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sábado, 2 de enero de 2021

CAPITÁN DE PÁJAROS, Antonio Esteban Agüero, San Luis, Argentina

 












CAPITÁN DE PÁJAROS

 

Yo, Antonio Esteban Agüero, 

capitán de pájaros,

general de livianas mariposas,

estoy en Buenos Aires, 

la capital del Plata, 

para ser presidente

y organizar la Patria.

 

Detrás he dejado 

los pueblos que me siguen, 

ejército de alondras,

la división blindada de los cóndores, 

las águilas que saben del sabor de la piedra,

calandrias, 

chalchaleros, 

chiriguas mañaneras, 

los secretos lechuzos que me pasan

la información del día y de la noche.

 

Tengo un millón de caballos

¿Escucháis su relincho?

Que rodean la urbe por sus cuatro costados,

sus jinetes son muertos de Facundo,

son muertos de Ramírez,

montoneros del Chacho

sableadores de Pringles, 

domadores, 

remeseros,

rastreadores,

guitarreros,

espectrales jinetes que cabalgan

mi millón de caballos.

 

Les ruego que se rindan

que depongan las armas, 

que guarden los tanques, 

y encierren los cañones,

porque mañana a mediodía

quiero estar en la Plaza de Mayo

sobre viejos balcones del Cabildo

para ser presidente y 

prestar juramento:

por los ríos de sangre derramada,

por los indios y los blancos muertos

por el sol y la luna,

por la tierra y el cielo,

por el padre Aconcagua,

y por el Mar oceánico,

y por todas las hierbas y los bosques,

y por todas las flores y los pájaros, 

y por el hambre de los niños pobres,

y la tristeza de los niños ricos,

y el dolor de las jóvenes paridas,

y la agonía de los viejos ...

Juro

Yo juro.

Hacer de este país la Patria.

Ordeno que se rindan

porque mañana a mediodía

entraré en Buenos Aires.

Tengo un millón de caballos

¿Escucháis su relincho?

Nadie podrá atajarme

 

 

©ANTONIO ESTEBAN AGÜERO, poeta y escritor argentino

 

Antonio Esteban Agüero (1917-1940-42?)

Nació en Piedra Blanca, en las proximidades de la ciudad de Merlo, Pcia de San Luis, Argentina

 

 

 


EL CONSEJO MATERNAL, Olegario Víctor Andrade, poeta y escritor argentino

 









EL CONSEJO MATERNAL           

           

Ven para acá, me dijo dulcemente
mi madre cierto día,
(aún me parece que escucho en el ambiente
de su voz la celeste melodía).

Ven y dime qué causas tan extrañas
te arrancan esa lágrima, hijo mío,
que cuelga de tus trémulas pestañas
como gota cuajada de rocío.

Tú tienes una pena y me la ocultas:
¿no sabes que la madre más sencilla
sabe leer en el alma de sus hijos
como tú en la cartilla?

¿Quieres que te adivine lo que sientes?
Ven para acá, pilluelo,
que con un par de besos en la frente
disiparé las nubes de tu cielo.

Yo prorrumpí a llorar. Nada, le dije,
las causa de mis lágrimas ignoro;
pero de vez en cuando se me oprime
el corazón, y ¡lloro!...

Ella inclinó la frente pensativa,
se turbó su pupila,
y enjugando sus ojos y los míos,
me dijo más tranquila:

Llama siempre a tu madre cuando sufras
que vendrá muerta o viva:
si está en el mundo a compartir tus penas,
y si no, a consolarte desde arriba.

Y lo hago así cuando la suerte ruda
como hoy perturba de mi hogar la calma,
invoco el nombre de mi madre amada,
¡y entonces siento que se ensancha mi alma!

 

©OLEGARIO VICTOR ANDRADE, poeta y escritor argentino

 

Olegario Víctor Andrade (AlegreteRio Grande del SurBrasil6 de marzo de 1839 – Buenos AiresArgentina30 de octubre de 1882poetaperiodista y político argentino de origen brasileño.

Afincado en Gualeguaychú, Entre Rios, Argentina, donde transcurre su infancia y su juventud.

 


AMÉMONOS, Juana de Ibarbourou, poeta y escritora uruguaya

 











AMÉMONOS 



Bajo las alas rosa de este laurel florido,
amémonos. El viejo y eterno lampadario
de la luna ha encendido su fulgor milenario
y este rincón de hierba tiene calor de nido.

Amémonos. Acaso haya un fauno escondido
junto al tronco del dulce laurel hospitalario
y llore al encontrarse sin amor, solitario,
mirando nuestro idilio frente al prado dormido.

Amémonos. La noche clara, aromosa y mística
tiene no sé qué suave dulzura cabalística.
Somos grandes y solos sobre el haz de los campos

y se aman las luciérnagas entre nuestros cabellos,
con estremecimientos breves como destellos
de vagas esmeraldas y extraños crisolampos.

 

 ©JUANA DE IBARBOUROU, poeta y escritora uruguaya

Melo, Uruguay, 1892-Montevideo, Uruguay, 1979)

 

 


INVERNAL, Pedro Bonifacio Palacios (Almafuerte), poeta y escritor argentino

 











INVERNAL

 

La tarde es lluviosa; del ramaje
penden como harapos destrozados,
los nidos de las aves enlutados
como el pálido verde del follaje.
Solo y silencioso aquel boscaje
de plumeros verdosos y mojados,
de áspides, de prados desolados,
parece un escuálido paisaje.
Donde se encierra la grandeza humana
con todos sus achaques y certezas,
con la infinita vanidad insana
de todas las antorchas de nobleza.
¡Bosque do se funde la campana
que tañerá mis horas de tristezas!

 

©PEDRO BONIFACIO PALACIOS (ALMAFUERTE)

 

Pedro Bonifacio Palacios, (La MatanzaArgentina, 1854 - La Plata, Argentina, 1917)

 

 

 


LOS SONETOS DE LA MUERTE, Gabriela Mistral, poeta y escritora chilena

 












LOS SONETOS DE LA MUERTE

 

Del nicho helado en que los hombres te pusieron,
te bajaré a la tierra humilde y soleada.
Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,
y que hemos de soñar sobre la misma almohada.

Te acostaré en la tierra soleada con una
dulcedumbre de madre para el hijo dormido,
y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna
al recibir tu cuerpo de niño dolorido.

Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas,
y en la azulada y leve polvareda de luna,
los despojos livianos irán quedando presos.

Me alejaré cantando mis venganzas hermosas,
¡porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna
bajará a disputarme tu puñado de huesos!

II

Este largo cansancio se hará mayor un día,
y el alma dirá al cuerpo que no quiere seguir
arrastrando su masa por la rosada vía,
por donde van los hombres, contentos de vivir...

Sentirás que a tu lado cavan briosamente,
que otra dormida llega a la quieta ciudad.
Esperaré que me hayan cubierto totalmente...
¡y después hablaremos por una eternidad!

Sólo entonces sabrás el por qué no madura,
para las hondas huesas tu carne todavía,
tuviste que bajar, sin fatiga, a dormir.

Se hará luz en la zona de los sinos, oscura;
sabrás que en nuestra alianza signo de astros había
y, roto el pacto enorme, tenías que morir...

III

Malas manos tomaron tu vida desde el día
en que, a una señal de astros, dejara su plantel
nevado de azucenas. En gozo florecía.
Malas manos entraron trágicamente en él...

Y yo dije al Señor: ?«Por las sendas mortales
le llevan. ¡Sombra amada que no saben guiar!
¡Arráncalo, Señor, a esas manos fatales
o le hundes en el largo sueño que sabes dar!

» ¡No le puedo gritar, no le puedo seguir!
Su barca empuja un negro viento de tempestad.
Retórnalo a mis brazos o le siegas en flor».

Se detuvo la barca rosa de su vivir...
¿Qué no sé del amor, que no tuve piedad?
¡Tú que vas a juzgarme, lo comprendes, Señor!

 

 

©GABRIELA MISTRAL, poeta y escritora chilena

 

 

 

Gabriela Mistral (Vicuña, Chile, 7 de abril de 1889 - Nueva York, Estados Unidos, 10 de enero de 1957).