De La Serie Poética: "DESTELLOS"
LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA
ÚNICO ESPACIO OFICIAL DE DIFUSIÓN GRATUITA PARA NUESTROS MIEMBROS. NORBERTO PANNONE
De La Serie Poética: "DESTELLOS"
LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA
El
primer beso
Yo
ya me despedía… y palpitante
cerca mi labio de tus labios rojos,
«Hasta mañana», susurraste;
yo te miré a los ojos un instante
y tú cerraste sin pensar los ojos
y te di el primer beso: alcé la frente
iluminado por mi dicha cierta.
Salí
a la calle alborozadamente
mientras tu te asomabas a la puerta
mirándome encendida y sonriente.
Volví la cara en dulce arrobamiento,
y sin dejarte de mirar siquiera,
salté a un tranvía en raudo movimiento;
y me quedé mirándote un momento
y sonriendo con el alma entera,
y aún más te sonreí… Y en el tranvía
a un ansioso, sarcástico y curioso,
que nos miró a los dos con ironía,
le dije poniéndome dichoso:
-«Perdóneme, Señor esta alegría.»
AMADO NERVO, México
EL VIENTO
EN EL POSTIGO
Metódico / el viento en el
postigo.
Lastimero / el aullido de
agosto
desflecando un vástago del
sur
que va patinando / gélido
/
en la sien de la tarde.
Vociferan / las sílabas.
Las letras
destrozan los plurales de
la Ausencia
que va dilatando / pérfida
muchacha /
el meneante ondular
del papel/ en la falda
escrita.
Tengo una tímida
conciencia
del vacío sillón / que
interminablemente
se hamaca / barriendo las
horas
ungiendo memorias y
desechando cáscaras de
recuerdos.
Mi mano / te poemiza
© BELKYS
LARCHER DE TEJEDA, poeta y escritora argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE
ASOLAPO ARGENTINA
EL SILENCIO, el silencio de las cosas que padecemos
Un año más nos llenamos de
bullicio, alegría y fraternales encuentros, llegan los familiares y celebramos
ese evento, cada año repetido, de quien vino a sembrar el amor, el respeto, la
esperanza, que lo lograra y lo logre ya es algo diferente y creo que difícil.
Luego cada cual vuelve a sus lares, a sus obligaciones, a sus silencios.
Siempre
he pensado que el silencio es un valor elemental de nuestra convivencia y por
supuesto de nuestro comportamiento. Quien el silencio no respeta, pierde una
gran oportunidad de saber, ver y sentir un más allá, de lo que nos rodea.
La concentración para realizar un
trabajo intelectual debe de hacerse en silencio, ya que de otro modo, esa concentración
que buscamos se frustraría. Para la meditación, el estudio y un montón de cosas
más, el silencio nos es indispensable; es una actitud que nos pone en
disposición de poder escuchar a los demás y que ninguno de sus argumentos se
pierda.
Pero son muchos y diversos los
silencios que nos asisten. El silencio que ocultamos y que se muestra a los
demás a través de nuestros ojos con la tristeza que de ellos emana, porque el
silencio nos ayuda a ocultar nuestras penurias.
Silenciar nuestros problemas,
nuestras angustias, nuestros temores es una práctica normal.
Hay también un silencio cobarde, la
violencia contra niños y débiles ante la cual no nos rebelamos, ese sería el
peor de los silencios.
Cuántas veces hemos estado atentos a
ese silencio que emana constantemente a nuestro alrededor, es como dejar que
fluyan de nuestro interior unas llamadas que tanto tiempo hemos mantenido
calladas y en ese silencio, que nos imponemos, salen las voces que tantas cosas
nos sugieren.
Paseamos por el campo en silencio y
el ruido de ese silencio nos invade, nos seduce, es el ruido del silencio que
nos enriquece, pues ningún detalle de los que nos rodea se nos escapa, no, todo
capta nuestra atención, todo nos instruye silenciosamente.
No
queriendo molestar a los demás con nuestras inquietudes, las silenciamos, sí,
casi todo lo silenciamos, y no es malo, pues necesitamos o deducimos que al
igual que el proverbio árabe dice: “Si lo que vas a decir no vale tanto como el
silencio, mejor te callas”, sí, el silencio nos nutre de valor.
Indudablemente
que el silencio enriquece nuestras vidas, si lo usamos debidamente. Bueno, como
casi todo.
©SALOMÉ MOLTÓ, poeta y escritora de Alcoy, Alicante, España.
MIEMBRO
HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
OTRO AMANECER
Esperamos ver de nuevo
otro amanecer
otro despertar radiante de
luz y de color
con elegantes arreboles al
atardecer,
en noches de plenilunio
solicitas de amor.
Amanecer sereno en anchos
horizontes
llevando entre sus alas
los aires de candor,
gigantes amapolas danzando
entre montes
como perlas nacaradas de
esplendor.
Azulado amanecer, cándida
ilusión,
con asomo de crespones,
alegres lejanías
de montañas humildes
rezando la oración,
caravana de gaviotas
cantando letanías.
Claro amanecer con sabores
a nostalgia,
firmamento azul, suaves
nubes y bonanza,
frescos perfumes, hechizos
llenos de fragancia,
sencillo amanecer colmado
de esperanza.
Otro amanecer dulcificando
nuestra alma,
color de lilas y
brillantes alelíes,
romántico gobelino con
esbelta palma,
dorado amanecer cubierto
con rubíes.
©OLGA HÉRNÁNDEZ OSORIO, poeta
y escritora colombiana
Medellín enero 11 de 2021
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
EL
INDIO MALO
Lo vio venir por
el camino, al paso antojadizo del caballo. Su silueta grotesca balanceándose
sin respeto en el lomo del matungo carente de recado. Un cuero gastado de oveja
obraba a manera de cojinillo. Su figura se recortaba entre los álamos secos que
bordeaban la calle, perfilando la imagen incongruente en el telón de la tarde
polvorosa de aquel domingo ventoso de julio. Parecía no tener apuro.
La
vieja Dominga lo miró otra vez y dudó si sus sentimientos eran de rabia, de
lástima o de odio.
Eran las dos de la tarde.
Algunas gallinas descoloridas, porfiando
contra el viento, picaban ilusiones por el patio de tierra. Un par de galgos
flacos mostraban sus costillas refugiados al costado del maltrecho horno de
barro donde se cocinaba de tanto en tanto alguna hogaza de harina amasada con
apuro y con bastante sal. En un corral construido de palos y caprichosas ramas
de algarrobo, un par de famélicos y míseros caballos permanecían con las ancas
al viento, aguantando con sus clinas tusadas al extremo al tozudo pampero. Más
allá, debajo de una planta de mora, una chancha gruñía mientras amamantaba con
flacura a unos tres o cuatro lechones entecados y panzones. Detrás del
miserable rancho de barro, a unos cincuenta metros, un paupérrimo montecito de
acacias esparcía por el suelo sus hojas desahuciadas, mientras, alguna paloma
montera emitía desde sus ramas su vespertino canto lastimero.
La
Dominga entró al rancho y esperó que el chino hiciera su aparición por el
umbral de la única puerta que existía. De sobra sabía que, después, cuando el
ladino comenzara a roncar en el catre, le tocaría acomodar el matungo en el
corral.
Apretó los dientes cuando escuchó los
gritos desaforados del indio malo en el patio. Sabía de sobra que traía como
siempre, su malhumor y su infortunio de borracho prepotente. Ahora, vendrían
los reproches, las puteadas y las amenazas: “¡Loz voy a reventar a tiros hijos
’el diablo! ¡No zirven pa’ nada! ¡¿Dónde están los inútiles ‘e suz hijos?¡, y
pateando los miserables bancos de madera que estaban en la cocina, agitaba en
el aire el oxidado 38 que había comprado en un remate del boliche de los
gringos. Visto de frente, se advertían las puntas de los plomos que se asomaban
para espiar, burlándose del miedo atroz del pobre chinaje que se amontonada
aterrorizado en el rincón donde estaba el cajón de la leña y la bolsa con los
marlos.
Hasta las pulgas del cuzco ratonero
pararon las orejas y se acurrucaron temerosas entre los cuartos del animal.
El indio se sentó a la mesa ocupando la
cabecera y pidió de comer. La Dominga le alcanzó un plato de sopa de zapallo,
un pedazo de pan y la damajuana. El chino se acomodó y empezó a tomar el
brebaje ruidosamente, de tanto en tanto, se empinaba el recipiente hasta
fastidiarlo. Después de cada empine, exhalando múltiples amenazas, tomaba el
revolver por el caño y golpeaba fuertemente sobre la mesa. A veces, revoleaba
el arma por sobre su cabeza y vociferaba que “loj iba a matar a todoz”.
Después de varios tragos de sobremesa,
donde el silencio era lo único que se oía, el chino eructaba con placidez
estentórea. Luego, arrastrando su borrachera se tiraba en el catre donde a los
pocos minutos, dormía su sueño de macho cabrío, acompañado de asque-rosos
ronquidos. Su Colt 38, lo acompañaba alerta, dormitando ocasionalmente entre
sus manos, gozoso en el cómodo mecimiento del pecho del hombre.
La Dominga esperó con paciencia a que el
Indio profundizara su sueño de borracho y, con dedos de seda, le sacó el
revolver de las manos, tomó una vieja asada que estaba apoyada junto al horno
del pan y sigilosamente se dirigió al montecito de acacias que estaba detrás
del rancho. Cavó profundamente y enterró para siempre aquel malévolo
instrumento de tortura en las profundidades del terreno, luego, para disimular,
esparció con sumo cuidado las hojas secas sobre la tierra removida.
Demás está decir, que el chino durmió su
fiera borrachera hasta el otro día.
Cerca del mediodía, se despertó y buscó afanosamente el revolver
que siempre lo acompañaba. Manoteó entre las mantas, miró debajo del catre,
buscó en su cintura y... nada, el arma había desaparecido. Se incorporó de un
salto y buscó sobre la mesa y el fogón..., el 38 largo no estaba! –“¡Qué lo
parió!”, murmuró confundido. De inmediato,
se le escapó la bestia por la boca: -¡¡¡Dominga, donde ha puesto el
38!!!
-No ze patrón, respondió
parsimoniosamente su mujer sin levantar la vista de las papas que estaba pelando,
acá no lo ha tráido... desiguro lo olvidó ayer en el boliche... o lo haberá
estraviau po’ el camino...
El indio amagó un insulto pero no dijo
nada. La miró un largo rato y se rascó la cabeza tratando de pensar. Desde ese
día, su agrio carácter fue mejorando poco a poco.
©NORBERTO PANNONE, poeta y escritor argentino
TORO BRAVO
Hay ocasiones en las que la cara de alguien te
“suena”, pero no llegas a identificarlo en ese momento. Y es que hoy día se
hace publicidad de casi todo con tal de venderse el producto, desde un
dentífrico hasta la consulta de un dentista, foto incluida del sacamuelas.
Recuerdo que me encontraba sentado en la
terraza de una céntrica cafetería en tanto hojeaba-ojeando el periódico. Era la
hora del aperitivo, hacía calor y las ramas de un frondoso árbol me cubrían con
su sombra mientras disfrutaba de una cerveza helada.
Enmarcada en la sección de
anuncios figuraba la tierna figura de un perrito de pocos meses, el cual
ofrecían para que fuese adoptado. Los tiempos cambian. Prohijamiento, acogida,
no venta. En lugar de traficar, mayor sensibilidad con los animales. El dulce
chucho es noble y procura compañía, y más en determinadas condiciones de
soledad, porque, ya se sabe, desde hace tiempo la natalidad está decreciendo
por múltiples causas, en un abanico que cubre desde la dificultad de poder
atender los progenitores a sus hijos, al trabajar ambos, hasta la inestabilidad
social e incluso de muchas parejas, amén de los que se anclan en el celibato y
no por ello quieren estar solos, por no decir del eufemismo de lo que viene a
llamarse “interrupción voluntaria” para no tener el retoño.
Debe ser porque se paga una
cantidad de impuestos enormes por lo que las mesas estaban distribuidas muy
próximas unas de otras, por eso de aprovechar al máximo los metros cuadrados, con lo cual, sin caer
en la mala educación de prestar atención a las conversaciones ajenas, se hacía
inevitable enterarme de lo que decían los que se encontraban a mi lado.
La ocupaban dos desenfadados caballeros,
pulcramente vestidos con ropas de marca y aire de ejecutivos de alto standing.
Aquel diálogo fue creciendo de decibelios, sacándome momentáneamente de la
lectura, participando de él como espectador mudo, aún sin proponérmelo.
Por el tono de la voz, se
colegía que lo que hablaban les resultaba desagradable.
¡Pobre animal! - se le
escapó un suspiro a uno de ellos.
¡Debería suspenderse el
espectáculo! - le replicó su compañero.
¿Después de tanto tiempo?
Generaciones, siglos…
Precisamente por eso.
¡Y dicen que no sufren!
¿Cómo no han de
experimentar un enorme pesar? El dolor está asociado a la glándula hipófisis,
situada en el cerebro, la cual segrega la hormona beta endorfina. En
cantidades elevadas la beta endorfina tiene un efecto analgésico y la sensación
puede ser menor debida a la tensión que vive la fiera en ese momento, entre el
sobrevivir y la muerte. ¡Pero padecer, claro que sí!
Eso divide a la afición
entre el sí y el no.
Me pregunto, y es un
decir, ¿acaso puede ser ético matar a un ser vivo, aunque no padeciese?
¡Claro que sufre! También
tienen un sistema nervioso que le permite reconocer tanto las sensaciones
agradables como las adversas.
¡Por supuesto! Aunque sean
bravos por naturaleza y tengan un umbral alto para vivir la tortura a la que
son sometidos, experimentan una excitación sumamente angustiosa.
¿Acaso no ha de sentir el
daño de los objetos punzantes que le son clavados?
Los partidarios dicen que
aflige más al animal el estrés durante el traslado que en la corrida.
Se apoyan en unos estudios
hechos del nivel de cortisol.
La hormona que se libera
como respuesta al estrés.
¡Esa! Pero ese estudio no
se sostiene, ya que está hecho al final de la lidia, cuando tiene la médula
espinal seccionada o está muerto. Eso ha de medirse antes de martirizarlo, en
tanto que el sistema nervioso está íntegro.
¿Qué integridad puede
haber en un toro al que se le ha seccionado el tejido nervioso mediante el
descabello o la puntilla? Eso, sin
contar las puyas, que en la mayoría de los casos se coloca en el morrillo,
causándole graves heridas, y para mermarle fuerzas la utilizan como un
sacacorchos.
¿Y qué decir de la suerte
de banderillas, provocándoles lesiones musculares y rotura de vasos?
¿Es que no son lamentos
sus bramidos?
La sociedad tiene que
tomar conciencia de la protección de los animales.
Confieso que me sentí
preocupado al compartir involuntariamente aquella conversación. Entre tanto,
rondaba por mi testa la pregunta acerca de la identidad de los dos caballeros.
Era evidente que tenían conocimientos de fisiología, confortándome saber que
teníamos una misma sensibilidad, y era la del respeto por la vida, aunque fuese
de los que consideramos seres inferiores a nosotros.
Hice una indicación al
camarero, pagué mi consumición y me desplacé hasta la parada del bus para
volver a casa, no sin antes, en un gesto cortés, sonreír a mis vecinos de mesa,
que me correspondieron de igual manera.
Una vez dentro del autobús
me acomodé a mis anchas y retomé la lectura del matutino. Mis ojos tropezaron
con la fotografía que se destacaba en un recuadro, constatando que se trataba
de la de los defensores de la dignidad de los morlacos; saludaban con una sonrisa
dentífrica en tanto chupaban el plano. A pie del mismo podía leerse:” Clínica
“X”. Interrupción voluntaria del embarazo”.
Conforme me alejaba de
ellos, los vi por última vez desde la ventanilla, achicándose las figuras hasta
perder su contorno. Tal vez, hablando de la irracionalidad que supone matar al
toro de lidia.
©ÁNGEL MEDINA,
poeta y escritor español
MIEMBRO HONORÍFICO DE
ASOLAPO ARGENTINA
Blog <autor:
https://www.facebook.com/novelapoesiayensayo
Fábula
Anoche soñé con Pepa a Loba.
Llegó con rostro sereno
como un hechizo que es sombra y memoria.
Habló de Lueiro, evocó una estrella,
recordó el puñal alegórico, mítico.
Le pregunté por la Reina Lupa,
por la hija del Conde de Lemos
y la corona de hierro al rojo vivo.
También por un rey celta que recorrió mares,
epopeyas de arena, desventura.
Pregunté por las ánimas en pena
errantes en las tinieblas,
por el Pedrón en Iria Flavia.
Vi sus manos. Escuché su lengua
que entreteje firmamento y ternura.
Fue un instante de soledad.
Luego nombró a mis padres,
a mis abuelos, a una mujer friulana.
Quizá todo sea mitología
de difusas migraciones. Tal vez
es parte del desasosiego,
de un orden venturoso, distraído.
Ahora su ausencia me rodea.
Buenos Aires, enero de 2022
CARLOS PENELAS, poeta y escritor
argentino
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
“POR SIEMPRE”
Yo fui la espuma de los
mares
Y las olas
estremecen tu cuerpo,
Y fue la ilusión en la
primavera de su juventud
Y el viento que se unía
con la noche fría
Y vi la luna llorar con la
brisa.
Y la lluvia que cantaba en
su ventana
Y la tierna caricia de sus
labios
Y la cristalina verdad de sus besos
Y los suspiros que
enaltecen su belleza
Ella es la lumbrera de sus ojos
Ella es la hermosa voz de sus
atardeceres
Ella que ama eternamente
Ella es la interminable felicidad,
de sus
ocasos…
Ella que nada pide a cambio de nada
Y que mira con sentimiento la aurora de
su cielo
ella es el paraíso de su amor
Y el bello encanto de su pecho
Ella es la estrella de sus amaneceres
Ella es la expresión que lo define
todo
Ella que vive inmensamente
Ella es la alegría de la nobleza
Ella es la infinita gentileza
Ella es el lucero que ilumina su sendero
y la luz que mitiga sus tristezas.
Y sus sueños que se unieron con los míos
Ella que quiere con dulzura
Y sabe amar con ternura
Ella es todo en la vida
Ella es la razón del existir…
Poeta y escritor salvadoreño
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA
“EN MEMORIA DE MARIA LUZ SAMANEZ PAZ, Y EXPRESO MI MAS PROFUNDO SENTIR Y PENSAR,
ELLA UN GRAN SER HUMANO QUE SIEMPRE RECORDARE Y LE LLEVARE EN EL CORAZÓN
CANTO AL DOLOR INSOPORTABLE.
Estoy viejo,
solo, y muy decepcionado,
los años
mejores me han dejado,
los seres que
he amado ya se han ido,
no puedo estar
mas triste y desolado.
Son tantas las
penas que no puedo con ellas,
no sé a quien
decirle, no puedo con ellas.
Mientras tanto
la soledad, el whisky y la lectura
serán para mí
el bálsamo letal de la ternura,
y así pasar el
tiempo que falte por vivir
para salir de
esto y dejar de sufrir.
Los problemas
que resten no podré resolverlos,
los amores,
los sueños y afectos de mi apego
me gustaría
por siempre retenerlos,
y consolar así
hasta el fin mi propio ego.
Ha sido larga
la estancia que deparó mi destino,
la muerte
perezosa, cruel y vanidosa
se quedó
estacionada mirando alguna rosa,
mientras yo
abandonado transitaba el camino.
No puedo
avanzar más ,ha sido suficiente;
qué deparan
los cielos y credos decadentes;
malo fue haber
venido, lo digo todavía
y todavía no
entiendo por qué esto pasaría.
De mis
ancestros idos no queda ni el recuerdo,
de sus afanes,
sus gustos, sus cantos de contento,
no queda nada
, ni siquiera un lamento,
y tampoco
queda el llanto ni el tormento.
El sol, la
luna y las estrellas desde los confines,
los pájaros,
los ríos, las olas y las flores
ya no me dicen
nada; solamente deseo el reposo bendito,
irremplazable,
lindo, precioso y muy bonito.
Después no se
oirá mi voz, ni se oirán mis versos;
la medicina
quedó atrás y todo lo aprendido,
todos los
afanes, ansias y tragedias, todo se habrá ido;
no se oirá mi
voz, ni se oirán mis versos.
Abril de 2002
©JAIME VÉLEZ RAMÍREZ, poeta y escritor colombiano
MIEMBRO HONORÍFICO
DE ASOLAPO ARGENTINO
De la serie poética "DESTELLOS"
LUIS ALPOSTA, poeta y escritor argentino
MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA
¡ESTÁN
CONMIGO!
Hoy quisiera que las horas, con su espíritu ligero,
con el rango y panorama del espacio que me tiende,
me trajera de mi infancia el rubor que no se vende
la sonrisa picaresca de mi viejo compañero,
me acercara hasta mi mesa de romántico viajero
aquel ciclo de ilusiones, una página que extiende
su murmurio de proyecto como un clámide que pende
desde el asa con que el bardo emulsiona su rimero;
desde el plexo de mi verbo, un hedónico barquero
que me lleva en su barquilla como añejo prisionero,
llego a un ciclo de paisajes, solitario y sin testigo
donde guardo aquellos rostros de mi círculo primero
y en mi ronda de locuras, como un bálsamo alfarero,
otra vez los tengo cerca, otra vez están conmigo!
9 de marzo de 2010-03-09
©RODOLFO LEIRO, poeta y escritor argentino
MIEMBRO FUNDADOR DE ASOLAPO
ARGENTINA
Link de la antología de Asolapo
2016
https://docs.google.com/uc?export=download&id=0B_rrSMZB2ZNEWlRhRFRKajZxSGc