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sábado, 8 de julio de 2017

MANOS, Soledad Vignolo, Junín, Buenos Aires, Argentina

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MANOS

Miré mis manos, y eran de ella
Cada surco plagado de insistencias.
Un nudillo que marca su presencia
y ese pliegue derrotado de historia.

Miré mis manos, y en instantes,
comprendí que el amor sólo trasciende
si la evidencia, que nos rodea y nos abraza
logra alcanzarnos.

Un día cualquiera observé mis manos,
tenía el mismo sol de otros días,
brisa de otoño, sin mucha prisa,
nada rayaba melancolía.

Pero miré mis manos, y estaba ella,
Y mi corazón nadó en amor supremo,
Madre de madres, hija de hijas,
Manos de manos que se repiten.
Con la inquisidora memoria cerca
Sentí en mi piel sus cicatrices.

Miré mis manos, eran las de ella.
Sentí su tacto y su tersura,
Volví a mirarlas. Comprendí, con amor.
Nada perdura.

©SOLEDAD VIGNOLO, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA






LOS COLORES, Yolanda Elsa Solís Molina, "Naló", Barcelona, España





















"INTENSO" obra de la autora

LOS COLORES

Los colores, como mariposas viajeras ,van volando  por el mundo...Primero se unen al rojizo amarillento de los rayos del sol, que buscan abrigar al desamparado...pero traviesas pinceladas hacen que se escondan al fin, detrás del horizonte...La rama del duraznero florecido aparece en el paisaje, bella, rosada, fresca y radiante ....
Luego el pincel caprichoso, oscurece el cielo, detrás de las montañas, pero en ese mismo instante, la luna reclama su lugar en el paisaje, para iluminar la vuelta de l los pájaros al nido.....Mas nubes ahora rosadas, quieren participar de la fiesta, pero han llegado tarde, las sombras de la noche se lo impiden y una brisa maliciosa, confabula con las estrellas y las arrastra fuera de la tela.....EL  pincel, obediente colabora acentuando el lúgubre paisaje y el artista llora su impotencia!!! 

©YOLANDA ELSA SOLÍS, (NALÓ), poeta, escritora y artista pictórica argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA  

LAS POSTRIMERIAS, Ángel Medina, Málaga, Andalucía, España





LAS POSTRIMERIAS

               
 (Un ensayo no es para desvelar verdades, sino para reflexionar sobre las sombras arriesgando ideas)
La vida tiene sus días contados. Vivir equivale a la realización en el sufrimiento y, al cabo, sucumbir. Toda criatura es como una gota segregada del infinito Océano que ha de acrisolarse en la libertad. Arrojada a las orillas del mundo será resecada por el sol ardiente de su existir para finalmente evaporarse y regresar al mar. De ahí se desprenden las postrimerías: muerte, juicio, infierno y gloria.
Ante todo ¿qué es el hombre? Un ser que sin haberlo pedido ha sido precipitado a la tierra y sabe que ha de perecer. Y en este punto no ha de engañarse, pues los ojos del espíritu no pueden cerrarse como los del cuerpo y él es consciente de esta realidad. En el fondo no tiene más que un deseo y una meta: escapar de la tela de araña de la extinción y traspasar sus límites de alguna forma. Tal vez, su error consista en dejarse seducir por los cantos de sirena y buscar lo trascendente a nivel de lo inmanente. La prueba es que en el fondo pide al mundo lo que no puede darle. Le pide subsistencia y le entrega al caos.
Se da en su interior una dualidad. De una parte admitir sólo lo que su razonamiento puede comprender y de la otra abrirse a lo indemostrable, a pesar de no tener certeza. Negación y duda-positiva: acabar en la nada o la posibilidad de una nueva forma de continuar existiendo. El hombre no puede desprenderse con frivolidad de continuarse, o lo que es lo mismo, dejar de ser definitivamente.
La dote de la muerte es el desvanecimiento de la representación, la percepción por la que somos conocidos y nos sabemos. Es el abandono del hálito oculto que ordena a la materia, es decir, los átomos y el espacio. Pero esas partículas no tienen consciencia de ser, y por tanto, tampoco conciencia. Al morir se desintegra el cuerpo que perece y va a la tierra, pero ¿dónde queda esa sustancia capaz de dotar nuestro ser consciente?
De hecho, somos y vivimos para existir. Existir proviene en su etimología de “existir-se”. Ser, de alguna manera fuera de la materialidad y, pereciendo, ha de distinguirse entre la pérdida del reconocimiento de lo palpable, y el “yo”. La ausencia de ese “yo” significa que   es arrebatada la esencia. Por eso se rebela a que se lo puedan quitar y, en el último instante, incapaz de defenderse de la agresión, captándolo, lanza el grito desgarrador: ¡Mi yo, que me despojan de él!
Ante la dificultad de hablar de lo aún-no-vivido, tratemos de imaginar ese momento que, como el horizonte, separa tan sólo una delgada línea del fin. Sensación de debilidad y desconfianza, aunque no es esto el principal temor. La verdadera tragedia es advertir que la conciencia camina hacia la inconsciencia. Todo se desvanece. En el fondo no es el terror a disgregarse la apariencia, sino la pérdida de la identidad.  Malograrse el “yo”. Pues, ¿cómo imaginarse no siendo? ¿Es acaso posible subjetivar que lo que es, deje de serlo? O peor aún ¿Que quien es camine a dejarse?  Y en este punto es prudente la pregunta ¿Habría de sentirse tal suerte de angustia en el caso de una amputación? La respuesta sería ésta: no, porque la subsistencia continuaría. Y es que lo que se teme al morir es la pérdida total, y “todo” únicamente es el hombre que se nos muere, cuerpo, sí, pero también ese soplo vital que unifica lo visible con lo intangible de la sustancia que anima la vida. Tu “yo”. Mi “yo”.
De qué le sirve ganar todo aquello en lo que depositó las ilusiones, si acaba perdiendo su “yo”? (Mt 16, 26).  Es posible que en ese instante decisivo en el que se imponen soledad y desconfianza dude, mas ¿en qué se apoyará para dar el paso obligado de percibirse para no ser, y qué compañía compartirá su éxodo? ¿Puede confiarse a los demás? ¿A él mismo?  ¿Existe alguna suerte de esperanza más allá de la realidad que se vive en la frontera de ese trance, máxime teniéndose en cuenta el bagaje del positivismo y nihilismo que han configurado una parte del existir? O dicho con toda la crudeza: ¿cuál es la experiencia acumulada para el viaje definitivo?
Decía el viejo erudito Spinoza que cada ser se empeña por perdurar en él y que ésta es su esencia, lo cual implica tiempo indefinido. Aquí, podemos traducir indefinido por eternidad, pues a fin de cuenta se viene para construir el que cada cual está llamado a ser. Y en la perspectiva que se interpone entre la tierra y el cielo, se perfila el abatimiento o la confianza.
Si quien lee esta reflexión decide quedarse en lo primero, colegirá que no tiene sentido para él continuar. Si es lo segundo, prosigamos meditando juntos tan tremendo trance.
¿Ha caído en la cuenta el leedor acerca de la enorme sensación de orfandad y desnudez del momento? Encuéntrase encomendado a sí mismo y es una sensación que jamás había experimentado antes.
Desconectado, consumida las últimas pizcas de oxígeno su seso se contrae hasta convertirse en un puntito diminuto que cada vez se achica más. De la muerte clínica a la cerebral. Extinguida toda percepción, en una dimensión inexplicable, percibe un fragor que instintivamente relaciona con la inmensidad. Al fondo se vislumbra algo que se le antoja un infinito mar al que van a parar las gotas que fueron mortales y, entonces, nos sabremos una de ellas. Es un lugar sin tiempo. Allí mismo se percata que es lo que eligió ser. Ya no hay plazo de rectificación.
Encerrado en su “yo” siente el peso de la responsabilidad y a su vez ansias de liberación. Quien sostenido por Cronos trató de negar otra posibilidad que la simple percepción humana que pudiera ser confirmada por su razón y se inclinó hacia la otra incertidumbre de la incredulidad, ahora atina que fuera de la materialidad y del tiempo existe otra forma de existirse. Y es que el ser implica aceptación.
Una claridad cegadora inunda aquel lugar en el que se encuentra. Al contraste, percibe el vacío y las miserias que lleva consigo. Desea quedarse, pero su propia coherencia le hace constatar que el peso de su carga es excesivo, no siendo posible ocultarse de la luz, ni tampoco de él mismo. No es una ley externa la que le acusa, sino una balanza interna infinitamente más sensible que la de las normas y preceptos. Pura congoja.
El Juicio o examen al final de los tiempos nos ha sido presentado de manera solemne. Basta contemplar los frescos de Miguel Ángel en el ábside de la Capilla Sixtina o el impresionante requien verdiano compuesto para las honras fúnebres de Manzoni, cuando se invoca al juez airado, al que sin duda ha influido la teología de la condenación. Mas surge una pregunta y no precisamente baladí: ¿Cómo armonizar la misericordia y la justicia divina? Si nos inclinamos por la conmiseración habrá de sacrificarse la justicia, y si ponemos la atención en la imparcialidad habrá de ser a costa de la misericordia. Pues ¿es concebible ser a la vez en grado sumo misericordioso y justo? En algún momento una habrá de ceder en aras de la otra. Y ambas se relacionan a la acogida plena o al rechazo total. Al premio o al castigo.
Inimaginable momento. Indefensión. Contraste desgarrador. Al punto, un bisbiseo inunda su conciencia. Su espíritu. El alma. Su “yo” definitivo. Y aquellas palabras se deslizan para su asombro: “Has de elegir entre lo que eres y lo que estás llamado a ser”. Ser- en- el- Ser, integrándose la nada en el Todo, y el no-ser. Y no ser implica quedar atrapado para siempre en el más absoluto, completo y consciente desamparo. En lo que en ese momento es. En lo que cimentó durante su vida. No aceptarse equivale a admitir como último y decisivo destino esa nada que se llama la Muerte.
Tras el juicio sobreviene el momento concluyente. “To be or not to be” Es lo que Hamlet pronunciaba filosofando en su soliloquio sobre la mundanidad, pero trascendida.
En su último desamparo el hombre no teme a algo determinado de lo que pueda escapar, sino que se siente atenazado por un miedo acervo y radical. Recelo al aislamiento, a disponer sólo de su propia compañía. Se tiene en tan completa ausencia que su propia presencia se le antoja angustiosa.
El abandono es el espanto de sí mismo. Imaginemos una cripta y encerremos al hombre con un muerto. Bien es sabido que el cadáver es inofensivo, pero los fantasmas psíquicos rodearán su mente. En realidad ese miedo no es otra cosa que la presencia de su incomunicación ante el hecho de contemplar anticipadamente la suya propia. Y sin proponérselo, el inconsciente le grita de ello. Esa sensación se disipará en el momento en que cubra la ausencia con la compañía de otra persona, otro tú que esté junto al yo. La razón es que el verdadero pánico no es superado por la racionalidad, sino con la presencia de alguien que llene el espacio ausente.
Si padeciésemos un aislamiento inmenso, excluyente, agobiante y total en el que fuese imposible poder hablar a nadie; si se diese la incomunicación plena—a solas con nosotros mismos-- entenderíamos lo que se llama infierno. Es ese lugar en el cual nadie puede entrar salvo el que lo tiene. Es el lugar de la desesperación y el destierro más tenebroso. ¿No es éste ese momento por el que pasamos individual y personalmente al morir?
                                                                                                                                              
El A.T designa con el término “sheol”, tanto al infierno como a la primera de las postrimerías o novísimos. De esto se puede desprender que el infierno es la permanencia en la muerte, un estado de consciencia que ha de perdurar para la eternidad, sin goce ni castigo, pero sabiéndose, y sobre todo habiendo tenido por un instante el velo-desvelado del Misterio que se ha revelado al hombre y él así lo ha percibido como el Bien total. Es ese estado en el que ya no es posible concebir la certidumbre, como narra el Dante en “La divina comedia”: “¡Perded toda esperanza los que aquí entráis!” (Canto III). De alguna manera consiste en encerrarse en sí mismo, soportar la carga acumulada que se arrastra como experiencias, echar el ancla y mantenerse en la extinción-consciente.
Quien palpa su impotencia abriga la esperanza de escuchar respuesta al grito de desgarro en su padecimiento: “¿Por qué me has abandonado?” (Mt 27,46). Llamada no a la supervivencia del cuerpo, sino al que es alfa y omega de todo. Al último abandono. A la entrega confiada. Y a pesar del aparente silencio, en su interior puede escuchar un susurro. Por el contrario, en su infierno, oirá la voz atronadora de la muerte.
La médula de la pasión de Tánatos no es el dolor físico, sino el retiro radical. Allí, el hombre no tiene más comprensión que la percepción de su nada. La soledad es la región de la angustia en la cual se funda el destino-sin-destino de un ser que tiene-que-ser y choca con lo imposible.
Si el desenlace terreno es el aniquilamiento, el cielo o gloria ha de ser la acogida. Difícil o imposible descripción. Lo que más puede aproximarnos son las veladas palabras de (1.Cor 2.9): “Ni el ojo vio, ni el oído escuchó, ni el corazón humano puede imaginar”. Se trata de algo que escapa a los sentidos y representación, y como tal hemos de aceptar que está fuera de la experiencia. El cielo no es un espacio físico y ubicable, sino un estado.
Es la integración absoluta y eterna del “no-ser-siendo”. Es el todo eterno e integrador, dejándose atrás “lo-sido-para-ser”. Es la acogida definitiva al hijo pródigo que vuelve a casa después de haber malgastado su herencia, descubriendo al regreso el amor que siempre le acompañó y jamás percibió y que sólo le exige la entrega confiada.
Meditemos aquí y ahora algo que nubla el entendimiento. ¿Serán al final todos redimidos? ¿También criminales valedores de Auschwitz o el Gulag, como Hitler o Stalin, entre otros?
                                                                                                                                     
De esto han de desprenderse dos consideraciones: la predestinación y la libertad.
Si se salvan todos ¿para qué se nace? A ello, añádase desestimarse el libre albedrío del hombre para poder decidir su destino, si está ya previsto de antemano. ¿Dónde situar en tal caso la libertad? Si existe el mal es porque es consentido por lo que es previo a él, esto es, el Bien, orientado hacia un fin que no ha de ser otro que practicar su elección. (Deut. 30,15). Si son salvos unos pocos elegidos, conocida de antemano la determinación ¿no resultaría incomprensible para el resto nacer, sufrir, morir y perderse, si hagan lo que hagan no alcanzarán la meta? ¿No sería más razonable humanamente no haber sido arrojados a la vida?
Es posible que ni siquiera el mal pueda sustraerse finalmente al bien. Mas, si se salvaguarda la misericordia ¿dónde quedaría, pues, la justicia? Veámoslo así. En tanto se vive, la fe habita entre la voluntad, la indecisión, la duda y la negación. Ahora, desvelado el último velo y contemplando cara a cara, entendiendo, sólo permanece la libre y última resolución y ésta es del hombre: autoexclusión o aceptación. El veredicto no proviene de fuera, sino de su interior. En el filo de la navaja está él mismo y a ambos lados se sitúan compasión y rectitud. La oferta se mantiene intacta. En su estancia terrena podía moverle la atrición (arrepentimiento por miedo al castigo eterno); ahora es todo contrición (abatimiento al experimentar el amor de la seducción divina sin ningún filtro). Al final se argüirá que se impone la gratuidad del cielo.  En este sentido arriesgó muchísimo Papini en su ensayo “El Diablo”, sugiriendo que al fin todo será sometido, incluso el propio tentador (1 Cor 15,28)

©ANGEL MEDINA, poeta y escritor español
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA  
Blog del autor: novelapoesiayensayoangelmedina.blogspot.com



DIALOGANDO CON LA LLUVIA, Alejandra Zarhi, Santiago, Chile

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DIALOGANDO CON LA LLUVIA


Me gusta verte caer por lo vidrios,
deslizándote como serpiente.

Sentir el ruido de tu danza,
aferrándose en los árboles y en el cuerpo.


En el silencio oscuro
de la noche, vas danzando
hasta desfallecer.

Acostada en mi refugio
miro  hacia fuera,
esperando que ese ruido,
sea el;
arrepentido
y con sed.

©ALEJANDRA ZARHI, poeta y escritora chilena
PRESIDENTE DE ASOLAPO CHILE
EMBAJARORA CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA EN CHILE


domingo, 2 de julio de 2017

CARTA A LA NADA Y AL VACÍO, Favio Ceballos, Granadero Baigorria, Santa Fe, Argentina

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CARTA A LA NADA Y AL VACÍO

Cuéntame las historias sin final ni principio
en la orfandad del día y de la noche.
Cárgame el silencio
a la hora inmortal del trueno.
Todos los niños que piden no quieren tu regalo
las manos que sangraron no quieren tu recuerdo
alquilado por pantallas manipuladoras.
Cántame la canción sin sonido de la lágrima
piénsame sin razón, sin sentido y sin horas
ésas que el corazón no precisa nombrar
él vale por lo que transporta y su ser es el vacío.
Encuéntrame otra vez en el triste cuento en que lloran
los vagabundos, los perdidos, los sin sueño
y volveremos a empezar con las palabras
que no cuentan lo soslayado
sino el mundo que pueden llegar a ser. 

©FAVIO CEBALLOS, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

BATMAN Adam West 1928-2017, Teresinka Pereira, Ottawa, USA

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BATMAN
Adam West  1928-2017

Ha sido nuestra ilusión
de infancia que se prolongó
hasta sentir caernos las alas
que el murciélago abrigaba
sobre el hombre.
Si nos abandonaban los demás, 
el Batman llegaba
y en nuestra imaginación
brillaba su coraje,
como si el triunfo
estuviera en la esquina...
Ahora se fue la imagen,
el sueño y esta loca idea
de que todo en la injusticia
se puede cambiar de tono.
Las alas del Batman
eran falsas y volvieron
al pobre animal
de la buhardilla.

....................

BATMAN
(Adam West, 1928-2017)

Foi nossa grande ilusão
da infância que se prolongou
até ao sentir-nos cair as asas
que o morcego abrigava
sobre o homem.
Se os outros nos abandonavam
o Batman chegava
e em nossa imaginação
brilhava sua coragem, como se o triunfo
estivesse ali na esquina...
Agora a imagem se foi, 
com o sonho e esta louca idéia
de que tudo na injustiça
pode se mudar de tom.
As asas do Batman
eram falsas e voltaram
para o pobre animal
escondido no sótão.

...............................

BATMAN
1928-2017

He was our great illusion
of childhood that lasted
until we had the feeling that
the bat's wings which 
protected the man, fell down.
If the others, abandoned us
in trouble, we could
count on Batman, and in
our imagination,
triumph was right
at the corner.
Now his image is gone
and also this crazy idea
that all injustice can be
changed into justice.
Batman's wings
were fake and returned
to the poor animal
hidden in the attic.

©TERESINKA PEREIRA, poeta y escritora brasileña

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

21 junio-día Internacional del Yoga: “Re pensar el Ser-Humano”., Susana Roberts, Chubut, Argentina

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21 junio-día Internacional del Yoga:

“Re pensar el Ser-Humano”.

Estar en estado de Yoga significa: armonía interior, concentración, conciencia de nuestro ser: ser único y ser con los otros “Uno”, es estar al cuidado de los demás y el Planeta, es sentir Gratitud. Es un día en que comienza el solsticio de invierno en esta parte del hemisferio sur, estamos conectados con la naturaleza nívea esplendorosa, nuestro sol se aleja para que contemplemos el interior con más dedicación, meditemos y en consecuencia reflexionar que los males de la época ocurren por culpa de nuestras desmedidas demandas, y muchas veces por el descontrolado deseo de tener más, ser alguien más, exigencias internas y externas. Veamos el rostro del amor en cada uno, enseñemos el instante de meditar en los niños, no debemos sentir que ellos son una propiedad, sino preguntarnos ¿quiénes son en nuestras vidas?, que desean ser, y cultivar ese aspecto amoroso en ellos para que tengan un futuro mejor que no dependa de lo exterior exclusivamente. Los pueblos antiguos llenos de tradiciones, sabían de este tiempo, “guardaban” provisiones para el invierno, llevaban a sus “Hogares” mucha leña y alimentos, y el hogar: “hoguera” se convertía en una fiesta invernal llena de leyendas, lecturas, y diversiones en “familia”: música interior que florecía por los poros. Tiempo de amar nuestro interior y cultivarlo con una mirada de amor hacia el otro, como hace el árbol y su savia, y las rosas con su perfume que no se rinden al frío más frío. Hay una violencia oculta que debemos desterrar por completo, y está influenciada por el ego, le respondemos a él todo el tiempo, y no a nuestra necesidad humana pura interior.
El caos presente en el mundo necesita cada vez más de seres creativos que expresen su intención constructora que beneficie a los pueblos, con sus actos demostraran ser el puente humano más fiel al espíritu comunicando sentimientos que despierten en otras intenciones de armonía.  Hay que crear una nueva frontera, donde, incluida la poesía se cuele en las exigencias a favor de la dignidad humana y las conversaciones trans- disciplinarias no solo se enfoquen en revelar las crisis del pensamiento político contemporáneo sino que nos inviten a pensar en lo que podría significar “ser humano” en el siglo XXI.

©SUSANA ROBERTS, poeta y escritora argentina
MIEMBRO GOBERNADOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA EN CHUBUT


INTIMIDAD: EL PUDOR Y EL GRITO EMILY DICKINSON, MARINA TSVIEVAIEVA, SYLVIA PLATH, ALEJANDRA PIZARNIK


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ESCRIBE:
Dra, GABRIELLA BIANCO, PRESIDENTE de ASOLAPO ITALIA
EMBAJADORA CULTURAL EN ITALIA DE ASOLAPO ARGENTINA


INTIMIDAD: EL PUDOR Y EL GRITO
EMILY DICKINSON, MARINA TSVIEVAIEVA,
SYLVIA PLATH, ALEJANDRA PIZARNIK

Ensayo poético-filosófico
De
Gabriella Bianco


                                        A la memoria de los poetas Antonio Aliberti, Rodolfo Leiro y Luis María Sobron


INTRODUCCIÓN

INTIMIDAD: EL SILENCIO PUDICO DE LA PALABRA POETICA

‘’La casa del ser es el lenguaje: yo habito equivale a decir yo soy’’.
  (Martin Heidegger, Costruire, abitare, pensare

‘’Demasiado solo estoy en el mundo, y sin embargo no lo suficiente”.
 (Rainer Maia Rilke, El libro de las horas)          


Acercarse a un universo poético en el intento de iluminar y desentrañarlos los núcleos fundamentales de ese mundo, ahondar en la experiencia de vida, de dolor, de amor y finalmente de muerte, como realidad con la cual todos debemos medirnos ha sido el motivo de mi libro “NEST. La metafísica de la ausencia”, dedicado a las poetizas Emily Dickinson, Marina Tsvietaieva, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik.
                                                                                                                                                                                                      En una de las figuras lingüísticas de la “Carta sobre el humanismo”, Heidegger afirma que “Das Haus baut am Haus des Seins”, el pensamiento trabaja para construir la casa del Ser: es a partir del ser que es posible pensar en la “casa”, en el “habitar”. En esta metáfora, en el intento de indicar el estatuto teórico de la relación filosofía-metáfora, la “casa del ser” nos viene al encuentro como lenguaje: “Yo habito equivale a decir yo soy”; es el lenguaje, es el decir poético “el puente” que acerca el hombre a la tierra. La metáfora excluye toda plenitud: el habitar poético es un ponerse en juego por parte del hombre, en el decir poético lo extraño, lo desconocido, lo invisible se hace presente en la imagen, incorporando la claridad, el resonar, la intimidad, el silencio.
                                                                                                                                                                                                         En la dimensión ética de nuestras poetizas - Emily, Marina, Sylvia, Alejandra -  el habitar poético implica el pudor y la audacia del pensamiento, en la dulzura que lo reclama, que garantiza a las cosas, su lejanía, y de ahí también su condición de indecibilidad, impulsándonos a ahondar en la resonancia profunda de las palabras poéticas y a asomarnos en la intimidad de los universos mentales de estas criaturas, en la inmensa riqueza de su mundo interior, que, en el dolor y en la alegría, en la presencia y en la ausencia, tiene “en la casa del ser”, su morada.
                                                                                                                                                                    Tal actitud tiende a hacer prevalecer EL PUDOR en el silencio púdico de la palabra poética en la ética aristocrática de Emily Dickinson y en el Yo lirico de Marina Tsvietaieva, mientras que en EL GRITO de Sylvia Plath y Alejandra Pizarnik, nos ubicamos en su ethos trágico, en un recorrido cognoscitivo que es a la vez arduo y estupendo, amoroso y íntimo.
                                                                                                                                                                    En el habitar poético de Emily Dickinson está el emerger de un rostro que no entra nunca en la luz plena, que prefiere más bien la penumbra, “te veo mejor en la oscuridad – declara – no necesito una luz”, sugiere la plenitud del origen y la proximidad con lo íntimo, con lo indecible, con el misterio:
Mi única información es el continuo boletín de la inmortalidad.                                                           Todo lo que puedo ver – mañana y hoy - a veces la eternidad – el único ser que encuentro - Dios la única calle, la existencia.                                                                                                                           (Emily Dickinson, Poemas)

En este rostro en penumbra, en su recogimiento, en su intimidad, percibimos una tonalidad ética que, aun en la desesperación del vivir, presupone una capacidad de custodiar y esperar: Las breves frases a las que he dado un inicio y jamás un final – las minúsculas fuentes que excavé con mis manos y jamás llené.
(Emily Dickinson, Cartas)

Acercarse a la morada del poetizar y pensar, como sugiere Heidegger en la “Esencia del lenguaje”, nos permite dejarnos invadir por el misterioso estupor de la palabra poética, ahondando en lo que queda oculto, no formulado, nunca dicho, en todo el dolor y toda la desesperación de estas criaturas:
Para que las palabras nos basten es preciso alguna muerte en el corazón. La luz del lenguaje me cubre como  una música, imagen mordida por los perros del desconsuelo, y el invierno sube por mí como la enamorada del muro.   
(Alejandra Pizarniz, El infierno musical)
                                                                                                                                                                    En el errar de la palabra poética, lo que sucede es la toma de conciencia de que vivimos exiliados de la presencia divina: la palabra, el lenguaje, expresan toda la nostalgia por una patria, de la cual se ha sido inexorablemente alejado: La muerte es una palabra  La palabra es una cosa, la muerte es una cosa, es un cuerpo poético que alienta en el lugar de mi nacimiento.                                                       (Alejandra Pizarnik, Extracción de la piedra de locura)

Y Sylvia Plath añade:
Es una enfermedad que llevo conmigo                                                                                                     es una muerte.                                                                                                                                             Una vez más, es una muerte.
(Sylvia Plath, Tres mujeres)


INTIMIDAD: EMILY DICKINSON

Entre un estático padecer y una incesante actividad cerebral, se desplegó la vida de Emily Dickinson, habitante de un reino donde todo sucede interiormente y el mundo – y todo lo que en él se mueve –     se hace cada vez más lejano, más frágil, y las voces y las imágenes del alma son cada vez más cercanas y cubren las voces fatuas del mundo.
                                                                                                                                                                    En este paraíso y a la vez, infierno del arte, la existencia de Emily se consumió totalmente en la intimidad de una casa, la casa paterna, confortable, generosa en afectos, y de una pieza, donde ella perseguía en el silencio y en la penumbra, su propia tormentosa verdad, ella, espíritu agudo y visionario, presa de las más profundas desesperaciones y capaz de los más alto arrebatos y delirios, porque, como afirma en una carta a Otis P. Lord, su enamorado de tantos años,  que nunca fue admitido a su intimidad, pero al cual escribe en una carta: “Sustraer aquello de lo cual está hecho el éxtasis, no implica sustraerse al éxtasis”.                                                                                                   En su distancia de las cosas, Emily interpuso entre sí y el mundo sus amorosas cartas, delineando su propia vida, narrando al infinito las tensiones de su genio poético: “Si leo un libro y me siento enfriar todo el cuerpo, tanto que ni el fuego puede entibiarme, entonces sé que eso es poesía. Son estas las únicas dos maneras en que las reconozco, ninguna otra” (carta escrita por Thomas W. Higginson, su primer amor, que vivió siempre lejos de ella y con el cual se encontró pocas veces).
                                                                                                                                                                    Así en efecto escribía al hombre que amó en el último periodo de su vida Otis P. Lord, una amistad y un amor que duraron años: “Lo sabes, porque tú lo sabes todo…yacer así cerca de tu deseo -tocarlo mientras le pasaba al lado, porque duermo poco y contra mi voluntad y a menudo debería viajar desde tus brazos hasta dentro de la noche feliz, pero luego tú me retomaras entre tus brazos, ¿verdad?, porque es únicamente ahí donde quiero estar”…y en la misma carta añade: “¿Sabes que eres el más feliz justamente cuando yo me niego y no me comunico? ¿Sabes que la palabra NO es la palabra más salvaje que confiamos al lenguaje?”
                                                                                                                                                                  La vida diáfana de Emily confiaba a su propia voz la pasión, la vitalidad, la vastedad de su experiencia interior y fijaba con puntualidad e intransigencia cada estado y movimiento del alma., en una exploración del lenguaje que la impulsaba cada vez más a hundirse en el pensamiento, en sus construcciones visionarias, en aquella inmortalidad que sólo la poesía está en condiciones de alcanzar. Emily estaba consciente de la fuerza dramática de sus propias imágenes, aunque supiera que en las emociones todo se puede expresar con las palabras: “Speech is one Symptom of Affection, and Silence one” (The Poems) (La palabra es un símbolo de afecto, el silencio otro).
                                                                                                                                                                    Ella sabía que sus raptos, sus éxtasis, la frecuentación de los jardines mágicos del misticismo, - a pesar de su anhelo de lo eterno, ella nunca adhirió a la iglesia, más bien se alejó con los años – la impulsaban a alejarse cada vez más, a encerrarse, ella eligió vivir en una soledad generosa, porque nunca renunció a los afectos familiares y a la amistad, mientras admitía a su intimidad a los amigos lejanos a través de sus cartas. Mientras se sustraía a los ojos de los otros y se volvía en una blanca imagen, en una aparición cada vez más diáfana y transparente, las cartas se hacían cada vez más punzantes, intensas, asertivas, mientras que la poesía se condensaba alrededor de aquel mundo de “esencias”, que ella expresaba con toda su alma.
                                                                                                                                                                    Cuanto más profunda es un alma, más se proyectará en un tiempo que puja con la eternidad: “Ninguna alma es esférica – escribe – excepto las más restringidas; estas se ven muy pronto colmadas, se desvelan y se agotan. Pero las grandes, crecen lentas, cuelgan tardías de la rama”. (Carta a Thomas W. Higginson, 1866) Emily asociaba la carta, su sutil nexo con el mundo, instrumento de seducción y símbolo de encuentro, con la inmortalidad: “Una carta – escribe – se me presentó siempre como la inmortalidad, porque no es acaso la mente sola, sin compañero corpóreo”.  (Carta a Thomas W. Higginson)
                                                                                                                                                                                                             En su eterno naufragar, en la intimidad en el silencio, la contemplación del mal y del dolor, tanto en la vida real como en la representación estética, se vuelve principio catártico. En este naufragio, que no es sólo de una persona, sino que deviene naufragio del mundo, en este juego dialéctico entre identificación y distancia, el pudor se ubica como el único comportamiento posible, como única reivindicación de sí.  Lograr vivir cada instante de la propia existencia como una sucesión de instantes breves y sublimes, es fuerza y forma al mismo tiempo, y es propia de una ética esencialmente heroica. A través de la elaboración de la auto-comprensión, Emily llega a la sabiduría poética:
Es él – el poeta – el que nos condena – por contraste – a una ilimitada pobreza Inconsciente de sus dones – tanto que el robo no lo turbaría – es en sí mismo un tesoro – extrínseco en el tiempo.
(Emily Dickinson, Poemas)

En el recorrido circular de vida y muerte, el ritmo de la vida está acompañado por la presencia de la muerte, amigo pertinaz es la eternidad, compañero fiel de la inmortalidad:Siento en mi aposento  
a un compañero invisible. Su presencia no está hecha de gesto o de palabra    Su presencia es sólo la libertad que se toma – ni yo ni él traicionamos el pacto de silencio.                                                       (Emily Dickinson, Poemas)

En su hambre de absoluto y de inmortalidad, ella se mide constantemente con la muerte y afronta con coraje la quiebra del deseo. El coraje, que desemboca en la renuncia, acaba por asemejarse a aquella enfermedad de amor que es locura dulce y dolorosa a la vez. En este heroísmo, en esta dimensión fundamental de relacionarse con la naturaleza, con el ser y con la capacidad de subsistir en este ámbito, reside la forma de estar y de pertenecer al mundo de Emily, en un habitar en lo trágico y en la muerte, que es su manera, absolutamente intima, personal y exquisita, de corresponderle:
Por la muerte – o más bien por las cosas que la muerte proporciona – esta (persona) ha renunciado     a las ocasiones de la vida. Las cosas que la muerte comprará son, el  espacio, la liberación de las circunstancias – y un nombre. De qué modo a los dones de la Vida se confrontan los dones de la Muerte, no lo sabemos –                                                                                                                           Cualquier evaluación aquí se detiene.
(Emily Dickinson, Poemas)

INTIMIDAD: MARINA TSVIETAIEVA

“La verdad de los poetas – declara Marina Tsvietaieva en “El poeta y el tiempo” – es la más invencible, la más inaprensible, la más indemostrable y a la luz convincente, una verdad que vive en nosotros sólo en la instantánea – y completa – obscuridad de la percepción (¿Qué sucedió?) y que queda en nosotros como la huella de una luz o de una perdida (¿pero, realmente sucedió?), una verdad irresponsable y carente de consecuencias, una verdad que no se necesita siquiera intentar perseguir, puesto que también para los poetas ella no tiene retorno”.
                                                                                                                                                                    Recorriendo los caminos desmesurados de la ausencia y de la distancia, Mariana eligió como morada de su propia alma, viene a nuestro encuentro aquella secreta trama de consonancias y afinidades de los encuentros y de los desencuentros de la cual siempre se alimentó la vida de esta criatura tan dolorosamente desgarrada y poética, afirmándose en ella el inexorable hilo del destino. Marina,desde su exilio en Paris, se relacionó con Boris Pasternak, pero lo rechazó cuando él quiso encontrarse con ella – sin embargo, se enojó mucho cuando él se casó con otra – y con Rainer Maria Rilke, que nunca conoció, pero del cual se enamoró profundamente. El tema central de la poética tsvietaieviana es el eterno “faltarse” de los amantes – los elegidos, los predestinados – en el tiempo y en el espacio terrestres, en una intimidad denegada, unidos por ese eros que une a los hombres sólo para demostrarles la distancia que los separa de los dioses.
                                                                                                                                                                    A la muerte de Rilke, el 31 de diciembre de 1926, sin haber podido encontrarlo – que le comunicó Slonim, director de la Revista Volja Rossii – en su exilio en París, ella le dedicó una carta en versos:
“Feliz Año Nuevo – nuevo país, techo, mundo, primera carta a ti en el nuevo sitio (de rosas y flores, dicen, sin sentido) baldío sonoro lleno de ecos, como la vacía torre de Eolo.                                             La primera carta desde la de ayer aún – y donde me consume de ti el sin – patria, para ti ahora ya una de las estrellas. El año nuevo está por llegar. ¿Con quién, a quien brindaré? ¡Qué suerte, en ti comenzar, en ti acabar, Rainer!” (Marina Tsvietaieva, Per l’anno nuovo – Novgorodnee – en, Deserti luoghi)
                                                                                                                                                               
“El lirismo puro – afirma Marina – sabe siempre que nada le sucederá, que no tendrá nada fuera de      sí mismo, su lírico, trágico sentir”.Y aún:                                                                                               “La poesía lírica como el mar, se pone en agitación sola y sola se calma – se cumple toda en sí misma”.
(Marina Tsvietaieva, Il poeta e il tempo)
                                                                                                                                                                    Marina, exiliada en París, se instala en su propio vivir e intenta respuestas, sublima su sentimiento como apariencia, para luego interpretarlo como ineludible: “Para mí no hay lugar en la vida contemporánea. Si pudiera, elegiría la ciudad más pequeña, vieja y olvidada, no importa donde…Así podría seguir adelante hasta la muerte…pero, esto no lo obtendré nunca”.  Desterrada en el tiempo de la espera y del exilio, Marina construye sus diálogos con los interlocutores lejanos, hasta que el dolor de los intervalos entre una poesía y otra se hizo intolerable. El dolor es el costo necesario que pagar a la existencia, obligatoria contrapartida por la pretensión de perdurar. ‘’Ha crecido en el dolor este mi máximo amor’’: en este verso de Hoelderlin, de su poema ‘’El destino’’, está encerrada toda la tradición poética; en su dolor ‘’afinado y puro como un diamante’’, Marina hace suyas las palabras de Ana Achmatova: ‘Y si yo muriera, ¿Quién de vosotros escribirá mis poesías?’’ 
(Ana Achmatova, Mi é obbediente l’immaginazione, 1913)
                                                                                                                                                                    De vuelta a la Unión Soviética durante la guerra, su vida se volvió intolerable. A sus poemas que ella entrego a la Casa Editorial Literaria del Estado, el Goslitizdat, el crítico literario Zelinskij escribió: “…son manifiestamente poemas ‘de otro mundo’, algo diametralmente opuesto y absolutamente hostil a las concepciones del mundo, en cuya esfera vive el hombre soviético”. (M.T., en, Deserti luoghi). Marina había perdido una vez más. Sus poemas fueron publicados recién en 1961.
Agosto de 1941, desde Elabuga, una pequeña ciudad tártara a la que habían sido evacuados luego del estallido de la guerra y de los bombardeos sobre Moscú, tomó la extrema decisión: “Perdonadme, no pude más” – escribió.  “Saber morir es haber sabido vencer la agonía – es decir, nuevamente, saber vivir”.
“Mi desgracia – había escrito – es que para mí no existe nada exterior: todo es corazón y destino”. Ninguna intimidad podía ganar sobre su fantasía solitaria; Marina, encerrada en el círculo de su egocentrismo lirico, creaba mitos que nunca superaban la prueba de la confrontación real: el encuentro sucedía siempre y solo en el deseo. Poetiza sin historia y sin tiempo, así había escrito: “La lirica pura vive de sentimientos…el sentimiento no tiene nada que buscar en las calles; sabe qué (…) lo devolverá a sí mismo. Un círculo encantado. El círculo del sueño. Círculo mágico”. (M.T., Il poeta e il tempo).


INTIMIDAD: SYLVIA PLATH

“Sentía que, si no escribía, nadie me habría aceptado como ser humano. El escribir se convertía entonces en mi sustituto: si no me amas, ama al menos mi escritura y por extensión, ámame”. –así escribía Sylvia Plath en su “Diario”. (S.P. The Journals of Sylvia Plath).                                                 En esta dolorosa y esclarecedora declaración, Sylvia Plath se traiciona en toda su inseguridad, en su fragilidad y debilidad, en su incapacidad de relacionarse e instalarse en una intimidad que deseaba y   al mismo tiempo temía. En su orgullo, ella sentía que sólo podía condensar en la creación literaria, su capacidad de vivir.
                                                                                                                                                                En el “Diario” que Sylvia llevó toda la vida, desde su juventud hasta la muerte, ella reflexiona sobre su sentido de autodestrucción y sobre su vocación artística: “Deseo las cosas que finalmente me destruyen…”. Un primer acontecimiento de muerte marcó a fuego la vida de la poetisa, cuando ella tenía apenas 8 años…- la muerte del padre; de esa muerte derivó un sentimiento de culpa que la condenó a buscar una expiación para sí, huérfana de amor y al mismo tiempo verdugo de sí misma, en el intento de hallar una posible respuesta que fuera, en su incomprensibilidad, salvadora. La muerte del padre ha había arrojado en la desesperación, en un luto que nunca supo ni elaborar, ni eludir: “Tenía 10 años cuando te enterraron. A los 20, intenté morir. Y volver, volver a ti. Pensé que hasta los huesos lo harían”. (Sylvia Plath, Daddy, en, Ariel).
                                                                                                                                                                    “Algunas veces lo identifico con mi padre’’ – así escribe Sylvia en su Diario el 27 de diciembre de 1958 de su marido, Ted Hughes, él también importante poeta. Cuando Teddy la abandonó, el alejamiento la dejó con el alma dispersa y dolorida. Sylvia vivió así los últimos tiempos de su vida, callada y presa del abatimiento, lo que marcó su obra de una mayor maduración artística, alcanzando la plenitud y el dominio de la materia poética: “Las voces de la soledad, las voces del dolor golpean mi espalda incansablemente”. (Sylvia Plath, Tres mujeres)
                                                                                                                                                                    Escribió en los poemas “Ariel” y “Arboles de invierno” con una angustia creciente, su afanosa necesidad de enfrentar a sus fantasmas, que desembocará en la fatal mañana del 11 de febrero de 1963, en un ritual tierno y macabro que ella haba previsto y cantado. Así escribe una semana antes de morir, en el poema “Filo”: La mujer ha alcanzado la perfección.                                                                                                                        
Su cuerpo muerto tiene la sonrisa de la consumación, la apariencia de una fatalidad griega.  
Se derrama por los pliegues de su toga. Sus pies pies desnudos parecen decir:                               Hasta aquí hemos llegado, ya todo acabó.
(Sylvia Plath, Filo)

Y añade, despidiéndose de sus hijos, con conmovedora ternura, ella, que había poetizado con tanta desesperada y destructora energía:
Cada niño muerto enroscado, una serpiente blanca, en cada pequeño cántaro de leche, ahora vacío,     ella lo ha atraído nuevamente hacia su cuerpo, como si fueran los pétalos de la rosa que se cierra cuando el jardín se petrifica y las fragancias sangran en las dulces y hondas gargantas de la flor de la noche.
(Sylvia Plath, Filo)

Reabsorbiendo en su propia muerte la vida que dio a los hijos, con un último gesto de amor y con la gracia de una elegía, Sylvia se despide: “La luna no tiene por qué estar triste…su luto cruje y arrastra”. (S.P., Ariel). Vale todavía y valdrá siempre la inscripción del Bhagavad Gita, esculpida en la piedra del sitio de su ultimo descanso: “Aun entre las altas llamas se puede plantar el loto dorado”.


 INTIMIDAD: ALEJANDRA PIZARNIK



                                                                                                                                                                  El grito de Alejandra, en su supremo vértigo, irrumpe en toda su potencia, insidiado por las potencias de la destrucción, cuando la poesía, concebida como el lugar de la restauración de lo absoluto, se contamina y entra en intimidad con la muerte:
“El cuerpo poético, el heredado, el no filtrado por el sol de la lúgubre mañana, un grito, una llamada, una llamarada, un llamamiento.  Sí. Quiero ver el fondo del rio, quiero ver si aquello se abre, si irrumpe y florece del lado de aquí, y vendrá y no vendrá, pero siento que está forcejeando y quizás y tal vez sea solamente la muerte”. (A.P., El sueño de la muerte o el lugar de los cuerpos poéticos)
El grito no contradice el canto de la vida: el extremo dolor de lo que perece es también la alegría suprema del devenir, donde la muerte es también un nacimiento:
Yo, asistiendo a mi nacimiento, Yo, a mi muerte. (ibídem)
Ese tú, esa interlocutora privilegiada, se vuelve la muerte misma, la muerte y la noche como el sitio mítico del encuentro:
Toda la noche escucho el llamamiento de la muerte, toda la noche, escucho el canto de la muerte. (ibídem)
Y aun,
La noche, de nuevo la noche, la magistral impaciencia de lo oscuro, el cálido roce de la muerte,         un instante de éxtasis para mi heredera de todo jardín prohibido.
(Alejandra Pizarnik, El deseo de la palabra)

En el espacio agónico de la noche, Alejandra lanza su grito, prologo y tránsito a la vez hacia   el silencio de la muerte. Frente a la evidencia del nacimiento y de la muerte que se confunden y se superponen, la metafísica de lo trágico de Alejandra nos señala su destino de heroína trágica:
De muerte se ha tejido cada instante.Yo devoro la furia como un ángel idiota invadido de malezas,       que le impide recordar el color del cielo.
(Alejandra Pizarnik, La danza inmovil)
                                                                                                                                                                  El espíritu trasgresor de Alejandra tiende a voltear los limites, a entregarnos una poesía que dure y     un mito de sí misma como poeta “maudit”, que fija estéticamente su propia experiencia desde una tonalidad emotiva o psíquica, hacia una dimensión onto- cosmológica, asumiendo la implicación originaria de crueldad y felicidad: Y con las manos embarradas golpeamos a las puertas del amor.     Y con la conciencia cubierta de sucios y hermosos velos, pedimos por dios. Y con las sienes restallantes de imbécil soberbia, tomamos de la cintura a la vida y pateamos de soslayo a la muerte.
(Alejandra Pizarnik, Muchos más allá)
                                                                                                                                                                    En la inevitabilidad del destino, en el horizonte en el cual el hombre está colocado, al final Alejandra sucumbe:
Señor, he consumado mi vida en un instante la última inocencia estalló. Ahora es nunca o jamás         o simplemente fue… Todo continuará igual. Todo continuará igual.                                                     Pero mis brazos insisten en abrazar el mundo porque aún no les enseñaron que ya es demasiado tarde.
(Alejandra Pizarnik, El despertar)

En el transitar la vida, Alejandra – contradicción en el corazón del mundo – capturada con levedad por sus voces, por sus fantasmas y por sus sombras, lega por fin inadvertidamente a ese lugar donde “se funde la voluntad del hombre y la ley que un dios en un determinado momento, le impone”. (Esquilo)
En el accidentado recorrido de su vida, una inescrutable sabiduría trágica diseñó la superficie de su alma, dilatando al infinito el horizonte de su sufrimiento, proyectándola en la dimensión del enigma y del misterio. “Ahora la muchacha halla la máscara del infinito y rompe el muro de la poesía”. (A.P. Salvación).
  

Bibliografía

Los conceptos vertidos en este ensayo se encuentran en:
Gabriella Bianco, NEST. La metafísica de la ausencia, Emily Dickinson, Marina Tsvietaieva, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik, Corregidor, Buenos Aires, 1992
Gabriella Bianco, En el camino de la palabra, Torres Agüero Editor, Buenos Aires, 1995

Martin Heidegger, Carta sobre el humanismo, ed.it., Sei, Turín, 1975
       ‘’            ‘’        “Costruire, abitare, pensare”, en, “Saggi e discorsi”, Mursia, Milan, 1976, pág. 97
Emily Dickinson, “Poemas”, Marginales Tusquets Editores, Buenos Aires, 1998, n. 611 (1862), pág. 176
    ‘’          ‘’          , “Carta a Mabel Loomis Todd (1882), en, “Lettere 1845-1886”, Einaudi, Turín, 1991,   pág. 203
Emily Dickinson, “Los de lo oculto”, en, ‘’El infierno musical’’, Siglo XXI Argentina Editores, Bs. As, 1971, pág. 45
Emily Dickinson, “El sueño de la muerte o el lugar de los cuerpos poéticos”, en, “Extracción de la piedra de locura”, Sudamericana, Buenos Aires, 1968, pág. 62
Sylvia Plath, “Tres mujeres”, Universidad Autónoma del Estado de México, Toluca, 1987, pág. 20
Emily Dickinson, carta de Thomas W. Higginson luego del encuentro con E.D. el 16 de agosto de 1870, en Thomas H.Johnson y Theodor Ward, The Leyyers of Emily Dickinson, The Belkap Press, Cambridge, Mass., 1965, vol. II, pág. 375 y siguientes
Emily Dickinson, carta a Otis P. Lord, (1878), en, “Lettere 1845-1886”, obra citada, pág. 161
Emily Dickinson, “The Poems of Emily Dickinson’’, Harvard University Press, 1955, 3 tomos, ed. Por T. H. Johnson, (1880)
Marina Tsvietaieva, La verità dei poeti, en, Il poeta e il tempo, ed. española, “El poeta y el tiempo”, Editorial Anagrama, Barcelona, 1990
Marina Tsvietaieva, “Per l’anno nuovo”, Novgorodnee, en, “Deserti luoghi. Lettere 1925-1941”, Adelphi, Milan, 1989, pág. 419
Ana Achmatova, “Mi è obbediente l’immaginazione”, 1913, en, Cetki, Rosario, 1914
Marina Tsvietaieva, carta al hijo Mur, Elabuga, 31 de agosto de 1941, en, “Deserti luoghi”, obra citada, pág. 364
Sylvia Plath, “The Journals of Sylvia Plath”, The Dial Press, New York, 1982, pág. 255
    ‘’        ‘’    , “Daddy”, en, “Ariel”, Harper & Row, New York, 1965, pág. 51
   ‘’        ‘’     , ‘Filo”, en, ‘Ariel”, obra citada, pág. 48. En español, “Tulipanes y otros poemas”, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1988, pág. 28
Alejandra Pizarnik, “El sueño de la muerte o el lugar de los cuerpos poéticos”, en, “Extracción de la piedra de locura”, Sudamericana, Buenos Aires, págs. 61-62-63
Alejandra Pizarnik, “El deseo de la palabra”, en, “El infierno musical”, Siglo XXI Argentina Editores, Buenos Aires, 1971, pág.23
 Alejandra Pizarnik, “La danza inmóvil”, en, ‘’La ultima inocencia y Las aventuras perdidas’’, Botella del mar, Buenos Aires, 1976, pág. 35                                                                                                                                                                      Alejandra Pizarnik, “Muchos más allá”, en, ‘’La ultima inocencia y Las aventuras perdidas’’, obra citada, pág.55                                                                                                                                                        “                “                                     Alejandra Pizarnik, “El despertar’”, en, ‘’La ultima inocencia y Las aventuras perdidas’’, obra citada, pág.52                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   Alejandra Pizarnik, “Salvación”, en, ‘’La ultima inocencia y Las aventuras perdidas’’, obra citada, pág. 11

Dr. Gabriella Bianco, PhD, LTO

                                                                                 gbculture.gabriella@gmail.com
                                                                                 www.gbiancorsbinghamcult.com

Gabriella Bianco se graduó en la Universidad de Trieste en Lingüística y Literaturas Comparadas y en la Universidad de Urbino en Filosofía y Educación; finalizó sus estudios de posgrado en la Universidad de Toronto con una tesis dedicada a Antonio Gramsci, especializándose en Teoría crítica, estudiando con Habermas, Gadamer, McLuhan, Northrop Frye, Freire y Marcuse y obtuvo la Beca Fulbright, doctorándose en Filosofía Política y Ciencia Política en EE.UU. Posee un doctorado en Semiótica de la Universidad de Urbino, estudiando con Umberto Eco y Paolo Fabbri.
Junto a una intensa actividad académica desarrollada en distintas Universidades del mundo (Australia, Canadá, USA, Italia, Kenya, México, Argentina, China, entre otras), enseñando filosofía y literaturas comparadas, ha sido directora y agregada cultural del Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia en Institutos de cultura de varios continentes.
Ha publicado libros y ensayos de temas poéticos, filosóficos, éticos y literarios. Escribe para el teatro, el teatro-danza, la música contemporánea y el cine. Ha sido galardonada con varios premios por su actividad artística en Europa y en las Américas. Es Académica de Italia desde 2003 y miembro honorario de la Unión de artistas y escritores europeos en Roma (Italia) desde 2007. Es “ciudadana honoraria” por méritos artísticos de la ciudad Rio das Ostras (Rio de Janeiro, Brasil) desde 2007. Ha sido nombrada “visitante ilustre” de la histórica ciudad de Cuzco en 2010 (Perú), y “Personalidad internacional de la cultura para el año 2013” (Buenos Aires, Argentina).                                             
 Lleva adelante proyectos internacionales en los campos de la filosofía, de la cultura, del arte, de la educación, del desarrollo y de lo social, con las Naciones Unidas, la Unión europea, Canadem y otros organismos (Kenya, RDC, Haití, etc.) Ejerce el periodismo para revistas de derechos humanos y de ética y colabora con proyectos de cooperación internacional en favor del diálogo intercultural, de la paz y de la no-violencia. Desde 2009 es Embajadora internacional de la Paz e hizo misiones educativas en Guatemala 2009, en Chile en 2010 y 2011, en Cameroon en 2013, en Marruecos en 2014, en Tunisia y Kenya en 2015, China en 2016 en defensa de un mundo sin conflictos, por la autodeterminación de los pueblos. Es miembro activo de la Red Internacional de mujeres filosofas de la UNESCO desde-2012.
 

Su amplia obra incluye:

- Educazione e politica (en el pensamiento de Paulo Freire). (Milano, 1975)
- Oh Lucky Country. Alla ricerca della verginitá perduta.
(Sydney, 1981) - (Roma, 1984)
- La transparencia del ser. (Buenos Aires, 1990)
- ¿Dónde está la eterna primavera? Cesare Pavese y Franz Kafka.                         
   (Buenos Aires, 1991)                                                                                                                                   - El color del agua (Buenos Aires, 1991)
- Nest. Sonidos de la ausencia. (Buenos Aires, 1992)
- Diálogo con el futuro: Carlo Michelstaedter. (Buenos Aires, 1993)
- En el camino de la palabra. (Buenos Aires, 1995)
- Malakhim - Angels – Angeli. (Vancouver 1997) - (Torino, 1998)
- Enigma al femminile. (Castiglioncello, 1998)
- Drum Up The Moon, the Jazz & Blues Festival, (Vancouver, BC, 1999)
- Casanova, ovvero la magica follia.
(Roma, 2000) - (Mar del Plata, 2001)
- Sólo tengo miedo equivocarme en mi muerte. (Buenos Aires, 2001)
- Wolfgang & Magdalena. (Roma, 2002)
- Mozart and Magdalena (screenplay) (Hollywood, 2003, 2004)
- “The legacy of J. A. Comenius to the Culture of Education”, by Ministry of Education, Pedagogical Museum, Academy of   Sciences, Charles University in Prague,   Unie Comenius, Prague – Tchek Republic - 2007
- Save Venice.
(Hollywood, 2004) - (México, 2010)
- Imágenes de la Argentina. (Buenos Aires 2004) - (Córdoba, 2004)
- Incendio. (Porto Alegre, 2005) - (Buenos Aires, 2011)
- Wolfgang y Magdalena, un amor. (Buenos Aires, 2006)
- Salvar a Venecia. (Buenos Aires, 2007) – Save Venice. (Mar del Plata, 2011)                             (Venecia, 2015)
- Immagini da una poesia. (Roma 2009) - (Buenos Aires, 2009)
- Vertigo – Vertige. (Argentina – Chile – Perú, 2010 – 2011 - 2016)
- Mozart & Magdalena. (screenplay) (USA, 2011)                                                                                                                              
- Concert for Magdalena. (novel) (USA, 2011)
- Mozart e Magdalena. L`amante di Mozart (Italia, 2012) (2ª edición)
- Infinite Moons, Infinite Suns.
(USA, 2012)
- Mozart & Magdalena. L'amoureuse de Mozart, Paris/Montreal, 2014

Su amplia obra filosófica, literaria y poética incluye:

  1975: Educazione e Politica (CUEU, Milano)
  1984: Alla ricerca della verginità perduta (Quaderni di studi australiani, Roma)
  1990: El extrañamiento del ser (Epsylon Ed., Bs. As.)
 
1991: Sendas de exilio: Kafka y Pavese (Epsylon Ed., Bs. As.)
  1992: Nest. La metafísica de la ausencia (Corregidor, Bs. As.)
  1992: Nadine Gordimer o la palabra insuprimible (Corregidor, Bs. As.)
  1992: El viaje y la aventura (IIC, Bs. As., Corregidor, Bs. As.)
  1992: La realidad obstinada (IIC, Bs. As., Corregidor, Bs. As.)
  1993: Carlo Michelstaedter. La hermenéutica del devenir (T. Agüero, Bs. As.)
  1994: El extrañamiento del ser, Torres Agüero Editor, Buenos Aires (2nd edición)
  1995: En el camino de la palabra (Torres Agüero Ed., Bs. As.)
  1997: El campo de la ética (HACHETTE/Edicial, Bs. As.)
2002: Epistemología del diálogo. Pensamiento del éxodo. (Biblos, Bs. As.)
2002: Wolfgang & Magdalena (Ed. Goliardiche, Roma)
2005: Búsquedas de sentido para una nueva política (PAIDOS, Buenos Aires)
2005: Manuel d'education civique et electorale, UN, Mbandaka, Équateur  (DRCongo)                       2005 :The World Peace Journal (Croatia - Austria)                  
2006: Images of Argentina, clingKlong, SMF, Schweitz (Suisse)
2006: La Amante de Mozart, Biblos, Buenos Aires
2007: La impaciencia de lo absoluto, en Carlo Michelstaedter y Simone Weil, with screenplay 'Salvar a Venecia', Ediciones Suarez, Buenos Aires
2008: Del Bicentenario de la Revolución a las luchas emancipadoras en nuestra América, 'Social Liberation and Territorial Unity', Corredor de las Ideas del Cono Sur & National Government, Academia de las Ciencias, Bs. As., 2008            
2008: “The legacy of J. A. Comenius to the Culture of Education”, by Ministry of Education, Pedagogical Museum, Academy of   Sciences, Charles University in Prague,   Unie Comenius, Prague – Tchek Republic
2008: Diccionario del pensamiento alternativo, by Corredor de las Ideas del Cono Sur, Universidad Nacional de Lanus, Biblos, Bs. As.
2009: Implacables Ausencias - Nach Congo und anderswohin, Editorial Dunken, Bs.As.
2010: Infinitas lunas, infinitos soles, Editorial Dunken, Buenos Aires                                                                                                                                                            2010: MOZART AND MAGDALENA, USA
2012: Infinite Moons, Infinite Suns, USA                                                                                                                        2012: Walter Benjamin, ein schmerzliches Herz, Buenos Aires
2013:  Tiempos de cambio, tiempos de revolución. Para un humanismo revolucionario, Buenos Aires                                                                                                                                            
2016: La provocación de la verdad y la soledad de la obra, (dos volúmenes), Buenos Aires

2016: La rosa de Monteverdi, Buenos Aires