LUIS ALPOSTA, Buenos Aires, Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO y ASESOR CULTURAL de ASOLAPO ARGENTINA
PRESIDENTE: NORBERTO PANNONE
SOFIA
A mi pequeña hija Belén
Yo anhelaba tener dos niñas alegrías.
La segunda tendría de nombre, Sofía.
El tiempo no lo permitió.
Pero para mí:
Belén es siempre Sofía
y Sofía es siempre Belén.
Sofía tiene la alegría de la mañana, Belén también.
Belén tiene una imaginación que anima, Sofía también.
Sofía es todo saber,
Belén es la casa del pan.
Sofía hubiese nacido un día de otoño,
como aquella inolvidable noche en que nació Belén.
Ella tiene entre sus ilusiones de niña,
de tener como hermana a Sofía.
Antes de conciliar mi sueño, suelo decir:
Hasta mañana Sofía, hasta mañana Belén.
Sofía es un ángel soñado,
Belén ya no es tan niña como ayer.
Aunque mis años transcurran con las noches
y no creo que llegue a conocer la vejez. Para mí:
Belén es siempre Sofía
y Sofía es siempre Belén.
Antes de conciliar mi sueño, suelo decir:
Hasta mañana Sofía, hasta mañana Belén.
GUILLERMO FERNÁNDEZ DEL CARPIO, Arequipa, Perú
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
TE DESEO…
Te deseo una
vida en plenitud,
con la tibieza
de un amanecer
al clarear el alba.
El frío reino
de la oscuridad,
con el dulzor
de un beso
en cada
despertar de la mañana.
Eufórica
alegría
en tormenta de
emociones
para el
sosiego que danza.
Certezas e
incertidumbres
del “deber
ser” al arbitrio
de la
disyuntiva humana.
Que vivas el
frenesí de la vida
con lucidez de
cerebro
de claridad
meridiana.
No dejes
cicatriz
sino huella
iluminada
en el hermano
que pasa
con la noche
en su mirada.
Acalles tu
propio Ego
en compasiva
otredad
y con un goce
sufriente
indultes su
veleidad.
Que te encuentres
con tu sombra
en el exilio
interior
y brille luz
prometeica
en tus juicios
de valor.
Se vista la
primavera
en orgía de
color
y tu espíritu
se encienda
en interludio
de amor.
La paradoja de
la vida
la vivas con
su fulgor,
en las tinieblas
del tiempo
o el día con
su arrebol.
Tus manos…
en el fuego de
la historia,
suerte de
milagro laico,
en la orfandad
de los siglos
pinten el silencio
plácido.
Martha Inés Vélez, Birmingham, Inglaterra
MIEMBRO
HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
EL HUERTO DE EMERSON
Saber sentir es saber decir.
Cervantes
Debo decir que todo es vigilia.
Sube el tiempo con su lámpara antigua
arrebatando mitos, laberintos, secretos.
Sólo la infancia tiene un lugar sagrado,
su escondite, su sueño, su destino.
Luego, la vida transita otro sendero.
Las preguntas agobian y no hay certeza
de cada acto, de cada gesto o palabra.
Sólo espejismo que prodiga el azar,
en lechos, en barcas impacientes.
Conocemos muelles, viajeros, nostalgias.
Conocemos bibliotecas abandonadas,
papeles, artesanos, maletas, talismanes.
También aldeas, callejuelas, hembras
añorando un futuro insomne, extraviado.
Evoco a von Weber, a Vermeer, a Cartier-Bresson.
También la nouvelle vague, Seinfeld, Chaplin.
Decimos Marcos Ana, insurrección, pureza.
Decimos anarquismo, Thoreau, Godwin.
Sentimos el candor de la rosa, la fidelidad
del silencio; cauteloso, cósmico.
Pero todo es alegórico,
sutiles treguas o tramas del pasado.
Somos sonámbulos mirando por ventanas
para seguir anhelando beatitud o apego
como Odiseo entre bosques y mares.
Sobre la perezosa arena, desentendida.
Carlos
Penelas, Buenos Aires, diciembre de 2022
MIEMBRO HONORÍFICO DE
ASOLAPO ARGENTINA
NANA NAVIDEÑA
Décima
de arte menor
.
.
Nanita
ruiseñora
(bis)
de
Jesús MARE
en
tu regazo un niño
por
non, quien te alabare,
“En
canastía”
-o-
Quiero
cantarte ahora,
(bis)
DEL
COSMOS MARE
el
pesebre mi niño
donde
el orbe librare
“Hoy
Eucaristía!“
=o=
.
Dr. Rafael Merida
Cruz-Lascano OFS, Guatemala.
MIEMBRO
HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
Canastía: Canastita, Canasta.
La nana es una de las virtudes
de la literatura popular. En esta NANA, el poeta utiliza su Décima de
ritmo mixto, neoclásico, ya que se presta para ser cantada como una Alabanza
cristiana, y puede ser con el ritmo de una sevillana. (7-, 5a, 7-, 5a).
VER O NO VER, ESA ES LA CUESTIÓN
Hace diez años que soy
invisible.
Me fui desvaneciendo como la
sombra en un atardecer nublado. Sin brillo, sin ruido. Disimuladamente.
Primero noté que caminaba
casi como sobre el aire. Yo misma no sentía mis pies en contacto con la acera.
Enseguida me di cuenta de que los demás peatones tampoco se percataban de mi
presencia: recibía codazos, empujones, choques de paraguas los días de lluvia…
Dejé de combinar los colores
de la ropa; cambié los zapatos por calzado cómodo, a juego con nada; me envolví
en el confort de la ropa holgada, siempre negra (a tono con la apatía que me
iba embargando cada día un poco más).
Dejé de maquillarme las pestañas
y la línea inferior de mis ojos. Aunque a veces usaba el lápiz labial… antes de
hacerme un selfie –mejor dicho, unos diez selfies- para seguir creyendo en mi
existencia, falseando una sonrisa convincente.
Así logré que me vieran
digitalmente. Y mi invisibilidad cotidiana no fue obstáculo para que tuviera
una vida social variada en la red: la de “yo te animo y tú me apoyas, que tal
tú yo tirando y aquí andamos”, monólogos en audio a veces muy largos - tanto
enviados como recibidos- psicología de aficionados a distancia, y decepciones
varias. Como la vida misma, aunque impalpable.
Pero no me importaba si tomaba un café sola en una cafetería o, muy ocasionalmente, me regalaba a mí misma una comida sencilla en un restaurante para celebrar mi cumpleaños. Me resultaba indiferente si viajaba sola en avión, tren, bus. Si gastaba aceras de otras ciudades, si visitaba museos, bibliotecas, conciertos. Porque nadie me veía.
Y una acaba acostumbrándose.
Y yo ya me había habituado a
todo ello. Me había resignado a la invisibilidad y hasta disfrutaba de ella,
escudriñando rostros sin ser atisbada.
Desarrollé la capacidad de
prever ciertas circunstancias sociales, basándome en esa observación
contemplativa y reflexiva.
A veces, mi inmaterialidad
sufría alguna alteración, y en ambientes laborales o de estudio me tornaba
titilante. (Ahora existo, ahora no existo). Y cuando era percibida, no era
exactamente para nada bueno.
Cuando nada bueno comenzó a
repetirse en bucle, de manera incesante, todo en mi vida se volvió imperceptible,
diría que hasta incorpóreo.
Eso facilitaba unas meditaciones levitantes. Y la paz interior se volvió incandescente e iluminó la soledad y el aislamiento.
Fue entonces cuando llegó la
estafa global. La que instauró el miedo y la represión.
La gente comenzó a volverse
casi invisible al aire libre, escondida tras los bozales obligatorios, so pena
de multa o cárcel.
Gestioné bien mis debilidades
físicas, aprendí sobre los derechos que los visibles ignoraban, y los cité y
recité hasta conseguir librarme del bozal por la vía legal.
Y dejé de ser etérea. Me
convertí en una supuesta apestada a la que todo el mundo mira (tal vez con
envidia, tal vez con desconfianza, tal vez con incredulidad, tal vez con
reprobación).
Si no los oteo, sigo siendo
recóndita. Pero detrás de las gafas de sol, escondo mi curiosidad, y cuando me
atrevo a echar un vistazo, me doy cuenta de que sólo yo existo. Que camino
entre fantasmas, casi diría que me desplazo entre una especie de zombis, que
una vez fueron seres humanos.
Me acomete el temor y a veces
el espanto.
Ya no quiero salir. Tantos
ojos me causan pavor. Son ojos alienados, ojos sin nariz ni boca. Ojos que no
ven nada. Sólo me ven a mí, sin la mordaza, respirando a unos cuantos metros de
distancia social. Ojos tristes, temerosos, condenados.
Ahora mi aislamiento sigue
siendo una línea recta de puntos alineados sin fin. Puntos que marcan los
segundos y componen cada uno de mis días, indefinidamente, o tal vez sólo un
momento más.
Mientras tanto, sigo a la
espera de una recta secante, que corte esa recta de dirección única y me
encuentre en un punto en común.
Un punto: la unidad más
simple, irreductiblemente mínima, sin dimensión.
Año 2020, Era de la Incertidumbre Global.
©Marián Muiños, España
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO
ARGENTINA
DESESPERANZA
Una indócil lágrima
surca los pliegues
de la desesperanza...
¡Es tan grande el dolor
y es tan breve el alivio!
El incansable batallar
de los latidos
no da tregua
a los sentidos
que añaden una
cuota más a mi destino.
¡Esperar, siempre esperar!
el alado abrazo
del Espíritu Santo.
LIANA
FRIEDRICH, ARGENTINA
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO
ARGENTINA
Feliz Navidad
Pintura de Kelli Fomson, EU
Navidad
Las tormentas de invierno penetran
el mundo con poder furioso.
Ahí desciende en alas nevadas
la noche perfumada de abetos.
Ahí se cierne a la luz de las velas
en voz baja, apenas si lo pienses,
a través de pobres corazones errantes
la fe – tal como fuese antes.
Brillan las lágrimas en tus ojos,
huyes de la alegría - y lloras,
recuerdas tu infancia con añoranza,
¡Oh, si aún fuese como antes!
¡Lloras!... suenan las campanas
y desciende en esplendor festivo,
en alas nevadas cae
la noche perfumada de abetos.
Rainer
Maria Rilke, (1875-1926)
Traducción Germain Droogenbroodt- Rafael Carcelén
***
Weihnacht// Die Winterstürme
durchdringen/die Welt mit wütender Macht/da sinkt auf schneeigen Schwingen/die
tannenduftende Nacht/Da schwebt beim Scheine der Kerzen/ganz leis nur, kaum, dass du’s meinst,/durch
arme irrende Herzen/ der Glaube - ganz so wie einst.../Da schimmern im Auge
Tränen,/du fliehst die Freude - und weinst,/der Kindheit gedenkst du mit
Sehnen, oh, wär es noch so wie einst! // Du weinst!... die Glocken erklingen
es sinkt in festlicher Pracht/herab auf schneeigen Schwingen
die tannenduftende Nacht.
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AZORÍN, VIVIR ES VOLVER
Un 8 de junio naciste, año1873, en Monóvar,
Alicante. Allí se halla tu Casa-Museo para deleite de tus seguidores. Entrar en
ella es sentir que uno puede viajar al pasado y que tu presencia intacta
permanece. Traías el fulgor de la primavera asido a ti. Tu voz se hizo eterna,
sellada en un papel, y tu recuerdo aún se venera por todos aquellos que aman
las Letras. Tal vez lo hiciste como evasión o, quizá, fue tu manera más
acertada de plasmar lo cotidiano y las injusticias, dotándolo de un gran
impresionismo descriptivo.
Novelista,
ensayista, dramaturgo y crítico literario, tradujo al francés obras teatrales
de otros autores, máximo representante de la Generación del 98.
Si
mencionamos a José Augusto Trinidad Martínez Ruiz puede que a muchos no le diga
nada, pero Azorín, seudónimo empleado por él, sobrevuela en la cima de los
sempiternos escritores.
Como
todo aquel que evoluciona, motivado por las circunstancias, pasó de transmitir
ideas anarquistas, prueba de ello su libro “Notas sociales” (1896), a un
carácter conservador. Junto a Ramiro de Maeztu y Pío Baroja compartió una gran
admiración por la obra de Nietzsche.
Gran
amante de la tierra de Castilla, entre sus obras destacan: “Don Juan, Doña
Inés”, “La ruta de D. Quijote”…
Durante
la Guerra Civil vivió en Francia, pero tras ella pudo regresar a sus orígenes.
Gran
innovador. Su trilogía compuesta por “La voluntad” (1902), “Antonio Azorín”
(1903) y “Las confesiones de un pequeño filósofo” (1904), en las que realiza
una gran reflexión personal y evoluciona hacia su estilo característico, con
una gran claridad y precisión en la exposición, destaca hasta el más mínimo
detalle con frases breves, concisas, y riqueza de léxico, lo que le confirió a
su obra una auténtica revolución estética. Es el llamado impresionismo
descriptivo, que ya mencioné.
Se
le otorgó la Gran Cruz de Isabel la Católica (1946) y la Gran Cruz de Alfonso X
el Sabio (1956), entre otros muchos premios.
Poseedor
de una obra prolífica como pocos, es de esas personas que consiguen que su
espíritu subsista incólume, pues el hombre como tal se va, pero su esencia
perdura intacta para deleite de aquellos que saben apreciar el compromiso
social y el buen hacer para la posteridad. Azorín, como tantos otros,
permanece, aunque no sea tangible.
Para terminar, recordar las sabias palabras de
Goethe: “Qué insensato es el hombre que deja transcurrir el tiempo
estérilmente”.
Lola Benítez Molina, Málaga (España)
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA