Imagen: Luis Alposta - Argentina
TOMÁS ALLENDE IRAGORRI
PRESIDENTE: NORBERTO PANNONE
Imagen: Luis Alposta - Argentina
TOMÁS ALLENDE IRAGORRI
EN LA NIEBLA
¡Qué
extraño es vagar en la niebla!
En soledad piedras y sotos.
No ve el árbol los otros árboles.
Cada uno está solo.
Lleno
estaba el mundo de amigos
cuando aún mi cielo era hermoso.
Al caer ahora la niebla
los ha borrado a todos.
¡Qué
extraño es vagar en la niebla!
Ningún hombre conoce al otro.
Vida y soledad se confunden.
Cada uno está solo.
HERMAN HESSE, Alemania
EL LINYERA
Llegó al pueblo con su barba descuidada y llena de polvo de los caminos; la ropa raída y los pies descalzos. Muchos lo miraron con desconfianza, otros con temor y algunos pocos, con lástima. Mostraba sus grandes ojos azules dilatados por el asombro enclavado en su mirar de niño asustado. El Dr. César, Delegado del pueblo, le preguntó quién era y a que venía. Mansamente, el sucio barbado respondió: -“Soy el profeta”, y no hubo forma de hacerle articular otra palabra. Después, guardó absoluto silencio, contemplando a los curiosos que, poco a poco, se habían reunido en la esquina de Laprida y Garay. En vano, Figueroa, el dueño de periódico local, intentó hacerlo hablar. “El profeta” se conservaba tan callado como una tumba. Poco a poco, la gente comenzó a dispersarse, aburrida al ver que nada extraño pasaba. Porque somos así de morbosos, siempre deseando que algo pase y, si es malo, mejor. Sólo quedaron el Delegado y el doctor Lopretti con su esposa. Al fin, de puro bueno que era, el médico lo llevó hasta su casa. -Hace mucho frío para dormir por ahí y a la intemperie. -Razonó
Esa noche, “El profeta” usó lo que casi había olvidado: un baño. Al principio se negó pero, finalmente, accedió a bañarse. Lo afeitó el dueño de casa y le ofreció algunas ropas limpias y decentes para que se vistiera. También lo calzaron con un par de zapatillas azules que Lopretti ya no usaba. “El profeta” se sentó a la mesa y comió con avidez utilizando las manos. No había forma de hacerle utilizar los cubiertos, hasta que, la mujer de la casa, con mucho empeño y cariño, lo convenció. Después de mucho tiempo, “El profeta” durmió bajo techo, en un galpón que había en el fondo del terreno. Al día siguiente, muy temprano, decidió seguir su camino, porque, decía, tenía que hallar una cruz que andaba buscando desde hacía diez años. Dijo que hacía unos días había tenido un sueño donde se le indicaba que esta vez, estaba muy cerca de hallarla…
Y se
fue por aquella mañana fría, marcando sus tímidas pisadas en la blanca escarcha
invernal que cubría aún las calles de tierra del pueblo. Su pensamiento fijo en
la esperanzada cruz que hallaría dentro de poco.
Tomó rumbo hacia el monte que se divisaba a lo lejos, del otro lado de la ruta. Estaba tan lleno de agradecimiento por esa familia que lo había cobijado, y, cuando estaba en medio de la calzada, se volvió para saludar A Lopretti y su mujer que lo despedían desde la puerta de la casa. Justo en ese momento lo atropelló una camioneta que pasaba a gran velocidad. “El profeta”, quedó tendido sobre el asfalto, de cara al cielo, con los brazos extendidos en cruz con una agradecida y mansa sonrisa dibujada en su rostro bondadoso.
No
hubo nada que hacer, había muerto.
Lo
sepultaron rápidamente. A nadie le importó demasiado el asunto. Sólo la mujer
de Lopretti se santiguó y enjugó una lágrima al acordarse de lo que el hombre había dicho que
andaba buscando.
Aún
hoy, los que visitan el cementerio, pueden ver una gran cruz y un epitafio que
reza: “Aquí yace El profeta”. Luego, una fecha y después: el silencio
pueblerino… y algún pájaro trinando a la distancia…
NORBERTO PANNONE, poeta y escritor argentino
VILLA
URQUIZA
Atendido de amor y rica esperanza,
¡Cuántas veces he visto morir sus
calles
agrestes
en el Juicio Final de cada tarde!
La frecuente asistencia de un encanto
acuña en mi recuerdo con predilecta eficacia
ese arrabal cansado,
y es habitual evocación de mis horas
la vista de sus calles;
el horizonte que se acurruca a lo lejos;
las quintas que interrumpen el cielo baldío;
la calle Pampa, larga como un beso;
las alambradas que son afrentas del campo,
y la dichosa resignación de unos sauces.
Paraje que arraigó una tradición de amor
en el alma,
no ha menester vanaglorioso renombre;
ayer fue campo, hoy es incertidumbre
de la ciudad que del despoblado se adueña:
bástale, para conseguir las laudes del verso,
ser el sitio implorado de una pena.
JORGE LUIS BORGES - (De la primera edición de su libro “Fervor de Buenos Aires”,
publicado en 1923)
UTOPÍA GARDELIANA
Este trabajo ansía
y pretende imaginar la vuelta de CARLOS GARDEL a Buenos Aires, y entonces así
veríamos que vivencia tendría al recorrer el lugar donde diera sus primeros
pasos por la zona de EL ABASTO, junto a aquellos purretes amigos y a los
comerciantes que poblaron esta incipiente Ciudad, de principio de siglo,
llegados de tierras lejanas para forjar nuestro país con el esfuerzo denodado
de su trabajo. Recordaría el intenso movimiento que había dentro del Mercado y
en esas calles de los alrededores impregnadas del color y el olor a inmigrantes.
Cómo recordaría él
sus primeros juegos que se desarrollaron en un ambiente distinto al actual y,
por supuesto, distante en el tiempo , sus pillerías de chiquilín y los trastornos propios de la edad que le ocasionó a su joven madre, sumándose
posteriormente lo que sería su inicio con el canto frecuentando los boliches y
cantinas de la zona.
El “francesito” ,
como se lo conocía, por entonces , con el correr del tiempo y al ir despuntando
su fama, fue apodado y posteriormente conocido como “ El Morocho del ABASTO “ ,
ya está listo para comenzar esta utopía.
Lo encuentro A Don Carlos
parado en la esquina de Corrientes y Agüero, en la puerta del Banco de la
Nación Argentina, Suc. Abasto. Está con un impecable traje oscuro, camisa a
rayas , corbata lisa al tono , pañuelo blanco en el bolsillo superior del saco,
zapatos brillosos y con su “ gacho gris “ ladeado sobre el ojo izquierdo Está
mirando la vereda de enfrente a ese “ destripado “ y “ fantasmal “ edificio del
otrora MERCADO de ABASTO el que fuera el testigo de sus “ primeros principios ”
, como dice la letra del tango “ Isla de Flores “.
Carlitos va a la estación
de subterráneos, bautizada con su nombre al cumplirse al cumplirse el 50
aniversario de su paso a la inmortalidad.
En ella encuentra un cuadro con su figura y queda extrañado y allí es
cuándo pregunta: todavía se me recuerda? Otra cosa que se le ocurre es cuando
dice, que lindo sería que se me escuchara cantar dentro del ámbito de la estación,
con mis discos. A lo mejor se llega a hacer realidad esa idea “ tirada “ por
Carlitos, sería más que interesante para que la juventud lo conocería aún más y
los que tenemos algunos años lo recordemos más todavía ….
Comienza su recorrida por el barrio, toma la calle
Agüero y allí, en la esquina con Humahuaca
ve lo queda del Café O ´
Rondeman, reducto de los Hnos. Traverso,
donde pasó tantas horas lindas cantando junto a amigos en verdaderas noches de
farras. Continúa y ve una casa que le parecía conocida por conservarse como en
su época, llama la puerta con golpes de mano no conoce el timbre!) y el dueño
de casa cuando abre y lo reconoce , quién NO ! , lo saludo y con una muestra
del porteñismo lo invita a pasar para charlar, tomar unos mates y recordar el
tiempo pasado.
Don Natalio, el dueño de
la casa, lo lleva a recorrer la casa que tiene, como es lógico, varios cambios
respecto de lo que había en su época.
Allí Carlitos comenzó con
sus preguntas ante tantas cosas “raras “.
En el comedor vió la
televisión y quedó extrañado, don Natalio le explicó brevemente para no
abrumarlo y Carlitos se puso muy contento y exclamó; “ que lindo hubiese sido si existía cuando yo
vivía “…allí Don Natalio le comentó que
cada tanto exhiben una película interpretada por él y eso lo impactó: todavía , preguntó? Cuando escuchó su voz que
se emitía de un moderno equipo de audio mediante un CD, no podía dejar de
comparar la diferencia entre “eso“y los pesados discos de pasta de 78 rpm que
él había grabado los que, por suerte, hicieron posible que su voz se mantuviera
vigente en el tiempo y por tantos años. Esto que había observado lo había
sorprendido , pero más lo hizo cuando se “ vió “ en la televisión , DVD
mediante, interpretando “ El día que
me quieras “ la película que quiso de todo corazón ( su grabación de saludo
desde los estudios VÍCTOR de New York – 1935 )
), no podía entender cómo sus películas que antes estaban en unas
pesadas y grandes latas ahora dentro de una cajita tan chiquita le brindaba esa
imagen y , para colmo, el dueño de casa manejaba ( ida y retroceso ) la
película con un “ aparatito “ en la mano !!!.
Después de esta grata sorpresa,
don Natalio, le hizo conocer otras “cosas “muy habituales, ahora para nosotros.
Le mostró una SPICA con su
estuche de cuero y sus pilas. Carlitos se sorprendió y solo atinó a compararla
y recordar su radio “Capillita “que escuchaba en su casa de Jean Jaurés junto a
su querida madre, Doña Berta y amigos que frecuentaban todos los días su casa.
Llegaron a la cocina y la
señora de Don Natalio, Anita, estaba frente a algo donde “ salía “ fuego y ella
estaba calentando más agua para el mate, ese lugar raro lo “ encendía “ con un
aparato extraño , el “ MAGICLICK “ allí sí que se dijo: “ no puedo comprender todo esto ” !! .
Cuando se estaba por
retirar llegó el hijo de los dueños de casa, Angelito, que por supuesto sabía quién FUÉ y ES, Gardel. Después de los saludos de rigor , de entre las ropas
del recién llegado comenzó e sentirse un pi… pi… pi… allí Carlitos no entendía nada y con mucha
prudencia y un poco de timidez preguntó: qué era ?, le dijeron el teléfono
móvil “ el celu “ , bueno esto ya era mucho para ser recepcionado, en un solo día, no podía creer que allá por
años 30 los aparatos eran altos, negros con un cable grueso y con un tubo
grande é incómodo y lo que tenía ahora frente a él y en su manos, no era más
grande que a pila de boletos de carreras de caballos que solía romper, cada
tanto, en alguna reunión hípica de PALERMO y que había perdido “ POR UNA CABEZA
“ .
Por lo que vio y escuchó
en el hermoso rato pasado en la casa de Don Natalio y Anita pudo comprobar que
no LO HABÍAMOS OLVIDADO y que, pese a todo el tiempo pasado, estaba vigente en
nuestro recuerdo y nosotros, manteníamos
vigente su figura maravillosa y su voz inigualable emocionado se
despidió con un simple “ hasta pronto “
y un “ muchas gracias ” por todo .
Salió de la casa y caminó
por Agüero, tomó por Zelaya, hasta Jean Jaures 735, su querida casa que dejó en
noviembre de 1933 para irse de “gira celestial “! Allí había compartido con su querida mamá,
con el matrimonio Muñiz junto a “sus escobas “días y tardes inolvidables
rodeados del afecto y cariño que le prodigaron. Parado frente a la puerta
recordó la diferencia de entonces , donde pasaban los carros tirados por nobles
caballos, el panadero, el lechero, el mimbrero con su carro cargado del trabajo
artesanal prodigado por sus manos, alguno que otro auto, movilidad incipiente
de entonces. Ahora era distinto, le costó cruzar la calle, que si Bien es de
barrio, igual tiene fluidez de tránsito. Llegó al lugar que tenía previsto
visitar, la casa de don Aarón, su peluquero. Lo recibió la esposa, Sara, quien
lo llevó al local de la peluquería, ahora atendido por las manos hábiles del
heredero, su hijo Samuel. Así fue como Carlitos recordó que don Aarón lo
recibía con un afecto especial, charlaban largo y tendido y después se sentaba
en el amplio sillón y don Aarón comenzaba su tarea, retocándole el renegrido y
brilloso cabello y lo engominaba para darle a su figura esa pinta la que
acompañada de su eterna sonrisa, resaltaba aún más la maravillosa “obra “realizada
por doña Berta.
Doña Sara le contó que después
de la tragedia de Medellín, doña Berta estuvo acompañada por el matrimonio
Muñiz, amigos y vecinos y que a la casa fueron a vivir Armando Defino y su
esposa Adela. Que doña Berta iba todas las semanas al cine del barrio a ver sus
películas y que tenía dos butacas reservadas para ella para no tener problemas
de ubicación. Escuchaba en la vitrola los tangos y canciones grabados por él y
lo recordaba con mucho afecto, visitaba su Mausoleo en el Cementerio de la
Chacarita el que, con el aporte doña Berta y de muchos amigos, admiradores y
entidades de la música, se pudo levantar en la calle 33 y 6 del Cementerio, Fue
allí cuando a Carlitos se le escaparon unas lágrimas en recuerdo de su querida
“ viejita “ la que no pudo volver a ver a pesar de lo mucho que lo deseó,
Después de un abrazo, besos y agradecimiento por el cariño recibido, saludó a
los amigos y se despidió.
Caminó rumbo a la esquina
de Agüero y Corrientes, lugar dónde lo encontré, pero antes pasó por la “cortadas" que lleva su nombre, entre Jean Jaures y Anchorena, está muy cambiada y con
figuras de cantantes y artistas que lo precedieron. Vio que está mejor que,
según le contaron, hace algunos años atrás... Se puso contento, pasó por la
esquina de Anchorena y la cortada, allí está el “Chanta cuatro “, claro que remodelado,
pero lugar de noches hermosas vividas con amigos, al que volvía cuando podía,
para reencontrase con ellos en esa linda época.
Llegó al lugar del inicio
de esta visita, allí terminó todo. Subió a la estrella que lo trajo, miró por
última vez a su “Buenos Aires Querido “y se dejó llevar para llegar hasta donde
están sus amigos que lo esperaban ansiosos para que les contara, mate de por
medio, todo lo que vió en este “recorrido “por el tiempo. Todos quería saber y
tener noticias de cómo estamos viviendo ahora y que diferencias existen
respecto de la época en que a cada uno le tocó vivir.
Aquí termina esta “utopía “,
pero no quiero dejar de mencionar que pobre homenaje les hacemos a todos los que,
de una forma u otra, fueron embajadores sin cartera, que nos representaron ante
el Mundo en forma digna y cabal, ellos son los artistas, cantantes, poetas,
músicos y muchos otros más.
Diciembre 2002.
HÉCTOR REBASTI, Buenos Aires,
Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE
ASOLAPO ARGENTINA
A H.P. Lovecraft, y su cosmogonía
del terror cósmico… En
particular, in memoriam del Prof. Daniel Barbieri (Croci) y Santiago E.
Oviedo (in memoriam), creadores del
Círculo Argentino de Ciencia Ficción y del Premio “Más Allá” (Argentina). Y al escritor platense, Lic. Carlos Enrique Abraham, creador
del Magazin gráfico “Nautilus” y autor del monumental ensayo “La Literatura
Fantástica Argentina en el Siglo XIX”.
Ha sido un buen negocio, sin duda. Aunque ya no exista. Nunca más.
COCHERIA DEL ESPACIO "VIA NEGRA" S. A. ¿Risueño?; tal vez.
¿Imposible?; quizás.
Es que haber presidido un Cementerio
Espacial tuvo su parte cómica. O de ácido humor (entre los accionistas).
También de imposibilidad (una cuestión de intereses). Pero no hay negocio que
triunfe sin una pizca de ingenio, riesgo y voluntad. Y buena publicidad.
Su muerto, mejor conservado. Muertos
saludables y selectos (no cualquiera tiene un mausoleo en las nubes). Sin
corrupción de la carne a causa del vacío y su misteriosa bondad. Servicios
complementarios. COCHERIA DEL ESPACIO "VIA NEGRA" S. A., con dos
salidas al mes; previo tratamiento de conservación. Flores gratis. Y un paseo
para usted. Con una inmejorable excusa para viajar a las estrellas; no olvide
que todo lo demás, es obra y gracia
del PODER ARMADO. O hace turismo macabro, o no conocerá la emoción del espacio.
Y hasta, quién sabe, algún día, ¡la fórmula!; y entonces (alquilaremos
arcángeles), con sonido de trompetas, el hombre resucitará. El cáncer y el sida tendrán su fin. Pasarán algunos
años, pero el hombre lo logrará. Y, si sobreviene a la GUERRA... entonces habrá
tiempo. Todo el que quiera. No desespere. Sólo ahorre su dinero para volar
hasta aquí. Tendrá, de por muerte, la más segura protección... Porque el hombre
encontrará el camino, y, antes que el Universo se desintegre, lo logrará. Verá.
Ahora no hay
necesidad de flores. Inclusive, las visitas permitidas al comienzo del negocio
floreciente, han terminado. Es como si los Tiempos Finales hubieran llegado.
También para "ellos", que están ahí, y se han adelantado como
tantos otros a la frontera de lo desconocido. Nadie rezará oraciones (aunque la
Gran Cruz brille, insólita, entre las lunas de aquella inmensidad desolada). Es
que, o la gente se ha olvidado de sus muertos, o ya no puebla la TIERRA para
recordarlos.Y uno se pregunta, pues, si habrá vivos allá abajo todavía...
Sí, han transcurrido muchos años desde las majestuosas peregrinaciones
programadas al abismo, llevando los cuerpos en cohetes mortuorios y hacia el
frío celestial.
Ahora no hay necesidad de flores. Ahora "ellos" flotan,
en sereno tiovivo, confundidos con la eternidad del espacio transformado en
tiempo insomne... Ordenados y brillantes, en cajas metálicas del mejor acero. De
vez en cuando, claro, revisar los sellos. Evitar que algún cofre se abra, y la
monotonía sepulcral de los cadáveres viajeros, se rompa...
Hasta que algo, al fin, suceda.
Es un viento extraño. Un viento como los del abuelo Bradbury,
escapado de su Carnaval de la Muerte, lejos, en el PAIS DE OCTUBRE que alguna
vez existiera, como tantas cosas que su memoria ha empezado a olvidar. Más que
sentirlo, lo presiente.
Un viento fugado de algún agujero fantástico, como ráfagas de
palabras sensoriales escapadas de aquel bello libro de terrores y ternuras.
Por cierto que la situación de la Nave se ha complicado después de las
últimas noticias recibidas. El equilibrio de la GUERRA se encuentra a punto de
quebrarse y la seguridad del planeta, de sus sobrevivientes, críticamente
amenazada. Sólo su especial condición de espacio santo ha evitado que alguno
de los misiles dirigidos contra las Bases Lunares, lo destruyera. Destruyera la
vida de la muerte, en asfixiante ironía. Y en cualquier instante pueden
cortarse las comunicaciones o recibirse la expresiva imagen del APOCALIPSIS,
abriéndose como una flor mortal y radiactiva en el Universo...
Y ahora este viento secreto desgarrando el vacío que contiene a la Estación Orbital.
De pronto, un
susurro. O un presentimiento. Por lo demás, la linterna del abuelo, es el
ABUELO COMANDANTE. Chasqueando brillos entre los ataúdes de acero y hielo, gira
leve y lentamente, de izquierda a derecha por la colmena de muertos que
persisten en su inútil espera.
No obstante, el invisible viento continúa alertando el alma,
mientras la linterna danza su danza de las estrellas, y el ABUELO COMANDANTE
arriba a la escotilla creyendo que sus muertos, a pesar de la hecatombe en la
TIERRA, siguen en paz, soñando su eternidad de sueños acerca de la definitiva
libertad. Hasta se le ocurre pensar que ellos y "ellos", no son
más que una misma cosa.
Muertos que velan a sus muertos. Porque el viento no cesa, y el susurro, o el presentimiento, se ahonda...
Recuerda hace diez años, más o menos. Cuando el miedo al espacio
superaba sus ansias de aventura.
Abuelo, tengo miedo, decía. He soñado algo muy feo. ¿A ver?, ¿cómo es
eso? Cuéntame, hijo; respondía.
Abuelo, un hombre, un hombre de negro subido a la azotea de la casa
vieja, arrancaba con su brazo de elástico, alargado, una por una a todas las
estrellas. Y el payaso del cielo lloraba porque su traje de fiestas quedaba sin
lentejuelas...
Tengo miedo, abuelo. Pero no existe ese hombre, hijo. Se trata de un mal sueño. Nada más. Porque aquí, vos sos el dueño de las estrellas. Y nadie podrá arrancártelas. Nadie en el mundo podría hacerlo... Al contrario; ellos se sienten seguros ya que, nosotros, desde las nubes, cuidamos sus sueños y el sueño de sus muertos. Y no debes tener miedo, porque algún día tendrás una gran responsabilidad: encerrarme en uno de esos cofres que giran, y cuidar también mi espera. Heredarás así la esperanza de la Humanidad... Y eso, abuelo, ¿cuándo sucederá?
El viento ha llegado.
El abuelo duerme, y él, no logra conciliar
el sueño. Excepto por algunos guardias que controlan sistemas de rutina, no hay
movimiento aparente en el cementerio espacial. Es noche en la mente de los
hombres que pueblan este hogar ficticio y planeado artificialmente hasta el
último detalle. Se levanta. Mira hacia las tumbas negras con su enorme
crucifijo de luz de faro centelleando el puerto oscuro.
Entonces, el viento toca las tumbas y las tumbas se abren, y "ellos" salen,
desesperándose, en busca de la luz mayor. El estupor lo paraliza. Puede
tratarse, aún, de una pesadilla. Como cuando era niño. Pero "ellos" se dirigen hacia allí.
De a millares. En busca de la Nave. O del ABUELO COMANDANTE. Está seguro. Vienen a preguntarle por su
planeta, por sus familias y casas, por sus trabajos y huertas. Por sus vidas e
ideales. A pedir que les devuelvan sus mundos de polvo y locura nuclear... Y no
será posible.
Por lo demás, el casco de la Nave no
resistirá a sus golpes sobrehumanos, todos morirán. Morirán sin tumbas
espaciales, y, unidos a "ellos",
clamarán por lejanas auroras y se dispersarán, como ciegos jinetes, entre los
pliegues brillantes del payaso del cielo.
Como los únicos y verdaderos muertos del Universo.-
ADRIÁN
NÉSTOR ESCUDERO, Santa Fe, Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO
ARGENTINA
PREDICCIONES
LITERARIAS
El Profeta es el
puente que comunica el mundo de lo alto con el de abajo a través de
admoniciones, para que, si es posible acogerlas se pueda rectificar a tiempo
antes de que se produzcan. Es un
anunciador. También, a veces el narrador de ficciones puede recrear de alguna
manera las consecuencias de un presente que indica que si no se rectifica
podría el futuro resultar apocalíptico.
Con una narrativa sencilla Robert H. Benson
las recrea en su novela “Señor del mundo”. El retrato de la panorámica es tan
esclarecedor como tenebroso, hasta el punto que el mal se disfraza del bien en
su tarjeta de presentación. Ya lo dijo un diablillo cojuelo: el arte luciferino consiste en no hacerse notar, hasta el punto
de pasar desapercibido. En el fondo, es como una célula cancerígena, que lenta
y progresivamente va avanzando hasta conseguir su objetivo de muerte.
El personaje que
encarna la figura del Anticristo es un político. Pero no vayan ustedes a pensar
que presenta rasgos mefistofélicos ni grotescos al estilo de uno de tantos
constructores de la violencia y el mal que han regado de sangre la historia
para someter al hombre, no, sino más bien como un benefactor de la humanidad,
de presencia dialogante y gran retórica, cuya máscara sonríe abiertamente,
hasta el punto de captar la simpatía de todos y ser aclamado como libertador
(algo parecido a algunos de nuestros políticos modernos). Para ello, Felsenburgh―tal es el nombre del
líder― concertará alianzas con los sectarios, cediendo poco a poco los derechos
de la civilización dos veces milenarias. (Tal vez pensando en La Media Luna,
que se considera heredera de las promesas hechas a Abraham, alegando que eran
ellos los destinatarios, cuando se anunció que sus descendientes se
multiplicarían como las estrellas del cielo, y sabiéndose más procreadores, con
el paso de las generaciones la inmigración tendrá a sus hijos nacidos en
Occidente convertidos en ciudadanos de pleno derecho. Entonces, podrán conformar
las leyes a su cultura, religión y costumbres).
Luego, ofrecerá
el bienestar mundial mediante el control de las masas, “despachando”
amablemente a todo aquel que no sea útil a la sociedad (algo que hoy se viene
ya practicando eliminándose neonatos indefensos), y por último implantando la
religión humanista, cuyo fin se perfila en el materialismo, sin otra frontera
que hacerse eco del dicho popular “…para dos días que hay que vivir”
Así, poniendo
como vigilante al lobo para el cuidado de las ovejas la sociedad acabará
desdibujando su propia identidad, renunciando a sus valores éticos y
religiosos. También, el benefactor podrá implantar su dictadura laica y
materialista, y todos aquellos que se opongan al sostenimiento de sus planes
serán eliminados de una manera “dulce”, como se corresponde con un humanismo
“light”. (Aunque la eutanasia a la carta se está administrando ya, se apartan a
los que se consideran oponentes o enemigos también matándoles el espíritu
mediante el descrédito y la tortura moral)
Finalmente el
humanismo que ha predicado, quedando reducido a su propia materialidad y no
pudiendo responder al hambre de trascendencia del ser humano, acabará por sumir
al hombre en la idea de no ser otra cosa que un simple animal que procede del
mono, cuya vida no tiene más sentido que su propio ego― con frecuencia
sostenido a costa de pisotear el de los otros― y, consecuentemente, sin otra
perspectiva que la del aniquilamiento;
en lugar de ascendente, la vida humana se irá animalizando hasta volver a
encontrarse en el punto de salida de su chimpanificación.
Desde otro ángulo
menos moralizante y lejano, pero ciertamente representativo―pues el mal se
encarna igualmente en todo empeño, violento o sutil que tienda a apoderarse de
los pueblos, sin ser capaz de ofrecerle una alternativa mejor ofrecida en
libertad― podríamos hacer un ejercicio de futurismo desde la perspectiva que
nos ofrece un escritor de la talla intelectual y humana como Giovanni Papini,
del cual decía Borges que expresaba en sus escritos la melancolía autobiográfica de alguien inmerecidamente olvidado. Entre
sus obras se destacan libros “pesados”, como “El Juicio Universal”, y también
“ligeros”, desenfadados, pero siempre bien escritos, como son “Gog” y “El libro
negro”, en los cuales pueden recogerse entrevistas con personajes del pasado
que proyectan su visión futurista, tales profetas laicos. Proyecciones de la
propia cosecha con la finalidad de advertir los riesgos del presente si no son
tenidos en cuenta. Entre otros muchos, nos muestra la opinión de un destacado
líder comunista en la hipotética entrevista que concede para el conocido como
mundo libre.
El diálogo
discurre aventurando el porvenir de la mundialización desde la perspectiva del
comunismo. El supuesto periodista pregunta acerca del enfrentamiento entre el
capitalismo y el marxismo, a lo cual obtiene como respuesta del bolchevique que
no es necesaria la lucha violenta para el advenimiento de las ideas que
representa. Las guerras no sirven para nada, si no es como negocio de destruir
lo que después ha de reconstruirse y mantener la industria del armamento. Ahora
conviene la ideología desde la trinchera. La economía de mercado tiene su troyano dentro de la sociedad. Occidente
tiene su talón de Aquiles, que no es otra cosa que mirarse el ombligo de la
prosperidad. Pero, esa prosperidad conlleva la desigualdad, pues los pocos
acaparan los de los muchos. Y, además, el hedonismo acabará corroyendo la savia
heredada de la tradición del cristianismo. Sólo es necesaria una cosa: esperar a que el huevo de la
bicha se desarrolle y rompa el
cascarón. La barbarie que viene, tal le pasó factura a la antigua Roma.
Hay un tercer
autor que viene a analizar, con tanta simpleza como profundidad la causa que es
el detonante, y para ello podemos acudir a Chesterton y “El hombre eterno”.
Para situar al lector trae a colación la disputa que mantuvieron en el siglo
XIII santo Tomás de Aquino y Roger de Brabante, hasta el punto de que fue
necesario llevarla a un tribunal para dirimirla. El doctor Angélico fue
declarado como ganador, y, sin embargo, la posteridad vino a dar la razón a su
oponente, pues, una cosa es la razón y otra la praxis social.
Siger decía que
existen dos verdades: la del mundo
natural y la del mundo sobrenatural. El doctor Angélico, por el contrario,
afirmaba que el estudio de las verdades naturales ha de inspirarse en el del
estudio de las ultraterrenas. Cuando el hombre se separa de la fuente que le
dio la vida― algo que el existencialismo explica “divinamente” (quien quiera
penetrar en detalles los encontrará en la fábula “Las moscas”, de Sartre― necesariamente
acabará relativizándolo todo, incluido él mismo.
Y entonces surge
la confusión. Todo se convierte en relativo. Y es que cuando el hombre quiere
justificar su existencia por sí mismo y no repara en la necesidad de “afeitar
su ego”, mientras más persista más se desorientará. Y como muestra de un
botón―como se dice―, he aquí algunas puntualizaciones del desconcierto de esa
relativización.
Los padres han
sido suplantados por la tutoría de los gobernantes, que disponen de la
educación de sus hijos y les privan de autoridad. La política ha sido
reemplazada por los partidos, y los partidos por el politiqueo del tres al
cuarto. La tradición ha sido suplantada
por el adoctrinamiento existencialista. La desinformación trata de hacerse con
el control de los ciudadanos, hasta el punto de reescribirse la historia según
el que manda. El sexo ocupa el lugar del seso. La vida de un animal goza de
mayor protección que la del ser humano. La competitividad ante la vida moderna
se ha adueñado del tiempo de la reflexión y el hombre llega a sentirse como un
barco que ha perdido la brújula ante el proceloso mar de la existencia.
¡Y todo en aras
del progreso! Mas, conviene preguntarse:
¿Hacia dónde apunta ese progreso? La respuesta es a ninguna parte. Porque si el
hombre camina hacia ninguna parte― ¿dónde depositar la esperanza de un futuro
que traspase el instinto natural del ser humano que es el de vivirse, si tanto
el hombre como los humanismos no tienen la posibilidad de responderle? ¿Quién
responderá al grito de Michelet, amplificado por Unamuno, cuando en el momento
del fin grita aquello de “¡Mi “yo”! ¡Que me arrebatan mi “yo”! ― deberá
entender, desde ya, sin demorarse, que la vida ha de tener un sentido primero y
último, estando la respuesta en la disyuntiva que se debate entre la nada y la
trascendencia, y que la relativización es igualmente la opción por la nada que
le aparta del camino adecuado.
Si lo relativo es
la delgada hoja del filo de la navaja, caminar por ella conllevará a la
indecisión, a la apatía, a no tomar partido. Y el hombre―retomando la disputa
entre el de Aquino y el de Brabante― si se aleja de Dios, en realidad, lo que
hace es distanciarse de su misma finalidad. Vaciarse de sí. Un hombre sin
esperanza cuyo fin―él mismo así lo diseña― es la nada como última y definitiva
respuesta.
Si se quiere que
tanta predicción no llegue a realizarse habrá, desde ya, de abrirse al sentido
de la vida. La pregunta, lejos del relativismo, será, pues: ¿Cuál es el destino del ser humano? De la respuesta que cada cual
se dé dependerá cómo ha de construir el presente.
ÁNGEL MEDINA, Málaga, España
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
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