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sábado, 25 de abril de 2020

ENCERRAR AL ABUELITO, QUÉ SALIÓ MAL?, Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina

Los abuelos: las raíces de la familia - Forum Libertas

ENCERRAR AL ABUELITO, QUÉ SALIÓ MAL?


Por Antonio Las Heras - Doctor en Psicología Social. Magister en Psicoanálisis.

Resultó muy evidente que la intención inicial fue impedir la salida de sus hogares a toda persona que hubiera cumplido 70 años. Los primeros comunicados del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) no daban lugar a dudas: quien infringiera la disposición sería llevado por la policía de regreso a su domicilio y si perseveraba en dicha inconducta sería castigado con cierta cantidad de horas de trabajo

Todo con el argumento de que se buscaba cuidar, proteger y evitar perjuicios a los adultos mayores.

A raíz de esto, las autoridades de la ciudad tuvieron algo muy difícil de conseguir: lograron que las voces de todo el espectro intelectual coincidieran en señalar lo equivocado de la medida.

No había apoyo para encerrar al abuelito. Ni siquiera el leve acompañamiento que hizo el Presidente Alberto Fernández, pues sus declaraciones fueron en el sentido de la necesidad de buscar todas las formas de ayudar y cuidar a los mayores. En ningún momento señaló estar de acuerdo en buscar segregarlos o encerrarlos en sus hogares.

Rápido de reflejos -como debe ser todo político eficaz- Horacio Rodríguez Larreta brindó todas las respuestas que le fueron posibles, insistiendo en que el único fin perseguido era el de cuidar a las personas de esa edad. Volvió a confundir, entonces, edad cronológica con edad biológica; es evidente que sus asesores no le refirieron sobre esto.

También buscó un golpe de efecto al repetir el dato estadístico de que la mayor parte de quienes fallecieron por el CVID 19 en CABA eran mayores de 70 años. Pues, entonces, me permito sugerir que vayan a los datos estadísticos para informarse si ese porcentaje no es el habitual de fallecidos aquí. Cualquier conocedor de estadísticas de mortalidad conoce que entre el 70% y hasta el 90% de los fallecidos -según meses y épocas- son personas de 70 años o más. Y el COVID 19 mantiene esa media. Al menos hasta el momento.

Obvio que le fue imposible explicar el alcance que daba al término “cuidar” cuando en realidad la disposición exigía que la persona quedara a las órdenes de alguien al que debía llamar por teléfono y que sería quien habría de resolver si estaba autorizado o no a salir a la calle. Muy evidente, entonces, que ese interlocutor desconocido se convertía en su tutor.

Y aquí surge otro interrogante más, ¿qué experticia tiene el que atiende del otro lado del 147 para determinar si una persona, que está normal mentalmente, en su sano juicio, puede otorgársele o no la dispensa para la salida? ¿Quién es esa persona? ¿Cuál es su preparación profesional y su experticia para tratar con personas mayores?

Otro interrogante: ¿Cuáles son los nombres, apellidos y calificaciones profesionales de quienes redactaron la disposición? Es evidente su desconocimiento en cuánto hace a los aspectos biopsicosociales del adulto mayor. Por lo tanto deducimos que no fueron ni médicos gerontólogos, ni psiquiatras especializados, ni psicólogos de la tercera edad. ¿Quiénes fueron? Nos merecemos sus datos para poder consultarles al respecto. Para que nos expliquen cosas como las siguientes:

¿Tuvieron en cuenta el estrés al que se somete a una persona obligándolo a llamar para pedir autorización de salida cuál si fuera un delincuente? De nada vale decir, que la propuesta gubernamental es otra. Aquí lo que cuenta es cómo ha de percibirlo el afectado. Imagino a una persona que toda la vida se manejó según su criterio, que de ahora en más tiene que irse a dormir pensando que -al otro día- tendrá que llamar a un teléfono para que un desconocido le diga lo que debe hacer. Un sometimiento. Una humillación. Una descalificación. Un maltrato. Así es percibido.

¿Advirtieron los redactores de esto el grado de nerviosismo y estrés que provocará -en la persona de cualquier edad; pero mucho más en un adulto mayor- tener consciencia de que en cualquier momento puede ser detenido en la vía pública, delante de otras personas, por la policía para que exhiba su documento de identidad y se compruebe si está autorizado a realizar esa salida? ¿Alguna idea sobre cómo puede afectar emocionalmente eso? ¡Y, sin embargo, nos dicen que es para cuidarlo!

Supongo que el equipo interdisciplinario de profesionales que hizo tal norma también pensó en que, interceptado en su paso y exigido que se identifique puede causar en algunas personas un episodio cardíaco que termine -en el mejor de los casos- con una internación, para no llegar a un infarto masivo que le cause la muerte.

Porque, además, dichos autores deben conocer que -a raíz de la cuarentena- se han suspendido miles de consultas y estudios médicos, por lo que no sólo los adultos mayores, sino la mayor parte de la población que lo esté necesitando, no ha hecho ni las consultas ni los estudios necesarios. Lo que agrava la situación.

Otra de las cosas que salió mal fue la comunicación de la noticia por el gobierno de CABA. También aquí parecen haber intervenido inexpertos. Al principio se hizo más hincapié en la condición obligatoria y de exigencia con castigo punitivo (las horas de trabajo comunitario) que en destacar los beneficios que el gobierno planeaba darle al ciudadano; que en verdad los había.

Lo que motivó la inmediata reacción ya a media mañana del viernes, no sólo de quienes pertenecen al grupo de los mayores de 70 años, sino de diversas personalidades rechazando la norma.

Cuando, finalmente, las autoridades comprendieron el error y buscaron suavizar la situación, dieron a la información una forma comunicativa más adecuada. Insistieron en señalar que sólo se trataba de ayudar a quien así lo requiriera. Pero ya era tarde. No resultó creíble precisamente porque el rechazo ya estaba instalado. En el nuevo discurso, se disolvió toda sanción. Con lo cual -también en los hechos- se diluyó la normativa en sí misma.

Es obvio que esta idea surgió entre gallos y medias noches, se desarrolló de manera improvisada, no tuvo en cuenta ni las necesidades biopsicosociales de los adultos mayores, ni los derechos constitucionales en general y jurídicos en particular, ni la reacción que provocaría en un grupo humano que -al decir de las encuestas- es votante de la alianza gobernante en CABA.

En el capítulo “encerrar al abuelito” todo salió mal porque se hizo mal.

Si sirvió como aprendizaje, tal vez haya sido un costo aceptable de pagar… políticamente hablando.



©ANTONIO LAS HERAS, poeta y escritor argentino

MIEMBRO ASESOR DE ASOLAPO ARGENTINA


sábado, 18 de abril de 2020

LA NOCHE SERÁ AURORA, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina















LA NOCHE SERÁ AURORA

Balancean las luces en la noche
y desde mi ventana
puedo ver a la luna
saltando entre edificios.
Y las calles sin ruidos, sin colores,
sin bocinas aullantes y sin gente.
Muerde un viento del Este
con las rondas de un virus
que vaga por el mundo.
Las distancias se imponen.
Me punza la nostalgia
de los días partidos no sé a dónde.
Pero amanecerá.
Volveremos a vernos
y volverá el abrazo.
La noche será aurora.

14 / 04 / 2020

©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA  

LA VISIÓN, Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina

Supervivientes de Hiroshima, una vida para contarlo

LA VISIÓN


Aquella antípoda de cielo redondo.
Aquel nadir opuesto al zenit;
siempre rodando,
prisión de fieras,
mansión del aire,
posada de la iniquidad,
espejo del ego,
retrato de toda malicia.
El mundo donde estamos,
donde hay un niño envejeciendo
y un viejo que retorna siempre.
Bajo ese cielo redondo he visto al orbe,
mundo de tal extremo inmundo.
Profanos que aplauden al final
en grosera locura,
aniquilando sin penitencia a la virtud.
Aquí, dónde el relato reina
y la mentira gobierna continentes:
he visto al hombre que sin piedad
destruye al hombre que creó perpetuo.
Rosa de los vientos muertos,
Jazmín de huecas Hespérides,
ninfas del ocaso;
hijas impolutas de un Hesíodo
eterno padre de la noche.
las vi danzar por el átomo de uranio
donde El Todo sigue siendo El Todo.
Jinete sobre el hombre fatigado,
vanidad de Hiroshima y Nagasaki.
El hombre camina sin zapatos
con las plantas sucias de sangre,
con los músculos desiertos
y la sustancia desnuda de milenios.

©NORBERTO PANNONE, del libro “Poemas de invierno” Copyright 2010
Buenos Aires, Argentina


MIRADAS…, Adrián Néstor Escudero, Santa Fe, Argentina

Día Mundial de la Poesía: 5 poemas clásicos y 5 de hoy para celebrarlo

MIRADAS…


LA POESÍA: SANGRE Y LUZ DEL VERBO

A los colegas Poetas del Universo, especialmente a los Poetas integrantes del FORO PARNASSUS – PATRIA DE ARTISTAS (CABA, Argentina)-Responable: Directora Prof- Marisa Aragón Willner: amigos en el Verbo de Luz, y hermanos en la Fe y Humanidad: transitando la vida para la Vida, abrazados todos en un vuelo creativo de Pájaros con Libertad Pacífica y Responsable, y suspendidos en vilo por el encanto del Maná de la Palabra; e inspirados, como mensajeros del Verbo (del Dios con Nosotros) y advenidos -desde la Imaginación Creadora- a allanar los escabrosos senderos de la existencia, más en fraterno e innegociable incruento servicio de amor a la Humanidad…

DIFERENTES AROMAS DEJAREMOS A NUESTRO PASO. EL POETA DERRAMA TAÑIDOS Y ÉSTOS SUBEN A LOS CAMPANARIOS…” (Poeta Hilda Schiavoni – UNILETRAS – Febrero 2016).  

La poesía, cuando es latido, canto, susurro, suspiro, grito o súplica del corazón del hombre inquieto ante el devenir de la trama de la existencia humana, tiene -por ser parte, sangre del Verbo Creador, Redentor y Santificador del universo todo-, poder de sanación, de salvación...
Una vez que el alma descarga a tierra de Misericordia sus afanes y perplejidades, sus anhelos y esperanzas, sus pasos y contrapasos, sus derrapes y alzadas, sus curvas y atajos, sus dudas y compromisos, sus temores y pesadillas, sus promesas y discursos…, vuelve con nuevos ojos encendidos desde lo Alto a propulsar los pies peregrinos sobre su propio polvo; y también, con renovados bríos y brotes augurales –al alba, siempre al alba, después del conjuro irrefrenable de la noche- a alistarse, una y otra vez, para librar el buen combate (desde lo divino; y léase, servicio, desde lo humano) que nos ofrece la vida para alcanzar la Vida.
Por eso, la Poeta colombiana Cecilia Lamprea de Guzmán (N. 1933, Bogotá), al interpretar el párrafo antecedente, expresará en inolvidable síntesis de la phoesis: “Siempre el poeta, será un renovador de amaneceres sobre el polvo de su propia angustia”. 
No es un juego. Es un combate; y un trabajo misionero, desde lo humano, insistimos. Una lucha ora cruenta, ora incruenta entre la luz y la sombra, entre la fe y la impiedad, entre la esperanza y la locura.  Y si la palabra combate y lucha no deja de ajeneizarnos de una auténtica axiología divina humanizante, troquemos esos verbos por otros más adecuados: y hablemos, no de combate, sino de SERVICIO; no de lucha, sino de ESFUERZOS Y SACRIFICIOS…
… Y dejemos, agraciados como somos, misioneros del Maná de la Palabra, que ésta emprenda su marcha por el derrotero de ominosas, oscuras quebradas… Y la Poesía, que no es una niña ingenua, imberbe y temerosa, sino una mujer valiente, lúcida y traslúcida, pues de su mano tersa, suave y firme ningún habremos de temer… Porque es el consuelo de todo un Dios, Amor Ofrenda, y con nosotros. Entonces, si Ella y Él con nosotros, sangre sacrificial del Verbo humanizado: ¿quién contra nosotros? Ni siquiera el astuto, tenebroso, suspicaz Padre del Caos y la Mentira…
Muchos han tratado definir a la Poesía. Incluso “poéticamente” como Gustavo Adolfo Bécquer (“Poesía… eres tú”) o Rabindranath Tagore (“La poesía es el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos”). Y más recientemente, un colega venezolano (Rafael Vicente Padrón Ruiz) también ha aproximado su propia mirada de tan grande Misterio, expresando: “El mundo es un libro, nosotros un poema y la vida entera es poesía”. Una mirada cercana al enfoque trascendente de la vida guiada por una espiritualidad de lo humano, nos aproximará sin más a la poesía de ser y estar en el mundo, aunque no seamos del mundo.
Resumiendo: Cuando un alma piensa, siente y dice poesía, es porque el Verbo, todo Luz, habita en ella. Y la Poesía resulta la formalización del Verbo encarnado en dicha mirada, en las esencias de bondad, belleza y verdad. O, en otras palabras, la poesía es como una estrella... A cada cual toca alguno de sus rayos... Pero es siempre el mismo rayo de luz. Y en cada de sus infinitas partículas, como infinitos los mundos y personas que los habitan, se hallan condensadas todas las propiedades de la verdadera Fuente de la Luz.
Gracias y bendiciones al Poeta que la Nombra. Gracias y bendiciones por el temblor de su Voz, la del ciervo sediento que va en busca del agua...

ADRIAN NESTOR ESCUDEROpoeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



SOBREVIVIR, Ady Yagur, Israel






















SOBREVIVIR

Canto que tiene sonidos
ante el espiral de la vida,
susurran palabras al oído 
con el barbijo de blanco. 

Son  médicos que luchan
con enfermeras heroicas,
ellos buscan salvar vidas
batallando sin descanso.

Sobrevivir ante el tsunami
 lloran madres apenadas, 
borde áspero del presente
que muestra sus garras.

Nadie será ciego a versos
que nacen de la tragedia,
mascarillas cubren  rostros 
de seres consternados.

Respeto  que nace del alma
corazón que late inquieto,
ante el riesgo de la vida  
la muerte es pesadilla.

©ADY YAGUR, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


HAZ IGUAL, SI PUEDES, Salomé Moltó, Alcoy, Alicante, España


















HAZ IGUAL, SI PUEDES 

Estas agarrado a la astilla del árbol
para impedir que el vacío de absorba
Te equivocas
desde la base del árbol fuerte y curtido
hay que subir a la cumbre
esa que tanto añoras.
Tronco con hermosos surcos
con ramas que te sostengan
que ni siquiera el hacha
pueda con su golpe contundente
hacerte caer
Y con los conceptos
que insistes en defender,
que astillas y surcos
también suelen tener,
contundente tienes que ser.
                                                                                             
©SALOMÉ MOLTÓpoeta y escritora española
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA 



LA PANDEMIA…Y DESPUÉS… reflexiones sobre el presente y el futuro, Gabriella Bianco, Venecia, Italia

La OMS ve el coronavirus como una “potencial pandemia” tras los ...

LA PANDEMIA…Y DESPUÉS…

reflexiones sobre el presente y el futuro

La humanidad está herida de muerte, bajo la forma de una pandemia invisible, que mata en modo impiadoso. Vivimos el grito de la criatura herida, que no puede encontrar palabras para describir su condición. Una cuarentena colectiva es la ocasión para una forma de socialidad sin precedentes, que deriva de compartir la misma condición, fundada en el "distanciamiento social". Estamos unidos por la división. Somos contrapartes que representan un riesgo mutuo, dentro del ámbito de la posibilidad o la potencialidad. Es una paradoja, ya que la pandemia, al ser nuestra condición común, nos muestra que una parte de nuestra vida actual se desarrolla precisamente en función de la necesidad de ser separados como "iguales". No estábamos preparados para esta prueba. No de esta manera, al menos. Ciertamente no en términos de culturas políticas y sociales, relaciones y afectos, proximidad y reciprocidad. Este también es un aspecto que nos deja más indefensos e incluso heridos.
Nuestra vida está ligada, en la mayoría de sus aspectos, a circunstancias ordinarias, y si estas últimas están distorsionadas, es nuestra propia existencia la que queda para medir los efectos. Esto también se aplica a ese tipo de pensamiento que, sin el ámbito político como su salida natural, se reduce a un fin en sí mismo, declarando inmediatamente su impotencia, arrugándose bajo las palabras vacías con las que defiende sus prerrogativas autorreferenciales.
La vida desnuda de los seres humanos es, por definición, el objeto del cuidado de las personas y, en un reflejo inmediato, de aquellos que están preocupados por ella porque se reconocen a sí mismos en ella. Por otro lado, es una parte esencial de la organización colectiva luchar por preservar el marco dentro del cual la generalidad biológica de la especie puede continuar existiendo. Los fascismos no solo teorizaron esto, sino que lo pusieron en práctica, surgiendo de las trincheras de la Primera Guerra Mundial y declarando que el núcleo de la existencia es la supervivencia del grupo, no del individuo.
Las pandemias hacen el trabajo corto de muchas superestructuras ideológicas y afectivas, recordando la esencialidad de las relaciones sociales, es decir, la preservación de las condiciones en las que éstas pueden reproducirse, en una situación diferente de la situación de emergencia vigente. La aceptabilidad moral de este hallazgo, es decir, desde una distancia segura, cuando las duras condiciones objetivas ya no nos afectaran directamente, es una variable que cambia con el tiempo, sin embargo, el paradigma de la emergencia encaja dentro del contexto actual.
Podemos discutir extensamente sobre los “estados de excepción”, así como las emergencias, pero el estado no está establecido para garantizar la vida individual como tal, sino las condiciones comunes de continuidad de lo existente. Nunca ha habido una forma social de organización que se centre en la existencia individual como tal. Sin embargo, en el aspecto particular de la pandemia, lo social y lo individual se cruzan, aunque si una persona en lugar de otra vive o muere, es una variable que no afecta a los grandes números.
La organización de China, dando la respuesta a la pandemia, a la que muchos, incluidos algunos liberales, ahora ven como un modelo de referencia interesante, es plenamente consciente de esto y lo ha demostrado: desde 1949, el sistema chino no está centrado en las personas, sino en la protección del contexto en el que trabajan, o tendrán que volver a trabajar. Y esto parece haber sido el razonamiento del Primer Ministro Johnson en Inglaterra, cuando hablaba de inmunización de masa. Y, sin embargo, el tema de la sanidad nacional, gratuita y publica es un tema fundamental, para garantizar la salud a cada ciudadano, así como el tema de la educación y de la investigación, para un nuevo y más equitativo modelo de desarrollo, que incluya la protección y la implementación de los derechos humanos, sociales y políticos. En EE. UU., la falta de un sistema sanitario nacional universal está creando problemas de todo tipo y una gran pérdida de vidas humanas.
Reconociendo una vez más que la tangibilidad de nuestra existencia particular es un hecho social y no simplemente biológico, aunque no es un orden superior en sí mismo, cada vez que se siente en riesgo, se aferra al orden político y administrativo, pidiendo cualquiera protección disponible, incluso si se trata de un orden político injusto, que podría infringir los derechos humanos y sociales, e incluso constitucionales, pero que no quita de tener su validez.
La experiencia que tenemos de nuestra existencia, cada vez que se cuestiona su previsibilidad diaria, es sobre todo la de su fragilidad visible, manifiesta y abiertamente admitida. No es suficiente estar solo. Quizás esta sea la primera realización traumática: perdemos nuestro falso atuendo de intocabilidad, de pensar en nosotros mismos como capaces de manejar nuestros propios asuntos de forma independiente. Ya no sabemos qué hacer con la libertad del liberal de laissez-faire, que nos dice que, potencialmente, podríamos hacer todo por nosotros mismos, porque en términos concretos, nadie nos ayudará a liberarnos de las cadenas de las necesidades diarias. Ese principio ilusorio de "hacer lo que quieras contigo mismo" proclamado por ese tipo de liberalismo, tiene su contrapartida en el descubrimiento de que uno es incapaz de afirmarse solo, es decir, sin una red de apoyo, a partir de la pública.
Ahora, nosotros, las generaciones de la posguerra, estamos contando por primera vez con nuestra propia crisis, y no con otras crisis, vestidas de idealizaciones positivas o negativas, de personas, tiempos e historias que permanecen a una “distancia de seguridad” de nosotros mismos, como sucede con los migrantes que cruzan las aguas de los mares, cuya condición humana parecía no concernirnos. La emergencia nos lleva a su dimensión existencial, a una emergencia a la cual la política se tiene que conformar, implementando el campo de la mediación. La fase real que comenzará pronto es un largo período de "posguerra", que tenemos que preparar y que acompañará a una generación que estará marcada por una profunda reestructuración social. No tiene sentido hacer predicciones. Sin embargo, es demasiado fácil comprender que en un régimen internacional que exalta la desigualdad, los más pobres e indigentes pagarán el precio más alto y ya lo están pagando los que están en los varios frentes de guerra, no obstante que Naciones Unidas hayan “invitados” a los señores de la guerra, a terminar con las hostilidades.
Nuestra capacidad para curar tantas heridas dependerá de nuestra capacidad para recuperar la posesión de decisiones políticas, de las cuales, paso a paso, como ciudadanos, nos hemos dejado expropiar durante mucho tiempo. Muchas consecuencias vienen de lo que no es en sí mismo una emergencia, sino más bien su legado venenoso: esos espacios de indeterminación, es decir, inseguridad generalizada, donde el poder, burlándose de cada forma residual de democracia, se impone como el garante tranquilizador de algún orden, sea lo que sea. Estos parecen ser los casos de Orbán en Hungría y de Bolsonaro en Brasil.
En el corto plazo, tendremos que enfrentar un cambio antropológico real: las ideas e imágenes que los individuos albergan sobre sí mismos se están transformando. Es difícil – seguramente prematuro - para nosotros decir en qué dirección. Nuestro único marco de referencia es el del industrialismo del siglo XX, que no es útil en este momento. Está naciendo algo que no es solo "otro", sino que representa "un más allá", un “después”, algo que, en este momento, señala nuestra obsolescencia. Los que gobiernan la emergencia no ganarán, en todo caso, saldrán desgastados. Estamos hablando de nuestras democracias liberales senescentes, que tendrán que lidiar con su fragilidad intrínseca. No es en términos del "estado de excepción" que se medirá el nuevo tipo de soberanía. El verdadero soberano es el que tendrá éxito en asegurar una “democracia” aceptable a los tiempos por venir, cuando el gran cataclismo estará parcialmente bajo control y saldremos de nuestros refugios domésticos, más pobres y frágiles que nosotros sabemos que somos.
Una observación en tema de "claridad". La claridad es una mercancía rara, un bien difícil de producir. Encuentra y debe contar con la difusión de nuevos y varios tipos de conocimiento. La claridad nace de una conciencia en sí misma, de una iluminación, cuya ausencia, a lo largo de la historia, tiende a producir esa falsa conciencia que como nos sígnala Benjamin, avanza inexorablemente hacia la catástrofe, reelaborando y repensando el progreso no como mito, sino como real crecimiento humano.  La primera iluminación a este respecto es que la claridad, sobre todo si se toma desde el punto de vista político, reside en la aceptación del hecho de que la pandemia nos está llevando a la era de la complejidad. Esto implica un gran esfuerzo de análisis. Antonio Gramsci analizaba sus propios tiempos desde la prisión, describiéndolos como cambiantes, difíciles a entender; nunca redujo el juicio político al mero ejercicio moral. La “claridad” debe contar con nueva información, es decir, la difusión de varios tipos de conocimiento, basado en el “pensamiento complejo”. Al igual que la investigación en medicina y las llamadas ciencias "exactas", también requiere inversión, recursos, tiempo, admitiendo incluso conflictos.
Nada surge de sí mismo; en cambio, requiere un trabajo de análisis, verificación, retroalimentación, a veces reconstruir desde cero. El trabajo intelectual y político tiene un costo en términos de energía, tiempo, relaciones, costos de inversión. La elección, hecha en las últimas décadas, de reducir las inversiones para la investigación, no solo la estrictamente científica, conduce al declive de la razón y de la ciencia, que ha sido reemplazada por supersticiones, alimentadas por varios autonombrados gurús, como los proclamas contra el uso de las vacunas.
Hasta ahora, la política ha estado siguiendo esta pendiente descendente. Pero ahora, con grandes esfuerzos, se abrirá un "después". Depende de cada uno de nosotros parar de contar con los cuentos de hadas, con las mentiras agradables, con nuestra desorientación. Ahora, hay que aplicarse a excogitar ese “después” que tenemos que abrir, más justo, más equitativo, más democrático. Como lo hicieron los que vinieron antes que nosotros, en tiempos aún más dolorosos que los que estamos viviendo, recordando, en estos tiempos de pandemia, a los que viven sin una casa adonde volver o una comida para poner arriba de la mesa. O como los que, en Ecuador, no encuentran ni siquiera una tumba donde yacer.  Hay que aprender a reflexionar y ejercer la “esperanza” como virtud que nos permite entrar en el futuro con honestidad y responsabilidad.

©GABRIELLA BIANCO, poeta y escritora italiana
PRESIDENTE DE ASOLAPO ITALIA,
 MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

Dr. Gabriella Bianco, PhD
UNESCO International Network of Women Philosophers gbculture.gabriella@gmail.com
4 de Abril de 2020



El coronavirus nos desnuda, Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina


Ejércitos invisibles. Los virus como enemigo del ser humano


El coronavirus nos desnuda

 La historia se repite. Es uno de los errores de la historia.
Charles Darwin

Giovanni Boccaccio da comienzo al Decamerón con estas palabras: “Con tanto espanto había entrado esta tribulación en el pecho de los hombres y de las mujeres, que un hermano abandonaba al otro y el tío al sobrino y la hermana al hermano, y muchas veces la mujer a su marido, y lo que mayor cosa es y casi increíble, los padres y las madres a los hijos, como si no fuesen suyos evitaban visitar y atender”.
El Decamerón, escrita entre 1351 y 1353, es sin duda la obra más famosa surgida de la pandemia, la peste negra de mediados del siglo XIV.
Toda crisis trae en sí un conflicto. Toda crisis es producto de una historia. Mejor: una crisis producida por una peste pone sobre el tapete a una sociedad. Lo peor y lo mejor. Nos muestra lo indigno, lo humillante, la falta de moral. Y también la solidaridad, el esfuerzo, la abnegación.
Vamos a tomar un ejemplo para intentar ver ciertos paralelos, ciertas formas de entender y de entendernos en esta tragedia que nos confunde, nos preocupa y nos atemoriza. Podemos hablar de la Biblia, de Camus o de Kafka.  Podemos recordar a Tucídides o Samuel Pepys. A Sófocles o a Daniel Defoe. A Manzoni y la peste bubónica. Entre nosotros Manuel Mujica Láinez abordó la fiebre amarilla desde sus cuentos. Pero tomaremos un ejemplo histórico -apenas una reseña - de la denominada plaga italiana que llegó a Florencia y a Toscana en 1630. Soldados alemanes atravesaron el norte de Italia con la pulga asesina, trasmisora de la peste bubónica.
La peste avanzó sobre Milán, luego sobre Venecia y fue ensañándose con otras ciudades cercanas. Poco a poco – se habían cerrado los pasos de los Apeninos – la peste invadió la región al pasar una campesina burlando los controles.  Y llegó a la ciudad. Hubo cientos de muertos en la zona, luego más de mil. Se ordenó en 1631 la cuarentena general. Se crearon lazaretos, los muertos fueron rociados con cal, se los enterraban en las afueras de la ciudad. Las casas de los enfermos fueron clausuradas. Luego se ordenó cerrar las puertas de la ciudad. Los extranjeros sólo podían transitar con permisos. Los guardias entraban en conventos e iglesias. Se suspendió la educación comunitaria, los juegos del pallo en las plazas, los bailes. Teatros y tabernas fueron cerradas. No hubo procesiones ni misas.
Aquellos que violaban las normas eran multados y llevados a prisión. Comenzaron las culpas: era obra del demonio, de los extranjeros, de los judíos. Luego se sospechó de las prostitutas. Por temor la Sanità daba de comer a los pobres, unos treinta y dos mil. Recibían hogazas de pan, una pinta de vino, un salchichón, arroz con queso, ensalada. También se les daba medicina. La peste se prolongó hasta 1633. En Toscana hubo ochenta mil muertos, en Florencia ocho mil. En 1657 hubo otras epidemias, sobre todo en Florencia. Esta vez otros nombres feroces: la escarlatina y el sarampión.
Veamos que nos ocurre en estos días. Veámoslo desde la perspectiva social, desde antecedentes históricos, desde el conocimiento de las pandemias anteriores. Es claro que el fascismo, el populismo, el chavismo tienen un universo para penetrar en estas circunstancias. Hay una casta política que utilizará todos los medios posibles para llegar a una irracionalidad sin límite. Algo similar pasa en el primer mundo al desaparecer esa suerte de equilibrio que siempre ejercieron los anglosajones. Estamos con una pandemia que significa también colapso económico, despidos masivos, radicalización, demonización. Pobreza, enajenación, hambre, desamparo.

Un sistema populista nos llevará a letrinas, al pensamiento único, a alternativas tecnológicas y encierro compulsivo. El confinamiento es parte del juego. Un juego en países con una base de corrupción inimaginable. Pero también, desde otro ángulo lo vemos en los EEUU, Italia, España, Inglaterra o Francia. Sin duda Alemania – recordemos que la canciller Ángela Merkel es la única personalidad desde hace años – con una mentalidad distinta lleva a cabo un plan y una estrategia. El otro país es Suecia. El resto es improvisación, profetas anunciando el fin o el nuevo comienzo. La pandemia forma parte de lo social, de lo ideológico y de la economía. Entre nosotros, del otro lado de la puerta, está la muerte, la miseria, la violación, la toxicomanía, el alcoholismo, los dilemas morales, los prejuicios raciales, la intolerancia religiosa, los distanciamientos socio-económicos, la corrupción, la violencia contra la mujer… Esta pandemia en particular desnuda un sistema, un sistema global y las miserias de los países del Tercer Mundo con sus deseos imaginables y los brotes caudillistas. Debemos tener presente que los pueblos o las multitudes no siempre defienden causas nobles, muchas veces son la expresión de delirios colectivos. Recordemos también que las pasiones de los amontonamientos masivos suelen ser muy intensos pero efímeros. Otra vez: están y estarán más presentes el desempleo, la inseguridad, la carencia alimentaria, la salud, la ecología. Comenzarán las sectas, los pactos de mafiosos, las democracias sucias, el derrumbe de la utopía democrática. La crueldad se repite a lo largo de los tiempos lo mismo que la violencia. Una vez más amenaza el planeta el autoritarismo y la discriminación. Desde la tragedia griega, el sangriento teatro isabelino o la novela negra contemporánea. Tal vez debamos hablar una vez más de Primo Levi y de la “banalidad del mal”. Tal vez es el momento de releer a H.G.Wells y a George Orwell. Entre nosotros, Diario de la guerra del cerdo de Adolfo Bioy Casares.
En meses abriremos la puerta de casa. Es probable que el mundo de Luis Buñuel, John Huston, Archie Mayo o los hermanos Coen nos espere. Pero recordemos: la realidad siempre es más dura. Y desde los comienzos de la historia la realidad humana siempre fue incierta.
Buenos Aires, abril de 2020

La ignorancia genera confianza más frecuentemente que el conocimiento
Charles Darwin
©CARLOS PENELAS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA      



sábado, 11 de abril de 2020

RETAZO DE GRANDEZA, George Reyes, Ciudad de México, México

Cómo injertar rosales - Agromática

RETAZO DE GRANDEZA


Haciéndome eco de Jhoannes Bobrowski, poeta alemán

Tú,
desgajada sombra del inicio:
abecé de rosas,
abecé de espinas.

Donde abunde rosas,
que se calle el signo.

Donde calle el signo
que las rosas digan su secreto azul,
que a la sinfonía de este recuerdo
le solfea su brisa,
le solfea su olor.

del poemario Filosofía risueña

©GEORGE REYES, poeta y escritor mexicano
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA