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sábado, 8 de agosto de 2020

GOLAIATHA LA GATA DE CASA, Martha Inés Vélez, Medellín, Colombia

 Celo en gatas | Anipedia

GOLAIATHA LA GATA DE CASA


No es rumor ni malas lenguas,

puedo dar fe de esta historia,

porque al momento presente

me asiste buena memoria.

 

Pues… Golaiatha la gata

anda tomándose largas,

sale a las diez de la noche

y regresa entrada el alba.

 

Así como van las cosas

Viene perdiendo el pudor,

pidió salir en la noche

desafiando el crudo invierno

y hasta su reputación.

  

Cosa por demás extraña

En su manera de ser

Sin vergüenza ni recato

llegó al filo de las cuatro

 de un gélido amanecer.

 

La gata pescó un resfrío

Y no cesa de toser.

La dueña preocupada,

en colapso y asustada

dice que va a enloquecer

por esta joven y doncella

que además de casta y bella,

está en edad de merecer.

 

De sus antiguos candores

Ya es poco lo que hay que ver,

tal vez está enamorada

y no se sabe de quién.

 

Es una gata soltera

Con la cabeza en los pies.

Pensando cosas banales,

Salida de sus cabales

Ya hasta dice que son tres.

¡Aquí no hay nada que hacer!

 

Alabama, 10 de noviembre de 2019

 

©MARTHA INÉS VÉLEZ , poeta y escritora colombiana

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 


EL PESCADOR, Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 

EL PESCADOR

 

Un pescador arroja su red al agua

y las palabras comienzan a volar,

y los silencios a escurrirse,

y un pájaro de papel agoniza en el lodo.

Ya no son blancos los hilos de la red.

 

De "Entelequias", poemas. L. A. - Ed. Torres Agüero, Bs. As. 1994.

 

©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA   


DE TENTACIONES, CONJURO…, Cristina Aráoz, Buenos Aires, Argentina

 Arte Mujer Pintura - Imagen gratis en Pixabay

DE TENTACIONES, CONJURO…


Preguntas ¡Hombre!

¿Dime quién eres? ¡Mujer!

Deseas hallarme.

Descubrirme y me escondo.

Me buscas en rayos de sal,

de tus salitrales.

En el azúcar, de fuego,

de tu miel de palo.

En tu arenosa tierra…

Me pierdes, me encuentras,

espejismo cruel.

Te acercas te alejas,

sueñas con libar

la dulzura, de mi piel

Preguntas ¡Hombre!

“¿Dime quién eres? ¡Mujer!”

¿Ángel o demonio?

De tentaciones, conjuro,

diosa del bien o del mal.

“¿Dime quién eres? ¡Mujer!”

Preguntas a Dios el Creador,

por mi amor, a Él suplicas y ruegas,

Si no me hallas ¡Te mueres!

y si me encuentras también.

Quisieras verme desnuda,

confundida con la mar,

porque ¿Sabes? Sólo a mí

es la que esperas amar.


©CRISTINA ARÁOZ, poeta y escritora argentina.

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 


OTRA LLUVIA, Favio Ceballos, Coronel Baigorria, Santa Fe, Argentina

 Una localidad francesa se libra de la lluvia mediante un decreto ...

OTRA LLUVIA

"entre las páginas blancas...

vestido hecho de lágrimas"

Roxana Zubieta Ramos

 

¿De qué altura desciendes tú, señora?

Con ese luengo manto de tristeza

me bautizas, tu mojas mi cabeza

con gotas de verdad inspiradora.

 

Al final de la lluvia y sin demora

devuelves a mi pecho la certeza

desatando tu capa y la belleza

se derrama en el campo que el sol dora.

 

Bañada por tu esencia se germina

la semilla guardada, aquí esperando

en la sangre del Cristo y por su Gloria.

 

Tu ser lo ocupa todo y no domina

 te riegas inmortal al mundo, amando

tu lágrima es el gozo en la Victoria.

 

©FAVIO CEBALLOS, poeta y escritor argentino

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 


AÚN QUEDAN POR VIVIR, Ana Olga Hernández Osorio, Medellín, Antioquía, Colombia

 Podremos vivir para siempre? Tom Kirkwood se suma al debate | CENIE

AÚN QUEDAN POR VIVIR

 Cuántas cosas olvidadas se quedaron por vivir

bajo ardientes soles de primavera en flor,

anhelos infinitos y promesas por cumplir,

ocultos pensamientos guardados con fervor.

 

Anhelos andariegos perdieron el camino,

las tímidas caricias ofrendadas con fervor,

quedan las palabras en un viejo pergamino

como raudos perfumes, evocando el amor.

 

Bajo el hechizo encantador de lo amado,

las palabras, unidas, perdidas, olvidadas,

se callaron por siempre en un gris soñado,

tristes vacilantes, quedaron alejadas.

 

Los besos ausentes y caricias fugitivas

quedaron en cristales de olvido y soledad,

como pequeñas luces de lámparas votivas,

fueron aves solitarias llenas de orfandad.

 

Tímida sonrisa quedó en nuestros labios,

bajo la tristeza que cubría aquel cielo,

callados ideales como de viejos sabios,

plasmados en la mente cual suave terciopelo.

 

Y anclados quedaron los barcos y veleros

listos para navegar, lejos en alta mar

bajo la fantasía delirante de luceros,

en el horizonte una ilusión de amar.

 

Medellín, octubre 20 de 2018

.

©ANA OLGA HERNÁNDEZ OSORIO, poeta y escritora colombiana

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 

 


sábado, 1 de agosto de 2020

CORTADA DE BOLLINI, Cèsar Tamborini Duca, León, España

La cortada de Bollini" | Contemporáneos del revólver, del r… | Flickr

CORTADA DE BOLLINI

 

Esos chamuyos discordantes

de misteriosos ecos, vociferantes

profanando el silencio de la noche

voces incomprensibles, que eran broche

del suburbio, la gayola y aquel lazo

que los tuvo maniatado: el escolazo.

Vinieron desde el Sur, a la Cortada

de Bollini, por sus duelos tan mentada;

los matungos, chapaleando por el barro

arrastrando a esos malevos en un carro

traspasando la frontera del murmullo

y entonando sus proezas con orgullo.

¿Qué misterio los impulsa, de coraje

para acortar distancias, en un viaje,

de un retorno victorioso muy dudoso

de la Cortada, ya es sabido, peligroso?

Nadie lo supo, aunque parece

ser las mentas de una daga, que estremece

en esos conventillos del suburbio

por su dueño, el de un pasado turbio

que incitaron a los otros, tan lejanos

a emprender ese viaje. No fue en vano

el corralón de Mario fue testigo

de la viril contienda intensa

mientras ojos asombrados, del postigo

espiaban bajo la luna inmensa

el brillo entrechocado del puñal

que de algún modo intuye ese final.

El final de un muerto con su cara de asombro

que una luna lunfarda alumbró sin inquina;

igual que ese farol de patio, o el de la esquina;

un muerto que ya no llevará su poncho al hombro.

 

 

En mi libro “CHE, Lunfardiada” rindo homenaje poético a Jorge L. Borges con un capítulo denominado “Borgeando”, en el cual incluyo poesías de mi autoría que guardan relación con sus escritos, como ésta que les presento ahora. Decía Borges que hacia mil ochocientos noventa y tantos a pasos del Hospital Rivadavia, zona que alguna vez se llamó la Tierra del Fuego, los hombres bravíos de ese entonces elegían una ‘cortada’ en ese arrabal para los duelos a cuchillo. Algún vigilante curioso observarías las idas y venidas de los aceros, en contienda duradera si los duelistas eran hábiles para el manejo del puñal, y del poncho en su mano izquierda. Resultaban apócrifas sombras mitológicas, que hoy resaltan por su ausencia, como los conventillos o los corralones.

 

CÉSAR TAMBORINI DUCA, poeta y escritor argentino residente en León, España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

 

 

 


EL VUELO FINAL, Yolanda Elsa Solís Molina, Barcelona, España

Gorrión del Sind | Wiki Reino Animalia | Fandom

EL VUELO FINAL

 

El gorrión que no vuela, solo mira las piedras

jugueteando en los puntos diminutos de greda

espacio en calma, breve, de afanoso paseo…

descubriendo la vida entre el polvo y el cieno.

 

Sólo el vuelo sin ansias, entre nubes y cielos

ignorando caminos de ilusiones y anhelos…

La piedra despareja que transita y conoce,

que alimento le acerca ,es su casa y su noche.

 

Pero el día en que en vuelo desprolijo e incierto

descubra pena y gloria efímera en el tiempo

liberará su vuelo por minutos  eternos….

aspirará con ansias entre ramas y flores…

.

¡Aunque rompan sus alas, tormentas de colores!!!

 

©YOLANDA ELSA SOLÍS MOLINA, poeta y escritora argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA  

 

 

 


FALSO CATECISMO, Rodolfo Leiro, Buenos Aires, Argentina

Diógenes de Sínope, un filósofo singular ~ El Historicón

FALSO CATECISMO 

 

No me aferré del fatuo catecismo

que pone de rodillas tu osamenta,

ni me puse a rezar la falsa cuenta

de un rosario con perlas de cinismo;

 

fui Diógenes desnudo de optimismo,

tal vez filosofista puesto en venta,

acaso un macedonio que te tienta

pero jamás un  fraile de bautismo.

 

Y al llegar al final, proselitismo

de mi propio subido dinamismo

tratando de tentar una presea,

 

me arrojo,  proceloso totemismo,

hacia el linde feroz del ostracismo.

Encuéntrame en el cauce de una Idea.

 

©RODOLFO LEIRO, poeta y escritor argentino

MIEMBRO FUNDADOR Y PRESIDENTE HONORARIO DE ASOLAPO ARGENTINA

 

 


AMO, María Antonia Serrano González, La Habana, Cuba

15 Ejemplos de Amor

AMO


Preguntando cual puede ser el espacio
Preguntando hasta donde puede ser el tiempo
Amo a los que me conocieron, y no lo recuerdan
amo a los que me conocieron y no me aman o no me recuerdan
amo a los que no me conocerán,
amo y me amo
amo el mundo aquí adentro
amo a aquellos que no conozco y que me cuentan cómo es otro mundo allá afuera
amo la semilla,
amo la hoja
mi pequeño jardín
amo como Inanna Kryia de la Luz Azul Celeste de Nibiru
como Adhara mirando a Sirio, viendo Las Pléyades, Betelgeuse y Antares
descarto el ego que es un grano de arena en la arena
desde el espacio de un único código y un juego
con el libro de "Los sabores del tiempo"
hoy como una crepuscular común mujer de este planeta
evitando la jugada final
conociendo que Adhara es como se llama mi corazón
permeado de una gota bien fina y pura, interestelar
Preguntando amo la paz
Defiendo la sonrisa de Malala
Que ama las olas viejas y repiensa las olas nuevas
Otra educación de mujeres y hombres unidos en pareja
amados
Soy la crepuscular mujer que no predica por su piel
que no se hunde en un velo
Amo a Atlántida e Hiperbórea
no bajo reyes terrenales y si con reyes celestiales
lejos de las ilusiones y del reflejo
Una foto fija se borra y entra con su paso la memoria vieja
20-12-2012 con la fecha y la flecha en mi corazón
Y cualquier otra fecha futura y presente
Queriendo ascender mi evolución
Justo de donde soy
Desde donde está el flujo de la fuente
Con un único abrazo de luz
Donde no existe un tablero de ajedrez.

 © MARÍA ANTONIA SERRANO GONZÁLEZ, poeta y escritora de La Habana, Cuba.

MIEMBRO EMBAJADOR CULTURAL de ASOLAPO ARGENTINA en LA HABANA, CUBA.





EL GATO VERDE, Héctor Grillo, Junín, Buenos Aires, Argentina

11 mejores imágenes de el gato verde | Dibujos de gatos, Gatos ...


EL GATO VERDE

                                                                      

“Tenía diez años y un gato /

Peludo, funámbulo y necio /

que me esperaba en los alambres del patio /

a la vuelta del Colegio.”

                “ Mi niñez ” Joan Manuel Serrat

 

            Siempre amé a los animales. Los amo a todos, pero más a los perros y a los gatos. Los amo tan irracionalmente que suelo pensar que una persona es buena gente con solo enterarme de que trata bien a los animales. Más aun, soy de los pocos que, inútilmente, hacemos fuerza a favor de los toros en las corridas, o de las ballenas contra los japoneses o de los pingüinos contra el petróleo. Pero los demás a veces piensan distinto, y algunos hasta se ríen de mi amor. Eso me importa tan poco como le importa a mi hermana, o a mi hija; y si algo me tranquiliza es saber que lo mío es un mal de familia.

Mi madre siempre vivió rodeada de bichos. Convivió con perros, gatos, peces, tortugas, y a veces, in extremis con un borrego o algún charito. Supe de las anécdotas de dos perros que le regaló mi padre, (hombre resignado, si los hubo) el Bonzo y el Osito, y aunque no los conocí personalmente, vi sus fotos enmarcadas muchas veces. Aunque murieron hace años toda la familia los recuerda.

            Supongo que mamá tendría en su genoma algún gen zoológico. Es la única razón que me lleva a explicar la relación que tenía con los animalitos. La he visto, y oído, hablarle a un gato desconocido que merodeaba por los techos; y después lo he visto al félido bajar a sus pies. Con solo pasar a su lado los perros le movían la cola y si les hablaba, directamente la seguían.

            Y no solo eso, también la he acompañado cuando se ha quedado una noche entera haciendo masajes a la panza de una gata tricolor que no podía parir. No pudo salvarla y tampoco a su única cría, a pesar de abrigarla al lado de una bolsa de agua caliente y darle de beber leche de vaca con un gotero. Ése fue un día de congoja en mi casa.

            Durante mi niñez, quien vivió con nosotros mucho tiempo fue Batuque, un perro blanco, petiso y lanudo, que se llamaba así por el personaje de la historieta de la revista Billiken. Pero cuando Batuque se tiraba al piso panza arriba y ponía cara de poeta soñador para que mi madre lo espulgara, ella le hablaba en un murmullo y le decía amorosamente - ¡mi chulo!

             Además fue un perro de servicio, ya que le ataban al cuello mensajes escritos en un papelito, los llevaba a la casa de mi tía y volvía con la respuesta, como si fuera una paloma mensajera gigante de cuatro patas.

También vivía en casa el Chiquito, gato gris, regordete y de ojos azules. Fue traído desde San Juan, terruño nativo de mi padre siendo muy pequeño y semejante a un pompón. Pero ya crecido, de grande, fue muy vago y mujeriego. Desaparecía por días enteros y volvía en muy malas condiciones, después de librar encarnizadas batallas amorosas. Tal vez fue como Urquiza y engendró cien hijos, pero no quedaron sus huellas en la Historia. Y mamá tenía que arreglarlo y componerle todo el cuero desgarrado cuando regresaba como veterano derrotado de una guerra de maullidos, cuyo premio inalcanzable era Helena Morronga de Troya.

            En la misma época se aquerenció el Negro, un gato común, ordinario, de pelo corto y patas flacas que se desvivía por mi hermana y la amaba apasionadamente. Se subía a su falda, luego a su estómago y más y más arriba hasta que el vivaracho se acomodaba justo allí, como si fuera sobre dos mullidos almohadones, (mi hermanita tiene capacidad para dos o tres gatos cómodamente instalados) y luego le acariciaba el rostro escondiendo las uñitas. ¿Lo habrían destetado siendo demasiado pequeño? Nunca se nos ocurrió enviarlo a hacer análisis por lo tanto nunca pudimos enterarnos.

            De todo lo narrado se desprende que crecí rodeado de pelos, maullidos y ladridos. Pero hubo un amigo que siempre recuerdo con mucha nostalgia. Mi gato Miguel. O “Maicol”.

            Cuando yo tenía solo siete años mi padre logró construir una casa nueva. Cuando nos íbamos a mudar, mi madre le compró varios muebles usados a un matrimonio inglés que retornaba a su patria. Cuando concretaban el negocio apareció un gatazo en escena. Cabezón, peludo, colores a rayas, parecía un tigre anglosajón. La mujer le dijo a mi madre que lo iba a matar, ya que lo querían muchísimo, pero no lo podían llevar de regreso y creían que nadie lo iba a cuidar tan bien como lo hicieron ellos. Mamá debe haber tardado tres minutos en compadecerse, convencer a la inglesa, convencer a mi padre y convencer al felino.

            Luego empezó la ardua tarea de acostumbramiento. Lo llevaban a su nuevo hogar un ratito todas las tardes y luego todas las mañanas. Pero no había caso, el sistema no funcionaba. El matrimonio partió, y Miguel todavía estaba en la cocina como enjaulado, chillando furioso y descontento. Lo he visto saltar hacia la ventana y estrellarse contra el vidrio varias veces tratando de escapar. Dos hechos fortuitos solucionaron la situación. El primero fue un súbito ataque de duda en mi mente sagaz: sus dueños... ¿no le hablarían en inglés?... Y como yo estaba dando mis primeros pininos en ese idioma, - todavía los estoy dando - comencé: -¡Maicol, com jier! ¡Teik it isi! ¡Comón, comón!

Miguel, haciendo un notable esfuerzo mental, se tranquilizó y pudo traducir balbuceos ininteligibles a lenguaje gatuno. Pero la solución definitiva se encontró cuando el perro Batuque se acomodó para siempre en la nueva casa. Más que inquilinos amigos, perro y gato se hicieron amigotes. Solían dormir y comer uno al lado del otro y no molestarse en absoluto; pudieron vivir juntos y apacibles durante algunos años.

            Batuque era un poco callejero y partía temprano en la mañana. Pero cada vez que yo salía al patio, allí estaba Miguel, estirado al sol con los ojos semi cerrados o lavándose la cara, después de dormir. Al instante que escuchaba mi voz comenzaba a ronronear y lo seguía haciendo largo rato. Formó parte de mi vida, como mis soldaditos de plomo, el Tesoro de la Juventud, o mis anteojos de miope. Todas las veces que salía a jugar estaba a mi lado, tranquilo y sensual, haciéndome compañía y solamente sobresaltado cuando aterrizaba algún gorrión o incursionaba una mariposa lechera, muy común en esos años. Era un bravo león si yo era Tarzán, era un tigre feroz si yo Sandokán, era mi muñeco de “piel de mono” si yo estaba triste. Escuchó impasible mis secretos de púber, mis pequeños pecados de pre - adolescente; lamió la sal de mis lágrimas y el azúcar de mi sangre ante las heridas abiertas de mis fantasías. Fiel oyente de la indiferencia cotidiana de mi compañera de inglés fue mi amigo de Café, aún sin mozo ni tango ni café.

            El 25 de noviembre de 1957 fue el día de mi cumpleaños de diez. Por la mañana me fui a la escuela, contento y goloso, sabiendo que a mi regreso iba a tener sobre la mesa una torta de mil hojas y el arco infalible de Robin Hood con las flechas guardadas en un rojo carcaj orlado de flecos.

            Cuando volví, a mediodía, salí inmediatamente a buscarlo al patio. ¡Maicol! ¡Maicol!... no me contestó... Abrí la puerta del lavadero. Después revisé el galpón. No estaba en ningún lado... ¡Qué raro!... Me dio un poco de miedo infantil y comencé a sentir un dolor en la boca del estómago. Corrí a la primera terraza. - ¡Maicol! ¡Maicol! ¡Miguel!... seguía sin aparecer... ¿Dónde está ese gato? ¡Justo hoy! ¿Se olvidó que yo soplaba las velitas? El miedo se transformó en pánico. El dolor en el estómago se hizo más fuerte. Una intuición me impulsó a saltar escaleras arriba de a dos en dos. Tenía un nudo en la garganta. Subí corriendo a la última terraza como un loco... A pesar de todo la angustia pude gritar:

- ¡Miguel! ¡Miguelito! ¡Vení! ¡¡Maicol!!

Mi madre asustada corría detrás de mí: ¡Mish! ¡¡Mish!! ¡Gato, gato!

Llegué agotado, pero miré al vecino terreno baldío, lleno de cicutas y de ramas y frutos de un viejo paraíso derrumbado. Entonces, descompuesto y boquiabierto, horrorizado, lo vi.

            Estaba estirado, mi gatazo querido, como si hubiera intentado saltar a no sé dónde, al cielo, al oro del sol, al vuelo de un colibrí, a una nube con silueta de gata mimosa. Pero no llegó a destino y estaba inmóvil y frío en el suelo, definitivamente muerto. Sus patitas duras y sus manitos también. Completamente muerto y hermoso, el único gato que conocí de color verde. Nunca logré saber cómo sería su pelambre original, pero para mi mente infantil era verde y siempre lo añoro y lo sueño del más hermoso color verde.

¡Cuánta pena! ¡Cuánto dolor, mi tigrecito valiente!... me dejaste solito... ¿Y los combates con los soldados de La Legión Extranjera? ¿Y nuestro Fuerte de altas almenas y puente levadizo? ¿Y tu almohadón colorado de lujoso Maharajá?

            Mis padres no lograron hacerme comer la torta mil hojas y yo no pude parar de llorar de a ratos, durante todo el día.

            Ahora, al revivir con nostalgia historias de mi niñez, no recuerdo ningún detalle de mis cumpleaños de ocho o de nueve o de once años.

            Pero el día que nunca he podido olvidar fue el de mi cumpleaños de diez, el 25 de noviembre de 1957, cuando la Muerte me visitó por primera vez en mi vida. Me desgajó, robó una tajada grande y dulce de mi infancia y me demostró, ante mi desgarro e impotencia que me iba a visitar cada vez que le viniera en ganas; a causarme tan intenso dolor como a ella se le ocurriera.

Ni siquiera un tigre de jade me podría defender.

 

 

©HÉCTOR GRILLO, poeta y escritor argentino.

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA