Bienvenidos

sábado, 10 de diciembre de 2022

ESPERANZA, Germain Droogenbroodt, España

 












Pintura de Julie Horner

 

Esperanza


Es invierno
el viento frío arrancó
las últimas hojas
que antes fueron refugio
y cobijo para las aves

Tiemblan en el frío
pero todavía cantan
también ellos siguen esperando
para tiempos mejores.

©Germain Droogenbroodt, España

Poesía sin Fronteras
Publicamos dos veces al mes un poema moderno de todo el planeta con ilustración
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LA MILONGA DE JUAN – Luis Alposta – Buenos Aires, Argentina

 




 

 






LA MILONGA DE JUAN  

 

Era Juan hombre sin-0,

locuaz, leal y oport-1.

Mas lo atrapó el infort-1

y avecinando desas-3,

comprobó que eran dos sas-3

de su mujer los queri-2.

Entonces sus alarid-2

dijeron: -Nada hay por-1/2,

yo ya encontraré re-1/2

para hundir a esos bandi-2.

 

Un día le pidió a 1

que los trajes le re-9.

Al otro le encargó 9

camperas, tres sobreto-2.

Muy a la medida to-2

y de colores varia-2.

Los dos sastres deslumbra-2

dijeron: -Son $ 3.100.

Y Juan rascando su 100 *

les dijo: -Ya están paga-2.


©LUIS ALPOSTA, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA 

*Versos escritos en 1951, con los que saqué un 4 en matemática, y un aplazo en castellano por escribir sien con “c”.


Encuentro con uno mismo, Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina

 










Imagen; Nadia Bado

Encuentro con uno mismo

 

¿Por qué sería útil indagar en el pasado?

Alcanza, apenas, el tiempo para vivir

                                     un presente pleno

con que edificar esos necesarios cimientos

que conduzcan al futuro intuido, deseado.

 

De nuestro destino somos artífices

                                       sin duda alguna.

Construido sin arena, ni cal, ni argamasa;

basta para hacerlo, y es inevitable,

tanto aquello que con fortaleza se ha hecho

como lo que, por cobardía, fue negado.

 

Puebla de los Ángeles (México), 28 de enero de 2017

 

ANTONIO LAS HERAS, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA


MI ÚLTIMO POEMA, FAVIO ANDRÉS CEBALLOS, Baigorria, Santa Fe, Argentina

 










MI ÚLTIMO POEMA

 

Mi último poema,

es decir el primero,

canto emancipado 

de dioses y diablos.

 

Mi último contrato 

conmigo mismo

No es cárcel ni la nada

es tu indulgente mirada.

 

Mi tiempo y mi lugar

últimos y primero.

Miro el río de Heráclito

desde los ojos de Heráclito.

 

La última palabra 

que no espera respuesta

ni le exige al horizonte

el parto apresurado del sol.

 

El origen nos reclama

el sendero estaba abierto

los cancerberos tienen hambre 

y se dejan sobornar


con la carne nutricia 

de mi última palabra.

 

©FAVIO ANDRÉS CEBALLOS, Baigorria, Santa Fe, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


Setenta Balcones y ninguna flor - Baldomero Fernández Moreno, CÉSAR TAMBORINI DUCA, España

 




Setenta Balcones y ninguna flor

8 diciembre, 2022

 

 

 


Baldomero Fernández Moreno

El escritor, médico, poeta caminante como se llegó a denominarlo, nació en el barrio de San Telmo el 15 de noviembre de 1886 y murió a causa de un ictus cerebral el 7 de junio de 1950 en el barrio de Flores, también en la Capital Federal Argentina. Siendo pequeño su familia se desplazó a España (la nación de sus padres), donde vivió un tiempo, y al regresar a la patria con 13 años, en la ciudad de La Plata, donde se recibió de médico.

Vivió en Coronel Suarez, en Chascomús; en provincia de La Pampa donde ejerció la medicina siendo el primer médico en ejercer en el pueblo pampeano de Catriló. Sus vivencias lo llevaron a escribir poemas sobre el campo, de los cuales tenemos un ejemplo en este artículo.

A Fernández Moreno se lo vincula también con la poesía urbana argentina y el libro “Ciudad” publicado en 1917 lo dedicó a las calles de Buenos Aires, que recorría frecuentemente -y le valieron el apodo de “poeta caminante”- fueron numen de sus poesías. Detallando un barrio característico, en uno de los poemas de la obra citada, se lee: “Es hermoso. de noche, / ver huir, calle abajo, los tranvías, / con un polvo de estrellas en las ruedas / y en la punta del trole una estrellita”.

“Setenta balcones hay en esta casa, / setenta balcones y ninguna flor…” comienza el poema más conocido de Fernández Moreno, que se podrá leer en el artículo, siendo su vida poética muy productiva, publicando más de veinte poemarios: “Aldea española”, “intermedio provinciano”, “Buenos Aires: ciudad, pueblo, campo” son algunos de ellos.












70 balcones    a Pueyrredón y Corrientes 

Aunque no existe ninguna constancia firme sobre el edificio que detalla en su excelso poema (que dio lugar a incluirlo en un álbum de tango: “14 con el tango” debido al genio de Ben Molar, que reunió a 14 poemas de autores reconocidos, adicionando música 14 maestros de la música porteña) hay quienes atestiguan que se trata del edificio ubicado en la esquina de las avenidas Pueyrredón y Corrientes.

 


 

 




De una “Antología” de Baldomero Fernández Moreno publicada del período que abarca de 1915 a 1947 por Espasa Calpe Argentina, publicamos los dos poemas siguientes:

 

SETENTA BALCONES Y NINGUNA FLOR

Setenta balcones hay en esta casa, 
setenta balcones y ninguna flor. 
¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa? 
¿Odian el perfume, odian el color? 

La piedra desnuda de tristeza agobia, 
¡Dan una tristeza los negros balcones! 
¿No hay en esta casa una niña novia? 
¿No hay algún poeta bobo de ilusiones?

¿Ninguno desea ver tras los cristales 
una diminuta copia de jardín? 
¿En la piedra blanca trepar los rosales, 
en los hierros negros abrirse un jazmín? 

Si no aman las plantas no amarán el ave, 
no sabrán de música, de rimas, de amor. 
Nunca se oirá un beso, jamás se oirá un clave… 

¡Setenta balcones y ninguna flor! 

Baldomero Fernández Moreno (1917)


TROPA

De pronto, en el silencio de la noche,
se alzó un rumor lejano y temeroso
y el camino que corre frente a casa
sonó de viento y se encrespó de ola.


Era una larga tropa de ganado,
cientos de vacas, bajo los testuces,
desgarrando la sombra con los cuernos,
midriáticas de espanto las pupilas,
deshechas con la helada las pezuñas,
dolientes de mugidos maternales.


Era una larga tropa de ganado,
flanqueada de fantásticos jinetes,
apretada a pechazos en la huella,
toda alada de gritos y de ponchos.


Mañana un hombre desde un carricoche
en el local sonoro de la feria,
al enérgico golpe de martillo
que hace al sol un relámpago de plata,
indiferente os venderá, vaquitas,
y resignadas partiréis de nuevo
…tal vez hacia la muerte.

Baldomero Fernández Moreno (1923)


CÉSAR TAMBORINI DUCA, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 http://pampeandoytangueando.com/poesia/setenta-balcones-y-ninguna-flor/

 www.pampeandoytangueando.com 

César José Tamborini Duca 

c/La Niegra nº 5 - VEGUELLINA DE ORBIGO (LEON) 

lonquimay100@hotmail.com 

http://pampeandoytangueando.com/ 

Fundador y 1er. Director de la Revista "Argentinos de León" (León, España) 

Académico Correspondiente en León, España, de la Academia Porteña del Lunfardo 

Fundador y Director de "Academia Virtual del Lunfardo y el Tango" 

Miembro Honorífico de ASOLAPO ARGENTINA (Asociación Latinoamericana de Poetas, Escritores y Artistas) 

Declarado "Ciudadano Ilustre" de la localidad de Uriburu, La Pampa (Resolución nº 08/17)


NOCHE DE NAVIDAD, GUILLERMO FERNÁNDEZ DEL CARPIO, Arequipa, Perú

 








NOCHE DE NAVIDAD


Noche de luz en Belén,
la noche esperada por Dickens,
para viajar en el tiempo
en un Cuento de Navidad.
Esa noche la he imaginado
tantas veces, que aún me deslumbra
la humildad del pesebre,
y yo, me descubro un pastor errante y paciente
que camina pensativo y alegre hacia el portal.
¡Qué Nochebuena, la que tiene el mundo!
Dios es hoy toda humanidad.
Es la noche esperada por Chesterton,
para compartir la cena con el Padre Brown.
Es la noche de los pobres en compañía de ricos,
es la noche de Vivaldi,
para reunir cuatro estaciones en una noche única.
Hoy Dios es una sinfonía de humanidad.
Bajo el portal, he dejado en silencio mi regalo,
Dios lo abrirá la mañana del mañana
y aquella noche volverá la estrella
y todo silencio en mí se hará Navidad.
Esta noche, Dios se hace pequeño y
en un pesebre ha nacido la razón de la felicidad.  

 

GUILLERMO FERNÁNDEZ DEL CARPIO, Arequipa, Perú

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


sábado, 3 de diciembre de 2022

Quién me quita lo bailado, Irene Gruus, Buenos Aires, Argentina








Quién me quita lo bailado

Pido peras al olmo. Las saboreo:
son deliciosas.
He pedido gato por liebre;
me lo han dado.
Me han contado historias
libidinosas a medianoche;
gozaba, con cada palabra,
con cada gesto.
He amado la noche cuando amanecía,
amé la muerte, y soñé con la realidad.

 

IRENE GRUUS, Buenos Aires, Argentina

Irene Gruss fue una poeta argentina. Escribió La luz en la ventana, El mundo incompleto y La mitad de la verdad. Fue coordinadora de talleres literarios y formaba poetas. En los años 70 fundó el grupo de poetas "Taller Mario Jorge De Lellis".​​ Wikipedia

Nacimiento: 1950, Buenos Aires

Fecha de la muerte: 25 de diciembre de 2018


SIN BEMOLES, Xiul Lasopat, Buenos Aires, Argentina

 SIN BEMOLES




XIUL LASOPAT, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORIFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

DE LA ZOOLOGÍA Y LA POLÍTICA, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina










DE LA ZOOLOGÍA Y LA POLÍTICA

         Hace doscientos millones de años, cuando todo era un solo continente y las estaciones no existían, se fundó un gobierno mesozoico y los reptiles, pisando fuerte, comenzaron a levantar cabeza.

         Aquello era un verdadero paraíso, donde todos eran felices y vivían en familia viendo transcurrir los siglos plácidamente.

         Pero un día se perfiló entre ellos uno que tenía veleidades de caudillo y comenzó a llenarles la cabeza (y el pescuezo) con extrañas ideas. Estas no tardaron en prender, y fue así como los “vegetarianos” terminaron siendo devorados por los carnivoros que, tiempo después, pasaron a ser  succionados por otros dinosaurios que tenían el sexto grado aprobado.

         Dominada la técnica de la succión, serían los mamíferos quienes más tarde tomarían el gobierno.

         Como en aquellos tiempos el “queso” no existía, se repartieron la tierra en cinco continentes, y ese fue el precedente de la primera reforma agraria.

         Después… muchos siglos después… tuvieron el hermoso gesto de comenzar a honrar los huesos de sus mayores. Fue cuando las luchas por el poder iniciaron su etapa de civilización. Habían descubierto el petróleo.

         ¡ Y hoy por oil, las luchas continúan!






LUIS ALPOSTA, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA 


De su libro "Trece Historias a Muerte" (para leer de un saque), cuentos breves.

1° Ed, La Casona de Iván Grondona, Buenos Aires, 1978;

2da. Ed. El lunfa, Buenos Aires, 1982.


EL DESCONOCIDO, Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina

 



EL DESCONOCIDO

 

            Le sucedió en plena calle, lo hicieron detener allí, en esa esquina. Los carteles indicaban Pasteur y Tucumán. Le pidieron documentos, se llevó la mano al bolsillo interior del abrigo gris. Ahí fue que comprobó con verdadero estupor que no los tenía…

No lo dudaron, lo hicieron ascender al móvil policial y se lo llevaron. Ya en la seccional le hicieron una serie de preguntas y todos esos datos fueron ingresados a la computadora. El operador de la PC leyó el informe solicitado por el oficial de servicio. No existía nadie registrado con aquel nombre y apellido, tampoco coincidía ese número de documento con el de alguna persona real. La dirección que dio el hombre a los policías pertenecía a un terreno baldío. La fábrica donde, según él trabajaba, sí existía. Pero no había indicio o documentación alguna que probara su afirmación: incluso, el oficial se ocupó de llamar al lugar para cerciorarse si el demorado decía la verdad. Nadie lo conocía, no figuraba en los registros y por lo tanto, nunca había trabajado allí.

            El comisario, fatigado por el trajín del día, miró al detenido y le dijo:

-Ud. no existe!

            -Perdón, ¿Qué dice señor?

            -¡Qué no existe! –Repitió el oficial con mal humor- No hay un solo dato en el registro de las personas de esta ciudad. Ud. no figura en ningún folio y ha dicho que nació aquí.

            -¡No lo digo, lo afirmo! –Dijo el hombre, con evidente confusión. Señor comisario, soy Florencio Sanozi, nací el 7 de julio de 1942, en esta ciudad. Trabajo actualmente en la fábrica textil de los hermanos Caprioli. Vivo en una pensión de la calle Salta al 300, en la esquina de Salta y Belgrano, ahí está mi casa, no puede haber un baldío.

            -Señor Florencio –Dijo el comisario- Por favor, yo mismo envié el móvil al lugar. En Salta 306 sólo hay un baldío. ¿Tiene alguna enfermedad o toma alguna droga que le afecta la memoria? Porque está claro, que no recuerda quién es ni donde vive. Nosotros queremos ayudarlo, tal vez ese nombre y apellido sea falso. Haga un esfuerzo, trate de recordar.

            -Señor comisario, no lo estoy engañando, ni a Ud. ni a su gente: ¡yo soy Florencio Sanozi, aquí y en la China…!

            -Muy bien –Dijo el comisario- Aceptemos eso como verdad. Ahora hay un detalle pendiente, deme una prueba real de ello. Muestre sus documentos.

            -No sé qué ocurre, los llevaba conmigo unos minutos, antes que me detuvieran. Cuando sus agentes me los solicitaron ya no los tenía, por eso estoy aquí. Busqué por todos mis bolsillos…

-Mire, señor Florencio o como sea que se llame, recién hemos hablado con los hermanos Caprioli, ya vienen para acá. Ud. afirma ser empleados de ellos y ellos, a su vez, opinan lo contrario, tendrá la oportunidad de carearse con ellos, espero que de ese encuentro surja alguna verdad.

Un rato después, los hermanos se enfrentaron con Florencio… El comisario hacía su indagatoria.

-Bien, señores, aquí tienen al Sr, Sanozi, quien dice ser empleado de Uds. ¿Es cierto esto?

-¡Jamás hemos visto a este hombre!

-Señor Sanozi, ¿qué tiene que responder a eso?

-¡Qué no entiendo por qué motivo estos señores niegan que yo trabajo con ellos!

-De ser cierto que trabaja en esa empresa, debe existir algún registro en el lugar

-No hay tal cosa, se apresuraron a contestar los hermanos Caprioli, todos nuestros empleados están en blanco. ¡No existe ningún obrero en negro en nuestra fábrica!

A todo esto, Florencio se estaba auto-convenciendo de que probablemente no existía y comenzó a temblar ante el temor que aquello le infligía. Tal vez, toda aquella farsa fuera una verdad ineludible.

 

La policía se trasladó con uno de hermanos Caprioli a la textil y comprobó que el detenido, no figuraba en los libros y, por lo tanto, nunca había trabajado allí.

 El comisario debía tomar una determinación y hablaba con un oficial al tiempo que le decía: este hombre es algo peor que un desconocido indocumentado, es un ser que no existe, no sé… un fantasma, un espectro… no sé…

Todos los ojos se volvieron hacia Florencio. De repente, ante la mirada de todos, aquel hombre que decía ser Florencio Sanozi; un individuo corpulento de un metro noventa de estatura y cerca de cien kilos de peso, se comenzó a esfumar frente al estupor de los presentes, hasta no quedar de él rastro alguno. Pasado el tremendo momento de sorpresa, el comisario se apresuró a decir a su personal que no comentaran este asunto. Los hermanos Caprioli también estuvieron de acuerdo y se retiraron.

Como en la seccional hacia bastante calor, el desconocido se había quitado el abrigo, el cual descansaba sobre el respaldo de la silla que ocupara momentos antes. El comisario, en un gesto casi instintivo comenzó a revisar los bolsillos del gabán y en uno de sus bolsillos internos halló un documento de identidad a nombre de Florencio Sanozi.

En el folio donde constaban los datos personales se leía: Florencio Sanozi – Nacionalidad Argentino; - Fecha de nacimiento Día 07; Mes de julio, Año 1992, Lugar Capital Federal. Más abajo, en el vértice inferior derecho: una foto manchada, la impresión digital y la firma deformada por una mala caligrafía.

El funcionario comprobó lo que ya temía: miró el calendario que descansaba sobre el escritorio y advirtió claramente: día viernes 7 del mes de julio de 1962. Con manos temblorosas, tomó “La Razón” que descansaba sobre la mesa y corroboró la fecha: -Viernes 7 de julio de 1962 – Edición vespertina.-

          

NORBERTO PANNONE, Buenos Aires, Argentina