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sábado, 28 de julio de 2018

“EL CANDIL” , Ángel Medina, Málaga, España






















“EL CANDIL” 
                                                                                                      
Siempre he admirado la figura de Diógenes de Sinope por varias razones: no sentirse atado a nada ni a nadie y la capacidad de sintetizar su pensamiento.  Un sabio sencillo y profundo del que se cuentan dos anécdotas que esbozan su `personalidad. Una, la respuesta que dio a Alejandro el Magno cuando fue a visitarle y le encontró calentándose dentro de un tonel. El rey le preguntó qué podía hacer por él, respondiéndole: “Quitarte de en medio para poder disfrutar del sol”. Otra, cuando anduvo por el Ágora, centro de la vida social ateniense, portando un candil a plena luz del día. Y, demandándosele por su extraña actitud, respondió: “Estoy buscando a un hombre”.  
El ruido del mundo y los propios nos impiden conocernos, y quien no se conoce acaba siendo un extraño para sí mismo. La vida es breve, y nosotros, que debemos vivirnos somos vividos la mayor de las veces por un nihilismo que no ofrece salidas, haciéndonos desconfiar sumidos en un vacío existencial.
Un hombre es su pensamiento. Y éste fruto de aquello que motiva su existencia. Animado por el personaje decidí hacer una prueba singular.
Con la lámpara imaginaria entre mis manos salí decidido a buscarlo y marché a un gran hospital, abordando al primer matasanos con el que me topé.
¿Qué hace usted aquí, doctora?
 Reparo personas para que puedan vivir.
¿Vivir para qué?
La vida es el proscenio del ocaso.
¿Y por qué muere?
Porque cae el telón que pone fin a la tragedia.
¿Sabe para qué nacemos?
Para morir. Y punto.
Viendo que la conversación se había convertido en un círculo sin salida, decidí darla por concluida. Una vez fuera dirigí mis pasos hacia la Penitenciaria del Estado y pregunté por el ajusticiador, reabriendo mi formulario mental.
¿Qué es lo que hace usted, señor verdugo?
Lo que nadie quiere.
¿Y por qué tiene que hacerlo?
De algo tengo que vivir.
¿Para qué vive?
Se me ha impuesto. Yo no lo pedí.
Su oficio ha debido familiarizarle con la muerte. ¿Sabe para qué se muere?
El polvo ha de volver a la tierra.
¿Y para qué ha nacido?
Para morir. Sólo para eso.
Como el sayón tampoco me había satisfecho con sus respuestas busqué alguien nuevo al que interviuvar, encontrando a un filósofo de reputado conocimiento, que me recibió en su biblioteca, en la que no faltaba algún que otro incunable.
¿A qué se dedica usted, señor intelectual?
A la reflexión.
¿Y por qué es usted pensador?
Alguien tiene que influir en los demás, y de algo he de vivir.
¿Podría explicarme para qué vive?
Pura inercia, porque al final todo acaba.
¿Sabría ilustrarme por qué razón se muere?
Somos como unas lucecita que se enciende en el Cosmos y súbitamente se desvanece. Sin más. Pura nada.
Entonces… ¿para qué ha nacido?
¿Qué es la vida sino un aborto de la muerte?
Me sentí profundamente desilusionado. Aquel insigne iluminador de ideas no me había respondido, y como las veces anteriores todo comenzaba para terminar mordiéndose la cola. ¿Es el hombre tan sólo una pasión inútil?
En el camino me topé con un manicomio, y desconociendo la razón accedí al interior. Allí se encontraban los desheredados de la tierra. Los que estorban y son apartados por la sociedad. Los leprosos de la mente, donde se recluye a los que posiblemente poseen una cordura distinta a la locura de los demás. Tras observar a mí alrededor, me acerqué a uno de ellos, espetándole:
¿Qué hace usted aquí, señor lunático?
Pasar los días. Es todo lo que puedo hacer.
¿Y por qué está en este lugar?
Me trajeron a la fuerza. Eso trae ir contra corrientes. Quien no sigue las pautas marcadas se constituye en una afrenta para el mundo.
¿Para qué vive usted?
La vida es la antesala de la tumba.
¿Por qué habla de muerte?
Es la otra cara de la vida. Un puente. Debemos entender la conexión entre ambas.
Al llegar a este punto – que confieso no esperaba de alguien del que se dice está enajenado – sentí un escalofrío que me animó a preguntarle:
¿Sabría darme alguna razón por la que ha nacido?
El hombre me miró con los ojos tiernos y húmedos. Luego, añadió:
He nacido para ser yo, pero no me han dejado.
¿Tendría la bondad de explicarse?
Los hombres no quieren hacerse preguntas embarazosas o de difícil explicación, cuando menos comprometidas. La sociedad desea vivir instalada en una nube plácida que no le complique la existencia. El Poder domina los medios y constantemente pretende adormecer nuestras conciencias bombardeándolas con lo intrascendente y opiáceo para así vendernos el consumismo material e ideologizarnos. La sociedad necesita hombres sumisos, borreguiles y que no piensen. Privarles del alma para inculcarles la materialidad.
Escuchándole, me preguntaba si sería necesaria la vesanía para obtener la respuesta más allá de la sensatez.
¿No consiste la evolución en un devenir? El hombre ha de concluir su propia evolución y ésta pasa por una ética personal y colectiva, que requiere enfrentarse con el mundo. Quien se oponga lo pagará perdiendo el don de la libertad. Ahora, ya conoce usted por qué estoy aquí.
Cuando abandoné el centro de internamiento tenía dos cosas meridianamente iluminadas por mi linterna. Una, la que me había contado el supuesto desequilibrado: quién se opone al sistema corre el riesgo de acabar devorado por él. La otra, la coincidencia de sus palabras con mis ideas. Pero, a la vista de lo visto, sería prudente no expresarlas públicamente, porque, como a él o al propio Diógenes me podrían igualmente tener por loco.

©ÁNGEL MEDINA, poeta y escritor español
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

CUBIERTO EL SENDERO, Antonio Las Heras, Buenos Aires, Argentina


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Imagen de Pinterest



CUBIERTO EL SENDERO

Cubierto el sendero imaginado
la espesa neblina de la duda
acrecienta con su vigor el miedo
El pánico anula todo movimiento.

La desdicha del alma no aparece
visible, en el rostro que es la máscara
de rígida alegría, aparente, pues
el dolor se desgaja de a migajas.

No habrá, ya, ilusión, sueño o fantasía
para modificar la inmóvil situación
en el amanecer y final de cada día.
Aún no comprendió… está muerto en vida.

Colonia del Sacramento (Uruguay), 29 de setiembre de 2016


©ANTONIO LAS HERAS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA


LOS TRASTERRADOS, Carlos Penelas, Buenos Aires, Argentina

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Imagen de: Federación de Asociaciones Gallegas



LOS TRASTERRADOS

a Pedro Penelas y Tomas Abad, mis abuelos


No preguntaron nada.
Vinieron en los barcos del hambre y la tristeza,
traían calderos, baúles, rezos.
Viajaron desde el bosque sobre el mar de la noche.
Campesinos absortos, insurrectos.
Eran hijos de viejos labradores,
de fraguas y neblinas,
de encinas que engendraron los dioses del destierro.
Cantaban en secreto un idioma de lluvias.
Venían con los ojos desplomados del alba,
con los oleos antiguos de los templos,
con las voces desnudas.
Sin capa, sin espada, sin gloria.
Llevaban la ceniza en pobres escudillas,
el luto por herencia, el olor de los huertos.
Y lunas que bordaron mujeres encorvadas
o señales intactas en perdidas aldeas.
Traían chaquetones, mantillas, linos, panas.
Recordaban las piedras de montes con olivos,
la brisa de los aparecidos,
el hechizo de las llamas en la piedad del lecho.
La cripta, el olor del mirto, la madera.
No preguntaron nada.
Abrían las ventanas, lavaban las cocinas,
renovaban coraje en sus fotografías.
No sabían escribir ni leer ni mentir.
Eran de un linaje misterioso, de un perfil delicado.
Ofrendaban soledad, inocencia, belleza.
No conocían museos ni héroes.
No sabían de libros, de patrias, de banderas.
Protegían sus santos con ajos y albahaca.
Se ocupaban de las cosas comunes:
del trabajo, del pan, de los hijos.
No expresaron fatiga ni dolor. Morían en silencio.
Llevaban en la sangre
el honor, la palabra, la brisca.
Bebían vino tinto. No reclamaron nada.
Caminaban el tiempo de otro tiempo.
Supieron comprobar lo efímero en miradas sagradas.
Fueron los reyes de mi infancia.
Sin mármoles ni bronces ni castillos.

Hoy evoco sus nombres, sus memorias, sus sueños.
No preguntaron nada. No pregunto nada. Camino.

©CARLOS PENELAS, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


VOCES PERDIDAS, Ady Yagur, Israel

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Imagen de: El sonido de mi tambor



VOCES PERDIDAS


Las calles están desiertas 
nadie atraviesa  rosales ,
perros ladran desolados 
en la esquina de mi casa.

Talvez alguien me diga
donde yacen mis padres,
algunos dicen en el cielo 
otros  en nidos de estrellas.

Voces a veces perdidas
se van cerrando los días,
la vida no tiene piedad 
entre nacidos geranios.

Dulce gacela de recuerdos
corazón que late en silencio,
aves vuelan de sus nidos
sepultando a mis versos.

Rayo que desgarra el alma
extraviados recuerdos ,
la furia del pasado llama
cuando la vida metralla.

©ADY YAGUR, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA




ASOLAPO INTERNACIONAL SALUDA A PERÚ, POR FIESTAS PATRIAS, Luz Samanez Paz, Cusco, Per{u

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Imagen de: Perú.com

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Gladys María Pratz

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Luz Samanez Paz


ASOLAPO INTERNACIONAL SALUDA A PERÚ, POR FIESTAS PATRIAS

HABLANDO CON GLADYS MARÍA PRATZ
LUZ SAMANEZ PAZ, Presidenta de ASOLAPO Internacional

¿GLADYS MARÍA PRATZ, estamos en el Mes de Fiestas Patrias, qué puedes decir del PERÚ, en este día?

Puedo decirle:
Nací en ti y mis gritos se escucharon al orbe, igual que a cualquier niño al que le arrancan la cuna. Y caminé en tu tierra pletórica y redonda, en tus bosques labrados y en tus bellas lagunas y en tu mar y tu cielo, tus Andes, tu Amazonas.

Todo era mío, el tiempo se encargó de prodigarme desde tu tierra pétrea a tu arena dorada y fui feliz, mi cuerpo se bañó entre tus aguas semejándose al vientre templado de mi madre.

Yo te amo como se aman las cosas inherentes a tu alma, insondable y estoico.

¿Qué poema puedes decirme de PERÚ, GLADYS MARÍA?

PERÚ
GLADYS MARÍA PRATZ

Me refresco en tu mar despierto al grito 
de tu arena soleada y misteriosa
eres Perú el canto de la rosa
sinfonía insondable al infinito.

Eres Perú sabana en la que agito
este cuerpo esta mente tan curiosa
empeñada en saber la esencia hermosa
en sentir tu verdad tu cruz tu mito.

Insondable es el tiempo en que creciste
y aún más hondo el soplo en que naciste
fuiste creado al rasgo del evento.

Que en ti Perú tu estancia y tu camino
se formaron al trazo en que el destino
en las manos de Dios se hizo portento.

¿GLADYS MARÍA, tú, has hecho dos libros al PERÚ, lo amas tanto?

Sí, lo amo como a la tierra en que nací, como a la tierra en que moriré, con ese amor inmenso que te sale del alma sin pensar. Como verdad total.

Así, amo a PERÚ Grande y Eterno.

¿Cómo definirías tú, a la POESÍA?

 La definiría como el don de la palabra, la canción de la palabra.


©LUZ SAMANEZ PAZ, poeta y escritora peruana
PRESIDENTE DE ASOLAPO INTERNACIONAL


sábado, 21 de julio de 2018

AMIGO, Jerónimo Castillo, San Luis, Argentina

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Imagen de: YouTube



AMIGO
                                                               
Hay una copa de cristal muy fino
en la que se sublima un sentimiento.
Hay un mecer de ramas por el viento.
Hay una semejanza a lo divino.
                                                              
Hay todo eso en el camino
del que se sabe amigo, y al momento
brinda su mano y corazón sediento
de hallar hermanos en igual destino.
                                                           
Es la amistad el cáliz ofrendado
en la palabra que contiene abrigo
con el amor que el cielo nos ha dado.
                                                             
Y al mismo cielo hallamos de testigo
cuando al decir amor hemos nombrado
lo que en nosotros representa amigo.
                                                            
©JERÓNIMO CASTILLO, poeta y escritor sanluiseño
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

Contacto con el autor: Jerónimo Castillo,  jeronimocastillo8@gmail.com