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sábado, 20 de febrero de 2021

MI MADRE DECÍA… (Una de gigantes), Adrián Néstor Escudero, Santa Fe, Argentina

 











MI MADRE DECÍA… (Una de gigantes)[1]

A la Lucha. En especial, a los que, como mi madre, Zulema Angélica, sirvieron a la vida para  la Vida, y nos enseñaron y ayudaron a vivirla en plenitud de amor y dación a Dios, al prójimo y a la Naturaleza..  In memoriam.

 

    I - Era un mundo extraño. De gigantes.

    Y no me cansaba describirlo.

   Mi madre decía que yo era un chico inteligente. Muy inteligente. Y sufría al decirlo. Sus razones eran humanas y dolorosas al justificarse: que yo era el mayor de todos mis hermanos y, además, el hombre de la casa. No había más remedio, pues, que salir a vender. Y ella sufría y revolvía mis cabellos al darme la bolsa, diciéndome: Carlitos, sos un chico inteligente, muy inteligente, pero no puedo, no tengo otra salida...

   Y retorcía su rostro y se descomponía anudada por esa tos aciaga que la quebraba en dos, como a esas cañas salvajes que yo veía desmayarse a la vera del río Salado, sacudidas por el vaivén costero del viento desbandado en el húmedo y ceniciento calor de enero. Viento roto y ríspido. Punzante y polvoriento. Plumero sonso y eficiente del puente del ferrocarril que acortaba distancia por el bajío del valle de inundación con que, Santa Fe y Santo Tomé, mis ciudades de sábalos barreros, chijíes amarillos y gorriones tostados, se hacían amigas...

   Un mundo extraño, este. De gigantes.

   Como aquella fantástica mole maciza de hierro y humo leñero, que patinaba por el puente largo y crujiente. Estrepitoso y ronco. “Don; ¡tire dié...!”, gritaba yo. “¡Tire dié...!”. Y una lluvia de centavos brillantes me dejaba feliz y hundido hasta las rodillas en el lodazal de aquel Valle de los Pobres...

   Ah, pero también muchas veces lo había hecho. Eso de tenderme panza arriba y mirar el cielo, y mirarlo. Mirarlo. Con el susurro de un pensamiento exhalado por mi alma errante, arrobada por aquella inmensidad sin límites de espacio o tiempo. Para despojarlo, si la ocasión lo aprobaba, de aquellas coronas de nubes glotonas que yo deshojaba -como a pétalos de cualquier flor (porque todas son hermosas)- para vestirlas luego de ángeles buenos y serviciales…

   La bolsa a un lado.

   Terminaba siempre riendo. Crecer y amodorrarme hasta fundirme en la tenue marea azul de lo Alto era…, un sublime placer. Trepado a ella, yo también era un gigante.

   II - Pero ahora estaba bajo el árbol. Y fue como una escalera.

   Comencé a crecer desde sus raíces y me precipité, enhiesto y corpóreo, hacia el océano espacial. No sé dónde dejé los ojos; pero, por algún lado, yo miraba. Miraba el cielo. Mi cielo.

   Fue increíble derramarme en cada rama. Y penetrarlo con brazadas seguras y firmes, con mis brazos nuevos, de gigante estrenado... En silencio, con todos los sonidos de mis tristezas y angustias difuminadas por el eco pacífico de aquellas verdiamarillas olas mansas.

   “¡Vago! ¡Vago!”, me gritó de pronto. Entonces, desperté.

    “Vago de m...!”, repitió.

   Claro, aquel torpe vecino de cuadra jamás comprendería... Jamás entendería el secreto hablado y habido en la flor de los duraznos, ni la impecable destreza de un primaveral colibrí en celo. Tampoco el valor de los diamantes cristalinos que titilaban en mi cielo...

   Corrí entonces hasta el barrio de casitas blancas contiguo a la villa. Tenía que vender. Por suerte, la bolsa seguía a mi lado.

   Allí también habitaban los gigantes. Como cercando a ese, mi cielo, a mi rancho frágil y a mis cañas salvajes; a mi viento portentoso, a mis trenes fogosos y puentes de acero burilado; y a aquel árbol centenario y bueno que... (Más joven, claro, que el Algarrobo Abuelo de Antonio Agüero, mi después Poeta de las Cosas Simples y Valederas. Sanluiseño, él. Más argentino que yo, sin duda, a pesar de sus ancestros españoles... Los míos; bien criollos. “Hijo, que hay negrura que no es barro; que a esa no te la puedo sacar... Somos de raza, ¿sabés?”. ¡Qué iba a saber!).

   Solo que allí crecían en fila. Hablo del Barrio. De aquel Barrio… Ordenadas las casas, ordenados los árboles, ordenadas las veredas, ordenadas las calles (aún más gigantes que mis zanjas de aguas rústicas y putrefactas), ordenados los autos…

   III - Golpeé la puerta.

   Tuve un susto cuando su porte lustrado desperezó un ojo metálico y vivaz. Un chispazo de terror apenas.

   Luego, sentí como un agitado trotar tras los muros de la casa. Y un grito agudo. Un grito de semilla de gigantes. Un grito de aquellos críos que, cuando crecen, vuelven a poblar a este mundo de gigantes...

   “¡Mamá!” –pude escuchar claramente. “Es uno de esos chicos pobres que venden cosas”. “¿Y qué vende, hijo?” “No sé. Pero tiene una bolsa”. “Bueno, ya voy... Decile que espere un poco; que ya voy...”.

   Y fue así como, entre el espanto y la audacia, pude ofrecerle lo que llevaba. Era una amable señora la que atendió. Una gigante hembra y de lo más extraña; porque todo lo que hay en este planeta me parece extraño. Vivo en un planeta extraño.

    Es que lo que ella notaba sería fácil de describir (y no me canso de hacerlo desde aquella vez). Pero claro que, para mí, fue más difícil imaginarme como ella me veía: negro como soy y colorado como un tomate.

   Sí, me observó de cabo a rabo (una expresión que tomo, lo confieso, de mi tío, el intelectual de la familia). Así como yo miraba al cielo, así me miró.

   Hasta que una mueca extraña, como extraño el planeta, le curvó los labios rojos, rojos, recién pintados quizás y semiocultos aún por la ceniza volátil del cigarrillo que hormigueaba entre sus dedos finos, nerviosos y enmantecados.

   No compró nada. Dijo que eran caros. Y que mis padres no sé qué. Yo tomé la bolsa y me fui. Detrás de ella, el crío sacó –de entre los dientes- una lengua llena de dulce de leche, y se burló. No entendí nada. Como no entendía al inmundo (perdón: torpe) vecino, de mi cuadra villera, que me decía… “vago”.

  De todas formas, aquel mundo era para mí un mundo extraño. De objetos y seres gigantes que no podía comprender ni alcanzar. Excepto con mi voz, o con mi mente, si prefieren...   

  El sol terminaría aquel día (como todos los días), hundiéndose entre las cortinas verdinegras de las quintas aledañas, y yo comenzaría de nuevo a mirar el cielo (mi cielo), ahora estrellado y entramado por inciertas ecuaciones de vida. Y sabría cuánto y de qué modo había navegado mi planeta hacia Dios. De algún pequeño inmigrante (gigante bueno) -primo marinero- lo había aprendido (Aunque, ¿saben? No sería de él sino de mi madre de quien heredaría el mejor de los tesoros: la fe en Dios -donde estaba papá-. Creo que eso, finalmente, me salvó. Estoy seguro).

   Colofón - Aquella noche hubo sopa de arroz.

   La luna prestó la luz que nuestros viejos candiles no pudieron dar (porque el almacén de la esquina ya no fía más velas).

   Lo cierto es que, entre sueños, volví a escuchar.

   Mi madre decía que yo era un chico inteligente. Muy inteligente. Y sufría al decirlo. Quizás por la manera de referirle yo todas estas cosas. En la sobremesa. O en su regazo, más tarde. Nunca lo sabré.

   Pero eso sí; quizás mi madre tenga razón y sea yo un chico inteligente. Cuando cumpla seis años y vaya al colegio, dejaré de vender limones, y escribiré un libro...

   Seré un gigante.-

 

©ADRIÁN NÉSTOR ESCUDERO, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 


[1] ADRIÁN N. ESCUDERO - Santa Fe (Argentina), 1986. T.a.: 26-04-2006 y 18-09-2020.

 


BAILECITO, Justina Cabral, Mar Del Plata, Argentina

 








Imagen de: iStock


BAILECITO

 

El perro va tras la rueda,

aquella que mira al sol.

La rueda da un paso atrás...

¡Que bailecito se armó!

 

El perro no solo baila,

también se suma la flor,

una turba de gorriones

y un divertido melón.

 

Una nube muy viajera

muy coqueta se peinó

para salir de paseo

y padeció un sacudón.

 

¿Su destino? Algún zapato

con amarillo cordón.

Me temo que es ese el mío...

y te lo confirmo yo.

 

©JUSTINA CABRAL, poeta y escritora argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 

 


LA PREGUNTA DE UNA NIÑA, Jaime Vélez Ramírez, Medellín, Colombia

 







Imagen de: recreo viral


LA PREGUNTA DE UNA NIÑA.

 

Dónde queda la muerte

preguntó la niña de ojos claros,

dónde queda la muerte

repetí yo acongojado.


La muerte, se me ocurre,

habitará en las estrellas,

en las aguas, en los montes,

en los hombres, en los prados.

 

Dónde queda la muerte

me repito acongojado;

que le podré explicar

a la niña de ojos claros.

 

Dónde queda la muerte?

talvez en los cementerios,

en el fondo de los mares,

talvez en mí, talvez aquí, talvez allá.

 

Nada podré decirle

porque mucho la he buscado,

en la noche y en el día

y el firmamento estrellado.

 

Agosto 6 de 1975.

 

RESPUESTA A LA PREGUNTA DE UNA NIÑA

 

Dónde queda la muerte

preguntó la niña de ojos claros,

y hace veinticinco años no supe contestar.

 

La muerte se me ocurre,

es un lugar sin penas ni alegrías,

donde no existe el tiempo,

donde no hay noches pero tampoco días.

 

Por dolorosa que sea, la vida duele más,

no hay recuerdos, tensiones ni pasiones,

no nos deleitan las canciones

pero tampoco dejamos nada atrás.

 

La muerte es un lugar

donde después de todo, se puede descansar,

no vemos la lluvia, los lagos ni el rosal,

pero tampoco vemos las espinas, el dolor ni el mal.

 

 Julio 22 de 2000.

 

©JAIME VÉLEZ RAMÍREZ, poeta y escritor colombiano

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


sábado, 13 de febrero de 2021

HISTORIA, Rodolfo Leiro, Buenos Aires, Argentina

 










HISTORIA

 

Si la historia de mi vida turbulenta

acuñara sobre un témpano en deriva,

y en el viento tormentoso de la herida,

que fue nervio de mi lirica violenta,

 

estallara en erupción, nupcial palmenta,

tras el beso de una dama, la querida,

la del labio que te miente y que te olvida

como un parto sin cordón y sin placenta,

 

es posible, fascinante, larga cuenta

de una arteria pedernal que solo ostenta

el vil rostro del fracaso y su temario,

 

que ya solo, lamentable, como afrenta

de este duelo de dolor que me sustenta,

me esculpiera en ataúd de mi glosario.

 

Palmenta: carta a una amante

 

Del Libro “Hebras de Plata Ed.Creadores Argentinos 2012 

 

©RODOLFO LEIRO, poeta y escritor argentino

MIEMBRO FUNDADOR Y PRESIDENTE HONORARIO DE ASOLAPO ARGENTINA

 


LAS LÍNEAS DE LA VIDA, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 









Imagen provista por el autor


LAS LÍNEAS DE LA VIDA

 

El fuego fluye;

sucede cauteloso.

Un resplandor de claridad nueva

ilumina destinos remotos

con la crueldad del ojo.

Las líneas de la vida

son profundos presagios,

cielos submarinos,

senderos musgosos,

más allá de los soles y las lunas

de las cosas que callan.

 

En la tarde asustada,

una secreta herida.

 

“Otro  él”,  poemas. L. A. -  Ediciones  del  Valle,  Buenos  Aires,  2000.

 

©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

 

 


EN LA NOCHE DESPIERTA DEL OTOÑO, Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina

 











Imagen de: Pinterest


EN LA NOCHE DESPIERTA DEL OTOÑO

 

Ahora que flotan tus vestidos en las aguas,

ahora que tu voz cruza  lutos y  banderas anarquistas,

siento la lluvia y la derrota en este asombro,

en un parque de rostros primitivos.

Los espejos ocultan esa otra incertidumbre,

esas piedras silvestres de los montes

como si se tratase de pescadores o mujeres con velas

desaparecidos en la tormenta o en el odio.

(Esta ciudad cambió mi vida

una noche que contemplé el mar desde la niebla).

Aun rompe el tiempo el pájaro que reposa

sobre el árbol. Aún ofrece al viento el desatado

recuerdo de sus cabellos, la penetrante soledad

murmurando tus senos, sostenidos e intensos.

Y la luz silenciosa y alta del verano

vaga en este sentir melancólico, absoluto

anhelante de claridades. Impaciente.

 

©CARLOS PENELAS, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA 

 


SOL DE ENIGMAS, Marián Muiños, Vigo, España

 







Imagen de: Los Andes


SOL DE ENIGMAS

 

Sol atormentado,

gigante estrella que disparas

tu furor a los planetas…

 

¿Beberás toda el agua del deshielo?

¿Tragarás los polos?

¡Tanta es la sed que te abrasa?

 

la radiación sube en escalada

y tu luz a los ojos deja ciegos.

 

Astro alguna vez adorado,

¿quién ha hecho

que te enfades y nos escupas tu ira?

 

El infierno de tu pecho

aviva el fuego.

 

Y tu aliento disgustado

campa a gusto a cielo abierto.

 

(Julio de 2012)

 

©MARIAN MUIÑOS, poeta y escritora argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 


Evolución del tango (y IV). Osmar Maderna / El Tango en Pehuajó (y II) , César Tamborini Duca, León, España

 

Osmar Maderna

Evolución del tango (y IV). Osmar Maderna / El Tango en Pehuajó (y II)

6 febrero, 2021

 

OSMAR MADERNA fue un eximio pianista;  había nacido en Pehuajó, en la provincia de Buenos Aires, el 26 de febrero de 1918. En esa ciudad realizó los estudios musicales y se graduó de Profesor de Piano en 1933. Con solo 13 años formó una orquesta en su ciudad natal, y en 1938 viajó a Buenos Aires con sus amigos de toda la vida, Aquiles Roggero y Arturo Cipolla, donde se hizo conocer en algunas emisoras de radio, para ser convocado al año siguiente como pianista de la orquesta de Miguel Caló, reemplazando a Héctor Stamponi. En esta orquesta, conocida como “La orquesta de las estrellas” grabó para el sello Odeón 80 temas y permaneció hasta 1945, año en que se desvinculan casi todos sus músicos: además de Osmar Maderna, lo hacen Domingo Federico, Enrique Mario Francini, Armando Pontier y Eduardo Rovira.


En agosto de 1945 formó su propia orquesta, debutando en el Café Marzotto, de la avenida Corrientes entre Cerrito y Libertad además de actuar en las radios Belgrano y El Mundo; también el Tango Bar se benefició de sus actuaciones. Actúa en la Confitería “Ruca” y en el “Tango bar”, contando en sus filas con los bandoneonistas Eduardo Rovira y José Cambareri y en violín Aquiles Roggero, entre otros músicos consagrados.

Osmar Maderna y su orquesta

En el Boletín de la Academia Virtual del Lunfardo y el Tango nº 40, Eduardo Bernal acota que Adolfo Sierra en su “Historia de la Orquesta Típica” dice refiriéndose al pianista: “Osmar Maderna abordó en su etapa de director, una forma de ejecución marcadamente fantasista, estructurada en torno de un virtuosismo pianístico, y orientado hacia el preludio, para ubicarlo en el casillero más aproximado. Y podría decirse que Osmar Maderna se llevó consigo la modalidad que el mismo imprimiera al conjunto de Miguel Caló.”

Otra mención que realiza Eduardo Bernal es de José Gobello que en su “Crónica general del Tango” se refiere con claridad a esta cuestión que fue básica en la evolución del tango moderno. Dice Gobello:

“Maderna y Piazzolla surgieron contemporáneamente a un tango que les quedaba chico. A falta de mejor opción, se inclinaron entonces por lo que ha dado en llamarse el decarismo, pero uno y otro estaban resueltos a avanzar más allá de Julio De Caro. Maderna alcanzó el éxito con mayor facilidad que Piazzolla. Este luchó durante muchos años para lograr ser alguien. A Maderna la vida comenzó a sonreírle cuando apenas era un adolecente. ¿A dónde habría llegado si la fatalidad no hubiera quebrado a la vez sus alas y las del avión que conducía? Nada más vano que interrogar al futuro. Pero no debe a su muerte a destiempo el firme lugar que ocupa en la historia del tango. Lo ocupa por su fantasía desbordante y su virtuosismo inusitado”.

También Roberto Selles se refiere al estilo de Maderna en las notas que publicó en  Diario Popular: “El estilo interpretativo de Osmar Maderna está evidentemente enraizado en Osvaldo Fresedo y Miguel Caló, aunque con el curioso aporte del virtuosismo pianístico de la música de concierto de Chopín, Liszt, Schumann, Rimsky Korsakoff, del que grabó “El vuelo del moscardón” arreglado como tango, en 1946; y Monti, de quién en 1947 plasmó en el disco sus célebres Czardas convertidas en Fantasía en tiempo de tango.

 

Y Horacio Salas hace su aporte al decir que…”contra viento y marea Piazzolla se propuso transformar las pautas de la música de Buenos Aires y en esa tarea de constante renovación, de experimento cotidiano, ha elaborado una obra en un territorio que para muchos ya no es del tango, terreno en el que se habían mantenido renovadores previos como Julio De Caro, Osmar Maderna u Horacio Salgán.

Las primeras 4 grabaciones fueron realizadas en Montevideo, hasta donde se había desplazado en 1945, para el sello Sondor, el día 20 de marzo de 1946: “Margo”, “Viejito calavera”, “Chiqué” y “Sólo cerrazón”. Al regresar a Buenos Aires ese mismo año, actúa en el Café El Nacional, y en Radio El Mundo ingresando también como artista en RCA Víctor, la compañía grabadora en la que permanecería hasta el final y cuyos primeros cuatro temas grabados fueron instrumentales, como fue su característica fundamental.

De ellos, “Chiqué” y “Don Juan” pertenecían a la guardia vieja, los otros dos los tangos fantasía de su autoría: “Concierto en la luna” y “El vuelo del moscardón” aunque éste en realidad era la música de concierto de Rimsky Korsakoff titulada “El vuelo del moscardón” en el que hace arreglos como “tango fantasía” ese año de 1946. Al año siguiente convertirá en fantasía en tiempo de tango, las célebres “Czardas”, de Monti.

El primer “tango fantasía” que escribió Maderna se llamó “Rapsodia de tango” (o “Rapsodia de arrabal”) y se estrenó con la orquesta de Miguel Caló (de la que aún era su pianista) en el Teatro Odeón, el 31 de Diciembre de 1944; un lindo regalito de fin de año, con una duración nada menos que de 12 minutos, que hacían dificultosa su grabación con los medios de ese entonces.

Otro de los que podemos denominar “tango fantasía” de su autoría fue grabado en 1948, el titulado “Lluvia de Estrellas”. Otro de sus tangos Fantasía fue “Escalas en Azul”, grabado en 1950, pero no tuvo tanta repercusión como los anteriores.

Un tema tradicional de su autoría fue el vals “Pequeña”, cantado por Héctor de Rosas; tuvo una gran repercusión a nivel mundial, y se contabilizan 120 versiones de la obra, entre otros por el cantor mexicano Pedro Vargas. Aparte de Héctor de Rosas, entre sus cantores podemos mencionar a Orlando Verry, Mario Corrales (que sería conocido posteriormente como Mario Pomar) y Adolfo Rivas. Éste, cuyo  verdadero nombre era Adolfo Hugo Alonso,  fue otro hombre de Pehuajó que integró su orquesta (como también el talentoso Aquiles Roggero), aunque solo dos tangos de este cantor quedaron registrados en los surcos del disco, “Los mareados” y “Mimí Pinsón”, que datan del 29 de marzo de 1951, siendo estos los últimos registros de la orquesta.

Producto de la inspiración de Osmar Maderna son también los temas “Jamás retornarás”, “Que te importa que te llore”, “La noche que te fuiste”, “Rouge” y “Rincones de París”.  Luis Rubisteindedicó a su esposa la letra del tango “En tus ojos de cielo” que musicalizó Osmar Maderna, resultando una gran creación en la orquesta de Miguel Caló con la voz de Raúl Berón: “En tus ojos de cielo, / azulada canción, / tengo mi alma perdida, / pupilas dormidas / en mi corazón…”

JAMÁS RETORNARÁS. Letra y música de Miguel Caló y Osmar Maderna (1942).                                           

Por la “Orquesta de las Estrellas” de Miguel Caló, cantando Raúl Berón:

JAMÁS RETORNARÁS

Cuando dijo adiós, quise llorar…
Luego sin su amor, quise gritar…
Todos los ensueños que albergó mi corazón
(toda mi ilusión),
cayeron a pedazos.
Pronto volveré, dijo al partir.
Loco la esperé… ¡Pobre de mí!
Y hoy, que tanto tiempo ha transcurrido sin volver,
siento que he perdido su querer.

Jamás retornarás…
lo dice el alma mía,
y en esta soledad
te nombro noche y día.
¿Por qué, por qué te fuiste de mi lado
y tan cruel has destrozado
mi corazón?
Jamás retornarás…
lo dice el alma mía
y, aunque muriendo está,
te espera sin cesar.

Cuánto le imploré: vuelve, mi amor…
Cuánto la besé, ¡con qué fervor!
Algo me decía que jamás iba a volver,
que el anochecer
en mi alma se anidaba.
Pronto volveré, dijo al partir.
Mucho la esperé… ¡Pobre de mí!
Y hoy, que al fin comprendo
la penosa y cruel verdad,
siento que la vida se me va.

Murió imprevistamente el 28 de abril de 1951 al protagonizar una carrera con su avión, chocando en el aire contra su contrincante en el cielo de Lomas de Zamora, lamentable accidente que dejó trunca una brillante carrera de uno de los genios de la música rioplatense. Miguel Caló le dedicó un tango instrumental, que grabó en 1963, “Para Osmar Maderna”: https://www.youtube.com/watch?v=OA3Mxx2S4Nc

COLOFON. Como comprenderán, hay distintas metodologías para clasificar los tangos y su evolución. Personalmente creo que Osmar Maderna y Eduardo Rovira no solo compartieron orquesta sino que fueron pioneros en la “vanguardia” del tango, a la que posteriormente se plegaron Mariano Mores y Astor Piazzola, aunque éste último en su última etapa y en mi humilde entender, desnaturalizó el tango.

 En última instancia, todo depende de la óptica con que se quiera observar, como a través de un cristal, la poesía y la música de este original género, donde pueden coexistir diversas opiniones.



Cronopio


©CÉSAR TAMBORINI DUCA, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 ABOUT AUTHOR

César José Tamborini Duca, pampeano-bonaerense que también firma como "Cronopio", es odontólogo de profesión y amante de la lectura y escritura. Esta última circunstancia y su emigración a España hace veinte años, le impulsaron a crear Pampeando y Tangueando y plasmar en él su cariño a la Patria lejana.

 


AL PRINCIPIO FUE LA SIMPLICIDAD, Martha Inés Vélez, Medellín, Colombia

 







Imagen de: JW.org


AL PRINCIPIO FUE LA SIMPLICIDAD

 

Al principio fue la simplicidad

en la virginidad de las estrellas

y la vida germinó en la semilla,

en alquímico elíxir de pureza.

 

En grito de libertad caminó el hombre,

sembrando de esperanza

los campos y las penas.

 

El jilguero trinó,

y floreció en blancura la azucena,

el humano fue hermano de la tierra.

Y en abrazo que parecía eterno,

unció a su cerebro la conciencia.

 

Hoy miramos con temor nuevas auroras,

que amenazan con sórdidas cadenas,

la herencia de los siglos

al paso de las guerras.

 

25 de enero de 2021

 

 ©MARTHA INÉS VÉLEZ, poeta y escritora colombiana

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA   

 

 


BENDITAS PALABRAS, Favio Ceballos, Baigorria, Santa Fe, Argentina

 



 






Imagen de: Eurosidentes



BENDITAS PALABRAS

 

 _Benditas palabras queman maldiciones y mentiras frescas en el altar de la conciencia.

 

¿Quién calla lo presente

 y oculta la verdad?

Un arma es el silencio 

robustece la mente,

le dice al corazón: 

       ¡ meditad !

 

Guardado en el oculto 

cajón de lo perdido

la tarde azul escrita

sobre el papel veraz,

recuerda la promesa 

del niño que ha nacido

con la certeza estoica

de Dios en su mirar.

 

Ese mundo desprecia

la mirada del niño,

del joven, del adulto,

de Cristo al caminar,

va por tierra sombría

y lo ilumina todo 

con su mirada eterna 

de dulce batallar.

 

Cantan los asesinos 

el ritual del gemido

con astucia encumbrada

de robo y de maldad...

 

La rapiña se  ensalza 

de su crimen perpetuo

se infla como un globo

y ¡teme a la verdad!

 

En claustro de impudicia

hacen un pacto oscuro

pirámides de susto 

contra la humanidad.

 

Las universidades

lo pretenden esclavo

manipulable sombra

ausente de bondad.

 

Ya no pueden torcerlo

El fuego de oro crece

en la límpida frente

y en el alma de paz.


¿Quién calla lo presente 

y oculta la verdad?

Un arma es el silencio 

robustece la mente

le dice al corazón: 

     ¡ meditad !

 

Iglesia, estado, armas,

Vendedores de cielo,

Mercaderes del mal,

tiemblan, odian, rebuznan

engendros pervertidos

por cuerno de satán.

 

Ya viene Cristo y gimen

les rechinan los dientes,

presienten su final.

 

¿Quien calla lo presente

 y oculta la verdad?

Un arma es el silencio 

robustece la mente

le dice al corazón:

     ¡ meditad !

 

En la hora precisa 

en que Dios diga basta

y tu coraje rompa

la cáscara del mal,

cantaremos la vida

de nueva tierra y cielo...

Ya somos la verdad.

 

©FAVIO CEBALLOS, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA