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sábado, 13 de marzo de 2021

SATANÁS, MI VECINO, José Alberto Calcagni, Junín, Buenos Aires, Argentina








Imagen de: JW:ORG


SATANÁS, MI VECINO

 

            Vive exactamente frente a mi casa. Lo denuncié tres veces a la Inquisición, sin resultado. El Santo Oficio no puede hacer nada en su contra, pero estoy seguro que me habría mandado a la hoguera si no lo hubiese denunciado.

            No puedo vivir en tan escalofriante compañía. Me siento vigilado a toda hora. Lo veo observándome, lo veo escuchándome. Si pongo la música que me gusta enseguida atruenan los ruidos insufribles y los lamentos, que me dan la pauta de lo que deben ser sus dominios. Y si recibo amigos, él transforma su guarida en aquelarre.

            La inquisición nada puede hacer pero he pedido consejo a mi confesor, y me recomendó que colgara en mi puerta una cruz, que me vendió a buen precio.

            Confiaba, pero ya perdí toda esperanza, porque acabo de ver en la puerta de este maligno personaje una cruz igual a la mía.

 

©JOSÉ ALBERTO CALCAGNI, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


COINCIDENCIAS E INCIDENCIAS, Salomé Moltó, Alcoy, Alicante, España

 








Imagen de: ALICANTE SIEMPRE- blogger


COINCIDENCIAS E INCIDENCIAS

 

Es notorio que nuestras vidas están surgidas de coincidencias y en ellas, unas fechas se repiten de forma inexplicable, como puede ser para mi, el mes de marzo que una vez transcurrido, y dejando un cierto tiempo para la reflexión, vuelven a la mente acontecimientos más o menos importantes que han ocurrido por las mismas fechas.

Fue en marzo de 1953, cuando mi abuela arropaba a su marido moribundo con poca dulzura. “yo creía que me querías”, le dijo el abuelo. “Más te he querido yo a ti, que tu a mi”, repuso la abuela, ante una niña que todavía no había cumplido los diez y que aquellas palabras golpeaban su infancia y la colocaban de facto en la adolescencia, ya que siempre había pensado, que sus abuelos eran de la familia. Nunca supuso que en un tiempo ya lejano, eran dos personas de diferentes familias que habían decidido casarse y formar una familia, que habían tenido seis hijos y todo lo que vino después.

No, no acababa de entender y esa situación era como un golpe que la ponía, de repente ante la cruda realidad, que el abuelo se moría y que no había nada qué comer.

Algunas veces nos pasa que descubrimos cosas y, o personas interesantes cuando están finiquitadas o en lo concerniente a las personas, están muertas, es el caso del escritor y pensador francés André Gulcksmann que nos habla de Voltaire el escritor y filósofo francés y en sus apuntes nos vuelve a ese frustrado Paris del 68, añadiendo algunas máximas de Voltaire como: “No me gustaría ser feliz a condición de ser idiota” “Los que creen que el dinero lo es todo suelen hacer de todo por el dinero”

Verdaderamente sorprendente que un pensador del siglo XVIII, que vivió 84 años, nos pueda asombrar con sus máximas, que al día de hoy siguen en total vigencia.

Así que el libro de Gulcksmann “Voltaire contraataca”, “un alegato contra el optimismo de los dogmáticos” sera muy interesante, por eso decía que muchas veces se llega tarde descubriendo a pensadores y cosas o proyectos relevantes. Se dice de este autor que fue maoista, después renegó y tuvo todo un abanico de preferencias y de desprecios ideológicos también.

 

Dice una máxima que “El que a los veinte no es revolucionario, no tiene corazón, pero el que continua siendolo a los cincuenta es que no tiene cabeza”. Será verdad y me pregunto que pasa con los que quieren serlo diez o veinte años después.

Bueno a ver cómo se sigue siendo revolucionario después de los cincuenta y sesenta cuando ya la moda de las revoluciones, viendo el panorama de abatimiento, ha pasado, ha prescrito como dice algunos.

 

©SALOMÉ MOLTÓ, poeta y escritora española

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA 

 


NO EXISTE PRESENTE SI NO HAY PASADO, Jaime Vélez Ramírez, Medellín, Colombia

 











Imagen de: meditaciónypsicologia.com


NO EXISTE PRESENTE SI NO HAY PASADO

 

No puede haber un presente

si un pasado no ha existido;

no puede haber un recuerdo

si recuerdos no has tenido.

 

Si no podemos recordar el día

de tu alegría aquella tarde,

ni la vez aquella que caíste al río,

ni la noche que lloraste tanto.

 

Si no hay momento cuando estuvimos tristes,

ni momento cuando alegres fuimos,

ni tiempo alguno de recordar, entonces,

entonces, presente nunca hubimos.

 

Si no hay recuerdos, cogidos de la mano

junto al bosque o en el lago,

si no hay recuerdos de ninguna fiesta,

si no hay recuerdos, no se existe.

 

Febrero 2 de 1996

 

 ©JAIME VÉLEZ RAMÍREZ, poeta y escritor colombiano

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA 

 

 


SOÑADOR , Norma Morell, Arroyo Dulce, Buenos Aires, Argentina

 






Imagen de: liberatuser.es


SOÑADOR 

 

Un soñador es aquel que se acurruca en medio de la oscuridad a observar las estrellas, que tiembla ante un terremoto inexistente, que oye el aleteo de los pétalos de las magnolias, que reclina su cabeza y se “adormece” pensando en aquella vez, que su pecho supo arrullar el llanto de la persona amada. 

Un soñador es el que no cree en los olvidos porque siempre existe un deseo o un sabor que hace recordar. El que sus ganas de acostarse y rodar entre la hierba, es incontrolable, girar su cuerpo hasta suspender el parpadeo, y arrancar una lágrima de solo pensar en la vida. Un soñador es la perfecta armonía entre la noche y el día, el que ve como se esconde muy tímida una flor para volver asomar con el sol,  él la espera y no quiere ignorar que sucede mientras los pétalos duermen. 

El soñador mira el mar y se sienta en la playa, y sueña, sueña con las olas que lo mojan y que saben a sal, no se interna en él, sólo observa. Un soñador escribe con la mirada, dibuja con sus lagrimas y ríe con lo que ve, danzas de mariposas, hojas secas o eternamente verdes, de pronto las pinta de azul, y escucha que dialogan, y se le ocurre que esa es su música, el chistido de la lechuza, el croar de las ranas o el canto libre del zorzal. 

El soñador vive. Hace que el lucero baje a su tierra. Se convierte en roble ante una pena. El soñador convierte todo lo que soñó en realidad.  Un soñador ama, ama. Es feliz. 

 

©NORMA MORELL, poeta y escritora argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 



sábado, 6 de marzo de 2021

EN ESTA HORA, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 








Imagen de: depositphotos


EN ESTA HORA

 

Cierro las puertas de par en par

y abro herméticamente las ventanas

con puntual sin horario

lejos de todo encuentro

y de memorias rotas

lejos de permanencias

de rutinas y olvidos

lejos de las palabras

del silencio

de la risa y del llanto

lejos de aquí y de todos

lejos en este día

en esta hora

en que de par en par

cierro las puertas

y abro herméticamente las ventanas

con puntual sin horario.

 

©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

 


VIEJO TONEL, Olga Hernández Osorio, Medellín, Colombia

 









Imagen de: Infobae


VIEJO TONEL  

 

Viejo tonel cargado de añoranza

que llevas grabado los viejos paisajes

con vinos añejos, grata esperanza,

cincelados caminos, antiguos parajes.

Vinos añejos de aquellos tiempos,

caricias y besos en la vendimia,

sigues vivo sin olvidar los años

de amores bellos en la tierra mía.

Sigues vivo sin olvidar los años,

pareces fresca flor de primavera,

tiempos inéditos, horas de antaño,

alegres conquistas allá en la ribera.

Eres alma joven del viejo denario,

camafeo brillante no tienes años,

son imágenes vivas del calendario,

invitando alegres al cumpleaños.

Viejo tonel de remembranzas divinas,

vive por siempre, no tengas olvidos

de viejos amores entre bambalinas,

titán de recuerdos bien esculpidos.

 

Medellín febrero 02 de 2021

 

©OLGA HERNÁNDEZ OSORIO, poeta y escritora colombiana

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA 


BROTES DE AMOR, Favio Ceballos, Baigorria, Santa Fe, Argentina

 








Imagen de: los sueños-WordPress.com


BROTES DE AMOR

 

Hundí la semilla en la tierra

Y vi germinar la planta que apunta a la montaña.

El brote indicaba el sendero y subí.

La cumbre recibió mis pasos y miré

El horizonte me recibió en abrazo y volé

Las nubes suavizaron mi piel y desperté

El sol convocó al Gran Sendero y regresé.

La semilla se hizo bosque y dormí

En el sueño supe que no soñaba y volví.

Conté a todos de la luz y del poder...

Y amé.

 

©FAVIO CEBALLOS, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA 

 

 


SOLAMENTE ERA, Jaime Vélez Ramírez, Medellín, Colombia

 








Imagen de: La República EC


SOLAMENTE ERA

 

Solamente era un poeta

dijeron los diarios a su muerte,

tenía sueños, sólo sueños; no había meta.

 

Gustaba de cosas tan pequeñas

como oír ‘Concierto de Aranjuez’,

mirar las estrellas y descansar después.

 

Leer en las mañanas frías,

coquetear en la tarde con los arreboles,

en los amaneceres comunicarse con dioses y con soles.

 

De negocios terrenales sabía poco,

pero en cambio mucho de mirar al viento,

y eso le bastaba para estar contento.

 

Cuando llegó su última hora,

sólo atinó a decir que había hecho tanto,

y que la noche lo cubriera con su manto.

 

Septiembre 18 de 2000

 

©JAIME VÉLEZ RAMÍREZ, poeta y escritor colombiano

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA  

 


ADVERTENCIA, Liana Friedrich, Santa Fe, Argentina

 








Imagen de: El espectador


ADVERTENCIA

                          "El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel"...(Tesalonicenses, 4:16-27)

 

 

Suavemente reptando en la oscuridad,

un fantasma echó  sus semillas en los sueños...

Entonces una tétrica visión surgió 

en el infausto eco del silencio.

Por estrechas callejuelas intrincadas,

otros trasgos se retorcían inquietos,

a la luz mortecina de las farolas. 

Mi errática mirada fue deslumbrada

por el fulgor de una extraña luminiscencia 

que como un rayo fundió el frío. 

Entonces, bajo la luz iridiscente,

vi multitud de personas

gritando sin palabras 

gesticulando sin hablar,

oyendo sin escuchar, 

el eco del silencio,

que irracionalmente como un cáncer crecía...

De pronto, en la niebla nocturnal, 

igual que lluvia cayendo sobre  el mar,

una voz se derramó en la multitud,

retumbando en las fosas del silencio:

"Atiendan, oh, necios, mi mensaje

para que pueda salvaros".

Entonces la gente se inclinó 

frente al espectro sin nombre,

que como un mantra pronunciaba

los versos de los grafitis estampados en los tapiales,

las palabras de los muros olvidados

o las de la oscura boca del subte...

De pronto, todos aullaron

contritos, aclamando la voz

de la  Verdad Verdadera,

en el eco del silencio 

 

©LIANA FRIEDRICH, poeta y escritora argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA 

EPÍSTOLA EXISTENCIAL, Ángel Medina, Málaga, España

 










EPÍSTOLA EXISTENCIAL

 

Hace tiempo que vengo dándole vueltas a la cabeza. Es posible que tú también. Toda verdad lleva implícita la semilla de la duda. ¿Cómo no habría de ser así, si la evidencia responde al conocimiento que de ella se haga personalmente? El conocimiento está al servicio de la necesidad de vivir, y ante todo al servicio del instinto de la conservación personal. Así, pues, en este caso, alejémonos del adjetivo simple de “lo humano” y el sustantivo de “la humanidad” y concentrémonos en el sustantivo concreto de “hombre”. Lo que personalmente es el individuo. Resulta que, según sea esa verdad podremos alcanzar determinado grado de aceptación de la misma. A más simple, la percepción será mayor. Y viceversa. Esto en cuanto a la verdad en “sí-misma”. Pero he hablado de “percepción”, esto es, de cómo soy capaz de ordenarla personalmente.

 Y ya que existen verdades que son de difícil descripción, voy a proponerte una vía más simple: cómo me afecta a mí mismo. O lo que es igual: si puedo explicarme a mí mismo mejor o peor con o sin esa “verdad”.

Yo puedo dudar de muchas cosas, pero no de mi propia evidencia. “Cogito, ergo sum”, diría Descartes. Si me he dirigido a ti como “existencialista” es porque la propia definición avala lo que te he dicho: el existencialismo es el conocimiento de toda realidad sobre la experiencia inmediata de la existencia del sujeto. Creer, lo que se dice creer puede referirse a un sinfín de cosas. La que vamos a tratar no es cualquier cosa, sino “la cosa”. El fundamento. Lo que me confirma o me desestima. Y para ello permíteme citar a un pensador y a un poeta.

“El sentimiento trágico de la vida” de Unamuno nos retrata la tensión del hombre. La fuerza que amenaza desgajarlo al tirar de cada una de sus extremidades al mismo tiempo. De un lado lo crucifica en su suficiencia por el saber. La cerrazón de su entendimiento, que no pudiendo comprender, tiende a no creer. Del otro la esperanza y el anhelo de no acabarse nunca. De vivir siempre. Ansias de eternidad.

León Felipe, el poeta, en una carta dirigida a su hermana le dice que no vamos de la nada a la nada, sino de la nada a la vida, de la vida a la muerte… y de la muerte ¿adónde? Misterio. Filosofía que hace pensar. Y es que todo lo que confabule a romper la unidad y la continuidad de mi vida- de la manera que sea- se conchaba para aniquilarme. ¿No es acaso ese “aprehender”, ese deseo de ir más allá del velo lo que diferencia al hombre de la bestia? A lo que podría responderse espontáneamente: ¡Y es que no quiero morirme!

Se dice que se muere como se vive. Fantaseemos por un instante ese último momento. Imagina que estás gastando los últimos latidos de tu vida. Meditación agobiante, pero que sin duda habrá de llegar a todos. Interiorízate, pues, y figúrate que la vida se va extinguiendo desde dentro, que tus órganos van a la desconexión y todo se va deshaciendo en ti, tanto interior como exteriormente; más borroso y silente. Una sensación parecida a la de desmoronarse el suelo que te sostiene, hundiéndote con él. Los instantes van pasando con gran tribulación, hasta el punto de que quedas desconectado y sobreviene la oscuridad total y, dejando de sentir, en el microsegundo previo a la muerte percibes que, por no sentir, te asalta la sensación de la nada. Tu “yo” se apresta a ser engullido por la inconsciencia de la que naciste. Ese es el destino que, ahora que vives, puedes imaginar si lo piensas. ¿Cuál habría de ser tu respuesta? Tal vez gritar mientras puedes: “¡Mi yo, que se lo llevan!” ¿Es así como quieres marcharte? ¿Es esa tu apuesta: de la nada a la nada?

Ese destino fatal no es posible evitarlo. La muerte que ha de sobrevenir es real. Aquí me surge una duda: ¿una nada que lo es todo o un todo que no es la nada? Porque, fijate, puestos a pensar, sería una broma truculenta- por decirlo suavemente- que viniésemos a este valle de lágrimas a vivir sin saber para qué; haber sido arrojado a él por un arco que disparó la flecha por capricho o por crueldad, sin contar con nuestro consentimiento. Sufrir y extinguirnos y acabar en “la nada” (¿y adónde conduce la nada como respuesta?), y lo que es más grave, llevar en nuestra psique, espíritu o alma la semilla de la contradicción de querer vivir siempre para terminar todo en la frustración más absoluta. Una película trágica y además sin final feliz. ¿No crees?

Pues bien, esto es lo que nos ventilamos. Darle un sentido o no. Darnos sentido a nosotros mismos o negárnoslo. Y como antes decía, puesto que la verdad absoluta no puede caber en una mente limitada, hemos de enfrentarnos a la decisión personal en uso de nuestra libertad. De esta manera, el reto nos atañe hasta el punto de poder entendernos o no entendernos con nosotros mismos, o sea, admitir que más allá de la aparente contradicción ha de existir una coherencia, aunque no lleguemos a comprenderla con el esfuerzo de la inteligencia y debamos echar mano a otras percepciones, como la sensibilidad. “Credo, ergo sum”, como diría Pascal.

 Resumiendo. Si sabes “que eres”, esto es, que estás vivo; si sabes que has de morir y al tiempo hay en ti algo que te empuja a querer prolongarte en la eternidad y así dar un sentido a la totalidad de tu vida, a pesar de las innumerables razones para cuestionarla; si sabes que eres incapaz de encontrar una respuesta racional y demostrable, pero al mismo tiempo te revelas a la extinción total (en cualquier manifestación), eres tú el que ha de decidir. No es que las cosas tengan o no un sentido primero y último (que han de tenerlo), sino que lo que realmente se ventila es el propio sentido de tu existencia personal. Y llegado aquí se impone el Misterio.

Abrirse o cerrarse a él. Desvelarlo en la medida de lo posible es cosa de cada cual. Dios, sí o no. En ello puede ir aquella frase del soliloquio de Hamlet: “To be or not to be, that´s the question”

 

 ©ANGEL MEDINA, poeta y escritor español

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

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