PRESIDENTE: NORBERTO PANNONE
sábado, 8 de junio de 2024
“AVENTURAS DE OLIVERIO TWIST” - Rolando Revagliatti, Buenos Aires, Argentina
Grito agudo del corderillo al que criar
recién parido ser mortal en el llamado hospicio
mientras su madre lo abandona estremeciéndose para siempre
besándolo por única vez
Los parroquiales lo condenan — ¡magnánimamente! —
a vivir con (y eventualmente a morir de) hambre
distraída por patadas y coscorrones de diligentes celadores
tundas repartidas a otros desgraciados caballeretes
sucios y hasta piojosos por añadidura
famélicos alucinadores de la gorda manteca
Oliverio es designado delegado y atrevido pedigüeño
y el director resuena la testa de Oliverio con un cucharón
en malhadados tiempos incompasivos
(Añadir cinco libras al incordio en forma de
futuro aprendiz de cualquier arte u oficio
sortear a quien desholline cogitando sobre deudas y penurias)
Quédase alquilado el niño al funebrero
traga sobras y duerme entre ataúdes
¡Pamemas! estalla el condigno administrador de justicia
estupefacto Oliverio, después perseguido e inclusive baleado
aprendiendo y lastimándose en el melodrama.
ROLANDO REVAGLIATTI – Buenos Aires, Argentina
__________
“AVENTURAS DE OLIVERIO TWIST”, novela de Charles Dickens.
Rolando Revagliatti nació el 14 de abril de 1945 en Buenos Aires, ciudad en la que reside. Publicó en soporte papel un volumen que reúne su dramaturgia, dos con cuentos, relatos y microficciones y dieciocho poemarios. En ediciones digitales se hallan los seis tomos de su libro “Documentales. Entrevistas a escritores argentinos”, conformados por 159 entrevistas por él realizadas. Todos sus libros cuentan con ediciones electrónicas disponibles en http://www.revagliatti.com
REIR LLORANDO - Juan de Dios Peza, México
Viendo a Garrick, actor de la Inglaterra,
el pueblo al aplaudirlo le decía:
Eres el más gracioso de la tierra y el más feliz.
Y el cómico reía.
Víctimas del spleen los altos lores,
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores
y cambiaban su spleen en carcajadas.
Una vez ante un médico famoso,
llegóse un hombre de mirar sombrío:
-Sufro -le dijo- un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío.
Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importan mi nombre ni mi suerte;
en un eterno spleen muriendo vivo,
y es mi única pasión la de la muerte.
-Viajad y os distraeréis. -Tanto he viajado
-Las lecturas buscad -Tanto he leído-
Que os ame una mujer - ¡Si soy amado!
-Un título adquirid -Noble he nacido.
¿Pobre seréis quizá? -Tengo riquezas
- ¿De lisonjas gustáis? - ¡Tantas escucho!
-¿Que tenéis de familia?...-Mis tristezas
-¿Vais a los cementerios?... -Mucho, mucho.
¿De vuestra vida actual tenéis testigos?
- Sí, mas no dejo que me impongan yugos;
yo les llamo a los muertos mis amigos;
y les llamo a los vivos mis verdugos.
-Me deja- agrega el médico -perplejo
vuestro mal, y no debo acobardaros;
Tomad hoy por receta este consejo:
sólo viendo a Garrick podéis curaros.
-¿A Garrick? -Sí, a Garrick...La más remisa
y austera sociedad lo busca ansiosa;
todo aquel que lo ve muere de risa;
¡tiene una gracia artística asombrosa!
-Y a mí me hará reír?-Ah, sí, os lo juro!;
él, sí, nada más él...Mas qué os inquieta?...
-Así -dijo el enfermo -no me curo:
¡Yo soy Garrick ! Cambiadme la receta.
¡Cuántos hay que, cansados de la vida,
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reír como el autor suicida
sin encontrar para su mal remedio!
¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!..
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora
el alma llora cuando el rostro ríe!
Si se muere la fe, si huye la calma,
si sólo abrojos nuestras plantas pisa
lanza a la faz la tempestad del alma
un relámpago triste: la sonrisa.
El carnaval del mundo engaña tanto;
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto
y también a llorar con carcajadas.
©JUAN DE DIOS PEZA - México
ESPERANZA - Alexis Valdés, Cuba
El
poema completo:
ESPERANZA
Cuando
la tormenta pase
Y se amansen los caminos
y seamos sobrevivientes
de un naufragio colectivo.
Con
el corazón lloroso
y el destino bendecido
nos sentiremos dichosos
tan sólo por estar vivos.
Y
le daremos un abrazo
al primer desconocido
y alabaremos la suerte
de conservar un amigo.
Y
entonces recordaremos
todo aquello que perdimos
y de una vez aprenderemos
todo lo que no aprendimos.
Ya
no tendremos envidia
pues todos habrán sufrido.
Ya no tendremos desidia
Seremos más compasivos.
Valdrá
más lo que es de todos
Que lo jamás conseguido
Seremos más generosos
Y mucho más comprometidos
Entenderemos lo frágil
que significa estar vivos
Sudaremos empatía
por quien está y quien se ha ido.
Extrañaremos al viejo
que pedía un peso en el mercado,
que no supimos su nombre
y siempre estuvo a tu lado.
Y quizás el viejo pobre
era tu Dios disfrazado.
Nunca preguntaste el nombre
porque estabas apurado.
Y todo será un milagro
Y todo será un legado
Y se respetará la vida,
la vida que hemos ganado.
Cuando la tormenta pase
te pido Dios, apenado,
que nos devuelvas mejores,
como nos habías soñado.
©ALEXIS VALDÉS, poeta y
escritor cubano
En medio de la incertidumbre y el temor que genera en el mundo entero el avance del coronavirus, comenzó a circular un poema, llamado “La Esperanza”. La letra produce una gran emoción por la fuerza de sus palabras.
La obra llegó, incluso, al Papa Francisco, quien se mostró muy conmovido al conocerla.
A medida que comenzó a rodar, su autoría fue adjudicada primero a Benedetti, después a un poeta persa, anónimo, y finalmente al actor y humorista Luís Landriscina. Pero, al enterarse de esto, el artista negó que fuese de él y se encargó de averiguar el verdadero origen.
"Seguramente algún chaqueño o chaqueña a quien le llegó el poema dijo que era mío", señaló Luís.
Así se encargó de señalar que pertenece a Alexis Valdés, un actor y humorista cubano que vive en Miami, Estados Unidos, y tiene su propio programa de televisión", reveló el artista.
Por su parte, Valdés, el confirmado autor de la obra, se mostró emocionado al enterarse de las idas y vueltas que había logrado su poema. "Es un honor que se lo hayan adjudicado a Landriscina, porque lo admiro mucho, y también su honestidad. Cuando empecé a actuar, en los años 80, mis ídolos eran actores argentinos, soy un fanático de su cultura", sostuvo.
En cuanto a su reciente obra, que llegó nada menos que hasta las manos del Papa Francisco, dijo que fue la situación que generó la pandemia lo que lo inspiró. "
“Me conmovió la situación. Yo viví 15 años en España, trabajé allí y cuando vi lo que estaba pasando me vino la inspiración y lo publiqué en mi Instagram", recordó.
"Yo creo que los que aprovechen este tiempo creativamente, para leer, crear algo, enforcar en algo positivo, son quienes van a poder salir reconfortados de esto", agregó.
VAGO RECUERDO DE UN INSOMNIO - Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina
Me llega su voz, errátil.
Palabras salidas de la tarde,
palabras como un largo silencio
en mitad del silencio.
Nada se mueve.
Veo la luna del ropero,
un café frente a la Basílica de Guadalupe.
Siento la aguda nostalgia de los hijos,
una callecita flotante
con luces como lluvias, brumosa.
Creo ver una estrella sostenida en su mano,
una nube tenuísima, un designio efímero,
una isla que crece y se desliza.
Ahora un poema de Pessoa sobre la mesa
en la falible memoria del conjuro.
También la bajamar, orillas tornasoleadas,
la espalda de una mujer en el beso del aire.
Es difícil imaginar en estos días
la beatitud de la infancia.
Buenos Aires, 12 de abril de 2020
CARLOS PENELAS – Buenos Aires, Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
MANUEL BELGRANO, MAESTRO MASÓN - Antonio Las Heras - Buenos Aires, Argentina
HISTÓRIA
MANUEL
BELGRANO, MAESTRO MASÓN
El creador de la
Bandera Nacional y jefe del Ejército del Norte fue un destacado miembro de la
Masonería, según revela la investigación histórica de Antonio Las Heras.
Este 3 de
junio se cumplirá un nuevo aniversario del nacimiento de Manuel
Belgrano, ocurrido en el año 1770. Resulta, entonces, de interés,
indagar sobre uno de sus aspectos menos conocidos y más controversiales. Nos
referimos a su condición de Maestro Masón.
“La mención
de Belgrano como masón es probada por un testimonio traído por el historiador
Saldías y los recuerdos del general Enrique Martínez”, afirmó el
historiador Enrique de Gandía dando por terminado –a través de
la documentación necesaria– la controversia sobre si el Creador de la Enseña
Patria era miembro o no de la Masonería.
Esta
controversia tuvo sus fundamentos. Por un lado la falta de constataciones
documentales (obvio que tratándose de organizaciones secretas no habrían de
quedar disponibles libros de actas ni minutas sobre lo acontecido en cada
encuentro logial y por otro el hecho de la indiscutible condición de católico
practicante del general Belgrano lo que hizo suponer a priori a
algunos estudiosos que había una absoluta incompatibilidad entre ambas
filiaciones.
Sobre el
primer punto arroja luz Emilio Gouchón (1860/1912) quien fuera
tanto Gran Maestre como Gran Comendador del Grado 33, en su escrito “La
organización masónica en la independencia americana” dejando bien en
claro por qué no es posible hallar suficiente documentación que corrobore lo
que usualmente por tradición oral ha llegado a la pluma de los primeros
historiadores sobre la temática que aquí nos ocupa. “… el nombre de los
afiliados –explica Gouchón– era confiado principalmente a la
memoria, y los trabajos se hacía verbalmente, cuidando de no dejar constancia
escrita. La más mínima imprudencia, cualquier delación, podía hacer fracasar
los trabajos y comprometer la vida y libertad de los afiliados.”
En cuanto a
la presunta incoherencia moral de ser católico practicante y, a la vez,
Maestro Masón, la historiadora Lucía Gálvez se ha referido
al interrogante que algunos han planeado sobre cómo fue posible que personas
reconocidas por su condición de católicos practicantes hubieran pertenecido a
logias masónicas. Al respecto escribe: “La pertenencia a la masonería
no pone en duda, sin embargo, la fe cristiana de ambos héroes –se
refiere a José de San Martín y a Juan Martín de Pueyrredón– ni la del
general Belgrano, ni de tantos otros que veían en esa institución muchos
valores además de una poderosa ayuda para lograr la unidad y la independencia
de los pueblos de América.”
Aclarados
estos puntos, podemos manifestar que el general Manuel Belgrano (1770/1820)
cumplió el rito de iniciación (ceremonia de ingreso) a la Masonería, en
la Logia Independencia que, desde fines del siglo XVIII, trabajaba
en Buenos Aires. El ingreso de este patriota ocurrió durante el año 1795.
Integró, asimismo, la organización que pasó a la Historia de la Argentina con
el nombre de “Sociedad de los Siete” la cual, a los efectos
masónicos, era una estructura iniciática.
Así dejan
constancia los investigadores masónicos Jorge Silvestre y Víctor
Rodríguez Rossi, a quienes citamos: “La Sociedad de los Siete
fue una delegación operativa estrictamente masónica de la Logia Independencia.” En
ese mismo sentido se han expresado Enrique de Gandía, así como los
masonólogos Frau Abrines y Ariús Arderiu y Martín
V. Lezcano quien fuera miembro de la Academia Americana de la
Historia.
En el Diccionario
Enciclopédico de la Masonería, escrito por Lorenzo Frau Albines y Rosendo
Ariús Arderiu, se indica que la Sociedad de los Siete estaba conformada por Juan
José Castelli, Agustín Donado, Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña, Hipólito
Vieytes, Manuel Belgrano y Feliciano Antonio Chiclana.
Comentan,
además, Silvestre y Rodríguez Rossi que dicha Logia Independencia, que fuera
fundada a fines del siglo XVIII “en el recientemente creado Virreynato
del Río de la Plata… tuvo como miembros a Juan José Castelli (que fungía como
Venerable Maestro); a su primo Manuel Belgrano, flamante secretario perpetuo
del Real Consulado de Buenos Aires; Juan José Paso, Feliciano Chiclana, Matías
Irigoyen, Nicolás Rodríguez Peña, Hipólito Vieytes, Juan Larrea, Domingo Matheu
y Antonio Luis Berutti.” Alcanza con leer estos apellidos que han
quedado grabados en las páginas de la Historia Argentina para comprender la
importancia y trascendencia que esa logia masónica tuvo tanto para aquel
presente como cuanto para el futuro inmediato y mediato que siguió.
De acuerdo
con el historiador y Maestro Masón grado 33 y último del Rito Escocés Antiguo y
Aceptado, Emilio J. Corbiere, ésta Logia Independencia fue la
primera que hubo en territorio de lo que, con el tiempo, se convertiría en la
República Argentina habiendo funcionado “con protocolos de autorización
otorgados por la Gran Logia General Escocesa de Francia.”
José Matías
Zapiola (1780-1874) dejó constancia de que Belgrano había sido miembro de
la Logia Lautaro de Buenos Aires (cabe la aclaración
geográfica puesto que hubo logias lautarinas en la ciudad de Santa Fe, Córdoba,
Mendoza, etc.) Si bien no todos los investigadores están de acuerdo en que
Belgrano haya formado parte de ella, lo cierto es que el testimonio de Zapiola
resulta invalorable pues sólo él es quien habla desde los hechos históricos en
los que participó.
El
mismo Bartolomé Mitre lo tuvo, a los efectos de historiar esa
parte de la Argentina, como sólido referente pues habida cuenta de su
longevidad y buena salud, estaba en condiciones de rememorar aquellos
acontecimientos que lo habían tenido como coprotagonista. Como ya hemos dicho
–y seguiremos expresando en otras partes de este libro– hechos sobre los
cuales, por el elevado secretismo que los mismos requerían, no se dejaba
constancia escrita o documental alguna. Todo circulaba “de la boca al oído”
(para usar otra expresión típicamente masónica) siendo la memoria el único
reservorio seguro.
Mientras
Belgrano tuvo a su mando el Ejército del Norte funcionó allí
una logia que lo tuvo como Venerable Maestro, denominación masónica para quien
ejerce la presidencia logial. Lo fue también de la Logia Argentina que se
reunía en la ciudad de San Miguel de Tucumán a la que fundó – según el
historiador de la Masonería Argentina Alcibíades Lappas – con Carta
Constitutiva (autorización) de la “Masonería de Nueva Granada” (sic). La misma
luego modificó su nombre por logia Unidad Argentina.
Por todo lo
expuesto, se hace irrefutable la condición de hermano masónico que tuvo el
Gral. Manuel Belgrano.
ANTONIO LAS HERAS- Buenos Aires, Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO
Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA
«TEOLOGÍA DE BOLSILLO» - Ángel Medina, Málaga, España
«TEOLOGÍA DE BOLSILLO»
La fe es un don,
aunque la razón puede en ocasiones ayudar a situar el pensamiento como soporte.
No basta con decir “sí” o “no”, sino que hay que intentar encontrar la razón
del por qué.
“Amarás a tu
Dios” fue el primer mandato escrito en las Tablas. ¿Cómo hacerlo? ¿Qué trajo el
Cristo al mundo?
«¿ES POSIBLE AMAR
SIN CONOCER?»
→ El primer
mandamiento del Decálogo contiene todas las demás prescripciones. Las normas
que ha de seguir el hombre para su realización.
Traigamos aquí
las reflexiones de Machado en su obra “Juan de Mairena” por boca de su
personaje apócrifo.
“Amar a Dios
sobre todas las cosas es algo más difícil de lo que parece. Porque ello parece
exigirnos: primero, que creamos en Él, segundo, que creamos en todas las cosas,
tercero que amemos todas las cosas y cuarto que lo amemos sobre todas ellas”.
En suma, la santidad perfecta inasequible a los mismos santos (Pag 23)
Pensemos todo
esto.
¿Podemos amar lo
desconocido? Porque, ¿creemos o queremos creer, ¿Qué son todas las cosas
cualitativa y cuantitativamente hablando? Ni el más sabio del mundo tendría en
toda su vida tiempo para conocer todas las cosas. Y, dando un paso más en este
sentido, amar, empeñar nuestra vida en seguir a todas esas cosas, pues creer
implica no solamente una actitud intelectual pasiva, sino el seguimiento de lo
que nos pide aquello en lo que se cree. Y aún hay más. ¿Cómo entender que el
que se basta a Sí mismo necesite que le ame una criatura insignificante como es
el hombre? ¿Qué podría añadir la nada al Todo?
¿No necesita el
hombre para darse razón del sentido de la vida poner en manos del que es el
Alfa y el Omega su deseo de no acabarse? Porque, en el fondo de todo, en esto
consiste el temor que contiene la esperanza. Asimilar, pues, que existe una
razón para la que ha sido creado, haciéndose entender que pervivirá en él su
“yo” más allá de la nada que propone la percepción trágica del mundo. Desde el
punto de vista personal, individualización, pues todo lo que existe penetra en el
hombre a través de la reflexión, en la que han de enfrentarse la razón y el
sentimiento. Una razón terca que sólo admite lo que es capaz de verificar, y
cuya única forma de superar es aceptando su limitación, doblegar la testuz de
su soberbia y suficiencia. Y al mismo tiempo el sentimiento, aquello que se
percibe por la intuición y el deseo,
en este caso anhelo de no terminar
de entregar el “yo” del hombre cuando se acaba el plazo de su finitud, y cuya
única manera de superar tan funesto trance consiste en entregar la confianza
humana al deseo divino.
Cuando se acepta
el fin como la nada absoluta, en el momento de tomar esa decisión intelectual,
el que así lo hace afirma la negación de la primera y última razón del porqué
de todo, incluido el propio hombre, algo que corroe no sólo su sentimiento,
sino también la razón.
¿O será al revés:
¿que el hombre para ser hombre, para poder darse razón de sí mismo es él quien
lo necesita? ¿No se entendería entonces mejor si la palabra “amar” la
sustituyésemos por “confianza”?
«¿QUÉ TRAJO JESÚS
REALMENTE AL MUNDO?»
→ Para responder a esta pregunta hemos
de situarnos en la expectativa del pueblo de Israel. A Yavhéh, que lo sacó de
Egipto nadie lo había visto. Incluso Moisés, en el episodio de la zarza no
puede “mirarlo cara a cara”. (“No puedes ver mi rostro; porque nadie puede verme, y vivir” -Ex 33). Por eso, en los
momentos de angustia (Salmo 27) es invocado para ser reconocido:
“Muéstranos tu Rostro”. O lo que es lo mismo: Revélate a nosotros para que
podamos conocerte más allá de cómo nosotros nos hacemos la idea que eres.
En su obra “Jesús
de Nazaret” encontramos la respuesta en Benedicto XVI (J. Ratzinger). “Si no ha traído la paz al mundo, el
bienestar para todos, un mundo mejor”, entonces, ¿qué ha traído? La respuesta
es muy sencilla: Ha traído a Dios, A Aquel que se había revelado poco a poco
desde Abraham hasta la literatura sapiencial, pasando por Moisés y los Profetas”.
O mejor aún: nos desvela el verdadero rostro de Dios.
El Crucificado, para acercarlo al mundo pagó
al precio de su vida. Porque el hombre suele entender al amparo de la duda,
adecuando el objeto de su pensamiento a sí mismo o a sus intereses, sean privados
o colectivos. Así, (los primeros), como dice Feuerbach: lo divino es la
proyección divinizada de los anhelos y limitaciones del individuo― la bondad
suprema que es inalcanzable para el hombre, la sabiduría…―, o (colectiva), como
lo concebía el antiguo judaísmo: el Señor terrible del Tabernáculo, garante de
una Ley que ellos habían secuestrado y adaptado a sus intereses.
El gran obstáculo
para la fe es el mal. El absurdo de acabar todo en el sufrimiento y en la nada.
Dietrich Bonhoeffer, pastor luterano y teólogo, opositor a la barbarie del
nazismo, creador de la “iglesia confesante” junto con Karl Barth, ahorcado en
1945 en el campo de concentración de Flossenbürg, dejó al mundo un doble legado
de esperanza. Antes de morir dijo: “Este es el fin; para mí es el principio de
la vida”. Supo superar la experiencia del mal de igual manera narrando el
macabro espectáculo que fue el ahorcamiento de un niño por sus mismos verdugos.
Para ello los reclusos fueron obligados a salir al patio. Un silencio fúnebre
se adueñó de ellos. Entonces, se escuchó una voz que gritaba: ¿Dónde está ahora
Dios? Al cabo, cuando ya se balanceaba el cuerpo en la cuerda se dejó oír una
segunda voz: “¡Está ahí, en ese niño!”»
Aquí se ventila
el problema que planteaba el viejo Epicuro sobre la existencia del Mal. Si no
puede evitarlo es porque no es Omnipotente, y si lo permite es porque no es
Bueno.
¿Es posible
entender esto?
La esencia del
amor es la de darse. El hombre recibió la existencia para poder participar de
ese amor con el Creador. Pero se le impuso la condición de aceptarlo o
rechazarlo. Pudo haber sido creado como un espíritu puro o programado como una
computadora para obrar solo el bien, pero, entonces, no sería un hombre, pues
la cualidad humana es la libertad. Así, para ejercitar su libre albedrío se le
dijo que tenía que elegir entre el bien y el mal. Esta es la razón del mal. La
vida es el espacio para la elección. No ha sido preguntado para venir al mundo,
pero se le pide contar con él para superar el peor de todos los males que es la
muerte.
El mismo
Crucificado hubo de padecer el abandono en el madero. Había entregado su vida
para mostrar su Rostro y a su clamor respondió el silencio, como ocurre cuando
llega el fin de cualquier hijo de mujer. Y, sin embargo, en el silencio
habitaba la Palabra, siendo resucitado para que el hombre pueda resucitar con
él.
Ahora sí podemos
decir con Ratzinger qué trajo al mundo: trajo al Dios verdadero, que “no está
allá en el cielo”, sino “aquí en la tierra” con los hombres.
ÁNGEL MEDINA - Málaga, España
MIEMBRO HONORÍFICO
DE ASOLAPO ARGENTINA
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EL REFERENTE - Adrián Néstor escudero, Santa Fe, Argentina
EL REFERENTE
A Cartoneros (gente que sobrevive de
la basura de la Sociedad Actual) y Piqueteros (gente desocupada que corta rutas
para dar a conocer su hambre de dignidad) en la Nueva Argentina presa de una
hereje, cruenta y desacralizada globalización...
Lluvia…
Una fuerte ráfaga de
viento trepidó sobre los árboles y ayudó a la lluvia a cabalgar, enhiesta, por
una ciudad escondida en el miedo tras una fortaleza de muros y techumbres (desde impávidos ventanales, rostros difusos
resbalaron y cayeron como sombras de seres sin sombras).
Las gotas, dispersas al
principio, se aliaron en pocos segundos, y, apretujándose unas con otras,
montaron briosas sobre el corcel del viento gris que, al final del otoño, trae entre
sus dientes pastosos, sueños, melancolías y recuerdos tan oscuros como aquellas
diminutas bombitas acuosas de aciagos presagios.
Y sacudieron el aire.
Lo agitaron y envolvieron, como juramentadas, en un cimbreante hechizo potteriano que conquistó cada molécula de su oxígeno, hasta devorarlo todo y explotarlo, en un instante, como una vandálica sinfonía de liendres húmedas que obnubiló el ambiente y lo cubrió de brumas a la hora del crepúsculo.
“Usted es importante, amigo”, dijo el Referente del distrito. “Y, para que lo sepa, en mérito a su
constancia, le vamos a regalar unas chapitas nuevas para reforzarle el techo al
refugio. Ya los cumpas de la Básica
nos han advertido que la viene pasando brava con cada tormenta que se le viene
de arriba... Y eso es feo, che”.
“¡Maldita lluvia!”, pensó Ramón Castillo. Y tosió como para ahogar
a ese trueno brutal que estremeció la tierra, viniendo desde la aurora y
electrizando el cielo hasta el tenebroso escondite del sol...
“¡Maldita sea”, y se hundió en la cama desnuda y quejosa, como él,
mezclándole su amargo aliento (de vino
malo) e inmundo (es decir, peor que sucio de la miseria de las sobras que, desde el
noreste nacional, lo perseguía de pequeño ultrajándole más su condenada
indignidad...).
“Así que...”, recordó El Referente, “... no se olvide de cumplir como corresponde, ni se me ponga ´alegre´ antes de tiempo. Si se duerme, después de las seis de la tarde se termina la cosa; y, las chapas, bueno... Además, espero que los cien de la villa no fallen. ¿Comprendido, amigo? Nos vemos, ¿eh? Ah, ¡y que viva el Doctor, carajo!”, le instó luego a gritar en tono encendido y adulador. “Sí..., que viva, carajo y caracho”, fue su respuesta desganada y levitada -por el aire aguado- hasta el agujero sin fondo donde las temidas gotas se reclutaban y amalgamaban, cual sólida argamasa, para transformarse luego en látigos violentos que, como guirnaldas de viento y agua, azotaban la enclenque estructura de su rancho en Barrio Acería…
… Que no tuvieron piedad como tampoco la habían tenido antes. Era la seguridad de poder hacerlo. De hecho, lo habían comprobado otras veces... Habían comprobado que, su ahuecado abismo, pequeño pero efectivo (diminuto como un sol ausente) podía conseguir todo aquello a lo que una gotera, precaria y astuta, puede aspirar: la protesta, el desaliento y el irascible gesto del habitante humano que ve asomar su babosa arquitectura, tomar cuerpo y deslizarse, lentamente, en sutil compostura, hasta estallar a los pies cual impertinente intruso (cuajada de burlona sonrisa aristocrática)… Y, detrás de ella, todas las demás; como un cortejo monocorde e infame, vuelto música de palanganas y cacerolas ante la troyana impotencia de su majestad, su excelencia, don Ramón Castillo de Prados y Puertas, actual Ramón de Cuevas y Caños...
“¡Maldita lluvia, malditas chapas, maldito rancho!”, fue su queja
airada y repetida con la lógica furia de un ego arrebatado, mientras peleaba
por clausurar oídos y aliviar la mente afiebrada, torpemente, por el alcohol
barato y el humo de mil cigarros retorcidos...
Se sentía mal. Verdaderamente mal.
“Pobre, pero honrado”, había sido siempre su lema desde que escapara del Chaco hacia el Litoral Argentino, en busca de mejores horizontes. Porque también siempre lo había intentado: discutir con sus hermanos del quebracho por lo que creía justo, más allá de la desdicha o, si se quiere, provinciana austeridad templada por el estómago vacío, los huesos solitarios y transidos, y los músculos trizados por el bolsaje del puerto de Reconquista y la zafra verense algodonera... Cosas heredadas de su padre y un Viejo Coronel luego “engeneralizado” por el pertinaz apostolado de sus compañeros de lucha... Hace mucho, mucho de esto, ¿no? En la sepia década de los ’40… Pero nunca había pedido nada a cambio de la prédica y el esfuerzo solidario. Sólo trabajo, alguna oportunidad de escaparle a la vinchuca, cerrado por el orgullo manso e irreverente de los que quieren crecer con responsabilidad y libertad de conciencia.
Hasta que reventó. Y la
oleada mugrosa lo trajo para la Ciudad del (Puente) Colgante, porque le decían
“La Cordial”...
Es que lo que vivía ahora
era distinto. ¡La pucha! Muertos los veinte, estos treinta y pico que parecían
setenta años, lo venían traicionando y de veras, ¡claro que sí y la pucha! Resignar
su ley y pasar factura. Así era la cosa por estos tiempos y estos lares (aunque miró para atrás e intuyó que
siempre había sido así). Cosa de tonto replanteársela. O de bruto
sentimental… Porque todo el mundo lo hace... ¿O no?
Entonces, el suceso con el que acababa de comprometerse le volvió a agitar la conciencia… Sí, como el techo de su espanto villero, había sido finalmente agrietada por la malicia del poder que no repara en medios para hacerse dominio y demonio. Aunque intentara disimularlo pensando que, allá, en la distancia de su historia personal, otras gotas de recuerdos duros ya la habían resentido y perforado anudándole el alma; y que, desde la hondura sencilla de su propia lástima, comenzaran a asomar, pícaramente (y al modo de esa lluvia traviesa que tanto le atormentara) por el dintel sin luz de unos ojos perdidos y vidriosos...
“Ta bien, Doctor Funes. Yo me
encargo. Ramón no falla. Ramón consigue los cien para que voten; de cualquier
forma: sobrios, chupados, maltrechos o del cogote. Pero que vengan las chapas,
Doctor. Que vengan las chapas...”.
ADRIÁN N. ESCUDERO, Santa Fe (Argentina)
MIEMBRO HONORÍFICO
DE ASOLAPO ARGENTINA
viernes, 31 de mayo de 2024
AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE - Francisco de Quevedo, España. (Madrid, 1580-Villanueva de los Infantes, 1645)
AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE
Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día;
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;
mas no de esa otra parte en la ribera
dejará la memoria, en donde ardía;
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas, que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrán sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
FRANCISCO DE QUEVEDO, España
(Madrid, 1580-Villanueva de los Infantes, 1645)
UN CIELO DISTANTE - Olga Hernández Osorio, Medellín, Colombia
En un cielo distante que mi alma añora,
en noche callada con las estrellas y el mar,
en la nube flotante del ocaso que llora,
como lámpara votiva estarás en mi altar.
Estaremos por siempre en nuestro viejo hangar,
tú serás el piloto, mensajero de amor,
cruzarás firmamentos en tu ignoto soñar,
con el alma vencida de ausencia y dolor.
En sueños te espero, en mi agreste solaz,
con fogata encendida de pasión invernal,
lluvia de mimos y besos apetitosos manjar,
siendo todo un sueño de visión coloquial.
En el cielo distante solo podemos soñar,
como sueño fugaz, como bella ilusión,
somos naves perdidas sin volver a volar,
somos día y noche, alejados de corazón.
OLGA HERNÁNDEZ OSORIO - Medellín, Colombia
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
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