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sábado, 23 de marzo de 2019

CARTILLA PROFESIONAL, Favio Ceballos, Granadero Baigorria, Santa Fe, Argentina

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CARTILLA PROFESIONAL

    a vos, para cuando la oscuridad, la ignorancia o la tristeza te visiten,  consulta a estos profesionales:
aceptan todas las tarjetas de crédito y Obras sociales.


Doctor en vida propia
Experto en amaneceres
Abogado de perros
Inspector de estrellas
Jardinero de almas
Capitán de libros
Presidente de pajaritos
Barrendero de tristura
Director de vientos
Sembrador Honoris Causa de margaritas
Cocinero veterano de Sueños
Soldado de la desobediencia
General de un solo náufrago
Historiador de gotas de lluvia
Médico de tu ausencia
Filósofo de la ignorancia
Sabio de la Nada
Costurero de almas
Partero de verbos
Piloto de tu vuelo
Profeta por nacer
Maestro desaparecido
Hipnotizador de piedras...ciegas
Pastor de nubes
Cura Párroco de pesadillas
Cazador de olvidos

Predicador mudo itinerante de palmeras de la Unescoco
Padre de tu sonrisa
Madre del llanto
Anestesista de la ambición
Rector guía del laberinto
Vendedor ambulante de galaxias
Peluquero de Talón y codo
Dentista de caracoles
Vigía del 5to sueño
Paracaidista agorafobico.
Fundador de la Orden del pepino y el rabanito.

PD.  Del libro "Ingenio y humor"

©FAVIO CEBALLOS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



LO HE SENTIDO A TRAVÉS DE LA VENTANA, Salomé Moltó, Alcoy, Alicante, España

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LO HE SENTIDO A TRAVÉS DE LA VENTANA


         He entrado lentamente en el edificio observando el pequeño parque y su jardín alrededor. Me he convencido que los residentes pasarán largos ratos paseando y disfrutando del sol y de las plantas. Así se lo he hecho notar a mi amiga después, cuando volvía a ver aquel lugar a través de la ventana de su habitación.  Su negativa a mirar, a no querer ver ni el parque, ni el jardín ni la calle, me han hecho mucho pensar.
         El edificio es moderno bien cuidado y asistido por personal docente y competente. Es mi impresión, quizás equivocada, quizás no. Mirar el paisaje es una cosa, observar el paisanaje muy otra.
         Es, como se dice ahora eufemísticamente, un “centro de acogida para la tercera edad”. Las habitaciones limpias, ordenadas, con asistencia médica, cuidados paliativos, etc. En fin, cuanto se pueda desear para las personas mayores, en una sociedad lúdica, consumista y superficial que unos gozan y muchos padecen. Pero. ¿Qué más se puede pedir? ¿Qué más se puede hacer para las personas ancianas con el fin de que puedan acabar sus días lo más dignamente posible?
         Nada más y nada menos que lo más importante “La Libertad, la creatividad, la sociabilidad” que ya no tienen o que siente que han perdido o les han arrebatado.
         Tal vez sea cuestión de adaptabilidad, o quizás de cariño o, ¡qué sé yo!, hay algo en el ambiente que deprime. Ese hombre que grita desgarradamente porque no ha venido hoy un familiar a verlo, o quizás si vino, pero que ya no se acuerda. Esa anciana con las piernas llenas de llagas que la traen a su habitación después de las curas y no sabe muy bien en que puerta entrar. Aquel hombre de fuerte personalidad que no soporta tener que usar una silla de ruedas empujada por una asistenta cansada de una dura jornada, a la que increpa porque le duele tanto el cuerpo como el orgullo y el alma.
         Y así cada persona con todo su bagaje de enfermedades, minusvalías, desencantos y ansiedades. Y como angustia más demoledora, la soledad. La soledad es el sentimiento común a todos los residentes. No se sientes queridos, sino, ya como un objeto inservible, se ven arrinconados, enfermos, abandonados. Aunque muchas veces no es verdad. La juventud tiene que trabajar, vivir su vida y hacer frente a sus problemas. La vejez a los suyos. La primera observa el porvenir como una extensión inmensa que abocará en la vejez, si se vive lo suficiente, pero queda lejana. La gente mayor la vive y la sufre al día a día. Renunciar a lo que se ha sido, a lo que se ha podido hacer, es muy duro, y aceptar la dura realidad del hoy, mucho más, por mucha ayuda que se pueda tener.
         A pesar de exhalar un suspiro de desencanto mi amiga, hoy postrada en una silla de ruedas, no ha perdido la firmeza de su mirada, ni la blancura de sus cabellos que tanto la ennoblecen.
         Ya sus manos no podrán dibujar aquellos hermosos cuadros, un ligero temblor se lo impide. Es el corazón que sufre y las artistas que se rebelan. Por eso no quiere mirar a través de la ventana ese hermoso parque, ni tampoco la calle por la que no puede deambular.
         A Alcoy, tan nutrido desde siempre de buenos artistas, llegó una pintora andaluza, una excelente dibujante, una creadora nata.  Llamó a un grupo de mujeres inquietas para participar en su revista y pocas se negaron a colaborar en su obra. Así tanto en poesía como en prosa y con sus hermosos dibujos, sus libros y sus revistas son el exponente máximo de una indómita mujer.  Incansable empuja a la gente a crear y sacar desde lo más hondo esa parte artística que cada uno/a llevamos dentro, porque crear es amar y   amar es vivir.
         Rosa Lluc, su amiga nos lo hace sentir a través de un libro de poemas precioso que ha publicado empujado por la incansable tarea de esta noble mujer que es Rodovi.
Cuando salimos por el pasillo me vuelvo a observar a esta maravillosa mujer que crea tanto como se rebela y creo ver una lágrima que asoma a sus ojos negros, esos ojos de artista que no quieren mirar por la ventana porque llevan más arte dentro del que pueden ver fuera. Le he prometido volver.

©SALOMÉ MOLTÓ, poeta y escritora española
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
                                                                                             


MENDIGO, Adrián Néstor Escudero, Santa Fe, Argentina




MENDIGO


A los herederos del cielo (“Ahondar más, ahondar más: sólo cuando seas lo suficientemente humilde, serás santo”). En especial, a los que saben ver con los ojos del alma...

Con gran afecto cuaresmal, crístico, mariano y josefino, y en los albores del otoño santafesino (2019)…



“Somos Mendigos de Dios” – P. L. Castellani (1899-1981).



Hoy he visto un pedazo de Dios arrojado a la vereda.
Sobre Obispo Gelabert, casi Urquiza; no tan lejos de Baterías “Parpal”. Bajo la sombra egregia de la cúpula agustino recoleta, proyectada como un ángel ciego desde calle Santiago del Estero hasta el lugar del hecho.
He visto también, en la penumbra de los muros contiguos a los míos, a dos figuras moviéndose con temor en derredor de aquel despojo oscuro.
Veintiuna horas de un domingo de otoño. Y ni siquiera las (vencidas) hojas del pequeño árbol que emerge solaz como un paraguas nocturno frente a la casa, pudieron contener el golpe.
Al lado del cuerpo yacente, un carrito de miserias detenido en el tiempo.
He visto a la enfermera vecina desesperarse ante la posibilidad de que el linyera hubiera muerto: la sangre le surcaba el rostro. El alcohol lo había estrellado abruptamente contra la pared y le había dejado allí, inmóvil, como muerto, abandonado...
Aún respira, le sentí decir. Ajá, asintió su esposo, curvado hacia el bulto inconsciente. Yo (que había avanzado unos tímidos pasos hacia el extraño desconocido) dije, sí: está vivo.
Puede ser peligroso, alertó ella. Sí, asintió su esposo. Está muy borracho, completé (por decir algo). Tengamos cuidado. Puede despertar y no sabemos cómo reaccionará, previno la enfermera. Qué macana, dijo su marido. ¿Qué hacemos entonces?, pregunté.

He visto a algunos coches y colectivos pasar de largo cortando en fracciones el silencio de esa noche alunada. Pero no he visto a otros vecinos por el lugar. Hora de la cena, claro. El oratorio de enfrente y sus laicas consagradas, duermen también su virginidad católica, apostólica y romana. La quietud del barrio es asombrosa.
He pedido a la enfermera y a su marido que, por favor, me dejaran solo con ese Cristo roto. Que se fueran tranquilos. Que yo me las arreglaría cuando... Sí, dijeron. Y desaparecieron rápido cruzando la calle y doblando la esquina noreste del Kiosko “El Bunker” en dirección al Restaurante “Tuyú”.
He vuelto ahora a entrar a la casa. Le he hecho el comentario a mi señora. Ella, repasador en mano, me ha aconsejado llamar al comando policial. He marcado el 101 y me han dicho que vienen para acá.

… Treinta minutos. El mendigo sigue como en estado de coma y la policía no ha venido. He insistido con ellos. Pero ellos no vendrán. Nunca vienen. Por eso he salido nuevamente a la puerta de calle y me he parado al lado del pobre hombre caído, casi despenado.

De pronto, se ha movido... ¡Hip!
Le he perdido un poco el miedo al verle la cara de muchacho.
La barba le ha inventado años, pero es muy joven. Veinticinco, he calculado. Y se mueve. Mueve la cabeza. El golpe contra el muro vecino le ha abierto un cauce sangriento que tiende a cesar. ¡Hip!

Le he visto girar los ojos, perdidos, enturbiados quizás por un doble efecto: el del dolor y de la obnubilación. El alcohol le ha asestado un duro traspié. Le ha trenzado unas huellas patinosas tras el derrumbe contra la pared. ¡Hip!
¿Qué hacer?

Le he extendido mi mano y la ha rechazado en tanto balbucea…
Balbucea: puedo solo, verá, puedo solo. ¡Hip! Y lo he dejado levantarse como puede. Ha logrado, al fin, ponerse de pie trastabillando una y otra vez, hasta alcanzar un precario equilibrio. En sus espaldas, cuelga una verde mochila, donde –con seguridad- guarda cosas de íntima necesidad.

He notado su mirada comprensiva, pero no habla. Ha extraído un pañuelo del mugroso pantalón negro con el que seca la sangre de su rostro atormentado. Se golpeó feo, usted, digo. Sí, responde. ¡Hip! Ahora, ya está. Me voy. ¿Pero cómo va a hacer para irse?; puedo llamar al COBEM. No, no, al COBEM, no, ruega. No los moleste, puedo solo, verá, puedo solo. ¡Hip! Y tambalea torpemente. Apoyo su brazo trémulo sobre el carro de miserias y me dice otra vez: ahora me voy. Me voy para casa. ¿Pero adónde? ¿Dónde queda?, pregunto. Barrio Santa Rosa de Lima, contesta. Me voy, che... ¡Hip!

Le he suplicado que espere un poco más, hasta aclarar la nebulosa galaxia que gira en su cabeza. Le explico que es peligroso en su estado andar por ahí, que mejor llamo al COBEM. Al COBEM no, se enoja. Puedo solo; verá, puedo solo, che. ¡Hip! Ha vuelto a tomar su pañuelo y se restriega con cuidado las sienes heridas. Es una piltrafa, el pibe. La camisa –alguna vez blanca- se ennegrece por la noche y la mugre que la tiñe…

He visto a mi señora entonces asomar a la puerta. Como a dos pasos de la escena. La observo preocupada y luego, entrar de súbito a la casa. ¿Qué pasó?, me escucho preguntar. Me caí, parece, dice el muchacho. ¡Hip! Y aclara: Yo venía bien con el carrito y me caí, parece. ¡Hip! Hoy tomé alcohol; y me hace mal, aunque me gusta mucho. Antes no me gustaba. No me gustaba nada. ¡Hip! Ahora me ayuda. Me olvido de todo. No sufro. Estoy cansado de sufrir, ¿sabe? Me olvido de todo. Pero hoy no pude olvidarme de todo. ¡Hip!: hoy recordé lo del viejo monasterio y la huida hacia el monte. Tenía como 23 y me gustaba la oración; orar por las almas en pena. Porque el Maestro era mi amigo; mi verdadero amigo. Como mi sombra, ¿vió? Yo les hablaba de Él y ellos me buscaban. A toda hora, me buscaban. Pero me aturdían, che. De todos lados, venían. ¡Hip! Y me lastimaban mucho con sus sufrimientos, más que el alcohol; pero sin querer, ¿sabe?, y yo sentía que no podía ayudarlos tanto como querían… Un día le dije que no aguantaba más, que lo dejaba en sus manos. ¡Hip! Que yo me iba arriba, sobre una columna de rocas que me había construido para estar en penitencia, por ellos y por mí; porque era un flojo para sufrir y verlos sufrir así. Y en la columna estaba bien, de pie o de rodillas, de noche o de día, con frío o calor; y Él aceptó: me dijo que me quedara tranquilo. Que Él se haría cargo. Y me quedé arriba. ¿vió?. ¡Hip! Arriba podía orar y predicar tranquilo. Él me acostumbró a dormir poco y a comer una vez por semana, y muchas personas se amigaron con Él, a causa de su Palabra en mí: y yo estaba feliz. En aquel momento, yo era feliz. ¡Hip!... Cerca de los 70 vino a buscarme: yo estaba dormido, como hace un rato, como muerto, arriba, en la columna donde dormía también el silencio (mi verdadera sombra): sí, porque en aquellos tiempos -¡Hip!- no había tanto ruido ni de autos ni de ómnibus como ahora...

… Y he sentido reavivar el estupor de un grito ahogado ante aquel alegato irrefrenable: ¡Dios!, exclamo: ¿San Simeón estilita? Pero... ¿Cómo es posible...? ¡Año 450 d.c.! Eso fue en... Sisan, Cilicia, cerca de Tarso, donde nació Saulo, san Pablo. Y he gritado al barrio, también yo ahora turbado y confundido: ¿qué pasa acá? Y le exijo revelarse: ¿Quién sos, pibe?, digo, realmente; y le sacudo como a un joven pastor de ovejas, a quien la Palabra del Evangelio de san Mateo en su capítulo 5, introdujo de joven -con 15 años apenas- a la vida monacal en busca de santidad. Pero no se altera y vuelve a insistir: ahora, tengo que volver a casa. Mi casa. Volver a casa ¡Hip! Sí, me voy, insiste. No puede retenerme. Nadie puede hacerlo. Anonadado, sólo atino tontamente a preguntarle: ¿Y…, juntaste algo…? Sí, responde manso y humilde de corazón: cartón, botellas, un pedazo de carne, pan, galletas, un velador roto (yo lo arreglo, yo sé arreglar cosas): son para mi mami. ¡Hip!, y se estremece quien supo de memoria los 150 salmos de la Biblia y de rezarlos a 21 por día; aquel que inventara el “cilicio” o cuerda espinosa para ceñir la cintura y hacer penitencia, y que, en su extrema capacidad de mortificación, se alejó del monasterio que lo había acogido y se fue a vivir primero dentro de una seca cisterna, abandonada, dando comienzo a una experiencia que sostendría durante su larga vida: pasar, como su Maestro, 40 días y noches en el desierto imperial de cuaresma sin comer ni beber…

… Porque yo no soy como mi hermano, el Caín, sentencia. El roba. Yo no robo. Junto cosas para mi mami. ¡Hip! Toco timbre, tic, y espero. Toco timbre, tic, y espero. Pero no robo: digo, señora, ¿tendría un poco de carne para comer, o lo que quiera darme...; y espero. Yo no entro a ninguna casa. ¡Hip! Toco timbre, tic, y espero. Pero mi hermano roba. Yo no. Esto es para mi mami. Porque yo al “otro” lo odio, es vivo… Y el Maestro me reta: dice que así no sirve, Simeón, el Abel. Que si tengo odio no sirve. Pero qué quiere. Si llego -y llora como un niño- y el “otro” se agarra todo. Y yo lo junto para mi mami. ¡Hip! Pero él se aprovecha, le pega y se agarra todo. A mí no me pega. A la mami, le pega. Un día lo mato. Lo mato, ¡le juro!... ¡Hip! Pero el Maestro se enoja conmigo. Y me asusta también cuando se enoja, ¿sabe? Pero es que me duele lo que el “otro” hace con mi mami... ¡Hip!
Y vuelve a limpiarse lágrimas y sangre con el pañuelo, quien, refugiado luego de la cisterna en una absurda cueva, hubo de encadenarse a una roca solitaria para evitar la tentación de volver a la ciudad; aquel, en fin, que consultado desde todos los países vecinos, para no distraer su vida de continua oración y penitencia, construyó una columna, de 3, 7, y 17 metros de altura, sucesivamente, donde pasó como el Emmanuel sus últimos 36 o 37 años de vida, al sol, al agua y al viento, predicando, corrigiendo, suplicando, mediando y convirtiendo a las gentes que acudían en su ayuda...

Entretanto, mi señora, que ha regresado a colaborar conmigo, le ha dado un poco de naranja fresca y algunos alimentos. Gracias, le dice. Yo no robo. Toco timbre, tic, y espero. Me voy, remarca. ¡Hip! E intenta, con tozudez, maniobrar el penoso carrito, entorpecido por la verde mochila aferrada a sus espaldas. Hermano, le digo, con cuidado, si te vas, andá por el borde de la calle, no subás a la vereda, siempre por la derecha y para allá; allá está la cancha del Club Unión, ¿entendés? ¿Sí? ¿Seguro? ¿Por qué no me dejas llamar al COBEM?; son muy gauchos. Te arriman hasta el barrio. Yo no te veo muy bien que digamos todavía. No, no, yo me voy con la mami... Y hoy el “otro” no le quita nada... No le quita nada... Ya va a ver... No le quita -¡Hip!- nada... ¡Hip! Y se va. Se va y no puedo creer haber sido su testigo…

Entonces, dejo mis dudas de lado. Sabedor de que un párrafo equívoco bien podría alimentar de mitos la historia de su heroica vida escrita por Teodoreto, Obispo de Ciro, dejo mi orgullo de lado y me juro permitir a Dios seguir escribiendo derecho con líneas torcidas... Por eso, antes de que su maltrecha figura me muestre su encorvada espalda, recuerdo que, desde la fecha de su muerte, 5 de enero de 459, un gran monasterio para monjes recoletos emerge aún hoy donde fuera su columna de virtud y santidad... Y las descubro.

Entonces, las descubro. Advierto asombrado las tres pesadas bolsas que cuelgan de la parte anterior de su mochila mendicante y cóncavas vértebras; de seguro ocultas bajo su cuerpo cuando yacía volcado en el suelo como su carro de miserias. No eran muy grandes las bolsas; pero estaban henchidas. He debido estar alucinado para leer en ellas las inscripciones tristeza, soberbia y avaricia. También he debido haber exagerado al reconocer en este hombre a un santo redivivo de la antigüedad, que, a la par de cosechar galletas y pedazos de pan o frutas, recogía del alma de cada hombre que extendía su mano desprendida hacia él, un pedazo de aquellas tres oscuridades que apagaban en el corazón humano las luces de la alegría, la humildad y la generosidad...

Sí, creo que esta noche he sufrido una visión extraña: la de comprender, en ese Cristo roto, cuan mendigos de Dios somos todos en todos. Por eso rezaré un Padrenuestro y le ofreceré esta lágrima que me lastima el orgullo de tenerlo… casi todo.-

©ADRIÁN NÉSTOR ESCUDERO, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


SALUDO DE ASOLAPO EN EL DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA, Luz Samanez Paz, Cusco, Perú



















SALUDO DE ASOLAPO EN EL DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA

POR LUZ SAMANEZ PAZ, PRESIDENTA DE ASOLAPO INTERNACIONAL

El Consejo Directivo de la Asociación Latinoamericana de Poetas, Escritores i Artistas, ASOLAPO Internacional, saluda a todos los poetas, en el DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA.

Cuánto cielo llevamos los POETAS en nuestra alma, cuando en nuestro corazón, va engarzada la UNIÓN, el AMOR i la PAZ, que transforma toda la TIERRA en CIELO. Verdad que la POESÍA, nos lleva a vivir en las nubes i en pleno azul...

El mensaje que les dejo en este DÍA, en mi calidad de Presidenta de ASOLAPO INTERNACIONAL, es hacer que todas las banderas flameen, llenas de fe, de fuerza, de unión i paz, que debe hacer estremecer a nuestro gran CONTINENTE, como una conciencia viva de trabajo i esperanza, que con canciones de dulzura i de coraje, nosotros los poetas, hacemos la PATRIA AZUL, para izar en ella nuestra BANDERA DE LA HERMANDAD i pregonar a la AMÉRICA i al MUNDO, que está unida por los VATES, que brindan a la vida la flor de sus poemas, que son FLORES de su CORAZÓN.

Saludamos a los POETAS, porque por su presencia i participación vibra el alma, lo sensitivo de nuestras CULTURAS, unidas por el VERSO.
Recordemos que el POETA, tiene la fuerza creadora del lenguaje, testimonia la creación del hombre por el hombre. El POETA, es quien expresa con palabras, la parte secreta i profunda del hombre.

Adelante POETAS, esperanza de todas las PATRIAS. Las BANDERAS DE INDO AMÉRICA, se unifican por el gran Pendón Latinoamericano, porque por nuestras VOCES, hablarán nuestras RAZAS, porque tenemos la seguridad que en nuestros pechos la POESÍA, será TEA ENCENDIDA, como una corriente que viniendo desde nuestra sangre, se internará en nuestras VIDAS, convirtiéndose en nuestro CANTO DE ESPERANZA, por la UNIÓN de nuestros PUEBLOS.



ASÍ, SOMOS LO POETAS

LUZ SAMANEZ PAZ, Presidenta de ASOLAPO Internacional

Sigo por la ruta de mis sueños de poetisa, enamorada de mi ARTE, trazan como si fueran extraños arabescos, pero plenos de ilusión, de esperanza, de luz i de sol. Me encuentro en medio del cielo, en un vaporoso Trono formado por las nubes i tachonado de chask´as. Me siento ahita de aire, mientras que los luceros ensayan hermosas danzas a mi alrededor i me mecen suavemente, las brisas que se elevan del mar. Desde la altura a donde me han llevado mis ensueños. Comprendo lo pasajero de la vida, la uniformidad hiriente de los elogios, la grandeza eterna del alma pura. Yo misma, me digo "Soy Poetisa" i esas frases me hacen sentir, como una diosa. En realidad pienso, que los POETAS, son pequeños dioses, porque ellos dan sentido a la existencia i pintan de esplendor a la naturaleza humana. ¡Qué hermoso es sentirse así! No quisiera nunca despertar, encerrarme en mis ilusiones i vivir así, para siempre, sin pensar ni en el principio, ni en el fin, aunque la majestuosidad del mar, me hace pensar que quizá yo nací Sirena, por eso no comprendo la maldad.


Nací como nace una Sirena
en el fondo del mar,
nadie me puede quitar
aquello que DIOS me dio,
lo que al mundo traje yo.

Mi gloria es vivir libre
como las aves del cielo,
yo hago en el trébol mi cama
i me cubren las chask´as.

El cielo ostenta una limpidez de diamante,
estoy ebria de mar i de olas,
traigo los labios frescos de ñujch´us rojos
i el rostro radiante como la killa morena.

Mi cabeza está repleta de recuerdos,
de pedazos de cristal i lámparas rotas,
para hacerlo florecer en mis poemas...
porque para los POETAS,
viven todas las cosas bajo el cielo.

El POETA es un pequeño dios,
porque está en el cielo de los VERSOS,
porque crea mundos nuevos...
Mis sueños se alejan como barcos,
sobre las olas de la inmensidad del mar.

Una chask´a secreta es mi corazón
i un cheq´ollo ebrio que aletea, es mi alma,
como esos caracoles que van a formar islas,
sigo los ñujch´us i me pierdo en el tiempo
de la soledad infinita i sigo mis huellas
i me pierdo en la negra noche
o en el alba como un vuelo de urpis.

I los VERSOS me van brotando,
como el agua de un puquio;
con mi guitarra en la mano,
me pongo alegre a cantar.

LA POESÍA

LUZ SAMANEZ PAZ

POESÍA, luz
semilla del pensamiento
en las manos del cósmico labriego,
sobre los surcos de la VÍA LÁCTEA
del sentimiento AMERICANO.

Que recorre
los espacios siderales del cerebro,
fruteciendo el "estro poético",
desde sus mismas raíces.

Principio o fin de la esperanza,
del HOMBRE LATINOAMERICANO,
en la inmensidad del alma
el enigma de la SABIDURÍA,
que acompasa vibrantes imágenes
de coordinadas de oro.

Que vela por la perduración del VERSO,
en el radiante corazón de la ETERNIDAD,
de la más auténtica POESÍA,
que esculpe en la Historia de los Siglos,
la grandeza del POETA.

Torrente de AMOR
que viene del vientre de la MADRE,
tornándose en el primer llanto del NIÑO,
incendiando de ternura i esperanza,
en hogueras de VIDA i ALEGRÍA.

Misterio para interpretar
la POESÍA INMORTAL,
que despliega sus alas de TRIUNFO.

POESÍA en mi sangre
i en mi pensamiento,
que palpita en el silencio
de la lágrima vital del INTI.

POESÍA, que despierta la JUSTICIA SOCIAL,
de este Continente de Ternura,
tendiente a vigorizar
su espíritu de supervivencia.

POESÍA, linaje AMERICANO
i del MUNDO,
tan humana en las cuerdas
de la GUITARRA de la LIBERTAD.

POESÍA, que tiende sus azules puentes
por donde pasarán,
los POETAS del FUTURO.


EL POETA

LUZ SAMANEZ PAZ

En una noche enferma
de profunda soledad,
cuando la bella luna
con toda unción,
brindaba su pálida oración
al infinito...

El poeta que iba tan solo
i tan callado,
bajo la noche negra...
como una sombra más ,
en el paisaje triste.

I con el alma puesta en cruz,
por el recuerdo...
Iba i venía,
sin detenerse en ningún punto,
buscaba, sin buscar nada.

Tal vez era un loco inmerso,
sacado de la esencia
de la misma noche,
para ser una sombra i nada más.

El poeta iba...
como una sombra más,
en medio del paisaje.







sábado, 16 de marzo de 2019

… Y SE HIZO EL MILAGRO, Delia Checa, Mendoza, Argentina

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Imagen de: revistaenfoque.com.co



… Y SE HIZO EL MILAGRO

Estabas ahí y no te veía…
hasta que descubrí
tu llama cegadora,
incorruptible.
Durante siglos seguí
incansable un rastro de luz
que a ti me conducía.
Hallarte fue disfrutar
de la magia a puñados
y desechar por inútiles
los calendarios y horizontes.
Me embarqué
en una aurora inesperada
donde lo sobrenatural
era la rutina del día.
¡Increíble mundo sutil
de dos seres amándose!

Contigo vivo
en las alturas…
sin nada,
tu vivir me basta.

©DELIA CHECA, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



Entre Dante y Pessoa el recuerdo de Ángel Crespo, Roberto Alifano, Buenos Aires, Argentina





Entre Dante y Pessoa el recuerdo de Ángel Crespo

Ya en sus remotos tiempos el filósofo presocrático Anaxágoras conjeturaba que “todo está en todo”. Es cierto. Muy especialmente en estos días en que la cibernética hace que nos movamos como peces en el agua (o demonios entre nubes), por este achicado espacio donde todo parece al alcance de todos. Lo cual, a través de una paradoja inevitable, puede también significar que acaso “nada está en nada”, debido a que todo es más frágil y resignado; además de menos estético. Hoy, con dos ágiles dedos y una diminuta pantalla entre manos, doblegamos un mundo a nuestro alcance. Si agregamos, además, una cuota de imaginación, este devaneo que es la vida contemporánea se puede transformar en una deslumbrante fantasía muy afín a Poe, Bradbury o Lovecraft.
Entre tantas placenteras cosas a nuestro alcance que nos brinda la informática, nos es posible entregarnos a los viajes con menos gozo que temeridad. También hoy, superando a la bruja de Tolima, de un modo casi lúdico, sentados confortablemente en nuestras reclinables poltronas, volamos con destreza por el fabuloso mundo de internet. Y este mundo nos depara sorpresas. A veces muy agradables sorpresas, porque no todo es desazón ni desconcierto en esta cotidiana y alucinante viña del Señor.
De manera insólita, mientras navegaba por la Web, cosa que todo curioso tiene a disposición gratuitamente en estos generosos tiempos, me entero de que el novelista japonés Kensaburo Oe, premio Nobel de Literatura en 1994, es un devoto lector de Dante Alighieri, al que ha traducido y dedicado muchas páginas de su interesante obra. Confieso que me resultó asombroso, a la vez que reconfortante, descubrir de pronto que un oriental nos cuente la historia de ciertos sucesos acaecidos desde antes de su entrada a la universidad hasta los ulteriores años como celebridad literaria. Y aquí viene lo asombroso, pues nuestro escritor se vale para ello de una plataforma de fondo que es nada menos que la Divina Comedia. Lo cual es otra muestra de que “todo puede estar en todo”.
Comprobamos así que la vida y obra de Dante, como también la de los grandes poetas, tiene influencia decisiva en la construcción estética no solo de la identidad occidental, sino también de la oriental y que se proyecta en toda la cultura moderna. Pero Kensaburo Oe va más allá en su análisis, y lo hace en coincidencia con un argentino y un español, abarcando también lo entrañable y emocional, y aportando nuevos puntos de vista. Un estímulo para todos los fieles lectores de la Divina Comedia, entre los que humildemente me cuento.
Al decir un argentino, me refiero al curioso Borges, que dedicó diez pacientes años a las diversas lecturas de la obra de Dante, cuando viajaba ciudadanamente en un tranvía hasta la biblioteca de barrio en la que trabajaba; el español, fue otro poeta y erudito llamado Ángel Crespo, uno de los más rigurosos traductores de la Comedia. Crespo era manchego, nacido en Ciudad Real, en 1926, licenciado en derecho y filosofía, y doctorado en filología románica en Madrid, con una tesis admirable y reveladora sobre El moro expósito, del sugestivo Duque de Rivas.
Como tantos otros, este poeta y estudioso, agobiado por el régimen franquista, en la década del ‘60, emigró de España y se radicó en Puerto Rico, donde fue un valorado catedrático de la Universidad. Notable estudioso de la literatura italiana, como también de la portuguesa, Crespo dedicó buena parte de su tiempo al estudio de Dante Alighieri y vertió al español la Divina Comedia, en verso rimado y acompañada de un riguroso análisis de las circunstancias, mitos y personajes que la pueblan; por esa misma época realizó un trabajo sobre el Cancionero de Francesco Petrarca, al que también trajo a nuestro idioma, recibiendo dos veces el Premio Nacional de traducción. Otro tanto hizo con su también venerado Fernando Pessoa, al que tradujo y dedicó una biografía y brillantes ensayos.
Tuve la felicidad de conocer a Ángel Crespo en un viajé que hice a Puerto Rico para participar de un encuentro literario, donde no sólo coincidimos en mesas universitarias, sino además en desayunos en los que conversamos como viejos amigos sobre los poetas que nos unían y por los que ambos sentíamos devoción; a la vez que fueron puentes para unirnos de inmediato. Siempre es gratificante encontrar a los que aman las mismas cosas que amamos. Fue así que durante la semana que permanecí en Puerto Rico, acompañados algunas veces por Pilar Gómez Bedate, su esposa, en la cafetería de la universidad, solíamos prolongar por largo rato nuestra conversación.
Exquisito y empecinado fumador de pipa, envuelto en el humo de aromáticos tabacos, especial conversador y con agudo sentido del humor, era siempre un regalo para el alma compartir aquella mesa tempranera con aquel Ángel asombroso, cabalmente entrañable y paciente, brillante e irrepetible. Desde ese momento nunca dejamos de hacernos señales de amistad en cualquier sitio que nos encontráramos. Me enteré luego que de regreso a España, en 1995, el corazón le jugó una mala pasada y dejó este mundo para sumarse a los más.
Pero Ángel Crespo no fue solo un generoso traductor, maestro de literaturas y divulgador, sino también un magnífico poeta, dueño de una obra que no se adscribe fácilmente a ninguna tendencia, con un lirismo contenido, que va allá de cualquier clasificación profesoral:
Para ignorar, hay que vivir.
Las manos ya se niegan
al testimonio de los días
y las noches paradas.

Maduras
pero todavía no asoman,
amargos, los gajos abiertos
que oculta tu temor.
Aún no ignoras bastante.
Temes el vuelo de ese pájaro
obstinado.
¿Transcurren, pues, las estaciones
o eres tú, tan absorto, el tiempo?
Sabes ya que la lluvia
no importa, que nada vale el plazo
de la espera.
Lo sabes
e ignorar es el alimento
del hombre -el de esta brisa
que no se sabe aire.

Originales y sorpresivos, sus versos, como se ve, cuentan con una rica sonoridad, propia de quien posee un oído musical excepcional; resulta además imaginativo y onírico. Emplea un rico simbolismo y se alimenta de materiales que incluyen lo biográfico, lo cotidiano, la tradición cultural y lo mítico, donde se da también la busca de un modo de conocimiento de lo sagrado, siempre misterioso, desde el interior del lenguaje, con una filosofía implícita. El poema Ofrendas es otra exquisita muestra de su admirable manejo de las palabras:

En cada mano, el mundo deja
aquello que no tiene su medida:
lo que pesa demás, lo que es ardiente
en exceso -pues nadie
que tenga un alma puede
impasible aguardar como la estrella.
No es que no tenga luz, pero sus rayos
deben llegar a donde no ilumina
el fuego general -al subterráneo
de cada vida, al breve paraíso
que brota de su sed como un relámpago.

Ángel Crespo enfrentó a veces las limitaciones del lenguaje para expresar una realidad intuida más allá de él mismo y mediante procesos de simbolización que trascienden lo arbitrario y convencional del signo literario; se nota en sus versos la concepción de una realidad, que a través de la metáfora, progresivamente se vuelve más amplia y personal. Poeta además de lo natural y lo emotivo, no es aventurado afirmar que su voz sigue perdurando entre los primeros aedos de su generación. Diríase que nuestro amigo (a la manera de aquel Próspero, que en cierta famosa comedia renuncia al arte de la magia) renuncia a la tediosa retórica y vuelven a lo natural que nos rodea, la sombra, la luz, los espejos. En Las sombras van cayendo como un regalo de los dioses, lo confirma:

Las sombras van cayendo como un regalo de los dioses,
el más generoso, pues son
de sus incorruptibles cuerpos y de sus almas
inmortales imagen; y no
nos piden nada a cambio de este espejo
en el que todo encuentra su unidad
de nuevo, es otra vez, y cada vez,
como un latido hecho de movimiento y de quietud,
el puro pensamiento que se esconde
de sí mismo, acosado por la luz.

Los símbolos de la poesía de Ángel Crespo poseen una virtualidad religiosa pagana e iniciática. Asimismo, su tono y estilo se diferencian de la lírica de su tiempo, asumiendo tradiciones culturales muy variadas. Su obra poética ha sido traducida a diversos idiomas y empieza a ser reconocido como uno de primeros poetas de España en el siglo XX.


©ROBERTO ALIFANO, poeta, escritor y periodista argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA




PICASSO, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina













   PICASSO

Desde  la  certidumbre  de la imagen
socava  y  se  hunde  en  ella.
 
Y  se  entrega
descartando  lo  visible,
lo  manifiesto.

Su  pincel  tensa  la  realidad,
la  deforma, 
la  hiere  y  la  recrea,
como  si  por última  vez
se  bebiese  el  tiempo.

Y  deja  atrás  los  rosas,
los  azules,
los  verdes  y  los  rojos.

Y  es  cuando  una  llama,
en  la  más  completa  oscuridad,
se  instala  en  el  centro  de  un  gran  lienzo
y  lo  ilumina.



  ©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


EL CORO DE LA AURORA, Irene Aguirre, Buenos Aires, Argentina





















Imagen provista por el autor

EL CORO DE LA AURORA

Han cambiado las cosas en el mundo,
se dibujan los nuevos arquetipos
y declinan ciertos estereotipos
que  afirmaban verdades, infecundos.

Se han abierto compuertas impensadas
que denuncian, valientes, , las cautivas
realidades de acoso , transgresivas,
las violencias continuas , desalmadas.

Las mujeres son víctimas constantes,
y aún así más se afirman, renovadas,
frente a ofensas que a su autoestima hieren.

Ante tantos peligros, desafiantes,
son  un coro de voces desplegadas
¡que se esfuerzan en pos de lo que quieren!

©IRENE AGUIRRE, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA





SUSTO, Teresinka Pereira, Ottawa, Usa.

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Imagen de: Youtube


SUSTO


Nos quedamos inebriados
por la claridad del día
y por la luna plateada.
Disimulamos el susto,
las emociones
y hasta mismo el veneno
que el corazón entreabierto
reclama para reafirmar
nuestro poder de asalto.
Todos los riesgos
son sofocados
por la cordialidad
que nos impone
la convivencia en paz
con la humanidad
que es toda sufridora.


SUSTO

Ficamos inebriados
pela claridade do dia
e pela lua prateada.
Dissimulamos o susto,
as emoções
e até o veneno
que o coração entreaberto
reclama por reafirmar
nosso poder de assalto.
Todos esses riscos
são abafados
pela cordialidade
que nos impõe
a convivencia em paz
com a humanidade
que é toda
sofredora.

©TERESINKA PEREIRA, poeta y escritora brasileña
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA