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sábado, 11 de junio de 2022

CONEJITOS DE PASCUA, ADRIÁN NÉSTOR ESCUDERO, poeta y escritor argentino

 



CONEJITOS DE PASCUA

 

“Nunc Dimittis”, citó Tabith Lee (y nadie entendió nada.)

    Mi Nona era una bruja de Talento en eso de inventarnos cuentos espeluznantes. Cuando escribía lo hacía Siempre (apuntando) al Corazón y, de hecho, se inspiraba echando un vistazo de reojo a sus cuadros de otoño, donde pendían –impávidos- los rostros adustos de sus maestros de terror contemporáneos; es decir, tipos como S. King, C. Barker, T. Sturgeon, C.S. Gardner, R. Campbell, S.R. Donaldson, A. Ryan y M. Bishp, entre otros.

   Aquella vez La Silla de los Escalofríos se mantuvo quieta, tan vieja como ella, hizo vibrar con el Destemple de su golpeteo, hasta los mismísimos demonios que habitaban En las Tinieblas de su mente... Su inspiración deseaba ahora lograr dos cosas: homenajear a aquellos inofensivos creadores de miedo, resucitándolos de algún modo de Entre los Muertos; y, también, dar un manifiesto Manifiesto de Vida a El Club del Sol… El Club de su nieto Petey y de su amigo, El Chino Loco… Sí, El Club del Sol o El Cuarto de Goma, donde todo se tornaba abrumadoramente brillante, flexible y… Entonces, para el primero de los delirios u objetivos hizo algo aparentemente simple: tomó el índice del TOMO I – “Horror”, seleccionado por Charles L. Grant, sobre relatos de sus autores preferidos en el género, y urdió uno citando –ordenada y respectivamente- los títulos de dicha antología, reunidos por Ediciones Martínez Roca, S.A. – Barcelona (España), 1993. Y, después de cavilar un poco, se convenció de que su historia bien podría dar respuesta a ambas inquietudes…

   Con ella, El Club también tendría su deseado Manifiesto Fundacional.

   Unos Pordioseros tocaron a la puerta, pero mi Nona no se movió de La Silla ni dejó de teclear su arcaica máquina. Charles L. Grant era un exigente compilador, y para ser aceptada como escritora por su genio diabólico, este argumento no podía sino celebrar lo que acontecía, precisamente ahora y caserón de por medio, en El Patio Trasero de (don) Canavan (aquel rojizo, solitario y aburrido vecino de barrio)…

    Sí, mi Nona había estado más atenta que nunca sobre lo que allí sucedía, mientras acompasaba los chasquidos leves y susurros verdosos de unos huesos vivos que parecían moverse, afuera, merodeando el vetusto jardín… No cabían dudas; casualidad o no, Algo Repelente habitaba El Patio…

   … Pero sólo pudo imaginarlo por sus gemidos y olores nauseabundos, en tanto El Gusano Conquistador, al grito de: ¡Muerte al Conejito de Pascua!, despellejaba los restos  -por cierto, “abrumadoramente brillantes y flexibles”, típicos de la puesta en escena de El Cuarto de Goma- de unos Bebés Grávidos en su estertor todavía a causa del secuestro del Hospital del barrio, y el lento, lascivo y posterior asesinato al que habían sido sometidos, precisamente, por su nieto James Petey y El Chino Loco, en una de sus –hasta hoy- desconocidas y escalofriantes Ceremonias Macabras con que solían festejar –según lo constató- las principales fiestas religiosas heredadas de una piadosa familia cristiana…

   (… Lástima que fatal y malignamente volcados hacia el lado oscuro de esas noches sin lunas ni lluvias, donde El Bosque Contiguo Ardía en orgías de hechizos escabrosos y cómplices de sus travesuras de jóvenes perversos e impiadosos iniciados en el arte de la brujería, mientras el planeta giraba y giraba, tontamente -sin saber por qué ni para qué-, hacia los umbrales de la Nada). [1]

 

©ADRIÁN NÉSTOR ESCUDERO, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



[1]  ADRIÁN N. ESCUDERO - Santa Fe (Argentina): 30-10-2007 (Vísperas de Halloween). T.a.: 31-10-2017 (Halloween) – Nota: La presente es una versión en microrrelato del extenso cuento “HACIA LA NADA…”, que integra el Libro “EL EMPERADOR HA MUERTO y OTROS CUENTOS”. Editorial DUNKEN SRL (C.A.B.A., Argentina. Junio 2018 (págs. 133/156). TERCERA MENCIÓN – GÉNERO CUENTO SIN LÍMITE DE EDAD: CERTAMEN ANTOLOGÍA XIXº PUENTE DE PALABRAS 2020 (CULTURA DE EXTREMO A EXTREMO) - “CÍRCULO INTERNACIONAL DE NARRADORES Y POETAS DEL MERCOSUR (Rosario, Argentina)” y antologado en  el LIBRO “PUENTE DE PALABRAS XIX – 2022. Responsable: Prof. Gladys López Pianesi.. Publicado asimismo en Magasinz Gráficos y Virtuales, y Grupos Literarios Facebook.-

 

 


SATANÁS NUNCA DUERME, Ángel Medina, Málaga, España

 








SATANÁS NUNCA DUERME                        

 

En ocasiones, una cosa puede “ser” y “no estar”. Al menos ser captada por los sentidos. Las ondas hertzianas que nos envuelven y que portan la información de lo que sucede en el mundo son invisibles. Basta con abrir un receptor para que se dejen oír.  No se ven, pero están.

La manifestación del mal actúa en lo secreto. Y en ocasiones lo hace bajo la apariencia del bien.

Anverso y reverso. Hay quienes opinan que el infierno no existe. Para ello deberíamos estar ciegos, pues con pestañear y dejarnos penetrar por la realidad nos daríamos cuenta que el infierno está aquí. El infierno está en el propio hombre cuando pierde la compasión por los demás. Mas, ¿qué decir del amor? Es un sentimiento humano, quizá demasiado humano para los tiempos que corren, que a veces no se reconoce procedente de una bondad suprema.

Para quien así lo piensa, no existe nada más que el hombre. Aunque, en su discernir no le será fácil comprender que toda la maldad que existe en el mundo pueda salir de manos humanas. A veces es tan refinada y cruel esa malignidad que para justificarla se apela a algo que se nos escapa, a lo cual globalizamos como el Mal. Y como el hombre necesita dar forma a su pensamiento para mejor comprensión, procurando hacerlo morfológico, a su imagen y semejanza, imagina a un ser con cuernos y rabo, de mirada satánica, capaz de contener toda iniquidad, pasando a llamarlo el demonio, una “mega” criatura espiritual dotada de inteligencia y poder, artífice de la iniquidad. 

El primer artilugio satánico es pasar desapercibido. Por eso, se puede deducir aquello que decía Baudelaire, poeta y ensayista de lo trágico: “Al hombre de hoy le resulta más difícil creer en el demonio que amarlo”.

Es suficiente una mirada al panorama actual que nos describen los telediarios para ver  ese amor no declarado en el horror de una guerra como la de Ucrania, con criaturas esparcidas por los suelos, por no decir de los inmensos crímenes stalinistas, el deseo de dominar el mundo de hombres considerados genios de la Historia, corsos con la mano en el pecho según lo representan, que se ponen el mundo por montera y dejan una inmensa estela de cadáveres a su paso, llámense Napoleón o César, sin olvidarnos de uno de los episodios más sangrantes para la humanidad,  como fue el Holocausto. ¿No son excesos que sobrepasan la maldad meramente humana? ¿No se está amando de esta manera el mal?

El espíritu maligno no se hace notar, simplemente nos trata de persuadir de que no existe. No se nos muestra como alguien evidente, pero su maldad es tan persuasiva como corrosiva. Por tanto, no estamos en guardia contra él.

El segundo enredo es hacer creer al hombre que se puede bastar a sí mismo. En el desvarío de autonomía el hombre se ha quedado solo, considerándose su propio dios. Y esto es algo que los existencialistas pregonan en su duda existencial. En el momento en el que el hombre es consciente de ser hombre, se basta. No necesita ninguna tutela de fuera. El cielo está en su presente. No hay ningún después.

El maxime momenti o primer pecado de toda sustancia humana es la autosuficiencia. Y para mantenerla, los que imparten la asignatura de ateísmo, adoctrinados por el tentador proclaman la no necesidad de pensar. Ya lo hacen ellos por la sociedad. Religión secular.

Tanto se confió el hombre a sí mismo, que acabó perdido en su propio laberinto. Mientras más corría, más se mareaba. Y ebrio de su querer ser, acabó confundido.

Baudelaire, retratista de los vicios de la sociedad reflejaba en sus escritos la carencia de probidad. Y, como muestra, se dice, un botón basta.

“Todos los imbéciles de la burguesía que pronuncian las palabras inmoralidad, moralidad en el arte y demás tonterías me recuerdan a Louise Villedieu, una puta de a cinco francos, que una vez me acompañó al Louvre donde ella nunca había estado y empezó a sonrojarse y a taparse la cara. Tirándome a cada momento de la manga, me preguntaba ante las estatuas y cuadros inmortales cómo podían exhibirse públicamente semejantes indecencias”

Es necesario― nos dirá después Baudelaire― el “decadentismo”, esto es, épater la bourgeoisie, que bien se puede traducir como escandalizar a la burguesía, un traje a la medida de la mesocracia. Satanás se reviste de Dior (¡lo que varía una letra colocada en el último lugar!)

La tercera artimaña diabólica es la de apelar a la lógica de la razón a fin de que podamos someter la verdad al conocimiento. Que aquello que creemos nos resulte evidente. Así, pues, en lugar de confianza en la vida― a pesar de la aparente contradicción de ser sojuzgado el bien en aras del mal― desconfianza. La vida, por consiguiente, no ha de tener un último sentido, quedando todo sometido a la explicación del materialismo. El hombre no es otra cosa que un puñado de átomos, y por tanto nace, se reproduce y muere. Y ya está.

Mas, llegado hasta este discernimiento, ¿ no habría de comenzarse el razonamiento partiendo desde el propio hombre que se piensa, tratando de hacerse entender que si posee inteligencia y es capaz de crear el arte― algo que nunca le será posible al mono del cual procede, para lo cual necesita de esa sensibilidad superior que es el espíritu o alma― ha de tener un objetivo trascendente, esto es, que su existencia ha de proyectarse más allá del tiempo, y que por tanto puede mantener una relación confiada con lo divino?

La tentación va más allá. Pretende, ni más ni menos que cosificar a Dios, utilizándolo según las necesidades del hombre. El hombre puede aceptarlo a condición que se le muestre favorable. Existirá para él en la medida en que satisfaga aquello que le pide. De lo contrario, a lo sumo dirá que le oye, mas no le escucha. Luego, ¿para qué lo necesita?

Esto puede valerle al hombre de una fe incipiente en su relación con el Misterio. Sin embargo, el creyente, aun siendo siempre insuficiente el grado de mostaza de la fe de cada uno, podrá encontrar lo sibilino de la provocación en las tentaciones de Cristo en el desierto, donde por tres veces se le ofrece aquello que sirve para dominar el mundo a cambio de que manifieste la divinidad. “Si eres el Hijo de Dios, haz…” Si eres. Lo que se busca es la provocación a fin de que le sea demostrado al hombre aquello que no cabe en su cabeza. 

El cuarto engaño del tentador toca el “ego” personal a fin de que se acabe imponiendo el “yo” al “vosotros”. En lugar de solidaridad, egoísmo en estado puro. Para trepar cada cual la escala de su propio bienestar se procura que se invierta el orden que puede humanizar al hombre y des- animalizarlo.

La principal treta del Mal es la de la confusión. Invertir los términos. Es quizá por eso por lo que la sociedad hace una parodia adulterada del mensaje del Sermón del Monte.

Cuando se dijo aquello de “Bienaventurados los pobres”, el tentador puede esconderse insinuando lo superfluo. Son aquellos que se permiten pagar 5.000 euros por una noche en un hotel de lujo de Montecarlo y dejan en la puerta del casino un deportivo que cuesta el equivalente al sueldo de un mileurista durante cuarenta años. ¿Quién tenderá la mano al moderno Midas el día que se dé cuenta que no puede comerse lo que toca, aunque sea del color de la púrpura?

Cuando se dijo aquello de “Bienaventurados los pacíficos” lo diabólico puede insuflar la violencia a personas ávidas de poder y dominio. Gobernantes ambiciosos y expansionistas, ultranacionalismos que montan una guerra para después vender la reconstrucción de un país destrozado, sin tener en cuenta el reguero de víctimas que se dejan en la cuneta.  Como un boomerang, podría recoger aquello que siembra. Es conocido el dicho: “Quien a hierro mata, a hierro muere”.

Cuando se dijo aquello de “Bienaventurados los que lloran”, aquellos que han de hacer frente a las vicisitudes de la vida, lo satánico sugiere el hedonismo, haciendo de la vida un continuo jolgorio, Mas, ¿quién consolará al que ríe sin medida, convirtiendo la alegría en pasotismo cuando se dé cuenta de la insoportable levedad de su propio ser?

Cuando se dijo aquello de “Bienaventurados los misericordiosos”, lo demoníaco sugiere que ante la ofensa se responda exigiendo la reparación, creando una espiral de violencia que da lugar a que no se le exonere de sus propias culpas. Aquí, porque si no tiene clemencia con quien le ofende, tampoco la encontrará él. Allá, porque se excluye del perdón cuando pide en su peculiar Páter Nostrum que se le exculpe a él de la misma manera con la que procede.

Cuando se dijo “Bienaventurados los que padecen por causa de la Justicia” lo luciferino puede hacer entender que se puede rechazar las tropelías, pero que eso está reservado para otros, y por tanto no mueve un solo dedo. Pasotismo ante la vida. Ni tibio ni caliente. No se es amigo ni enemigo, no se toma partido y se convierte en neutral ante el mal. Tal vez no cae en la cuenta que en algún momento puede verse él mismo afectado.

Cuando se dijo “Bienaventurados los limpios de corazón”, el Maligno se frota las manos, pues es en el “corazón” donde se concentra el sentimiento último del hombre: la beatitud. Un lugar donde es avistada la trascendencia. Es allí donde ha de escuchar la voz que viene de arriba. Pero, embotado su seso― tal vez poseído por el sexo, el dinero, el prestigio o el poder como meta― prefiere pasar de puntillas y no pararse a pensar. O mejor decir, pensarse. ¿Se ha preguntado alguna vez por el sentido de su vida? ¿Acabar en la nada?

Los anatemas que lleva cada bienaventuranza no son conjuros o condenas, sino advertencias para que el hombre oriente su vida y no acabe devorado por el Saturno que se esconde en la figura del diablo. Más bien, se trata que el “yo” no se imponga al “tú” o al “vosotros”.

Eso sí, teniéndose en cuenta que el demonio mantiene los ojos abiertos durante la siesta. Satanás nunca duerme.

 

Ángel Medina, Málaga, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


sábado, 4 de junio de 2022

EL PRIMER BESO, Teresinka Pereira, Ottawa, Canadá

 


EL PRIMER BESO

 

El primer poema del año

es el beso que te mando

para recordarte que estoy viva

aunque por los cielos los aviones

lleven una muerte polvoreada

y blanca de fuegos que estallan

con bombas de odio.

 

Soy golondrina sin alas

y no puedo salir de esta tierra

que he conquistado con el sudor

y la conciencia de poder pasar los intranquilos años

sin la juventud que aquí me ha enraizado con la fuerza del trabajo y las ansias de libertad.

Espero que en este hogar

me alcance el último amor

a quien servir sonriendo y que

al besar sus manos

reciba una flor de ternura.

 

Que este primer beso del año

sea para ti, que todavía tienes

un corazón lleno de deseos y de coraje.

Que la esperanza esté siempre

        presente

en el brillo de tus ojos.

 

©TERESINKA PEREYRA, poeta y escritora brasileña

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


EL GRITO VISCERAL. Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 


LUIS ALPOSTA, Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

Nueva mirada de lo visible, Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina

 



Nueva mirada de lo visible

 

El tiempo de vivir es para todos breve e irreparable.

Publio Virgilio Marón

Descubrimos la eufonía de la creación, vale decir, lo agradable de la creación, la esencialidad de la palabra poética, su valor simbólico, su capacidad connotativa, que remiten a una consideración artística del hombre, del mundo, de las cosas. Hablamos de una particular visión del mundo que nos ofrece el poeta en su experiencia, en sus vivencias, en su creación; son los temas de una teoría del lenguaje poético, de lo lírico en particular. 

Desde adolescente me obsesionó conocer en qué va transformando la poesía a su hacedor. Hay una ascensión de la palabra poética, un designio que señala permanencia en el hombre primordial, en el habitante desposado de su territorio. Una cosmogonía que cobija los mudos testimonios, las nuevas creaciones en las arenas y los cielos. 

Más allá de la belleza de un poema, de su estructura, exigimos de lo poético un ahondar en lo esencial del ser humano. La poesía es un camino, un reintegrarse en lo universal. En el acto poético hay incantación, mito y autenticidad; una búsqueda de lo absoluto. 

Toda poética pertenece al ámbito de las intenciones, a la intimidad del poeta. La evocación y la memoria son tamizadas en una permanente ondulación, un tiempo desprotegido, un atributo de la intemperie y de la soledad. 

El poeta no debe perder la infancia, el sentido del asombro, la mirada transparente de la niñez. El verdadero poeta crece como el campesino, entre mitos y certezas, junto a la humildad de la hierba, en un estado cercano a la pureza, desechando los bienes materiales, entre los vaivenes de la pasión y el esplendor de los frutos. En el instante está la insurrección, la verdad de la conciencia y de la tierra, las dimensiones del alba y del atardecer. El diálogo abisal entre el ser y la nada. He aquí la realidad palpable, insurrecta, deslumbrante. 

La poesía no puede ser otra cosa que una reintegración al mundo clásico, un ingrediente activo de la vida, vital, irrenunciable. Por eso engendra emoción y deseo, ilumina la verdad en una imagen abisal entre la conducta práctica y las posibilidades móviles del hombre. Es el signo del diálogo interior, la insatisfacción permanente que se aleja de filosofías sistemáticas o ideologías redentoras. Desde el poema avanzamos en un terreno fatídico. El poeta debe tener valor, pues no responde a cánones terrestres o celestiales. En cada acto una desesperada tentativa de salvación que fuga y retrocede forjando palabras, cincelando un ser ético y físico. A través de la palabra descubre la intersección de la vida y la creación. Inmanencia y trascendencia sobre cada cosa, como una despedida del instante cenital, de cada insospechada refracción que toma una naturaleza y un don esencial. Exalta la belleza desde la expresión verbal llevando su existencia, su corporeidad en un acto de devoción por el mundo. 

La poesía nos ofrece el ensueño de voces infantiles; no la nostalgia indiscutible que tiene todo ser humano, sino las estancias del ser, la sublimación de la luz que hipnotiza la soledad del cuarto. Por eso registramos el follaje, la rama sensible al viento, la vela blanca en la bruma del mar. El poeta se abandona a la intuición, a la contemplación, al espacio que estremece desde el silencio de una visión inmóvil. Crea su infinito desde el gozo secreto. 

Lo rodea la infamia, la corrupción, la demencia de hembras alucinadas por la frustración, la desvergüenza de hombres hastiados. Pero su poética nos envuelve en un universo claro, una convicción íntima que hace sensible la palabra, voces modeladas por una mitología del desorden. La inmensidad está en nosotros como la insumisión. 

Por momentos asombra en la despersonalización del verso y paralelamente afirma su subjetividad. Destierra el vacío creando los enigmas de lo poético, concilia libertad y destino, azar y fidelidad. Cristaliza y vulnera al amor, halla la medida de sí mismo entre las contradicciones, entre los fragmentos de lo cotidiano. Ofrece su respuesta desde la desesperación y la esperanza. Extrañamente ambiguo, integra la plenitud y el caos. 

Sin recompensas futuras se sumerge en la naturaleza tantálica, en la revelación de los vínculos y los afectos. Sugiere un simbolismo sexual en la mujer deseada, en oposiciones increíbles y ciertas, en un fuego sustancial y mágico. La palabra será siempre un vehículo de una vida en permanente cambio, de confidencias; un peregrinaje misterioso y traslúcido. 

Todo y cada cosa es una amenaza de eternidad. El poeta siempre anima una dialéctica sutil, por momentos incomprensible. Anhela la solidaridad entre forma y existencia, sufre la imperiosa necesidad del instante, esa fugacidad que emerge y se define por sí misma. Hay plenitud en lo dramático, éxtasis y continuidad que le dan fuerzas para enfrentar un mundo absurdo.
Hace falta ingenuidad. El placer de admirar, de evocar. Todo se experimenta a partir de la infancia, a partir de lo lúdico. Desde la franqueza hallamos felicidad; contra todo dogma enfrentamos las moradas de la supervivencia.

 El verdadero poeta cree en lo inconmensurable, en la utopía, en la sagrada unidad del silencio y la fraternidad. Detesta  los partidos políticos, las capillas literarias, los dioses y los amos. Al cincelar el verso ofrece belleza, no sólo cristalina, otorga un contenido moral. 

Hay un carácter mimético en el lenguaje, una experiencia estética. En el poema el lector siente una visión del mundo pero al mismo tiempo una visión de sí mismo, una suerte de amor que inspira y envuelve. El poema es entonces un itinerario; conciencia e imagen. Asedia la trascendencia, la revelación, lo hondamente personal. 

Carlos Penelas, Buenos Aires, septiembre de 2020


LA VERDAD INASIBLE, Xiul Lasopat, Buenos Aires, Argentina

 








LA VERDAD INASIBLE

 

Minucioso entramado

la mentira de lo evidente

convertida en metáfora

frágiles realidades

deshechas en olvidos

la verdad inasible

secuencias anilladas

urdidas circunstancias

y un estar en el mundo

al margen y azorado.

 

Xiul Lasopat, Buenos Aires, Argentina


EL MAL ESTUDIANTE, Jacques Prévert, Francia

 









EL MAL ESTUDIANTE

 

Dice que no con la cabeza
pero dice que sí con el corazón
dice que sí a lo que le gusta
y dice que no al profesor
está de pie
le hacen preguntas
y le plantean todos los problemas
de pronto se echa a reír
y borra todo
cifras y palabras
fechas y nombres
frases y trampas

y a pesar de las amenazas del maestro
entre el tole tole de los niños prodigio
con tizas de todos colores
sobre el negro pizarrón de la desgracia
dibuja el rostro de la felicidad.

 

Jacques Prévert, Francia


QUISIERA OLVIDAR Y RECORDAR, Guillermo Fernández del Carpio, Arequipa, Perú

 







QUISIERA OLVIDAR Y RECORDAR

 

Quisiera olvidar el recuerdo,

pero mi memoria ya cansada, no puedo hacerlo.

Quisiera recordar el olvido,

pero mi memoria ya cansada, no olvida al inherente recuerdo.

 

Quisiera olvidar la mirada del sufrido,

pero al verlo, veo a Cristo que me mira

y me recuerda que ese sufrido, puedo ser yo mismo.

Pues todos tenemos un Cristo y un sufrido que quisiéramos olvidar y recordar.

 

Quisiera ser un sueño, para recordar lo que soy,

un poco de un ayer que vive líricamente hoy.

Quisiera recordar el patio de mi casa donde transcurrió mi niñez,

para no olvidar que fui niño, niño alguna vez.

 

Quisiera que algún del día del ayer fuese hoy,

para volverlo a vivir; pero nuestras vidas

aunque giren y miren años atrás,

lo vivido, vivido está, pero no será olvido.

 

Quisiera que la vida tuviera más momentos

y el reloj no señale el tiempo.

Pero ya ven, la vida es más que solamente momentos.

Es un tesoro y un privilegio, que siempre tendrá olvido y recuerdo.

 

Guillermo Fernández del Carpio, Arequipa, Perú

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


ANHELO, María Dolores Benítez Molina, Málaga, España









ANHELO

 

Anhelo tu regreso

como la alborada a la mañana.

Anhelo un beso

como la noche al alba

y entre sueños

yo descubro lo más bello.

Entre anhelo y anhelo

con la luz del día me encuentro

y en un susurro de olas que albergo

yo hallo mi sustento,

para así fundirme con lo eterno,

que hasta ti me lleve presto.

 

Maria Dolores Benítez Molina, Málaga, España 

 

 

 


LA ILUSION, Elias Galati, Buenos Aires, Argentina



LA ILUSION


La ilusión es una esperanza cuyo cumplimiento nos parece especialmente atractivo.

Es también la complacencia en una persona, cosa o tarea.

Desde la psicología se la considera como una percepción que no concuerda
exactamente con la realidad, que no copia el mundo real, por la diferencia
entre ella y el mundo percibido. Es posible que haya rasgos no percibidos y
otros añadidos por nosotros en aquello que nos estimula y nos inquieta.
Por lo tanto es considerada como la interpretación errónea de ciertos
elementos en una experiencia determinada, de tal forma que la experiencia
no representa la situación objetiva, presente o recordada.
Filosóficamente es una apariencia errónea que no cesa al ser reconocida
como tal.
Es una doctrina introducida por los epicúreos, por la cual las ilusiones no
pertenecen al sentido como tal sino al juicio basado en el dato sensible.
Kant la definió como el juego que permanece inconcluso cuando se sabe que
el presunto objeto no es real, señalándola como la actividad dialéctica de la
razón.
Lo explica señalando que “En nuestra razón hay reglas fundamentales y
máximas de su uso que tienen todo el aspecto de principios subjetivos”, y
por ello hay una necesidad de conectar nuestros conceptos en virtud del
entendimiento como necesidad de determinar las cosas en sí mismas, ilusión
que no se puede evitar, por eso la considera natural e inevitable.
Encuentra así una diferencia entre la ilusión y el error, por lo que la ilusión
no aminora al ser reconocida como tal.
Más en el lenguaje común, el hombre tiene claro la distinción entre dos
aspectos de este concepto, y diferencia el término iluso, del término ilusión,
adoptando la relación inicial, tener esperanza de algo atractivo.
Es una actitud humana y comprensible, que nos lleva a la terminología
kantiana, es natural e inevitable.
En nuestra vida cotidiana, hay momentos y aspectos que nos conducen a
ilusionarnos, es más, a cada momento, al emprender algo nuevo o particular,
o cambiar una situación, sentimos esa esperanza atractiva que nos deparará
algo mejor, como un rasgo de ilusión.
Es posible que no haya fundamento ni científico ni existencial, para ello,
pero para el hombre es inevitable.
La vida, el hombre, el mundo, el futuro, es para nosotros una ilusión, la
creencia que se puede ser mejor, se puede equilibrar, se puede llegar a la
felicidad pretendida.
Todos nos ilusionamos, como personas, como grupo, como sociedad, en
especial los niños que creen en ideales, que todavía no han sido deformados
por la visión y la realidad, que aún no han sido forzados a resolver entre cosas
que no quieren, a vivir situaciones espantosas, perversas, o que no debieran
vivir.
Nosotros como personas, aquellos que ejercen una función y quienes dirigen
las naciones, somos responsables de sostener la ilusión, en sentido de esa
esperanza atractiva en un futuro mejor.
¿Lo hacemos? ¿Es nuestra conducta adecuada a mantener viva en los demás
la ilusión y la esperanza?
En sentido individual, así como nosotros nos ilusionamos con nuestras
relaciones, ellas se ilusionan con nosotros.
¿Estamos al nivel de esa esperanza, e intentamos cumplir con nuestro
comportamiento con el deber que nos impone un deseo mutuo que debe
satisfacerse?
En sentido social, vivimos en un mundo que nos exige y nos compele con
normas y regímenes siempre obligatorios.
Pero no siempre vemos el cumplimiento ni la voluntad de parte de quienes
deben hacerlo. Casi siempre nos sentimos defraudados, y sentimos que el
poder y la autoridad es casi una autosatisfacción del poderoso, sin importar
la necesidad y la ilusión del gobernado.
De acuerdo a nuestro comportamiento y a nuestras acciones podemos
construir un mundo maravilloso o un lugar horrible donde vivimos.
La historia y la realidad nos señalan que es mucho más el horror que la
maravilla.
Mas ay de aquellos que desilusionan. Ay de aquellos que destrozan las
ilusiones de la gente y de los pueblos, porque en realidad no tendrán perdón
y así serán juzgados.
Para conservar la ilusión, la nuestra y la de nuestros semejantes, hay que ser
auténticos y dignos, darse a los demás, anteponer el deber a nuestros deseos,
y sostener que es nuestra condición hacer de nuestra vida y de las de los
demás un episodio feliz, bondadoso, ecuánime, donde todos puedan gozar de
la ilusión de esperar siempre un mundo mejor, un hombre más bueno y una
sociedad civilizada, pacífica y feliz.

 

Elias D. Galati, Buenos Aires, Argentina