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sábado, 16 de noviembre de 2019

EL SILENCIO DE DIOS, Guillermo Fernandez del Carpio, Arequipa, Perú


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EL SILENCIO DE DIOS

Yo suelo visitar aquel lugar algunas tardes
y meditar el transcurrir de mis años frente al mismo Dios.
Aquella hostia ensangrentada brilla más que el mismo sol,
fruto de su creación.

Por momentos no sé qué decirle,
luego brotan palabras del alma y una oración.
Aquella hostia ensangrentada es el silencio de Dios.
Aquel lugar es un pequeño espacio de todo el universo.

Al despedirme, añoro el pronto regreso al lugar donde Dios hace silencio.

Ya de niño solía ir a aquel lugar,
para rezarle al cielo hecho pan.
Se respira un aroma a flores de eternidad,
se siente un abrigo que calma el frío de la soledad.
Sé que Cristo escucha la última palabra
que habita silente en mi interior.
Esa palabra que yo ni siquiera conozco,
que puede ser el devenir de mi vocación,
o quizás mi principio,
o quizás mi final.
Imagino que el infinito es un eterno silencio.
Mi oración consta de frases muy sencillas,
que están pintadas en mi pobre corazón.
   
Al despedirme, añoro el pronto regreso al lugar donde Dios hace silencio.

©GUILLERMO FERNANDEZ DEL CARPIO, poeta y escritor peruano
MIEMBRO HONORIFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

EL ESTORNUDO, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

















EL ESTORNUDO

                       Cada uno estornuda
                       como Dios le ayuda.
                          Góngora 
                                            (1594)

Repentino
espontáneo
intempestivo

A veces
indeciso…
Otras…
reiterativo

Pero siempre,
al final…
con los ojos cerrados...

¡Estrepitoso,
brusco
y atolondrado!

 LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORIFICO DE ASOLAPO ARGENTINA              

Estornudos por doquier, hachís!
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sábado, 9 de noviembre de 2019

AL ALBA, Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina

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AL ALBA

Sobre el cristal
de la bujía
el alma deshojada
danza ausencias.
Y su imagen de miedo
me subleva el vino;
y el progreso del alba
fenece en la almohada.

Y entonces duele la nostalgia
de alguna madrugada
que se ha muerto en el tiempo
de las alas quebradas.

Apago la llama
y cierro la ventana,
la luz se me hace sombra
fatal esta mañana.

“Poemas de barrio” Ed. 2012

©NORBERTO PANNONE, poeta y escritor argentino
www.norbertopannone.com




AL CAER DE LA NOCHE, Jaime Vélez Ramírez, Medellín, Colombia

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AL CAER DE LA NOCHE

Heme aquí con las manos vacías,
mirando ilusiones que nunca fueron mías;
no sé cómo decir lo que siento,
no sé que decir, sólo es un lamento.

Miro callos en mis manos viejas
que han luchado tanto como las abejas;
mi frente y mi cara de arrugas surcadas;
no veo esperanzas ni dichas ganadas.

Fue tan largo el tiempo, tan duro el camino,
porqué nací entonces si éste era mi sino.
Por la felicidad de todos entregué mi vida
pero por la tarde no había rosa alguna ni luz encendida.

Hoy estoy tan triste y tan desolado,
hoy maldigo entonces el sino malvado;
no sé que decirme, no tengo respuesta;
tomaré unos vinos hasta que amanezca..

Agosto 24 de 2006.

©JAIME VÉLEZ RAMÍREZ, poeta y escritor colombiano
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA




REFLEXIÓN, Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina

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Imagen de: mujerentreislas

REFLEXIÓN

Para Edda Bustamante
Mariposa
tu día se acaba.
Decidí
volar para desafiar el cielo,
acomodando las alas rumbo a la playa
donde las olas se estrellan
sembrando angustias
sobre esas piedras
por desconocer qué hay debajo.

Mariposa
tu día se acaba.
Mira de frente y a los ojos.
Sumergirte, hurgando en el alma
hasta conseguirla íntegra, renovada.
Vibra cada momento.
Sé emoción, plena,
disolviendo el pensamiento.

Atrévete mariposa,
nacerás desconocida
alumbrada por el asombro
de la entrega a una nueva jornada.

©ANTONIO LAS HERAS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO ASESOR DE ASOLAPO ARGENTINA




INDEFINICIÓN DEL SOL, Jerónimo Castillo, San Luis, Argentina

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INDEFINICIÓN DEL SOL

Escapa del final. Tu cuerpo opreso
me liga a tu destino de quimera.
Nada más parecido a la manera
de ver un desquiciado mundo y eso

viene consolidando un embeleso
desde la octava maravilla. Espera
que se cumpla la historia, era tras era,
por ser la inconsistencia del progreso.

¿Qué no entiendes? Digo que me entiende
la mínima razón si piensa sólo
que la forma deforma y se distiende

entre media mitad y un mismo polo
donde nace la luz, socava, hiende,
y su lengua cristal la dicta Apolo.

©JERÓNIMO CASTILLO, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


SOBRE LA ESPERANZA, Guillermo Fernández del Carpio, Arequipa, Perú

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SOBRE LA ESPERANZA

Sabe brotar como del mar la espuma,
vive en  la mismidad,
sabe soñar y hacernos soñar,
se adentra en el ánima con libertad.
La esperanza es tuya, mía, nuestra.
viene de Dios, viene de su bondad,
quizás de prisa, porque corre a la eternidad.
Ser apóstoles de esperanza,
ser de ellos, es faena que hay que tratar.
Ni la niebla, ni la asedia y el desánimo,
han logrado tal palabra apagar.
Es un grito del corazón, que afuera es calma,
yace en la potencia de una voz o en la belleza de un verso,
en la mirada del niño que quiere jugar,
en la ternura de unas viejas manos, cuya vida supo esperar.
Tiene la esperanza el anhelo que guarda todo hombre para vivir,
es virtud que ilumina todas las virtudes.

La extraño cuando mi corazón ha olvidado soñar,
la busco en cada alba, me quedo con ella cada tarde,
la necesito tener en medio del día mundanal,
quiero compartirla para hacer de ella eterna verdad.
Hermano, ella necesita de tus manos para dibujar en cada alma
algo de paz, alegría, quietud, silencio y bondad.
Me he sentado con ella esta tarde a conversar y los versos escritos
son aquellos que la esperanza sabe declamar.

©GUILLERMO FERNÁNDEZ DEL CARPIO, poeta y escritor peruano
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA




LA HISTORIA DEL PUNTO, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina


LA HISTORIA DEL PUNTO


             En el siglo III antes de Cristo, Aristófanes, el bibliotecario encargado de la Biblioteca de Alejandría, fue quien introdujo en la gramática el uso del punto (que inicialmente fueron tres, a los que llamó: comma, colon y periodus) buscando introducir con ellos pausas y entonaciones adecuadas en la lectura de los textos.
         Más tarde, en el siglo VII, el eclesiástico Isidoro de Sevilla, quien fuera arzobispo de esa ciudad y al que la iglesia católica canonizara tras su muerte, actualizó el sistema de Aristófanes relacionando, por primera vez en la historia y de forma explícita, la puntuación con el significado. A él le debemos la utilización de la coma y la del punto final.
        Vendrán después el punto y coma, los puntos suspensivos y los dos puntos.
         Y ya que hablamos del punto, vayamos ahora a la particular historia de otro punto: 





LA HISTORIA DE UN PUNTO

Esta es la historia de un punto
a quien desde la otra punta
de la línea fue otro punto
quien a punta de llamadas
puntillosa y puntualmente
lo empezó a tomar de punto.

Pero el punto ya cansado
cuando encontró al otro punto
y le halló su punto débil
poniendo punto a la cosa
sin más le calzó los puntos
al punto y como se debe.

Y así termina esta historia
en la que aquí muy puntual
sin comas ni punto y coma
y sin puntos suspensivos
le pongo punto final. 

©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

“Nueve puntos” – tango de Francisco Canaro
por el  Quinteto Pirincho

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HOMBRE DE LA HISTORIA ARGENTINA QUE DEBERÍA ESTAR EN EL BRONCE: ELPIDIO GONZÁLEZ, Carlos Penlas, Buenos Aires, Argentina







































ELPIDIO GONZÁLEZ, Aporte histórico de:

CARLOS PENELAS, poeta, escritor y periodista argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

Ítalo Calvino, otro grande de la literatura, Roberto Alifano, Buenos Aires, Argentina

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TRIBUNA

Ítalo Calvino, otro grande de la literatura
Aunque parezca un atrevimiento establecer otro canon entre escritores tan diversos, creo que es imposible imaginar la novela actual sin Henry James y William Faulkner, sin Joseph Conrad y Albert Camus, sin James Joyce y Virginia Woolf, sin Gabriel García Márquez y Vladimir Nabokof; también sin Italo Calvino, que instalado en el mundo de la ficción concibiera textos simbólicos que de un modo singular abarcan la fábula y la parábola. Debemos a él una obra atrapante y curiosa como es Il barone rampante (El barón rampante), que con un gozo casi infantil acabo de releer.
En esta sorprendente novela, Biaggio, el narrador, cuenta la historia de su hermano, el barón Cosimo Piovasco de Rondó, que a los 12 años, hastiado de su decadente familia de clase aristocrática, luego de una discusión con el padre, decide subirse a los árboles y amenaza no volver a pisar el suelo hasta su muerte; cumpliendo la promesa a pie juntillas. Es así que saltando de árbol en árbol el muchacho se las arregla para subsistir decorosamente y proyectarse hacia el mundo desde su incómoda posición; consigue comida mediante la caza de animales y también crea su propia ropa con las pieles que obtiene de ellos. Desde los árboles transita por grandes aventuras y gravita, en cierto modo, sobre la villa a la que pertenece; ni el amor ni la pasión, tampoco le son indiferentes. En sus aventuras, conoce a una niña llamada Viola de la cual estaría enamorado toda su vida. Cosimo recorre muchos lugares vecinos y lejanos debido a su gran agilidad para moverse sobre los árboles, además de procurarse amistades como la de un ladrón que era el más buscado de la región, al cual le facilita los libros que él lee. Desde esa posición conoce mucha gente de otros países, además de aprender idiomas, lo que se convierte en el gran hobby de su vida. Desde los árboles se enfrenta a piratas, vive con desterrados españoles y defiende los bosques de toda clase de depredadores, la mayoría humanos. La fábula, elogiada por Borges, a quien le leí algunos capítulos, es una de las más bellas y originales escritas en el siglo veinte. Lamentablemente, como era su intención, Borges no alcanzó a incorporarla a su biblioteca personal, que alcanzó a incluir a setenta de los cien autores proyectados.
Casi siempre impensada y sorprendente, la vida de cada hombre es una gran aventura. Italo Calvino nació en Santiago de las Vegas, un suburbio de La Habana, en la isla de Cuba. Mario, su padre, era un ingeniero agrónomo de San Remo, especializado en botánica tropical, que también enseñaba agricultura y floricultura, y emigró a México en 1909, donde ocupó un cargo importante en un Ministerio. En un ensayo autobiográfico, Calvino nos cuenta que su padre había sido anarquista en su juventud, seguidor de Kropotkin y luego un reformista, militante del socialismo, quien después de vivir la experiencia de la Revolución Mexicana, se estableció en Cuba. Buen lector de la Comedia de Dante, de ese padre revulsivo él heredó su pasión por la literatura.
Con una profesión muy afín a la de su esposo, su madre, Eva Mameli, era botánica y profesora universitaria. Había nacido en una familia secular, siendo educada en la “religión del deber cívico y la ciencia”.​ Eva le dio a Calvino su primer nombre Italo, bastante inusual, quizá para recordarle su herencia italiana, aunque después terminó creciendo en Italia. Durante su infancia, recibió una educación laica y antifascista, de acuerdo con la actitud de sus padres, que se proclamaban librepensadores. Para seguir en el sendero de ellos se matriculó en la facultad de agronomía de la Universidad de Turín, donde don Mario enseñaba agricultura tropical.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial le obligó a interrumpir sus estudios. En 1943, fue llamado al servicio militar por la República Social Italiana, pero desertó y junto a su hermano, se unió a las Brigadas Partisanas Garibaldi, mientras sus padres fueron retenidos como rehenes por los alemanes. Una vez acabada la guerra, se mudó a Turín, donde colaboró en algunos periódicos, y empezó sus estudios de Letras (se graduaría con una tesis sobre Joseph Conrad, el escritor por el que profesaba una casi devoción) y se afilió al Partido Comunista. Durante este período de su vida entró en contacto con Cesare Pavese, quien hizo que fuese contratado por la editorial Einaudi. El ambiente de la casa editora fue fundamental en la formación cultural de Calvino. Ya en 1947 publicó su primera novela: Il sentiero dei nidi di ragno (El sendero de los nidos de arañas), basada en sus experiencias como partisano. En 1949, dio a la imprenta su volumen de cuentos Último viene il corvo (Por último el cuervo). Las dos obras fueron escritas dentro de la estética del neorrealismo italiano, a pesar de que la primera tiene un tono de fábula. De esta época, también con temática neorrealista y obrera, y con influencias visibles de Pavese, es la novela inconclusa que se tendría que haber titulado I giovani del Po (Los jóvenes del Po). Calvino buscaba entonces una escritura objetiva e intentaba definir la condición del hombre de nuestra época.
En 1952, siguiendo el consejo de su amigo, el novelista y traductor Elio Vittorini, se alejó de la literatura realista con tendencia social y picaresca para dedicarse a una especie de narración fantástica, pero que podía ser leída en diferentes niveles interpretativos. Por esa época publicó la trilogía llamada I nostri antenati (Nuestros antepasados), una representación alegórica del hombre contemporáneo. De ella forman parte tres novelas: Il visconte dimezzato (El vizconde demediado), Il barone rampante (El barón rampante) y Il cavaliere inesistente (El caballero inexistente). La segunda, sin duda la más famosa, es fruto de la decepción ideológica del autor que, tras la invasión de Hungría por la URSS en 1956, había abandonado el Partido Comunista Italiano y apartado del compromiso político.
En 1963 publicó La giornata d'uno scrutatore (La jornada de un interventor electoral), un libro que, de alguna manera, apareció fuera de lugar y a destiempo, aunque cautivó a miles de lectores. Mientras el llamado Gruppo 63, del que formaba parte proponía textos rupturistas, Calvino publicó cuentos y un texto que era todo lo contrario a los ideales neo-vanguardistas del citado grupo, Il castello dei destini incrociati (El castillo de los destinos cruzados). Un año después publicó Marcovaldo, ovvero le stagioni in città (Marcovaldo), una recopilación de fábulas modernas en las cuales se evidencia el contraste entre naturaleza y progreso.
En 1964 hizo un viaje a Cuba que le permitió visitar la casa donde había vivido con sus padres y realizar diversos encuentros, uno de los cuales fue con Ernesto “Che” Guevara, de quien dejó un magnífico testimonio. Ese mismo año, en La Habana, se casó con la argentina Esther Judit Singer, “Chichita”, a quien había conocido en París, y Juntos se irían a vivir a Roma, donde nacería su hija Giovanna.
Lo visité algunas veces en Roma y tengo en lo personal un recuerdo entrañable de Italo Calvino y de su esposa. Conservo con devoción sus libros que cariñosamente me dedicara. En uno de los viajes que realizaron a la Argentina, invitados por la Feria del Libro, cené con ellos en casa de Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares. Italo y “Chichita” querían escuchar tangos y yo me ofrecí, luego de la cena para llevarlos a un sitio de privilegio de Buenos Aires, el entonces famoso Caño 14, donde la figura central era Aníbal Troilo con su orquesta. Fue una noche gloriosa. El maestro Troilo agasajó a los invitados dedicándoles los tangos más notables de su repertorio. Italo y “Chichita” se quedaron encantados.
Italo Giovanni Calvino Mameli nació el 15 de octubre de 1923 en Santiago de Las Vegas, provincia de La Habana, y murió el 19 de septiembre de 1985 a los 61 años en Siena, una ciudad de la región de la Toscana, donde pasaba sus vacaciones.

©ROBERTO ALIFANO, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE SOLAPO ARGENTINA