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sábado, 16 de marzo de 2019

Entre Dante y Pessoa el recuerdo de Ángel Crespo, Roberto Alifano, Buenos Aires, Argentina





Entre Dante y Pessoa el recuerdo de Ángel Crespo

Ya en sus remotos tiempos el filósofo presocrático Anaxágoras conjeturaba que “todo está en todo”. Es cierto. Muy especialmente en estos días en que la cibernética hace que nos movamos como peces en el agua (o demonios entre nubes), por este achicado espacio donde todo parece al alcance de todos. Lo cual, a través de una paradoja inevitable, puede también significar que acaso “nada está en nada”, debido a que todo es más frágil y resignado; además de menos estético. Hoy, con dos ágiles dedos y una diminuta pantalla entre manos, doblegamos un mundo a nuestro alcance. Si agregamos, además, una cuota de imaginación, este devaneo que es la vida contemporánea se puede transformar en una deslumbrante fantasía muy afín a Poe, Bradbury o Lovecraft.
Entre tantas placenteras cosas a nuestro alcance que nos brinda la informática, nos es posible entregarnos a los viajes con menos gozo que temeridad. También hoy, superando a la bruja de Tolima, de un modo casi lúdico, sentados confortablemente en nuestras reclinables poltronas, volamos con destreza por el fabuloso mundo de internet. Y este mundo nos depara sorpresas. A veces muy agradables sorpresas, porque no todo es desazón ni desconcierto en esta cotidiana y alucinante viña del Señor.
De manera insólita, mientras navegaba por la Web, cosa que todo curioso tiene a disposición gratuitamente en estos generosos tiempos, me entero de que el novelista japonés Kensaburo Oe, premio Nobel de Literatura en 1994, es un devoto lector de Dante Alighieri, al que ha traducido y dedicado muchas páginas de su interesante obra. Confieso que me resultó asombroso, a la vez que reconfortante, descubrir de pronto que un oriental nos cuente la historia de ciertos sucesos acaecidos desde antes de su entrada a la universidad hasta los ulteriores años como celebridad literaria. Y aquí viene lo asombroso, pues nuestro escritor se vale para ello de una plataforma de fondo que es nada menos que la Divina Comedia. Lo cual es otra muestra de que “todo puede estar en todo”.
Comprobamos así que la vida y obra de Dante, como también la de los grandes poetas, tiene influencia decisiva en la construcción estética no solo de la identidad occidental, sino también de la oriental y que se proyecta en toda la cultura moderna. Pero Kensaburo Oe va más allá en su análisis, y lo hace en coincidencia con un argentino y un español, abarcando también lo entrañable y emocional, y aportando nuevos puntos de vista. Un estímulo para todos los fieles lectores de la Divina Comedia, entre los que humildemente me cuento.
Al decir un argentino, me refiero al curioso Borges, que dedicó diez pacientes años a las diversas lecturas de la obra de Dante, cuando viajaba ciudadanamente en un tranvía hasta la biblioteca de barrio en la que trabajaba; el español, fue otro poeta y erudito llamado Ángel Crespo, uno de los más rigurosos traductores de la Comedia. Crespo era manchego, nacido en Ciudad Real, en 1926, licenciado en derecho y filosofía, y doctorado en filología románica en Madrid, con una tesis admirable y reveladora sobre El moro expósito, del sugestivo Duque de Rivas.
Como tantos otros, este poeta y estudioso, agobiado por el régimen franquista, en la década del ‘60, emigró de España y se radicó en Puerto Rico, donde fue un valorado catedrático de la Universidad. Notable estudioso de la literatura italiana, como también de la portuguesa, Crespo dedicó buena parte de su tiempo al estudio de Dante Alighieri y vertió al español la Divina Comedia, en verso rimado y acompañada de un riguroso análisis de las circunstancias, mitos y personajes que la pueblan; por esa misma época realizó un trabajo sobre el Cancionero de Francesco Petrarca, al que también trajo a nuestro idioma, recibiendo dos veces el Premio Nacional de traducción. Otro tanto hizo con su también venerado Fernando Pessoa, al que tradujo y dedicó una biografía y brillantes ensayos.
Tuve la felicidad de conocer a Ángel Crespo en un viajé que hice a Puerto Rico para participar de un encuentro literario, donde no sólo coincidimos en mesas universitarias, sino además en desayunos en los que conversamos como viejos amigos sobre los poetas que nos unían y por los que ambos sentíamos devoción; a la vez que fueron puentes para unirnos de inmediato. Siempre es gratificante encontrar a los que aman las mismas cosas que amamos. Fue así que durante la semana que permanecí en Puerto Rico, acompañados algunas veces por Pilar Gómez Bedate, su esposa, en la cafetería de la universidad, solíamos prolongar por largo rato nuestra conversación.
Exquisito y empecinado fumador de pipa, envuelto en el humo de aromáticos tabacos, especial conversador y con agudo sentido del humor, era siempre un regalo para el alma compartir aquella mesa tempranera con aquel Ángel asombroso, cabalmente entrañable y paciente, brillante e irrepetible. Desde ese momento nunca dejamos de hacernos señales de amistad en cualquier sitio que nos encontráramos. Me enteré luego que de regreso a España, en 1995, el corazón le jugó una mala pasada y dejó este mundo para sumarse a los más.
Pero Ángel Crespo no fue solo un generoso traductor, maestro de literaturas y divulgador, sino también un magnífico poeta, dueño de una obra que no se adscribe fácilmente a ninguna tendencia, con un lirismo contenido, que va allá de cualquier clasificación profesoral:
Para ignorar, hay que vivir.
Las manos ya se niegan
al testimonio de los días
y las noches paradas.

Maduras
pero todavía no asoman,
amargos, los gajos abiertos
que oculta tu temor.
Aún no ignoras bastante.
Temes el vuelo de ese pájaro
obstinado.
¿Transcurren, pues, las estaciones
o eres tú, tan absorto, el tiempo?
Sabes ya que la lluvia
no importa, que nada vale el plazo
de la espera.
Lo sabes
e ignorar es el alimento
del hombre -el de esta brisa
que no se sabe aire.

Originales y sorpresivos, sus versos, como se ve, cuentan con una rica sonoridad, propia de quien posee un oído musical excepcional; resulta además imaginativo y onírico. Emplea un rico simbolismo y se alimenta de materiales que incluyen lo biográfico, lo cotidiano, la tradición cultural y lo mítico, donde se da también la busca de un modo de conocimiento de lo sagrado, siempre misterioso, desde el interior del lenguaje, con una filosofía implícita. El poema Ofrendas es otra exquisita muestra de su admirable manejo de las palabras:

En cada mano, el mundo deja
aquello que no tiene su medida:
lo que pesa demás, lo que es ardiente
en exceso -pues nadie
que tenga un alma puede
impasible aguardar como la estrella.
No es que no tenga luz, pero sus rayos
deben llegar a donde no ilumina
el fuego general -al subterráneo
de cada vida, al breve paraíso
que brota de su sed como un relámpago.

Ángel Crespo enfrentó a veces las limitaciones del lenguaje para expresar una realidad intuida más allá de él mismo y mediante procesos de simbolización que trascienden lo arbitrario y convencional del signo literario; se nota en sus versos la concepción de una realidad, que a través de la metáfora, progresivamente se vuelve más amplia y personal. Poeta además de lo natural y lo emotivo, no es aventurado afirmar que su voz sigue perdurando entre los primeros aedos de su generación. Diríase que nuestro amigo (a la manera de aquel Próspero, que en cierta famosa comedia renuncia al arte de la magia) renuncia a la tediosa retórica y vuelven a lo natural que nos rodea, la sombra, la luz, los espejos. En Las sombras van cayendo como un regalo de los dioses, lo confirma:

Las sombras van cayendo como un regalo de los dioses,
el más generoso, pues son
de sus incorruptibles cuerpos y de sus almas
inmortales imagen; y no
nos piden nada a cambio de este espejo
en el que todo encuentra su unidad
de nuevo, es otra vez, y cada vez,
como un latido hecho de movimiento y de quietud,
el puro pensamiento que se esconde
de sí mismo, acosado por la luz.

Los símbolos de la poesía de Ángel Crespo poseen una virtualidad religiosa pagana e iniciática. Asimismo, su tono y estilo se diferencian de la lírica de su tiempo, asumiendo tradiciones culturales muy variadas. Su obra poética ha sido traducida a diversos idiomas y empieza a ser reconocido como uno de primeros poetas de España en el siglo XX.


©ROBERTO ALIFANO, poeta, escritor y periodista argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA




PICASSO, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina













   PICASSO

Desde  la  certidumbre  de la imagen
socava  y  se  hunde  en  ella.
 
Y  se  entrega
descartando  lo  visible,
lo  manifiesto.

Su  pincel  tensa  la  realidad,
la  deforma, 
la  hiere  y  la  recrea,
como  si  por última  vez
se  bebiese  el  tiempo.

Y  deja  atrás  los  rosas,
los  azules,
los  verdes  y  los  rojos.

Y  es  cuando  una  llama,
en  la  más  completa  oscuridad,
se  instala  en  el  centro  de  un  gran  lienzo
y  lo  ilumina.



  ©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


EL CORO DE LA AURORA, Irene Aguirre, Buenos Aires, Argentina





















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EL CORO DE LA AURORA

Han cambiado las cosas en el mundo,
se dibujan los nuevos arquetipos
y declinan ciertos estereotipos
que  afirmaban verdades, infecundos.

Se han abierto compuertas impensadas
que denuncian, valientes, , las cautivas
realidades de acoso , transgresivas,
las violencias continuas , desalmadas.

Las mujeres son víctimas constantes,
y aún así más se afirman, renovadas,
frente a ofensas que a su autoestima hieren.

Ante tantos peligros, desafiantes,
son  un coro de voces desplegadas
¡que se esfuerzan en pos de lo que quieren!

©IRENE AGUIRRE, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA





SUSTO, Teresinka Pereira, Ottawa, Usa.

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Imagen de: Youtube


SUSTO


Nos quedamos inebriados
por la claridad del día
y por la luna plateada.
Disimulamos el susto,
las emociones
y hasta mismo el veneno
que el corazón entreabierto
reclama para reafirmar
nuestro poder de asalto.
Todos los riesgos
son sofocados
por la cordialidad
que nos impone
la convivencia en paz
con la humanidad
que es toda sufridora.


SUSTO

Ficamos inebriados
pela claridade do dia
e pela lua prateada.
Dissimulamos o susto,
as emoções
e até o veneno
que o coração entreaberto
reclama por reafirmar
nosso poder de assalto.
Todos esses riscos
são abafados
pela cordialidade
que nos impõe
a convivencia em paz
com a humanidade
que é toda
sofredora.

©TERESINKA PEREIRA, poeta y escritora brasileña
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

MALA COSTUMBRE HUMANA…, Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina

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MALA COSTUMBRE HUMANA…

Espumas marinas cargadas de sueños.
Esperanzas enhebradas en rayos de Sol.
Fantasías brotadas a la vera de la playa
extinguidas la misma tarde que nacieron.

Deseos pospuestos hasta el nuevo verano
tiempo en que tampoco habrán de acontecer.
Mala costumbre humana postergar deseos
ocultándolos en el engaño del “ya lo haré.”

Cancún (península de Yucatán, México), 7 de febrero de 2017

©ANTONIO LAS HERAS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO ASESOR DE ASOLAPO ARGENTINA





AUTOBIOGRAFÍA II, Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina















AUTOBIOGRAFÍA II

No es la distancia ni el vacío.
Estamos solos en la memoria del instante.
En este amar que llega,
en este cielo errante sobre el mar.
Sin embargo la ternura es continua.
Y el viento me despierta.

Buenos Aires, marzo de 2019


©CARLOS PENELAS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


sábado, 9 de marzo de 2019

DESDE LA PENUMBRA, Favio Ceballos, Granadero Baigorria, Santa Fe


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DESDE LA PENUMBRA 

a Juan Lacalle 

“...y es la pobreza esa mirada desde la penumbra
de los espíritus condenados por el desamor”
Alejandro Rivier 

Esa programación mental de la pobreza
que enferma al espíritu débil y dormido.
“Antes de ser pobre fui ignorado”
y el golpe marcó a fuego la consigna:
¡nada vales y el sol hoy no te alumbra
ni es tuyo el respirar! ¡Cuánta tragedia
del alma en el baldío de las horas!
Mi soledad en medio de la mesa
ni un solo pan de amor, así empezamos.
Después, triste palabra del esclavo,
me robaron el hoy y hasta la calma.
Lo permití, mis padres me entrenaron
para la humillación y el espejismo.
Quise volar un día cual gaviota
y a la playa del mal volví caído
¡es que cargar en vuelo tanto olvido
terminó con mi aire en pleno cielo!
Canté con esa voz herida y barro
alfarero de todo hice mi nido
para enseñar entonces la pobreza
heredero del mal y tuve al hijo.
No me lloro tal vez porque no tengo
lamentaciones ni ruegos escuchados.
No me creo infeliz porque no creo
ni siquiera en mis ojos desdichados
que miran desde la penumbra
la vereda del sol como a un pecado. 

©FAVIO CEBALLOS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA







CAMINO LARGO, Claudia Pannone, Buenos Aires, Argentina

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CAMINO LARGO


No debe haber camino largo
como el que juntos recorrimos;
un fragmento de cielo en tus ojos
y un callado marrón en los míos,
tu palabra plegaria en mis oídos
y tu nombre llenando aquel vacío.

Yo pude ser solo distancia,
faro de luz en el camino;
agua fresca en tu sed de cariño,
horizonte en tus soles perdidos.
Pero he sido sin más, en tu verano:
una rama reseca y sin abrigo.

Hoy es partir,
mañana, tan sólo llegar.
Luego habrá una costumbre total:
vegetar en los sueños perdidos.
Y la lenta vejez material,
es la cruda verdad que nos dimos…


Letra y música de:
©CLAUDIA PANNONE, cantante, autora y compositora argentina.
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



«DON JUAN» (o un hombre cualquiera) , Ángel Medina, Málaga, España
















Imagen provista por el autor 

«DON JUAN»  (o un hombre cualquiera) 
      
(Ensayo)

La estación otoñal introduce en la caducidad, despoblando a los árboles de su vestimenta. Así el hombre.  Los años pasan, conservándose las vivencias. ¿Quién no mantiene el recuerdo del pasado  florido, cuando era un galán?
¿De dónde surge el personaje que muchos de alguna manera gustamos, representamos y finalmente añoramos?
Marañón lo clasifica como un monógamo, pero podríamos considerar sin ambages al Tenorio como polígamo, al preferir estar con todas, pese a no vincularse a ninguna.  ¿Sería correcto preguntarnos quién era Don Juan, o quizá sería mejor, al estar encarnado en gran parte de los varones- en especial la idiosincrasia latina- cuestionarnos qué es? O tal vez, ¿cómo somos?
Se trata de una figura de la cual ya hablaba la cultura antigua en sus mitos. Así, Zeus, que engendró a muchos héroes con mujeres  de carne y hueso; aunque la aparición primigenia acontece en “El burlador de Castilla”, allá por el siglo XVII, obra de un religioso mercedario  llamado Gabriel Téllez, más conocido como  el literato del Barroco Tirso de Molina.  En época más reciente tenemos el clásico tenorio de Zorrilla, guardando todas entre sí  una similitud, que no es otra cosa que la reverberación posesiva del macho. Posesión, ciertamente, porque  busca el sometimiento de la hembra en sus atributos. La persona no interesa.
Así, pues ¿es la figura donjuanesca un mito o la proyección universal  del deseo de seducción que late en el machismo más rancio?
Don Juan es ante todo un hombre que se niega a sí mismo, pues se reconoce sin conocerse. En el fondo se siente tan anónimo como universal. Es como si no quisiera tener nada que ver su persona con lo que hace. No vincular su hacer con su ser. Por eso llega a preguntarse: ¿Quién  soy yo? A lo que desde su interior responde una voz: “Un hombre sin nombre”. Pura inconsciencia. De esta manera zanja cualquier colisión con su discernimiento, respondiendo su instinto depredador por él. No quiere profundizar en su ego para saber de sí  mismo. Aunque parezca una contradicción, el macho se impone al hombre.
Busca eludir la responsabilidad de darse y evita el compromiso. Algo que en cierta medida comparte la sociedad actual en su expresión machista. La sexualidad ha de ser sin concesiones ni consecuencias, como diría el erotismo teórico.
Su código de valores se mantiene en su narcisismo. Se ama a sí mismo antes que a nadie, gustándose y complaciéndose en la exaltación de sus feromonas, saboreando sentirse admirado. Es un triunfador de lo profano, vástago de la materialidad. Algo que se lleva en esta época de descreimiento y cuyo valor supremo es la vanidad. Es hijo de una sociedad que relega, cuando no renuncia a determinados valores éticos, considerando a los demás como un sub-producto para el consumo personal. Se sabe objeto de deseo, consciente de que muchos querrían ocupar su lugar, y tantas gustar su frivolidad. En el fondo se reconoce como el revelado del negativo de un cliché de la masculinidad.
Su autoconfianza en los lances amatorios  le hace sentirse pendenciero y bravucón. Seguro de sí mismo, no duda en porfiar con tantos otros que se ven competidores, como Don Luis Mejías, y como la caballerosidad brilla por su ausencia, a pesar de alardear de hidalguía, en el fondo carece de ella y es incapaz de guardar discreción de sus lances, aireándolos, cuando no los exagera. Si las conquistas no son compartidas para morbo y baboseo de sus condiscípulos, es como si no hubiesen existido. El honor es manoseado, dejando el pudor social de tener sentido, algo no difícil de comprobar,  reflejándose en determinados programas de tele basura.
Don Juan se jacta de subir a las almenas y descender a las cabañas, en clara alusión a que sus principios le permiten asediar sin distinción a la mujer, y siendo consciente de que sólo le interesa el placer sexual es capaz de seducir lo mismo a altas que bajas, gordas que esbeltas, de mediana edad que maduritas, iniciadas o vírgenes, y si es posible, obtener la entrega del honor, llegando para ello, si fuese menester a fingir el enamoramiento o hacer promesas que de antemano sabe que no va a cumplir. Para  él, el fin justifica cualquier medio.
Hay momentos en los que busca refugiarse en su intimidad, aún sin estar seguro en qué consiste, siendo entonces cuando puede brillar un mínimo destello que ilumine su alma. En ese punto, busca la justificación en las pasiones del corazón que son innatas al hombre, y renunciando a su albedrío, se dice y proclama: “Responda el cielo y no yo”. Si son dos días los que hay que vivir-  reflexiona  en su soliloquio interno- habrá que dejarse guiar por la concupiscencia, fiando el porvenir a un mañana que sabe lejano. Pero, como la idea persiste, en un arrebato que es antes hijo del miedo que de la compunción,  se envuelve en el remordimiento, aunque, sopesándolo,  decida no  poner freno a sus pasiones. Es entonces cuando brota de su interior aquellos versos que retratan el estado de su ánimo:

“Si ese plazo me convida a que gozaros pueda
Pues larga vida me queda, dejad que pase la vida
Si de mi amor guardáis señora, de aquella suerte,
El galardón de la muerte,
¿Qué largo me lo fiáis?”

¿No es éste el mismo sentir que abriga el pecho del hombre de nuestro tiempo? ¿Retener el presente y no pensar el futuro? ¿Vivir el día a día sin mirar adónde le lleva el destino?
¿Qué desenlace  proponer para el personaje tan hábilmente creado por la pluma inmortal de diversos autores? Ciertamente, el clásico lo diseña en la escena de su muerte a manos del Comendador o estatua de piedra, que lo arrastra hasta el  averno. Pero, también podríamos proponer  su fin remitiéndonos al  arrepentimiento en un doble sentido. De una parte, en el mundo de su presente, bajo el signo de haber saboreado momentáneamente en Doña Inés la esencia de un apego diferente y real, consciente al final de su vida que su quehacer amatorio le ha llevado  a renunciar al amor verdadero, que ciertamente contiene la pasión,  pero a la vez alcanza el alma.  Más allá de lo medible, de otra, echando la mirada atrás, achacoso, y aún no pudiendo enderezarse los vericuetos recorridos,  en el peso de la duda vislumbrar  la esperanza de que también él  pueda ser redimido finalmente. Es posible que no alcance su ánimo la contrición, el reconocimiento de sus maldades a la luz de la virtud, pero será el momento de recordar aquellas palabras piadosas de alguna beata que procuró llevarle por el buen camino, bastándose la atrición o miedos a su eterna perdición. Dos maneras de comprender su propia futilidad.

©ÁNGEL MEDINA, poeta y escritor español
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

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ACERCA DE LA POESÍA, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

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ACERCA DE LA POESÍA

            Que de “médico, poeta y loco todos tenemos un poco” es algo cada vez más evidente a la luz de la medicina, sobre todo si sustituimos la palabra loco por neurótico y aceptamos que para dejar de ser neurótico hace falta ser creador.
            Y poesía es poiesis, que en griego significa creación.
            El mito fue la primera poiesis, y en la mythopoiesis, que es la división celular, está el primer gran acto poético de la vida.
            Y la poesía también es magia. Una transfiguración de palabras y una combinación de sonidos que despierta en nosotros sortilegio y comunicación.
            El mejor poema, según Dylan Thomas, es aquél en el que están los trozos del “mágico accidente de la iluminación”, y esa iluminación sólo se da en los niños, en los locos y en los poetas.
            La poesía es algo tan elemental, que hasta puede prescindir de la definición.
            Es algo que se siente, y punto.
            Pero en tren de buscar una aproximación, digamos de ella que es algo tan simple como el despertarse a la mañana, tan dramático como el estar vivo y tan importante como el poder contarlo. Es el sentimiento puesto a escoger y capturar palabras, para luego liberarlas en el poema y emocionarnos. Es hacer letra de una emoción.
            La poesía es una amalgama de silencio y palabra, elaborada con un fin trascendente.
            Es un nombrar las cosas como si se las viera por primera vez.
            Es síntesis y simplificación, buscando ocultar las cosas, transfigurándolas. La poesía es la taquigrafía del alma.
            El “síntoma” de un auténtico poeta es contar algo que nadie ha contado, pero que no es nuevo para nosotros. Es revelar y redescubrir: develar la poesía que todos llevamos dentro.
            Es reminiscencia y plagio del lector. Es un mensaje lanzado al mar en una botella; es la carta de un rey, como en el poema de Tagore que escuché por primera vez en boca de mi madre.
            Poesía es eufemismo, es eludir el nombre cotidiano de las cosas; es mostrar el otro lado de la luna; es recrear mágicamente un objeto.
            Es rejuvenecer al modo de Fausto, y es la demostración de que lo más vil tiene también su logaritmo astral, su perfil poético.
            Es la que le da existencia al poema como el alma al cuerpo, dándole significación y sentido poético. Un sentido poético que no puede ser separado de la forma verbal a la que anima.
            Forma verbal, o sea, palabras que, a veces, se presentan integrando frases de uso común. Pero que, sin embargo, en conjunto, y por la forma de haber sido dispuestas en el poema, constituyen algo extraño al uso común. Que no han sido utilizadas para que, simplemente, describan o informen acerca de algo. Que están allí, en el poema, por otro motivo. Que están allí para integrar imágenes, puestas y dispuestas por alguien que, fundamentalmente, debe estar habitado por el júbilo de la palabra. Y ese es el poeta.
            Los objetos nos evocan su nombre, que es una palabra, y a través del poeta son las palabras las que pueden evocar a los objetos.
            En síntesis, concluyo: la poesía es una emoción que se busca expresar “como para regalo”.

©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA