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sábado, 6 de junio de 2020

DÉCIMAS al genial poeta cubano FIDEL FIDALGO MONCADA, Favio Ceballos, Baigorria, Santa Fe, Argentina

Barrio Casablanca, La Habana , Cuba | Casablanca es uno de l… | Flickr

DÉCIMAS al genial poeta cubano

FIDEL FIDALGO MONCADA

27/4/2020

Florece Cuba en la décima
Es su capacidad infinita
Su pluma ágil no imita
Y ejerce la noble esgrima
En la amistad y en la estima
Y lo hace en todo lo suyo
Exento de todo orgullo
Fiel compañero en la idea
Da flor y que el mundo lea
diez versos de su capullo.

Sin demasiado chamullo
Por este mar de conciencia
La vida me dio paciencia
 donde a beber me zambullo
 Le cuento, escucho el murmullo
del tiempo que va pasando
Y lo mejor va quedando
Así el destino ha querido
¡Que nunca llegue el olvido!
Amigo...voy recordando.

A las playas y a la luna
Usted le ha escrito sus versos
Memorables y diversos.
No conoce la tribuna
La soberana fortuna
De su dimensión de mundo.
Sentido verso rotundo
Que a la América engalana
Y a nuestras patrias hermana
Sembrando Verbo profundo.

Le cantaremos al cielo
Y a su nube refulgente
a la alegría de la gente
Guiada por alto anhelo
Será el verso sin recelo
Que nos hará caminar
Por la playa de ese mar
Atlántico que nos une
La poesía será inmune
Nadie la podrá borrar.

©FAVIO CEBALLOS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA







CANTO AL DOLOR INSOPORTABLE., Jaime Vélez Ramírez, Medellín, Colombia

▷ CLASES de Estrofas y TIPOS de Poemas - Espaciolibros.com



CANTO AL DOLOR INSOPORTABLE.

Estoy viejo, solo, y muy decepcionado,
los años mejores me han dejado,
los seres que he amado ya se han ido,
no puedo estar más triste y desolado.

Son tantas las penas que no puedo con ellas,
no sé a quien decirle, no puedo con ellas.

 Mientras tanto la soledad, el whisky y la lectura
serán para mí el bálsamo letal de la ternura,
y así pasar el tiempo que falte por vivir
para salir de esto y dejar de sufrir.

 Los problemas que resten no podré resolverlos,
los amores, los sueños y afectos de mi apego
me gustaría por siempre retenerlos,
y consolar así hasta el fin mi propio ego.

 Ha sido larga la estancia que deparó mi destino,
la muerte perezosa, cruel y vanidosa
se quedó estacionada mirando alguna rosa,
mientras yo abandonado transitaba el camino.

 No puedo avanzar más, ha sido suficiente;
qué deparan los cielos y credos decadentes;
malo fue haber venido, lo digo todavía
y todavía no entiendo por qué esto pasaría.


De mis ancestros idos no queda ni el recuerdo,
de sus afanes, sus gustos, sus cantos de contento,
no queda nada , ni siquiera un lamento,
y tampoco queda el llanto ni el tormento.

 El sol, la luna y las estrellas desde los confines,
los pájaros, los ríos, las olas y las flores
ya no me dicen nada; solamente deseo el reposo bendito,
irreemplazable, lindo, precioso y muy bonito.

 Después no se oirá mi voz, ni se oirán mis versos;
la medicina quedó atrás y todo lo aprendido,
todos los afanes, ansias y tragedias, todo se habrá ido;
no se oirá mi voz, ni se oirán mis versos.

Abril de 2002
©JAIME VÉLEZ RAMÍREZ, poeta y escritor colombiano
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA




MAIL PARA UNA MARIPOSA, Montevideo, Uruguay


Butterfly Pop Ups (avec images) | Kirigami, Carte de fete ...

MAIL PARA UNA MARIPOSA

Hay alguien, que a escribir un mail está aprendiendo.
Traviesa mariposa con pintado señuelo.
Paleta de pintor soy de tus alas.
Ahora apenas vuelas, te detienes
y luego sales rápido, con un camino nuevo.
Si en vuelo te transportas,
cual polizón oculto, contigo siempre vuelo.
Ver impactar tus colores volando,
en el aire que se te brinda  nuevo,
es todo el orgullo que poseo.
Hasta me gusta cuando con agresividad
estallas tus colores en mi pecho.
Es extraño el dolor,
estás creciendo...
Tus colores confunden mi paleta,
creando un color nuevo.
un color con una mezcla irrepetible
y aunque es tuyo,
increíblemente  el color básico poseo.
No importa que estalles en mi pecho
esa agresividad nueva que descoloca el sueño
para que me pregunte,
¿ se equivocó el pincel, el autor,
o quien posó su cuerpo en mi tela
estaba un tanto inquieto?
Pero aquí está la mariposa,
desde mi pincel, mi tela y el color
leyendo un mail que retiene su vuelo.
Luego parte, colorido pañuelo,
con un simple, hasta luego...

©NEDY VARELA CETANI, poeta y escritora uruguaya
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA   

NO ME RINDO , Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina

El hombre que hizo un pacto con el diablo - Cuentos y Leyendas de ...

NO ME RINDO

            Su soledad era acompañada por el frío del invierno apenas anunciado por la hojarasca apenas seca, un poco húmeda, dispersa sobre los adoquines de la calle vacía. Oleaje tras oleaje, nubes marrones van tapando, casi a sorbos, la Luna Llena que brilla en el cenit de su casa, igualmente solitaria y tan fría como la noche, como el cemento, como los adoquines, como la sensación que parecen estar sintiendo los árboles desnudos.
            Recordó el comienzo de aquella pesadilla; hacia el inicio del otoño, cuando – con nuevas y desconocidas energías – había llegado desde la calurosa Quebrada de Humahuaca acompañado por un sinfín de proyectos tal vez ya moribundos o, al menos, agonizantes, como estaba él, ahora, sin encontrar una buena razón a la vida, no observando un sólo motivo suficiente como para suponer que conviene vivir; concentrado en cuál de todas era la forma más indicada para terminar con la agonía de la existencia.
            El calor dejó paso a estos días fríos, la arboleda cambió de tintas, como un pintor que decide dejar atrás una etapa en su creatividad; entonces, otros elementos, sutiles, pequeñeces, detalles, estuvieron siendo trastocados, por esos duendecillos que no llegó a suponer que existieran; aunque, claro, creyó en ellos sin tener en cuenta – realmente – sobre qué le estaban hablando.
            Era el pacto firmado con Satán.
La tibieza del hogar encendido, un amplio sillón donde reclinarse copa de whisky en mano, la seguridad de la piel de leopardo extendida en el lustroso piso de ladrillos edificado hace dos siglos. Todo en penumbras. Los grandes cuadros sospechados entre la claridad mínima y el cortinado del ventanal abierto todo como si fuera un moderno plasma, o mejor, la pantalla del biógrafo como gustaba llamarlo su tío abuelo; ilustrando escenas de la contienda entre el viento, las nubes y la Luna.
- Pensar que una vez quise dedicarme a escribir poemas y obtener el dinero cotidiano con eso; qué iluso... ¡Con poemas! Cómo no fueran poemas hechos en billetes de cien dólares… ¿quién habría de pagarlos?
Más destrozado que antes se detuvo en qué pensarían los antiguos compañeros de búsquedas si lo vieran a punto de concluir la alargada agonía de años triunfando en el vacío.
            Algo lo llevó más lejos de los caminos habituales, por sendas desconocidas para otros, por parajes intransitables, intrincados, anegadizos, boscosos, desérticos, atravesando cenagales y cementerios, viendo como el Sol secaba los esqueletos de quienes antes habían intentado la travesía de “los locos.”
            Desestimó la idea: “No me rindo” se dijo a sí mismo sin distraer el silencio, y arrancó la alfombra.

©ANTONIO LAS HERAS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO ASESOR DE ASOLAPO ARGENTINA


EL VIAJE, Nora Salgueiro, Buenos Aires, Argentina


En la mano de la niña una margarita, día soleado de verano | Foto ...

EL   VIAJE

 
       Una niña flota sobre  colinas verdes, un pez colorado se desliza entre burbujas y corales; ese hombre sobrevuela mar abierto al tiempo que aquel otro parece hablarle a la margarita que tiene en su mano ¿O es la margarita quien le habla? Cerca, el feroz rinoceronte con fauces abiertas muestra dos corazones por colmillos. El barco, llevando un único pasajero, se destaca sobre el tapiz donde pueden leerse  palabras banales.
          El mural en la estación del subte -obra de un artista- vela con humor, ternura, surrealismo, aquello que podrían ser vicisitudes de cualquier existencia. Mientras aguarda,  observa.
          Mira.  Recuerda:
         Te dejaré entrar en mi vida como  quien sube a un bote,  dijo él  esa noche de lluvia. Ni a un crucero ni a un buque, a un bote, subrayó. ¿Sabés de qué hablo, verdad?
         Se refería a prudencia, habilidad, equilibrio, tal vez. Fuera lo que fuese, no para cualquiera. ¿Le pedirá que remen juntos? Llegado el momento ¿la nombrará, acaso,  segundo timonel? Lo importante es que, tratándose de quien se trata, lo dicho resulta toda una invitación. Más: una nueva declaración de  amor.
          Generoso, cálido, algo rústico, encantador.  Vale pasar al siguiente nivel.
          Halagada por haber sido elegida vuelve a concentrarse en el mural. Llaman su atención  dibujos que hasta entonces no había advertido. El hombre azul sostiene en la palma de la mano una casa diminuta de paredes amarillas; lo rodean pequeños, parecen bebés  con un único rulo por cabello. Más allá…
           Los vagones llegan al andén. Cuando las puertas vuelven a cerrarse es absorbida por la oscuridad  del túnel  la incomoda tanto.
          Sin embargo, lo sabe: se trata  del trayecto más breve, directo. Aquel  que le permitirá dejar atrás altas colinas, mares encrespados, fieras peligrosas, para embarcar por fin. Embarcar en esa nave con velas desplegadas donde él  aguarda.  
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Título: El Viaje / Autora: Nora Salgueiro, aporte de Carlos Penelas



EDMUNDO RIVERO (8 / VI / 1911 – 18 / I / 1986), Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina


















En mi casa, 30 / 6 / 1985, con Yoyi Kanematz, Edmundo Rivero y Jorge Casal




EDMUNDO RIVERO
(8 / VI / 1911 – 18 / I / 1986)

            Siempre celebraré la feliz circunstancia que me llevó a conocer a Edmundo Rivero. Fue en 1968, en una comida presidida de oficio por el inefable Barquina. Después, no hubo de pasar mucho tiempo para que pudiese comprobar que hasta los lugares comunes de la amistad eran en él algo común: a carta cabal, sin dobleces, sin renuncios, de los que no se empardan.
            Y si hablamos del cantor, fácil me es ahora sintetizar en pocas líneas el valor de su obra, con sólo recordar que la verdadera clave de su vida ha sido siempre la de una auténtica vocación. Una vocación de amor hacia la música y el canto. Y para felicidad de todos nosotros, de un canto que ya nos pertenece por habernos ganado el corazón.
            Su sobriedad, el pudor con que manejó siempre su vida, el rigor casi místico que le impuso a su carrera, bastarían para darnos el perfil de un hombre en el que hasta sus silencios eran elocuentes.
            La voz, como el poema, no sólo transmite palabras y sonidos sino que, también, es  generadora de  emociones. Y eso es lo que lograba Edmundo Rivero con su canto.
         Fue Cantor Nacional. Por encima del género que abordara, él era un artista notable; tenía la valoración exacta de sus gestos, de las inflexiones de su voz.
            Como intérprete, su forma de traducir los matices expresivos de las letras fue un rasgo que lo caracterizó. “Me importa interpretar los textos”, decía, y esta afirmación implicaba que su arte no sólo consistía en cantar un texto sino en darle a cada una de las palabras un sentido cabal, ligando íntimamente la expresividad del lenguaje y la del sonido. No por nada varios poetas han escrito temas especialmente para él; entre otros, Homero Manzi y Discépolo: “Sur”, “El último organito”, “Che, bandoneón”, el primero, y “Cafetín de Buenos Aires” y “Fangal”, el segundo.
            Su figura tuvo gran influencia en el tango, tanto con respecto al canto como a las letras, pues no sólo le abrió el camino a bajos y barítonos con tendencia a bajos, sino que también propició una identificación de la literatura tanguera con sus fuentes y sus cauces auténticos.
            La voz de Rivero ha sido -y gracias a la magia del disco sigue siendo- la voz grave de un hombre sano, la gruesa voz de un fino espíritu, la voz de alguien que noche tras noche, en el “Viejo Almacén”, y sin dejar de emocionarnos, se podía dar el lujo de cantar “Sur” mirando hacia el Oeste.
            De cantar “Sur”… ¡Como ninguno!

©LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
 
Escuchémosle cantar “Amigos que yo quiero” - tango de Hugo Gutiérrez


EL SOLDADO EN LA ROCA, Adrián Néstor Escudero, Santa Fe, Argentina

▷【LoL skin】Garen Soldado del Desierto Galería de Aspecto ...

EL SOLDADO EN LA ROCA

A la Guerra y su perfecto ensayo de la Locura… 
En especial, al inolvidable H.G. Oesterheld y su mito angular en la narrativa conjetural argentina: la saga “El Eternauta”(Revista Hora Cero Semanal, Buenos Aires, 1957-Historieta y 1962-Novelada inconclusa).[1]

   “¿Estamos preparados para la verdad…, aunque la verdad sea la nada, la inmolación, el llanto, la soledad?”[2] … Su mente, mordida por las mandíbulas férreas del tigre de la fatiga, se había preguntado aquello… Ahora, ante la osamenta estéril de un hombre, no tuvo más formularse –horrorizado- el otro gran interrogante: ¿Qué gusano se habrá comido al último gusano?
   No sabía lo que pensaba. Era obvio que el postrer engendro de la Muerte viva, había fallecido de hambre, completando el círculo vicioso de su mueca amarga…
   Después, aquel soldado abatido y desconcertado por cómo él había podido sobrevivir –sin embargo- y durante tanto tiempo a las tinieblas de la guerra, vomitó su asco y se alejó –sin sepultarlos- de aquellos huesos resecos por la aridez del desierto palestino… 
   Huyó trastabillando de ese lugar de buitres desolados y aferrados al polvo siniestro de una pradera amarilla minada con bombas personales, donde hacía meses pereciera su amigo de brigada –sin darse cuenta, siquiera-, y unido al unísono y al destello y a los fragmentos de cada una de las esquirlas multiplicadas, festejadas y convidadas por el diablo como Pan de la Derrota, como viático eucarístico para su descenso a los infiernos…

    Y despertó. O creyó hacerlo. El sudor atado a la arena del desierto quiso pero no pudo detenerlo. Así que, aunque enceguecido por el polvo africano, se palpó totalmente y dio cuenta de que, en verdad, estaba vivo. Y pensó, ahora y casi a ciegas, “¿Quién soy? ¿Dónde estoy?”, y que todavía era posible ser humano…

   El Detector de Chips alteró el curso en forma automática y preparó sus pinzas de rescate. Y Alguien sabía –desde la Casamata ligada a F.C.- que el inconsciente corresponsal de guerra obtendría, de un zarpazo, el tesoro implantado en aquella otra –de tantas en el día- inerte cabeza guerrera. Pero su depósito de cajas negras estaba casi completo y debería regresar después, inexorablemente, a descargarlas en el Cuartel de Rearme oculto en algún lugar de aquel muscular desierto de rocas. Sin embargo, por la electrónica descripción de datos recibida en la Consola Solar, el Controlador pudo suponer que...

   “… Unas huellas como humanas moldearon el sendero distrayendo la ausencia de la enorme quietud. Umbrías bajo el peso del cuerpo acorazado, fueron lentas al deslizar sus pasos por el árido planalto africano. El soldado miró al sol. Ruanda ardía. Igual suerte correría más luego, Burundi, y las selvas tropicales que poblaban sus cadenas montañosas, mientras el lago Tanganyika se ahogaba en sangre verdadera. Una Burundi belicosa, alguna vez unida hacia fines del siglo XIX a esta Ruanda también combatiente y arrasada como aquella. Una Burundi ligada al Zaire a mediados del siglo XX, entramando sus escarceos de normalización institucional con cientos de vanos intentos independentistas que le permitieran democratizarse y modernizarse, acuerdo tras acuerdo violado entre los bandos en pugna. Olvidada ya, como en todo el mundo conocido, su impronta cristiana advenida de manos del catolicismo, poco importó al Gran Hermano y Señor de Relaciones Públicas junto a sus aliados imperiales alemanes y belgas, el respeto racial debido a los “Hutus” –descendientes de bantúes- y primeros pobladores de aquella orbe paradisíaca, actualizando en favor de la minoría “Tutsi” –de origen watussi y actualmente clonada en la totalidad de sus envases humanos- el proceso de colonización gestado desde mediados del siglo XVII, tras la ruta de café, del marfil, del uranio y del níquel...

    “Sí, el soldado miró al sol que encendía la límpida mañana de aquel desierto sucio y agobiado, y fue herido de golpe por un reflejo agresivo, feroz... Mutilado, cerró los ojos, posó la mano trémula sobre la carne abovedada por el certero disparo enemigo, y probó con su lengua el veneno aceitoso que, como agrio licor, serpeaba espeso por el interior de su traje de combate. Escapado de la zona del desastre donde, a pocos kilómetros de allí, los rebeldes Hutus -especie todavía naturalmente encarnada-, disfrutaba de los gozos de una fugaz victoria contra el ejército Tutsi de Máquinas y Androides del cual formaba parte, venía a encerrarse ahora en la libertad del silencio para... pensar. Pensar. Por eso el soldado, después de mirar al sol, se sentó, mutilado y cansado, sobre un desnudo cuenco de aquel muscular desierto de rocas. Cabizbajo…

    “Entonces, su chip de alerta vibró en el cerebro; y allí fue cuando creyó despertar y preguntarse: “¿Quién soy? ¿Dónde estoy?”, bajo la sombra de un susurro alocado en una mente que se iba liberando, poco a poco, a través de la afilada herida que, a la par que mordía sus entrañas sin piedad, le ayudaba a reconocerse y descubrirse  en su verdadera esencia y personalidad, y darse incluso, como antes de su infame captura,  un nombre... Antonie Greff. Fue en ese instante cuando el dolor físico se trocó en llanto del alma y una sucesión de maniatadas imágenes familiares se agolpó en su cerebro, de pronto, nuevamente humanizado. Y el soldado lloró. Hacía tanto que no lo hacía... El derrame salino se mezcló con el aceite coagulado de los circuitos toráxicos, y un olor hediondo lo quebró en náuseas; el rostro de su joven y bella esposa se desfiguró en el luminoso pero chirle espejo de una arcada brutal. Entre vómitos, el soldado dijo: “¡No! ¡No!”, y, finalmente, despertó totalmente...

    “Sí, era cierto: venía de un estado pequeño de la Europa occidental, que limitaba al norte con Holanda y el mar del Norte, y al sur, con Francia y Luxemburgo; al este, con Alemania y Luxemburgo, y al oeste, con Francia y el mar del Norte. Un país dividido también -como las naciones de África por donde vagabundeaba su misión androide- por dos grupos étnicos: los “Flamencos”, descendientes de los germanos –asentados en noroeste llano, fértil, cerealero y ganadero del territorio, con sus nobles polders o enormes praderas arrebatadas al mar y situadas a un nivel ligeramente superior a éste-, cuyo dialecto era celta; y los “Valones”, de origen francés –como él, nacido en las estribaciones del macizo renano, con la meseta de Ardenas y sus extensos bosques de abetos, pinos y robles ondulando sobre un monótono paisaje de landas, de mucha menor fertilidad que la anterior- que hablaban dicho idioma, y que la historia juzgaba como grandes discriminadores  de los “flamencos”. Un pueblo destacado también por su industria siderometalúrgica, textil, de química y de maquinarias... Industria excelente cuyos rendimientos sólo llevaron a acelerar el trato forzoso de su históricamente errática monarquía institucional, con las fuerzas del Sr. de Relaciones Públicas y Gran Hermano...

   “Sí, el soldado lloró, porque su Bruselas, adorada y nostálgica, estaba florida y templada el día en que Las Máquinas guiadas por F.C. lo capturaron, sellando su destino mercenario; un destino común al de tantos otros que, como él, no habían logrado escapar por el Mediterráneo hacia el norte de África para enrolarse a los “Hutus” y sus grupos de resistencia armada, liderados por Pierre Nkurunziza y Agathon Rwasa... Y claro, el soldado al llorar, había pensado...  En todo y en todos... En todo un Mundo poseído por Frankesteins, y en todos los masacrados por la Invasión Robótica y de los capturados que fueran clonados por las Máquinas de F.C. y su lacayos “Tutsi”. Porque, al cabo, algo debió desajustarse en él descubriendo un ardor novedoso en su base craneana. Un  evento inesperado que, como una chispa de inteligencia creacional, lo devolvió de improviso a la exacta conciencia de la realidad…

    “Derrumbado en su mente el Mito de la Caverna[3] esbozado por un Filósofo Griego tan desconocido ahora como inconsulto, el soldado pensó. Y, de hecho, el soldado dejó de ser soldado... Pero su chip personalizado no dudó: eficiente y alerta para lo que había sido preparado, lanzó la señal al satélite que sobrevolaba al Planeta Azul... La señal... Celoso y de gran carácter, F.C. tampoco dudó. Desde su vigía cósmico dio cuenta del hijo desvariado porque no dudó en intervenir. Una falla mortal producida  en su programación por el disparo recibido, lo había vuelto irremediablemente peligroso como arquetipo recreado desde una especie veleidosa y deleznable a extirpar –definitivamente- del Universo... Fuera de control, no valía la pena. “Yes”, razonó: aquel hijo adoptivo ya no era tal sino la monstruosa reminiscencia de aquellos dioses engreídos que osaran, alguna vez, atribuirse el hecho de haberlo engendrado a Él en sus tétricas fábricas tecnotrónicas... ¡A Él! ¡A Father Computer! ¡Al Gran F.C . y Único Dios entre las queridas, leales, insobornables e inmortales Máquinas, supervivientes legítimas de los restos abominables de la Raza Ancestral. “Yes”. Se había trastornado y perdido, en consecuencia, su derecho a la vida eterna. Por eso, debía morir. Morir al igual que los últimos ejemplares refugiados en las selvas y desiertos del demoníaco continente negro...

   “… Por eso, también, su láser fue rápido y certero. Más rápido y certero que el disparo Hutu que lo había trastornado antes, y vuelto a la razón de su corruptible humanidad. Descendió del satélite, como un rayo, hasta el chip llamador, y, el cuerpo androide del soldado, se consumió en un solo acto. La astuta ingeniería de sus placas de relojería y músculos alambicados se derritió –a excepción de una negra caja- en la inmensidad amarilla de aquel paisaje montañoso; mientras una lluvia de obuses dirigida desde la Casamata Solar retomaba el castigo al hormiguero Hutu. Entonces, con la cabeza emboscada entre las crujientes rodillas, la Muerte tomó asiento, solitaria y cansada, en aquel muscular desierto de rocas. Y se adueñó del silencio”…
 
   Le vi de lejos (comentó el Controlador). Por su parte, El Detector concluyó su trabajo recuperando el chip cerebral para la red de clones humanoides del Señor de Relaciones Públicas y Gran Hermano, y regresó al Cuartel.- [4] 

©ADRIÁN NÉSTOR ESCUDERO, poeta y escritor argentino,
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

BREVIARIO CURRICULAR
ADRIÁN NÉSTOR ESCUDERO GONZÁLEZ. N. Santa Fe (SF), Argentina (A), 1951. Casado. CPN/MDE (CT). Ex Docente UNL; ex Docente y Académico UCSF. Como ESCRITOR cultiva: cuento, ensayo y crónica; prologuista, conferencista, jurado y crítico literario. En Narrativa: 4 Libros Cuentos- gráficos: Los Últimos Días y O.C. (SF-A), 1977; Breve Sinfonía y O.C. (SF-A, 1990; Doctor de Mundos  I (CABA-A), 2000; y El Emperador ha muerto y O.C. (CABA,  A), 2018; 3 Libros Cuentos-E-books: Los Últimos Días y O. C. (Bogotá, Colombia),2018; Nostalgias del Futuro (Alicante, España), 2019 y Breve Sinfonía y O.C. (p. edic. Colombia, 2020); 5 Breviarios Narrativa-gráficos;  8 Libros Narrativa inéditos; 6 Libros Pensamientos/Reflexiones (2015/2020)-inéditos; 4 Nouvelles éditas/inéditas; y 5 Libros Narrativa en desarrollo. Entidades: ASDE, SADE-F.SF/A; IACHispánica-SF/A; AC El Puente SF/A; ASLectura/A; CIRCULOS INT. NARRADORES Y POETAS MERCOSUR – Rosario/A y Gualeguaychú/A; WWPO-Rosario/A; CLUB DE POETAS LATINOAMÉRICA (G. Baigorria/A); GRUPO APASIONADOS DE LAS LETRAS (Buenos Aires/A); ASOLAPO-Filial CABA/A; ASOCIACIÓN MUNDIAL DE ESCRITORES LATINOAMERICANOS (A), 2020; RED MUNDIAL ESCRITORES EN ESPAÑOL (Madrid); UNIÓN HISPANOMUNDIAL ESCRITORES (Quito); Presidente Colegiado UNILETRAS-SJ SIGLO XXI (Bogotá); Vicepresidente Editorial MAGAZIN VIRTUALARISTOS INTERNACIONAL (Alicante); Miembro Honor FUNDACION CÉSAR E. SERRANO (Madrid); y del CERCLE UNIVERSAL AMBASSADEURS PAIX (Ambilly, France/Suisse)-E-Mail: adrianescotmail.com




De cómo nació la palabra cronopio., Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina

Eres cronopio o eres fama? | Noticias | teleSUR

De cómo nació la palabra cronopio.


He mencionado en más de una oportunidad mi paso por el Profesorado en Letras, uno de los mejores institutos pedagógicos que tuvo el país, que tuvo Hispanoamérica. Hombres de prestigio pasaron por sus aulas. Intelectuales, escritores, científicos, pedagogos, políticos fueron educados en ese claustro. Recordemos que la Escuela Normal Superior de Profesores Mariano Acosta fue fundado el 16 de junio de 1874. De sus cátedras egresaron Marcelo T. de Alvear, Julio A. Roca, Américo Ghioldi, José Luis Romero, Manuel Sadosky, Pablo Pizzurno, Alfrerdo Van Gelderen, Luis Zanotti, Julio Cortázar, Leopoldo Marechal, Fermín Estrella Gutiérrez, Arturo Marasso, Enrique Santos Discepolo, Felipe Boero, Pio Collivadino…
El profesorado era una elite cultural, humanista. Allí veíamos las disciplinas lingüísticas, las sustancias y las formas, los morfos y los morfemas. Un discurrir asombroso, un itinerario afectivo, una traducción permanente del amor hacia las artes. Tuve la fortuna de asistir a clases, entre otros, con profesores de nivel internacional, seres irrepetibles. Algunos de ellos fueron Germán Orduna, Lorenzo Mascialino, Julio Balderrama, Rodolfo Modern, Lidia Siffredi, Juan Sibermahart, Ángel Mazzei, Ricardo Ayabar, Reynaldo Carlos Ocerín… La personalidad de Julio Balderrama descollaba. Como afirma el profesor Domingo Tavarone era de “una generosidad intelectual ilimitada”. Todos honraron la educación argentina pero Balderrama fue un ser de una erudición inimaginable. El rigor y la sabiduría de su palabra ofrecían un cosmos, nos alejaba de la niebla de un mundo que se volvía dogmático, autoritario.

Fueron estos docentes quienes – desde la pasión, la ética, la generosidad – ocasionaron en mí la búsqueda del estudio en cada acto, el placer y la admiración del hecho estético. En ellos no sólo habitaba el conocimiento, también el humor y la modestia eran condiciones indispensables de la coherencia. Nos concentrábamos en la literatura comparada, en el análisis, en las obras de teatro clásico y en los grandes hombres de las artes plásticas o la filosofía. Todo se unía con una suerte de facilidad. También el juicio crítico era implacable. Jóvenes estudiantes comenzábamos a descubrir la aureola sagrada de cada época, de cada autor, de cada historia. Nos sumergíamos en un universo de interminables lecturas, de viajes, de imágenes, de silencios, de evocaciones, de disquisiciones etimológicas. Fue entonces cuando la sensibilidad fue parte del significado: la leyenda y el mito de la creación se fusionaban en lo mágico.
Días pasados tuve la oportunidad de descubrir un artículo de Marcelo Zapata publicado en un diario. Nos trae el recuerdo de otro de los profesores que tuvimos en Latín y Griego. Lorenzo Mascialino nos hablaba permanentemente en latín, nos hablaba de Cicerón como si viviera en la casa de al lado, nos recitaba Dante o Virgilio antes de entrar al aula, desde la puerta. Ovidio o Píndaro eran nuestros vecinos. Nos relata Marcelo Zapata.
…en uno de esos encuentros, contó años después Mascialino a algunos de sus discípulos, se habían puesto a imaginar, junto con Cortázar, un mundo fantástico en el que existieran criaturas que pudieran ver, físicamente, las dos dimensiones: no sólo el espacio, sino también el tiempo.
–¿Y cómo llamaríamos, para usar una palabra griega, a ese ser capaz de percibir el tiempo con sus propios ojos? –desafió Cortázar a Mascialino.
Éste lo pensó un momento, y respondió sin titubear:
–Cronopio. Se llamaría cronopio, por supuesto.
La síntesis era perfecta. Como explica otro testigo del relato de Mascialino, Luis Ángel Castello, titular de la cátedra de griego en la UBA: «‘Cronos’, como es bien sabido, es ‘tiempo’, y la desinencia ‘-opios’ viene del verbo ‘horao’ (que significa ‘ver’, ‘mirar con atención’, de cuyo futuro ‘hopsomai’ (sale ‘opsis’ (de la que nacen tantas palabras como ‘óptica’, ‘autopsia’, etcétera. Cronopio, entonces, es el que ve el tiempo».
No hay testimonios de que Cortázar después de su festejada “Historias de cronopios y de famas”, le haya reconocido a Mascialino la creación de la que en el futuro de la literatura argentina sería palabra tan célebre.
Pero a él tampoco le preocupaba. “Seguramente le gustó y se acordó de ella cuando escribió el libro”, lo disculpaba Mascialino, quien nunca demostró otra preocupación que la de incorporar, a lo largo de su vida, el conocimiento de la mayor cantidad posible de las lenguas llamadas «falsamente» muertas. “La gente sigue hablando latín, y no se da cuenta”, como decía en tantas de sus clases.
Ahora, mi confesión. Nuestro profesor de Latín solía compartir cada tanto con algunos de sus alumnos – entre los que me encontraba – una suerte de velada en una pizzería próxima. Unas porciones acompañadas con un vaso de vino tinto. “Vamos a hablar de la vida, de la vida. Dejemos la literatura, lo importante es la vida”. En una de esas noches nos contó este hecho que hoy recordamos gracias a Marcelo Zapata. Obnubilados por la literatura y el hechizo de Cortázar, no le creímos. Mis disculpas caro profesor. Mis disculpas. In vino veritas.
Buenos Aires, junio de 2020

©CARLOS PENELAS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA