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domingo, 26 de noviembre de 2023

A VECES, EL OLVIDO - Guillermo Fernández del Carpio, Arequipa, Perú

 



A VECES, EL OLVIDO

A   mis abuelos Guillermo y María y a mi Madre, a quienes nunca puedo olvidar

 

Ya no se acuerda con lucidez de su niñez, de sus amigos cercanos, de los dos viajes a Europa-uno a Italia y el otro a España-, ni de los consejos de Mamá Josefina, ni los nombres de los personajes del Quijote, pero recuerda la trama. Ha borrado de la mente casi todas las clases magistrales de literatura dictadas con pasión en la Universidad Nacional de San Agustín y en la Mayor de San Marcos. Cuenta el tiempo de un modo peculiar; el alba y el ocaso son las claves para entender dos tiempos del mismo día, y en las noches, sabe con certeza que despertará, lo que no sabe aún es si algún recuerdo podrá navegar en su mente sabia.

Ha olvidado la Lotería de Babilonia pero admira la pluma y el universo de Borges, ha olvidado al Consejero de la Guerra del Fin del Mundo sin eludir la crítica a Vargas Llosa, ya no se acuerda de los principios liberales de la Riqueza de las Naciones; sin embargo, su mente reconoce a Pitágoras como creador de la Economía y no a Adam Smith.

Permanece en él, el concepto central del indigenismo y sabe que existe diferencia con la postura indigenista. Puede ver una foto de Arguedas y detrás de ella, puede imaginarse algún paisaje andino o reconocer el sonido de un zumbayllu. Es que el olvido parece ser que tiene en sí una sinrazón; donde el concepto y la experiencia permanecen, más no los detalles o circunstancias precisas.

César Díaz es el nombre que por momentos ha olvidado pronunciar. El olvido es una constante en su vida. Tiene aún cientos de lectores, a los cuales apasiona su poesía y su acertada crítica a la realidad del país, plasmada en varios artículos y en un ensayo llamado Perú: Realidad y Futuro.

Cada día transcurre entre un desayuno ligero, un abrazo de su esposa, una llamada de su hija Sofía que muchas veces es breve; porque César percibe la tristeza de ella, cuando lo escucha tartamudear para recordar.

Un día a la semana por la tarde lo visita Octavio Aréstegui, un alumno suyo de la San Agustín. César en sus ochenta y cuatro años y Octavio un asiduo lector.  Ambos, entablan un diálogo, acompañados de un café. Uno de esos diálogos…

Don César. ¿Cree usted que debe uno tenerle miedo al olvido?

No. Nadie es un Funes Memorioso. Prefiero tenerle miedo al miedo, eso es más controlable. Simplemente se vive con lo que uno tiene en su mente.

Díaz se pregunta: ¿Cómo llenar el olvido? Le es lógico que en la mente se produce un vacío y ante las interrogantes familiares hace un esfuerzo por recordar. Cuando no hay éxito en tal intento, la angustia y la ansiedad lo atormentan. Desea recordar las primeras travesuras y complicidades con su hermano Augusto, pero se queda con una emoción en el alma y la tristeza que genera el olvido. Anhela recordar los primeros pasos de la pequeña Sofía para reírse por momentos, pero se queda con la emoción paternal y una lágrima que irónicamente lo apacigua. Desea recordar el patio del colegio, los almuerzos dominicales con picante arequipeño, los abrazos con su Madre, …desea evocar varios momentos; porque César Díaz es poeta y los poetas desean muchas cosas en el alma, son persistentes, su voluntad espiritual es mayor que la del hombre que es víctima de la rutina y del tiempo que le toca vivir.

El olvido es esa memoria perdida. Todos tenemos algo del olvido. El alzheimer   es despertar al compás del alba con pocos recuerdos, los sentimientos prevalecen. Se pierde aparentemente lo vivido, pero los recuerdos en algún momento regresan, el olvido no es absoluto. Hay un desafío entre el pasado y el presente.

Debe ser difícil vivir con el olvido, porque se intenta regresar al ayer para obtener un recuerdo que nos ayude a seguir viviendo. Las remembranzas pueden despertar al mirar un objeto, una imagen o al escuchar una palabra.

Díaz es uno de los mejores poetas que esta vida efímera me ha permitido conocer. Tiene un libro llamado La belleza de la infancia. Lo escribió poco antes de padecer su enfermedad. Lo lee continuamente para recordar un trozo del ayer. De ese modo es que pasa sus días. Esas líneas son su inspiración para seguir escribiendo. El olvido hoy, irónicamente lo motiva a pensar en versos. Nunca ha dejado de escribir. El olvido no lo ha vencido.

Conocí a César Díaz una tarde que no he olvidado hace algunos años atrás. Hoy, tengo en mi mente sucesos cortos que he empezado a olvidar.

GUILLERMO FERNÁNDEZ DEL CARPIO, Arequipa, Perú

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINO 


sábado, 18 de noviembre de 2023

ARROYO - Jerónimo Castillo, San Luis, Argentina

 


JERÓNIMO CASTILLO, San Luis, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

MIEDO - Gabriela Mistral, Santiago, Chile

 











MIEDO


Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan;
se hunde volando en el Cielo
y no baja hasta mi estera;
en el alero hace el nido
y mis manos no la peinan.
Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan.

Yo no quiero que a mi niña l
a vayan a hacer princesa.
Con zapatitos de oro
¿cómo juega en las praderas?
Y cuando llegue la noche
a mi lado no se acuesta…
Yo no quiero que a mi niña
la vayan a hacer princesa.

Y menos quiero que un día
me la vayan a hacer reina.
La subirían al trono
a donde mis pies no llegan.
Cuando viniese la noche
yo no podría mecerla…
¡Yo no quiero que a mi niña
me la vayan a hacer reina!


GABRIELA MISTRAL, Chile


Nacimiento: 7 de abril de 1889, Vicuña, Chile
Fallecimiento: 10 de enero de 1957, Hempstead, Nueva York, Estados Unidos
Premios: Premio Nobel de Literatura, Premio Nacional de Literatura de Chile

BOCA A BOCA - Delmira Agustini, Uruguay

 


















BOCA A BOCA


Copa de vino donde quiero y sueño
beber la muerte con fruición sombría,
surco de fuego donde logra ensueño
fuertes semillas de melancolía.

Boca que besas a distancia y llamas
en silencio, pastilla de locura,
color de sed y húmeda de llamas…
¡Verja de abismos es tu dentadura!

Sexo de un alma triste de gloriosa;
el placer unges de dolor; tu beso,
puñal de fuego en vaina de embeleso,
me come en sueños como un cáncer rosa…

Joya de sangre y luna, vaso pleno
de rosas de silencio y de armonía,
nectario de su miel y su veneno,
vampiro vuelto mariposa al día.

Tijera ardiente de glaciales lirios,
panal de besos, ánfora viviente
donde brindan delicias y delirios
fresas de aurora en vino de poniente…

Estuche de encendidos terciopelos
en que su voz es fúlgida presea,
alas del verbo amenazando vuelos,
cáliz en donde el corazón flamea.

Pico rojo del buitre del deseo
que hubiste sangre y alma entre mi boca,
de tu largo y sonante picoteo
brotó una llaga como flor de roca.

Inaccesible… Si otra vez mi vida
cruzas, dando a la tierra removida
siembra de oro tu verbo fecundo,
tú curarás la misteriosa herida:
lirio de muerte, cóndor de vida,
¡flor de tu beso que perfuma al mundo!


DELMIRA AGUSTINI, Uruguay

Nacimiento: 24 de octubre de 1886, Montevideo, Uruguay
Fallecimiento: 6 de julio de 1914, Montevideo, Uruguay

TESTIMONIO - Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina

 












Imágen: Microcambios



TESTIMONIO


Mujer enigmática.
Extraña, silenciosa.
Mujer profunda.
Profunda mirada.
Mirada lúcida.
Lúcida templanza.
Templanza vívida.
Nostalgia cegada.
Cegada ternura.
Ternura dispuesta.
Dispuesta respuesta.
Respuesta alucinada.
Mujer enigmática,
seductora, trascendente.
Infinita eres.



ANTONIO LAS HERAS, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

ACERCA DEL SONETO LUNFARDO – Luis Alposta – Buenos Aires, Argentina

 



ACERCA DEL SONETO LUNFARDO 


El soneto es una forma estrófica que consta de catorce versos, de once sílabas cada uno, distribuidos en dos cuartetos y dos tercetos.

El más antiguo, del que se tenga noticia, fue escrito alrededor del mil doscientos por Jacopo de Lentini. 

Esta singular combinación métrica, tal vez por “sonar bien” - según su sentido etimológico - no tardó en difundirse en Europa y, entre nosotros fue su primer cultor quien coincidentemente fuera también nuestro primer poeta: el cordobés Luis José de Tejeda y Guzmán, muerto en 1680. Éste permaneció ignorado hasta 1916, año en que Ricardo Rojas descubrió en la Biblioteca Nacional el manuscrito de sus obras. En esos días, Felipe Fernández “Yacaré” publicó su libro “Versos rantifusos”, en el que habría de mostrarse, también, como el primero, pero el primero en sonetear en lunfardo. 

Medio siglo después, Edmundo Rivero, al musicalizar sonetos lunfas, lograría vincularlos indisolublemente con el tango. 

Y ahora, por mi parte, recordando que el lunfardo es también “un aire”: 


SONETO

 

Un soneto me pide el amor propio
y en mi vida me he visto en tal apuro.
Si cuatro versos ya me dan laburo,
antes de los catorce será un opio.

De las formas no quiero ser esclavo.
Además, sobre el tema ya se ha escrito.
En el séptimo verso lo medito
y no sé si plantarme en el octavo.

¿Seguir o no seguir? Esa es mi duda.
Pues la cosa se me hace peliaguda
al tratarse de historia tan junada.

Pero ya falta poco, y lo importante,
es ahora encontrar la consonante
y dar esta cuestión por terminada.

 

LUIS ALPOSTA, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA


SANTOS VEGA - Fragmento - Rafael Obligado, Buenos Aires, Argentina

 

















SANTOS VEGA


Fragmento


Cuando la tarde se inclina
sollozando al occidente,
corre una sombra doliente
sobre la pampa argentina.
Y cuando el sol ilumina
con luz brillante y serena
del ancho campo la escena,
la melancólica sombra
huye besando su alfombra
con el afán de la pena.

Cuentan los criollos del suelo
que, en tibia noche de luna,
en solitaria laguna
para la sombra su vuelo;
que allí se ensancha, y un velo
va sobre el agua formando,
mientras se goza escuchando
por singular beneficio
el incesante bullicio
que hacen las olas rodando.

Dicen que, en noche nublada,
si su guitarra algún mozo
en el crucero del pozo
deja de intento colgada,
llega la sombra callada
y, al envolverla en su manto,
suena el preludio de un canto
entre las cuerdas dormidas,
cuerdas que vibran heridas
como por gotas de llanto.

Cuentan que en noche
de aquellas en que la Pampa
se abisma en la extensión
de sí misma sin su corona
de estrellas, sobre las lomas
más bellas, donde hay más trébol risueño,
luce una antorcha sin dueño
entre una niebla indecisa,
para que temple la brisa
las blandas alas del sueño.

……………………………………………………..



“EL ALMA DEL PAYADOR”

RAFAEL OBLIGADO,
Argentina

27 de enero de 1851, Buenos Aires / 8 de marzo de 1920, Mendoza

FRAGMENTOS - Graciela Brizuela, Tucumán, Argentina

 













FRAGMENTOS



Abrir puertas,
dejar pasar el viento,
olor a tormenta.
Un rumor en el silencio.
Si lloviera esta noche
dejaría entrar la lluvia
por la ventana,
claustro de luciérnagas,
desvarío de gotas
en el inquieto río
de mis escombros.
Fragmentos de espejos
en el cielo de la mañana.



GRACIELA BRIZUELA, Tucumán, Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

RESCATE O FIANZA DEL ABISMO? - Favio Andrés Ceballos, Baigorria, Santa Fe, Argentina












Imagen: Javier Panzano - Al borde del abismo


RESCATE O FIANZA DEL ABISMO?


Quien te salva
de los precipicios cotidianos,
te sujeta fuerte y te despierta
a golpes si es necesario.
Los que desean arrojarte al vacío,
te acompañan dulcemente,
fortalecen tus distracciones,
engordan tus miedos,
festejan tu ignorancia del camino
y te dejan solo
en tu último paso hacia el abismo.
No esperes
que a quién te sujeta de la mano
se le agoten sus fuerzas...
sube con él.



FAVIO ANDRÉS CEBALLOS, Baigorria, Santa Fe, Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

UNA HISTORIA DE PELÍCULA - Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina

 

El nadador o un diálogo en el arte de nadar Dibujo del libro de Nicolaus Wynmann de época, 1538

UNA HISTORIA DE PELÍCULA

La natación ha sido registrada desde los tiempos prehistóricos. Los expedientes más antiguos son pinturas realizadas en la Edad de Piedra. Hay referencias en la Ilíada y en la Odisea. Hay referencias en Rabelais. En 1538, Nicolaus Wynmann, un profesor alemán de idiomas, escribió el primer libro de natación, un incunable de nuestro deporte: El nadador o un diálogo en el arte de nadar. El título original fue el de “Colymbetes, sive de arte natandi, dialogus & feftiuus & iucundus lectu”, es decir, “Colymbetes, o el arte de nadar. Diálogo divertido y de amena lectura”.

He contado, en más de una oportunidad y en diversos lugares, que junto a la literatura, la pintura, el cine, el teatro y las artes en general, amé el deporte, lo practiqué y lo sigo haciendo. Pelota a paleta, box, fútbol y natación fueron acompañándome a lo largo de la vida.

Raquel, mi hermana mayor, me hizo socio a los diez años de Gimnasia y Esgrima. Evoco su Sala de Armas, el trinquete, el hammam o baño turco, su pista de hielo, el gusto y la elegancia de sus socios, los vestuarios, su biblioteca, el salón de lectura, los bailes en la sede de Palermo, la leyenda de don Ricardo C. Aldao. Presencié demostraciones de box, competencias en pesa, lucha libre, torneos de ping-pong, patinaje artístico. Allí nadé a los once años, por primera vez, representado al club. No puedo olvidar las clases de ajedrez del maestro internacional Jacobo Bolbochán. Y su eterno cigarrillo.

Voy dos veces por semana a nadar. Me zambullo -hasta hoy hago los veinticinco metros por debajo del agua- y converso con algunos amigos. Hace unos días, luego de la rutina, en la parte baja, la veo a Gabriela Fazio, afectuosa y atenta guardavida. Le pregunto cómo me había visto esa mañana. Con afecto responde: “Como Johnny Weissmüller”. Miro a una señora que estaba en el otro andarivel y le digo con ironía: “Lo escuchó, ¿verdad?” Ella sonríe y comenta: “Nunca me gusto Johnny Weissmüller y mucho menos los otros tarzanes. Mi tipo de hombre siempre fue Fernando Lamas”.

No solamente me causó gracia, no pude evitar una sonrisa, sino que me resultó extraño que alguien lo recordara. En una sociedad donde la degradación está a la orden del día casi todo se desprecia, se malinterpreta o se torna burdo. Con un gesto de felicidad me confiesa: “Yo nací en una pileta, Fernando Lamas fue mi partero.”

He conocido nadadores y conversado a lo largo de la vida con algunos de ellos: Luis Alberto Nicolao, que obtuvo dos veces el récord mundial en mariposa a los 17 años en 1962; el profesor de waterpolo de mi hijo Emiliano, Gentile, que participó en los Juegos Olímpicos de Londres de 1948; Alfredo Camarero, nadador de Capri-Nápoles, el Canal de la Mancha, campeón mundial de aguas abiertas. El profesor Pico, inolvidable pechista, fue el hombre que me enseñó a nadar, a los once años, en cuatro días. Recordando siempre a Alberto Zorrilla, Pedro Candiotti, Jeanette Campbell. Y en estas horas Damián Blaum con un récord mundial. También tuve la fortuna de crecer admirando a grandes deportistas del club en tenis, fútbol, boxeo, baloncesto o rugby. Y la presencia mágica de Vito Dumas. Desde mi juventud la literatura, los museos, el teatro y el cine se complementaban con el deporte.

 

Pero volvamos a Martha, nuestra nueva amiga. Su madre era nadadora y concurría diariamente al Hindú Club. Su padre, luego aviador, jugaba al tenis. Su madre tenía dieciocho años y estaba embarazada. Una mañana en plena brazada siente que está por parir. Pide ayuda, no hay tiempo. Pero allí hay un joven nadador, musculatura corporal perfecta, buen mozo, varonil, mirada romántica – un metro ochenta y cuatro, cabello castaño, ojos serenos, piel clara de origen europeo - poco mayor que ella. La lleva a la parte baja de la pileta, la toma de los brazos, la sienta en el borde frente a él, le quita la malla y recibe a la recién nacida. Sí, no se equivoca querido lector, hablamos de Fernando Lamas.


Fernando Lamas fue actor y director argentino que hizo casi toda su carrera en Estados Unidos. Había nacido el 9 de enero de 1915 y fue un gran deportista: hizo hípica, natación y boxeo. En 1951 firma un contrato de exclusividad con la compañía Metro-Goldwyn- Mayer. En Hollywood es el auténtico latin-lover. El galán que filma con Lana Turner, Esther Williams, Denise Darcel y Raquel Welch. Fue esposo de Perla Mux (cantante y actriz argentina), Lydia Babacci, Arlene Dahl y con la nadadora y actriz Esther Williams.

Ayer volví al club, a la pileta. Casi todos saben que estoy entusiasmado con la historia de Martha, mi nueva amiga Martha Elsa Gazcón, ahijada de Fernando Lamas. Nada más ni nada menos. Me contó sucesos de su madre, Dolores Elsa Larriera, nadadora y luego amiga de Fernando y de Perla Mux. También recordó anécdotas de su padre, Adalberto Raúl Gazcón Aráoz, que fue aviador civil. Es muy bello advertir cómo se ilumina su mirada al reconstruir aquellos años; la elegancia de su padrino, el afecto que les brindaba cada vez que iba a visitarlos. Debo escribir esta historia, me dije. Al fin y al cabo es una historia de película. Ahora pienso que me hubiera gustado que mi madrina fuera Mónica Vitti. Cosas de la imaginación, cálido lector, de la imaginación.

Martha sigue nadando, reviviendo semblanzas con plenitud. Nos vemos, estimado leedor, nos vemos. No se olvide de contar esta crónica a sus amigos. Por el padrino y por la ahijada. Vale la pena, no lo dude.


Buenos Aires, febrero de 2018

CARLOS PENELAS, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA