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sábado, 4 de junio de 2022

Nueva mirada de lo visible, Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina

 



Nueva mirada de lo visible

 

El tiempo de vivir es para todos breve e irreparable.

Publio Virgilio Marón

Descubrimos la eufonía de la creación, vale decir, lo agradable de la creación, la esencialidad de la palabra poética, su valor simbólico, su capacidad connotativa, que remiten a una consideración artística del hombre, del mundo, de las cosas. Hablamos de una particular visión del mundo que nos ofrece el poeta en su experiencia, en sus vivencias, en su creación; son los temas de una teoría del lenguaje poético, de lo lírico en particular. 

Desde adolescente me obsesionó conocer en qué va transformando la poesía a su hacedor. Hay una ascensión de la palabra poética, un designio que señala permanencia en el hombre primordial, en el habitante desposado de su territorio. Una cosmogonía que cobija los mudos testimonios, las nuevas creaciones en las arenas y los cielos. 

Más allá de la belleza de un poema, de su estructura, exigimos de lo poético un ahondar en lo esencial del ser humano. La poesía es un camino, un reintegrarse en lo universal. En el acto poético hay incantación, mito y autenticidad; una búsqueda de lo absoluto. 

Toda poética pertenece al ámbito de las intenciones, a la intimidad del poeta. La evocación y la memoria son tamizadas en una permanente ondulación, un tiempo desprotegido, un atributo de la intemperie y de la soledad. 

El poeta no debe perder la infancia, el sentido del asombro, la mirada transparente de la niñez. El verdadero poeta crece como el campesino, entre mitos y certezas, junto a la humildad de la hierba, en un estado cercano a la pureza, desechando los bienes materiales, entre los vaivenes de la pasión y el esplendor de los frutos. En el instante está la insurrección, la verdad de la conciencia y de la tierra, las dimensiones del alba y del atardecer. El diálogo abisal entre el ser y la nada. He aquí la realidad palpable, insurrecta, deslumbrante. 

La poesía no puede ser otra cosa que una reintegración al mundo clásico, un ingrediente activo de la vida, vital, irrenunciable. Por eso engendra emoción y deseo, ilumina la verdad en una imagen abisal entre la conducta práctica y las posibilidades móviles del hombre. Es el signo del diálogo interior, la insatisfacción permanente que se aleja de filosofías sistemáticas o ideologías redentoras. Desde el poema avanzamos en un terreno fatídico. El poeta debe tener valor, pues no responde a cánones terrestres o celestiales. En cada acto una desesperada tentativa de salvación que fuga y retrocede forjando palabras, cincelando un ser ético y físico. A través de la palabra descubre la intersección de la vida y la creación. Inmanencia y trascendencia sobre cada cosa, como una despedida del instante cenital, de cada insospechada refracción que toma una naturaleza y un don esencial. Exalta la belleza desde la expresión verbal llevando su existencia, su corporeidad en un acto de devoción por el mundo. 

La poesía nos ofrece el ensueño de voces infantiles; no la nostalgia indiscutible que tiene todo ser humano, sino las estancias del ser, la sublimación de la luz que hipnotiza la soledad del cuarto. Por eso registramos el follaje, la rama sensible al viento, la vela blanca en la bruma del mar. El poeta se abandona a la intuición, a la contemplación, al espacio que estremece desde el silencio de una visión inmóvil. Crea su infinito desde el gozo secreto. 

Lo rodea la infamia, la corrupción, la demencia de hembras alucinadas por la frustración, la desvergüenza de hombres hastiados. Pero su poética nos envuelve en un universo claro, una convicción íntima que hace sensible la palabra, voces modeladas por una mitología del desorden. La inmensidad está en nosotros como la insumisión. 

Por momentos asombra en la despersonalización del verso y paralelamente afirma su subjetividad. Destierra el vacío creando los enigmas de lo poético, concilia libertad y destino, azar y fidelidad. Cristaliza y vulnera al amor, halla la medida de sí mismo entre las contradicciones, entre los fragmentos de lo cotidiano. Ofrece su respuesta desde la desesperación y la esperanza. Extrañamente ambiguo, integra la plenitud y el caos. 

Sin recompensas futuras se sumerge en la naturaleza tantálica, en la revelación de los vínculos y los afectos. Sugiere un simbolismo sexual en la mujer deseada, en oposiciones increíbles y ciertas, en un fuego sustancial y mágico. La palabra será siempre un vehículo de una vida en permanente cambio, de confidencias; un peregrinaje misterioso y traslúcido. 

Todo y cada cosa es una amenaza de eternidad. El poeta siempre anima una dialéctica sutil, por momentos incomprensible. Anhela la solidaridad entre forma y existencia, sufre la imperiosa necesidad del instante, esa fugacidad que emerge y se define por sí misma. Hay plenitud en lo dramático, éxtasis y continuidad que le dan fuerzas para enfrentar un mundo absurdo.
Hace falta ingenuidad. El placer de admirar, de evocar. Todo se experimenta a partir de la infancia, a partir de lo lúdico. Desde la franqueza hallamos felicidad; contra todo dogma enfrentamos las moradas de la supervivencia.

 El verdadero poeta cree en lo inconmensurable, en la utopía, en la sagrada unidad del silencio y la fraternidad. Detesta  los partidos políticos, las capillas literarias, los dioses y los amos. Al cincelar el verso ofrece belleza, no sólo cristalina, otorga un contenido moral. 

Hay un carácter mimético en el lenguaje, una experiencia estética. En el poema el lector siente una visión del mundo pero al mismo tiempo una visión de sí mismo, una suerte de amor que inspira y envuelve. El poema es entonces un itinerario; conciencia e imagen. Asedia la trascendencia, la revelación, lo hondamente personal. 

Carlos Penelas, Buenos Aires, septiembre de 2020


LA VERDAD INASIBLE, Xiul Lasopat, Buenos Aires, Argentina

 








LA VERDAD INASIBLE

 

Minucioso entramado

la mentira de lo evidente

convertida en metáfora

frágiles realidades

deshechas en olvidos

la verdad inasible

secuencias anilladas

urdidas circunstancias

y un estar en el mundo

al margen y azorado.

 

Xiul Lasopat, Buenos Aires, Argentina


EL MAL ESTUDIANTE, Jacques Prévert, Francia

 









EL MAL ESTUDIANTE

 

Dice que no con la cabeza
pero dice que sí con el corazón
dice que sí a lo que le gusta
y dice que no al profesor
está de pie
le hacen preguntas
y le plantean todos los problemas
de pronto se echa a reír
y borra todo
cifras y palabras
fechas y nombres
frases y trampas

y a pesar de las amenazas del maestro
entre el tole tole de los niños prodigio
con tizas de todos colores
sobre el negro pizarrón de la desgracia
dibuja el rostro de la felicidad.

 

Jacques Prévert, Francia


QUISIERA OLVIDAR Y RECORDAR, Guillermo Fernández del Carpio, Arequipa, Perú

 







QUISIERA OLVIDAR Y RECORDAR

 

Quisiera olvidar el recuerdo,

pero mi memoria ya cansada, no puedo hacerlo.

Quisiera recordar el olvido,

pero mi memoria ya cansada, no olvida al inherente recuerdo.

 

Quisiera olvidar la mirada del sufrido,

pero al verlo, veo a Cristo que me mira

y me recuerda que ese sufrido, puedo ser yo mismo.

Pues todos tenemos un Cristo y un sufrido que quisiéramos olvidar y recordar.

 

Quisiera ser un sueño, para recordar lo que soy,

un poco de un ayer que vive líricamente hoy.

Quisiera recordar el patio de mi casa donde transcurrió mi niñez,

para no olvidar que fui niño, niño alguna vez.

 

Quisiera que algún del día del ayer fuese hoy,

para volverlo a vivir; pero nuestras vidas

aunque giren y miren años atrás,

lo vivido, vivido está, pero no será olvido.

 

Quisiera que la vida tuviera más momentos

y el reloj no señale el tiempo.

Pero ya ven, la vida es más que solamente momentos.

Es un tesoro y un privilegio, que siempre tendrá olvido y recuerdo.

 

Guillermo Fernández del Carpio, Arequipa, Perú

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


ANHELO, María Dolores Benítez Molina, Málaga, España









ANHELO

 

Anhelo tu regreso

como la alborada a la mañana.

Anhelo un beso

como la noche al alba

y entre sueños

yo descubro lo más bello.

Entre anhelo y anhelo

con la luz del día me encuentro

y en un susurro de olas que albergo

yo hallo mi sustento,

para así fundirme con lo eterno,

que hasta ti me lleve presto.

 

Maria Dolores Benítez Molina, Málaga, España 

 

 

 


LA ILUSION, Elias Galati, Buenos Aires, Argentina



LA ILUSION


La ilusión es una esperanza cuyo cumplimiento nos parece especialmente atractivo.

Es también la complacencia en una persona, cosa o tarea.

Desde la psicología se la considera como una percepción que no concuerda
exactamente con la realidad, que no copia el mundo real, por la diferencia
entre ella y el mundo percibido. Es posible que haya rasgos no percibidos y
otros añadidos por nosotros en aquello que nos estimula y nos inquieta.
Por lo tanto es considerada como la interpretación errónea de ciertos
elementos en una experiencia determinada, de tal forma que la experiencia
no representa la situación objetiva, presente o recordada.
Filosóficamente es una apariencia errónea que no cesa al ser reconocida
como tal.
Es una doctrina introducida por los epicúreos, por la cual las ilusiones no
pertenecen al sentido como tal sino al juicio basado en el dato sensible.
Kant la definió como el juego que permanece inconcluso cuando se sabe que
el presunto objeto no es real, señalándola como la actividad dialéctica de la
razón.
Lo explica señalando que “En nuestra razón hay reglas fundamentales y
máximas de su uso que tienen todo el aspecto de principios subjetivos”, y
por ello hay una necesidad de conectar nuestros conceptos en virtud del
entendimiento como necesidad de determinar las cosas en sí mismas, ilusión
que no se puede evitar, por eso la considera natural e inevitable.
Encuentra así una diferencia entre la ilusión y el error, por lo que la ilusión
no aminora al ser reconocida como tal.
Más en el lenguaje común, el hombre tiene claro la distinción entre dos
aspectos de este concepto, y diferencia el término iluso, del término ilusión,
adoptando la relación inicial, tener esperanza de algo atractivo.
Es una actitud humana y comprensible, que nos lleva a la terminología
kantiana, es natural e inevitable.
En nuestra vida cotidiana, hay momentos y aspectos que nos conducen a
ilusionarnos, es más, a cada momento, al emprender algo nuevo o particular,
o cambiar una situación, sentimos esa esperanza atractiva que nos deparará
algo mejor, como un rasgo de ilusión.
Es posible que no haya fundamento ni científico ni existencial, para ello,
pero para el hombre es inevitable.
La vida, el hombre, el mundo, el futuro, es para nosotros una ilusión, la
creencia que se puede ser mejor, se puede equilibrar, se puede llegar a la
felicidad pretendida.
Todos nos ilusionamos, como personas, como grupo, como sociedad, en
especial los niños que creen en ideales, que todavía no han sido deformados
por la visión y la realidad, que aún no han sido forzados a resolver entre cosas
que no quieren, a vivir situaciones espantosas, perversas, o que no debieran
vivir.
Nosotros como personas, aquellos que ejercen una función y quienes dirigen
las naciones, somos responsables de sostener la ilusión, en sentido de esa
esperanza atractiva en un futuro mejor.
¿Lo hacemos? ¿Es nuestra conducta adecuada a mantener viva en los demás
la ilusión y la esperanza?
En sentido individual, así como nosotros nos ilusionamos con nuestras
relaciones, ellas se ilusionan con nosotros.
¿Estamos al nivel de esa esperanza, e intentamos cumplir con nuestro
comportamiento con el deber que nos impone un deseo mutuo que debe
satisfacerse?
En sentido social, vivimos en un mundo que nos exige y nos compele con
normas y regímenes siempre obligatorios.
Pero no siempre vemos el cumplimiento ni la voluntad de parte de quienes
deben hacerlo. Casi siempre nos sentimos defraudados, y sentimos que el
poder y la autoridad es casi una autosatisfacción del poderoso, sin importar
la necesidad y la ilusión del gobernado.
De acuerdo a nuestro comportamiento y a nuestras acciones podemos
construir un mundo maravilloso o un lugar horrible donde vivimos.
La historia y la realidad nos señalan que es mucho más el horror que la
maravilla.
Mas ay de aquellos que desilusionan. Ay de aquellos que destrozan las
ilusiones de la gente y de los pueblos, porque en realidad no tendrán perdón
y así serán juzgados.
Para conservar la ilusión, la nuestra y la de nuestros semejantes, hay que ser
auténticos y dignos, darse a los demás, anteponer el deber a nuestros deseos,
y sostener que es nuestra condición hacer de nuestra vida y de las de los
demás un episodio feliz, bondadoso, ecuánime, donde todos puedan gozar de
la ilusión de esperar siempre un mundo mejor, un hombre más bueno y una
sociedad civilizada, pacífica y feliz.

 

Elias D. Galati, Buenos Aires, Argentina


Manos cálidas, Salomé Moltó, Alcoy, Alicante, España

 











Manos cálidas

  

He pasado por delante de tu verja

he visto tu melancólica mirada

y esas fuertes manos prietas

Esas manos que un día me ofreciste

las que me acariciarían

las que me protegerían

las que en mil caricias dadas

un mar de dulces futuros ofrecían

Más no supe ver ni comprender

ni tampoco percibir, o quizás me asustó

tanto amor, tanta bondad

Y hoy que los años todo se llevaron

sigo admirando esas manos prietas

que no supe aceptar

o que quizás no quise

ni tener ni gozar  

                                                                    

Salomé Moltó, Alcoy, Alicante, España

 


ACERCA DEL SENTIDO DE "SER" O DE "SENTIRNOS" FELICES - Repentismo Espiritual XXVI, Adrián Escudero, Santa Fe, Argentina

 



ACERCA DEL SENTIDO DE "SER" O DE "SENTIRNOS" FELICES - Repentismo Espiritual XXVI (1)

 

"La verdadera felicidad consiste en hacer feliz a los demás"

(Proverbio hindú).

 

Algunos piensan que "ser" feliz es disfrutar de la existencia en modo "dolce vita"... Otros que ser o más bien, "sentirse" feliz, es servir con amor al otro procurando "su" felicidad, y "viceversa" (congruencia sinérgica del Círculo Virtuoso), y puesto que todo lo demás se dará por añadidura (Mt 6, 24-34). Queridos amigos y colegas (creyentes y no creyentes)...

Comenzar reflexionando sobre una afirmación del genial Albert Einstein, quien dijera que, su Dios, era el Dios de (Baruch) Spinoza (2)... Y en tanto circula en estos días y por los medios virtuales consecuentes, un estético video intentando defender dicha propuesta existencial...

Y sin renegar de ciertas delicias terrenas allí descriptas, pero que en las que algunos se hunden, consciente o inconscientemente, en "feliz" concupiscencia ("dolce vita"), digamos que, también, Einstein afirmó que "Dios no juega a los dados"...

En mi caso, y con respeto confieso, que no creo en el Dios de Spinoza sino en el Dios de Jesucristo, Dios Hijo Unigénito de Dios Padre, y Nuestro Señor en Dios Espíritu Santo... O del Misterio de la Santísima Trinidad de la divinidad cristiana...

Un Jesús cuyo discípulo amado, Juan, quien quedó a cargo de su madre santísima, la siempre Virgen María, luego de su muerte martirial y antes de su gloriosa resurrección de entre los muertos, expresaría al final de su conmovedor, poético Evangelio, que da "testimonio" de la visita de Dios Amor a su amada Humanidad, afirmando "... y sabemos que su testimonio es verdadero”. Y concluyendo, respecto de los frutos de esa visita: "Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relatara detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían" - Jn 21, 24-25).

Y bien, quienes hemos creído en la Palabra y Hechos del Redentor del Universo, y en su inaudito e incomparable acto de Amor al Hombre Histórico de ayer, de hoy y de mañana, entendemos que, si amamos en verdad, si sabemos ser auténticamente felices, si sabemos amar la vida para la Vida como a nada, es porque Dios nos amó primero, y porque Dios es Amor; y no un Amor meramente pasional o sentimental, sino un Amor Ofrenda, y que se dio a conocer como Abba (Padre) a través de su Hijo y que, por dicho través, nos enseña a amar como Él nos ama y amará "... hasta el fin de los tiempos" (Mt 28, 20).

Y mi Cristo (roto, marginado y desatendido en cada ser humano atribulado por las Tinieblas Mundanas) ha dicho que, para entrar en el Reino de Dios y ser eternamente felices, debemos ser mensajeros de su Amor en el Mundo... Y que, para ello, debíamos volver a nacer... A Nacer de lo Alto... Pues nadie procede de sí mismo, excepto Dios; y nadie se salva entonces por sí y solo a sí mismo: nos salvamos en racimo (San Agustín)...

Y un racimo alimentado por la divina Gracia, pues todo es Gratuidad (¿o quién puede agregar una neurona a su cerebro?): a unos diez, a otros cincuenta, a otros cien... Pero uno para todos y todos para uno, pues el Amor verdadero se revela en comunión de cuerpos y de almas consagradas a seguir los pasos de Quien Es el “Único Que Es y Hace Ser” (dixit Poeta Místico César Actis Brú), de Quien Es Camino, Verdad y Vida (con mayúsculas)...

Einstein, cuando expresó que Dios no jugaba a los dados, se refería solo al Padre (aunque no lo llamara como tal), pues su Hijo era desconocido o negado por él y como muchos aún de los judíos integrantes del Pueblo de la Antigua Alianza; Pueblo que perdió la herencia prometida por Dios en dicha Alianza Mosaica, al no creer que Él pudiera ser Padre (Un Abba Providente y Misericordioso) en el Hijo (Mesías Redentor), en lugar de ser solo el “Yosoy” del Monte Sinaí, oculto en la zarza ardiente y Todopoderoso, Omnipotente y Omnipresente, y que diera a ese Pueblo y para siempre, los Diez Mandamientos para aprender a adorarlo con todas las fuerzas, con toda el alma y con todo el espíritu, y al prójimo como a sí mismo...

De allí que, y aunque teóricamente esperaba al Mesías, Einstein jamás comprendió que éste no vendría para ser Rey de un proyecto político e ideológico mundano, sino para develar, en su Rol Redentor, al inefable Rostro del Padre (Jn 14,9); ello, en su condición de verdadero Hijo de Dios Padre...

Mesías Hijo que develó, en efecto, el Rostro del Padre (Jn 14,9) y su proyecto de Nueva Alianza con los hombres... Un Padre que, en la hipostática Persona del Unigénito, sería el Cordero que enseñaría a los hombres el sentido del Amor verdadero (aquél que no duda en dar la vida por los amigos), quitando sacrificialmente del mundo al pecado (alejamiento o desconocimiento del Dios verdadero), al error (falsos dioses y profetas) y a la ignorancia (impiedad y blasfemia), y develando el sentido de su Cielo en el Cielo, y de su Cielo en la Tierra…

Y esto es porque Einstein descubre a Dios solo como Supremo Creador y por medio de la perfección de su Obra Natural (el Universo material), más asimismo también y solo en términos científicos...

... Un asombrado Einstein intentando comprender el sistémico entramado que, paso a paso deducía, matemáticamente, y que constituía la textura estelar de un infinito Cosmos; y pues, como en el Universo explorado (y supuesto el resto) todo tendría (tiene) relación con Todo, Dios, quizás sería (era) para Einstein, ese Todo en todos manifestado al hombre absorto ante sus maravillosas manifestaciones materiales, más en invisible Presencia materializada por medio del conjunto de leyes ordenadoras del Universo visible y que su Ciencia deseaba interpretar...

Pero no alcanzó -entendemos- a comprender el sentido escatológico de su Obra Creadora... Y le fue negada la percepción de Dios como Padre, en la Persona de su Hijo (cuyo Reino no era de este mundo), proclamado como tal en su bautismo (aunque no lo necesitara, Santo entre los santos) por el Espíritu Paráclito, es decir, por el Amor (Verdad y Paz) que lo ligaba con el Padre y desde toda la eternidad... Alfa y Omega...

En consecuencia, si hemos aprendido a ser felices no sería mérito nuestro, sino obra guiada de nuestros esfuerzos (Digan: "Solo hemos cumplido con nuestro deber" - Lc 17,10) y gozada en frutos por la divina Gracia (que puede engendrar hijos de las piedras). Una Gracia, o "Belleza antigua y siempre nueva", de la que San Agustín de Hipona expresara, "... tarde te amé, tarde te amé"... (Amén).

 __________

(1) Adrián Néstor Escudero, Santa Fe,  Argentina , 01 Junio 2022 (Junio: Mes del Sagrado Corazón de Jesús). Publicado en Página de Autor Facebook.-

(2)https://www.google.com/search?q=spinoza&rlz=1C1ALOY_esAR979AR979&oq=Spinoza&aqs=chrome.0.0i271j46i131i433i512j69i57j46i512j0i512l6.3455j0j7&sourceid=chrome&ie=UTF-8


sábado, 28 de mayo de 2022

EL SUICIDA, Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina.











EL SUICIDA

 

Se marchó sin saludarme.

Se fue por el ojal del plexo profanado

mostrando la burla de una risa,

noble gesto a la parca agradecida.

Atravesó el espejo

clavando las espinas de su vida

en el muro vacío de los miedos;

absurda y cárdena su herida.

Se marchó sin saludarme,

deshonrando al silencio, sin el grito.

Y me dejó la mirada del suicida

tamizada del plomo de los tiempos.

Se fue sin saludar siquiera;

sin muestra de dolor, ni suplicante;

deslucida la pólvora agridulce

cual grieta de espanto en la pechera.

 

Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina.

De su libro: “Estampas de miedo”. ©2017



SONETO, Luis Alposta - Buenos Aires - Argentina



 









SONETO

 

Un soneto me pide el amor propio

y en mi vida me he visto en tal apuro.

Si cuatro versos ya me dan laburo,

antes de los catorce será un opio.

 

De las formas no quiero ser esclavo.

Además, sobre el tema ya se ha escrito.

En el séptimo verso lo medito

y no sé si plantarme en el octavo.

 

¿Seguir o no seguir? Esa es mi duda.

Pues la cosa se me hace peliaguda

al tratarse de historia tan junada.

 

Pero ya falta poco, y lo importante,

es ahora encontrar la consonante

y dar esta cuestión por terminada.

 

Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

23 de junio de 1977

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA