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sábado, 19 de enero de 2019

INVIERNO, Carlos Rodolfo Ascencio Barillas, El Salvador



















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INVIERNO

La nieve cae en las altas montañas
viste de blanco tus anhelados vestidos de rosa
y en mi corazón renacen los encantos de tu sonrisa
y lejos se escucha el eco de los ríos que cantan
Y veo la silueta de tu bello rostro en los copos
En los altos árboles de tus suaves manos
y tus labios rojos pintan mis estrellas
que caminan con el viento de tu nariz
y veo los luceros de tus ojos que iluminan la noche.
Tú la voz sonora de mis cascadas
tu aliento que enaltece la alegría de mi existir
Cuanto te amo en el frío invierno
y en el recuerdo de tus añorados besos de miel
mi amada, mi eterna enamorada
de todos mis amores, mí eterno amor.

©CARLOS RODOLFO ASCENCIO BARILLAS, poeta y escritor salvadoreño
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


DELMIRA AGUSTINI O ¿EL EROTISMO MÍSTICO?, Belkys Larcher, Coronda, Santa Fe

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DELMIRA AGUSTINI O ¿EL EROTISMO MÍSTICO?

Delmira Agustini (1886-1914)

Con su verso pulcro, regular y pleno de despliegues verbales, encarnó con fuerza y originalidad, un apasionado alegato del Amor y el Dolor del amor.
Irrumpió en el mundo de la literatura muy joven- no había cumplido los dieciséis años – pero su sinceramiento femenino y sensual llamó enseguida la atención, y provocó no pocas reacciones adversas.
De profunda belleza, hija de una familia acomodada, impregnada con el don vibrante de la vida y la carne joven, no utilizó máscaras ni caminos retorcidos para expresar lo que sentía: un angustiante anhelo insatisfecho. Sus obras publicadas, El libro blanco (1907), Cantos de la mañana (1910), Los cálices vacíos (1913).Su obra póstuma, publicada en 1924, comprende El rosario de Eros y Los astros del abismo
A la manera de Safo-con quien se la compara a menudo- se deleitó con el placer de los sentidos, con los elementos que los estimulan y los enriquecen. Pero lo peor-para los críticos de su época- fue que se atrevió a decirlo. Como Safo, también su poesía es erótica: alimenta el constante fuego y el juego de la pasión, y en ella habla el amor mismo.
“Engarzad en un gesto de palmeras o de astros
vuestro cuerpo, esa hipotética alhaja de alabastro
tallada a besos puros y bruñida en la edad,
sereno, tal sabiendo la luna por coraza,
blanco, más que si fuerais la espuma de la raza,
y desde el tabernáculo de vuestra castidad.

Sus imágenes son provocativas, plenas de ingenio, fuertes, a veces casi masculinas. Cuando dice en Fiera de Amor:
“Fiera de amor, yo sufro hambre de corazones,
de palomos, de buitres, de corzos o leones,

Parece que el amor para ella fuera una implosión, es decir, un vivirlo hacia adentro. En su exacerbación panteísta de la vida, al considerar a todo el universo como al único dios, hay también una especie de feroz coqueteo con la idea de la muerte.
Entendemos por panteísmo lo que razona así:
“el infinito es todo o no existe; porque si existiera algo fuera de él, sería susceptible de acrecentamiento, luego, todo es Dios: Dios y el mundo son una misma substancia considerada bajo aspectos diversos.”(1)
¿Era, tal vez, esto de “absorber lo infinito en lo finito”, cómo dice Lahr, una manera de plasmar en el gesto final y definitivo, el gran dolor de vivir una pasión enfermiza rayana en la adoración?
En la Psicología, cuando una idea vuelve reiteradamente en forma anormal al foco de la conciencia se habla de idea fija u obsesión. Esta se identifica porque no es errónea cualitativamente en su contenido, sino porque se impone repetidamente a la conciencia volviendo a ocupar la misma en forma desproporcionada a su importancia, pese a que la persona lucha a menudo contra ella.(2)
Delmira Agustíni, temperamental, cálida, sensual, impetuosa, franca, cáliz abierto al Amor truncado finalmente por la muerte joven. ¿Se puede hablar, en lo que se refiere al amor carnal que llega casi a los límites tentadores de la muerte, que misteriosamente intenta trascender a su propia materia para comunicarse con el otro (como único y superior objeto deseado por suyo) de misticismo erótico?
Varios críticos, al referirse a la faz de los sentimientos, destacan esa exageración de los sentidos, ese elevarse desde el propio dolor humano hacia el espíritu superior,- salvando las distancias obvias- a la manera de Santa Teresa en su éxtasis religioso.
El tucumano Juan José Hernández, al comentar en la Revista Proa la obra Cármenes de Juan Liscano, dice que”:... estamos ante una mística de lo erótico”, cuyo símbolo es la pareja abrazada: unión de los contrarios y revelación del aspecto dinámico de la eternidad”.
El amor y la muerte son temas tradicionales, que a lo largo de la historia de la literatura se han solazado en entremezclarse, en coquetear el uno con el otro, en atraerse y rechazarse, hasta en muchos casos, confundirse ambos en hiperbólicos sentidos.
Acudiendo nuevamente a Juan José Hernández, cuando cita a Liscano “Los sentidos en almas se convierten” Y sigue diciendo de su propio molino”...En virtud de los sentidos, los amantes borran la culpa original, vencen a la muerte y recuperan, para escándalo de la Historia los frutos del primer mediodía del mundo En esta ansia de evasión, manifiesta su inquietud ante el misterio eterno del más allá. Y lo hace con elementos eróticos, con los símbolos de elegancia plástica propios del Modernismo. Por ejemplo en “ El Cisne “, dice:
Del rubí de la lujuria
su testa está coronada
y va arrastrando el deseo
en una cauda rosada...
Agua le doy en mis manos
y él parece beber fuego
y yo parezco ofrecerle
todo el vaso de mi cuerpo...

Y vive tanto en mis sueños
y ahonda tanto en mi carne,
que a veces pienso si el cisne,
con sus dos alas fugaces,
sus raros ojos humanos,
y el rojo pico quemante,
es sólo un cisne en mi lago
o es ,en  mi vida , un amante...

Juega al amor con elegancia plástica y se atreve a sonsacar las motivaciones más hondas del alma femenina: hay inquietud y desaliento finisecular en ella, y, a la vez, una idealización del Amor, que a veces llega a ser casi salvaje.
Por ejemplo en Serpentina:
“En mis sueños de amor, yo soy serpiente!
Gliso y ondulo como una corriente,
dos píldoras de insomnio y de hipnotismo,
son mis ojos, la punta del encanto,
es mi lengua...¡y atraigo como el llanto!

La poética de Agustín es un “torrente abrasador, torrente que el corazón dirigió al cerebro, que el cerebro tamizó en el sueño y que salió convertido en materia estética de la mejor calidad ya corporeizada en realidades soñadas”. (Diccionario Parnaso de Literatura).
Esa ensoñación lírica que envuelve la espera del amado, se reviste de ansias insatisfechas que llegan casi al delirio místico. Ella desenrosca su sensualidad dramática, sus sueños estéticos, sus deseos biológicos y los convierte en poesía. Se pregunta:
“¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida,
que os abrasara entero y no daba fulgor...?”.
Recordemos que místico es misterio y misterio viene del griego que significa instruir o iniciar en las cosas sagradas. Lo místico se refiere a la idea de Dios, a lo arcano. Y que lo místico está expuesto a la superstición. El misticismo en el arte –según la Enciclopedia de las Artes (3)- es complejo porque lo “intrínsecamente místico queda fuera de los dominios del arte, pero la expresión de ese sentimiento pertenece de lleno a la historia, no ya de una temática, la religiosa, sino de las fuerzas vivas que presiden la creación de los estilos (4)”.
Y el mismo tratado filosófico (refiriéndose ya al misticismo ortodoxo que salva la diferencia entre Dios y el mundo) aclara que Hugo de San Víctor (SXII), dice que el hombre tiene tres facultades, tres ojos:
El oculus carnis  ( la sensibilidad ) ,el oculus rationis ( la razón) y el oculus contemplationis ( la contemplación). Mediante ellas contempla el alma, respectivamente, a las cosas sensibles, a sí misma y a Dios”.
La profundidad del buceo espiritual y estético de las imágenes agustinianas nos plantean esa duda :
¿puede haber una mística del amor carnal? ¿La hay en la trágica poetisa uruguaya?.
Ella misma nos da la respuesta cuando en La Cita exclama:
“Cuando llegue mi alma, tal vez reces pensando,
que el cielo dulcemente se derrama en tu pecho...
¡Para él, amor divino, ten un diván de calma,
o con el lirio místico que es su arma, mi alma,
apagará una a una las rosas de tu lecho!”

                                                                         Prof. Belkys Larcher de Tejeda
BIBLIOGRAFÍA:
C, Lahr, Curso de filosofía, Editorial Estrada, página 575.
(1)    Mariano Celaya, Psicología, Ed, Laserre y Cia, 1961, página 28
(2)   Enciclopedia de las Artes Editorial Éxito, Barcelona.
(3)   Enciclopedia Práctica Jackson. Tomo V, página 54.
(4)    

©BELKYS LARCHER DE TEJEDA, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA                                     


FILOSOFÍA RISUEÑA, George Reyes, Ciudad de México

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FILOSOFÍA RISUEÑA


"Yo leía poemas y tú estabas tan cerca de mi voz..." C. Pellicer

Ríes,
y luego
piensas,
con tantos nudos de sangre.
Te has vuelto quietud mercante,
de piezas que lloran su hermosura,
de versos con ojeras de poesía...

Sobre ti escribes en tus mil memorias:
lo que eres de flor que alimenta austero sol,
lo que eres de sauce llorando
                                                                          s
                                                                          o
                                                                           l
                                                                           o
sobre un lecho de intemperie
en el que se escucha la balada de toda noche
herida de monotonía,
de luciérnagas exiliadas.


©GEORGE REYES, poeta y escritor mexicano,
de su poemario "Filosofía risueña"
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA





PLENITUD, Hilda Augusta Schiavoni, Inriville, Córdoba

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PLENITUD

La tarde detenida,
asentada sobre los pastizales
calla majestuosa y sencilla.
Un eucaliptos mudo,
plomada perfecta
entre coraza y coraza,
parece el trompo inmóvil
que orada cenit y tierra.
Un insecto hace espirales
mientras revolotea
y una araña se adormece
en su geométrica celda.
El canto de los pájaros
se agiganta ante la quietud plena
donde el cielo celeste pálido
se transparenta.
Habría paz en el mundo
si los armamentistas
esto vieran.

©HILDA AUGUSTA SCHIAVONI, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

ESTRUCTURAS INTERIORES, Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina

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ESTRUCTURAS INTERIORES


Soy tu obra.
Puedo ser Prometeo robando el fuego
condenado a suplicio eterno.
Y no nos serviría.
Puedo ser el monstruo surgido del laboratorio
oscuro donde el Barón Frankenstein
utiliza la descuidada ayuda de Igor.
Y habríamos fracasado.
Puedo ser el nunca hallado sujeto de Whitechapel.
Y sólo conmover con una trágica historia.
Puedo ser un ángel cargado de inocencia.
Y tendría un ala rota en este mundo.
Puedo ser sombra en las calles de otoño.
Y sólo recogeríamos tristeza.
Puedo ser el inglés curando el corazón africano.
Y sabríamos que es del todo insuficiente.
Puedo ser imagen, impactando, sorprendiendo.
y conducir al vacío en la mente y el espíritu.
Puedo ser borracho de inmortalidad, como The Raven.
Y habríamos logrado sólo una herida.
Puedo ser predicador de no violencia
que ambos llevaríamos en el pecho.
Puedo ser yo mismo en plenitud
esencia alquímica transmutada.
Aterradora experiencia. Vivencia fascinante.
Convertirme en mí mismo. Yo. Tu Obra.


©ANTONIO LAS HERAS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO ASESOR DE ASOLAPO ARGENTINA


CONGO EN EL ECUADOR, Gabriella Bianco, Venecia, Italia

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CONGO EN EL ECUADOR

(RD Congo)

 De Gabriella Bianco

                                  
                                   A todos los jóvenes de África,
                                   que en sus sonrisas esconden con gracia
                                   la miseria, la humillación y el incierto futuro...
                                   ¡Que puedan adueñarse de su propio destino,
                                   contra la historia y el despojo salvaje!



Quien hizo la guerra, en el Congo, en Ruanda, en Uganda,
saqueando, violentando, humillando, ahora vuelve derrotado...
en la cercanía del pueblo, encuentra a la gente y no se atreve
a contestar las tantas preguntas y los silencios impiadosos.

Lacerado y cansado, se para en el umbral de su casa destrozada,
la mujer violentada, los hijos dispersos, el vecino petulante
aniquilado por la furia salvaje de un ansia homicida,
inexplicable a los vivos.

Huyendo el infame juramento de aniquilar al hermano,
allá en la frontera han pasado de a miles, el terror de
demasiada violencia impresa en la cara y en el corazón,
sin más lágrimas por el largo sufrimiento.

En el tórrido Ecuador, las aguas calmas del río Congo y las altas
hierbas indiferentes, no alivian el dolor de tantas vidas quebradas.
El miliciano vencido lejos de su casa anhelaba noticias...
ahora a su hijo soldado no se atreve a preguntar nada, sólo se apoya
a sus frágiles espaldas, hambriento y ausente...

Marchaba Kabila con sus mercenarios, recorriendo en orden esparcido
las millas que lo separaban de la capital. Vencido al tirano, los soldados
llegaron a las caducas puertas de la ciudad, invadiendo las calles
hormigantes, los fétidos mercados, las chozas ennegrecidas por el fuego
de la mísera comida. 

Irrumpió la guerra en las llanuras soleadas del Este y del Oeste y ahora
nadie reconstruye los pueblos, las casas de paja y abobe, para saciar
el hambre de los niños y de los viejos, atormentados por las penas y
el sufrimiento, para dar confianza en un futuro de paz, bajo la lacerada
bandera de un país devastado.

Se alternan los poderosos a las mesas de los concordatos y soldados de paz
se agolpan en los senderos inconexos con poderosas máquinas de guerra...
mientras en las llanuras las hierbas crecen más altas en cada temporada y
en cada ciudad, con los pies cansados y deformados, la gente camina por horas
en búsqueda de pan, de trabajo, de un techo.

La gente se encuentra y se choca, en un bullicio infinito de cuerpos, de olores,
de fetideces, de pobres cosas llevadas sobre las espaldas encorvadas...se llega
a la noche más cansados y hambrientos que por la mañana...
mañana, todo empezará otra vez, pero ahora, en los arroyos de la lluvia nocturna,
apretados en los lechos nupciales, se hacen otros hijos que nadie saciará.

El Congo fluye lento y solemne a través de la selva, que pronto, demasiado
pronto, resonará por las sierras de los rapaces mercaderes del mundo,
llevándose la riqueza y dejando a esta población más pobre y más olvidada...

...mientras la piragua fluctúa leve e insegura, desafiando la implacable corriente,
caminando hasta el mercado se traen en la cabeza pobres mercaderías y
las mujeres, vestidas de sus paños coloreados, se asemejan a las reinas...

El cauce marrón del río surca la ciudad devastada, la antigua belleza resquebrajada
en un polvo rojo que, en las altas hierbas y atrás de toldos sucios, esconde sus
secretos de fuegos y magias, en su historia violentada.

¿Y tú, peregrina del mundo, mirando el gran río que fluye en la noche,
¿cuál meta persigues? ¿Qué te asemeja a esta humanidad que camina a
pasos lentos y cansinos, como quien no sabe adónde ir?

La mente persigue la paz en esa ampolla de agua, en esa sonrisa de niño de los
ojos sonrientes y el vientre hambriento, en las caras arrugadas de los viejos,
en el saludo que resuena respecto o desafío en las esquinas de cada calle.

Esta África que muere día tras día, tiene en sus entrañas una fuerza vital telúrica.
En los tam tam del día y de la noche, en los ritos y en los inciensos de las iglesias
de Occidente, irrumpe las ganas de vida, de danza, de sonidos, de ritmos dulcísimos
y tiernos de un alma antigua y sin tiempo.

No existe el mañana y el tiempo de hoy se consume en el canto, en el ondear
de las cinturas sinuosas, en el batir rítmico de las manos, en los cantos gregorianos
que llegan desde la edad media en la cual estamos inmersos, en las voces
celestiales que parecen nacidas para esto.

La historia, son otros a hacerla; nosotros aquí, en esta iglesia agolpada y desbordada
de pobre gente vestida con la ropa de la fiesta, en los saludos apenas aludidos,
en las manos que se estrechan en cálidos abrazos, cantamos por horas la fe en un mundo
que quizás vendrá, donde por fin nuestras penas de todos los días se hagan más leves...
en la Eternidad estaremos juntos en la Gloria.
¡Allí, la eternidad seremos nosotros a hacerla,
los pueblos andrajosos y afligidos, los pueblos vencidos!

Tengo que dejar estos lugares: el cielo descarga montañas de agua, que
en oscuros arroyos se llevan al río, las epidemias todavía no estalladas.
Pensaré en ti, en la luna alta en el cielo, en la nube fluctuante, en cada palmera
que se estalla en el cielo, en cada cauce blanco de río, oh África. 

Y tú, acuérdate de mí en la hora del amanecer, pequeño amor de la piel de ébano.
Mientras estrechamos nuestras manos para despedirnos, sabemos que no es un adiós.
He vivido acá, lo largo del rio Congo, y muchas veces lo he recorrido en frágiles
piraguas, buscando la incierta ribera cuidadosamente.

Hemos acercado nuestros barquitos y hemos visto con asombro que veníamos de
la misma ciudad. Hemos descubierto con alegría que vivíamos ahí desde siempre,
cerca la pesquera donde se seca y se ahúma la tilapia, para llevarla a mercados
lejanos, ahí a Kinshasa, después de días de inciertos y peligrosos viajes.

Nos hemos preguntado: ¿No nos hemos conocido antes? y nuestras respuestas
se han entrelazado con los cantos de África que vive. Apoyados en la almohada
que huele a humo e incienso, escuchamos las aguas solemnes y las altas cimas
de los arboles seculares que suspiran por el deseo.

¡África, ningún incendio te destruyera! Una y otra vez vibraran en el viento tus
canciones. Los tam tam resonaran en las noches oscuras: nos reencontraremos
pronto, lo sé. Por eso siempre pregunto: ¿Qué día es? ¡Es el día de África
que sonríe, de África que vibra, de África que ama, de África que renace!


CONGO ALL' EQUATORE
di Gabriella Bianco
                                                  A Felly,
                                                  dolcissima creatura di questa terra
                                                  dolente……
                                                  A tutti i Felly dell'Africa,
                                                  che nei loro giovani sorrisi nascondono con grazia
                                                  la miseria, l'umiliazione e l'incerto futuro....
                                                  Che possano riappropriarsi del proprio destino,
                                                  contro la storia e la spogliazione selvaggia....

Chi ha fatto la guerra, nel Congo, in Ruanda, in Uganda,
razziando, straziando, umiliando, ora ne torna sconfitto…
in prossimità del villaggio, incontra la gente e non osa
rispondere alle mille domande ed ai silenzi impietosi.

Lacero e stanco, si ferma sull’uscio della casa sfondata,
la moglie violentata, i figli dispersi, il vicino petulante
annientato dalla furia selvaggia di un’ansia omicida,
inspiegabile ai vivi.

Sfuggendo all’infame giuramento di annientare il fratello,
là sul confine sono passati a migliaia, il terrore di troppa
violenza stampato nel volto e nel cuore, senza più lacrime
per il lungo patire.

Nel torrido Equatore, le calme acque del Congo e le alte erbe
indifferenti non leniscono il dolore di tante vite spezzate.
Il miliziano vinto lontano da casa anelava notizie…ora al figlio
soldato non osa chiedere nulla, solo si appoggia alla sua fragile
spalla, affamato ed assente.

Marciava Kabila con i suoi mercenari, percorrendo in ordine sparso
le miglia che lo separavano dalla capitale. Vinto il tiranno, i soldati,
giunti alle cadenti porte della città, ne invasero le brulicanti strade,
i luridi mercati, i tuguri anneriti dal fuoco del misero pasto.

Irruppe la guerra nelle pianure assolate dell’est e dell’ovest e ora
nessuno viene a ricostruire la casa e la strada, il villaggio di paglia
e di adobe, a sfamare i bimbi ed i vecchi, rinsecchiti dalla fame e
dal tormento, a ridare fiducia in un futuro di pace, sotto la lacera
bandiera di un paese devastato.

Si alternano i potenti ai tavoli dei concordati e affollano i sentieri
sconnessi soldati di pace con potenti macchine di guerra…ma nella
pianura le erbe crescono più alte ad ogni stagione ed in città, con
i piedi stanchi e sformati, si cammina per ore in cerca di pane, di un
lavoro, di un tetto.

Ci si incontra e scontra, in un brulicare infinito di corpi, di odori,
di fetori, di povere cose portate sulle spalle curve…
si arriva alla sera più stanchi ed affamati del mattino…
domani, tutto ricomincerà, ma ora, nei rivoli della pioggia notturna,
avvinti nel giaciglio nuziale, si fanno altri figli che nessuno sfamerà.

Il Congo scorre lento e solenne attraverso la foresta che presto,
troppo presto risuonerà delle seghe dei rapaci mercanti del mondo,
a portare la ricchezza lontano e lasciare questa umanità ancora
più misera e negletta…

...mentre la piroga ondeggia leggera e insicura, sfidando l’implacabile
corrente, lungo le strade sino al mercato si portano le povere mercanzie
sulla testa e le donne, avvolte in panni colorati, hanno l’andatura delle regine.

L’ansa marrone del fiume solca la città devastata, l’antica bellezza sgretolata
in una polvere rossa che nelle alte erbe e dietro le luride tende nasconde i suoi
segreti di fuochi e magie, nella sua storia violata.

E tu pellegrina del mondo, guardando il grande fiume che va nella sera, quale
meta persegui?  Che cosa ti accumuna a questa umanità che ti cammina davanti
a passo lento e svogliato, come chi non ha dove andare?

La mente raggiunge la pace in quella polla d’acqua, in quel sorriso di bimbo
dagli occhi ridenti ed il ventre affamato, negli occhi grinzosi dei vecchi, nel saluto
che risuona rispetto o sfida ad ogni angolo di strada.

Quest’Africa che muore giorno dopo giorno, ha nelle viscere una tellurica forza
vitale. Nei tam tam del giorno e della notte, nei riti e negli incensi delle chiese
d’Occidente, irrompe la voglia di vita, di danza, di suoni, di ritmi dolcissimi e
teneri di un’anima antica e senza tempo.

Non c’è il domani ed il tempo dell’oggi si consuma nel canto, nell’ondeggiare dei
fianchi sinuosi, nel battere ritmico delle mani, nei canti gregoriani che giungono dal
medioevo in cui siamo immersi, nelle voci celestiali che sembrano nate per questo.

La storia, sono altri a farla: noi qui, in questa chiesa affollata e straripante di povera
gente col vestito dignitoso della festa, nei saluti appena accennati, nelle mani strette
in caldi abbracci, cantiamo per ore la fede di un mondo che forse verrà,
dove finalmente le nostre quotidiane pene diventeranno più lievi...
nell’Eterno saremo insieme nella Gloria.
Lì, l’eternità saremo noi a farla, i popoli laceri e dolenti, i popoli vinti!

Mi tocca lasciare questi luoghi remoti: il cielo mi scarica addosso montagne
d’acqua, che a rivoli scuri si portano nel fiume le epidemie non ancora scoppiate.
Ti penserò, nella luna piena alta nel cielo, nella nube fluttuante, ad ogni palma
che svetta, ad ogni curva bianca di fiume, oh Africa.

E tu ricordati di me nell’ora del crepuscolo, piccolo amore dalla pelle d’ebano.
Mentre ci stringiamo le mani per dirci addio, sappiamo che è solo un congedo.
Ho abitato qui, in riva al fiume Congo, e tante volte l’ho navigato nella fragile
piroga, cercando con cura l’incerta riva.

Abbiamo accostato le nostre barchette e abbiamo visto con stupore che eravamo
della stessa città. Abbiamo scoperto con gioia che da sempre abitavamo lì, presso
la peschiera dove si secca e si affumica la tilapia, per portarla a mercati lontani,
laggiù a Kinshasa, dopo giorni di perigliosi e incerti viaggi.

Ci siamo chiesti ridendo: “Non ci siamo sempre conosciuti?” e le nostre risposte
amorose si sono intrecciate con i canti dell’Africa che vive. Appoggiati al cuscino
che odora di fumo e di incenso, ascoltiamo le acque solenni e le alte chiome degli
alberi secolari sospirare di desiderio.

Africa, nessun incendio ti distruggerà! Alte di nuovo e per sempre vibreranno nel
vento le tue canzoni.
I tam tam risuoneranno nelle notti buie: ci ritroveremo presto, lo so.
Perciò sempre domando: “Che giorno è?”. È il giorno dell’Africa che
sorride, dell’Africa che vibra, dell’Africa che ama, dell’Africa che rinasce.
Gabriella Bianco, 2005-2006

©GABRIELLA BIANCO, poeta y escritora italiana
PRESIDENTE DE ASOLAPO ITALIA