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sábado, 14 de septiembre de 2024

QUEBRACHO - Gladys Abilar, Chilecito, La Rioja, Argentina

 













QUEBRACHO


Le digo al quebracho que aguante
que la vida es dura y no perdona;
el viento muerde y la lluvia punza.
Rayos y granizos laceran la piel.
Le digo al quebracho que aguante
que él no tiene estirpe de cobarde,
la vida es dura y no perdona;
y cuando viene vestida de hombre
no hay piedad.
El hacha decapita, el fuego calcina.
Quieren tu madera, quebracho,
porque es fuerte, ardiente, gentil
porque resiste obraje, tiempo y desafíos.
¿Y el puma, quebracho?
¿Dónde dormirá su siesta de fauno
si asesinan tu sombra?
¿Dónde soñará la serpiente su sueño de percal
y dónde colgará la flor del aire su penacho carmín
si masacran tus ramas con la picota del resentimiento?
¿Dónde hará nido el ave, dónde cantarán las brisas
si queman tu celaje de tul?
Ellos no entienden que tus pies
abrazados a la tierra no pueden escapar.
Y ahí te quedas, resignado, indefenso, digno.
Qué solo te ves;
¿Dónde están tus hermanos?
La furia del hombre los derribó,
los mismos que se calientan con tu lumbre
y se cobijan bajo tu sombra te quieren lapidar.
Ellos no entienden tu orgullo.
Sólo ven la obstinación de tu corteza trepando al cielo
y no saben que es disfraz de tu dolor.
Tus brazos se tuercen en muda protesta
contra la ingratitud;
y creen que es rebeldía, insubordinación.
¿Y tus lágrimas, quebracho?
No las quieres mostrar.
Ellas van por dentro horadando la huella
de tu virtud de árbol que no quiere lástima.
¡Celebra la savia que por tus venas
corre con fervor de vida!

Pero la vida es dura y no perdona.


GLADYS ABILAR – Chilecito, La Rioja, Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

VOLODIA TEITELBOIM - Roberto Alifano, Buenos Aires, Argentina

 




VOLODIA TEITELBOIM, UN GRANDE DE LA LITERATURA 

En aquellos lejanos días de la década de 1960 yo era un muchacho entusiasta, devoto de la poesía de Pablo Neruda, que se acercó a él para estrechar su mano y escuchar una lectura de sus poemas. Sucedió en Buenos Aires, en la vieja casona de la Sociedad Argentina de Escritores del barrio de San Telmo. En esa ocasión también lo conocí a Volodia Teitelboim, que con Matilde Urrutia, la esposa de Pablo, lo acompañaba. Otro grande de la poesía, nuestro Raúl González Tuñón, me presentó ante ellos. Hubo luego una cena y una invitación del aedo chileno para que lo visitara en su casa de Isla Verde. En esa oportunidad, como buen atrevido, yo asombre al autor de Residencia en la tierra recitando de memoria algunos de sus poemas.

Al año siguiente, después de un tortuoso viaje en tren, cruce la cordillera y pisé la ciudad de Santiago por primera vez. Acaso con poco sentido de la oportunidad caí como peludo de regalo en plena campaña política cuando el Partido Comunista impulsaba a Neruda para la presidencia del país. Me apersoné en el diario El Siglo, que dirigía Volodia, y él, siempre amable y predispuesto, le encomendó a un periodista que me acompañara a Isla Negra, donde el poeta me esperaba. Fue como un sueño. Por lo atareado que estaba Neruda me iba a recibir por media hora; sin embargo, fui huésped de Pablo y Matilde durante casi dos meses. Ambos eran hospitalarios y gentiles, en tanto que VolodiaTeitelbaum, empezó a ser uno de mis más cercanos amigos.

Años más tarde, nos encontramos con Volodia en la Ciudad Universitaria de Roma, donde estábamos invitados por la Casa de Iberoamerica para participar de un homenaje a Pablo Neruda, y durante una semana compartimos el alojamiento desayunando juntos cada mañana. Lo recuerdo a Volodia como un hombre sencillo, generoso, noble y sincero amigo, de contagioso buen humor; dueño de una sensibilidad incomparable y de una cultura siempre asombrosa. Agrego que acompañándolo recorrí la milenaria ciudad y me fueron descubiertos por él rincones e historias que desconocía.

Cuando dirigí la revista Proa, Volodia Teitelboim fue colaborador permanente, e invitado por nosotros estuvo un par de veces en Buenos Aires. Durante los años 2001y 2003, debido a una de las tantas repetidas crisis de la Argentina, me radiqué por casi tres años en Santiago para proseguir la continuidad de la revista, que se concretó gracias al apoyo de la Editorial Universitaria. En aquellos días mi hábito favorito era visitarlo los sábados en su modesta vivienda del barrio de Ñuñoa. La última vez que estuve con él, poco antes de su muerte, me acompañaron Antonio Avaria y Alejandro Vaccaro.

Volodia Teitelboim era hijo de inmigrantes eslavos judíos y desde pequeño se interesó en la literatura. A los 16 años ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, donde se recibió de abogado con una tesis de grado titulada El amanecer del capitalismo y empezó a militar en las Juventudes Comunistas. En paralelo, trabajaba como periodista deportivo. Luego fue reportero, crítico literario y columnista de dos importantes periódicos de la izquierda chilena, el Frente Popular y El Siglo, que dirigió durante años.

Su vocación literaria hizo que en 1931, con una novela en su haber, fuera distinguido con el premio Juegos Florales de Santiago y en 2002 fue definitivamente consagrado al recibir el Premio Nacional de Literatura de Chile, oportunidad en la que tuve el honor de decir unas palabras durante una celebración que se hizo en la Biblioteca Nacional.

Pero volvamos atrás en el tiempo, en 1935 publicó en colaboración con el poeta Eduardo Anguita la Antología de poesía chilena nueva, donde recopilaron a los grandes poetas de ese país y Volodia desató una fuerte polémica, ya que omitió a Gabriela Mistral, acentuando la pugna entre Vicente Huidobro, Pablo de Rokha y Pablo Neruda.

Buen estudioso de la poesía, fue precisamente Volodia quien señaló que el “Poema 16” de los Veinte poemas de amor y una canción desesperada del futuro Premio Nobel era una paráfrasis del “Poema 30” de El Jardinero, de Rabindranath Tagore. Aunque en su momento los detractores de Neruda, como Huidobro y De Rokha, intentaron utilizar la anécdota para acusar al vate de un supuesto plagio, el hallazgo pasó a la historia de la literatura universal como uno de los más destacados ejemplos de paráfrasis. Casi no cabe agregar, que el propio Neruda, lo tomó con humor y reconoció que Volodia tenía razón. “Ha sido el gran plagio de mi vida”, bromeó el autor de Residencia en la Tierra.

Los libros de memorias de Volodia Teitelboim, como decía Avaria, no tienen desperdicio y merecen ser destacados, empezando por Un muchacho del siglo XX (1997), La gran guerra de Chile y otra que nunca existió (2000) y Noches de radio (2001), donde registra, desde su perspectiva política y social, un gran arco de situaciones y vivencias del siglo XX en su patria; también son famosas las magníficas y muy documentadas biografías que dedica a Vicente Huidobro, Pablo Neruda, Gabriela Mistral y Jorge Luis Borges. Su obra también abarca la poesía y la novela, género en el que marcó un hito en la narrativa social con Hijo del salitre, que tiene como protagonista a Elías Lafferte, histórico líder comunista y pieza clave en el desarrollo del movimiento obrero de Chile.

Si fuera necesario ubicar a Volodia Teitelboim en una tendencia determinada, esa tendencia quizá sería el realismo; pero nadie ignora que los géneros literarios no pasan de ser meras ficciones utilitarias, cuando no estratagemas que favorecen a ciertas formalidades, y que lo perdurable y esencial es la sinceridad intelectual. La obra literaria de Volodia Teitelboim no fue ejecutada para justificar un debate, sino que fue engendrada como una necesidad imperiosa y se parece íntimamente al hombre de acción que la forjó.

Luchador infatigable, durante la década de 1940 sufrió por sus principios políticos la persecución y el exilio, una vez dictada por el entonces presidente Gabriel González Videla la absurda y reaccionaria Ley de Defensa Permanente de la Democracia (también conocida como “Ley maldita”). Volodia estuvo relegado y detenido en la localidad de Pisagua y cruzó la cordillera para refugiarse en la provincia de Mendoza.

Entre 1961 y 1965 fue diputado por Valparaíso.​ Un año después elegido como senador por Santiago, y permaneció en ese cargo hasta el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Durante la dictadura militar de Augusto Pinochet vivió el exilio en Moscú, en la entonces Unión Soviética, donde dirigió el programa Escucha Chile. Retornó clandestinamente a su patria en las postrimerías de la dictadura militar, presentándose a las autoridades en 1988 y exigiendo que se establezca un gobierno democrático en Chile, posterior al triunfo del “No” en el plebiscito de ese año.

Amigo que sigue vivo en la evocación y en su perdurable obra literaria, me honra recordarlo como uno de los grandes escritores que ha dado Chile y como el luchador social fiel a sus principios políticos. Volodia Valentín Teitelboim Volosky, nació en Chillán, 17 de marzo de 1916 y se sumó a los más en Santiago de Chile, el 31 de enero de 2008.

ROBERTO ALIFANOBuenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


LAS GAFAS DE VENECIA -Salomé Moltó, Alicante, España

 




LAS GAFAS DE VENECIA

 

Mi hermana Clara acababa de llegar a casa desde el hospital, donde había dado a luz a una preciosa niña de ojos azules, como muchos de los miembros de mi familia, excepto yo y mi madre que los tenemos marrones.

- Ve al cajón de la cómoda a ver si está allí el análisis de tu hermana y tráelo, yo voy a ver si todavía duerme -me dijo mi madre que estaba en casa de mi hermana para cuidarla en el posparto. Cual no fue mi sorpresa al abrir el cajón de la cómoda y ver mis gafas de Venecia que habían desaparecido hace un montón de tiempo. Eran unas hermosas gafas negras oblicuas con figuras de ángeles tocando trompetas dibujando el ángulo del ojo y cerrándose hacia la sien. ¿Cómo habían ido a parar mis gafas allí? ¿Me las había hurtado mi hermana? Con un montón de conjeturas circulando por mi mente llegué hasta el dormitorio de mi hermana, que al verme con las gafas en la mano, hizo un gesto extraño. 

- ¿Cómo es que tienes mis gafas de Venecia? Yo creía que las había perdido. Hace un montón de tiempo desaparecieron misteriosamente, me volví loca buscándolas, y, ¿las tenías tú?

- Sí, las tenía yo -repuso Clara desafiante.

- No hables que estás muy débil, has tenido un parto muy difícil y tienes que reposar 

-interrumpió mi madre un poco inquieta, ya que el ambiente se iba cargando de una tensión extraña. 

- Creo me debes una explicación -le dije a mi hermana; a mi hermana pequeña que acababa de tener una preciosa niña de ojos azules. Esa hermana doce años más joven que yo, a quien tuve que atender cuando mi madre iba a su cotidiano trabajo y que dejaba a mi cuidado. Esa mozuela que hubo que empujar y motivar para que terminara sus estudios que se casó con un hombre mayor, todavía no sé porque y que ahora, me miraba con un gesto de menosprecio retándome con la mirada. 

- Sí, las tengo yo, pero no porque te las robara, me las regaló Juan, tu marido -repuso desafiante. Mi madre, perspicaz como siempre, repuso alarmada: 

- Hale, dejaros de charla, tú acuéstate y descansa que lo has pasado muy mal. Tú vete a tu casa y ya lo discutiréis otro día. Muy turbada no sabía qué pensar. Intenté irme cuando observé un gesto de reto de mi hermana, algo amargo yacía en sus ojos, en su gesto.

- Estas gafas me las regaló Juan cuando estuvimos en Venecia, en nuestro viaje de boda. Las tenía gran cariño, por su belleza. Las venecianas se las colocan en Carnaval, y un día desaparecieron, así, sin más -repuse un tanto turbada.

- Sí, tu tenías las gafas, al guapo médico por marido, el trabajo en el bufete de abogados de padre, luego dos hijos, viajes, triunfos profesionales, sí lo has tenido todo y lo sigues teniendo, yo sólo pude optar a las gafas de Venecia, únicas por su belleza y por lo que representaban, vuestro amor romántico en la hermosa ciudad italiana.

- ¿Qué tonterías dices? Tú tienes tu trabajo, tu hogar, tus dos hijos, tu marido. ¡No te entiendo!

- Sí claro y si no hubiera sido por ti no tendría trabajo, ni casa, ni familia alguna -repuso Clara desafiante.

- Tienes un marido que te quiere y...

- Sí, un “hogar muy feliz” dijo con retintín. Un marido que no puede darme hijos, un trabajo que lo tengo por ti que has gestionado mi plaza en la peluquería. Sí la pequeña e insignificante Clara tiene un hogar, un hogar feliz ¿verdad? El tono de su voz se volvía agrio y mordaz. Llegado este momento sentí cómo un pánico se apoderaba de mí. Iba descubriendo con espanto que haber ejercido de madre, de mi hermana, tenía resultados nefastos.

- ¿Cómo un marido que no puede darte hijos? Tienes dos, anteayer trajiste al mundo una preciosa niña.

- Y con los ojos azules como tu marido y tus dos hijos -repuso con un gesto desafiante.

- Sí, tu pequeña hermanita empezó a ganar la partida cuando tu marido accedió a regalarme las gafas y después a darme los hijos que Mario no puede. Ya ves, en algo te tenía que ganar. Como un robot abrí la ventana y lancé al vacío las gafas, sin decir palabra volví a casa sin saber qué iba ser de mi vida a partir de aquel momento                                                                                                 

SALOMÉ MOLTÓ – Alcoy, Alicante, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


sábado, 7 de septiembre de 2024

ANLATAMIYORUM (No lo puedo explicar) - Orhan Veli Kanik – Estambul, Turquía, 13 de abril de 1914 - 14 de noviembre de 1950

 







ANLATAMIYORUM (No lo puedo explicar)


Si llorara, ¿podrías oír
Mi voz en mis poemas?
¿Podrías tocar mis lagrimas
Con tus manos?
Antes de caer presa de este dolor,
Nunca supe que las canciones fueran tan encantadoras
Y palabras tan suaves.
Sé que hay un lugar
Donde se puede hablar acerca de todo;
Siento que estoy cerca de ese lugar,
Sin embargo no lo puedo explicar.


ORHAN VELI KANIK - Estambul, Turquía, 13 de abril de 1914 - 14 de noviembre de 1950

Kanik es uno de los fundadores del movimiento llamado Garip (‘Extraño’), que tuvo una gran influencia, especialmente entre los años 1945-1950 en la poesía turca de la era republicana.

El movimiento Garip es considerado como un hito en la poesía turca, ya que dejó a un lado el oficio tradicional en favor de versos más simples.


¿COSECHA DE LA NADA? - Mario Benedetti, Uruguay

 













¿COSECHA DE LA NADA?


Hay quienes imaginan el olvido
como un depósito desierto / una
cosecha de la nada y sin embargo
el olvido está lleno de memoria

hay rincones del odio por ejemplo
con un rostro treinta veces ardido
y treinta veces vuelto a renacer
como otro ave fénix del desahucio

hay arriates de asombro
con azahares sedientos de rocío /
hay precarias lucernas del amor
donde se asoman cielos que fueron apagados
por la huesuda o por la indiferencia
y sin embargo siguen esperando
aunque nada ni nadie los desangre en voz alta

ni el desamparo ni el dolor se borran
y las lealtades y traiciones giran
como satélites del sacrificio
en el olvido encallan buenas y malas sombras

huesos de compasión / sangre de ungüentos
resentimientos inmisericordes
ojos de exilio que besaron pechos

hay quienes imaginan el olvido
como un depósito desierto / una
cosecha de la nada y sin embargo
el olvido está lleno de memoria.


MARIO BENEDETTI,
Uruguay


MI ROCÍO - Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina

 











MI ROCÍO


Mañana, caminaré el rocío
y haré una travesía por la rosa.
Dibujaré el perfume del olvido
cuando enlute su color la mariposa.

Habrá un después y un siempre
en la floral sublimación del trigo
desbordando de canto mi diciembre
desde el rubio pan de algún amigo.

Mañana, andaré por el vino,
elemento vital que da la parra.
Me quedaré al acecho en las acequias
para atrapar un canto de cigarra.

Bajarán los duendes de los sauces,
de los álamos vendrán las salamandras.
Escaparán los ríos de su cauce
hacia el rito virtual de la esperanza.

Antes de que sucumba mi rocío.
ese; del llano, el valle y la montaña,
teñiré de color los manzanares
y beberé del trinar de las calandrias.


©NORBERTO PANNONE - Buenos Aires, Argentina


MEU ORVALHO (Mi rocío)

Amanhã, caminharei o orvalho
e farei uma travessia pela rosa.
Desenharei o perfume do esquecimento
quando perca sua cor a borboleta.

Haverá um depois e um sempre
na floral sublimação do trigo
extravasando de canto meu dezembro
desde o dourado pão de algum amigo.

Amanhã, andarei pelo vinho,
elemento vital que dá a videira
Ficarei ao espreito nas acéquias
para apanhar o canto da cigarra

descerão os duendes dos salgueiros,
dos álamos virão as salamandras.
Escaparão os rios de seu leito
para o rito virtual da esperança.

Antes de que sucumba meu orvalho.
Esse; da campina, o vale e a montanha,
tingirei de cor as macieiras
e beberei do canto das calandras


©NORBERTO PANNONE



Tradución: Antonio Duran, San Pablo, Brasil

PALABRAS Y SILENCIOS - Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 



LUIS ALPOSTA - Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

LOS AMIGOS - Aída Bortnik, Buenos Aires, Argentina

 









LOS AMIGOS


"No pueden impedir que uno sufra. No pueden garantizar que uno sea feliz. No pueden reemplazar a la madre ni al padre. No pueden confundirse con el amante ni con el hijo. No evitan que uno cometa errores, ni aciertan siempre en celebrar a tiempo el verdadero triunfo sobre uno mismo. No impiden que el dolor duela, ni aseguran que el amor ame. No detienen el tiempo ni sus deterioros. No apresuran el equilibrio ni sus armonías. No están siempre que hacen falta, ni se van solo cuando uno está preparado para la soledad. No colman todas las posibilidades de la sed, ni se privan de despertar otras nuevas. Los amigos solamente hacen que el espejo nos devuelva la imagen de alguien capaz de ser amado por alguien a quien ama. Los amigos solamente hacen que la vida valga la pena de ser vivida".

 

AÍDA BORTNIK – Buenos Aires, Argentina

(Buenos Aires, 7 de enero de 1938 - ibídem, 27 de abril de 2013), fue una guionista, periodista y escritora argentina.


SOLILOQUIO DEL DESVELO - Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina

 














SOLILOQUIO DEL DESVELO

"Quien realmente aprende a ver se acerca a lo invisible"

Paul Celan


Allí, donde se abisma el mar, te sueño.
Dejo la pipa sobre el escritorio y miro.
Se azula el alma, atesora la imagen de la noche.
La desnudez oculta el reclinado silencio,
la mirada perdida, la eternidad sin nombre.
Luego vinieron los océanos, el lenguaje
que cubre las ventanas y los muebles,
la posesión de los ojos sobre el lecho.
El deseo es un sabor hallado
que ilumina tu cabellera perfumando el alba.
Es cuando la intimidad y el aire
engarzan memoria en la ternura.
Sin saberlo, las manos han tocado el infinito.


CARLOS PENELAS, Buenos Aires, Argentina 

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

Buenos Aires, agosto de 2024

EL CUADRO HABITADO - Mónica Gómez, Santiago, Chile

 



EL CUADRO HABITADO

 

        Ese día, la sala de exposiciones con pintura contemporánea de Casas de Lo Matta, resplandecía.

                    El curador había expuesto en el espacio principal de la sala, la misteriosa obra “El Cuadro Habitado” de la reconocida pintora Carmen Aldunate.

                    Entre los asistentes crecía la curiosidad, porqué dar ese título a una pintura que mostraba a dos mujeres con vestimentas medievales, holgadas como cavernas sin fin y en un plano inferior y junto a ellas las imágenes de otras dos pequeñas figuras  en actitud tímida y con miradas de estupor.

                   Carmen Aldunate, al referirse en rueda de prensa a la pintura – comentó- “¡Esta obra es un misterio para mí, la considero un enigma, una críptica caja cerrada – agregando en voz casi inaudible- que un día algunas pudieron abrir!”.      

                   Únicamente, las más talentosas de las alumnas de la pintora, admiradoras de la obra de la maestra - hoy aparentemente desaparecidas y cuya mayor pasión fue siempre la inmortalidad a riesgo de su inexistencia terrena- conservaban el secreto.

 

MÓNICA GÓMEZ – Santiago, Chile

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA