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sábado, 12 de septiembre de 2026

UNA PEQUEÑA EMOCIÓN - Irma Kurti - Italia

 


UNA PEQUEÑA EMOCIÓN


Voy buscando una pequeña emoción,
leve como el temblor de una hoja,
delicada como el vaivén de la hierba
y el ligero chapoteo de una ola.

No busco una emoción abrumadora
que me sacudirá como un terremoto
creándome tantas noches de insomnio,
cegándome como un espejo vacío.

Voy buscando una pequeña emoción
en la que mi corazón se sostenga.

Traducción de Rafael Carcelén

IRMA KURTI – Albania - Italia
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

IRMA KURTI es una poeta, escritora, letrista, periodista y traductora albanesa que ha estado escribiendo desde niña. Nacionalizada italiana, vive en Bergamo, Italia. Todos sus libros están dedicados a la memoria de sus queridos padres, Hasan Kurti y Sherife Mezini, quienes le apoyaron y alentaron a cada paso de su camino literario. Kurti ha ganado numerosos premios literarios y reconocimientos en Albania, Italia, Suiza, Estados Unidos, Filipinas, Líbano y China. Recibió el Premio Internacional Universum Donna en su novena edición de Literatura en 2013 y fue nominada como Embajadora de la Paz por la Universidad de la Paz, en la Suiza Italiana. En 2020, se convirtió en presidenta honoraria de WikiPoesia, la enciclopedia de la poesía.

En 2023, recibió el Premio a la Trayectoria de la Academia Universum Suiza. También ganó el prestigioso Premio Literario Naji Naaman 2023 por su obra completa. En 2026, fue galardonada con el Premio Pluma de Oro por la Asociación Coreana de Literatura Mundial, en colaboración con el diario coreano Cultura y Pueblo.

Irma Kurti es miembro del jurado de varios concursos literarios en Italia. También es traductora para la Fundación Ítaca en España.

Irma Kurti ha publicado más de 124 obras, entre libros de poesía, ficción y traducciones. Sus libros e han publicado en 25 países de todo el mundo.

 



sábado, 5 de septiembre de 2026

De “Cambalache” – tango (1934) – Enrique Santos Discépolo – 1901 – 1951 – Buenos Aires, Argentina

 



Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé,

en el quinientos seis y en el dos mil también; …

 

ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO – Buenos Aires, Argentina, Argentina


ABSURDO - Teresinka Pereira - Brasil

 


ABSURDO

Los mayores pecados
bajo el poder
de la igualdad.
La naturaleza mutilando
las criaturas
¡ y esperando su amor!

En el agua, en el cielo,
en medio de la calle
un incendio de dolores:
el alma bendiciendo
la noche, los labios
incontenibles, sellando
la poderosa ignorancia.

¡ Coraje!
Atacar el absurdo desierto
sería evidencia
de frustración.

TERESINKA PEREIRA – Brasil
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

UNA FLOR, AL MENOS - Luis Alposta, Buenos Aires, Argentina

 



LUIS ALPOSTA - Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO Y ASESOR CULTURAL DE ASOLAPO ARGENTINA

LA MUSA MERODEADORA - Rolando Revagliatti - Buenos Aires, Argentina

 


LA MUSA MERODEADORA

“Yo tan sólo veinte años tenía”
Enrique Cadícamo

Hablamos largamente en la plaza
de sus creencias, de mi incredulidad
a qué me dedicaba y qué quería ser
-un levante común el mío, sin sospechar-
y qué nombre le puso a su hijito y por dónde vivía ella
de Nicolás Olivari, más tarde
entre polvo y polvo
lavándose
Yo tan sólo veinte años tendría
y no aflojó
-mi segunda puta
aquella merodeadora del Once-:

le tuve que pagar.


ROLANDO REVAGLIATTI – Buenos Aires, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

MIRADA - Ady Yagur - Israel

 


MIRADA


Mirada al cielo divino
a pibes que imaginan,
a la realidad mensajera
entre pueblos sufridos.

Mirada ahora presente
al virus entre nosotros,
a la pelicula fantastica
que de pronto vivimos.

Mundo muy desolado
busco nuevos brios,
una sonrisa que anime
el alma ahora apenada.

Soledad de mil verdades
tristeza que tiene mirada,
la lluvia anima las lagrimas
que derraman los ojos.

Enterrar las amarguras
ponerle flores al tiempo,
dejarlas que perfumen
acariciando a los pueblos..


ADY YAGUR - Israel

VAGO RECUERDO DE UN INSOMNIO -Carlos Penelas - Buenos Aires, Argentina

 


VAGO RECUERDO DE UN INSOMNIO


Me llega su voz, errátil.
Palabras salidas de la tarde,
palabras como un largo silencio
en mitad del silencio.
Nada se mueve.
Veo la luna del ropero,
un café frente a la Basílica de Guadalupe.
Siento la aguda nostalgia de los hijos,
una callecita flotant
con luces como lluvias, brumosa.
Creo ver una estrella sostenida en su mano,
una nube tenuísima, un designio efímero,
una isla que crece y se desliza.
Ahora un poema de Pessoa sobre la mesa
en la falible memoria del conjuro.
También la bajamar, orillas tornasoleadas,
la espalda de una mujer en el beso del aire.
Es difícil imaginar en estos días
la beatitud de la infancia.


CARLOS PENELAS
– Buenos Ares, Argentina
MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

LOS VALORES - Clotilde Soriani de Tinnirello - Rawson, Chubut, Argentina

 


LOS VALORES


Los valores empatizan
con los principios humanos,
la ética en vínculos sanos
las virtudes fecundizan.

En armonía priorizan
sin intereses malsanos,
el buen respeto entre hermanos
buenas obras garantizan.

La vida comunitaria
da felices resultados
de protección solidaria.

Con los ánimos templados
unirse en una plegaria
cultiva lazos sagrados.

Los valores son esencia
de lozana convivencia.

CLOTILDE SORIANI DE TINNIRELLO - Rawson, Chubut, Argentina

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA

UN DÍA MÁS- Marian Muiños - España

 


UN DÍA MÁS

 

Ella está cocinando su pastel de cumpleaños. A su memoria acuden recuerdos de ciertos pasajes de su vida. Algunos parece que no le pertenecieran, porque estaban guardados con candado en su inconsciente. No sabría decir si, puestos en una balanza, existe una paridad de buenos y malos o momentos. Las remembranzas oscilan según fluyen por su mente. Le queda la duda de si los tristes eligen recordar sólo los tiempos aciagos, o si existe algún impedimento que los empuja a ello. Entretanto, acaba de cocinar, habiendo pasado suficiente tiempo como para que se enfríe y pueda empezar con la decoración. Espolvorea con canela sobre una capa superior de manzanas. Finalmente hizo una tarta Tatín. Toda entera para ella sola.

Prepara la mesa como para una gran fiesta. Es un día importante. No falta una vela con el número. Se sienta, se canta el feliz cumpleaños, pide un deseo, sopla la vela y… desaparece.

Afuera, al otro lado de la ventana, la brisa sopla hacia el bosque y una hoja de roble se mece como si recibiera una caricia.

 

MARIÁN MUIÑOS – España

MIEMBRO HONORÍFICO DE ASOLAPO ARGENTINA


LURCA - Norberto Pannone - Buenos Aires, Argentina

 

LURCA

Corrí  desesperado. No había duda de que el propósito de aquellos hombres era detenerme. Cuando di  vuelta la esquina vi que otros estúpidos como yo corrían la misma suerte.

Vi que un joven y atlético habitante tropezó en la vereda y cayó en las redes asesinas.

Me imaginé que el pobre tenía tanta mala suerte como yo y pensé que, siendo tan ágil por su juventud no le había bastado para sustraerse a la detención. ¡Qué podía pretender yo entonces! Renegué. Seguro que al primer intento me atraparían a pesar de que aún mis piernas respondían bastante bien.

Noté que mi respiración se estaba volviendo agitada  y ansiosa. Tenía la boca y la garganta secas. Quise tragar saliva y me dolió la faringe por el esfuerzo, era como si mis viejos pulmones se estuviesen calentando para quemarme el pecho.

Varios de mis compañeros ya habían sido detenidos. En un último esfuerzo me arrojé a un zaguán simulando una acción de ocultamiento, pero eso sólo sirvió para que el uniformado y el otro, de civil, me tomaran por la fuerza y me arrojaran en el habitáculo donde algunos de mis compañeros mascullaban su rabia y su miedo.

Tres días habían pasado desde aquella fatídica mañana.

Tres días y tres noches de pesadilla.

Pocos pudimos dormir algún rato en el piso sucio y mugriento.

Algunas pilchas viejas y olorosas hacían las veces de camastro.

Casi no nos daban de comer y el agua escaseaba. Era sucia y caliente. Yo, a pesar de toda mi bronca y mi tristeza, aún comía de aquella porquería que nos daban.

Algunos compañeros hacían más de tres días que ya no comían.

Yo no entendía por qué. Más adelante habría de comprender lo que pasaba.

Al cuarto día, algunos de los presos más viejos, fueron reubicados quien sabe donde. Eran del grupo de los que ya no comían ni bebían. Pensé que irían a algún tipo de tortura o alguna cosa parecida y que más tarde volverían.

Nunca los volví a ver.

Un “niño bien”, que se la pasaba  llorisqueando todo el día, me dijo que estaba esperando que alguien lo viniera a buscar. Estaba seguro de que responderían por él y le darían la libertad, pero ya habían pasado veintisiete días y nadie había llegado para liberarlo. Esa noche dejó de comer y a los tres días se lo llevaron casi a la rastra. Tampoco lo volví a ver más.

Aquellos “traslados” de algunos presos comenzaron a inquietarme, máxime cuando había comprobando que ya no regresaban.

Después de que el “niño bien” llorón dejara de comer y de llorisquear, pasaron los clásicos tres días y una mañana se lo llevaron. 

No me olvidaré nunca de aquella mirada desesperada y de miedo que me arrojó por la cara, era como si me hubiese arrojado toda su incomprensión, su decepción y su tristeza.

Por supuesto, tampoco lo volví a ver.

Una noche, mientras simulaba dormitar, escuche algo que murmuraban los malditos carceleros. Uno de ellos dijo algo de “Treinta días”  y también me pareció que escuchaba mi nombre. Lo de los “treinta días” no lo entendí muy bien, pero estaba convencido de que habían pronunciado mi nombre.

Había perdido mucho peso y me estaba poniendo cada día más débil.

Estaba seguro de que alguien vendría por mi y me sacaría de aquella mugrienta prisión donde los barrotes  oscuros y lúgubres que nos separaban del mundo, se asemejaban a garras asesinas cerrándose cada vez con más fuerza y rapidez sobre los infelices que nos hallábamos allí sin poder saber siquiera cual había sido el delito que habíamos cometido.

Esa noche me tiré sobre el piso y tuve una revelación:

¡Ya se! ¡La señora Carmen me conoce y ella firmará con gusto la caución sobre mi honestidad!

Además, ella fue la única que siempre me alcanzó un plato de comida y nunca me hizo un reproche! ¡Claro: La señora Carmen..! ¡Cómo no me di cuenta antes! ¡Seguro que ella vendrá de un momento a otro y me iré de esta maldita pocilga! ¡Todavía hay tiempo! ¡Me parece verla entrando con su documento en la mano!

Pero las horas, con su cadencia inexorable fueron rolando ocultas entre los ruidos de la calle triste!

Los días pasaban y la señora Carmen no aparecía

Había perdido la cuenta del tiempo que había transcurrido desde nuestra detención.  Los que ingresamos el mismo día todavía estábamos allí.

Una mañana, sin saber por qué, sentí que la tristeza más profunda me invadía, que mis ojos estaban  opacos y que un gran cansancio se apoderaba de todo mi ser.

Ese día dejé de comer.

No tenía apetito ni sed y pensé que me había contagiado de aquella rara enfermedad que, poco a poco, se iba apoderando de todos nosotros. Me asusté.

Un guardia me trajo agua y vi  mi rostro reflejado en ella: flaco, con la mirada muerta y sin brillo. Solo eso.

No tenía sed y no bebí una gota. Aquel maldito líquido sólo me sirvió de espejo!

Tres días después vinieron a buscarnos y,  junto con los compañeros que habíamos sido detenidos en la misma ocasión, partimos desolados con el paso tardo hacia lo  desconocido.

Miré al guardia y supe de su miedo y de su angustia.

No se por qué, pero vi tanta zozobra en aquel rostro que sentí un nudo en la garganta y tuve ganas de llorar, por mi mismo y por aquel infeliz con cara de magro asalariado.

Me dio lastima el pobre hombre…

Partimos en silencio.

Atravesamos una inmensa sala, decepcionados de todo;  por esta perra vida y este puerco destino que nos tocaba vivir.

De todos nosotros ninguno tuvo la “suerte” de que alguien viniese por ellos a “sacar la cara”, como quien dice… y a ofrecerse como garante.

¿Garante de qué? ¿Qué habíamos hecho? ¿Sólo por vivir en libertad? ¿Sólo por vivir de cara al viento y pedir a veces algo de comida? ¿Sólo por ser tan pobres e indefensos? ¿Sólo por  saber mirar a todos con la pureza y el amor con el que nacimos?

¿Por ser apolíticos y ateos..?

Una gruesa señora entrada en años traspuso sudorosa la puerta principal y con ansiedad interpeló al guardia que con aspecto de hastío estaba apoyado en el mostrador  tratando de releer un diario Clarín de la semana anterior.

            -¡Soy la señora Carmen, la del Kiosco que está frente a  la plaza San Martín, ustedes me conocen! Vengo por Lurca, ¡espero haber llegado a tiempo! Firmaré la garantía y se irá conmigo. ¡Yo me hago cargo!

-Lo siento señora… Ayer se cumplieron los 30 días, respondió lacónicamente el empleado.

La pobre mujer miró con rabia hacia la pared mientras secaba una lágrima amarga y rebelde que escapó de su roto corazón.

En la pared que daba hacia la parte más luminosa del lugar había un cartel que decía:

“SEÑORES PROPIETARIOS, SI PASADO LOS TREINTA DÍAS NO RETIRAN A SUS PERROS, ESTOS SERÁN SACRIFICADOS SIN EXCEPCIÓN”.

“DIRECCIÓN DE ZOONOSIS”

PERRERA  de la MUNICIPALIDAD de... 

Norberto Pannone ©2013

NORBERTO PANNONE – Buenos Aires, Argentina