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sábado, 4 de julio de 2020

Presencia de Walt Whitman, Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina

Walt Whitman: el poeta que es todos cumple 200 años - Diario La ...


Presencia de Walt Whitman

“…Vago e invito a vagar a mi alma. Vago y me tumbo a mi antojo sobre la tierra para ver cómo crece la hierba del estío…” W. Whitman

Comencé a leer su poesía a los dieciséis años. Fue Canto a mí mismo en una edición de Losada. La traducción era de León Felipe, una traducción magistral. A lo largo de los años descubrí lo sagrado del cuerpo humano, el gozo de los cuerpos, la negación a los predicadores. Para León Felipe estos versos representan el momento más luminoso del poeta. En él están contenidos su doctrina y su mensaje y, de alguna manera, su autobiografía, aunque luego matiza afirmando que los grandes poetas no tienen biografía, tienen destino. 
A partir de ese momento continué leyendo y releyendo su obra. El deslumbramiento hizo en esos años que descreyera de cualquier otro autor. Leí biografías, críticas, diferentes traducciones. Ahora observo un libro que está apoyado sobre un atril al costado de la biblioteca. Es la versión de Hojas de Hierba con traducción de Jorge Luis Borges e ilustraciones de Antonio Berni. Una edición en rama; Juárez Editor, 1969. En el estudio crítico dice Borges: “Innumerables son los que han imitado, con éxito diverso, la entonación de Whitman: Sandbourg, Lee Masters, Maiakovski, Neruda…Nadie, salvo el autor del inextricable y ciertamente ilegible Finnegans Wake, ha vuelto a acometer la creación de un personaje múltiple. Whitman, insisto, es el modesto hombre que fue desde 1819 hasta 1892 y el que hubiera querido ser y no acabó de ser y también cada uno de nosotros y de quienes poblarán el planeta”.
Luis Franco fue quien me introdujo definitivamente en su obra. Comentándola, leyéndola, descubriendo su tejido, su vida, su respiración. Él me obsequió – retiró el ejemplar único de su biblioteca - la exquisita biografía de Henry Sidel Canby. Franco también me regaló Perspectivas democráticas, un ejemplar poco reconocido del poeta. Tal vez la obra en prosa más importante del autor, escrito en plena Guerra de Secesión, donde Whitman ejerció de voluntario y enfermero. No olvidemos que el célebre poeta catamarqueño escribió un libro inolvidable sobre la vida y la poética de Whitman.  En El arco y la lira, Octavio Paz afirma que “la poesía de Walt Whitman es como la sístole y la diástole de un pecho poderoso”.
La visión de Whitman rompe los cánones de la forma poética y es generalmente cercano a la prosa. Utilizó imágenes y símbolos inusuales en poesía. También escribía abiertamente sobre la muerte y la sexualidad, incluyendo la prostitución. Whitman sentenció en el prefacio de 1855 de Hojas de hierba: “La prueba de un poeta es que su país lo absorba sentimentalmente de la misma forma que él absorbió a su país”.

La figura de este poeta inmenso va de la mano con hombres que fueron arquetipos de una nación, de una conducta, de una ética: Ralph Waldo Emerson, Abraham Lincoln, Henry David Thoreau y Herman Melville. Ellos representan un ideal, una fuerza cósmica, una mirada total del ser.  Dijo Whitman: “Me he dado cuenta de que me basta estar con los que uno quiere, me basta demorarme al atardecer con aquellos que quiero, me basta sentir la hermosa carne, la carne que es curiosa, que respira y que ama”.

Tal vez unas líneas nos hacen comprender una época y un destino. En una carta de Henry David Thoreau a Ralph W. Emerson, otros dos trascendentalistas, leemos: “La muerte es hermosa cuando se la ve como una ley y no como un accidente”. Esa es la ley natural, que entre otras cosas, nos enseña Whitman. Su vida revive en su obra y nos hace sentir su universo al mismo tiempo que nos enseña ver, gozar, soñar junto a su vivencia. Su poética nos conmueve y transporta, es un autor clásico. “Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir”, aprendimos de Italo Calvino.

Ese lenguaje ha parecido lascivo a los que son incapaces de entender su grandeza” (José Martí, 1887) “…cuya voz empieza a resonar por todas partes porque él es hoy el primer poeta del mundo, y ama a la humanidad con amor inmenso…” (Rubén Darío, 1888) “Sólo Nietzsche en algunas páginas alcanza su magnitud y vuelo lírico…” (Armando Vasseur, 1912) “Whitman, el único que abrió camino. Whitman, el único pionero. Y solamente Whitman. Ningún poeta inglés, ningún francésNingún europeo.” (D.H.Lawence, 1923) “…este poeta del amor, de la fe y de la rebeldía”. (León Felipe, 1941) “Son la inocencia y la magnificencia de un mundo nuevo donde las cosas aparecen en su rudeza o en su gracia inmaculada, maravilla de la humanidad…” (Luis Franco, 1945) “Los tres padres fundadores de la poesía moderna son Baudelaire, Gerard Manley Hopkins y Walt Whitman. El verdadero inaugurador fue Walt Whitman” (Erich Kahler, 1957)

Su poética es moderna, cree en lo fragmentario como en el todo, es cosmopolita, es ecologista y bucea en lo tecnológico. Nos habla “de los países contemporáneos”, del musgo y de los animales, de los barcos de vapor y las redes telegráficas. Atacó la esclavitud y defendió la igualdad. Su obra nos interroga permanentemente. Como manifiesta el poeta Eduardo Moga (1962) – traductor de Hojas de Hierba - “Whitman abre su léxico al lenguaje arcaico y al técnico, a los barbarismos y a lo coloquial, y también a las malas palabras, sin miedo al excremento ni al sexo ni a la basura ni al semen”.

No sería erróneo afirmar que es un poeta homérico, convoca al lector a ensalzar la conciencia del vivir. Es el primer poeta de la democracia norteamericana, sueña con una América que se hizo a sí misma con un espíritu torrencial, auténticamente emblemático y liberal. Su relectura nos lo muestra contemporáneo; el verso libre respira desde su yo trascendente.

La trayectoria de Whitman representa lo vital, la vida que se expande y nos expande, la libertad, la libertad interior; es un abismo pero también es la expresión del vivir, de la alegría. De la insubordinación, de la fraternidad. Su poesía, su voz, nos dice de la libertad política y del erotismo, de un erotismo universal que nos muestra el don del misterio y de la pasión. Es un hombre que habla de la felicidad, de la necesidad de ser felices. Su canto nos libera de la religión, de la política, de los dogmas y de la hipocresía de una sociedad. Whitman es un hombre libre y empuja a buscar en cada uno de nosotros esa libertad, ese principio que nos hace únicos en el universo. Señala la infinitud, el sentimiento; deja un legado inagotable a partir de su mito, de su utopía. Su voz provocadora es libertaria, como libertario es su tensión sexual.
Buenos Aires, 1 de julio de 2020

©CARLOS PENELAS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA 


LA MEDIDA DE MIDAS, Favio Ceballos, Baigorria, Santa Fe, Argentina


El oro del rey Midas

LA MEDIDA DE MIDAS


"todo lo que tocamos se nos parece"
Stella Maris Sandoval

El pobre al rey Midas le dio de beber
nadie imaginaba lo que sucedió
Dionisos aureo poder le concedió.
Tarde anochecida, ya amanecer

el rey va cansado sin poder comer.
Su sueño de oro que lo desvió
en cruel pesadilla se le convirtió
no puede tocar ni a su propia mujer.

El plateado espejo refleja su faz
se acerca al reflejo, de su soledad,
lo toca y se pierde, última ilusión.

Su mundo dorado ya no tiene paz
es vano y distante, todo vanidad
como el gris vacío de su corazón.

©FAVIO CEBALLOS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

sábado, 27 de junio de 2020

TATUAJE, Soledad Slaiman Baricik, Mar Del Plata, Argentina

Orilla del mar al atardecer | Foto Premium

TATUAJE

Mis huesos duermen
en la arena
son de diamantes
azules
pintura de poeta
verdes, naranjas,
se escapan de la paleta
oculto los versos
en mis labios
no los abro
para que no se descubran
tatuada de todos colores
el agua me los arrebata.
y mis huesos desnudos
duermen en la arena
como escultura de alfarero,
vuelvo a iniciar mi jornada.

del libro EL AMOR SIN ROSTRO, Ed. Martín 2018.

©SOLEDAD SLAIMAN BARICIK, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE SOLAPO ARGENTINA




En la noche de la última novena de difuntos, Alfonso Rodríguez Castelao. Aporte de Carlos Penelas

Hoy inicia la Novena por los Fieles Difuntos | Proyecto Emaús

En la noche de la última novena de difuntos
(1886 - 1950)
Alfonso Rodríguez Castelao


En la noche de la última novena de difuntos, la iglesia estaba poblada de miedos. En cada vela brillaba un ánima, y las ánimas que no cabían en las velas encendidas se escondían en los sombríos rincones y, desde allí, miraban a los chiquillos y les hacían carantoñas¹.
Cada luz que el sacristán mataba era un ánima encendida que se deshacía en hilos de humo, y todos sentíamos el olor de las ánimas en cada vela que moría. Desde entonces, el olor a cera me trae el recuerdo de los miedos de aquella noche.
El abad cantaba un responso² delante de una caja llena de huesos, y, en el momento de terminar el paternoster, daba comienzo el llanto.
Cuatro hombres se adelantaban apartando a las mujeres enloquecidas de dolor y, con una mano, agarraban el ataúd y con la otra empuñaban un cirio encendido.
La procesión se terminaba en el osario del atrio. Los cuatro hombres llevaban el ataúd rozando el suelo, y el cirio inclinado rociaba cera encima de los huesos. Detrás seguía un enjambre de mujeres soltando gritos lastimeros, mucho más horripilantes que los de un llanto en un entierro de ahogados. Y si las mujeres plañían, los hombres lloraban en silencio.
En aquella procesión todos tenían por qué llorar y todos lloraban. Y también lloraba Baltasara, una chiquilla criada por la caridad pública, que apareciera dentro de una cesta, al lado de un crucero, que no tenía ni padre ni madre ni por quién llorar; pero la epidemia del llanto la contagió, y también se deshacía en gemidos con todas sus fuerzas. Camino de casa, una vecina le preguntó a la chiquilla:
-¿Por quién llorabas, Baltasara?
Y ella le respondió, gimoteando:
-¿No le parece bastante desgracia no tener por quién llorar, señora?
©ALFONSO RODRÍGUEZ CASTELAO
Aporte de Carlos Penelas


Cousas, 1926
1. Carantoña: Caricia, palabra o gesto afectuoso que se hace a una persona, a veces con la intención de conseguir algo de ella.
2. Responso: Responsorio que, separado del rezo, se dice por los difuntos.



LA ORUGA , Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina














LA ORUGA  

La eternidad nunca sucede
después de alejarse de nosotros.
Por eso
obstruyendo todas las salidas
es la oruga de siempre, sin cabeza,
en tiempo y en espacio en que el vacío
nos lleva a imaginarla dentro nuestro.
Sin importarle el síntoma inicial
ignora las mañanas luminosas
y el rehén es la sombra.
Luego
de espaldas a la espalda de la vida
nada nos obliga a ser ella,
una nada entreabierta en el olvido.
La eternidad nunca sucede
después de alejarse de nosotros.

“Otro  él”,  poemas. L. A. -  Ediciones  del  Valle,  Buenos  Aires,  2000.


©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA   

MÁS ALLÁ DEL MAL, LA LEJANÍA ENTERA (Vanguardia Poética del Siglo XXI), George Reyes, México

Lejania – Loly de Mata


MÁS ALLÁ DEL MAL,
LA LEJANÍA ENTERA    (Vanguardia Poética del Siglo XXI)


Al afán yo vi llorar y me mojó su pena

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En el lomo de un felino afán

dormía,

que aprendió del viento a deslizarse
desde el top del árbol que ha entrado en años

a mi frente al norte,
a mi vientre al sur,
a mi hombro al este,
a mi hombro oeste.

Y duermo

todavía en el lomo de esta sábana de azul  
en el día que a mi asco incita
lejanía de un pan de flauta   

más allá del mal; ¡zas!
más acá la extraño; ¡ay!
más allá entera; ¡aaahhh!...

Si me envuelvo, dime, en pañal latoso,
o que suelte el grano a pantera en huesos;
si espero, dime, que le guste al lodo mis sandalias de años,
o que colme un golfo   
con mis vahos de gritos.

© GEORGE REYES, poeta y escritor mexicano

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA                                     
Del poemario EL ÁRBOL DEL BIEN y del mal






ALGÚN DÍA, Ady Yagur, Israel

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ALGÚN DÍA 


Si  la mirada se vuelva inocente 
sin el riesgo de  horas  vividas,
seguirte adelante por el sendero
junto a paisajes  que es belleza.

Si el rostro no esta demacrado
con arrugas nuevas de tiempo,
no caeré  en la culpa  de versos
ni buscare tampoco amparo.

Algún día estaré en otro lugar
liberado de arduas fatigas,
seré poeta del silencio infinito
allí donde cantan las hadas.

La vida tiene su bosque verde
 a veces abre nuevas ventanas,
en ella veo a mi madre buena
 extremo alejado del tiempo.

Ya vendrá la paz anhelada
esa que despliega banderas,
después de esta tormenta
con su ímpetu que abraza.. 

©ADY YAGUR, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA 



MISTERIOS DEL UNIVERSO, Ceres, Santa Fe, Argentina

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MISTERIOS DEL UNIVERSO


Baña de energía el cielo
una curiosa estrella vagabunda,
suspendida en el espacio
inmortal se cree…
pero otras partículas
ocultando su razón
en un tiempo sin nivel ni lógica
niegan límites superiores.

Buscando materia batallan
todas las energías
hasta que una explosión
nos muestra a Dios
al frente del Universo
y la estrella vagabunda
con asombro ora
ocultándose
en un celaje curioso.     

©IME BIASSONI, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


LA SALUD, O LA EFICACIA FUNCIONAL DE UN CUERPO, Carlos Benítez Villodres, Málaga, España

26/10/2017 – Salud Mental


LA SALUD, O LA EFICACIA FUNCIONAL DE UN CUERPO

La salud es un soplo penetrante,
laberinto de rosas y de espinos,
a veces, como ciertos pergaminos,
a veces, como cierto sol flamante.

La salud es belleza deslumbrante,
que se esparce por campos y caminos,
donde las aves vuelan, con sus trinos,
por el aire veloz y emocionante.

Besos de luz y de pasión sagradas
atesoro en mi esencia, con luceros
radiantes, que iluminan madrugadas.

Verdean las campiñas de sinceros
pulsos que vibran en las enramadas
gloriosas de los nuevos cancioneros.

©CARLOS BENÍTEZ VILLODRES, poeta y escritor español
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA                    


FÍLIDA, Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina

Mujer joven desnuda frente al espejo

FÍLIDA


No, no soy como esos ñatos que hoy dicen una cosa y mañana otra. No soy un farabute,  esos tipos que con la misma cara, el mismo bigote y la misma energía afirman o niegan a la vez. No, ya se lo dije antes: no soy hipócrita ni peronista. Tengo defectos, pero no soy mala persona. Por favor, respéteme.
Lo cierto es -como le iba contando- la miraba con pasión, una locura de hembra. Se desnudaba a eso de las ocho de la noche, dos o tres veces por semana. La veía de espaldas, frente al espejo de su habitación. Se iba desnudando de una manera particular, me fascinaba. Al despertarme cerraba los ojos y la volvía a ver. Luego me di cuenta de su sensualidad; no, de entrada no. ¿Me sigue, entiende? Recuerdo el corpiño verde, lo arrojaba por el aire y caía sobre la cómoda. Descubrí que la cuarentena me había cambiado la vida, lo descubrí con ella; observándola, encontrando sus hombros, su cuello, su cabellera moviéndose al compás de su cabeza. Sus nalgas, sus caderas. ¿Me sigue? Seguro que escuchaba música. Quiero imaginarme que escuchaba a Ray Charles, un soul tocado en piano. O a Nat King Cole. Por cómo se movía no era Andrea Boccelli, qué joder. Lo cierto es que la había observado mucho tiempo antes de llegar a la cuarentena, una cuarentena interminable por otra parte. La primera vez la descubrí de casualidad. En el cuarto había un hombre grandote, desprolijo, de bigotes finitos y pelada incipiente. De unos cincuenta años. Lo pude ver bien, era una tarde húmeda, de sol. Desde la ventana observé los toldos bajos de ventanas vecinas.  No le di mucha importancia, no soy un voyeur. Miré la escena dos o tres veces en un mes, al regresar de la oficina. Luego la olvidé. Sí, a ella y al fulano.
 Hasta la cuarentena, allí cambió mi vida. Mi familia ni se enteró, hablaban de contagios, de hospitales, de barrios carenciados. Bueno, sigo con la historia. Estaba en ropa interior - la sorprendí una noche de mayo -,  la iluminaba un velador de la mesa de luz. No dudé, fui a buscar al ropero el binocular que mi padre solía llevar a San Isidro o a Palermo. Por suerte los pude encontrar. Mi mujer - parece que lo hace ex profeso sabiendo mi problema -cambia a cada rato las cosas de lugar. Lo cierto es que desde esa noche la miro. ¿Qué por qué le puse ese nombre? Bueno, estudié clásicas, son taras que uno tiene. No, nunca le saqué fotos.  Me enloquece cuando se pone un vestido negro, se viste para salir, como para ir a cenar o a un encuentro importante. Luego comienza a desvestirse, a quitarse una pulsera, una media, un zapato,   un collar, una calza bordó. Es allí donde enfoco el prismático con  respiración entrecortada. Me tiemblan las manos al ver sus ojos blancos, cuando parece desplomarse sobre la colcha azul. Créame, es algo inimaginable el silencio de la calle, el silencio de los departamentos…Le dije, vive en el edificio de enfrente, un tercer piso. La miro desde el cuarto piso, en diagonal. ¿No me cree? ¿Y qué piensa si le digo que soy ciego? Eh, ¿qué me dice, ahora? ¿Me cree o no me cree?
Buenos Aires, 23 de junio de 2020

©CARLOS PENELAS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA