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sábado, 4 de mayo de 2024

SOBRE EL ABURRIMIENTO - Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina

 


Imagen: Poematrix.com

SOBRE EL ABURRIMIENTO


En el principio era el aburrimiento, dice Soren Kierkegaard, y con esta frase comienza su investigación: «nada me excita, nada siento, nada me interesa, nada me agrada».


Alonso Fernández de Avellaneda, en El Quijote de Avellaneda, recoge la explicación del ocioso que hace don Quijote a Sancho: «-Hijo Sancho, bien sabes o has leído que la ociosidad es madre y principio de todos los vicios, y que el hombre ocioso está dispuesto para pensar cualquier mal, y pensándolo, ponerlo por obra, y que el diablo de ordinario acomete y vence fácilmente a los ociosos, porque hace como el cazador, que no tira a las aves mientras que las ve andar volando, porque entonces sería la caza incierta y dificultosa, sino que aguarda a que se asienten en algún puesto, y viéndolas ociosas, estira y las mata».

Chateaubriand: «Estaba abrumado, dice, por una superabundancia de vida. Me faltaba algo, para llenar el vacío de mi existencia. Habitamos, con un corazón pleno, un mundo vacío y, sin haber probado nada, estamos desengañados de todo».

Camilo José Cela en su obra Garito de hospicianos, tiene un capítulo dedicado a «El esplen de lord Berners», donde de una forma divertida explica el tan celebrado, en otro tiempo, esplen inglés, la tenue gripe de las almas: «Lord Berners, criador de reses bravas, ha muerto de splen, la enfermedad que mataba a los ingleses cuando los ingleses, a fuerza de tenerlo todo, se aburrían de todo menos de dominar el mundo, de beber té y de despreciar a sus compatriotas: tres lujos de rico que no se suelen llevar con dignidad en la indigencia. […] Lord Berners se murió sin saber lo que quería, que es sin duda una bella manera de morir. Vivir sin saber por qué se vive es la penitencia que nos acarreó el primer pecado […] Descanse en paz nuestro lord Berners, lujosa flor de nervio, hombre enfermo de melancolía, de incertidumbre y de irresolución».

 

CARLOS PENELASBuenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
--
www.carlospenelas.com


EL AYER - Guillermo Fernández del Carpio, Arequipa, Perú

 



EL AYER

 A mi pequeña hija Belén

 

Ayer, Evaristo Robles estuvo conversando al finalizar el ocaso consigo mismo. Rememoró que hace unos lustros, partió de su ciudad hacia una muy parecida y cercana, con ocasos que lo hicieron también conversar consigo mismo. Nosotros seres mortales, solemos dialogar con nuestra memoria, nuestra conciencia y el ayer. Permaneció unos días en aquella ciudad, charlando con hombres que le dijeron que lo habían conocido cuando era niño y toda ilusión permanecía en él.

Aquellos hombres, cultivaban el café desde el ayer, cuando la ciudad era conocida como Ninplona. Quiso conocer entre tertulias, acompañadas de ese buen café, aquello que fue parte de su niñez. Robles, llevaba consigo varios libros y desde el ayer conserva predilec-tamente uno. Evaristo sabe cuál es.

La incógnita del conocimiento de su niñez no se disipaba con las tertulias. Le dijeron que vivió en una casa de sillar y adobe, muy antigua, cuya calle era empinada. La curiosidad de Evaristo lo llevó a aquella casa y encontró los mismos rasgos que aquellos hombres le habían dicho. Fue bien recibido por Isidoro Montini; un hombre longevo, delgado, de acento italiano y le dijo que allí vivía sólo.

A Evaristo le llamó la atención de que un hombre tan longevo se mantuviera a sí mismo. Montini trabajó toda su vida en la biblioteca principal de Ninplona. Robles le pidió quedarse en aquella que fuera su casa unos días y que Montini sería económicamente bien retribuido por ello, a lo cual Montini rechazó el dinero, le dijo que le pagara con un libro por cada día que estuviera allí.

La mañana siguiente le entregó un libro de Chéjov. Montini le dijo que aquel libro no lo tenía. Tomaron un buen café y el sabor era el mismo que acompañaba aquellas tertulias con aquellos hombres, que lo habían conocido desde su niñez. El hecho no le sugirió casualidad. Entonces le preguntó a Montini si conocía a unos hombres que cultivaban el mejor café de Ninplona. Le respondió que sí y Robles se alegró, porque intuyó que su familia se dedicaba al cultivo del café. Así recordó parte del ayer.

Montini lo llevó por unas calles empedradas, con casitas hechas de sillar y otras de adobe. La gente le parecía muy noble y lo saludaba aún sin reconocerlo.

El libro de Chéjov era un libro de pocos y egregios relatos póstumos. Curiosamente en él, había una historia de un hombre que quiso también recordar su niñez. Que recogía anécdotas suyas en cada pueblo que recorría. Montini al leer este relato, no le pareció casualidad que un hombre alojado en su casa, intente también recordar el ayer. Dedujo que Evaristo Robles al leer ese relato, se inspiró para salir de su ciudad a otra muy parecida y cercana.

Las dos ciudades, tenían poca similitud. La primera ciudad tenía algunas iglesias góticas, de gran altura y mayor luz, calles con bullicio, con gente de vida más moderna como suele decirse hoy. No lo inspiraba tal ciudad. Robles, prefería después del trabajo, ir a su casa a leer. Sus lecturas las alternaba. Un día leía a Quevedo, otro a Cervantes, a Stevenson, Claudel, Unamuno, Bécquer, Chéjov, ...pues quería variar la lectura para ir recopilando en su memoria, algo de cada autor, cada día.

Ninplona tenía más iglesias góticas y calles sin bullicio con gente de vida más tradicional como suele decirse hoy. Esa pequeña y sencilla ciudad, lo inspiraba.

Mencioné que el libro de Chéjov tenía un relato similar a lo que le acontecía a Robles. Curiosamente el relato se refiere a una ciudad, que la denomina “La ciudad del café” y a unas iglesias góticas. Robles, al transitar las calles de Ninplona, rememoró que él jugaba en ellas con sus amigos del barrio. Algunas tardes los ocupaba el fútbol y otras el ajedrez. Algunas personas ya lo reconocieron y le preguntaron:

¿No eres el pequeño Robles que ayudaba a su familia a cultivar el café?

Evaristo les respondía: Perdónenme ustedes, no lo recuerdo bien, debe haber sido así.

¡Sí es el niño Robles!- dijo una señora- lo recuerdo bien. Tiene la misma mirada y la voz pausada.

Si usted señora lo dice con tanta certeza y alegría, entonces yo soy el pequeño Robles.

Se despidió con cierta nostalgia y con la promesa de volver. De regreso a casa, entró en una librería. Revisó algunos libros y compró otro libro de Chéjov.

Un señor muy bien vestido le preguntó: ¿No eres tú el pequeño Robles que venía aquí a revisar varios libros y solía siempre uno comprar? Evaristo le respondió: Perdóneme señor, no lo recuerdo bien, debe haber sido así. ¡Sí es el niño Robles!- dijo un adulto- lo recuerdo bien. Tiene la misma expresión y la voz pausada. Eras muy inquieto y cortés a la vez- le dijo aquel señor-. Si usted lo dice con tanta certeza y alegría, entonces yo soy aquel pequeño Robles. Gracias, ya debo regresar a casa. Con esas palabras, se despidió.

Aquella noche, cenó con Montini, quien lo estuvo esperando para tomar el café. Al ingresar, recorrió el pasadizo que da a la sala. Allí, rememoró los juegos con su Madre, como la primera vez que ella lo llevara al jardín. Tal día, el niño Robles no quiso entrar a un espacio y tiempo diferente al de su casa, echó a llorar y su Madre entendió en su corazón prudente, que ese no era el día en que su hijo debía entrar a un jardín. Le gustaba acompañarla por las callecitas y plazas de Ninplona. Heredó de su Madre; el amor a la lectura, la ternura, la compasión, los mismos males físicos, la bondad y el valor.

Tenía aún la inquietud de cómo Montini llegó a habitar aquella casa. La duda se esclareció esa noche. Le dijo que su familia se la vendió, porque decidió vivir en otra ciudad. El motivo se desconoce. También se esclareció la razón por la cual un hombre tan longevo vivía solo. Montini, nunca se casó. Fue un próspero empresario del buen café, un autodidacta y asiduo lector. La tertulia con Montini fue sobre temas literarios. Ambos eran buenos lectores y tenían predilección por Chéjov y Cervantes. Mientras dialogaban, Robles al escuchar el acento de Montini, le vino -de improviso- a la mente que ese modo de hablar, era muy similar al de sus amigos de infancia. No recordó los nombres, pero sí pudo esbozar sus faces y gestos. Hizo un silencio y la nostalgia cayó en su memoria como el viento al otoño. Posiblemente, Robles olvidó parte de su niñez, porque su familia vivió muy lejos de allí y el tiempo puede ser causa del olvido. Pero, al regresar a los lugares de lo vivido, volvió el ayer.

Al despertar, miró que estaba en su casa de regreso, pensó que todo fue un largo y hermoso sueño. En la mesa, donde solía leer, encontró el libro de Chéjov que le diera a Montini. Al abrirlo, en la primera página decía: “Gracias por venir a tu casa donde viviste tu niñez, cuando regreses yo ya no estaré, con afecto. Isidoro Montini”.


GUILLERMO FERNÁNDEZ DEL CARPIO – Arequipa, Perú

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

Seleccionado en el Concurso Letras con Arte, España, 2017.

lunes, 29 de abril de 2024

ESA GOTA EN EL PAPEL - Marian Muiños, España

 











ESA GOTA EN EL PAPEL


Esa gota en el papel
no es una lágrima.
Es acuarela de otras lluvias;
es el silencio
atragantado como un hueso;
nudo en el vientre,
embozado puñal trapero.

Esa gota en el papel
pinta interiores
en cartulina de evasión.
Crea otros mundos
-mundos paralelos en tiempo-
y quema naves.

Es vapor en ardor de incendio.

Esa gota en el papel
sólo quiere… apagar el fuego.



MARIAN MUIÑOS, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

LA MENTE, EL CEREBRO Y EL CUERPO, Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina

 









LA MENTE ORDENA

   EL CEREBRO DECIDE

  EL CUERPO DISPONE

 

NORBERTO PANNONE, poeta y escritor argentino


POR LAS CALLES DEL PUEBLO - Luis Bernardino Negreti, Junín, Buenos Aires, Argentina

 









POR LAS CALLES DEL PUEBLO

 


Cuando todas las tardes
a pesar del invierno,
voy cruzando las calles
polvorosas del pueblo;
cierta gente murmura
de mi traje modesto,
de mi larga melena,
de mi negro pañuelo
y las alas tan anchas
de mi viejo chambergo

Y yo escucho que dicen
con desdén altanero:
“Es un pobre muchacho
que le da por los versos”,
que se pasa las noches
componiendo sonetos,
que después aparecen
en los diarios del pueblo
dedicados a una
que ni quiere leerlos”

Yo prosigo mi viaje
sin sentirme molesto,
con el triste bagaje
de mis pobres ensueños,
y al pensar en mi crimen
de escribir malos versos,
de vestir como visto,
de pensar como pienso:
me da mucha tristeza
de pasear por el pueblo.


LUIS BERNARDINO NEGRETI, Junin, Buenos Aires, Argentina

Luis Bernardino Negreti, poeta de mi pueblo, vivió y murió en tremenda pobreza por los años del veinte al treinta. Su obras de enorme simpleza y notable belleza fueron publicadas post morten. Leiro fue un devoto admirado del bardo


ROSARIO - Ana Romano, Argentina

 









ROSARIO

 

Abrojos en las hombreras

en la ahuesada figura

en la mirada

Y en el sombrero

rizos

La ira silba

En cuclillas

Rosario balbucea

Merodea el sol

en los claveles de los maceteros.

 

ANA ROMANO, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


ACERCA DE LA CEREMONIA DEL TÉ - Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 


En la ceremonia del té al aire libre

 - Tokio, 1976 -L. A.


ACERCA DE LA CEREMONIA DEL TÉ

El culto al té ha jugado un importante papel en la vida del pueblo japonés durante más de cuatrocientos años, ya que tiene su origen en la edad media, nacido bajo la influencia del budismo Zen.

La Ceremonia del Té (en japonés Cha-no-yu, literalmente "agua caliente para el té") es una forma ritual de preparar té verde y de servirlo a un pequeño grupo de invitados en un entorno tranquilo.

Para participar del Chanoyu se requieren conocimientos de posturas y gestos adecuados, de ciertas frases, de la manera apropiada de tomar el té y de una conducta general a mantener durante la ceremonia.

Armonía, reverencia, pureza y calma. Éstos son los cuatro elementos que representan la encarnación de la Ceremonia del Té en el Japón. El principio de la refinada sencillez enseñado por los antiguos maestros debe ser observado estrictamente. Es un ejercicio espiritual con mucha poesía de vida y expresión estética.

La primera vez que concurrí a una Ceremonia del Té al aire libre fue en la ciudad de Tokio, en 1976, en compañía de mi amigo Yoyi Kanematz, un japonés que mucho sabía de tango y de lunfardo.

Aquél día, Yoyi me sorprendió (no sería la única vez) con la siguiente reflexión: - He aquí, dos hombres interesados en saber. Usted, acerca de las cuestiones del chanoyu. Y yo, acerca de las cuestiones del chamuyo.

 

LUIS ALPOSTA, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA


LA VIDA EN TUS OJOS - Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina

 










LA VIDA EN TUS OJOS

 

La vida se recoge en tus ojos,
se desliza en bellas palabras,
en ardientes designios que restituyen
la íntima magia del fuego.
Amada, como un príncipe solitario
busco mi destino en la voz desvalida,
en la oración de la videncia
que purga los rigores del tedio
o los rostros hipócritas de la ciudad.
Delicada y bella me acompañas
sobre el terror del orden y la gloria.
Sé que tus senos necesitan el ritual
de mi tacto, el efímero asombro.
Esto soy, en la desnuda calma de tu lecho.

(“Al amoroso fuego”, 1987)

CARLOS PENELAS, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


TESTIMONIO - Liana Friedrich, Rafaela, Santa Fe

 








TESTIMONIO



Un desmembrado ángel ondea
sobre el fuego en carne viva.
Violentos adjetivos ahogan
el aire sobre la tierra sin vida.
El arcoiris se viste de gris
en la tarde desguarnecida.
Arrasando valles y quebradas
la lluvia con furia arrecia...

Viejos presagios despiertan.

Huele a tristeza y lamento
el pobre vergel desaliñado,
opaco, desamparado, yerto...
En los jardines dormidos,
resabios de gastados rezos
ansían que el reloj reinicie,
desde el laberinto del tiempo,
una alada lucecita de esperanza.



LIANA FRIEDRICH, Rafaela, Santa Fe, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


VICTORIA OCAMPO, UN PERFIL POCO CONOCIDO - Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina

 



VICTORIA OCAMPO, UN PERFIL POCO CONOCIDO

A 134 años de su nacimiento
Lo espiritual, lo paranormal…

Innecesario presentar a Victoria Ocampo: la escritora, traductora, viajera incansable, creadora de la revista y editorial Sur, primera mujer miembro de la Academia Argentina de Letras, directora del Fondo Nacional de las Artes, vinculada a tantas personalidades de la cultura y la política de todo el mundo. Empero, hay un perfil de esta notable personalidad muy poco conocido. Nos referimos a su interés por la espiritualidad y los temas que hoy conocemos con la denominación de “paranormales.” Por lo cual nos ha parecido conveniente – dado que el 7 de abril se han cumplido 134 años de su nacimiento – indagar al respecto. Los resultados han sido – a la vez – sorprendentes y muy interesantes. Veamos.
Comencemos señalando que el 30 de noviembre de 1961 aparece, por editorial Sur, la primera edición en castellano de Sobre cosas que se ven en el cielo, el último libro escrito por Carl Gustav Jung. En el texto de solapa, aprobado por Victoria Ocampo, se lee: “Jung analiza con rigor científico los diversos relatos respecto a ´objetos voladores no identificados´, pasa luego a considerar sueños en los que se manifiestan imágenes que corresponden evidentemente a los ´platos voladores´ cuya presencia se ha denunciado en la vigilia y examina después composiciones pictóricas vinculadas con la cuestión”. Sí. Este libro de Jung trata sobre OVNIS.
Sobre la cuestión de la vida extraterrestre hallamos en Testimonios VIII (1969) esta sugerente frase: “Nos convertiremos en lugar de turismo para otros astros (más dignos de sobrevivir), cuyos imprevisibles moradores vendrán a contemplar nuestras ruinas”.
En el mismo libro hallamos – en lo que hace a su correspondencia con Aldous Huxley – referencias a experiencias vivenciales parapsicológicas (en especial, fenómenos extrasensoriales) y de temas espirituales.
Nuestra autora también tenía sus conocimientos en Astrología como surge de estas palabras suyas referentes a la revista Sur: “… una obra común donde mi papel ha sido el de aportar algo proveniente de la casualidad, ese tesón que debo a los signos de Aries y Capricornio”.
Las cuestiones de aquello que la sabiduría popular denomina “sexto sentido” tampoco le fue ajeno. En su ensayo Tagore en las barrancas de San Isidro explica que tiene “una despertada intuición que recibo a manera de antena…”
En esa misma obra, hallamos este otro pensamiento que transparenta sus convicciones espirituales: “En el momento en que percibimos que la aparente trivialidad de lo finito es tan falsa como el aparente vacío del infinito, estamos próximos a dar por cierto que todo en la tierra es palabra de Dios.” Y en otra ocasión escribe: “¡… Dios que no quieres ponerme a cubierto de nada y que no temes ni me reprochas el olvido en que te dejo! ¡Dios que saber que hacia ti sólo vamos por los caminos de la libertad! ¡Dios que me entiende y a quien yo no entiendo!”.
Tan informada estaba sobre los asuntos paranormales que, en una carta al filósofo José Ortega y Gasset (1940), donde le refiere las bellezas y conveniencias de visitar los lagos del sur, agrega: “No me extrañaría nada encontrarme allí con un pleciosaurio…”. Victoria conocía esta entre historia/mito/leyenda de la existencia de una familia de criaturas antediluvianas, habitantes en aquellos espejos de agua.
Ocampo había leído y estudiado con fruición el libro An experiment with time (Un experimento con el tiempo), publicado en 1927 por John William Dunne. Se trata de un texto dedicado al fenómeno parapsicológico de precognición (conocimiento cierto de un hecho futuro que no puede ser conocido por razonamiento, deducción, ni inferencia lógica) y las dificultades que aborda la forma en que los humanos percibimos el tiempo.
También conoció las ideas sobre el karma, aclarando que lo había de tres formas: hereditario, kármico y consciente.
Supo de la primera institución dedicada a la investigación de lo que, por entonces, era conocido como “fenómenos ocultos.” Nos referimos a The Society for Psichical Research, creada en Londres a fines del siglo XIX. La menciona en su libro Domingos en Hyde Park (1936), donde también hace menciones sobre la Teosofía, la Antroposofía y el ocultismo. Los nombres de Krishnamurti, Rudolf Steiner y Annie Besant aparecen allí citados.
Uno de sus biógrafos, Adolfo de Obieta (1.-) expresa: “Toda esta temática de la mente, pues, no le era extraña, le era propia. No sólo estaba informada de zonas del oscuro saber o el no saber. Sabía, y acaso había experimentado, que hay muchos mundos dentro de éste y fuera de éste. No falta incluso alguna referencia a episodios espiritistas o enigmas parapsicológicos, y a alguna ´comunicación´, aunque sin hablar de espiritismo ni mayor especificación.”
Podemos convenir en que la espiritualidad y lo paranormal, también fueron parte de los intereses que motivaron a Victoria Ocampo.

ANTONIO LAS HERASBuenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORRÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA