelos. Palpitaciones encendidas que alientan los sentidos y ensalzan la belleza de todo cuanto tocan con su sutil fragancia. Vehemente fuego de pasiones encendidas, exaltadas, sublime goce, que con tan solo una mirada alumbra los corazones.

¿Cuántas veces la luna ha sido carabina expectante de tal alucinación, de amores imposibles, de encuentros furtivos? ¿Por qué los amores inalcanzables suscitan tanta agonía y servidumbre, donde los ríos de tinta de los poetas se derraman igual que cascadas de lágrimas?

¿Qué embrujo despliega para que todos los poetas lo ensalcen o giman ante la innegable pérdida?

Sólo San Valentín conoce la primera palabra secreta, que en los corazones aviva refulgente. Susurros que el viento lleva a su antojo y que de nuevo vuelve a renacer cuando el alma más desprevenida se halla para llevarla al más recóndito infinito.

El sol resplandece en eterna primavera y a hurtadillas las estrellas contemplan su grandeza.

“El afán constante de todos los enamorados, refiere Octavio Paz, y el tema de nuestros grandes poetas y novelistas ha sido siempre el mismo: la búsqueda del reconocimiento de la persona querida. El reconocimiento aspira a la reciprocidad, pero es independiente de ella. Es una apuesta que nadie está seguro de ganar porque es una apuesta que depende de la libertad del otro. El origen del amor es la búsqueda de la reciprocidad libremente otorgada. La paradoja del amor único reside en el misterio de la persona que, sin saber nunca exactamente la razón, se siente invenciblemente atraída por otra persona, con exclusión de las demás. El amor es, pues, atracción involuntaria hacia una persona y voluntaria aceptación de esa atracción”.

Obviamente, el amor es el motor de la vida, de cada persona, de cada acción, de cada paso... Si este motor dejara de funcionar, que no lo hará nunca, la raza humana perdería su razón de ser, de existir, es decir, la vida sin amor no tendría sentido alguno. Por consiguiente, ésta se marchitaría como cualquier flor. “Un hombre sin amor, manifiesta Carlos Benítez Villodres, es un cadáver que muere a cada paso”, pues tengamos siempre presente que el amor es ese manantial de energía vital que nos permite seguir viviendo. Y, ciertamente, el mundo sin amor caminaría, por la misma causa, hacia su total desaparición.

 

Lola Benítez Molina-Málaga (España).

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


sábado, 22 de octubre de 2022

EL HABITANTE, Norbert Pânnon, Yunin Park

 



        "CUENTOS DEL SIGLO POSTERIOR"

 




EL HABITANTE

         El hombre que habitaba las arenas del desierto desde hacía muchos años, sintió frío aquella noche y, en un acto de coraje: quemó los remos de su barca.

 

 ©NORBERT PÂNNON, Yunin Park


No sé por qué me quejo, Gloria Fuertes, España

 










No sé por qué me quejo

 

No sé por qué me quejo porque al fin estoy sola.
Y el placer de tirar la ceniza en el suelo,
sin que nadie te riña,
Y untar pan en la salsa
y beberse los posos,
y limpiarse la boca con el dorso de la mano,
cantar al vagabundo porque al fin fue valiente,
ir matando los besos como si fueran piojos,
beber blanco,
pronunciar ciertas frases
decir ciertas palabras,
exponerte a que un día te borren de la nómina...
No debiera estar seria
pues vivo como quiero,
sólo que a veces tengo
un leve sarpullido.


Gloria Fuertes, España

 

Gloria Fuertes García fue una poetisa española incluida en la ‘Generación del 50’, posterior al movimiento literario de la primera generación de posguerra. Wikipedia

Nacimiento: 28 de julio de 1917, Madrid, España

Fallecimiento: 27 de noviembre de 1998, Madrid, España


“EL PASADO DEL MAÑANA”, Rodolfo Ascencio Barillas, El Salvador

 



 





“EL PASADO DEL MAÑANA”

 

¡Oh muerte! ¡oh destino!

¡Oh Luz! ¡Amiga mía!

¿Por qué existe tanta disensión,

entre las sombras?

¿Porque los hombres,

huyen de tus besos?

¿Acaso no eres el excelente remedio,

de todos los males?

Eres la salida de todo sufrimiento,

eres más que la vida inerte

¿Porque veo sombras en la aurora,

de tus místicos atardeceres?

y una prolongada agonía,

se cierne con la lluvia de tus ojos

¿Quién odia tu complaciente silencio?

¿Quién escucha tu canto?

de seguro son los profanadores

de tu ineludible boca,

los que viven para producir

mas congojas con tu nombre,

los que lloran en los brazos

de tus inertes paraísos;

por eso, te espero con vehemencia

para transformar el mundo

que nos margina, y nos esclaviza,

en sus cadenas invisibles.

¿Quién osara burlar tus puertas?

¿Quién encontrara tu salida?

Yo clamo para escuchar el llamado

de tus fugaces trompetas,

y cuando haya muerto será el canto

silente vibrando en tu sonrisa,

y en la soledad de tus ojos,

¿Quién te comprende?

Ni Reyes, ni Mandatarios,

ni Potentados,

ni Clérigos, ni pobres y ricos.

Temen el advenimiento

de tu ineludible justicia,

¿Quién eres, que despiertas

la noche en el despotricado llanto?

¿Dónde están tus manos

acariciando la soledad de tus ojos?

¿Por qué tus dagas se clavan

en las tristezas del alegre pecho?

 

¿Que lejos están los túneles

oscuros en tus viajes sin retorno?

Porque arrasas en el nefasto

paso de tus inmensos caminos

y arrasas las perversas vanidades

de tus crueles seducciones

y mitigas la soledad con el misterioso

llanto de tus convicciones

y en los días caliginosos retornas

a tus mesuradas decisiones

eres equitativa en el ingrato mundo,

de miseria y riqueza

y tirana en la probabilidad

de tus inesperadas visitas

y oprimes las impudicias

irracionales de los opresores

y enalteces las efímeras glorias

de los emperadores.

¡oh muerte, justiciera,

benigna en la agonía!

Hay quienes son vivos,

pero están muertos

y hay otros que están muertos,

pero viven añorando estar vivo,

ella es implacable y indoblegable

con los explotadores insaciables

sus pasos caminan en el silencio

de la noche eterna

¿Quién temerá a los tentáculos

de tus indómitos brazos?

¿Quién osará desafiar el lazo

que une la vida y la muerte?

Si, la muerte es el preludio

de luz en la vida perfecta

y la verdad que reconoce

las tentaciones de la carne

y nos libera de la pérfida mentira

y del oprobio en la oscuridad

¡oh! muerte, son frutos del árbol caído,

montañas sin viento

agua sin mar, luz sin sol, niebla

en el rocío de los amaneceres

¡oh! muerte, mi amada muerte

Vives para liberar al hombre

De sus iniquidades…

El Salvador, julio de 2019

 ©Rodolfo Ascencio Barillas, poeta y escritor salvadoreño

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA