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sábado, 15 de agosto de 2020

SONETO A NEW YORK , Carlos Rodolfo Ascencio Barillas, El Salvador

 

UN GRAN TRIBUTO A   LA BELLA CIUDAD DE NEW YORK

 

SONETO A NEW YORK

1.

Implacable virus de la ciudad desierta

Como humo te esparciste entre los dientes

Con tu terrible peste que os visita, inertes

Y con su paso nefasto destrozas en su luz abierta.

2.

Buscando dolores en la vida y la paz incierta

Su oprobiosa crueldad deja millares de muertes

Caminando despojos, y abrojos viertes

En las funestos alaridos con tu boca abyecta

3.

¡Oh muere, y con tus locuras desaparezcas!

Abandónate plaga, y en tus garras no estremezcas

Y no vuelvas a resurgir constante, y plena

4.

Así como el hedor que en la ciudad desatas

Y en la majestuosa luz que la ciudad maltratas

Solo quiero mi bello new york, capital eterna.

 

©CARLOS RODOLFO ASCENCIO BARILLAS, poeta y escritor salvadoreño

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 

 

 


Por siempre Humphrey, Roberto Alifano, Buenos Aires, Argentina

 CASABLANCA Dibujo por db art studio \ Daniele Bianchi | Artmajeur

Por siempre Humphrey

En el arte, como en el vivir cotidiano, abundan los malos entendidos; hasta podemos afirmar que los seres humanos somos una suma de ellos. Al cabo de un día nos sentimos inmersos en las tinieblas o iluminados por el fervor de la luz. Dudando, para no caer, damos un paso atrás o hacia el costado, aunque existimos haciendo equilibrio al borde del abismo. La incertidumbre es la verdadera protagonista de nuestra historia personal. “Las tarde a las tardes son iguales”, escribe Borges en su famoso soneto dedicado a Baruch Spinoza; sin embargo, la variedad es un don que nos asiste y, sin ánimo de desmentir al poeta, que casi no se equivocaba, agreguemos que hay tardes y tardes, o días y días ya que la vida no es algo fijo ni estático, sino dialéctico y cambia aunque nos cueste percibirlo. Esto hace que sea más llevadera nuestra compleja -y, en ocasiones-, aburrida existencia. Digo esto pensando en los sorpresivos días de prolongada pandemia, que a veces nos obnubilan y no sabemos hacia dónde arrancar. Pero entre tantos beneficios que nos brinda el confort del mundo moderno, se nos ha dado ahora vivir la fabulosa época de internet. De manera virtual, aferrados a nuestras computadoras y celulares, que se extienden por el universo en pantallas abiertas con precisas y versátiles aplicaciones, gozamos o sufrimos en simultáneo bajo la magia de estar interconectados todo el tiempo con cada rincón del planeta. Leer, releer, ojear un gentil texto que aparece de súbito en nuestra Notebook o en WhatsApp; la vista de añejas películas que vemos en televisión; borronear cada tanto algunas palabras propias, pueden ser la excusa para “matar el tiempo” (“esa forma de asesinato cósmico”, que sin duda pensando en San Agustín de Hipona, arrancó la broma de Chesterton). Pero los confinamientos, por más amablemente que se nos ofrezcan, irritan y hasta se tornan insoportables. Es así como impensadamente, por pura obra del azar, topé anoche, recorriendo YouTube, con la inmortal película “Casablanca”, y una vez más volví a conmoverme con las deliciosas escenas que contiene.

Dicho drama, en forma de romance tradicional, quizá bien lo hubieran podido imaginar Shakespeare o Lope de Vega; aunque en este caso lo filmó Michael Curtiz, en 1942, un año antes de que yo llegara a este mundo, y narra una historia que sucede en la ciudad marroquí de Casablanca bajo el control del gobierno de Vichy. Allí está, como siempre y renovada, la adorable Ingrid Bergman, capaz de seguirnos enamorando y el insolente, procaz e irremediablemente sentimental, Humphrey Bogart, dotado de su físico poco menos que enfermizo y antipático, de voz nasal y mirada despreciativa; con una cara destinada -me parece y lo digo sinceramente- a encabezar el listado de personajes malvados y violentos. Bogart fue el singular actor que impuso un estilo tan alejado del glamour y los cánones estéticos de Hollywood como arquetipo prefijado para ser un galán. Su personaje del detective Sam Spade en El halcón maltés, ya había revelado, en 1941, el muy explotado género del “cine negro” a través de una personalidad áspera y perdurable, al tiempo que codificaba un modo irreversible al género cinematográfico.

No mucho después, en Casablanca, Bogart impone ya definitivamente su perfil de hombre duro y perdedor; un antihéroe que se viste de romántico eternamente enamorado, en este caso, de Ingrid Bergman, su partenaire, y luego capaz de renunciar a ese gran amor, matando sus penas en una sala de fiestas de aquel remoto para nosotros norte de África.

No mucho después, gracias al director Howard Hawks que se pone el ojo en una estilizada y joven modelo de la portada del Harper’s Bazaar, su carrera artística y vida personal queda unida a la insinuante actriz Lauren Bacall. A partir de allí, la nueva pareja deja pruebas de sobra en cuanto a su física y química para la pantalla en películas como Tener o no tener y El sueño eterno, donde el rudo Bogart formará también uniones memorables con otras actrices no menos célebres, que se llamaron Katherine Hepburn (La reina de África), Gloria Grahame (En un lugar solitario), Ava Gardner (La condesa descalza) o menos afortunadas, junto a la desconcertante Audrey Hepburn en Sabrina, puesta al día del añejo mito de “Cenicienta”, en un papel pensado (se dice que en un primer momento), para el carilindo Cary Grant. A pesar de una Audrey Hepburn en estado de gracia, la convergencia Bogart-Hepburn no dejará de chirriar -como su sombrero hongo- a lo largo de los 114 minutos de duración de aquella inmortal película.

Este mítico personaje que fue Humphrey Bogart, era el mayor de los tres hijos de un matrimonio formado por el cirujano Belmont DeForest Bogart y la artista gráfica Maud Humphrey, y su vida cambió cuando en la Academia Philips de Massachusetts conoció a su amigo William Brady Juniors, hijo del productor de teatro William Alexander Brady, quien lo animó a hacerse actor de teatro. Al parecer el quería estudiar medicina en la Universidad de Yale, pero fue expulsado por escándalo y rebeldía “luego de hacerle tragar los dientes a un impertinente”, como lo contaría sin eufemismos, cuando un impertinente se atrevió con su chica.

Al estallar la Primera Gran Guerra nuestro héroe se alistó en la Marina para combatir y fue destinado como navegante en el buque USS Leviathan. Aquello ocurrió en 1918 y en esa ocasión, frente a las costas de África, el barco fue atacado por un submarino y un torpedo lo alcanzó, sin lograr hundirlo, aunque dejándolo maltrecho y al borde del naufragio. Mató a un par de tripulantes y un fragmento astillado de madera que saltó, fue a dar justamente en Humphrey rasgándole la boca a Humphrey, y dejándolo poco menos que gangoso, con una visible cicatriz y afectando para siempre su forma de hablar.

A su regreso fue contratado como administrador en la compañía cinematográfica y de teatro World Film Corporation, propiedad del padre de su amigo William. Esa manera de hablar y su aspecto físico, más bien esmirriado y casi enclenque, no se correspondía con el de cualquier galán clásico de la época, e hicieron dificultosos sus inicios en una carrera que exigía arquetipos que se aproximaran para competir con Clark Gable, Kirk Douglas o Cary Grant. El novel actor se debió conformar con pequeños papeles que, como ejecutivo de la empresa, se asignaba a sí mismo; siempre con la anuencia del generoso padre de su amigo. Desde 1922, cuando hizo su primera aparición en el escenario en la obra teatral The Ruined Lady, hasta 1935 sólo fue actor de reparto. Entre estos papeles secundarios que Humphrey realizó cabe destacar su aparición en Tres vidas de mujer (1932), película que tuvo una gran repercusión en su carrera ya que contribuyó a sacarle del anonimato.

Pero fue el actor Leslie Howard, protagonista de El bosque petrificado, que fue como un hermano para él, quien exigió a Warner Brothers la participación de Bogart en el papel de Duke Mantee, que encajaba justo como su maléfico opositor. Así fue como 1936, nació a la fama el rudo galán anti héroe. El enorme éxito que tuvo como malo de El bosque petrificado, lo catapultó hacia una carrera que ya sería sólida para un actor que ante su propio asombro empezaba a ser requerido por diversos directores. Con el dolor y desagrado de abandonar, por un lado, su cargo de ejecutivo; aunque también con el beneplácito de su patrón, más que contento por su éxito. Su definitiva consagración llegó en 1941 con El último refugio, dirigida por Raoul Walsh.

A partir de entonces, nuestro Humphrey Bogart encadenó títulos hoy considerados verdaderos clásicos del cine. Bajo la dirección de John Huston rodó El halcón maltés, donde interpretó al detective Sam Spade, en otra de sus inolvidables actuaciones. En 1942 filmó “Casablanca”, en la cual protagoniza, junto a la maravillosa actriz sueca Ingrid Bergman, una de las más memorables historias de amor de la cinematografía mundial. Este filme está catalogado como una de las cinco mayores películas jamás filmadas, y le valió al gran Humphrey su primera nominación al Premio Oscar, que aunque no lo ganó estuvo muy cerca.

En apenas cuatro años (1944-48) Bogart enlazó cuatro obras maestras del cine negro, Tener y no tener, The Big Sleep, La senda tenebrosa y Key Largo; todas ellas coprotagonizadas por la bellísima Lauren Bacall. Su valor actoral fue también reconocido por la Academia de Cine Americana en 1951 cuando fue nominado por segunda vez y ganó el Oscar al mejor actor por su interpretación en La reina de África, coprotagonizada por Katharine Hepburn. En esos años era tan famoso que hasta se le hacía engorroso entrar en un restaurante o simplemente salir a la calle. “Yo mismo no lo podía creer -dice en una entrevista-. Menos mi amigo William Brady y mi padre, que jubilado de su profesión de médico, empezó a acompañarme y a ser un poco mi secretario”.

A través una menos dulcificada que provocativa biografía vemos que la figura del héroe vulnerable y perdedor, era, además, un hombre lúcido, pensante y comprometido con su tiempo, que no ocultaba el pellejo cuando había que ponerlo. Decidido y valiente Humphrey Bogart añade su faceta de líder político al encabezar una marcha frente al Capitolio, en 1947, contra los juicios promovidos por “el repugnante macartismo”, como no duda en calificarlo, poniendo una nota de valor y solidaridad con sus compatriotas en aquellos duros tiempos marcados por la persecución y el miedo y, sobre todo, por las delaciones en la industria cinematográfica de Hollywood. Su imagen junto a Lauren Bacall y otros actores, estará también en el origen de uno de las bandas más celebradas de Hollywood, el Rat Pack, del que será uno de sus “socios fundadores” junto a Frank Sinatra y Judy Garland. Un calificativo que, según la leyenda, salió de los labios de la mujer de Bogart, la estrella Lauren Bacall, después de ver el estado en que se encontraban sus amigos, luego de celebrar una noche de juerga en Las Vegas. El alcohol fue también durante años su otro enemigo. Una internación y un severo tratamiento lo libraron de ese vicio. Se jactaba en los últimos años de su vida de beber la “abominable Coca Cola”. A pesar de su osca apariencia, según Dean Martín, otro de sus grandes amigos, “nunca dejó de ser una persona buena, solidaria y entrañable”. Como la vida es una suma de malos entendidos, tal vez haya todavía, por la mala apariencia que personificó en sus películas, quienes lo vean como un hombre de difícil trato. Fue todo lo contrario, según sus cercanos y las mujeres que lo acompañaron. “Su cortesía y amabilidad eran proverbiales”. Así se lo recuerda a este símbolo del cine.

Bogart estuvo casado cuatro veces. Su primera esposa fue la veterana actriz Helen Menken, con quien se casó en 1926, y de la que se divorció tan sólo un año y medio después. En 1928 se casó de nuevo con la también actriz Mary Philips, de quien se divorció en 1938. Apenas cinco días más tarde volvió a casarse, esta vez con Mayo Methot, también actriz, con la que estuvo casado durante siete años. Sin embargo, todavía contraería matrimonio una cuarta vez, el 21 de mayo de 1945, con su compañera de reparto en Tener y no tener, joven estrella de 21 años, 25 años más joven que él, la actriz Lauren Bacall. Con ella protagonizó varias destacadas películas de su filmografía, como El sueño eterno, La senda tenebrosa o Cayo Largo. También con ella tuvo dos hijos: Stephen, nacido en 1949 y Leslie, en 1952. Fueron años felices. Vivían enamorados. Durante doce años, hasta la muerte de Bogart, la pareja permaneció muy unida y constituyó uno de los matrimonios más carismáticos y solidarios del mundo del cine. Cualquiera que necesitara una mano podía acudir a ellos, que harían lo que estuviera al alcance para ayudarlo. La generosidad de ambos era proverbial.

Se lo recuerda como una gran persona, un genuino hombre de bien y un caballero en todo sentido. Alfred Joseph Hitchcock lamentó no haber podido dirigirlo; también otros famosos como Woody Allen y Francis Ford Coppola y Martin Scorsese. No pudo ser. Asistido por su familia se sumó a los más en 1957, víctima de un fulminante cáncer de esófago. Era uno de los actores más respetado y apreciado de Hollywood. Tenía 57 años recién cumplidos. Hoy, Humphrey Bogart está considerado “la primera estrella masculina más importante de los primeros cien años del cine estadounidense”.

¡Qué deleite me dio volver a ver esa consagrada película muchísimos años después de su filmación! He hablado del genial Humphrey Bogart. Le debo otra reseña a la también genial Ingrid Bergman, a quien tuve la felicidad de conocer en San Sebastián y de participar en su conferencia de prensa.

Han pasado las horas y aún el afinado piano de Dooley Wilson sigue resonando como en aquellos remotos tiempos cuando cantaba de “You must remember this,/ a kiss is just a kiss”. También me enteré -no hace mucho de esto- cuando pasé por Marruecos, que el glorioso instrumento fue subastado; como también el barco La reina de África, transformado ahora en un crucero de recreo para turistas de un complejo y exitoso resort. Sin embargo, el mito de nuestro admirado Humphrey Bogart sigue centelleando en aquel antro africano con su gabardina, sombrero Fedora y el eterno cigarrillo en la boca. Cuando fumar- todavía- era un placer en Hollywood. Y también en todo el mundo.

©ROBERTO ALIFANO, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 

 

 


"Molina Campos en mi vida", María Elvira Ponce Aguirre de Molina Campos, Buenos Aires, Argentina

 Florencio Molina Campos - Arte-Online

Este relato corresponde al libro "Molina Campos en mi vida" que escribió su esposa doña María Elvira Ponce Aguirre de Molina Campos. 

Cierta mañana llegó a nuestra casa de Vicente López un caballero. Su aspecto de gran señor y su espléndido automóvil, daban la sensación de estar frente a una acaudalada persona, yo le recibí y al preguntarle que deseaba, su respuesta fue: "Necesito urgentemente ver al señor Molina Campos" como era su costumbre, Florencio lo recibió de inmediato. a su invariable pregunta: en qué puedo servirle, señor?", éste empezó su relato: "Tengo en Alemania a mi único hijo, tiene 10 años y ha enceguecido. Está con su madre, mi mujer, y los médicos aseguran, que, una vez efectuada la delicadísima operación, mi niño volverá a ver". El señor nos mostró la fotografía de su hijito; una espléndida criatura, diciéndonos: "Mi niño, desde que aparecieron los almanaques de Alpargatas, entonces tenía 5 años, gozaba con sus dibujitos, muy especialmente con los caballos, cada año su entusiasmo era mayor, tanto que nuestra casa esta llena de esos cuadros en las paredes. Pero, una cruel enfermedad en sus ojos le ha dejado ciego. Acá no se resolvían a operarle y le hemos llevado a Alemania, donde nos aseguran que recuperará la visión. La operación se hará ni bien yo llegue  a ese país, y deseo con toda el alma, estoy seguro, darle el mayor placer de su vida. Quiero que al retirarle las vendas de sus ojitos, se vea montando en unos de sus caballos", "Pero señor, yo no soy retratista, no me encuentro capaz de pintar a esta deliciosa criatura". Esta fue la primera reacción de Florencio, el que ya tenía sus ojos enturbiados por las lágrimas. "Haga lo posible, señor Molina Campos, se lo ruego!. Es urgente, mañana salgo para Alemania". "Déjeme la fotografía. Rogaré a Dios para que me inspire, complaciéndole.
Se despidieron con un "hasta mañana". Florencio subió a su estudio pidiéndome que nadie le molestara. No quiso ni siquiera que yo viese los estudios del retrato que estaba empeñado en hacer. Solo bajó a comer. Lo noté extenuado, pero volvió a su estudio y trabajó hasta la madrugada. Subí para llevarle el desayuno. La obra estaba terminada. Mi asombro no tenía límites. La copia del retrato del niño era perfecta, el caballo por él montado en su orgullo por la carga que llevaba, parecía tener alma, la pampa era perfecta, yo diría que Florencio jamás había puesto tan profundo amor por su obra. A medio día llegó el señor.
Al ver el cuadro terminado, no tuvo mas remedio que enjugar sus lágrimas, y al sacar la billetera repleta de dólares, preguntóle a mi marido "Cuánto le debo?. Pídame lo que usted quiera: esto que usted ha hecho es una joya!. Nunca olvidaré la reacción de Florencio; como señor pretende que yo le cobre, si soy yo el que debe pagarle. Nadie jamas me ha hecho un pedido que he realizado con más amor y en el que he puesto toda mi alma". Al poco tiempo recibimos una carta de Alemania en la que el padre nos decía que su hijo había recuperado la visión y que al desvendarle los ojitos había sentido la alegría más grande de su vida, viéndose montando en un caballo de Molina Campos. Nunca supimos nada más de ellos. La carta con sus nombres y direcciones fue presa de las llamas, como otros miles de documentos interesantes, en el incalificable incendio de nuestro rancho.

©María Elvira Ponce Aguirre de Molina Campos.

 

 


SALMO AL MANCO PAZ, Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina

 José María Paz - Wikipedia, la enciclopedia libre

SALMO AL MANCO PAZ

 

Fue uno de los pocos que anheló una patria.

No la tuvo, no la tenemos.  Sarmiento, Alberdi y otros

sufrieron  el desvelo de una tierra ladina.

De niño conocí al chozno de este hombre

que en su sala tenía un retrato

de doña Tiburcia Haedo Roldán.

Carlos Di Fulvio me recitó una tarde,

en aquel patio de Valentín Alsina, fragmentos de su obra.

Luis Franco escribió la mejor biografía.

En 1887, un francés - Alexandre-Joseph Falguière -

inmortalizó su imagen  en una escultura ecuestre.

Fue un hombre moral, luchó contra los caudillajes.

Lo recuerdo en la batalla de Salta,

en el combate La Herradura,

en las lides de Ituzaingó y Oncativo.  En Entre Ríos.

Conoció el destierro en Paraguay, en Río de Janeiro, en Colonia.

Conoció befas, escarnio, anatema.

En la cárcel fabricó jaulas, trabajó la horma de zapatero.

Su amada, Margarita Weild,

llevó flores silvestres a esa celda,

rasuró su barba, compuso su ropa.

Sobre el final, José María Paz trabajó la granja

para darle  de comer a sus hijos.

En la vigilia de la pasión errante

el general escribió páginas perdurables, únicas.

Fue el táctico, el estratega más elevado.

Dispuso un destino que hoy es derrota.

 

 Buenos Aires, agosto de 2020

 

©CARLOS PENELAS, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 

 


LA EXPLOSIÓN , Ady Yagur, Israel

 Explosión en Beirut: al menos 100 muertos y 4000 heridos en el ...

LA EXPLOSIÓN 


Callan los pájaros 

las heridas sangran ,

la tristeza  es manto 

que acaricia lagrimas.

 

Se enturbia el dia 

la vida es angustia,

rostros sin mímica  

parecen de piedra.

 

 Acércate a mi llaga 

a la boca de la nada ,

entre cuerpos caídos 

junto a los escombros.

 

La explosión  los mata 

hogueras no se apagan,

en Beirut las noches 

carecen  de estrellas.

 

Tienen sed los muertos 

con su manto de silencio,

los versos no enmudecen

necesitan ahora decir..

 

©ADY YAGUR, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 

 


EL LABERINTO DE LA JUSTICIA , Liana Friedrich, Rafaela, Santa Fe, Argentina

 Qué es la justicia poética y en qué consiste? - Confilegal

EL LABERINTO DE LA JUSTICIA 

-Dominique, ¡suerte que te encontré! ¿Querés venir conmigo?... Unos días de pesca nos podrían venir muy bien, lejos de la city y del mundanal ruido… Te ayudarán a relajarte, después de tanto trajín.

Las palabras de mi amigo Ruiz, pronunciadas un viernes cualquiera, en un lugar cualquiera, señalaron el comienzo de un fin de semana distinto de todos los anteriores, porque nos marcaría para siempre. (Es cierto: hay momentos decisivos que pueden hacer variar definitivamente el rumbo de la historia…)

Una tormenta de lluvia y viento se desencadenó repentinamente, vaciando el cielo con fuerza sobre las tiendas de campaña y arruinando nuestros víveres, inundándonos de pavor e incertidumbre en mitad del trayecto entre las tres fronteras que triangulan el alto Amazonas. Habíamos perdido el rumbo, en medio de la selva que tapiza el suelo irregular, a sólo doce kilómetros de distancia del refugio… (“La fe te salvará”… ¿acaso no puede mover montañas?)

El entorno cálido y pegajoso, sombreado de helechos arborescentes, y sazonado con el embriagador olor de los cocos, nos seducía tentándonos a arrojarnos sobre ese suave cobertor de musgos, engarzado de mica, cuarzos y feldespatos. En medio de la pluviisilva tropical, donde las plantas luchan desesperadamente por acercarse a la luz, parecíamos dos buscadores de quimeras tras las huellas del caucho… Un monito burlón, con cara de calavera, se balaceaba sostenido de las ramas con su cola prensil, cuando repentinamente el paso se estrechó, por sobre el abismo de la cascada, en un rústico y medio derruido puente levadizo (¿…Sería aquél el paso del indio, que los aborígenes llaman “puente de los suspiros”, porque -según la leyenda- conducía a los condenados hacia su morada final?).

Del otro lado, la cara pétrea del templo sobresalía sobre un promontorio de caliza blanca, reverberando al sol y desafiando al tiempo, desde las fauces eternamente abiertas de los dos estáticos jaguares que custodian su entrada, como guardianes de un pasado ignoto… ¿Una construcción tan imponente, perdida en el medio de la nada?...  (Hay quienes sólo creen en lo que ven sus ojos. Pero… ¿dónde se encuentran los límites de lo real? O bien, ¿cuál será su autenticidad?).

Sabemos que el llamado “oro de los tontos” –junto con otros minerales como el cobre- puede atraer, en condiciones de estática, la energía cósmica, produciendo chispas en el aire pesado e incluso llegando a conformar fenómenos tridimensionales… Bueno, pero por otra parte, podría ser que quinientos años atrás allí bullera la vida, invadiendo los rincones –libres de malezas, cuidadosamente aseados- de risas y cantos laboriosos… Pero ahora, esta imagen surgente, tan sorpresiva como una intrusión surrealista en una pintura del Renacimiento, constituía un signo más bien apocalíptico que mesiánico.

-¡Shhh!… Alguien se acerca, chapoteando por el vertedero… me susurró Ruiz.

-“El Señor es mi pastor. Nada nos faltará”, evoqué casi inconscientemente el texto bíblico, mientras sin dudarlo más, nos metíamos –o mejor dicho, nos zambullimos- dentro de la boca excavada en la roca. (No siempre el miedo es paralizante…A veces puede ayudarte a sobrevivir).

El laberinto de oscuros pasadizos parecía atraparnos en un mundo de pesadilla, arrastrándonos hacia el recinto subterráneo, donde se hallan ocultas las celdas. En esos fosos aterradores no había ni luz ni aire: sólo humedad y un hálito enfermo de podredumbre. Huesos humanos, esparcidos por todas partes, hablaban a las claras de la despiadada intromisión de los profanadores, quienes despiertan con sus golpes del picos y palas irreverentes, el sueño eterno de los muertos, en busca de mitos y tesoros. (… ¡Es que irremediablemente se apoderarán de nuestro pasado, pieza por pieza, hasta  hacer que desaparezca la historia?)

La puerta de la cámara de torturas estaba disimulada en una pared de piedra, cubierta con bajorrelieves. Una leve presión hizo que los goznes –también de piedra- giraran sobre sí mismos con un chirrido agudo. (Quizás de ahí provendrían los gritos de agonía de los prisioneros interrogados por los inquisidores, hasta hacerles arrancar una confesión después de despellejarlos lentamente, o de punzarles los ojos…).

Tal vez, era allí donde el Consejo de los elegidos por las familias más antiguas de la comarca, se reunía para tomar las decisiones, sin dar cuenta a nadie de sus juicios. Las bocas de las serpientes de piedra, ubicadas a cada lado del altar de los sacrificios, testimoniaban estas suposiciones, como a la espera de ser usadas nuevamente, a modo de buzones, para recibir las acusaciones destinadas a los herejes.

-Hay una pequeña abertura en la pared, detrás de los escombros… A ver…

El osario apareció sorpresivamente: una caja de piedra en cuyos laterales se hallaban tallados misteriosos jeroglíficos. (… ¿serán caracteres en lengua aymará?). En la semioscuridad no alcanzábamos a descifrarlos… Por fin, después de cientos de años, esos huesos –probablemente pertenecientes a alguna real investidura- verían la luz… Pero justamente, la débil luz de la lámpara de querosén osciló agitada por una repentina ráfaga, mientras a nuestras espaldas una asombra se agigantaba amenazante.

Hay momentos decisivos que pueden cambiar el rumbo de la historia: dar un paso hacia delante o un salto hacia atrás (… como también hay instantes para repetir errores irreparables o para crear un mundo mejor.) Y este era uno de esos momentos: una oscura figura, de larga melena y barba blanca, como la de un santo, se aproximaba casi flotando sobre una nube de sueño, el sueño de los siglos.

 -¿Es esto posible? ¿Sería la maldición de la tumba real, materializada al liberarse la energía del osario?- traté de reflexionar, a pesar del estupor; en cambio, me dije, como para calmarme: -Mmmm… No creas en todo lo que veas… Podrías terminar atrapado por los lazos engañosos de la ilusión.

 -Salgamos de aquí de inmediato, entonces me gritó Ruiz, dirigiéndose hacia una especie de claraboya abierta en lo alto de la bóveda -por donde se colaban hiedras y raíces intrincadas- y trepándose, con rapidez felina, desde el altar del centro. Yo, por el contrario, no podía moverme: esos ojos extraños, fulgurando desde un rostro de expresión hierática, parecían atravesarme con su hipnótica mirada, clavándome inerme en el piso del recinto.

-Considera esto como tu entierro, oh, invasor. No dejaré que el demonio infecte el mundo con su ejército de asesinos. Cinco siglos han pasado, pero aún el juego debe continuar: esta es una cacería a muerte, sus palabras sin labios parecían así penetrar mis pensamientos, como una daga.

No sé cómo, pero finalmente logré amarrarme a la cuerda que mi amigo arrojó desde la abertura verde, por donde me colé, enredándome entre las lianas que destrozaban mis ropas hasta arañarme la piel. (… ¡Podremos salir de ésta, sanos y salvos?)

Ya en la superficie rocosa, una bandada de papagayos se desbandó huyendo hacia las últimas ramas, que pugnaban por llegar a la luz (…como nosotros, por llegar a la libertad).

A veces, la muerte parece obedecer a un plan caprichoso… Aún hay cosas que no comprendemos, asignaturas pendientes que no podemos resolver: es que transitamos una síntesis entre el destino y el libre albedrío… (¿Acaso todo no es fruto del azar o de un planificador macabro, que gobierna los delicados hilos de los que penden nuestras vidas?).

Lo más extraño del caso es que nos encontrábamos nada menos que a 270 kilómetros de distancia del poblado más cercano. …¿Cómo habíamos llegado tan lejos en el espacio… y en el tiempo? Quizás nunca lo sabremos con certeza. Tampoco supimos responder coherentemente las preguntas que los socorristas nos hicieran cuando nos rescataron, casi al llegar a la confluencia del río IÇÁ.

 “Dios no juega a los dados con el universo.”, dijo Albert Einstein.

(¿O tal vez sí?... Definitivamente, éste no es un mundo perfecto.)

 

©LIANA FRIEDRICH, poeta y escritora argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 


sábado, 8 de agosto de 2020

CICLO, Rodolfo Leiro, Buenos Aires, Argentina. Desde recuerdo

 Una noche de luna llena en el lago - Descargar Vectores Gratis ...

CICLO

 Cuando acabe mi ciclo inexorable

y se estalle mi póstumo latido

lo que fuere mitral de mi sentido

habitando mi pecho insobornable,

 

bordará mi bonanza, indevelable,

el coraje sensual de lo que he sido

y quedará mi sueño convertido

en ritos de asonancia  inolvidable;

 

tal vez, la luna amiga y venerable

que fuera mi romántica incurable

en el tiempo de un hito imperativo

 

me llame a su recinto inexpresable

y me ruede en su mundo, consolable,

como el postrer abrazo de un amigo.

 

©RODOLFO LEIRO, poeta y escritor argentino

MIEMBRO FUNDADOR Y PRESIDENTE HONORARIO

DE ASOLAPO ARGENTINA


KAROL JÓZEF WOJTYLA (SAN JUAN PABLO II) -TOTUS TUUS, MARIA, EGO SUM-, Carlos Benítez Villodres, Málaga, España

 La amistad entre Karol Wojtyla y Wanda Poltawska - La Stampa ...

KAROL JÓZEF WOJTYLA (SAN JUAN PABLO II)

-TOTUS TUUS, MARIA, EGO SUM-


Fuiste pastor de lobos y de ovejas,

en medio de esta selva envejecida,

donde transcurre, con pasión, la vida

que yace o vuela, como las abejas.

 

Con tu divino amor, tú me aconsejas

que siempre viva, con gran fe encendida,

mi tránsito vital, que no se olvida,

sobre este mundo amante de las rejas.

 

Tú fuiste pescador de pescadores,

oh Juan Pablo II, oh Santo guía

de mi existencia, luz de mis valores.

 

Eres mi cauce, sol de mediodía.

Eres motor de todos mis motores

por ti activados con sabiduría.

 

©CARLOS BENÍTEZ VILLODRES, poeta y escritor español

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA    


La Argentina, un país donde el hambre no es una metáfora, Roberto Alifano, Buenos Aires, Argentina

 Por qué la clase media argentina odia a los pobres - El Diario del ...

La Argentina, un país donde el hambre no es una metáfora

 

Cuando los políticos argentinos hablan de fuga de capitales, deberían hablar de defensa de la pobre gente contra el robo legalizado de los buitres de adentro y de afuera. El ciudadano honesto, que todos los días trabaja y produce, y es ajeno a estas prácticas financieras, está harto e indefenso ante el robo que se le hace en nombre de la solidaridad social (bonita frase que implica: les saco un poquito a cada uno mientras yo con mis arcas repletas no colaboro con un centavo). De manera que, además, con este tipo de robo legalizado hasta se pueden estimular artificialmente ciertas formas de consumo en el corto plazo. Pero como se roba a mansalva y en complicidad, los alcances pueden ser por inseguro. Cuando se acabe el botín de lo robado para consumir sin producir, habrá que salir a buscar otro botín. Y cabe la pregunta: ¿cuál si ya medio país está esquilmado?

La pura verdad es que la Argentina está agotada, fundida y al borde del colapso. La deuda externa es impagable y no hay acuerdo que la arregle; y, ni qué decir, hastiada de estos robos legalizados donde cada vez quedan menos botines para robar. Pero todavía los hay y los caranchos merodean sobre sus presas. “A río revuelto ganancia de pescadores”, dice el consabido refrán. Y los piratas del mercado financiero especulativo, siempre al acecho del cardumen, tienen bien tiradas sus redes. En lo inmediato emitir moneda es el único programa económico que exhibe un gobierno abúlico, parapetado en la cuarentena; procedimiento que, como un manotón de ahogado, sólo financia un reducido consumo artificial.

La moneda hoy no cae en su demanda porque la gente, al estar encerradas en sus casas, casi no puede salir a comprar. En otro río de pescadores tramposos hay un aumento de la demanda forzada de moneda para sostener esta ecuación, que sumada al corralito bancario y a la captura de dólares es otra excusa para las restricciones burocráticas establecidas para retirar dinero por la ventanilla de los bancos; pero, en cuanto se levante la restricción, si se sigue emitiendo al ritmo en que se lo hace: con un 75 por ciento de aumento de la base monetaria, la demanda de moneda se va a desplomar y los precios se van a disparar por las nubes, porque a no dudarlo la reacción de la demanda de la oferta de bienes será inmediata y su cobertura insuficiente.

Esto hace que apoyar a un Gobierno cuyo único logro es la tan odiada como mal llamada cuarentena, se vuelva casi imposible. Sin embargo, la ineficiencia parece ser siempre un preámbulo para exhibir una volátil soberbia. Por otro lado, el juego de birlibirloque con la oposición es una mediocre coartada que no sirve ni a los unos ni a los otros; en especial si tenemos en cuenta que el único logro fue el retorno de los derrotados, que ahora son críticos y exhiben sus flaquezas auspiciando una grieta que no beneficia a nadie. Los vencedores parecían haber aprendido, pero todo ha terminado siendo solo una simulación de mal gusto. Estos opositores de pacotilla son a su vez inmodificables y en la mayoría de ellos ni siquiera sirvió de escarmiento la derrota en las últimas elecciones. Parecen mirar para otro lado sin tener en cuenta que los cuatro años de gobierno fueron un desastre desde todo punto de vista.

A todo esto los empresarios se niegan a hablar de la concentración económica, como si existiera algún remedio para la injusticia social, sin abordar este tema (me refiero, por supuesto, a los poderosos empresarios monopólicos; no a las maltrechas Pymes que deben cerrar o endeudarse hasta la coronilla para sobrevivir). Ninguno de estos grandes capitalistas especuladores se animan a asumir que si los ricos son pocos y desmesuradamente ávidos, los pobres son muchos más con una economía en negro, que los multiplica sumidos ahora en la miseria. De manera que negar la relación entre concentración de la riqueza y multiplicación de la pobreza es una canallada de personajes cuya única ideología es la codicia devenida en perversión. Una mirada a los barrios marginales puede ser tan atroz como mirar cara a cara al doctor Frankenstein. Demasiados años de decadencia se cargan el haber de la democracia.

Que el capitalismo es necesario es un hecho. No hay otro sistema; sobre todo después del fracaso del marxismo. Pero, tampoco nadie duda que hoy su enfermedad es inherente a su mismo desarrollo, basado en la concentración de la riqueza y, en especial, a la preponderancia del comercio especulativo sobre la industria; o sea del intermediario financiero por encima del productor. Sumando a esto la multiplicación del dinero por el dinero mismo; esto es del avance indiscriminado de los impúdicos mercaderes, entre los que se encuentran los grupos agroexportadores, que gozan de todo tipo de privilegios para el manejo de los dólares que obtienen en el exterior. Mientras tanto, como un globo de ensayo, el Gobierno juega a la expropiación de una empresa fundida, que opera mínimamente en el mercado. No descubrimos nada nuevo, por supuesto, solo que casi todas estas enojosas cuestiones las sufrimos en carne propia. Marchas y contramarchas que atrasan más de lo se está. Demasiados años de concentración y extranjerización de las economías regionales siguen avanzando por otro camino; vale decir, el idéntico tiempo que nos ha llevado a dejar de ser patria para sumirnos en el odioso, pero siempre presente anacrónico sistema colonia.

Sí, somos colonia, qué duda cabe, ya que los dólares que se generan aquí, son llevados afuera para acrecentar las arcas de los banqueros y especuladores nativos y foráneos. El dinero fuerte que se produce aquí y que se gana aquí se lo llevan afuera, y aquí dejan los vueltos, o los centavos; los míseros bocados para distribuirnos. La experiencia es añeja. La mayoría de los Gobiernos, con planes económicos a gusto de los grandes capitales, convierten sus ganancias de pesos a dólares. Siempre el mismo juego macabro: vendemos patrimonio y debemos más que antes a los inescrupulosos buitres internacionales.

En el puntual caso de la espantosa pandemia que nos toca vivir. El argumento es que como hay capacidad ociosa que las empresas no utilizan, la emisión monetaria no causará inflación porque, ante la mayor demanda las empresas no subirán los precios sino que responderán con un incremento de la oferta. Supuesto demasiado fuerte, sin considerar, claro, qué puede pasar con la demanda de moneda, en particular en un país como la Argentina que carece de una moneda en el estricto y cabal sentido de la palabra.

Por otro lado, los impresentables políticos, asociados con los codiciosos empresarios, amontonan empleados en el Estado (una reciente investigación ha descubierto que la Biblioteca del Congreso de la Nación tiene más empleados que la de España y la de Washington juntas) y también ineficiencia en las empresas públicas, no sea que se agoten las razones para aparezca otra propuesta de privatizarlas. Y una parte de la izquierda, para no quedar afuera del error, para no asumir la realidad, se la agarra con el sector agropecuario, lo poco nacional y productivo que nos queda que, comparado con las privatizadas -o mejor dicho regaladas a manos extrañas- son lo más respetable. Sin duda que el Estado debería prohibir por diez años todo nuevo nombramiento, asignando a los distintos funcionarios un cupo de colaboradores que ingresen y se retiren con su gestión. Una sociedad sin dónde invertir ni dónde financiarse forma parte de un camino del infierno, que aunque empedrado de diamantes, conduce a la inapelable destrucción.

Y los que se quedaron con todo insisten todavía en pedir una baja de impuestos y eliminar las leyes laborales. Por cierto, hay que bajar los impuestos, pero los financieros, los que llevan a los bancos a cobrar desmesurados intereses a los que están usando en estos momentos patéticos sus tarjetas de crédito para financiar alimentos o pagar deuda. Demás está decir que estos sectores nunca invirtieron en nada, sobran la mitad de los deudores y a los picaros parece que todavía no les alcanza para seguirlos esquilmando.

La política, ya se sabe, es un horror en la Argentina y el actual Gobierno no logra despegarse de la dirigencia existente y, lo más grave, es que forma parte de ella; de una mediocridad donde se impuso el imperio del lugar común, del funcionario enriquecido, de aquellos a los que no les molesta que los denuncien. El reciente crimen de un funcionario de segunda clase ha desnudado la acumulación de riquezas que se acrecientan mediante la corrupción. Este caso conviene dejarlo allí porque hasta la corporación judicial lo esquiva. El robo de los que están más arriba es mejor no descubrirlo porque toda la estantería política se vendría abajo. Sobrevivimos como pueblo y nos parasitan explotando esencialmente lo que construyeron nuestros mayores y lo que la naturaleza nos brindó generosamente.

A partir de este capitalismo usurpado, de esta riqueza que nos escamotean, hasta salen a buscar las migajas de lo que nos puede dar alguna ganancia para repartir, y se lo agencian en pocas manos. La pandemia sigue desnudando lo que al parecer es irreversible, masacrando a pequeños comerciantes, cadenas de farmacias, de bares y restaurantes, de teatros y centros culturales, destruyendo a modestos asalariados y profesionales.

Por desgracia, allá lejos y hace tiempo, en la Argentina fuimos patria. El gobierno anterior fue ideológicamente colonial; el actual, hasta el momento, no muestra un cambio de rumbo demasiado eficaz, sigue el camino de los Kirchner, sinuoso, con algunos aportes y bastantes entregas. Complicado de entender por todos los contados. En otro contexto de sensibilidad social son mejores que Macri, pero eso no significa demasiado. Convocan a una ciudadanía para generar una imagen que lejos está de su verdadero contenido. Los derechos humanos no pueden ocupar el lugar de suplentes del sentimiento patriótico, menos aun cuando se asienta en sectores de clase alta y no en los auténticos necesitados.

El país, mientras tanto, sigue dividido en corporaciones que tramitan para ellas mismas y en complicidad con las afines. Llámense políticas, gremiales, judiciales o empresariales. En el contexto no se salva nadie, o muy pocos, quizá contados en los dedos de una mano. Es más, en el suburbio cerrado de la complicidad, el prestigio se mide solo en millones de dólares, el resto son detalles en el olvido de la tiempos modernos. Lo cierto es que la Argentina cada día se derrumba más. La caída parece ser libre. Nadie la detiene. Y aún lo más terrible es que el hambre ha dejado de ser una metáfora y con la peste avanza a pasos agigantados.

©ROBERTO ALIFANO, periodista, escritor y poeta argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 

 


TRANSIDO DE DISTANCIA, Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina


Miles de velas y candiles volverán a llenar de magia la noche de ...

TRANSIDO DE DISTANCIA 

Amigos, observad estas palabras 
que se alzan en la noche. Apenas rozan la luz
de un candil silencioso, desvelado.
Vienen de aquellos campesinos del exilio,
llegan de agonías, de mujeres humildes,
de caricias que sobreviven
en talismanes o miradas melancólicas.
Observad un momento cómo llaman,
cómo acarician frente y memoria,
de qué manera nombran la ternura.
Son palabras de un designio
que la amada no supo comprender,
palabras extraviadas en el aire, en el mar,
que están aquí, en este cuarto,
sobre esta mesa con papeles y libros.

Nos cuesta sentir tanta soledad y tanta urgencia.
¿E ti de quen vés sendo?

 

©CARLOS PENELAS, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA