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domingo, 24 de octubre de 2021

TU NOMBRE ES MI TATUAJE, Rafael Mérida Cruz-Lascano, Guatemala

 




TU NOMBRE ES MI TATUAJE

NOCTURNO: EPITAFIO, Acróstico tetradecasílabo.

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Amparito nocturna lámpara purgatoria,               

mis primeros sombríos, pensamientos febriles

por soledad en sombras  que encienda mi memoria,

alma y rostro de púrpura valores juveniles.

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rezo por la citada “TU PERFUMADA GLORIA”

independiente busco consejos no pueriles

todos mueren, dean dentro mi vieja  historia

oigo en verdad, rebuscan, los mayas y pipiles.

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Mi recuerdo turbado se niega, no  despierte

Escondías tu ocaso polvoriento enterrado

Rapto tu casto esritu tu eternidad  advierte

Irremediablemente concepción, luego,  muerte

. 

Desde Escenograas tu cuerpo preservado

(Amparo [En español]) “Quedó en mi alma tatuado”

.

 

©Dr. Rafael Mérida Cruz-Lascano. Poeta y escritor guatemalteco

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

Hombre de Maíz, 2009

Guatemala, C. A.

19 de octubre

 

Nocturno: Género literario profundamente nostálgico. Motivado por la noche, muerte o  por ausencia. Tetradecasílabo ABAB.

Epitafio: Inscripción grabada o destinada a ser grabada

Ocaso: Desaparición de algo.

Mayas y Pipiles. Razas mesoamericanas.

Escenografías: Elemento visual, realista o simbólica.


Dependencia, Silvina Vocos Quiroga, Buenos Aires, Argentina

 



Dependencia

 

                Todos los días extiende su vida desde un ventanal.  Sobre su cabello blanco tiene acomodados unos anteojos. Prefiere atravesar con sus ojos el mayor alcance posible. Aquella silla y un almohadón sobre el asiento son parte de la sutil ceremonia. La completa una taza de té junto a una copa con agua sobre una bandeja antigua de plata.  La mayoría de las veces lo hace en silencio; en contadas ocasiones enciende una radio.

          Sorprende que no modifique su rutina, más aún que no se desanime. Llama la atención que desde ese lugar lo que se observa son los mismos edificios, los mismos balcones, las mismas torres, la salida del sol desde igual lado a su opuesto idéntico en el ocaso. 

Elena contempla. Ignoro si medita en esas circunstancias. No toma apuntes.  En ese cuadro habitual para quien lo hace de manera reiterada, tiene en la visión un arte, una destreza: el asombro del detalle, aunque sea insignificante.

El clima de cada estación es el marco de su sonrisa. El recorrido de las aves de balcón a balcón, la luz de tono rosa o violeta desde una de las ventanas o la triste persiana siempre baja de aquél vecino.  También las flores en el patio de enfrente, la risa o llanto de los niños de una terraza, la ropa sin descolgar del joven que nunca aparece, el olor del asado del domingo.

Elena tiene dificultad para caminar. Con el andador da pequeñas vueltas, con intervalos en los que retoma fuerza para el siguiente paso.  El mundo lo sobrelleva como puede entre médicos y enfermeras. Y mutismo.

Hay nostalgia en su mirada. Como nunca está horas en su propio sitio. Ensimismada. En sus manos se presiente un adiós.

 Otros ya tomaron el rumbo de sus días.

 

 4-X-2021

 

©SILVINA VOCOS QUIROGA, poeta y escritora argentina


FUTURO, Ady Yagur, Israel

 








FUTURO

 

Dejé atrás el pasado vivido

al murmullo de las noches ,

cuando cabellos de la lluvia

eran las lágrimas del cielo.

 

A veces le digo a la memoria

que el futuro siempre espera ,

no olvida a cabellos blancos

tampoco a niños con hambre.

 

Hay un muro que divide pueblos

guerras cruentas que matan, 

la pandemia, dice que se queda

junto al silencio de la ausencia.

 

Futuro que no sabe del mañana

volando a lo lejos con sus alas,

siempre lo anhelo en el presente

esperando a la paz como destino.

 

Tiempo presente con caretas

letargo que lento se despierta,

Una sombra sigue a mis pasos

para cubrirlos de buen  futuro..

 

©ADY YAGUR, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA 


YO QUIERO, Olga Hernández Osorio, Medellín, Colombia

 








YO QUIERO

 

Quiero en mi mente dibujar bellas lejanías

bajo un cielo coronado de románticas flores

oler el perfume sagrado de las rosas y alelíes,

disfrutar así las caricias de los viejos amores.

Después de soñar, tener un grato despertar

tejer velos para vestir de seda el horizonte,

y con pinceles pintar amapolas en el mar.

Pasar la noche escuchando un canto celestial,

amanecer contando caracolas en la inmensidad.

Viajar por senderos de amor y de ternura

con equipajes que lleven aroma espiritual.

Jugar con las gotas plateadas de la lluvia,

robar a los recuerdos su agudeza memorial,

y a las aves una hermosa nota musical.

Quiero navegar por el firmamento azul,

danzar con las nubes, poder gozar su libertad,

quiero soñar al arrullo de cantarinas aguas,

con los ríos, el manantial y su loco frenesí

quiero ser eco perdido en el mundo sideral,

ser un niño, que sueña, que juega y nada más

que disfruta de la vida llena de felicidad

un lucero en el cielo y la estrella más fugaz

ser un bosque todo lleno de paz y serenidad,

donde las hojas flotan con ritmo y con compas

libres como el viento, amantes de la soledad.

Alzar la copa, brindar por los viejos amigos

afianzar con su presencia nuestra vieja amistad,

recordando esos tiempos que quedaron atrás,

a lo lejos mirar los arreboles de colores sin igual.

disfrutar el tiempo presente, llenarlo de felicidad.

 

Medellín, agosto 2 de 2019

 

©OLGA HERNÁNDEZ OSORIO, poeta y escritora colombiana

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


Gabriel García Márquez o el don de la literatura, Roberto Alifano, Buenos Aires, Argentina

 


TRIBUNA

Gabriel García Márquez o el don de la literatura

 

La principal misión de todas las formas del arte es la busca de la belleza. En el caso de la literatura, que se construye con palabras, el elemento más común de nuestra comunicación cotidiana, encontrar el modo de encantarlas. En ocasiones, las palabras brotan espontáneamente; otras veces hay que trabajarlas con esmero y paciencia. “Un texto, aunque tenga muchos borradores detrás, debe parecer el don de un instante”, sentenció Leopoldo Lugones. Cuando las palabras nacen con alas y empiezan a volar, hasta desaparece esa frágil línea que en apariencia divide a la poesía de la prosa. Quizá viene muy bien recordar aquello que escribió Robert Louis Stevenson: “La prosa es la forma más difícil de la poesía”. Agreguemos que hay escritores que nacen con la virtud de transformar en literatura todo lo que tocan y alcanzan esa cualidad estética que se denomina “quintaesencia”. Pienso en muchos clásicos de nuestra lengua y de otras, y en paradigmas contemporáneos como Borges, García Márquez y Neruda.

Gabriel José de la Concordia García Márquez, nació el 6 de marzo de 1927 en el pueblo de Aracataca, en Colombia, un sitio pintoresco del departamento de Magdalena. Fue escritor y periodista, reconocido principalmente por sus novelas y cuentos; aunque también escribió narrativa de no ficción, discursos políticos (“para ganarme el pan nuestro de cada día”), reportajes, críticas cinematográficas y memorias. Su nombre está relacionado de manera inherente con el “realismo mágico” y su obra más conocida, es la novela Cien años de soledad, considerada una de las más representativas de ese movimiento literario surgido a partir de la década del ‘60 en nuestra América Hispana. En 2007 la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española publicaron una edición popular conmemorativa de esta obra, por considerarla parte de los grandes clásicos del idioma de Cervantes en todos los tiempos. ​

Pablo Neruda, que lo admiraba hasta el deslumbramiento, me habló de él con un entusiasmo desbordante. “Si alguien merece ser Premio Nobel es García Márquez, un verdadero mago de las palabras. Uno de esos escritores que nacen cada cien o doscientos años”. También los escuché a Julio Cortázar y a Mario Vargas Llosa referirse a él con enorme admiración. Mario le dedicó un volumen que supera las seiscientas páginas (García Márquez, historia de un deicidio) y Carlos Fuentes escribió García Márquez y la invención de América; Jorge Amado, por su parte, de un modo confidencial me dijo: “He aprendido el idioma castellano para serle fiel a Gabo. No se lo puede leer a través de traducciones”.

Tuve la felicidad de conocer a Gabriel García Márquez (“Gabo” o “Gabito”, como cariñosamente le decían sus amigos), aquí, en Buenos Aires, hacia 1967, cuando participó como jurado de un premio compartido por Editorial Sudamericana y la revista Panorama. Era un hombre elocuente, divertido, lleno de anécdotas, que contagiaba alegría. Con él, todo momento era memorable. Luego de ese primer encuentro, cada vez que yo pasaba por México, país en el que se radicó, no dejaba de visitarlo. En 1982, justicieramente, la Academia Sueca lo distinguió con el Premio Nobel de Literatura.

Recuerdo que el día que se lo otorgaron yo había acompañado a Borges al Departamento de Policía para que le renovaran el pasaporte. Eran los años en que yo colaboraba como amanuense del autor de El Aleph. Esa jornada estuvo amenizada de situaciones que luego engrosaron mi libro El humor de Borges. Pero vayamos a las anécdotas que fueron jocosas.

Era un viernes. Borges me estaba dictando un cuento cuando recordó que el domingo viajaba al exterior. Me pidió que revisara su pasaporte porque quizá estaba vencido. Así lo hice, y efectivamente lo estaba. De manera que si no se actualizaba ese mismo día era imposible abordar el avión. A mí se me ocurrió llamar a un comisario que conocía para pedirle que nos diera una mano. “Vengan enseguida -fue la respuesta-. Veremos qué se puede hacer”.

Apenas descendimos del taxi que nos condujo, nos topamos con un uniformado que abordó a Borges para confesarle su admiración: “Soy sargento de la policía y quiero decirle que lo veo en programas de televisión y estoy deslumbrado. Le confieso que no lo he leído y quizá nunca lo haga, pero siento un especial cariño por usted y se lo quiero demostrar besándolo”.

“Bue-ee-no, me resigno a esa muestra de afecto -respondió Borges al tiempo que el sargento le deba un sonoro beso en la mejilla.

Apenas se retiró, aún perplejo, con su humor incomparable, Borges me tocó con el codo y atinó a decirme:

“¡Caa-ram-ba, un mazorquero cariñoso. Menos mal que el asunto se trató de un beso y no de una picana eléctrica para torturarme”.

Apenas entramos al Departamento de Policía, los efectivos nos rodearon para seguir testimoniándole el afecto. Borges les informó que su abuelo materno fue jefe de la Institución y que, en algún sentido, se consideraba como parte de la policía.

Y en tono confidencial me murmuró:

“Aunque es una impostura de mi parte, quizá no está mal que esta gente me tome por uno de ellos; esto puede hacer que me renueven enseguida el pasaporte”.

No se equivocaba, el comisario Franco, buen y predispuesto amigo, también excelente lector, se lo renovó inmediatamente. Y allí, en su despacho, nos enteramos que Gabriel García Márquez había sido galardonado con el Premio Nobel.

Los periodistas acreditados lo rodearon inmediatamente para pedirle su opinión. Ese año, como tantos otros, Borges también había sido candidato.

“¿Usted lo conoce?”, fue una de las preguntas.

“No, pero tuve la felicidad de que me leyeran algunas de sus obras. Los cuentos de García Márquez me parecen magníficos. Es un gran escritor y es justo que le hayan otorgado el Premio Nobel. Alifano sí lo conoce y él fue quien me lo reveló”.

“¿Y a su novela Cien años de soledad, la leyó?, preguntó otro periodista.

“Sí, me leyeron algunas páginas. No me gustó tanto, creo que se repite -y remató con su sarcasmo habitual-: Quizá con cincuenta años hubiera sido suficiente”.

A Gabriel García Márquez le encantaba que yo le contara estas anécdotas divertidas de Borges. La última vez que estuve con Gabo almorzamos en compañía del pintor José Luis Cuevas y de Mercedes, su esposa, en un conocido restaurante de la colonia San Ángel. La memoria ya no lo acompañaba y había momentos en que se quedaba perdido. Esa mente prodigiosamente encendida por el don de la literatura se empezaba a apagar.

En un encuentro anterior, Gabo me habló de la deuda que tenía con Borges. “A él debo la brevedad y la contundencia que he tratado de utilizar en mis cuentos. Borges fue uno de mis padres literarios. Aprendí muchísimo de él: Los funerales de la mamá grande y El coronel no tiene quién le escriba, en otro contexto, por supuesto, tienen mucho de los relatos de La muerte y la brújula y de Pierre Menard, autor del Quijote”.

Las sorprendentes narraciones de Gabo son verdaderas obras maestras y modelos de sincera imaginación. En sus cuentos la economía de palabras y la precisión narrativa tienen mucho de Borges. Los rasgos habituales que abundan en las páginas de sus textos, han sido inventados tan justamente que parecen cotidianos y fatales. El coronel no tiene quién le escriba, es una obra maestra de la narrativa española de todos los tiempos; a estos textos se suman El amor en los tiempos del cóleraCrónica de una muerte anunciada Relato de un náufrago, invenciones no menos intensas que virtuosas.

Me reconforta revivir esas experiencias que son de una genuina alegría para el corazón. Gabo era un poeta de la prosa, un escritor con el don de la literatura y un hombre irrepetible. Se sumó a los más el 17 de abril de 2014 dejando un vacío inmenso en los que lo admirábamos y queríamos profundamente.

 

©ROBERTO ALIFANO, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


sábado, 16 de octubre de 2021

DEL MESOZOICO AL OIL, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 










DEL MESOZOICO AL OIL

 

         Hace doscientos millones de años, cuando todo era un solo continente y las estaciones no existían, se fundó un gobierno mesozoico y los reptiles, pisando fuerte, comenzaron a levantar cabeza.

            Aquello era un verdadero paraíso, donde todos vivían felices, en familia, viendo transcurrir los siglos plácidamente.

            Pero un día se perfiló entre ellos uno con dotes de caudillo y empezó a llenarles la cabeza (y el pescuezo) con extrañas ideas.

            Y los carnívoros se comían a los hervíboros. 

            Hasta que, alguien… no se sabe quién… ¡arrojó una bomba de iridio!       Extinguidos los dinosaurios, el gobierno quedó en manos de los mamíferos. Algunos, entre mordisco y mordisco… se hicieron hombres… perfeccionaron la técnica de succión y después... muchos siglos después, tuvieron el hermoso gesto de comenzar a honrar los huesos de sus mayores. Fue cuando las luchas por el poder iniciaron su etapa de civilización. Habían descubierto el petróleo.

            ¡Y hoy por oil, las luchas continúan!

     


                                                                 
 

 ©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

 

·         "Trece Historias a Muerte" (para leer de un saque), cuentos breves, 1° Ed, La Casona de Iván Grondona, Buenos Aires, 1978; 2da. Ed. El lunfa, Buenos Aires, 1982.


LA ESTADÍSTICA, Trilussa (Carlo Alberto Salustri) (Italia - Roma 26 Octubre1871 – 21 Diciembre1950)

 













LA ESTADÍSTICA 

 

¿Sabes que es la estadística? Una cosa

Con que se hace la cuenta general

De los que nacen, van al hospital

A la curia, a la cárcel o a la fosa.

 

Más para mí la parte más curiosa

Es la que da el promedio individual

En que todo se parte por igual

Hasta en la población menesterosa.

 

Por ejemplo: resulta, sin engaño

Que según la estadística del año,

Te toca un pollo y medio cada mes.

 

Y aunque el pollo en tu mesa se halle ausente,

Entrás en la estadística, igualmente,

Porque hay alguno que se come tres.

 

©Trilussa

Trilussa (Carlo Alberto Salustri)

 (Italia - Roma 26 Octubre1871 – 21 Diciembre1950)


LA ELECCIÓN, Guillermo Aguirre y Fierro, México

 












LA ELECCIÓN

 

El león falleció. ¡Triste desgracia!
Y van... con la más pura democracia,
A nombrar nuevo rey los animales.
Las propagandas hubo electorales;
Prometieron la mar los oradores,
y… aquí tenéis algunos electores:


Aunque parézcales a ustedes bobo
Las ovejas votaron por el lobo.
Y como son de buenos corazones
Por el gato votaron los ratones;
Y a pesar de su fama de ladinas
Por la zorra votaron las gallinas.

La paloma, que sabemos inocente,
Inocente votó por la serpiente;
Las moscas, nada hurañas,
querían que reinaran las arañas.
El sapo ansía, y la rana sueña
Con el feliz reinar de la cigüeña;


Con un gusano topo
Que a votar se encamina por el topo,
El topo no se queja,
más da su voto por la comadreja;
Los peces, que sucumben por su boca,
Eligieron gustosos a la foca;


El caballo y el perro, no os asombre,
Votaron ambos por el hombre,
Y con dolor profundo
Por no poder encaminarse al trote,
Arrastrábase un asno moribundo
A dar su voto por el zopilote.

Caro lector que inconsecuencias notas,

Dime: ¿no haces lo mismo cuando votas?

 

©Guillermo Aguirre y Fierro

Guillermo Aguirre y Fierro, destacado poeta y periodista, nació en 1887 en San Luis Potosí, México. Entre su numerosa obra, la que le ha dado renombre y celebridad ha sido "Sonrisas y Lágrimas", libro en el que figura su conocido poema "El Brindis del Bohemio". Aguirre y Fierro, considerado uno de los autores fundamentales de la literatura mexicana del siglo XIX, falleció en Ciudad de México en 1949.

                El 26 de mayo de 1926, en “El cronista del Valle”, de Brownsville, Texas, fueron publicados estos versos a los que tituló: LA ELECCIÓN


BRONCA – (Año 1962 - Mario Battistella,) Buenos Aires, Argentina

 










BRONCA     (Año 1962 - Mario Battistella,) Buenos Aires, Argentina  

 

Por seguir a mi conciencia

Estoy bien en la palmera,

Sin un mango en la cartera

Y con fama de chabón.

Esta es la época moderna

Donde triunfa el delincuente,

Y el que quiere ser decente

Es del tiempo de Colón.

 

Lo cortés pasó de moda

No hay modales con las damas,

Ya no se respetan canas

Ni las leyes, ni el poder.

La decencia la tiraron

En el tacho ´e la basura

Y el amor a la cultura

Todo es grupo, puro blef.

 

Qué pasa en este país

Qué pasa, mi Dios

Que nos vinimos tan abajo.

Que tapa que nos metió

El año 62, ¿qué pasa?

Que signo infernal

Lo arrastra al dolor,

Que ni entre hermanos se entienden

En esta atroz confusión...

Que si falta la guita...

Que si no hay más lealtad...

Y nuestra conciencia

No vale mucho más.

¡Pucha, que bronca me da!

Ver tanta injusticia

De la humanidad.

 

Refundir a quien se pueda

Es la última consigna,

Y ninguno se resigna

A quedarse sin chapar.

Se trafica con las drogas,

La vivienda, el contrabando,

Todos ladran por el mando

Nadie quiere laburar.

Los ladrones van en coche

Satanás está de farra,

Y detrás de la fanfarra

Salta y baila el arlequín.

Es la hora del asalto

Metanlé que son pasteles,

Y así queman los laureles

Que supimos conseguir.

 

©Mario Battistella  

Música: Edmundo Rivero