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sábado, 16 de febrero de 2019

DÍA DEL AMOR I DE LA AMISTAD, Luz Samanez Paz, Cusco, Perú

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DÍA DEL AMOR I DE LA AMISTAD

LUZ SAMANEZ PAZ, Presidenta de ASOLAPO Internacional
 
LA AMISTAD

La amistad, es un regalo. Es el único sentimiento que nos llega como un don: sin obligación i sin deber. Es un hallazgo, una sorpresa, una dulzura inesperada, una hermana amorosa sin vínculos de sangre, mas con vínculos de voluntad i de alma.
 
Es un techo donde nos guarecemos, un árbol donde encontramos fresco i reposo. Es la compañera que no engaña, el tesoro que nos es brindado, el escudo tras el cual vamos protegidos.
 
Es cuando tenemos decepciones, la fe ganada. Es el corazón i los brazos abiertos.
 
LA AMISTAD
LUZ SAMANEZ PAZ
 
La amistad crece cantando los años,
mientras el río brama contra las peñas,
invadiendo la amplitud de las playas de la vida
i cubriendo el pedrerío de diamantes.
 
La amistad, corre en nuestras venas 
i en nuestro corazón...
como en los torrentes cristalinos el agua clara, 
llegando como dulce bendición de las alturas,
para hacer el milagro de la amistad.
 
La amistad, se anuncia como la primavera,
con el renacimiento de la flor, del ave,
percibiendo sus matices de pétalos i sedas,
llenos de mucho amor i ternura.
 
EL AMOR

Siempre sin excepción, el AMOR es caro porque lo pagamos con nuestro dolor, el dolor es la moneda que él, impone...


En los dominios del AMOR solo corre su moneda, la que él, fabrica sin cesar. La que se acuña con lágrimas i desazones, con celos i desconfianzas, con esperanza i fe.

Justamente porque nos hace padecer, es el sentimiento que más nos purifica, que más nos acerca a la bondad i que más fácilmente nos perfecciona.

Por eso que los sabios aconsejan amar mucho, varias veces, en cada vez que se pierda al AMOR, hay que volverle a encontrar.

Amar en todos los instantes de la vida, ya que es el AMOR el que agita la existencia, el que engendra la bondad, el que da coraje, ya que el AMOR es el eje del mundo i el divino secreto de todas las almas.

NUESTRO AMOR
LUZ SAMANEZ PAZ

Nuestro amor,
se basa en detalles secretos...
En la misma ternura
que te lleva besarme,
en mitad de la noche.
O la mirada de mis ojos
que armonizan,
con los árboles altos
de la madrugada.

Mientras te amo así,
una vez más
sobre la alfombra roja,
con el bullicio de los pájaros afuera.
Mientras la gente,
se complica en cosas triviales.

Podría morir de veranos i de quimeras,
cuando me acaricias
como si fuera una orquídea,
abierta i perfumada
sin tiempo para lamentar,
mis penas personales.

LA NOSTALGIA DEL AMOR

¡Oh! las tristes e interminables horas de amor i de nostalgia... ¿Quién que haya amado, vivido i sufrido, ignora de ellas el amargo sabor?

Son horas en que el corazón languidece, en que nos sentimos arrancadas del rumor de la vida...

Largas horas de nostalgia, la grave enfermedad del alma, en cuyo transcurso nos invade con fuerza desesperante  la añoranza, cual se las heridas que nos infirió la vida, se irritasen al máximo.

Intenso estado enfermizo, sin tibiezas para el corazón. 'Oh! las horas hondas i terribles de tristeza. Lo cierto, es que sin sollozos la nostalgia nos arranca lágrimas amargas.

MI CORAZÓN MELANCÓLICO SUSPIRA
LUZ SAMANEZ PAZ

Mientras mi corazón melancólico suspira,
los ardientes poemas de mi eterna fantasía.
Mientras que en la lejanía gime el viento
i llora la lluvia sobre las verdes copas
de los sauces llorones... 

Llora silencios la tarde
dentro de sus ojos grises,
siento una cruz
clavada en mi corazón.
El dolor crece del silencio
de la misma noche.

Vuelan con las alas extendidas
las dulces golondrinas,
que son suspiros que se escapan
de los labios de la sombra
i muere el CRISTO triste i pálido,
de mi pensamiento...

Porque ha venido
el cansancio infinito,
a clavarse en mis ojos al fin.
El cansancio del día que muere,
i del alba que debe venir,
el cansancio del cielo de añil.

EL SIGNIFICADO DEL AMOR, Carlos Ascencio Barillas, San Salvador.

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EL SIGNIFICADO DEL AMOR

                                                                                                                                                    
El amor es un sentimiento que viene con nuestra naturaleza humana, el mundo está lleno de amor, el amor vence todos los obstáculos, es noble, es encantador, es benevolente, misericordioso, dadivoso, limpia el alma de todas las impurezas contaminantes, el amor es agradecido, sabe esperar, tolerar, comprender, entender, razonar, y sobre todo siempre sabe perdonar,, el amor es bello, es maravilloso, no tiene envidia, ni avaricia, ni ambición, el amor no es hipócrita, soporta con resignación todos los sufrimientos, hasta sabe amar a los que no lo entienden, el amor aplaca la ira, la irracionalidad, el odio, la mentira, la vanidad, y hasta el desprecio. El amor despierta con el alma, da fuerza para el trabajo, nos hace ser solidarios con los demás. Me refiero para con los oprimidos, los desposeídos, los menesterosos. El amor es inmensurable, no se puede comparar ni con el oro, ni la plata, ni las riquezas más preciosas, porque solo el amor le da vida a la vida, inspira a los humanos, a cuidar nuestro mundo, nuestras montañas, nuestros ríos, nuestros mares, nuestras ciudades, nuestra tierra, y sobre todo, nos ha dado el privilegio indiscutible que solo el amor es el único don que nos acerca a Dios y a todas las bendiciones que recibimos de su gracia.

San Salvador 14 de Febrero de 2019


©CARLOS ASCENCIO BARILLAS, poeta y escritor salvadoreño
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA





ESTACIONES DE TINTA NEGRA, Ana María Raffaelli, Buenos Aires, Argentina

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ESTACIONES DE TINTA NEGRA

EN UNA ESFERA YACE LA ESPERA
LA OSCURIDAD TOTAL DEJA SOLO UN HALO DE LUZ.
PENETRA EN LOS OJOS TRISTE Y PERDIDA.
LA NATURALEZA SE REPRIME Y DEJA QUE AVANCE
LO ANUNCIADO.
GIMEN LOS MONTES.
EL CIELO SE HA ESPESADO
GIMEN LOS MONTES ENTRE LAS HIERBAS Y LAS BESTIAS
YA EN TODO EL ENTORNO LA LUZ NO SE MUESTRA
Y EN ESTA PENUMBRA LA MENTE DIVAGA…
Y SE MIENTE: “ESTO SERA LA NADA”
DIME TU SI NUEVAMENTE ENGENDRARAS LA LUZ
ESA QUE OCULTASTE DE ESAS YA MARCHITAS PUPILAS
UNA PAUSA MARCA EL TIEMPO
Y YA REVIVE LENTAMENTE LA LUZ EN LA MENTE.

©ANA MARIA RAFFAELLI, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



SENTIMIENTOS, Guillermo Fernández del Carpio, Arequipa, Perú

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SENTIMIENTOS

Sentimos a veces, más a la noche que a la tarde o el día.
Nuestras noches, tienen la memoria del sueño y el enigma del mañana.
Sentimos a veces, menos el recuerdo y más el olvido.
Sentimos a veces, más al ruido que al silencio.
El otoño, me sabe igual al invierno,
porque las hojas y el viento, acarician aquello que siento.
Las noches me dictan aquello que viviré
y yo nunca duermo, siempre sueño.
Siento a Dios como un niño imaginando todo un universo.
Siento que Dios inspira mis pensamientos y versos.
Quizás sentimos lo mismo que Dios siente,
porque todos tenemos un niño Jesús en la guarida de nuestros sentimientos.
Siento a mi Madre, cada día en mis pensamientos.
A ella le debo los oficios de la lectura y la escritura.
Siento que yo no conoceré a la longevidad,
ni la virtud de la sabiduría de los años.
¿Será que los sentimientos nos dicen aquello que viviremos?
Los sentimientos dicen aquello que somos.
Una niña alegría es la lírica de mis sentimientos.
Las noches y las estrellas me suelen dictar algunos versos,
que pueden ser célebres o inéditos.
Yo nunca duermo siempre sueño.
Siento más a la nostalgia que a la dicha de la algarabía,
y así es desde que era infante.
Siento que he vivido más de los años que tengo.
Siento que mi vida es una lucha constante contra la oscura adversidad.
Siento la compañía de los personajes imaginados en los libros,
quizás el Quijote, sea mi mejor amigo.
Él igual que yo, nunca duerme, siempre sueña.
Y ya siento un domingo por la mañana como mi último respiro.
Siento que la vida es un tiempo que gratuitamente nos ha sido dado.
Es un instante y momentos, que tienen gozo y también lamento.
Yo soy un instante de aquel instante,
que siempre está despierto, pensando en versos.


©GUILLERMO FERNÁNDEZ DEL CARPIO, poeta y escritor peruano
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


domingo, 10 de febrero de 2019

POEMA EXALTADO, Norberto Pannone, Buenos Aires, Argentina


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Imagen de: Revista Cronopio



POEMA EXALTADO

Qué te ocurre poeta con las dudas
que al crecer de la vida, te devoran?
Ya no juzgas las caricias de las putas
ni el ateo dolor de la señora
que alguna vez  se queda sola
y usa sólo un ojo cuando llora?

Qué los parió a los gatos
que acarician las piernas con su cola..!
Me apena el niño, que al encargo,
viene a pedir sumiso la limosna!
Me asombra la rubia señorona
que porta el antifaz de joven moza! 

Qué te ocurre poeta, ya no escribes
de la memoria, la nostalgia y el amigo;
ni del evoco juvencial que concluía
en el apuro genital, definitivo?
¡Arrinconaste la quimera que buscabas
en la torpe estampa del olvido!

Qué te ocurre poeta, ¿no aprendiste?
la promesa es cuestión desvergonzada
y la noble sonrisa ya no existe;
fue un ingrato tempesteo de verano,
urgencia de que el otro satisfaga
su ridículo ego tan humano.

©NORBERTO PANNONE, poeta y escritor argentino
del libro “EL OJO DE LA TORMENTA”
Ed, Buenos, Argentina, 2015.
norbertopannone@gmail.com



LA VIDA EN TUS OJOS, Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina

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LA VIDA EN TUS OJOS

La vida se recoge en tus ojos,
se desliza en bellas palabras,
en ardientes designios que restituyen
la íntima magia del fuego.
Amada, como un príncipe solitario
busco mi destino en la voz desvalida,
en la oración de la videncia
que purga los rigores del tedio
o los rostros hipócritas de la ciudad.
Delicada y bella me acompañas
sobre el terror del orden y la gloria.
Sé que tus senos necesitan el ritual
de mi tacto, el efímero asombro.
Esto soy, en la desnuda calma de tu lecho.

                                                      (“Al amoroso fuego”, 1987) 

©CARLOS PENELAS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA



EL INSTITUTO DE LA RESUCITACIÓN, Ángel Medina, Málaga, España
















EL INSTITUTO DE LA RESUCITACIÓN

Conocía a aquel hombre desde hacía años. Un día enfermó, hasta el punto de correr riesgo su vida, siendo internado. Por aquellos días yo me encontraba ausente. Mi amigo era un hombre  que amaba la belleza. Era licenciado en Bellas Artes y practicaba con notable éxito la escultura y la pintura, y su inquieto espíritu se abría a todo lo que fuese expresión artística, como la literatura y la música. Yo solía hablar con él para enriquecer mi conocimiento (es sabido que mucha gente resulta banal en sus conversaciones ,que se reducen a los deportes o a comentar las noticias sensacionalistas o del corazón); lo mismo conversábamos sobre los viejos filósofos, muchas de cuyas obras siguen vigentes hoy, como “La República”, de Platón o “El discurso del método”, de Descartes, que  sobre los maestros de la pintura, cuya genialidad se plasma en grandes expresiones pictóricas ( recuerdo que una vez me comentó con gran prodigalidad de detalles acerca  del cuadro “La Venus del espejo”, de Velázquez, que se exhibe en “La National Gallery”, de Londres, del cual parece ser que pintó tres desnudos y sólo se conserva este retrato, creando su propia imagen de la divinidad, aunque la idea de pintarla de espaldas, sosteniendo Cupido el espejo en el que se perfila su autor, procedía de Tiziano, haciendo la observación para que me fijara en la lámina, en cuya posición  no debería resultar posible  ser reflejado el rostro). Un verdadero preciosista, en toda la extensión del término.

Al cabo del tiempo volvimos a encontrarnos y lo noté algo extraño. Parecía frío e insensible, rehusando hablar de aquellos apasionantes temas, por más que yo insistiera. Finalmente, me hizo una pregunta desconcertante.
-          ¿Te gustaría poder resucitar?
-          ¿De qué me estás hablando?- contra pregunté escéptico.

Por toda respuesta, me dijo entonces:
-          Mejor que lo veas. ¡Acompáñame!

El taxi nos condujo a un lúgubre caserón situado a las afueras de la ciudad. Anochecía, y las luciérnagas comenzaban a invadir la bóveda del cielo que se desplegaba sobre nuestras cabezas, haciéndome sentir la pequeñez de lo que es ser hombre. Nos recibió un hombrecillo de aspecto algo tétrico. Era muy alto y enjuto de carnes, cabello escaso, desordenado y grisáceo, algo quijotesco, ojos hundidos y enormes bolsas que bordeaban las cuencas, orlando sus mejillas una barbita lampiña. Su rostro era alargado y los pómulos salientes como dos manzanas maduras. Calculé que debía frisar los ochenta o quizá algo más, caminando a zancadas, doblando el espinazo a cada paso que daba. Su raquitismo lo  cubría un traje  negro y zapatos del mismo color, pareciéndome que coqueteaba con las pompas fúnebres.

Descendimos por una escalera de caracol repleta de óxido que venía a extinguirse en el inicio de un largo corredor, a cuyo fondo había una puerta blindada. Dentro de la estancia que custodiaba el hierro se encontraba un hombre de compostura bonachona y regordeta,  y en uno de los extremos una mesa metálica que soportaba el peso de una máquina de electroshock, una vitrina con tarros y jeringuillas, y una cámara frigorífica, antojándoseme que todo aquello era una sala de despieces.

Después  que nuestro anfitrión se embutiese  en una bata oscura, cuyo peto estaba reforzado por un hule,  chasqueó los dedos y el ayudante penetró en un cuarto  contiguo para regresar al poco portando una camilla sobre la que descansaba el cuerpo de un cadáver. Antes que tuviese tiempo para reaccionar, mi amigo me dijo que el doctor Molokov era un reputado científico formado en la extinta Unión Soviética, el cual investigaba la muerte y trabajaba en un proyecto mundial de resucitación, habiendo conseguido antes  notables éxitos con animales. Yo no sabía si sonreír, enfadarme por el misterio con que me había conducido hasta allí, o salir corriendo. Pero la curiosidad me retuvo, queriendo ver el final de aquella farsa. Como me encontraba algo histérico, aduje que una cosa era  los experimentos con bestias y conseguir alguna reacción de tipo nervioso y otra bien distinta aquel propósito con humanos. Pero mi incertidumbre aumentó cuando me dijo: “¡También! ¡También!. Ten paciencia”. A lo que contra-objeté: “¿Y tú qué sabes?”, escuchando de sus labios: “¡Te lo digo yo!,” reafirmándose, aunque sin poder ser más explícito ante la inquietante y penetrante mirada del sabio.

Aquél parecía el cuerpo de un mendigo. Personas que malviven y acaban reventándoles el hígado de tanto tetrabrik de vino peleón, o hastiados de la vida terminan por arrojarse por un puente.

Molokov retiró la sábana que lo cubría, dejando su cuerpo al desnudo. No debía hacer mucho que se había apagado su vida y, para verificar su estado- yo creo que fue una exhibición para impresionarme- le untó con crema, conectó unos electrodos y le aplicó una descarga eléctrica. Al notarla, los músculos reaccionaron como si quisieran saltar del interior del cuerpo (fue inevitable que me remontase a la niñez, cuando una Navidad degollaron en casa a un hermoso pollo, y decapitado dio un   brinco, desparramándose la sangre a borbotones, alcanzando el techo), y, observándolo con detalle, me sobresalté.
El docto me miró displicente y me dijo:
-          La homeostasis se ocupa de las variaciones de la temperatura en los organismos que aún conservan vida. Es evidente que este hombre está muerto, pero no lleva mucho tiempo, pues la musculatura ha respondido al estímulo. Pronto se advertirán en él los cambios postmortem. Primero, la rigidez de la cara. Después, sobrevendrá a brazos y tórax, hasta alcanzar las piernas, y antes de las veinticuatro horas será completa. La autolisis, es decir, la devastación de los tejidos, hará el resto. Finalmente, cuando esté completamente destruido se iniciará la putrefacción. ¡Yo lo evitaré!
-          ¿Cómo…?- balbucí estupefacto.
-          Resucitándolo.

Al escucharle hablar con tanta convicción, sentí un espasmo. Pero, haciendo de tripas corazón, asentí, invitándole a proseguir.
-          Esto es la visión de lo que nos ha de pasar a cada uno de nosotros. Sin embargo, la misión de la ciencia es investigarlo todo, incluso al peor de los males que es la muerte. Porque el proceso de la muerte no es sólo lo que usted contempla ahora, sino sobre todo la desesperanza de eso que llamamos “espíritu” o “alma” y que yo prefiero denominar como “conciencia”; y es que, al morir enterramos para siempre el deseo de vivir. A la aniquilación material se ha de añadir la destrucción del “ser”. Si nacemos para vivir, si la vida impregna toda nuestra persona ¿por qué hemos de morir? ¿Qué contradicción de la naturaleza es esta? ¿Qué imagen de dioses somos si acabamos convertidos en gusanos, auto-devorándonos la corrupción de un sepulcro?

En tanto pronunciaba su discurso material-metafísico, Molokov hizo una indicación a su esquelético ayudante, el cual le proporcionó un frasco con un componente desconocido, carente de etiqueta alguna, figurándome  que debía ser de su invención, así como una jeringuilla dotada de una aguja extremadamente  larga. Luego, fue pinchándole en diferentes zonas del cuerpo el compuesto- me aclaró que era celular- y poco a poco fue atenuándose el rigor mortis. Finalmente, le practicó una pequeña trepanación e introdujo el catéter por el orificio, penetrando a través del mismo la solución. Confieso que me asusté al verle mover las manos y recuperar paulatinamente el color perdido. Pero cuando realmente casi me desmayo, fue al verificar que, siguiendo su mandato, como aquel Lázaro que volvió a la vida- no me gusta la comparación, y todo lo visto, aún pasando por el tamiz de mis propios ojos, me resulta un acto de brujería- le ordenó con voz  autoritaria que se levantase.

Mis ojos expresaron el espanto. No así mi amigo, ni el científico, que se frotaba las manos de satisfacción, seguro de que acabaría siendo reconocido por la Academia de las Ciencias, y también por la propia humanidad. Vencido el aguijón de la aniquilación, el peor de los males temidos por los hombres, todo se reduciría a un pesado sueño. Entonces, me decidí a preguntarle.
-          Estoy sorprendido, Profesor. Pero, dígame ¿qué sucede después de experimentar volver a la vida tras el hecho biológico de la muerte? ¿Cómo ha de reaccionar el resucitado?

El lumbrera miró a mi amigo. Era evidente su complicidad. Al punto,  me dijo con tono paternal, que aunque había dado el primer paso, todo era mejorable. Ciertamente, había recuperado la materia muerta, transformándola en viva y para ello las nuevas células eran las artífices. Estaba en condiciones de resucitar el envoltorio humano, no así el espíritu.
-          Lo hombres a los que resucito- me confesó- recuperan el cuerpo, pero no el alma. Todavía no estoy en condiciones de volver a traerles la sustancia de la sensibilidad: en una palabra, el recreo de la belleza que representa el arte. Para eso tendremos que aguardar. Estos son los albores.

Guardó silencio durante unos segundos, quedando yo pasmado. Mi testa estaba convulsionada y  comenzaba a comprender. Y echándole la mano por encima de su  hombro  lo apartó de mí y se lo llevó al otro extremo de la sala, cuchicheándole, a la par  que el resucitado bostezaba con cara de lelo.
-          ¿Le ha dicho usted que?- me pareció escuchar.

Cuando regresaron al lugar en el que me habían dejado, encontraron que yo ya no estaba allí. Apresuradamente salí de aquel Instituto de la resucitación, en tanto que mis neuronas hervían en busca de alguna explicación a lo sucedido. Era lo que había experimentado mi amigo cuando fue sorprendido por la crisis que le condujo hasta la muerte, deduciendo que previamente debía de tener  contratado los servicios de Molokov para el caso de que fuese necesaria su reanimación corporal. Corporal, sí, porque, como pude comprobar, había perdido cuando lo encontré su interés por la belleza y lo sensible. Un hombre que se recreaba en la admiración por el arte, había quedado relegado a la condición de la insensibilidad. Y eso se me antojaba tanto como vender su alma. Yo, aunque amaba la vida, prefería ser una persona, con sus limitaciones en el tiempo, sí, pero tal como la naturaleza me había creado. Hombre y no medio hombre.  No me agradaba la posibilidad de llegar a convertirme en un autómata.

Ya no volvimos a vernos. No sé si volvió a tener una segunda muerte y una nueva resucitación. Tampoco me importa. Yo prefiero seguir siendo yo mismo. Una persona con toda la acepción de la palabra. Aunque con la limitación que impone Cronos, con cuerpo y alma.

©ÁNGEL MEDINA, poeta y escritor español
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
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sábado, 9 de febrero de 2019

SIEMBRA, Favio Ceballos, Granadero Baigorria, Santa Fe, Argentina

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SIEMBRA

Si digo sublime
minimizó hasta el hartazgo
al tenaz gusano.
Si digo valiente
me confieso primero
y desdeño la frescura
de la sombra... piadosa.
Si no te pronuncio y te niego, balbuceo solamente una oda inconclusa y me pierdo
en el rumbo fijo del florecer.
Amanece,
no es poco
y esta ruindad del ser,
que se agazapa,
me disipa la eternidad
en los mecanismos pactados del florecer.
Vuelvo a ti que sabes escuchar
lo que se ofrece.
Y es la misión la que sostiene
la encarnadura pulida al sol.
No respondas más,
lo interrogado no es lo esencial.
Si digo tu nombre
la dualidad se desvanece.
En mi mano digo una semilla
y siento la respiración del bosque.
Toma mi mano frutecida del verbo
y dime tú Silencio de primavera
en la hora que no muere.
Lo que guardas no espera. Despiertas y amanezco.
Es hora de sembrar otro desierto.


©FAVIO CEBALLOS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINO

PODERES, Soledad Vignolo, Junín, Buenos Aires, Argentina

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Imagen de: La Gaceta


PODERES

En el pueblo lo llamaban Tata, nadie sabía por qué. Tata tenía buena suerte, era querido, de vez en cuando lo abrazaban, alguna vez fue feliz y en un momento dado sintió que el mundo le pertenecía. Sí, el mundo, con toda su indiferencia y bipolaridad. Al fin de cuentas uno construye su propia realidad en base a ficciones cotidianas. ¿O qué pensás que es tu vida?. Una suma tolerable de mentiras que se transforman en tu pos verdad. Y la de Tata era ésa. Y punto.
            En el pueblo no vivía mucha gente. Manzanero se había creado en torno a una estación ferroviaria de carga y descarga y las casas eran siete. La del guarda, que seguía viviendo allí a los noventa años con sus nietos Jerónimo y Rosa, y las de los capataces de la estancia Las Potras. Rubén, Don Tito, Claudia Ramos y Raquel David vivían en la estancia. Los patrones venían dos veces por año a fiscalizar
_ Vienen y chusmean todo y se van- decía Don Tito a viva voz.
            Había una sola calle mejorada y era la que más le gustaba a Tata. Iba y venía a diario por ella contando las piedras y suspirando. Una vez cayó y se raspó el codo y decidió no curarse nunca. Si se hacía cáscara la arrancaba. Si sanaba raspaba la herida en la calle para volver a verse bien. Con sangre. Humano. Porque Tata tenía algunas dudas sobre su procedencia. No tenía padres ni hermanos ni familia. Nada. Y nadie sabía muy bien de dónde salió.
            Para que no olvidaran su existencia Tata cantaba mientras pasaba por las siete casas pobladas y si llegaba a la entrada de la estancia silbaba fuerte. Un día Don Tito le respondió. Aunque un bicho feo silbaba igual que Don Tito. Pero él decidió que era una respuesta. Y ya.
            Al atardecer, Tata emprendía una búsqueda frenética del día, porque la noche era la muerte. Con la noche desaparecían los sueños, los árboles se volvían sombra y las casas dejaban de ser. La noche creaba fantasmas que trepaban los cables y las antenas de televisión digital. Se transformaba en un cúmulo de miedos terrenos, y en ocasiones hasta el lucero partía su luz en múltiples umbrías que lo aterraban. Y entonces para que lo diurno permanezca, Tata cantaba a los gritos y corría desenfrenado por Manzanero como si el diablo lo persiguiera.
            Tata murió sonriendo, de día, a los cuarenta y seis años.
No tiene tumba, nadie sabe bien que se hizo de su cuerpo. Don Tito sigue igual, Rubén Claudia Ramos, Raquel David, siguen idénticas. El guarda y sus nietos Jerónimo y Rosa no cambiaron. La estancia Las Potras quedó intacta. Y Manzanero es el único pueblo del mundo donde el tiempo no pasa y la noche no llega.

©SOLEDAD VIGNOLO, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA