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sábado, 16 de octubre de 2021

BRONCA – (Año 1962 - Mario Battistella,) Buenos Aires, Argentina

 










BRONCA     (Año 1962 - Mario Battistella,) Buenos Aires, Argentina  

 

Por seguir a mi conciencia

Estoy bien en la palmera,

Sin un mango en la cartera

Y con fama de chabón.

Esta es la época moderna

Donde triunfa el delincuente,

Y el que quiere ser decente

Es del tiempo de Colón.

 

Lo cortés pasó de moda

No hay modales con las damas,

Ya no se respetan canas

Ni las leyes, ni el poder.

La decencia la tiraron

En el tacho ´e la basura

Y el amor a la cultura

Todo es grupo, puro blef.

 

Qué pasa en este país

Qué pasa, mi Dios

Que nos vinimos tan abajo.

Que tapa que nos metió

El año 62, ¿qué pasa?

Que signo infernal

Lo arrastra al dolor,

Que ni entre hermanos se entienden

En esta atroz confusión...

Que si falta la guita...

Que si no hay más lealtad...

Y nuestra conciencia

No vale mucho más.

¡Pucha, que bronca me da!

Ver tanta injusticia

De la humanidad.

 

Refundir a quien se pueda

Es la última consigna,

Y ninguno se resigna

A quedarse sin chapar.

Se trafica con las drogas,

La vivienda, el contrabando,

Todos ladran por el mando

Nadie quiere laburar.

Los ladrones van en coche

Satanás está de farra,

Y detrás de la fanfarra

Salta y baila el arlequín.

Es la hora del asalto

Metanlé que son pasteles,

Y así queman los laureles

Que supimos conseguir.

 

©Mario Battistella  

Música: Edmundo Rivero


EL ROSAL Y EL CAMINITO, David Volpintesta (Lucio Cañupan), Italó, Córdoba, Argentina

 













EL ROSAL Y EL CAMINITO

 

1)                                                         2)                   

¿Cuántos secretos atesoras                                    Hoy la lluvia casi ahoga

En tus tallos y en tus hojas?                                  A tu hermano el caminito

¡Cuánto has visto a tu vera                                    Que silente y esforzado

Que tus pétalos sonrojan?                                      De la calle hasta el recinto

Tus espinas demoradas                                          Llega a la puerta y golpea

Por dedos que las rozan                                         Finamente sus nudillos,

Se confunden con el aire                                       Cuando allí mismo sus caricias

Y dialogan silenciosas.                                         Tiende la viola “ligustremia”

Ya el ave, la hierba y el rocío,                              Colmada de espesas flores 

Te responden inmutables                                      en vigilia y guarda atentas.

Con la fuerza del destino                                      En tal modo este escenario

Quien te ha hecho humilde rosa.                          Que de sutil se sustenta

Cada año así esperamos                                       Con el camoatí y las abejas

―y ya son más de sesenta―                               Más la lluvia y luz febea,

El renacer de tu frescura                                      Se nutre ―junto al jolgorio

En pimpollos de magenta.                                   De avecillas muy diversas―

También las mariposas                                        Al influjo de una mirada

Decorando el nuevo estío;                                   Vislumbrada y fina esencia:

Tus primos ―el membrillo,                                son los ojos de nuestra madre 

El peral, damasco y duraznero―,                       quien oculta tras los cristales

Y hasta la impasible higuera                               todo lo alimenta y observa.

Quien de rústica es portento,       

Te saludan como antaño                                           

Mientras limpian tu aposento

 

©david volpintesta (lucio cañupan)

.                                   de Guadal y Adoquines(inédito)

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA           


KOKURA, Leonardo Moledo, Buenos Aires, Argentina

 









KOKURA

NAGASAKI
El 9 de agosto de 1945, tres días después de la destrucción de Hiroshima, la segunda bomba atómica, Fat Man, cayó sobre la ciudad japonesa de Nagasaki. Pero Nagasaki no era el blanco original, el objetivo era la ciudad de Kokura, y hacia allí se dirigió el avión que cargaba la bomba. Pero el cielo sobre Kokura estaba nublado y el avión sobrevoló la ciudad durante alrededor de tres horas esperando que se despejara. Finalmente, como el tiempo no mejoraba, y el combustible se estaba agotando, se dirigió hacia Nagasaki. 


Nadie recuerda el nombre de Kokura.

Kokura está en el noroeste de la prefectura de Fukuoka,  U O

en la isla de Kyushu.

En 1933 se construyó un arsenal,

y desde entonces la ciudad se volvió un punto estratégico.

Y nadie oyó hablar de Kokura,

donde la gente vivió como hizo siempre,

y los días amanecieron y terminaron, como siempre,

y el tiempo pasó y la gente nació y murió, como fue siempre.

En 1963 Kokura se fusionó en una nueva ciudad

que se llamó Kitakyushu.

El nombre de Kokura dejó de figurar en los mapas.

Kitakyushu es ahora un gran centro de comercio

con más de un millón de habitantes.

Nadie habla hoy de Kokura,

nadie la recuerda,

y, sin embargo, la segunda bomba atómica,

la que hizo estallar en pedazos Nagasaki,

no estaba destinada a Nagasaki sino a Kokura.

El avión se llamaba Bock’s Car,

y a bordo viajaba la bomba de plutonio.

Bock’s Car  alzó vuelo el nueve de agosto,

a las cuatro de la mañana de un amanecer de Tinian,

navegando hacia el Sol.

Alzó vuelo hacia Kokura.

Y voló.

Y voló.

Y voló.


Entre las ocho y las nueve menos diez

dio vueltas sobre Yakoshima aguardando a sus aviones escolta,

uno de los cuales no llegó y, sin esperarlo,

siguió vuelo hacia Kokura.

¿Cómo sería ese día,

qué destino tenía en el almanaque del tiempo?

¿Quién decidió que sobre Kokura hubiera nubes bajas?

El avión llegó a las diez menos diez, y voló y voló, en círculos,

esperando que el cielo se despejara.

Ese día, seguramente,

los habitantes de Kokura habrán mirado el cielo, y dicho,

¡qué día gris sobre el fondo gris de la guerra!

Algunos habrán dicho: “aquellas nubes no nos dan tregua,

¿no podrían mostrarnos un poco el sol sobre el fondo gris de la guerra?”

Y por encima de esas nubes,

el Bock’s Car, con una bomba atómica ya lista,

volaba dando vueltas circulares, esperando que las nubes se abrieran.

¿Cuántos habitantes de Kokura habrán mirado al cielo

esperando que el cielo se despejara,

deseando lo mismo que el piloto?


Pero no,

para tristeza de los habitantes de Kokura, el tiempo no mejoró

y como el parte meteorológico no daba esperanzas

ni noticias de un cielo despejado,

y se empezaba a agotar el combustible,

el Bock’s Car dejó de dar vueltas en círculo,

y voló y voló hacia Nagasaki.


Los habitantes de Kokura vivieron porque ese día estaba nublado.

 

©LEONARDO MOLEDO – Buenos Aires, Argentina


LA CONFIANZA, Irene Mercedes Aguirre, Buenos Aires, Argentina

 








LA CONFIANZA

Tu fresco cauce fluye por entrañas profundas
de todas las creencias, actitudes y acciones.
¡Espléndida estructura, moderas las pasiones
y equilibras las mentes con señales rotundas!

Eres fuente perpetua que calma las tensiones,
aportas certidumbre al futuro y redundas
en beneficios mutuos. Constante, nos circundas
con tu rumor sereno de nobles pulsaciones.

Fortaleces encuentros con los demás. Abundas
en cálidos mensajes ¡Tus benéficos dones
derramas, como gotas de esperanza, fecundas!

 

Acompañas la brisa de la amistad, los sones
de sutil entusiasmo que a la vida le infundas
¡Eres parte inherente de nuestras decisiones!

 

©IRENE MERCEDES AGUIRRE, poeta y escritora argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

LA MADRE, Elias Galati, Argentina

 

LA MADRE

 

Madre es un término que caracteriza a la condición de una mujer que ha parido, en relación a sus hijos.

Por analogía se extiende a la mujer que adopta, que cría o que se ocupa del crecimiento y educación del niño.

Familiarmente se trata de madraza a aquella que mima demasiado a sus hijos.

Más allá del concepto biológico, la maternidad involucra a la postura de la mujer tanto psicológica como mental, en su condición de mentora y responsable principal de la crianza del niño.

¿Qué significa ser madre?

Desde lo existencial es una cualidad preferencial que se le ha dado a la mujer, por la cual completa dentro de sí misma, la concreción de una nueva vida, con sus cualidades físicas, morales y espirituales.

Desde lo espiritual, es un don divino, por el cual participa de la creación, poniendo de sí todo aquello que falta para que surja un nuevo ser.

La madre es la concreción de la trascendencia, la continuidad de la especie y la trasmisión de las tradiciones humanas en el devenir de la historia.

Por ser madre, la mujer cambia su vida, su forma de pensar, sus proyectos y encara una nueva realización existencial, de una manera compartida, ella y su cría a la que dedicará su tiempo prácticamente durante toda su vida.

Entrega su corazón, como ya ha entregado parte de sí misma en la gestación, y continúa durante la crianza entregando sus fuerzas, sus alegrías, sus dones, sus preocupaciones, sus tristezas y dolores, para la felicidad y el porvenir de sus hijos.

El hijo es su razón de ser y su compromiso es completo y por toda la vida.

La mujer vive en ese estado de madre, una situación especial, pero que es modelo de la vida de la humanidad.

Es un vínculo relacional, no hay madre sin hijo, ni hijo sin madre, son términos que no existen sin el otro.

Es el paradigma de la alteridad, con la condición especial, que la unión es tan profunda, no sólo por haber compartido 9 meses de vida, en un solo cuerpo, sino por la proyección de la vida común durante toda la existencia.

La maternidad completa la creación; la maternidad es un acto de amor, sublime, inconmensurable, total y absoluto.

Es entrega, es dar, sin esperar respuesta, sin pensar en recibir, sólo dar, dar por amor.

La gran mayoría de los estímulos que forman los sentimientos y emociones del niño y aquello que va a constituir su personalidad y forjar su carácter se debe a esta maravillosa interacción madre e hijo.

El amor maternal constituye el modelo del amor humano, es aquel que constituye el valor, más allá del sentimiento y señala la real y verdadera condición humana.

Sin el cariño de una madre, sin el amor que trasunta  y emana de su ser, no sería posible una constitución digna y valedera del hombre.

Ser madre es una característica propia y especial de la mujer; más el concepto y la forma tanto de entenderlo como de ejercerlo está en constante evolución tanto cultural como socialmente.

Esta incidencia a veces, trastoca la condición de la mujer, y se ve obligada a respetar pautas, que a lo mejor no comparte, o que no acepta, o van en contra de sus ideas.

Pero la condición de madre esta inmersa en un contexto social y cultural, en un tiempo y en un espacio, y a veces en espacios muy acotados.

A pesar de todo es una condición universal, un sentido común a todas aquellas que física o espiritualmente han elegido la maternidad.

La fuerza y la tenacidad, aún en la aparente debilidad, que parece imposible, está en ella aunque no se entienda cómo surge.

La savia nueva que nutre el corazón, en una simbiosis que fue primero física dentro de su ser, y después apoteótica y total, durante la existencia.

Porque es un ser que siempre será madre, a pesar del tiempo, de las angustias, de las tristezas como de las alegrías.

En el derrotero de nuestra existencia, está su marca, su señal, en forma de inspiración, como ayuda, como acicate para continuar a pesar de las dificultades, como amor entendido en su totalidad y sin límites.

Si quieres entender la vida, si quieres comprender el amor y la bondad, si deseas encontrar la belleza, si quieres percibir a Dios, mira a tu madre; sino la tienes mira a una mujer madre haciendo el trabajo más preciado que nos ha dado el Creador.

 

©Elias D. Galati, Argentina


sábado, 9 de octubre de 2021

COMO SI NADA, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 









“Indiferencia” - carbonilla de

Francisco Leyton Hernández

 


COMO SI NADA

 

Entre rostros borrados

duerme sobre sus piernas

y derrama en ausencias

lo que le queda por vivir.

Toda la tristeza

está en su cuerpo

silenciosamente invisible

en la encrucijada del rechazo.

Cae la última gota de la noche

y entre gatos maullantes,

no sólo el tiempo repta indiferente.

 

©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA 

6 / X / 21


ÉSTE QUE VES, ENGAÑO COLORIDO, Sor Juana Inés de la Cruz, México




 





ÉSTE QUE VES, ENGAÑO COLORIDO 

 

Éste que ves, engaño colorido,
que, del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido;

éste, en quien la lisonja ha pretendido
excusar de los años los horrores,
y venciendo del tiempo los rigores
triunfar de la vejez y del olvido,

es un vano artificio del cuidado,
es una flor al viento delicada,
es un resguardo inútil para el hado:

es una necia diligencia errada,
es un afán caduco y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.

 

©Sor JUANA INÉS de la CRUZ



EL MERCACHIFLE, Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina

 


EL MERCACHIFLE    

 

Había sido una noche de perros. Los álamos desnudos, míseros esqueletos vegetales, tiritaban arqueándose como pidiendo clemencia desde sus crestas estremecidas.  Cuando amainó el viento helado del sur, una fría llovizna se descolgó de la bóveda gris del firmamento, cerrando aún más la escasa visibilidad de la madrugada.

            Dentro de poco, despuntará el día. Un pálido resplandor a lo lejos, por el oriente, anunciaba una triste jornada invernal para aquellos pobres habitantes del lugar.

            La escalera del infortunado albergue crujió funestamente al peso de los pasos taciturnos del hombre.

            -¡Qué buscas levantándote tan temprano, turco, estás loco muchacho! -rezongó desde el lecho la dueña de la pensión.

            -¿Es que hoy no se come, Mariana? Alá me asista. ¡Siempre adelante Ibrahim!

Y con esta respuesta, entre lo desolador y lo burlesco de su porte; metido dentro de sus suecos de madera y dobladas sus espaldas bajo la pesada carga de las mercancías, se calzó el sombrero de paño negro y salió para enfrentar la oscuridad. La lluvia y el viento helado de la madrugada herían su carne a través de su vestimenta gastada y deshilachada en partes. Su chaleco, aún conservaba la humedad del día anterior.

-¡Señora… Peine, peinetas, ropa para la casa..! -grita aquel mártir cuando pasa frente a la primera casa, desde donde escapa una tímida columna de humo. Nadie responde. Aún duermen o recién están saliendo de sus camas.

-Todavía duermen. ¡Adelante Ibrahim! ¡Adelante! -se da coraje el hombre, murmurando entre dientes aquel imperativo.

A medida que se acerca el día, la tormenta crece en intensidad. “El Turco” no se acobarda. Aunque se congelen las gotas de transpiración, aunque se hiele el vapor de su aliento, el pobre sube la loma aplastado por el peso y el diabólico escarpado del camino.

-¡Adelante! ¡Adelante!

El andar se convierte en un peligro a causa del barro y la resbalosa greda de la loma.

Comienza la mañana.

-Doña: Peines, peinetas, peinetón. Telas de Francia. Casimires Ingleses… Jabones con olor…

-¿Llevas algún perfume, Turco? -pregunta una mujer a través de una ventana entreabierta.

-Sí, aún agitado por las olas del mar.

-¿De lavanda o jazmín?

-También ese. Especialidad de la casa. Producto de París.

            Después de un cuarto de hora, la primera venta estaba hecha y el “Turco” retomó el camino acomodando en su bolsa los dos pesos y una docena de huevos. La luz del día, finalmente, había aparecido; una luz blanca y difusa como noche de luna. La llovizna había casi cesado, pero el viento se desencadenó más endemoniado que nunca. El frío se hizo más intenso todavía. Desde el entrecejo del “mercachifle” bajaba el sudor que, corriendo por su rostro, venía a congelarse en la extremidad de su barba. ¡Adelante! ¡Adelante!  Si sigue lloviendo, el agua, mojará el fardo que carga sobre la espalda y este caerá pesado sobre el barro del camino arruinando su mercadería, pensaba con disgusto el mercachifle. -¡Alá me asista! ¡Siempre adelante Ibrahim! Era su grito de guerra favorito. Pero aquella invocación se dispersó en la nada. Nadie le escuchaba a causa de las voces de la tormenta que, después de una breve calma, había comenzado a crear un torbellino amenazante alrededor del pobre hombre.

            Se detuvo un rato al costado del camino al reparo de un terraplén y de unas ramas desnudas de algarrobo. Su agitada respiración se incrementó cuando buscó acomodar aquel desalmado fardo de porquerías sobre unas ramas. Se sentó a un costado y las imágenes de su Líbano querido llegaron hasta él como un bálsamo templado. El sol maravilloso contrastando con el verde color de la pradera y la arena caliente del camino. El perfume de los cipreses mezclado con el aroma del incienso y de la menta. ¿Cuándo volvería? ¿Podría alguna vez? ¿Qué estaría haciendo ahora su familia? ¿Estarían sus hermanos junto al fuego de la casa paterna, dispuestos a cenar? ¿Y las estrellas? ¿Y los perros…?. Se mojaron sus ojos y su boca se llenó de saliva cuando recordó los frutos de la higuera que había en el patio… Tenía hambre…

            Anduvo todo el día, haciendo sentir en cada casa su grito: ¡Peines, peinetas, jabón de París… A medida que pasaban las horas, su grito, lastimoso decrecía poco a poco. Se sentó junto a un tronco de sauce masticando el único trozo de pan que traía. Lo empujó con un poco de agua limpia de un charco. -Señora… peine, peinetas…señora, vende-todo…

            Se había hecho la noche, la dueña de la pensión, donde se alojaba el “Turco” y un grupo de clientes estaban sentados a la rústica mesa delante el fuego de la cocina hablando descuidadamente de sus propias cosas. Necesidad de contar para recordar. A veces, cada uno se hundía en sus propias ideas y estallaba un largo silencio, entonces, la tapa de la olla de aluminio donde se cocía la sopa, victoriosa, hacía escuchar su canto de vapor.

            -¡Allí está! -gritó la patrona. 

-¡Es él, es él!

-¡Esta vez sí! ¡Son sus pasos! -gritaron los hombres.

Silencio… el viento había volcado una maceta que estaba en el corredor. Los perros, acurrucados debajo de la mesa, ni siquiera movieron las orejas.

Cuando dieron las doce campanadas en el reloj de la iglesia, uno a uno, se fueron levantando para irse a dormir.

La patrona mintió al decir que el “turco” se había quedado en alguna chacra. Ella sabía que su intuición nunca le había fallado, además, el “turco” siempre volvía a la pensión. Se quedó dormida en la cocina y despertó sobresaltada a las dos de la mañana. Con la espalda dolorida y con preocupación caminó hasta su cuarto.

En el fogón, las brasas se habían apagado. El perro de la casa de enfrente aulló lastimosamente.

 

©NORBERTO PANNONE, poeta y escritor argentino

Del libro “Cuentos Invernales”


POEMA LA POESIA, Ricardo Palma, Perú

 








POEMA LA POESIA

 

¿Es arte del demonio o brujería
Esto de escribir versos? – le decía,
No se si a Campomar o a Víctor Hugo
Un mozo de chirumen muy sin jugo.

Enséñame maestro, a hacer siquiera
Una oda chapucera.

“Es preciso no estar en sus cabales,
Para que un hombre aspire a ser poeta,
Pero en fin, es sencilla la receta.

Forme usted líneas de medidas iguales
Luego en fila las junta
Poniendo consonantes en la punta”.

-¿Y en el medio?- “¿en el medio?
¡Ese es el cuento!
Hay que poner talento”.

 

©RICARDO PALMA