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sábado, 4 de septiembre de 2021

Esos conocidos de la distancia…, Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina

 







Esos conocidos de la distancia…

 

¿Acaso seremos tan cobardes e indignos

de nosotros mismos como para llegar a la muerte

sin haber abrazado a aquellos que, para nosotros,

son esos desconocidos a la distancia…?

 

Enamoramientos surgidos a través de la tevé,

la música, la escritura o la cinematografía.

Puestos en aquella lista de las personas que uno

Debe conseguir mirar a los ojos, al menos,

una vez en la vida; antes que la existencia acabe.

 

Es posible. Empero ocurre que es necesario

atreverse a dejar el confort de lo conocido

marchando al encuentro de lo deseado incierto.

 

Aquel hotel donde se hospeda Madonna.

Ese pueblo que gusta visitar Angelina Jolie.

Si Cote de Pablo decidirá o ira la Isla de Pascua.

El lugar en que camina las mañanas Peta Wilson.

 

Y estar allí. Dejar todo por irrumpir en el lugar

cuando el sueño anhelado se hace realidad,

donde queda plasmada en acción cada fantasía.

 

 Sólo requiere atreverse a salir de la normalidad.

Pues cine, tevé, música, escritura remiten – siempre –

a espacios a los que se llega por senderos etéreos.

 

©ANTONIO LAS HERAS, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 

FISCALIZACIÓN DEL PENSAMIENTO, César Tamborini Duca, León, España


FISCALIZACIÓN DEL PENSAMIENTO

 

Todas las personas estamos en posesión de NUESTRAS verdades y las sostenemos con ahínco porque suponemos que se ajustan a la realidad; no por ello debemos desestimar las verdades que sustentan OTROS. Sin embargo hay cosas tan evidentes que negarlas presuponen un desatino, v.gr. los que aún sostienen que LA TIERRA ES PLANA (los terraplanistas), o los que, aún después de las nefastas afecciones y muertes provocadas por el letal virus COVID 19, aún afirman que el hecho de la epidemia no existe. Y hay más aún pero los englobamos en una sola categoría: los NEGACIONIESTAS.

Por eso la afirmación de Hesíodo, poeta y filósofo que vivió en una época tan remota como la antigua Grecia (700 a.C.) se mantiene vigente para esa gente y sus seguidores: “Los dioses han cubierto con un velo espeso la vida humana”.

Hay quienes sustentan crédulamente teorías alucinantes porque la constante prédica caló en su entendimiento, y la propagan a su vez. Otros, lo harán vaya uno a saber por qué obscuros intereses, ya que pueden ser económicos, culturales, políticos, religiosos (…) Éstos últimos se convierten en personajes siniestros por las consecuencias que su prédica provoca, y me ha estimulado a escribir las siguientes líneas, a modo de breviario, sobre

EL BIEN Y EL MAL

Los “clanes” sociales, grupos de ‘amigos’ que a través de las redes de distinta denominación surgieron en los tiempos actuales por influjo de internet, pueden ser sumamente beneficiosos si se utilizan con sentido común, utilizando la inteligencia –el pensamiento- sin transmitir odio ni tratar de menoscabar al otro. Sin embargo también pueden ser peligrosos para la buena convivencia si tratamos de erigirnos en fiscales de las conductas de aquellos que no concuerdan con nuestra manera de pensar y de actuar.

Pero éste no es un fenómeno nuevo si bien tiene ahora más trascendencia por la “instantaneidad” y masividad de la comunicación actual; hace más de medio siglo (en 1951) Erich Fromm alertaba sobre el peligro del poder fiscalizador y el “influjo de mentiras racionalizantes disfrazadas de verdades” en su libro “The Forgotten Language” (“El Lenguaje Olvidado”). Lo que hoy denominamos “fake news” o post verdad, él lo expresaba así:

“La fiscalización del pensamiento y de los sentimientos fue un factor necesario para que la minoría pudiera retener sus privilegios. (…) Y la mente humana, la de gobernadores y gobernados, se desvía de su primordial objetivo humano, que es el de sentir y pensar humanamente, usar y desarrollar los poderes de la razón y del amor que son inherentes al hombre y que lo convierten en un inválido cuando no se desarrollan ampliamente. (…)

Se deforma el carácter del hombre. (…) Pierde el sentido de la dignidad y la integridad y se ve obligado a convertirse en una mercancía.

(…)  estamos expuestos al influjo de mentiras racionalizantes disfrazadas de verdades, de simples tonterías disfrazadas con el ropaje del sentido común o de la sabiduría superior del especialista, de doble sentido, pereza intelectual, o deshonestidad que habla en nombre del ‘honor’ o del ‘realismo’, según el caso”.

(“El Lenguaje Olvidado”, Erich Froom, Ed. Hachette, Buenos Aires, 1960, pág. 35 y 36).

¡He it has not "weltanschauung"! mezcla de inglés y alemán, para significar “Él no tiene visión del mundo”. Referido al practicante de la post verdad.

COLOFÓN: mas política y menos politiqueo

 

©CESAR TAMBORINI DUCA, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

sábado, 28 de agosto de 2021

SI ESE BARRIO, Rodolfo Leiro, Buenos Aires, Argentina

 










SI ESE BARRIO

 

Si mi barrio, impetuoso, resurgiera,

recitando mi verso en la cortada,

mientras surca el espacio la mirada

buscando una pebeta que me quiera;

 

Una viola se trenza, dominguera,

en la glicina erótica, gamada;

conversa con la luna iluminada

y al infinito arroja su quimera;

 

ese barrio que fue mi voz primera.

aquel beso primero que tuviera

la virtud de sentirme caballero;

 

alegría de ayer, que me dijera

aquí está otra vez la primavera.

Aquella que te dijo, ¡yo te quiero!

 

©RODOLFO LEIRO, poeta y escritor argentino.

MIEMBRO FUNDADOR Y PRESIDENTE HONORARIO DE ASOLAPO ARGENTINA.

¿QUÉ TIENA LA POESÍA?, Rafael Mérida Cruz-Lascano, Guatemala

 









¿POEMA O POESÍA?

Espinela endecasílaba

¿POEMA O POESÍA? es alternativa,
ideas creativas bien cuidadas
con tropos y metáforas creadas
pensamiento que la muestre objetiva.
Presentemos la imagen atractiva
con arte y palabra con buen sentido
con filosofía dialogo unido
moviendo sensación arrobadora
palabra trascendente que enamora
preferencia al verso y ritmo medido


¿VERSO O PROSA?


Espinela endecasílaba

Verso o prosa, inspiración: Es poema
donde nace regalar un escrito
sólo dar forma a letras necesito
tropos, permisos y rima, sin pena.
Para poesía es otro dilema
creación noble usando preceptiva
y mi sentir otra alma la reciba
el arte y expresión de la belleza
cadencia con corazón y cabeza
hace la poesía sobreviva.




¿QUÉ TIENA LA POESÍA?


Meridiano de evocación

Tiene la anchura del mar, cognición
y grande profundidad pedagógica.
Tiene nostalgia marina y razón
dentro su poética inclinación
que en juego de alegría y aflicción
siempre levanta o rompe el corazón.
Tiene potencia soberana y lógica
ave-quetzal para el culto poeta,
tiene chapina escuela histológica
que presenta como albura historieta,
tiene ritmo música fonológica
gama de arcoíris en la paleta
tiene una hipsípila su fantasía
tiene en su pluma tinta-melodía.


Cognición: Sabiduría
Enervas: Ablandas
Preceptiva: Reglas de la poesía.
Quimera: Imaginación,
Chapina: Gentilicio; guatemaltecos.
Hipsípila: Mariposa, Imagen-Emblema de la poesía.

© Dr. RAFAEL MÉRIDA CRUZ LASCANO, poeta y escritor de Guatemalteco.

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

SIMPLEMENTE PICHUCO, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 













SIMPLEMENTE PICHUCO

 


Bs. As, 11 de julio de 1914 - 18 de mayo de 1975

Al maestro del fueye,

creador de un estilo

único, inconfundible.

A Aníbal Troilo.

Al “dogor” entrañable

que  tenía el poder

de hacer profundo

lo que a él le era fácil.

Al autor de Garúa,

al de Che bandoneón

y Patio mío,

al de Barrio de tango,

al de Sur y Responso.




   

 

 









A ese gurú porteño

 que con cara de luna

  iluminando noches

  llenaba el Marabú

  o el Tibidabo.

  Al generoso Gordo.

  Gordo de Buenos Aires.

  El que a la ciudad toda

  le fraseó y le cantó

  como muy pocos.

  El que cuando se fue

  dejó en la marquesina

  del viejo Teatro Odeón

  con letras de oro:  
          “Simplemente Pichuco”.

 

©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino

MIEMBRO ASESOR CULTURAL Y HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

Carnaval marino, Olga Hernández Osorio, Medellín, Colombia

 








Carnaval marino

 

Caracolas dormidas en la orilla del mar,

espigadas olas coloridas como el cristal,

arrullos sonoros de gaviotas que vienen y van,

armonioso conjunto, un hermoso carnaval.

 

Manada gigante de peces en la inmensidad,

temblorosos amores fatigados de andar,

rosario de abrazos y besos en el arenal,

estrellas marinas deseosas de amar.

 

Aroma lejano de grandes vientos flotantes,

brisa amorosa llena de gracia inmortal,

caricia profunda entre viejos amantes,

solemne ritual marino, fresco vendaval.

 

Brillante cual espejo de reflejos finos,

arrecifes sonoros, blancas perlas y coral,

acunas canciones y arrullos matutinos,

con suaves arpegios sonoros en tu sitial.

 

Son tus olas un himno de amor universal,

en el fondo albergas caricias maternales

de especies finas, gran riqueza natural,

gran carnaval, fogata, fiestas especiales.

 

Olga Hernández Osorio

Medellín marzo 04 de 2021

UN PAPÁ CALABRÉS, Lucio Cañupan, Italó, Córdoba, Argentina







Un papá calabrés

 

           ― ¡A ver! Los que viajan a la madrugada, anotarse ahora.

―El tren sale a las cuatro y media, Sr.

―Muy bien… ¿Quién sigue?

           Érase la misma historia; la misma situación de todos los viernes por la noche. La jornada extensa en agotador doble turno ―triple diría sumándole horas de estudio con trabajos prácticos― llegaba a su fin y, distendidos y alegres, los alumnos del internado se disponían a pasar el fin de semana con sus respectivas familias. Algunos por su origen en lugares muy distantes permanecían en la escuela realizando múltiples actividades, según la obligación y situación de cada caso, aprovechando las instalaciones deportivas, o la biblioteca u  otra disciplina una vez cumplidas las tareas y deberes. Todo esto alternado con simples paseos vespertinos yendo al cine de “matiné” con dos cines por opción, o nomás al “Bar Oriente” para tomar un café y conversar con los amigos. Los que gustaban de carambolas a tres bandas iban al “Botafogo” en donde había buenos billares, en tanto otros jóvenes invertían su tiempo en caminar por la calle céntrica viendo las chicas pasar por la vereda de enfrente o bien reunirse con muchachos de los otros colegios e incluso del nuestro, quienes vivían en la localidad y por lo tanto eran alumnos externos. Los pupilos, sin excepción, venían de otros pueblos. Pues bien, yo era uno de estos. Y gustoso de participar en esas relaciones porque siempre tenía oportunidad de alistarme para algún partido de fútbol.

           Solía compartir la merienda con un amigo, cuyo papá regenteaba un hotel en la esquina frente a la estación del tren, mientras observábamos las maniobras de locomotoras y vagones. Un escenario hoy desaparecido…y creo que el hotel también.

           Época cuyo mayor encanto estribaba en que teníamos dieciséis o diecisiete años y que sin duda es la más lozana de nuestras vidas ―aunque nos damos cuenta a los sesenta― y que aprovechábamos lo mejor posible de acuerdo a los valores que la regían. La gran mayoría cultivaba el deber personal y el respeto  a familiares y prójimo. “Estudiá y pórtate bien que el beneficio será para vos”, nos repetían nuestros padres constantemente.                                                                                                                                   

           Obviando algunas rigideces y escasez, todo se desenvolvía en armonía y cierta dosis de felicidad. Esta no es completa; siempre algo falta, máxime cuando no se tiene exacta idea de su significado. Uno siente más o menos ser feliz. A mi modo creo que lo era y, más aún, sigo creyéndolo.                                        

           No eran las diez de la noche cuando ya estábamos  bajo las sábanas. Mi amigo, y vecino de cama, Américo, al tiempo que se acobijaba me dice:                                     

           ― ¡Qué madrugón!, ¿eh?                                                                                                   

           ―Ni me hables. Me perdí el colectivo por la reunión del Centro de Alumnos. Ya estaría en casa.                                                                                                                                                     

           

― ¿Tenés fútbol mañana?                                                                                                                              

           ―Sí, pero no sé contra quien jugamos porque el  último partido falté y…                  

           

― ¡Sshh!, viene el celador Rafael…                                                                                                            

           ― ¡Bueno, bueno! A ver si duermen que ya es tarde. Les apago la luz.                         

          ―Tiene necesidad de gritar ―dije por debajo de las frazadas― aun siendo viernes a la noche y cuando el pabellón esta medio vacío

          No acababa de conciliar el sueño cuando el zamarreo del celador, vestirme, caminar a la estación con los demás viajeros, sacar boleto y emprender la marcha fue todo uno. El “tatac-tatac” de las ruedas se oponía al silencio y quietud conque, apretujados unos y otros para darnos calor, continuábamos el sueño interrumpido a esa hora de la madrugada. La locomotora a vapor enviaba apenas calefacción dentro de los destartalados vagones con asiento de madera y ventanillas flojas. En 1961 viajábamos en un coche motor que reemplazó a la vieja máquina; luego vino un convoy de tres o cuatro coches llevados por una diésel; y cinco años después volvió esa que nos arrastraba ese día. Eran los preanuncios ―con dilatadas huelgas mediante― de la caída libre del servicio ferroviario.

          Un silbatazo nos alertó de la llegada a nuestro pueblo y, mientras me disponía al descenso, ya pensaba en el partido de la tarde y en todas las emociones disponibles en ciernes.

          Todavía lejos el amanecer, nos resultaba oportuno una visita a los amigos que, a las cinco de la mañana, estaban en la cuadra elaborando el pan al calorcito del horno a leña. Luego nos dirigíamos a casa de Tito a tomar mate mientras repasábamos las vivencias de la semana reciente (Los deberes para después). Y más tarde, a eso de las ocho, cuando se ponía en marcha mi familia, llegaba a casa para el desayuno y algunas veces con las “tortitas negras”. En un santiamén pasaban los besos a mamá, papá… y mis alborotadas hermanas, instalándonos acto seguido frente al humeante café con leche; el mismo que se sirve en todas partes de este mundo pero ninguno como el de casa.

          ―Bueno, Dau: ahí están tu camiseta, pantaloncito y medias sobre tu cama. Las zapatillas en el baño… ¿sabés a qué hora juegan?

          ―Tengo que ver a Oscar o Cacho…

          ―Ya avisaron; es a las tres y media en la canchita frente al club.

          ― ¡Ah, con los de Onagoity! Creí que íbamos a Buchardo.

          ―Será la semana que viene. Eemm…decime: tenés deberes vos ¿no?

          ― Síí…eso nunca falta. Unos dibujos, Tecnología, Castellano…también Geografía, Historia, Instrucción Cívica, Higiene y Seguridad Industrial, ¡ah! Botánica, Zoología… ¡uuff! ¡Y  Matemáticaa…Aarff!

          ― Es para tu bien, nene.

          ―Sí, Má… pero también quiero jugar al fútbol y papá no me deja en el club. Cuando vaya a trabajar con el tío Atilio en Buenos Aires, apenas pueda lo voy a ver a Don Héctor para que me presente en All Boys                                                                                                                                              

          ― Sí, sí ¡Justo en All Boys! Para que te rompan una pierna. Como le pasó a Juan Armagnague cuando jugó en Rácing. Vino todo estropeado… rengueando atendía el hotel.

          ―Bueno, Má…pero yo no me voy a dejar pegar.

          ― Vos te crees que allá vas a estar jugando en el “25 de Mayo” o en “Les Pirynnees”.

          ― ¡Uuy, cierto! Los gringos de Pincén la vez pasada me dieron una patada en la cabeza…y la pelota venía a ras del suelo.

          ―Por eso te digo. Anda con tus deberes y sin jorobar. ¡Cribio! Te voy a dar All Boys.

          Alrededor de las once y media tenía lista buena parte de mi tarea, restando un poco para el domingo a la mañana. Salí de pronto, haciéndome el chiquito, por el portoncito que da a la calle lateral de nuestro terreno. Al cabo de unas pocas señas estábamos juntos y ya nuestra charla iba en curso pero, de un modo peculiar: en silencio.

          ― (¿Cómo voy a decirle a papá el día que quiera casarme?), pensaba abstraído.

          El frondoso eucalipto vecino soltaba muchas ramas y, con un trozo de ellas, escribíamos en el guadal de la calle sentados en el borde de la cuasi vereda. Todos hacíamos esto desde niños, no mucho tiempo atrás. Dibujo va, dibujo viene: un rostro deforme, una flor insulsa, un garabato yermo, una raya al través…; mientras de soslayo espiaba su pelo negro como plumaje de tordo. Y negros también sus ojos: dos carboncillos; la piel morena, sus dientes ebúrneos; regordeta, simpática, dulce, más tranquila y buena que el pan. Era lo que se dice un fiel exponente de la gente criolla, y mi padre un “tano” más duro que un tronco.

          ― (¿Cómo haré, como haré?)

          En eso un tronquito…o ramita ―no sé― dio un crujido sospechoso. Nos quedamos tan quietos como la derrotada piedra movediza de Tandil, mirando al frente, deseando ser invisibles. Otra ramita crujió, se dispersaron unas hojas secas, y enseguida se oyó:

          ― ¡Quéjem…quéjem!

          ―Una silente voz me dijo: ¡zas!

          Al cabo de diez segundos otra voz, pero esta parecida a un trueno espetó:

          ― “¿Qué assemmo?... Osté sigñorita ¿no tiene casa? ¿E no la stá chiamando su mamá? ¡Me se  manda a mudare ya! Vam... ¡vam!... E osté sigñore, ma ¿no staba siendo lo dovere? Stano toddo lo libro e cuaderno sopra la mesa ¡proprio un disordenato! ¡E me se  va dentro ora mismo que e l’ora de comere! ¡Per u santo diávolo! Insima a la tarde se va jugare a la pelota en vé de quedarse a la casa a escuchare la radio, que hoy juega All Boy con Dosur.   E eso otro que lo viene a buscare… yia voy a hablare con eso sigñore el lune a la fábrica. ¡Per la Maddonna, dele a rompere la zapatilla! ¡Oouh! ¡Hay que embromarse!”.

          Ese día gris fue el principio del fin de un amor adolescente que el tiempo cubrió con su manto, pero no logró echar al olvido. Y menos a mi padre, quien cruzó el gran océano para quedarse en esta nuestra tierra, dedicarse con bondad seriedad y esfuerzo a su familia y a sus pares y, con amor, poner su grano de arena para que yo pueda disfrutar esta vida que me toca y tanto aprecio y quiero como lo quiero a él.

 

©LUCIO CAÑUPAN, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORIFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


TELARAÑA, Francisco Enríquez, Miami, USA

 








TELARAÑA


Cubre el espacio inmensa telaraña,

que gigantesca araña allí ha tejido,

no se con qué interés tan regio nido

ha tejido su urdimbre aquesta araña.

 

No entiendo con que idea tan huraña,

tremenda araña un fin ha perseguido,

¿es que busca  envolver el prometido

sueño del paraíso en tierra extraña?


Yo esto lo destino al psicoanálisis

qué pudiera sacarle breve análisis:

!yo soy un simple tenedor de platos!,

 

no un tenedor de libros ni en pintura;

aunque quieran contarme de cultura 

yo no me cuento entre los literatos.

 

(c)Francisco Henríquez, poeta y escritor cubano

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

Junio , 2021


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